Notas Iniciales: Estoy empeñada en terminar este fict en este año, es demasiada larga la espera, aunque las ideas siguen latentes, tengo la impresión que no se coordinan como quisiera, eso y que quiero desempolvar mis antiguos gustos sin descuidar los nuevos.

Y no, no me gustan los capítulos que son notas de autor, lo que quieren es fict, no los problemas de los autores xDD

Lo que sí puedo sacar son curiosidades de esta historia, le tengo tanto cariño que casi no quiero terminarla, pero debe cerrarse. Conforme me acuerdo de todo lo que me ha hecho pasar esta historia, las iré poniendo, comenzando con una curiosidad: que el archivo en la compu de Hikari tiene como nombre Normal. Siendo un mal juego de palabra porque en este fict Takeru de normal no tiene nada. Lo chistosito es que cuando me daba el lapsus mental de no acordarme cómo se llamaba el archivo, no encontraba la historia. D'oh!

Otra curiosidad que la víctima protagónica era Yamato como Juez, lo de la prometida me encantaba desarrollar, solo que en el mundo normal desencadenaba con un Takeru-dark e interesante versus con Hikari-luz, la historia se terminó de cerrar en mi mente, pero no logré hacer el desarrollo, y en ese camino de unir inicio con final se me iban armando otras tramas cuyos fragmentos deben estar regados en mi compu.

Y una última curiosidad (de las que recuerdo), que quizá los que me siguieron notaron, esta historia tenía tintes de crossover con la segunda parte de un fict que finalicé hace años, pero sería dar spoilers de esa historia, que al final de cuentas no quiere ver la luz xDD

Capítulo siguiente, nos acercamos al final.


Capítulo 22:
Humanos


–Yo no sé nada de medicina – indicó de inmediato Koushiro.

–Yo no sé nada de informática– refutó al instante el joven de apellido Kido.

Ambos hablaron al mismo tiempo, y no pudieron evitar mirarse mutuamente, con la extrañeza plasmada en el rostro.

–Al menos tienen en común que necesitan de los conocimientos del otro – replicó la joven.

–No es que no desee ayudar – indicó el pelirrojo – el detalle es que es la vida de Takeru la que está poniendo en nuestras manos.

–Y si le quitan la infusión digital, él dejará de existir – agregó Jyou en un susurro, como si bajando el tono de voz menguase el impacto.

–Sí, lo sabemos, sin embargo mientras tenga la infusión digital simplemente no lo dejarán salir – Flomon miró a su compañero, esperando realmente no haber comprendido erróneamente hacia dónde iban los planes.

–¿Entonces exactamente qué proponen?

Jyou sentía el pulso latiéndole a la altura del cuello, como en cada ocasión que le indican de manera abrupta que tiene que intervenir quirúrgicamente a un paciente. Es su profesión, no puede evitarse las emergencias, pero tampoco podía evitar esa sensación de nerviosismo.

–¿Les parece si ambos revisan los datos sobre la forma de aplicación de la infusión digital en el cuerpo de Takaishi? – la dorada le facilitó unos archivos holográficos – Se requiere que quede en el exacto punto en que se mantiene con vida. Iré a prepararlo todo, tenemos un aproximado de quince minutos.

Se volvió a dejarlos solos, y quizá por el comentario de Dacmon sobre las propias ambiciones hizo que ella se volviese, intentando impregnar toda emoción posible en sus siguientes palabras:

–Lamento la presión con tan poco tiempo.

Casi hubiese dado lo mismo que no lo hubiese expresado. No logró transmitir ni una pizca de emoción, y si se enteró de esto, no lo demostró. Ella continuó con su camino, y los digitales guardianes la siguieron.

Miyako fue la primera en romper el ambiente de curiosidad, acercándose por el hombro de Koushiro, quien era el primero en revisar la información antes de deslizarla hacia el lado de Jyou.

–Parece una restauración del sistema antes que el programa corrupto desconfigure el sistema operativo – comentó Miyako – ¿Acaso Takeru tiene puntos de restauración?

