Disclaimer: Haikyu no me pertenece, ojala, es de Haruichi Furudate. La imagen tampoco es mía.


Simplemente Yachi.

I. Estrella caída.


"Me gustas mucho."

Arrugó el ceño y la nariz, se mordió la lengua con fiereza y al final sus mejillas se tornaron rojas por culpa de la vergüenza y la decepción. Sus manos rápidamente soltaron el boli con cabeza de osito que utilizaba, luego de tachar la línea burda varias veces. Tenía ganas de golpearse la frente contra la mesa hasta que sus neuronas chocaran entre ellas y generaran alguna inspiración. Si gracias a las colisiones se podían formar planetas entonces, ¿por qué no ideas?

Su problema recaí en que no importaba lo mucho que escribiera sentía que sus palabras seguían siendo tan frías como estúpidas. Ella misma se sentía de esa forma: tonta. Le había tardado mucho admitir sus propios sentimientos y además hacerse el ánimo de confesarse. Ahora se daba cuenta que de nada le servía si sus palabras no llegaban a ser lo que esperaba.

Mordisqueó la uña de su dedo pulgar pero al final se detuvo al imaginar el rostro enfadado de su madre si la viera haciendo eso.

Suspiró y tomó el boli nuevamente, golpeando la cabeza de osito contra su cuaderno tan ordenado.

Estaban en matemáticas, al parecer el profesor estaba explicando logaritmos pero ya había escrito todo lo de la pizarra y después de escuchar lo mismo unas cuantas veces se permitió pensar en otras cosas. Algo que en ese momento sentía más importante que las raíces cuadradas y los números. Era cierto que debería estar cien por ciento atenta a la clase pero tenía buenas calificaciones, su cuaderno y notas se encontraban ordenados para hacer más fácil el estudio. Ya había asumido que se pasaría unas cuantas horas en su casa (quizás no hoy pero sí mañana) repasando lo que no había atendido. No podía descuidarse.

Abrió uno de sus lápices, el de color rosa pálido que tanto le gustaba y dibujó unos cuantos corazones en la esquina de la hoja que estaba utilizando como su bosquejo. Sonaba cursi pero no podía evitarlo y seguramente si alguien la mirara con atención se daría cuenta de su enamoramiento.

Apoyó la mejilla en su mano y volvió a su intento de confesión. Debía ser valiente, escribir la nota y luego dejarla para que la persona la leyera. Todavía tenía mucho por delante y no había tiempo para estar estancada en la fase dos.

Con determinación sujetó su boli y escribió unas cuantas líneas más:

"Creo que eres una gran persona." Eso sonaba muy simple. No. No sonaba muy simple, era simple. Imposible que utilizara eso como una confesión.

"Realmente te admiro mucho y me gustaría tener más que una relación de amigos contigo." Podía ser, pero no tenía la chispa necesaria para convencerla de ser utilizada. Además, ¿te admiro mucho? ¿Acaso quería terminar como Sakura Chiyo? Bueno, donde ella sabía el chico en cuestión no era un mangaka shojo pero no podía correr riesgos. De todas formas se sentía extraño… aunque claramente lo admiraba, o sea, ¿quién no lo haría? También admiraba a sus sempais.

Apretó los labios y se concentró todo lo que pudo.

Al final solo escribió un "Me gustas mucho, por favor sal conmigo". Lo más cliché dentro de lo cliché. Si alguien leía eso solamente podría pensar que estaba atrapado en un manga shojo cualquiera pero se sentía de esa forma. Quizás se escuchaba muy sencillo pero no podía hacer nada. Sus sentimientos solo podían describirse de tal forma como lo había expresado en ese pedazo de papel y así se quedarían.

Permitiéndose dar una ligera sonrisa buscó una hoja limpia de su cuaderno para escribir nuevamente la oración. Por lo menos si las palabras eran pocas podría compensarlo con mucha decoración para embellecer el papel.

.YH.

Cuando ingresó al gimnasio del instituto evadió hábilmente una pelota que volaba en su dirección. A distancia pudo escuchar unos pasos estridentes y la inconfundible voz fuerte de Nishinoya-sempai disculpándose por casi golpearla. Aunque él no había lanzado la pelota se sentía el verdadero culpable al no hacer su trabajo de libero como se debía y recibir el lanzamiento. Ella negó con la cabeza y sonrió, diciendo que no era nada.

El lugar era un desastre, como siempre, y todos se encontraban practicando de manera ardua.

Dejó su bolso en el banco, al lado del profesor.

—Buenas tardes, Takeda-sensei —saludó con una sonrisa amable.

El profesor no esperó para devolverle la sonrisa al tiempo que volvía a posicionar sus gafas de vista, la mayoría del tiempo se le resbalaba por su diminuta nariz. Era gracioso ver sus acciones porque arrugaba también el ceño.

—Buenas tardes, Yachi —mientras ella se movía de un lado para otro buscando las cosas necesarias e intentando no botar nada y tampoco tropezar con sus propios pies. El hombre le seguía con la mirada—¿Cómo fueron las clases?

