Capítulo 6

Nunca se habría imaginado que el baile implicaría tantos cambios dentro de la mansión de los Durinson, bueno, sí lo había imaginado, pero el hecho de comenzar a ver a los decoradores y las personas que traían todo lo necesario para aquel día sólo lo puso más nervioso. Aunque en realidad ni siquiera estaba del todo seguro de por qué estaba nervioso, sí, la perspectiva de tener que bailar con Thorin lo tenía así, pero no había una buena razón para ello. Después de todo sólo iba a ser un baile, ¿no? seguro no significaría nada más para el rey... Y, bueno... en realidad el problema era que tal vez sí significaría algo más para Bilbo. Ya que, desgraciadamente, su fascinación con el rey se había transformado en algo mucho más profundo con el paso de sólo unos días y eso lo asustaba, a decir verdad, lo aterraba, ya que le quedaba menos tiempo para regresar a su casa y su corazón se sentiría mucho más solo después de ello.

Así que trató de distraerse, por fortuna para él, había muchas actividades en las que podía hacerlo; a pesar de que había muchas personas para organizar los preparativos, los mismos miembros de la familia parecían querer participar en ello con entusiasmo. Fue así como se encontró ayudando a Fili y a Kili a seleccionar el menú, la comida era una de sus cosas preferidas, por lo que no le costó trabajo y en ocasiones se pasaba las horas con Dis y Vili, quienes se encargaban de ver dónde acomodarían las mesas y qué lugar de la casa serviría mejor como pista de baile. Thorin no podía participar mucho en ello debido a que él estaba demasiado ocupado, según le había dicho Dis, mandando unos e-mails y mensajes para algunos embajadores y empresarios que se necesitaban para invertir en el país.

-Pero no es muy bueno siendo diplomático -le comentó la princesa, haciendo una mueca-, ni amable, si somos sinceros. Es por eso que se tarda tanto, incluso aunque tiene a Balin constantemente aconsejándole. Pero no lo escucha, desearía que por lo menos...

Sin embargo, Dis se interrumpió repentinamente y abrió los ojos de par en par, su rostro se había iluminado y Bilbo tenía suficiente tiempo de conocerla como para saber que se le había ocurrido una idea. La princesa giró su cabeza y lo miró fijamente, también tenía el tiempo suficiente viviendo con ellos como para saber que aquello significaban malas noticias para él.

-Si no recuerdo mal... ¿tú me habías dicho que tenías experiencia escribiendo? -preguntó la princesa, arqueando una de sus cejas hacia él.

Bilbo negó con la cabeza.

-Sólo he escrito un par de cosas, eso no significa que tenga experiencia, en realidad sólo lo hago porque me gusta...

La sonrisa de Dis se hizo más amplia, de pronto, lo tomó del brazo y lo llevó hasta el estudio de Thorin.

-Creo que es suficiente para comenzar, sería maravilloso que pudieras ayudarle a mi hermano a redactar los mensajes y ayudarle un poco con eso de la cortesía, es importante quedar bien con todos esos embajadores -comenzó ella y Bilbo ni siquiera tuvo tiempo de protestar cuando la mujer abrió la puerta sin siquiera tocar primero y prácticamente empujó a Bilbo dentro de la habitación. Y, para colmo, salió cerrando ligeramente la puerta tras ella.

Bilbo sintió como si hubiese sido lanzado hacia una compleja trampa.

Dentro, Balin y Thorin estaban demasiado distraídos en una especie de discusión (él no podía entender porque hablaban en Khuzdul), que tardaron un poco en notar la presencia de Bilbo. Thorin fue el primero en hacerlo. Y, por extraño que pareciera, de su expresión se borró el cejo fruncido que tenía y apareció una amplia sonrisa.

Balin puso los ojos en blanco.

-¿Qué sucede, Bilbo? ¿Qué necesitas? -le preguntó el rey, de tal manera que por un momento Bilbo pensó que aquel hombre sería capaz de darle todo lo que pidiera. Tal vez estaba exagerando y eso era justamente lo que quería ver y escuchar; su corazón lo engañaba. Él no podía tener tanta suerte como para que un rey sintiera lo mismo que él.

