Disclaimer: Los Juegos del Hambre y todos los personajes de Panem son de Susan Collins.

Este es un regalo para Evasis, en el Intercambio "Perlas y Relicarios" en el foro "El Diente de León"

Espero te guste, Evasis!

Desde un primer momento me gustaría aclarar que esta historia es Ranking M por la misma petición de la autora. El capítulo puede contener escenas fuertes e incluso crudas.


1.

Cuando él se baja de mi cuerpo, extrayendo todas sus partes y alejándose de mí, dejándome más vacía que nunca, no puedo evitar querer llorar. Pero mi llanto no sería de tristeza, de cierta manera no estoy triste por mi situación, más bien me encuentro en un estado de furia que día con día, baile con baile, noche con noche y sexo con sexo no hace más que crecer.

Mi nombre es Katniss Everdeen, aunque por las noches me llaman "La chica en Llamas", un apodo que no termino de entender si es beneficio o maldición. Mi historia es sencilla, no muy distinta a las otras:

Fui cosechada, como la mayoría de las personas en mi distrito. Al escuchar mi nombre, lo único que pude pensar fue un: al menos no fue el de mi hermana. Comencé a caminar como si estuviera en trance y cuando le di la mano al chico de mi distrito que, al igual que yo, tampoco tuvo la suerte de su lado, mi mente no quiso registrar nada acerca de él: no recuerdo su nombre, aunque ahora que lo pienso, es preferible así. Solo recuerdo haber escuchado a Prim llorar fuertemente pegada al cuerpo de mi madre, porque al menos no fue su nombre.

Hoy en día me recuerdo que no podía ser su nombre ya que ella no tenía la edad suficiente, pero en esos momentos esos tecnicismos te dejan de importar. Cuando los Agentes de la Paz me encerraron en un cuarto del Edificio de Justicia y recibí a mi mamá y hermana, ella era extremadamente pequeña, con solo diez años de nacida. Mi madre estaba temblando, nadie lo decía, pero que alguien de 14 años fuese a los juegos significaba solo la muerte. Mi patito dijo, ingenuamente:

-Tú puedes, Katniss, yo lo sé, sabes cazar.

Sin embargo tanto mi madre como yo nos vimos a los ojos y no hubo necesidad de palabras, lo cual resulta bastarte extraño, ya que nuestra relación nunca fue la mejor. Siempre he tenido una vida difícil y sinceramente no me estoy auto compadeciendo. Él murió antes de que yo llegara a medir 1.50, antes de que siquiera que me pasara por la cabeza estar con un chico, antes de que mi hermana pudiera recordarlo con claridad y que pudiera leer con la fluidez media en la que la mayoría del Distrito hace. Murió, se esfumó por los aires en una combinación de polvo, carbón y dolor. Mi padre, mi héroe, mi mentor…

¿Cómo sobrevivimos sin él? Por poco no lo hacemos, y en parte fue por culpa de mi madre que yo tuviera que cazar con tanta frecuencia, gracias al hecho de que mi madre se había sumido en una enfermedad que la convertía en una completa inútil. Pero después de un mes de dolor y un cumpleaños que prometía comida y solo trajo desdicha a manera de cereales podridos y una papeleta más con mi nombre en la urna de los Juegos, me encontraba vendiendo ropas de bebé.

Cinco años atrás, que lento pasa el tiempo. Sin embargo, no importa que tan lento o doloroso sea, jamás olvidaré que después de los golpes de su madre, él salió a tirar panes quemados a los cerdos, con la diferencia de que no los tiró para ellos, sino que para mí, dándome esperanza, comida y fuerza. No sé su nombre y creo que ahora jamás lo haré, porque contra todas las apuestas, fui la vencedora de los 72° Juegos del Hambre, volviéndome en la primera vencedora femenina más joven, seguida por Annie Cresta, que es un año mayor que yo; y la segunda en toda la historia junto con Finnick Odair, mi amigo y mentor. Por lo que ahora no solo soy la consentida del capitolio, sino que vivo la mayor parte del año en él, con mi único consuelo, que no lo es del todo, el poder realizar un libro de plantas tanto medicinales como comestibles para regalarlos a mi Distrito, bajo la protección de ser una diseñadora de modas, cuando realmente mi estilista y querido amigo, Cinna, es quien se encarga de eso. Así que saber su nombre no se encuentra en las posibilidades de mi futuro.

¿Por qué soy la consentida? Ese hecho se lo debo al sex symbol que tengo como amigo, Finnick. Mis juegos fueron los primeros de Seneca Crane como Vigilante en Jefe. Mi estilista fue el mismo de siempre, me vistió de minera, con un mono de mezclilla sucio y un sombrero con lámpara que pocas veces se usa en mi distrito. En resumen: fui un tributo más, exceptuando el hecho de que era bastante más pequeña que los profesionales. Pero fue en la entrevista, al momento en que yo, envuelta en un vestido rosa llamativo y con brillantes puntos amarillos, con la inocencia de los 14 años respondí que de todos los vencedores, Finnick era el más guapo.

A partir de allí, él siempre se mofa de mí recordando ese comentario estúpido, pero también ha estado viendo por mi vida. Por ejemplo, cuando mi arena resultó ser un campo helado dejando a muchos tributos muertos en los primeros días por causas como hipotermia o humo de fogata- entre ellos los tributos del 4- él fue quien, como mentor, movilizó a Haymitch Abernathy (el cual estaba bastante ebrio antes de eso) para conseguirme patrocinadores, vendiéndome como la niña tierna que después al matar a dos tributos con mi arco, resulté no ser.

Se podría decir que después de haber demostrado mis habilidades de cazadora y sobreviviente, muchos comenzaron a tener sentimientos confusos hacia mí. Resulté ser una Johanna Mason dos, solo que más pequeña y con un amigo muy guapo como semi- mentor. Hablando de ella, en un principio me tuvo afecto, pero cuando vio que en lugar de "defender lo mío", como ella llama al hecho de negarse a la prostitución, decidí hacerlo por el bienestar de mi hermana, su trato se volvió hostil y distante.

Annie Cresta por el otro lado tiene una relación amor- odio conmigo, ya que cuando el Presidente Snow vio la relación de amigos que Finnick y yo habíamos creado, nos expuso al mundo, siendo favoritos y consentidos, pero muchas veces confundidos como pareja. Ella lo entiende, sin embargo tomando en cuenta su estado, el mantener eso en claro le es bastante complicado, por lo que algunas veces al verme, su rostro se ilumina con una bella sonrisa, pero al segundo con una mirada de odio que Finnick se empeña por cambiar, no muchas veces con éxito.

Así que se podría decir que no soy la persona amigable que presentan en los comerciales de Capitol TV, ya que mi mejor amigo en el doce apenas y me habla después de los Juegos, lo cual reduce el número de amigos a tres: Finnick Odair, mi hermana (que si por ser familia no se toma como amiga, rebaja el número a dos) y Cinna, el estilista que contraté después de haber corrido al anterior por incompetente. ¿Haymitch? Él podría ser mi amigo sino pasara tanto tiempo con la botella, exasperándome.

Soy Katniss Everdeen, consentida del capitolio, puta de Snow y mentora de niños aterrorizados del Distrito Doce desde hace un año. Mañana viajaré en compañía de mi mentor, Haymitch Abernathy y Effie Trincket para elegir a los nuevos tributos de los septuagésimos cuartos Juegos del Hambre.