Jyou miró a Koushiro, quien no despegaba sus orbes de los hologramas. Daisuke estuvo a punto de decir que eso era simplemente absurdo, cuando el pelirrojo se volvió a sus amigos.

–Es lo más parecido a lo que se puede decir. Solo que es complejo el punto en que su cuerpo comienza a depender de la fusión digital y cuando estaría totalmente libre de ella, o hasta qué punto se puede mantener.

–¿Y si se comete un error? – indagó Ken.

Izzumi se tensó ante esas palabras.

–No es lo mismo – replicó Miyako al percatarse que Koushiro no se atrevía a responder – Ante una falla del sistema siempre se puede acceder a otra unidad, verificar, realizar pruebas, y como última instancia formatear, y si son datos importantes aventurarse en una recuperación, los cuales pueden salir fragmentados, o dependiendo del software, los archivos pueden tener otro nombre y otra extensión.

–No podemos formatear a Takeru – Ken notó de inmediato las implicaciones, el por qué era necesaria la presencia de Jyou. Debe mantener a Takeru con vida mientras se le restaura a su estado anterior. No era lo mismo utilizar un equipo desde cero que matar a un joven y tratar de volverlo a la vida.

Yamato salió abruptamente de la habitación.


Takeru sonrió, deslizando la mano por la mejilla de Hikari, quien por una milésima de segundo pareció detectar algo diferente en él.

La miraba y no la miraba.

Una sensación de asfixia se subió por el pecho de la portadora de la luz, instalándose en su garganta, impidiéndole hacer preguntas cuyas respuestas probablemente no esté preparada para escuchar.

–Tienes razón, no todo está perdido.

Hikari no se fio de esa extraña seguridad que el rubio quería darle. Quiso encararlo, pero Takeru la abrazó, dejando que ella escuchase el acelerado latir de su corazón.

Ella no pudo ver la extraña sonrisa que el rubio tenía.


–Ese es el contenedor – indicó Flomon observando la pequeña botella que estaba entre los dedos de la dorada.

Los tres seres se encontraban a una altura de 3 metros sobre el suelo, indagando en la caja de seguridad de Dacmon, a la cual, sin saber la clave de seguridad, simplemente forzaron.

–No parece tener algo en especial – la joven revisaba el tubo de ensayo desde todo ángulo posible, y aparte de notarla ligeramente plateado, no le hallaba alguna particularidad.

–Pero es el único material en el cual pudieron mantener guardada la infusión, cualquier otro recipiente simplemente explotaba –explicó Almon.

–Entonces este es el arma definitiva.

–¿Qué? No comprendo – dijo Flomon.

La joven lanzó el objeto con todas sus fuerzas contra el estante de madera que se encontraba al otro extremo de la habitación, provocando que el lugar de impacto se destrozara. El tubo de ensayo se mantenía intacto.

–No va a poder destruirlo – replicó Almon – Le he dicho que incluso puede mantener la infusión digital.

–¿Cómo dieron con este objeto?

Los digitales no comprendían a dónde quería llegar la joven con este asunto.

–No es que lo hayamos visto, pero en lo que teníamos que prepararnos para recibir a Takaishi tuvimos que aprender qué podía hacer y qué no.

–El bastardo de Dacmon nos hacía leer y leer sobre los poderes de Takaishi... y pues... – Flomon soltó un profundo suspiro – en una ocasión dimos con los archivos de la infusión digital y bueno... él nos mandó a leer todo ¿verdad?

–Ese contenedor está hecho con la infusión digital. Dacmon tomó una parte del componente, lo calentó hasta donde más pudo, luego lo dejaba caer envolviéndolo en hielo de las regiones heladas del digimundo, dándole esa forma de tubo.

La otra se deslizó en el aire hasta ir hacia el tubo de ensayo y recogerlo. Por instinto miró hacia una de las ventanas de la habitación, y contrario a lo que alguien pudo imaginarse, ella sonrió.


–¿Qué pretende? ¿Qué es lo que quiere?