Trató de eliminar aquellos pensamientos de su mente antes de recordar qué era exactamente lo que hacía ahí.

-Dis mencionó que estabas... redactando unos mensajes para algunos ¿embajadores? y bueno... ella pensó que yo podría ayudarte. Pero debo decirte que aunque sí he escrito algunos textos, tal vez no tenga experiencia en...

-¡Perfecto! -Balin lo interrumpió antes de terminar-. Por lo menos a ti te escuchará y yo podré descansar un rato.

Pero antes de que Bilbo pudiera abrir los labios para pedirle que no se fuera, el hombre se despidió de ellos y abrió la puerta, dejándolos solos.

Thorin, en cambio, parecía completamente complacido con la idea.

-¿Significa que te quedarás conmigo a ayudarme? -le preguntó y a Bilbo le costó toda su energía luchar contra la emoción y nervios que comenzaba a sentir.

-Sí, si te parece bien -respondió.

Thorin se acercó a él y se inclinó para verlo de cerca. Sus hermosos ojos brillaban intensamente.

-Tu compañía siempre es bienvenida. Si fuera por mí, pasaría cada minuto de mi día contigo.

El rostro de Bilbo debió verse gracioso en esos momentos; pudo sentir el instante exacto en el que sus mejillas adquirieron el tono rojizo que ahora aparecía con tanta frecuencia en su rostro desde que había conocido a Thorin.

-Yo también... también me gusta pasar tiempo contigo -se escuchó decir, para su propia sorpresa. El rey le correspondió con una amplia sonrisa y se acercó más a él, pero Bilbo retrocedió y le preguntó qué era exactamente lo que tenía que hacer.

En realidad resultó que ellos eran buenos trabajando como equipo. Bilbo se sentó ante la computadoras, mientras Thorin se paseaba por la habitación explicándole la situación y tratando de decir qué era lo que quería comunicarle a cada uno de los embajadores, así como los presidentes de las empresas. Lo cierto era que Bilbo siempre terminaba cambiando algunas palabras, para que todo sonara mucho más cortés y diplomático y aunque el rey no parecía muy convencido o de acuerdo con sus decisiones al final siempre terminaba accediendo a lo que Bilbo decía, lo que, debía admitir lo hacía sentirse muy complacido.

Terminaron de trabajar cerca del anochecer, y Bilbo estaba muy hambriento para ese momento, lo cual no tardó en comentarle a Thorin y decirle que pasaría a la cocina antes de irse a dormir, cuando el rey lo interrumpió.

-Yo pensé que tal vez... podría invitarte a cenar en... agradecimiento por todo lo que me ayudaste hoy -dijo el rey finalmente y a Bilbo le pareció por un momento que se veía nervioso.

Bilbo no tenía oportunidad, por supuesto que no podía resistirse a una invitación como esa. Había descubierto que no sólo disfrutaba mucho de la compañía de Thorin, sino que no parecía tener suficiente. Si había otra oportunidad de pasar más tiempo con él, la tomaría.

Por todos los dioses, se encontraba en verdaderos problemas.

-Me encantaría -respondió antes de permitirse pensar más y arrepentirse.


Cuando Thorin le dijo que aquel era uno de sus lugares preferidos, sin contar con lo que preparaba Bombur, él ya se había formado en su mente un lugar con las mismas proporciones que el anterior. Sin embargo, al llegar se dio cuenta de que ese lugar era completamente diferente al primero, y era porque aquel lugar era sumamente elegante. Incluso se sintió un poco intimidado al llegar y se preguntó cuánto era lo que costaría un platillo ahí; hasta quiso ofrecerle a Thorin pagar lo suyo, pero el rey insistió que aquella cena iba por su cuenta.