¡Y que la suerte esté siempre, siempre, siempre de nuestro lado!

2.

Y como siempre, siempre, siempre, la suerte no estuvo de nuestro lado.

Poco antes de comenzar la cosecha, visito a mi hermana y a mi madre. Me sorprende lo mucho que ha crecido, es su primera cosecha, por lo que está bastante nerviosa. Sin embargo la abrazo para tranquilizarla. Ella no lo sabe, pero todas las noches, de cierta manera, aseguro que ninguno de los papeles tenga su nombre.

-Te ves hermosa, Katniss. Me gustaría parecerme a ti.

La separo y noto la diferencia de ropa que traemos. Mi vestido, azul ajustado desde la cintura hasta poco después de las rodillas dejando un poco suelta la parte del busto para crear la ilusión de que hay más de lo que en verdad existe en mi pecho, contra el rosa desgastado que ella usa arriba de las rodillas raspadas, crean una imagen chocante que me forma un nudo en la garganta muy grande.

Por más que me encantaría traerle tela a mi madre o ropa menos usada y rasposa, al solo tener un año, todavía no se me permiten esos lujos. Al ser un vencedor menor, las cosas cambian: no puedes hacer esto, tampoco el otro. Muchos pensaron que también eso se aplicaría a las noches de sexo, sin embargo es todo lo contrario: entre más joven, mejor.

-No digas eso, patito, te ves hermosa- la volteo para que pueda verse en el espejo y comienzo a pasar mis dedos por su cabello.

-¿Podrías trenzarlo como lo traes tú?- llevo una trenza a la mitad de la cabeza, dejando las ondas naturales de mi cabello bajar hasta mi cintura.

-Puedo trenzarte incluso mejor- ella sonríe, completamente feliz.

"Haré lo que tenga que hacer por mantenerte con esa sonrisa, Prim. Lo que sea."

Después de haber hecho dos trenzas, una a cada lado de su cara, y acomodar la pequeña colita que la blusa le marca ya que le queda demasiado grande, junto con mi madre nos encaminamos a la Plaza, que hace de punto de reunión para la Cosecha. Ella comienza a ponerse nerviosa y le digo:

-Prim, mírame, todo va a estar bien. Te lo prometo.

-Pero tú saliste, Katniss…

-Pero tú siempre has tenido mucha más suerte que yo en todo, patito- ella sonríe al recordar como cuando les mostré un juego del Capitolio, ella no paraba de ganarme.

Al llegar al punto donde los habitantes pasan el chequeo general, Haymitch está esperándome y veo que, a diferencia de todas las cosechas en las que yo había participado, él está sobrio y bien vestido.

-¿Y ese cambio?

-Tú también te ves divina, preciosa- dice con una sonrisa ladeada.

-Cállate.

Subimos a la tarima que hace de escenario en nuestro Distrito y tomar asiento detrás de Effie y junto al Alcalde, él me saluda con la cabeza, bastante respetuosamente. Antes de todo esto, yo le vendía fresas clandestinas y su hija podía ser llamada mi mejor amiga. Effie toma la palabra para comenzar, nos paramos para el himno pero algo ocurre, algo anormal que me pone completamente alerta:

-¡Distrito Doce!- veo salir del Edificio de Justicia al vencedor de los 73° Juegos del Hambre, un idiota engreído del Distrito dos, que para más mató lentamente a nuestros tributos anteriores.

-¿Qué hace él aquí?- digo posiblemente demasiado alto dirigiéndome a Haymitch, pero antes de que él pueda contestarme, Doshley habla:

-Tranquila, Katniss, solo tú eres la Vencedora del Doce, lo sé, lo sé, no te quitaré el puesto- guiña el ojo para mí, lo cual me hace rechinar los dientes.

-¿Qué haces aquí, querido Doshley?- pregunta con una sonrisa Effie.

-Después del incidente en la Gira de la Victoria, no pude evitar querer regresar para decirles que, por mucho que me gustaría que no fuera así, estoy seguro que todos sus tributos morirán. Los únicos dos que lo han logrado, o están ebrios o son putas.

El comentario me enciende por completo, haciendo que me pare de golpe para poder hacerlo callar, de preferencia a la fuerza, pero es la mano de Haymitch en mi muñeca es la que impide que lo haga.

-Está ebrio. El Capitolio se encargará de esto, te lo aseguro- susurra en mi oreja. Comienza a aplaudir tranquilamente después de obligarme a sentarme.

-Que buen espectáculo, Desley ¿Dushll? Bueno, no importa. Pasaremos el recado con más calma después, ahora haz el favor de ir a vomitar más para allá- cuando lo baja, los agentes de la paz lo toman por los brazos no muy delicadamente y sonrío cínicamente.

-Muy bien, continuemos, continuemos. Como siempre, primero las damas.

Ella se acerca con ese ritmo chistoso que los tacones crean. Recuerdo perfectamente cuando ella hizo eso y sacó uno de las papeletas que decían "Katniss Everdeen", para decirlo luego fuerte y claro, dejado mi corazón al mil por hora. Esta vez, el nombre es el de una pequeña niña de trece años con el cabello oscuro y la piel aceitunada, de la Veta. Me duele verla subir los escalones, temblando, llorando, siendo una niña inocente de trece años. No sé en qué momento llego a ella, pero cuando lo noto la estoy envolviendo en mis brazos porque veo el temor de mi hermana y sé a lo que va, algo que nadie debería de ver.

-Oh, Katniss, querida…- comienza Effie.

La ignoro olímpicamente y me arrodillo para estar a la altura de la pequeña. Ella está un poco sorprendida, no sé si sea porque la estoy abrazando frente a todos, sigue en shock contra la idea de ser cosechada o es la primera vez que ve a alguien con maquillaje y pestañas de mariposa.

-Te voy, te vamos a ayudar, pequeña, te lo prometo- digo alzando la mano hacia Haymitch el cual se acerca inmediatamente, asintiendo pero también haciéndome alzar. Haymitch puede no ser mi amigo, pero sigue siendo mi mentor ya que en momentos como este, en los que pierdo de vista el Capitolio, él es quien me lo recuerda.

Cuando volteo al público, tengo la mano pequeña en la mía y ha dejado de temblar, pero algo más maravilloso ha pasado: todo el Distrito se ha llevado los tres dedos corazón a la boca para besarlos y después mostrarlos, en un acto de admiración y respeto. Jamás creí volver a verlo.

-Muy bien, muy bien, prosigamos- dice Effie considerablemente nerviosa, ya que la ceremonia es grabada y anteriormente ya ha pasado algo bastante vergonzoso- los hombres.

-Peeta Mellark.

Veo como la multitud se comienza a mover, pero gracias al sol no distingo quien es. Sigo junto a la pequeña de ojos asustados y es ella la que me distrae, cuando jala de mi vestido para decirme al oído:

-¿Podré vestir un vestido tan bonito?- le sonrío para darle ánimos.

-Incluso más, pequeña.

Por lo que cuando volteo a ver quién se ha parado junto a mí en la tarima, es demasiado tarde. Lo veo a él… mi corazón se paraliza y mi único pensamiento es "oh no, él no."