Las manos de la pequeña rubia temblaron de manera casi imperceptible mientras sujetaba la botella de agua. Al instante sintió como el calor subía a sus mejillas y se imaginó a sí misma con las orejas coloradas por culpa del sonrojo. Se mordió el labio inferior de manera nerviosa e intentó mantener la compostura antes de enfrentar nuevamente al profesor. Respiró y contó hasta diez en su mente de manera rápida.

Se enderezó en su lugar y le dio una sonrisa titubeante, sin poder mantener la compostura completamente pero intentando por todos los medios ser lo más disimulada posible. Sostuvo la botella con fuerza entre sus dedos fríos y apretó, por suerte, el objeto estaba vacío porque de lo contrario se hubiera generado un desastre alrededor suyo y se vería obligada a limpiar, además de desconcentrar a los miembros del equipo que en ese momento se hallaban muy ocupados entrenando duro para sus próximos partidos.

—B-Bien, normal… ¡todo muy bien! —sonrió con nerviosismo y se pasó un mechón de cabello tras la oreja, aunque como éste seguía siendo hasta los hombros rápidamente volvió a ponerse frente a su rostro. Recogió más botellas en el camino, apretándolas contra su pecho. Su corazón había comenzado a bombear sangre muy rápido.

—Ah, ya veo, me alegra. Como tú estás en la clase de preparación —comentó Takeda-sensei con su actitud jovial.

Yachi sacudió la cabeza, restándole importancia.

—No es t-tan difícil —murmuró perdiéndose en sus propias palabras. Se sobresaltó al escuchar el grito de uno de los chicos y el nerviosismo volvió a ella. Se obligó a no levantar la mirada porque quién sabía si cruzaba miradas con Hinata de paso. Todavía no estaba lista, de hecho todo el día sus emociones habían sido un ir y venir, entre el arrepentimiento y la vergüenza. A lo lejos escuchó las instrucciones del entrenador Ukai—. Permiso, tengo que ir a llenar las botellas —por suerte sus deberes como manager la ayudaban a escapar de la incómoda situación en que se había metido.

Takeda asintió, todavía sentado en su lugar. Yachi pudo ver que todavía tenía su libro de ayuda acerca del volley. Aquello le llamó la atención, además de parecerle adorable. Le traía recuerdos de su año anterior cuando Kiyoko-san la había reclutado para ser la futura manager a pesar de que ni si quiera tenía idea del deporte. Había sido una gran guía y tuvo mucha paciencia para ayudarla en cada cosa, además de enseñarle cómo hacer sus tareas. Había estado muy triste el día de la graduación de sus sempais y no fue la única, todo el equipo vivió lo mismo, pero los antiguos miembros los visitaban de manera regular y mantenía contacto con Kiyoko-san.

A veces salían de compras o cualquier cosa.

Y fue ella quien le dio el coraje necesario para su gran paso.

—Claro. ¿Quieres ayuda?

—No, yo puedo, gracias.

No sabía si se estaba volviendo paranoica pero parecía que cuando uno estaba enamorado se volvía demasiado obvio.

.YH.

Cuando Ennoshita, ahora capitán del equipo, aceptó que habían dejado el gimnasio limpio todos se reunieron para despedirse como siempre hacían. Todos se repartieron a buscar sus cosas, beber agua e ir a cambiarse sus ropas sudadas.

Un año y medio en el club le había permitido a Yachi la experiencia necesaria de no sonrojarse solo por ver el torso desnudo de sus compañeros. Aunque era cierto que la primera vez que le ocurrió fue un impacto, ya que ella era hija única y vivía solo con su madre, tampoco hablaba mucho con sus compañeros. Sus primeras reacciones eran normales. Ahora tenía más experiencia y no le ocurría nada.

Comenzó a recoger las cosas después de haberle pasado su cuaderno de anotación al entrenador para que lo revisara. Ordenó las botellas del equipo y echó las toallas usadas en un saco para mandarlas a lavar. Después de todo eso se colocó su mochila decorada con estrellas de colores en la espalda y se preparó para salir del gimnasio.

Afuera estaba un poco oscuro y se veían unos cuantos astros.

—¡Yaachi! ¿Te vas sola a casa? ¿No es eso muy peligroso? ¡Esta oscuro y te puede pasar algo! —al darse vuelta se encontró con el rostro sonriente de Nishinoya-sempai, quien venía acompañado de Tanaka-sempai.

—Bueno, no creo que pase nada… vivo cerca —contestó mientras ladeaba un poco la cabeza. Lo cierto era que casi todos los días, alguno de sus compañeros (en especial esos dos) la iban a dejar diciendo que era muy peligroso y no podían dejar que a su linda manager le ocurriera algo, ¿qué pasaría si se encontraba con algún miembro de equipo contrario y la raptaba? Todos esos comentarios de lo único que servían para ella era avergonzarla, además de enternecerla en igual medida. Se sentía halagada que se preocuparan por ella pero tampoco quería causar molestias y menos por algo tan trivial como volver a casa—. Siempre me voy así…

—¡Pero puede ocurrir algo en el camino! ¡Ven con nosotros! Nos iremos todos juntos.