Dacmon se sentía simplemente frustrado por no obtener la perfección en todos sus planes. Quizá en el fondo debió dejarla morir. Ella debería estarle agradecida, aunque jamás le preguntó. Con Natsuko todo fue tan sencillo.

El digital sonrió. Bien no podrá tener ataques de pelea, pero su inteligencia era su mejor arma.

–Si piensa usar toda la infusión digital, no lo resistirá. Y podré apoderarme nuevamente de ella.

Hasta ahí lo tenía todo claro, solo necesitaba poder ingresar a la Torre de la Justicia.


–¿Realmente quiere gobernar el digimundo? – Flomon no pudo evitar callarse la pregunta.

Sin embargo no pareció decepcionarse por la ausencia de respuestas. Aunque quizá se deba porque la joven se encontró con un par de ojos azules, que parecían querer desintegrarla.

–¿Qué pretendes? – susurró Yamato tan bajo como peligroso.

–¿Por qué debería decírtelo? – respondió ella en el mismo tono.

Yamato inspiró una fuerte cantidad de aire, intentando controlar su ira. Detestaba no tener el control, y menos en lo que concierne a sus seres queridos. Si la vida de Takeru estaba en las manos de ella, entonces el rubio mayor necesitaba tener el control sobre ella.

La joven se volvió hacia los dos digitales, quienes anhelaron comprender bien y se volvieron invisibles. Yamato desconocía si era una estrategia de protección, pero confiaba ciegamente que anteriormente no lo atacaron, pareciendo ser unos estrictos cumplidores de las reglas, entre las cuales (y conociendo a Takeru) debe estar alguna letra pequeña que protege a los humanos.

La dorada deslizó el tubo de ensayo con disimulo entre su ropa holgada, haciendo como si preparase sus brazos para una pelea. Para dejar que las presencias de Almon y Flomon partieran sin tocar al rubio que bloquea la puerta, ella se volvió hacia uno de los inmuebles de la habitación, sentándose en una de las sillas de cuero.

Yamato se adentró, no sin extrañarse, dejando el paso libre para que los digitales se retiraran.

–Lo único que debe importarte es que Takeru regrese con ustedes.

El rubio se permitió una media sonrisa, en gran parte irónica, el resto destilaba incredulidad.

– ¿Así de simple? ¿Sin nada a cambio?

Él había aprendido en el mundo del espectáculo que nada es gratuito.

–Claro que no – la fémina se encogió de hombros, impregnando toda la indiferencia que Dacmon decía que debía poseer – Yo gobernaré el digimundo.

Con agilidad, el de apellido Ishida tomó otra de las sillas giratorias, sentándose y haciendo que las ruedas se deslizaran hasta quedar frente a ella.

–¿Y qué planes tienes para el digimundo?

–¿¡Qué demonios te interesa!?

¡Oh! El primer signo de perder la compostura. Un deleite que el rubio no iba a dejar de saborear.

–Me nombraste tu protector.

La otra trató de mantenerse lo más impasible que podía, convenciéndose por milésima vez que no sentía.

–Pues mala elección de mi parte si un humano debe protegerme. Además no recuerdo haber dicho ese absurdo.

–Mamoru.

Fue como si toda la sangre en ella se le hubiese congelado repentinamente. Yamato se preguntó si acaso la tocaba, se rompía.

–No lo recuerdo.

Los azules orbes seguían manteniéndose en ella, percatándose del fino raspón que cruzaba la mejilla, que a simple vista pasaba desapercibido.

–Bueno... mi preocupación es que pasé una época salvando este mundo como para permitir que una inexperta lo destruya todo.

La otra relajó visiblemente sus hombros. Ante la aún alerta mirada de Yamato este gesto no pasó desapercibido.

–Buscar mantener el digimundo en paz – ella recitó como si de una lección se tratase – Si vienen los seres malos, darles su merecido, tratando de no mandarlos a renacer, pero suelo tener menos paciencia que mi antecesor, así que prometo no prometer sobre ese punto.