-Katniss, cariño ¿podrías volver a tu lugar? –pregunta Effie con su típica sonrisa política, tan impactada estoy que sin más, suelto la pequeña mano y vuelvo junto a mi mentor.

-¿Algún voluntario?- tristemente veo como a lo lejos una madre llora, pero nadie se ofrece voluntario y ellos se toman la mano a manera de saludo. Peeta le sonríe con verdadero cariño.

-Bueno, pues no queda más que decir que: ¡Felices Juegos del Hambre!- como Haymitch y yo sabemos lo que viene después y no tememos decirlo, coreamos con demasiado sarcasmo, con Effie:- ¡Y que la suerte esté siempre, siempre de su lado!

Sin embargo, como ya dije: no la estuvo. No es el mismo niño con el ojo rojo por el golpe, ahora parece más un hombre con muchas cicatrices pero estoy segura que es él. Mientras veo como los adentran al Edificio, siento a Prim saltar sobre mí y gritar:

-¡Lo tienes que salvar, Katniss!

-Prim, tranquila. –comienzo a ver a nuestro alrededor para comprobar que estamos solas, ya que sé lo que son las escenas para el Capitolio: problemas y más problemas y si quiero salvar a mi hermana, no puedo darles problemas al Capitolio.

-No, Katniss. Es que no entiendes ¡Lo tienes que salvar!

-No depende de mí, Prim.

-Pero puedes buscar patrocinadores.

-Sí, Prim, lo intentaré.

-¡No, Katniss! TIE-NES que salvarlo- al decir el verbo lo dice fuerte y pausado, marcando cada sílaba.

-¿Por qué te importa tanto, Prim?

-Porque él te salvó a ti.

3.

Al entrar al tren, sigo pensando en las lágrimas de mi patito y sus palabras "él te salvó a ti"… en parte tiene razón, sin esos panes, jamás hubiéramos sobrevivido, sin embargo siento que en sus palabras hay algo que no logro comprender.

Ellos ya están allí, sentados y nerviosos. Cuando yo estaba en su posición no dije ni una palabra hasta el día siguiente clavando un cuchillo cerca de la mano de Haymitch. Paso a su lado y la pequeña me voltea a ver, por lo que le sonrío.

-Me iré a cambiar- explico a mi cuarto y encuentro a Cinna acomodando mis cosas. Él sabe perfectamente que por mucho que me encanten sus diseños, no puedo estar mucho tiempo en vestidos, por lo que ya ha seleccionado un pantalón con una blusa suelta de color verde.

-Gracias- y al terminar la palabra, mi voz se corta dejando escapar el tumulto de emociones que llevo por dentro. Cinna se acerca y me envuelve en sus brazos como yo hice hace poco con la niña cosechada.

Después de mis juegos, me di cuenta de lo importante que resultaba la imagen del Tributo desde el principio, ya que para mí los patrocinadores que me consiguieron, lograron darme una bolsa de dormir que me mantuvo viva por mucho más tiempo, sin embargo no fue gracias a la imagen de minera que di en el Desfile.

Así que sin pensarlo por mucho, despedí al estilista y ofrecí el puesto. Cinna llegó con su porte calmado y elegante, exponiendo diseños con sentido que me fascinaron desde un principio. Él tenía todo el potencial para ser de otros Distritos, pero deseaba este, el mío, por lo que, sin más, quedó dentro.

-¿Más tranquila, Katniss?- él es la única persona que al decir mi nombre con voz sensual como lo es la suya por naturaleza, no tiene lujuria alguna. Sonrío y asiento. Baja el cierre de mi vestido y se va.

Llego al comedor y encuentro a todos mucho más tranquilos, incluso hablando amenamente. Todos comen con los modales que seguramente son del agrado de Effie, Haymitch bebe pero mucho menos de lo normal. Me guardaron un asiento junto al Chico del Pan.

-¿Al fin te nos unes, preciosa?- dice Haymitch cuando tomo asiento- no podíamos terminar sin ti.

-¿Qué pasó en la Gira de la Victoria de Doshley?- pregunto mientras me sirvo un poco de puré de ciruelas. Todos se tensan y se miran mutuamente.

-¿Soy la única que no lo sabe?- siguen sin hablar- ¿Y no me van a decir? ¿Una niña de trece años puede saber pero yo no?- comienzo a enojarme considerablemente.

-Esa niña tiene nombre- dice Peeta, volteo a verlo y es la primera vez que tenemos un contacto visual real desde hace cinco años. Estoy consciente de que mis ojos destilan enfado, pero los suyos al contrario están calmados.

-Liliath- el comentario me hace romper la conexión para ver a la pequeña.

-¿Liliath, me podrías decir qué pasó?- pregunto con mayor delicadeza.

-Soy pequeña, no estúpida- el comentario logra desatar el enfado y tomando mi plato me paro solo diciendo un "con permiso" entre dientes para que Effie no haga un espectáculo.

Ya en mi habitación termino de comer y lavo mi cara, la cual ha quedado un poco roja después del pequeño llanto que me asaltó por la prueba tan grande de que no he estado pendiente como debería de mi Distrito, ni siquiera estuve en la Gira de la victoria. Las cosas eran un poco complicadas en ese entonces: no solamente acababa de coronar a la persona que había matado a los dos tributos de casa; sino que también acababa de insertarme un aparato para evitar que quedase embarazada, en vista de que muchos seguían haciendo fila y yo, había dejado de ser una niña, oficialmente.

Después de mi victoria, la noticia llegó desde la boca de Finnick. Él pagó cinco veces más por ser el primero, para poder explicarme, ayudarme y no traumarme. De por sí yo le tenía afecto, pero después de eso, se ganó un lugar muy grande en mi corazón. Me habló de todo lo que a él le había obligado a hacer, aunque estoy bastante segura que le han hecho cosas peores. Entre vencedores está "prohibido" hablar de eso y mucho menos hacerlo entre ellos, sin embargo él lo logró.

Un año después cuando ya me había acostumbrado a dormir alrededor de una hora- y ser despertada por mis pesadillas, pocos minutos después- un día una mancha roja hizo que se preocuparan por las posibilidades de un embarazo.

Cada noche me sentía más sucia, pero como Finnick explicó, es una actividad física y entre mejor seas, más recompensas obtienes ¿Por ejemplo? Que mi hermana no salga cosechada, que mi madre tenga ingresos, sencillamente que sigan vivas. Así que tragándome toda la tierra que sentía, acepté el aparato y un promedio de cincuenta personas más. No podía ver a mi patito después de eso.

En algún punto duermo hecha un ovillo sobre el piso y en combinación al río y la pesadilla donde yo era testigo de la violación de Liliath sin poder hacer algo para evitarla, despierto sobresaltada. Después de un baño helado, salgo en busca de algo que me distraiga, para así tener un buen pretexto para mantenerme despierta.

Comienzo a deambular por los pasillos hasta que lo encuentro sentado junto a la ventana. Me paralizo por completo y ruego porque no me haya escuchado, pero cuando voltea me doy cuenta de que es demasiado tarde para escapar. Me sonríe e invita a que lo acompañe.

-¿Tampoco puedes dormir?

-¿Me dirás qué pasó en la Gira de la Victoria?

-¿Siempre eres tan ruda?- volteo a verlo con una mirada dura y él sonríe, reacción que me hace fruncir el ceño.

