Disclaimer: HQ! no me pertenece, son de Furudate-sensei. La imagen tampoco es mía.


X: Epílogo.

—Un pequeño vistazo al futuro—


Otro sollozo se escuchó haciendo eco en el gimnasio, para ese momento Hitoka ya no sabía si era suyo o de alguien más. A su lado derecho tenía a Shoyo, a su izquierda a la chica de primer año que ahora sería la única manager del equipo y junto a ella se encontraba uno de segundo, quien seguramente sería el próximo as del equipo. Sabía que sus mejillas estaban húmedas pero aun así quería aguantarse el resto de las lágrimas porque quería actuar como una buena senpai, incluso en el último día. Su kohai lloraba a mares y no se aguantaba, ni si quiera disimulaba. Todos habían decidido hacer un abrazo grupal como despedida del último día. Aunque al principio fue algo incómodo.

En esa ocasión los cinco de tercero entraron al gimnasio y notaron el ambiente desanimado que había. Tsukki, como el capitán, fue el que tuvo que hablar. Ciertamente nadie se esperaba que sus palabras se escucharan tan sinceras e incluso él se veía ligeramente entristecido. Para esas alturas Hitoka no sabía si era por dejar la escuela en sí o exactamente por el club de vóley, quizás era de las personas que se contagiaban del ambiente, quién sabe.

—Bueno, este ha sido un año rudo para muchos y hemos conocido a mucha gente nueva. La verdad es cuando comenzamos… fue un huracán. En mi primer año jamás creí que llegaría a estar en este puesto —cuando dijo eso se encogió de hombros. Yamaguchi, a su lado, se mordía el labio y apretaba los puños. Hitoka sentía la garganta seca. La manager ya estaba llorando y los chicos de segundo intentaban aguantar sus propias lágrimas—. A pesar de todo ser el capitán de Karasuno ha sido toda una aventura. He conocido grandes compañeros y otros no tanto pero que se vuelven grandes a su modo. Pude compartir sentimientos en la cancha y en prácticas, y me ha ayudado a poder desarrollar una parte de mí como persona. No tengo mucho que decir y, bueno, sinceramente, por todos estos años y especialmente por este, muchas gracias —cuando Tsukki se inclinó, soltando esas palabras fue en el momento que todo el equipo (menos los de tercero porque se aguantaban), rompieron en llanto.

Incluso el profesor Takeda.

Yamaguchi no podía evitar las lágrimas así que sus palabras fueron cortas. Hitoka, por su lado, sólo les deseó buena suerte diciendo que estaba segura que lograrían llegar a los nacionales y que el equipo sería grande. Kageyama, con los ojos rojos también, comentó acerca de lo fuerte que era la escuela y por ende lo fuerte que eran ellos, que no se dejaran vencer por nadie y que continuaran dirigiendo a los cuervos a la victoria. Hinata, en cambio, no pudo decir nada.

—No seas estúpido. Di algo ahora —le recriminó Kageyama mientras lo zarandeaba sin fuerza, sólo por costumbre.

—No, en serio que no puedo…

—Venga, Hinata —le intentó animar Yamaguchi, limpiándose los ojos con el dorso de la mano.

Hitoka vio cómo él apretaba los puños y se tensaba en su lugar. Por su experiencia observando sus reacciones claramente estaba incómodo. Si estuvieran solos le hubiera gustado tomarlo de la mano o abrazarlo, incluso darle un beso para reconfortarlo pero no podía hacerlo frente a tanta gente. Una cosa era que todos supieran de su relación, otra muy diferente hacer demostraciones de afecto públicas.

—¡En serio que no puedo! Si me pongo a hablar terminaré llorando, ni si quiera terminaré mis palabras.

Y así fue cuando el entrenador Ukai, presente en todo momento y con mucha seriedad, les comentó que ya estaba siendo hora de que los de tercero debían marcharse. Los cinco intercambiaron miradas. El equipo entero se acercó sin mucho ánimo, miradas tristes y sollozos ahogados. El profesor se había quitado las gafas para limpiarse las lágrimas y fue cuando tanto ella como sus compañeros creyeron que era el momento de largarse, que el entrenador musitó un; "Pero antes un abrazo grupal, ¿no?".