–¿Pero no se supone que no sientes? – Yamato no cedió ni un milímetro –¿Cómo puedes perder el control sobre una emoción que no tienes?

La otra no se dio siquiera una milésima de segundo para pensarlo.

–Lo ignoro. – Con toda la firmeza que pudo se levantó de su sitio, para dirigirse hacia la salida, apenas deteniéndose para soltar las palabras que el rubio necesitaba escuchar en ese momento para que no indague en otros asuntos – Tenemos cinco minutos para que el proceso de sacarle la infusión a tu hermano comience.

Yamato se levantó y la siguió.


Los anteriormente llamados niños destinados verdaderamente no pudieron ocultar la sorpresa al ver a dos de ellos ya esperándolos en la extraña habitación a la cual la dorada los estaba dirigiendo.

Daisuke los hubiese molestado, que se desaparecen juntos, que si se van a casar, que quiere ser el padrino... ¡Ah! ¡No! Eso es con Miyako y Ken.

–¿Ya lograron calcular un aproximado con el cual Takaishi puede vivir?

Jyou inspiró una fuerte cantidad de aire, murmurando que a un simple cálculo rápido, lo pone en un diez por ciento para vivir.

Izzumi, tratando de ser más analítico, indicó que se podría hacer luego de ello un escaneo del sistema, para verificar que no queden secuelas, o de existir, cuáles podrían ser.

–Pero necesitamos saber cuánta infusión hay originalmente – continuó hablando Izzumi – Estamos hablando de diez por ciento imaginario.

La joven asintió, luego hizo un ágil movimiento con su mano izquierda, obteniendo el cristal.

– Pueden poner en este tubo de ensayo la infusión digital. Un poco más de la mitad, un sesenta por ciento de la capacidad, entonces deben detenerse.

Sesenta, diez, treinta.

Ken sintió un temblor recorrerle el cuerpo. El treinta por ciento y podía abrir una puerta del destino, aunque de menor intensidad.

–¿Y luego qué? – se atrevió a preguntar Ichijouji.

La dorara se encogió de hombros, realmente sin saber qué decirles.

–Regresan a su mundo normal, supongo que festejan y brindan.

–¿Así de simple?

La joven ignoró en esta ocasión la inquietud que nuevamente le planteaba el rubio mayor. Se volvió hacia un escritorio para abrir desde la base un panel. Una de las paredes se abrió, dejando ver lo que parecía una máquina de tomografía computarizada.

–Realmente no estoy familiarizada con esto.

Koushiro asintió, dando un vistazo a los controles, su lado investigador sonriendo por poder manejar software del mundo digital. Sin las bases que recibió en su niñez, verdaderamente estaría perdido.

Takeru presionó las manos de la joven Yagami, quien apenas dejó de sentir la calidez de su piel, se las llevó aprisionadas a la altura de su corazón. El rubio menor se dirigió hacia la habitación nueva.

Koushiro descubrió cómo hacer transparente la pared que se cerró, pudiendo observar al menor en todo momento, aunque los ojos del pelirrojo se mantenían en la pantalla del ordenador.

Jyou tomó el tubo de ensayo, ubicándolo como pieza de puzzle en el lado derecho de los controles que manipulaba el pelirrojo, de inmediato apareció una aguja, a la que Kido pudo acceder por medio de un guante virtual que se materializó.

Haciendo todo lo posible para desaparecer el nudo imaginario que lo asfixiaba, Jyou no quería que sus sospechas fueran verdaderas.

–¿En dónde se centra la infusión?

La dorada vio a Hikari con las manos a la altura de su pecho, mordiéndose el labio inferior.

–En el corazón.

Y el destino se encargó de restregarle una vez más a Kido que siempre iba a molestarlo. Nadie se atrevió a decirlo, pero un movimiento en falso y podía provocarle un paro cardiaco.

–Entonces... – Jyou cerró por unos segundos los ojos, luego los abrió, dejando paso al profesional de la medicina que todos sus colegas se enorgullecían – ¡Comencemos!

Continuará...