-¿Por qué sonríes?

-Porque me estás dando la razón- vuelvo a fruncir el ceño. Repito:

-¿Qué pasó en la Gira de la Victoria?- lo digo mirando al vacío, pero cuando él comienza a hablar puedo ver su disgusto desde el rabo de mis ojos.

-Todos habíamos notado que después de estar cinco meses en el Distrito habías regresado al Capitolio, para volver hasta cuatro meses después. Ni siquiera estabas en la Gira- cuando lo dice, siento que hay un dejo de reclamo- por lo que cuando nadie le aplaudió ni alabó, explotó.

-Comenzó diciendo cosas como "Ustedes aquí siéndole fiel y ella allá lamiéndole las botas al Presidente", entre muchas otras cosas.

-¿Y por eso no me lo querían decir? ¿Por qué hablaron mal de mí? No tengo cinco años.

-Fue algo un poco más que eso- dice un poco ¿temeroso? Lo miro expectante- Tu hermana, Prim, comenzó a defenderte.

Mis ojos se abren desmesuradamente y lo hago voltear completamente hacia mí. Él salta por el contacto y lo suelto, pero sigo expectante.

-¿Le hicieron algo?

-No, eres la consentida ¿lo recuerdas?- "oh pero claro que lo recuerdo" pienso.

-Entonces ¿Por qué no me querían decir?

-Porque la amenazó con ser cosechada y después su dama de compañía.

Cuando escucho eso la furia que he estado guardando por tanto tiempo se expande a punto de querer golpear al Chico del Pan que tengo frente mío. Sé que no puede hacer eso, sin embargo el simple hecho de que haya amenazado a Prim hace que quiera matarlo a golpes. Me paro dirigiéndome al cuarto de Haymitch, sé que está despierto, cuando unos brazos me rodean.

Después de tantas experiencias físicas en los últimos meses, mi cuerpo no termina de reaccionar de la mejor manera, por lo que termino golpeando su estómago, tirándolo contra el piso y clavando mi mano a manera de flecha en su cuello, directamente en su tráquea. Él alza las manos a manera de rendición inmediatamente.

-¿Qué demonios está pasando aquí?

Suelto a Peeta recordando quién es y la deuda que tengo con él para acercarme amenazadoramente hacia mi mentor.

-¿Me puedes explicar por qué carajos no me dijiste de eso?- digo semi gritando.

-No sé de qué hablas, preciosa- dice él acercándose a Peeta para ayudarlo.

-¿De la amenaza del idiota de Doshley contra mi hermana, posiblemente?- grito jalándolo del cuello de la camisa para atrás para que me vea a la cara.

La diferencia que hay entre Peeta y él, es el paso por los Juegos, por lo que al recibir agresión física reacciona de la misma manera que yo, incluso peor. Así que contesta el jalón tirándome al suelo y haciendo que una parte de mi espalda truene. Desventaja: tiene mucha más experiencia que yo; Ventaja: tiene más años estando ebrio. Golpeo su estómago antes de que él pueda bloquear mi garganta como segundos antes yo había hecho con Peeta. Rodamos, él por el golpe, yo para evitar que me aplaste.

Cuando me estoy levantando, veo como Peeta se interpone entre los dos y aunque sé que podría derribarlo con facilidad, no me importa lastimar físicamente a ninguno. Solo quiero respuestas.

-¿Por qué no me dijiste?- le grito.

-¿Y qué hubieras hecho? ¿Lo hubieras golpeado como acabas de hacer con Peeta? ¿Eh? ¿Qué hubieras hecho, preciosa? Entiende, no está en tus manos en cargarte de él.

-¿Y no crees que merecía saberlo?

-Tu reacción es suficiente respuesta.

-Amenazó a mi hermana, Haymitch. ¡A mi hermana! ¡No me voy a quedar con los brazos cruzados y sin hacer nada!

-Preciosa, cuando eres vencedora, debes de aprender a manejar al público, al Capitolio y a los Vencedores. Recibirá su merecido.

-¿Ah, sí? ¿Cómo?

-¿Todavía haces esa pregunta? No hay vencedores, hay sobrevivientes y lo sabes. Es nuevo, aprenderá a comportarse después de su primera.

No estoy segura si es la manera en la que lo dice o es porque estoy demasiado sensible al hecho, pero entiendo a lo que se refiere. Sé que todo cambia, principalmente en los profesionales, después de su primera experiencia. Algunos incluso han querido suicidarse y esa es la razón por la que el primer año estamos tan monitoreados. No pueden soportar perder la mercancía.

-¿De qué hablan?- cuando habla, su voz suena rasposa, prueba de que mi mano sí le hizo daño.

-No hables y duerme- decimos Haymitch y yo al mismo tiempo, lo que nos hace vernos una vez más hasta que yo me volteo y huyo a mi cuarto.

4.

Siendo este mi segundo año como mentora, se diría que estoy acostumbrada a bajar del tren y encontrarme de cara con tanta gente, pero no.

-Katniss, Katniss, Katniss ¡Por aquí!- todos comienzan a hablarnos al mismo tiempo y a lanzar fotografías por segundo.

-Peeta Mellark ¿Qué opinas acerca…?- algunas preguntas no terminan del todo.

-Haymitch ¡Haymitch! ¿Listo para dejar…?

-Liliath Ottur ¿Me puedes decir qué se siente tener trece años y estar destina a los Juegos?- cuando escucho esa pregunto volteo inmediatamente y tomo a la pequeña de la mano, alejándola de ellos.

-Katniss, por favor, una sonrisa para tus fans.

-Ya dales una foto, ¿no, preciosa?- dice Haymitch cuando se acerca a mí, por lo que lo tomo del brazo y lo obligo a voltear conmigo y posar. Las sonrisas falsas salen al momento en que la fotografía es tomada y la mayoría de los reporteros están satisfechos con eso.

-Si lo sufro, tú también lo harás- él sonríe con sarcasmo. Ambos odiamos a los reporteros del Capitolio.

-¿Por qué no les hicieron caso a Peeta y a Lili?- pregunto susurrando.

-Porque son del Doce saben que es muy probable que mueran. Tú eres mucho más atractiva para ellos.

-¿Eso quiere decir que tú dejaste de ser importante?- sonrío ante eso y él también.

-Comencé a beber, y aceptémoslo, preciosa: tú eres más sensual- todas las personas se tomarían ese halago como algo bueno, sin embargo con ese comentario basta para ensombrecer la sonrisa que había salido con anterioridad.

-Venga, alégrate, si alguno de estos dos gana, te dejarán libre más pronto.

-Finnick ya tuvo a Annie y sigue siendo usado- le dijo fríamente.

-Porque Annie no es atractiva para los Capitolinos.

-¿Y lo será una niña de trece años?

-Lo fuiste tú, con un año más.

-¡Por Finnick!- cuando digo esto, lo grito por lo que tanto al Chico del Pan como Liliath voltean a verme.

-¿Podremos conocer a Finnick Odair?

Y cual invocación, aparece detrás de mí haciéndome elevar por los aires al rodear mi cintura con sus manos fuertes y alzándome como bebé. Yo comienzo a reír estúpidamente gracias al nerviosismo que provoca en mí el cambio en la gravedad. Sus manos son las únicas que, al tocarme, no sacan la peor parte de mí.