—¡Sí! Si quieres puedo llevar tu mochila para que no te canses —sugirió Tanaka sonriendo aún más que Yuu.

Yachi negó lentamente.

—Puedo llevarlo yo. E-Estoy bien —contestó de la manera más rápida que pudo. Era cierto que ya tenía experiencia tratando con sus compañeros y siendo manager, pero nunca podría acostumbrarse a las muestras de afecto de sus sempais. En especial ellos dos, quienes eran los más efusivos de todos.

Y a pesar de todas sus palabras acerca de que podía irse a casa perfectamente sola, terminó yendo con el grupo completo del equipo. Todos los chicos hacían bastante escándalo mientras caminaban pero le era divertido escuchar sus comentarios acerca de lo muy fuertes que serían ese año.

Aun así se sentía ligeramente intimidada…

—¡Ah! Yachi, t-tengo que hablar contigo… —exclamó Hinata cuando todos estaban a punto de separar sus caminos. Por suerte los demás ya se habían ido y solo quedaba Kageyama, pero él parecía haber captado la señal (si es que existía algo así) y en ese justo instante se despidió de ambos para seguir su propia calle. De pronto el lugar se encontraba silencioso y Yachi apretaba con fuerza la correa de su mochila. Hinata tenía junto a él su bicicleta y no podía mirarla a la cara.

Ambos estaban sonrojados y nerviosos.

Sinceramente Yachi no tenía mínima idea sobre qué hacer ahora. No se sentía preparada y su mente estaba trabajando tan rápido en excusas que podía decir que su confesión por papel había sido solo un carpe diem del momento.

«¡No! No… no te pongas nerviosa», sus pensamientos rápidamente apareciendo en su cabeza mientras observaba la punta de sus zapatos blancos. Se hallaban bajo una farola, en la esquina exacta donde las direcciones de sus hogares se dividían. Hinata seguiría derecho para andar en bicicleta hasta su hogar mientras que ella tomaría la calle de la derecha y caminaría con la mente media ida. «Tampoco pienses en cosas malas… ¡No pienses que puede rechazarte!»

No puede ser… se le había olvidado que podía rechazarla.

¿Qué haría si eso ocurría?

De pronto Hinata carraspeó con nerviosismo y curiosa al escuchar su voz mencionando su nombre, levantó ligeramente la mirada para observarlo. Se veía pálido excepto por el color que tenía en las mejillas y punta de las orejas. Su cabello y sus ojos también le daban un contraste perfecto con la palidez de su piel. Para ella él era perfecto.

—Y-Yo… leí tu carta… —murmuró mientras se pasaba una mano por detrás de la cabeza, con la otra seguía sujetando la bicicleta por el manubrio.

Yachi sentía que su corazón iba demasiado acelerado. No era normal. Estaba tan nerviosa que podría desmayarse ahí mismo y las piernas le temblaban. No estaba segura de sí soportarían su peso o se quebrarían para dejarla derrumbada en aquel lugar. La garganta estaba seca y el eco de sus latidos palpitaba en sus oídos. Estaba comenzando a sudar por el nerviosismo y, a excepción de la voz de Hinata, todo lo demás se sentía muy silencioso.

—Eh… —fue lo único que pudo decir. No muy inteligente pero quizás mejor que nada.

«Me va a rechazar», pensó.

La iba a rechazar y ella solo podría vivir con eso. Su primer amor acabaría tan rápido como llegó.

—Y yo… —Hinata se quedó un momento en silencio como si meditara sus propias palabras. Realmente no podía mirarlo a la cara y él tampoco a ella. El tiempo parecía ir más lento, quizás se detuvo para molestarla y darle más tensión a la escena, pero de pronto Yachi se encontraba deseando que Hinata terminara por decir todo porque no podía soportar tanto suspenso—Acepto tus sentimientos.

«Lo sabía… Un momento, ¿qué?», tan rápido como proceso las palabras se encontró alzando la vista y chocó con la mirada avellana de Hinata. En aquel momento estaba tan serio… era muy parecido a cuando jugaba un partido. A pesar del rojo en su piel se veía casi de su edad.

Sintió que iba a desmayarse y su boca se secó.

—¿Qué? —balbuceó.

—Acepto tus sentimientos. A-Aunque me hubiera gustado decirlo yo… —agregó al final en un susurro mientras se rascaba la mejilla. Luego volvió a mirarla y obtuvo la sonrisa hiperactiva a la que estaba tan acostumbrada—¡Salgamos!


NA:

Vale, yo vengo y digo que me encanta Yachi. Una de mis ships de Hinata (tengo muchas) es con ella y sorrynotsorry debía subir algo al respecto porque de lo contrario, me haré vieja esperando. Esto no será muy largo la verdad y actualizaré la próxima semana porque en esta me iré de viaje.

¡No me arrepiento de nada! ¡PAZ!.

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By: Nitta Rawr.