Por supuesto, debido a la atención que causó su llegada (más que nada cuando el resto de los clientes notó que su rey había llegado), Thorin decidió pedir una mesa un poco más privada para ellos. Y después de que su mesero les trajo la carta y el vino, Bilbo le costó un poco convencerse de que aquello no parecía tan romántico como su corazón le decía que era. Porque, obviamente, Thorin no lo había traído a aquel lugar con esas intenciones; no era una cita, era... simplemente, bueno... él mismo le había dicho, sólo quería agradecerlo que le había ayudado aquella tarde. Era todo. Además, después de aquel tiempo viviendo con él y su familia, Bilbo se atrevía a decir que el rey y él se habían convertido en buenos amigos.

Aunque su corazón quisiera algo más.

Por fortuna, la conversación entre ellos logró distraerlo de sus pensamientos. Incluso, se atrevía a decir que durante el resto de la velada, logró hacer a un lado todos aquellos pensamientos que lo atormentaban y concentrarse sólo en lo que Thorin decía. Se la había pasado tan bien que casi deseaba que aquel momento se extendiera un poco más, pero no fue así.

Cuando regresaron a la mansión, justo antes de que Bilbo decidiera huir a su habitación, como era su costumbre, Thorin se acercó a él e inclinó su cabeza para que su frente tocara la de él. Costumbre que era muy común entre los habitantes de Erebor, pero que Bilbo todavía no podía descifrar qué era lo que significaba exactamente.

-No puedo esperar para bailar contigo -dijo Thorin. Su rostro estaba a escasos centímetros de Bilbo, por un momento, se olvidó incluso de respirar.

El baile, por un instante se había olvidado de eso.

-Hace mucho que no bailo -soltó, sintiéndose lo suficientemente valiente como para confesar. Se ruborizó cuando se dio cuenta de que Thorin lo observaba con una sonrisa en los labios.

-Lo harás bien -le aseguró él.

-Pero... nos verá mucha gente -recordó Bilbo, mordiéndose el labio.

-Sólo imagina que estamos nosotros dos, nadie más importa -murmuró Thorin cerca de sus labios, haciendo que su corazón diera un vuelco.

-Yo creo...

-¿Quieres practicar ahora? -le preguntó el rey-. Así te sentirás más seguro.

Bilbo estaba a muy poco de mentir y decir que estaba muy cansado para ello, pero las manos del rey comenzaron a actuar sin permiso; una de ellas se colocó en su cintura y la otra atrapó una de las suyas. Thorin, sin perder la sonrisa en su rostro, lo acercó más hacia él.

-Pero ni siquiera hay música -protestó Bilbo, aunque su comentario era débil. Porque, en realidad sí tenía ganas de bailar con él.

-No importa, sólo sígueme -insistió Thorin y casi al instante comenzó a moverse.

Y, para su sorpresa, Bilbo descubrió que su cuerpo parecía adaptarse perfectamente al de Thorin. A pesar de los años que tenía sin practicar, sus movimientos parecían en armonía con los del rey. Ese momento parecía tan especial, que no tardó en sentir su corazón más ligero y sus labios se curvaron hacia arriba, dejando escapar una risa completamente alegre. Thorin notó su cambio de humor y no pudo evitar reírse con él.

-Eres adorable -comentó, haciendo que Bilbo se ruborizara otra vez. Su corazón iba a sufrir mucho cuando tuviera que dejar todo lo que tenía en Erebor atrás. Pero, por lo menos podía disfrutarlo mientras durara.

Finalmente se detuvieron, pero Thorin no dejó de mantenerlo cerca, ni Bilbo hizo ningún intento por separarse de él.

Bilbo respiró profundamente y no se dio tiempo para meditar lo que iba a hacer y se puso de puntitas y le dio un rápido beso en la mejilla al rey. Y, cuando dio unos pasos atrás, se dio cuenta de que Thorin se había quedado completamente petrificado, después, lentamente en su rostro se comenzó a formar una amplia sonrisa y sus mejillas se tiñeron de rojo. Bilbo tuvo que reprimir una risita al ver su reacción.

-Gracias por la cena -dijo, después de un momento y, sin más, se dirigió a su habitación. Cuando se dejó caer en la cama, se dio cuenta de que él también tenía una amplia sonrisa en sus labios.