-¡Suéltame Finnick!

-Solamente te hago caso porque sé que me terminarás golpeando, gruñona- dice con la típica sonrisa encantadora que se carga, dejándome en el suelo.

Hay algo en las personas a neutro alrededor que me pone tensa: Annie, la cual está visiblemente molesta, sin embargo se abstiene de decir algo. Peeta, se remueve incómodo y Liliath no deja de ver casi babeando a mi amigo. Cuando voy a comentarle algo a Finnick él dice:

-Kat… ¿puedes venir?

Algo que me facilita ser amiga de este marinero es que, siendo como es, saber sus intenciones es muy sencillo. Cuando quiere hablar, en tono serio, hace comentarios como ese. Por lo que nos alejamos y estoy casi segura que Haymitch sabe algo acerca de lo que me dirá, por una mueca que se le escapa. Cuando estamos lo suficientemente lejos, le digo:

-Suéltalo, Odair.

-Lo siento, pequeña, pero es que tienes que "trabajar".

En un principio no entiendo, sin embargo sus ojos, llenos de dolor, hacen que mi cara se vuelva de incredulidad. Él comienza a balbucear algo acerca de que todo se calmará cuando el Idiota vencedor nuevo empiece y tome mi lugar, sin embargo lo único que realmente me importa en este momento es el saber en lugar de estar ayudando a mis tributos, estaré con una persona rodeada de elogios y olores asquerosos.

Por eso mismo, después de mandar una despedida lejana de ellos, me dirijo tratando de contener toda la rabia que está acumulándose en mí, una vez más. Cuando llego al cuarto especial que nos tienen preparados a los vencedores dentro del Capitolio, me encuentro con una mujer de edad avanzada con varias modificaciones en el cuerpo y una mirada que está llena de lujuria, pero antes de que yo pueda cuestionar si estaba esperando a algún vencedor o si yo me había equivocado de habitación, ella dice, demasiado arrastrado y grave para mi gusto:

-Al fin llegas, Chica en Llamas. Te he estado esperando.

Es la primera vez en mi vida en la que me siento yo la presa en lugar de la cazadora. Cuando sus manos, bastante pequeñas y frías, se envuelven en mis brazos para acercarme a ella, todos mis instintos se disparan con el temor a flor de piel. En primer momento, mi brazo se suelta del agarre de manera ruda, por lo que ella, en contra de todo lo esperado, sonríe más marcadamente con esa sonrisa morada y quirúrgicamente agrandada.

-No tengas miedo, pequeña sinsajo, solamente te haré mía.

Es esa palabra la que hace que entienda todo y mi mundo comience a dar de vueltas. Cuando yo estaba en la arena, llevaba como símbolo, una pequeña insignia que me regaló la hija del alcalde. En el momento más crítico de mi juego, después de que lancé unas rastrevispulas a la manada de los profesionales dejando así solo tres tributos restantes, mucha audiencia dejó de pensar en mí como la niña inocente que Finnick había estado defendiendo.

Había estado recibiendo comida por medio de paracaídas, era poca, pero me mantenía viva. Después de eso, pasados dos días y nada llegó. Comencé a cazar con unos cuchillos frente a todo Panem y comencé a hacer un arco bastante primitivo, cuando intenté cazar con él, no resistió. Así fue como al tercer día llegó un paracaídas con un arco y una nota que decía: "Tu puedes pequeña sinsajo".

Jamás supe quien había mandado ese arco, que definitivamente había resultado costoso. Hasta ahora.

5.

Son los golpes en la puerta lo que la hacen parar. Yo sabía de la existencia de personas que gustaban de realizar prácticas sexuales con personas del mismo género en el Capitolio y no tengo nada en su contra, sin embargo yo no soy una de ellas y jamás me había ocurrido algo parecido. Aunque para ser sincera y justa, debo de admitir que en lo personal, no encuentro mucha diferencia, en ninguno de los dos casos disfruto, solo logro que ellos lo hagan. Después de la segunda vez, en mi cabeza solamente puedo repetirme: hazlo por Prim, hazlo por Prim. Siempre funciona y esta vez no fue la excepción.

Me paro, envuelta en una bata blanca que solo hace parecer a mi cuerpo más pequeño de lo que realmente es, para abrir la puerta. Cuando veo la cara de Haymitch, completamente blanca, tensa y evitando contacto visual, me paro en seco.

-Señora Euglantina, se ha acabado su tiempo.

Al fin sé su nombre y es tan horrendo como la mayoría de su ser. Ella ríe descaradamente, terminando de ponerse unas zapatillas altas y camina directamente hacia nosotros.

-Lástima que se ha pasado tan rápido, pero ha valido la pena mantenerte con vida, tesoro- después de la pequeña confesión, pellizca mi trasero y le da una palmada en la mejilla a mi mentor. Ambos nos contenemos profesionalmente, aunque eso no evita que nuestras miradas se llenen de odio.

Cuando ya la escuchamos lo suficientemente lejos él dice: -Lo siento mucho, preciosa. De haber sabido, llegaba antes.

-¿No lo sabías?

-No, yo solo sé que eres bastante cotizada, pero no sé qué lado te pide, si sabes a lo que me refiero. – mis ojos ruedan y asiento- bueno, arréglate, cenaremos con los chicos antes del desfile y después veremos las cosechas.

Nunca estoy lista para este momento, para ver las personas que están destinadas a un final sangriento y que, de cierta manera, desear que su final llegue, ya que su final significa la continuidad de otra vida. Y en ese caso, prefiero que sean de mi Distrito. Lo más doloroso, es ver a esas personas en trajes tan ridículos desde una plataforma destinada a mentores, tan cerca de Snow, tan lejos de nuestros hogares.

Cinna, una vez más me sorprende. La primera vez que estuvo para mi Distrito como Diseñador, creó para ellos un traje negro como el carbón que brillaba tan fuertemente que parecía diamante. Fue la primera vez que el Doce llamó la atención. En este caso, algo no muy distinto, creó un traje negro que se apega perfectamente al cuerpo de los dos, dejando en claro los músculos marcados del Chico del Pan y la delgadez de la pequeña. Lo maravilloso y bastante vistoso es el hecho de que, en algún punto de la entrada, el traje se prendió en llamas, causando sensación.

Tan extasiada como estoy, no presto atención a lo que pasa a causa de eso, hasta que Finnick, rompiendo las posiciones en las cuales debemos de estar los mentores se acerca a mí para susurrar en mi oído:

-No escuches, Kat, por favor, no lo hagas.

Irónicamente antes de su comentario, no lo estaba haciendo. Mas después de su comentario, no puedo evitar estar consciente de la realidad que me rodea. Son muchos, muchos más de los que han estado conmigo, sin embargo todos vitorean mi apodo como si fuera un canto de guerra, como si fuera un símbolo y no un castigo.

-Chica en Llamas- digo yo, con un nudo en la garganta.

-Cinna no lo sabe.

-Se supone que no existe ese apodo ¿lo recuerdas?- interviene Haymitch.

-No sé cómo lo saben tantas personas.

-Yo tampoco lo sé, pero eso nos puede resultar benéfico.

-¿A qué te refieres?- le medio grito con el ceño fruncido.

-Piénsalo, tienes una fama grande, muchos te reconocen y sin saberlo, Cinna los hiló a tu fama- dice señalando a las dos personas que, envueltas en llamas, saludan al público- así que existen más posibilidades de patrocinadores.

Asiento, no muy convencida. Lo siguiente que sucede es realmente borroso en mi cabeza ya que no puedo dejar de escuchar los gritos del peor apodo que alguien pudo haberme otorgado. Porque ellos no saben que sí, soy una Chica en Llamas, pero en Llamas de rencor.

La cena, aunque es deliciosa, es bastante incómoda. Effie no para de mencionar mi ausencia antes del desfile, aunque se le ve bastante contenta por el éxito de los tributos. Para ella el "Chica en Llamas" fue algo que pensaron para Liliath, a lo que Haymitch y yo creemos, es un pensamiento inocente y bastante bueno a favor de la popularidad. Por otro lado, la pequeña no para de hablar de lo hermoso que es el Capitolio en comparación a casa y la emoción que sintió al escucharse vitoreada por tantas personas. Peeta mantiene un perfil bajo, tratando de comer rápido. Cuando vemos la repetición del desfile, puedo ver perfectamente la mandíbula tensa de Peeta y el miedo reflejado en los ojos de la pequeña, que ha olvidado rápidamente la emoción del vitoreo. En la cosecha de este año hay profesionales, que con sus trajes se ven más atemorizantes de lo que en verdad son. Dos niños de doce años, tres de trece- contando a la de mi distrito- que, aun cuando no están juntos, dan la impresión de ser un pequeño grupo indefenso, aun cuando, Liliath por ejemplo, está envuelta en "llamas". Los demás entran en un rango de 16 a 18 años. El Chico del pan es parte del grupo más grande que recae en esas edades, sin embargo no por eso se ve menos indefenso.

Cuando acaba, un silencio incómodo nos rodea que solo se rompe en cuanto Cinna y Portia se levantan, bastante apagados (razón también por la cual les tengo un cariño especial, ya que no disfrutan de esto como cualquier otro Capitolino). En algún punto, todos los demás siguen el ejemplo hasta que solo quedamos Haymitch y yo.

-En verdad lo lamento mucho, preciosa.

-Ya no lo menciones- veo cómo quiere decir algo más, pero se contiene, se levanta y besa mi frente. Ese acto, por muy inocente, me crea un escalofrío gracias al recuerdo. Sé que jamás será lo mismo el tacto de nadie para mi persona.

6.

Hoy es el último día del entrenamiento y simplemente no puedo controlarme, las fechas salen disparadas de mi arco con cada vez más fuerza y frecuencia. En unas horas comenzarán las evaluaciones por parte de los Vigilantes y desde el hecho de que el "preciado" Chico del Pan decidió que era una mejor idea entrenar por separado con Haymitch por mentor, distanciándose completamente de mí, no puedo evitar tener un sentimiento de angustia.

En un primer momento no me interesó en lo más mínimo su decisión. En cierta manera preferí que fuese así, ya que la pequeña niña tendría más atención de mi parte, sin embargo después, cuando evadía incluso mis miradas, la sensación de no saber algo importante fue demasiado abrumadora como para estar tranquila en este momento.

-Suelta el arco, Kat. Tú no serás evaluada.

-¿Entonces por qué siento lo contrario?

-Pues porque todos nos sentimos así de cierta manera las primeras veces. ¿Qué harán?

- La pequeña es buena con las trampas.

-¿Y el chico?

-No lo sé. Decidió que yo no era suficientemente buena como para entrenarlo.

-Pues que estúpido si cree eso. Pero dudo que lo sea cuando de salvar su pellejo se trata.

-Si lo piensas, creo que es mejor. Ya sabes, yo terminé lanzando una flecha a ellos cuando fue mi turno- él ríe descaradamente, e incluso a mí se me escapa una sonrisa ante el recuerdo.

Suelto el arco después de lanzar la última flecha y sin saber de dónde viene el pensamiento le pregunto:

-¿Alguna vez te citó Snow directamente?- se le escapa una risa irónica y niega con la cabeza- ¿Entonces estoy en problemas?

-¿Qué te dijeron?

-Que después de que dejara a mis tributos para ser evaluados, me dirigiera a su oficina. Creo que después de todo, yo también estoy siendo evaluada- él frunce el ceño, un gesto que no le ayuda del todo a su cara y alza su brazo para rodear mis hombros. Siempre hace cuando no tiene como protegerme.

-No pasa na...-

-Señorita Everdeen- cuando volteamos puedo ver a uno de los Vigilantes que también estuvo cuando lancé la flecha y se espantó al grado que cayó sobre el poche que se servía.

-Plutarch ¿A qué debemos tu visita?

-Vengo de parte del Presidente Snow para escoltar a la Señorita Everdeen- veo como Finnick dirá algo más, pero alzo una mano para que no diga nada. Me despido de él y me acerco a Plutarch.

Cuando llegamos con Snow, comienzo a entender un poco más lo que sucede. Cuando me insertaron el aparato que evitaba que mi vientre se abultara gracias a un hijo, fue algo bastante similar: un cuarto blanco, muchas mujeres con instrumentos que sinceramente parecen aterradores, olores que crean nauseas y una luz fluorescente.

-Señorita Everdeen… tenemos que hablar con usted acerca de algo muy importante- veo como las mujeres se comienzan a acercar a mí, con jeringas y expresiones que las madres ponen cuando los hijos están enfermos. Mi cuerpo comienza a temblar por inercia, lo cual hace que poco a poco acerquen más las agujas con la medicina que mi madre llamaba morfina.

Cuando despierto, me encuentro desnuda, debajo de una manta blanca que me roza la piel suavemente. Siento mi cabeza punzar y dar vueltas, solo puedo escuchar un sonido constante e irritante como cuando, en mis Juegos, hice estallar la comida de los profesionales. Después de tiempo logro escuchar, primero siendo un murmullo para después volverse la voz de Claudius Templesmith hablando con Caesar Flickerman acerca de las puntuaciones de los tributos. Es ese momento en el que entiendo y recuerdo todo ¡Las puntuaciones! No solo me he perdido esos minutos críticos junto a ellos, sino que me he perdido todo ese lapso de tiempo, lo cual me hace preguntarme ¿Dónde estoy? ¿Qué me hicieron?

Mi corazón comienza bombear con mayor velocidad mientras, desesperada, quito todo los cables que me unen a la máquina que emite un constante sonido para monitorearme. Están presentando a los Tributos del Distrito 3, lo cual significa que aun puedo llegar a estar con ellos. En este momento entran más mujeres que me hacen recordar poco a poco lo que sucedió. Ellas, con una paciencia no muy dada en Capitolinos, comienzan a hablarme de lo que ahora me han hecho:

Se trata de un tratamiento corporal. Higiene. Así lo llaman, bajo el pretexto de que, después de este "baño", no importa cuantas personas estén conmigo, no podrán contagiarme o enfermarme ya que, mi cuerpo matará inmediatamente el germen. Me pueden decir lo que quieran, pero sé que no lo hacen por mí y mi higiene personal, lo hacen porque para ellos soy una bolsa de dinero y popularidad demasiado buena como para dejar que se ensucie. Soy un perfecto juguete de colección.

No sé cuanto tiempo ha pasado, pero cuando regreso mi atención al televisor, que sigue en la transmisión de las puntuaciones, veo a un Peeta junto a un ocho. Después de todo, no me necesitaba.

7.

Un día después, entiendo que sí, después de todo- y según él- sí me necesita. Específicamente, no me necesita. Me ama.

Claro, o eso fue lo que se le ocurrió contarle a todo el país en la entrevista con Caesar Flickerman, sin importarle un poco las consecuencias que eso traería, porque para él, lo único importante es salvar su pellejo.

Yo, en un vestido rojo y lleno de destellos de joyería rojos, amarillos, blancos y azules, parecía en verdad una Chica en Llamas. Después de explicarle a Cinna lo sucedido en el Desfile, él no dudó en aprovechar la perversión que invade al Capitolio y jugar con sus mentes. El vestido era sencillamente hermoso, y aunque yo no lo fuera, en ese momento era sencillamente tan radiante como el sol.

Por lo mismo, cuando el Chico del Pan salió vistiendo un traje negro con reflejos rojos, haciéndolo parecer carbón en llamas, con un carisma envidiable y una seguridad que desbordaba por sus poros, el público enloqueció. Pero eso no fue todo, ya que al momento en el que el presentador más querido de Panem preguntó por una chica especial en casa, él respondió:

-No, no hay nadie en especial en casa.

-No te creo, Peeta, alguien tan guapo como tú no puede estar sin alguien especial ¿O ustedes qué creen, amigos?

Peeta rió, como si toda la intrusión en su vida personal estuviera bien y no le molestara en lo más mínimo que todo el país estuviera a nada de enterarse de sus sentimientos más profundos.

-Es complicado, Caesar.

-Pruébanos, Peeta.

-Sí hay alguien importante para mí, pero ella casi no está en casa.

-¿A qué te refieres, Peeta?- Caesar frunció su ceño cuando entendió la implicación del Chico del Pan, mientras que yo en mi lugar comencé a parpadear mirando a todos los que estaban a mi alrededor hasta encontrar a Haymitch, el cual estaba sonriendo cínicamente.

-Que tengo que ganar estos Juegos del Hambre, ya que eso significaría poder estar con ella, aquí, en el Capitolio.

Así la bomba le cayó a todos los Capitolinos, incluso los más estúpidos. Caesar le dio un cierre a la entrevista y se despidieron, deseándole la mejor de las suertes, diciendo que él tenía un motivo muy grande por el cual ganar. Poco después del cierre y el himno, fue cuando me atreví a acercarme a él, siendo atacada por millones de flashes y preguntas, las cuales simplemente no pude responder. Lo tomé del brazo, de la manera más gentil posible, para llevarlo lo más lejos de los ojos de Panem.

-¿Acaso estás imbécil?- fue lo primero que salió de mi boca, al estar ya en puertas cerradas. El empujón que le di fue lo suficientemente fuerte como para hacerlo caer y lastimarse las manos.

-¿Eso por qué fue?- dijo indignado y tratando de levantarse.

-No tenías derecho de hacer eso. No sabes lo que eso hace para mí, para ti, ¡para todos!

Cuando grité eso, la puerta de los elevadores se abrieron dejando pasar a un Haymitch bastante molesto, una Effie preocupada e histérica que se concentró en llevar a la pequeña a otro lado, a Cinna y a Portia bastante distantes.

-¿Qué está pasando aquí?

-Esto fue tu idea ¿verdad? Porque claro, que vean a "La Chica en Llamas " como la puta que es- cuando grité eso, diciendo mi apodo entre comillas dibujadas con las manos, Peeta frunció notablemente el ceño.

-Una vez más no entiendes, preciosa- dice alejándome de él, acorralándome en una esquina de la pared- eso fue la mejor publicidad que cualquiera pudo haber pensado para tener un boleto a casa.

-Eso no es cierto.

-Deja de ver solamente lo que esto significa para ti y comienza a pensar en él, en ellos. Tú y yo somos lo único que tienen y créeme que eligió muy bien quien le podría ayudar, porque aceptémoslo, tu eres más sensual.

-¡Fue tu idea!- dije cuando, después de su comentario idéntico al del tren, me cayó como rayo.

-Fue mi idea.

La confesión del Chico del Pan me dejó estática, tomando en cuenta que, siguiendo en deuda con él, verme como una fácil ante todo Panem, resultaba bastante cómico y sencillo. Por lo que, aun bastante enojada, caminé lejos de ellos.

Entiendo la estrategia, por lo que ahora cuando escucho al legendario Claudius Templesmith, presentador de los Juegos del Hambre, con una voz tan practicada y perfecta, toda alrededor mío, recordando mis Juegos, decir:

-Damas y Caballeros ¡Que los septuagésimos cuartos Juegos del Hambre comiencen!

No puedo evitar fingir un poco demás mi cara de preocupación, ya que el papel de "mentora enamorada" puede significar el fin de la deuda eterna que siento por ese chico. Ya que, es inevitable, no puedo romper la conexión entre este chico, Peeta Mellark y el Diente de león que me recordó que no estaba condenada.

Porque después de su gran acto heroico que salvó a mi familia de las garras de la muerte, pude recordar la manera de sobrevivir por medio de un pequeño Diente de León que se encontraba en el jardín de nuestra pequeña escuela. Así que ahora, que estoy en una sala lujosa, con comida por montones, junto a mi mentor y viendo en una pantalla como novia desamparada, un nudo en mi garganta se forma fuertemente, porque después de todo Peeta Mellark salvó mi vida. Y haré todo porque él conserve la suya.

8.

Las cosas se complican cuando la alianza que crea es con una niña pequeña del Distrito 11 llamada Rue y con la pequeña Liliath. Sin embargo sé que no lo puedo juzgar ya que, muy posiblemente yo haría lo mismo.

Su arena es un bosque, lo cual ayuda bastante ya que es un entorno que conozco desde pequeña. Siguió el primer consejo más esencial y fue en contra del Baño de sangre, logrando rescatar una pequeña maleta naranja que contenía un saco de dormir, una soga y agua. Pero antes de adentrarse al bosque ve como Liliath busca con desesperación encontrar algo con lo que irse, por lo que corre por ella, llevándose consigo también a la pequeña del once.

El problema recae en el hecho de que, al ser pequeñas, tardan más al caminar, así que ya han tenido dos roces bastante preocupantes con otros tributos. En el primero lograron escapar por pura suerte, mientras que en esta segunda, él sale lastimado.

Es este momento en el que Haymitch y yo entramos en acción. Los patrocinadores son algo distinto de manejar, la mayoría son capitolinos que tienen suficiente dinero y amor por los Juegos que desean fuertemente participar de alguna manera, por lo que hablar con algunos resulta demasiado exasperante, pero convencerlos, bastante sencillo.

Y por mucho que me gustaría negarlo, Haymitch tenía razón: el enamoramiento de Peeta sirvió. No solo cada vez que me acerco a ellos, desean escuchar a la enamorada que hay dentro de mí, sino que están dispuestos a apostar por el supuesto amor que nos tenemos. Por lo mismo, conseguirle una medicina a Peeta no es necesariamente difícil.

Siguen avanzando, pero ahora no son solo ellas las lentas, sino que él, con la pierna atravesada por una espada de un tal Marvel del distrito dos, que aun con medicina se mantiene herida. El sonido del cañón me asalta en todo momento, sin darme tregua desde hace una semana, razón misma por la cual unas sombras fuertes parecidas al color de los moretes se instalan debajo de mis ojos. Una vez más Haymitch propone utilizar eso como publicidad y los siguientes periódicos tienen por titular "Amantes trágicos, él tributo, ella mentora".

Debo de admitir también que después de esa declaración publica de amor no ha habido una sola oferta de "trabajo", como tiendo a llamarles. Todos me ven como la amante trágica del Distrito Doce que busca salvar desesperadamente a su amor eterno. Yo solo puedo esperar que esto funcione, una muerte más a mi lista no sería de mi agrado.

La primer muerte para el Chico del Pan es en la segunda semana, llevándolos oficialmente a los ocho finalistas. Ella es olvidada, torturada por el dolor de un veneno que encontraron los profesionales, medio viva, medio muerta. Cuando la veo, de esa manera hay algo en la escena que no termina de hacerme lógica, normalmente, cuando un profesional tiene la oportunidad de matar a alguien, lo hace, no lo deja con la opción de curarse. Pero Peeta no tiene el mismo pensamiento y cuando la encuentra, decide darle un final más tranquillo. Puedo ver el dolor en sus ojos.

Pero nada se compara con la expresión de perdida y vacío que reflejan cuando ve la lanza de Marvel atravesar a la pequeña Rue. En ese momento entiendo, es una trampa. Ellas estaban montando guardia, sin embargo la pequeña de mi distrito pasó por alto el movimiento en los árboles, constándole la vida a la pequeña del once.

No sé si es la expresión de Peeta, la falta de sueño o la rapidez con la que suceden las cosas, pero de mis ojos salen lágrimas ardientes que rodean mi rostro ante esta muerte. Siento los brazos fuertes de Finnick alrededor mío y agradezco que no haya ningún periodista cerca. Veo como Peeta, cegado por la ira, avienta un cuchillo que le da en el tobillo a Marvel, haciéndolo caer. El Chico del Pan corre y lo mata de la misma manera rápida con la que había matado a la muchacha del Distrito 4.

Él llora, no le importa las cámaras o todo lo demás. Se acerca a la pequeña Rue, que todavía mantiene los ojos abiertos y puedo ver como está luchando por mantenerse con vida. Sin pensarlo dos veces salgo del cuarto en el cual estamos los mentores observando y me adentro a la Explanada de los Patrocinadores. Grito:

-¡Todavía la podemos salvar!

Sé que a muchos de los Capitolinos no les importa un bledo salvar a pequeños y menos si están bastante lastimados, sin embargo cuando la veo a ella, de cierta manera veo a mi pequeña Patito, con esa inocencia y amor por la vida.

Los periodistas comienzan a grabar, mientras yo comienzo a mover a la gente para que manden alguna medicina, sin embargo para cuando se está juntando el dinero, vemos como Peeta Mellark cierra los ojos de la pequeña Rue y la acuesta con los brazos sobre su pecho. Los patrocinadores se alejan de mi lado y de la misma manera siento que mi credibilidad es puesta en duda. Esa noche, en mis pesadillas veo a una Rue convertirse en un sinsajo pequeño como ella, volar directamente a la lanza de Marvel.

Cuando Liliath muere, significa que solo quedan tres tributos, entre los cuales el Chico del Pan está incluido. La muerte de la pequeña me carcome por dentro, principalmente por el hecho de que fue un descuido de su parte que yo pude haberle enseñado mejor, de no haber sido por mis trabajos extras. Comió unas bayas venenosas que la mataron al instante.

El final es lo que más me tiene al filo de la locura. Los Vigilantes en Jefe, malditos sean, crearon un incendio para unir a los tributos, quemando una parte de la pierna de Peeta de por medio. Cuando llegan a enfrentarse, una se llama Clove y es del Distrito dos y el otro es Tresh, compañero de Rue desde el once.

Cuando comienza la pelea, claramente Peeta está en desventaja. Sin embargo- y es la primera vez que veo que sucede algo similar- en contra de todo lo esperado, Tresh se dirige a Clove con todas las intenciones de matarla, lo cual lo hace casi de inmediato.

En estos momentos yo me encuentro en medio de la plaza y Haymitch no para de hablar con patrocinadores hablando de cómo tener a Peeta como vencedor es la mejor opción. Yo comienzo a hacer lo mismo, hablando de cómo siempre fue un panadero excepcional, que es un hombre que merece una vida y que si es conmigo, sería aun mejor.

Estamos tan inmersos en convencer a unos patrocinadores que estaban del lado del Distrito 7 que no vemos a los Mutos -mitad hombres, mitad lobos- hasta que le han arrancado un pedazo de brazo a Tresh. El Chico del Pan corre muy lento gracias a su pierna lastimada, sin embargo el chico del once, lo ayuda a escapar de los Mutos, diciendo:

-Por Rue, Doce.

Toda la plaza ha quedado en completo silencio mientras vemos como Peeta logra escalar la Cornucopia, desangrándose lentamente. Comienzo a pedir ayuda de las personas para mandar medicina y las manos se amontonan con fajos de billetes. El mentor del once parece león enjaulado, ya que definitivamente no concuerda con la ayuda que se le dio a mi Chico del Pan.

Los paracaídas comienzan a llegar cuando el cielo comienza a aclarecerse y por un segundo creo que es demasiado tarde. Cuando Peeta abre débilmente el paracaídas y descubre un poco de sopa y medicina, tiembla demasiado como para hacer gran cosa.

Comienzo a buscar a Tresh con la mirada, temiendo lo peor, pero cuando lo encuentro sé que no soy la única que lo ha hallado. Veo como Peeta busca la manera de llegar a él con la medicina, ya que al igual que el panadero, se está desangrando. Cuando está bajando un Muto salta, desgarrando una gran parte de su pierna, escena que se quedará tatuada en mi mente por siempre.


Hooolaaa!
Primero que nada me gustaría aclarar una escena del capítulo: no soy homofóbica, de hecho todo lo contrario jajaja pero creo que si te ves forzada a hacer eso con cualquier persona, resulta impactante. Pero también creo que si es del mismo sexo, puede resultar un poco shockeante. Espero haberme dado a entender.

Por otro lado me encantaría mencionar que es mi primera vez escribiendo de esta manera, lo cual es bastante innovador pero que de cierta manera me ha gustado. Espero no haberte decepcionado, Evasis!

La petición oficial fue: "Una historia en la que cada uno ganó una edición de los Juegos del Hambre, por lo que no hubo revolución y todo siguió igual. Snow los vendió igual que a Finnick, y ambos comienzan a enamorarse mutuamente pese a eso." Así que... creo que pueden darse una idea de para donde va la historia.

Muy pronto vendrá el capítulo dos, pero por favor, clickeen en la cajita que dice "review" para decirme qué les pareció. Estoy bastante nerviosa, es mi primera historia así y estoy temblando! jajajaja

Quiero agradecer infinita y públicamente a Elenear28 por el apoyo y coaching que me dio. Sin ti, la historia no hubiera salido.
Sin más por el momento:

Muchos besos y ¡Feliz San Valentín!

Nina Berry.