Entonces hicieron lo que normalmente el equipo hacía antes de los partidos; todos se aglomeraron en un círculo mientras se abrazaban por los hombros. Se quedaron unos momentos en silencio, sólo escuchando los sollozos y unas cuantas palabras que sus kohais les dedicaban como despedida, agradeciendo todo lo que habían aprendido con ellos.

Las lágrimas, a ese punto, ya no me importaban.

Yamaguchi estaba terminando con otras palabras largas y capaces de hacer llorar todavía más a los demás, cuando Hinata levantó la cabeza del suelo con un poco de seriedad. Todos guardaron silencio mientras él llamaba la atención.

—Bueno, ahora estoy listo, puedo hablar. Durante todo el tiempo en que Yamaguchi estuvo hablando me di ánimos…

—Sí, te vi. Por eso me alargue más. Tenías como una cara de; "Ya, ahora sí que lo hago". Me alargue para que te prepararas. Te di como la alzada ganadora.

El equipo dejó escapar una risa todavía entre lágrimas.

Hitoka le dio un apretón de apoyo, deseando acurrucarse contra su pecho para tranquilizarlo o algo. Las lágrimas comenzaron a caer cuando él empezó a hablar:

—Hablaré, pero si me quedo callado a la mitad es porque no puedo seguir por el llanto, ¿ya? —anunció primero—. Bueno, chicos, la verdad es que llegar a este instituto fue la cosa más genial que pudo haberme pasado, así como un guuuuow de emociones. Al principio fue difícil, mis compañeros eran un poco complicados y había tanta gente que creía que no lo lograría por la estatura y todo eso… pero, gracias a eso, conocí gente estupenda. Amigos, sin duda. Chicos altos que me sacan de quicio con sus comentarios y por superarme en otros ámbitos, personas que no se quieren rendir, personas que sólo quieren ser los ganadores y se esfuerzan por ello, rivales que se vuelven amigos, personas amables que se ganan un lugar en tu corazón… —murmuró dando una sonrisa. Hitoka estaba segura que le lanzó una mirada y sonrió. Shoyo carraspeó, para seguir hablando—: Hubo muchos senpais que me ayudaron y, sólo espero, que nosotros hayamos hecho las cosas bien con ustedes porque… mierda, chicos, tienen todo para lograr lo que desean. No importa qué meta o a dónde vayan a terminar. Sé que lograran alcanzar lo más alto porque pueden y, espero que nunca olviden esta cancha que compartimos como equipo-

De pronto Hinata sollozó más fuerte y bajó la mirada. Clara señal de que no podía más. De hecho comenzó a decirlo explícitamente mientras ocultaba su rostro en su hombro, entre carcajadas nerviosas e hipidos de niño. Soltaba de vez en cuando; "Sabía que no iba a poder, ¡mierda!".

—Los vamos a extrañar —comentó el entrenador con una sonrisa nostálgica.

—Hagamos el saludo por última vez, ¿no? —sugirió Yamaguchi con los ojos hinchados.

Hitoka asintió, completamente de acuerdo y así lo hicieron los demás. Su kohai-manager volvió a sollozar y la apretó con más fuerte. Le sonrió para calmarla.

Como era la tradición todos se inclinaron en su lugar y fue el capitán quien sacó la voz. Tsukki, con los pulmones que había logrado entrenar durante todo ese año, entonó:

—Karasuno…

—FIGHT —corearon todos con energía, sacando todo lo que tenían dentro.

Cuando rompieron el abrazo fue en el momento que vinieron los personales. Su pequeña kohai seguía sollozando mientras la abrazaba. Hitoka no pudo evitar recordar a Kiyoko-senpai, que ella había estado igual cuando se tuvo que ir y quizás hasta peor. Los chicos de primero y los de segundo le entregaron un regalo para que no se olvidara nunca, además agradeciéndole por todo el cuidado al equipo.

Al momento de partir las aguas se habían calmado un poco pero había una sensación de pesar en el pecho. Era extraño pensar que dejaban todo eso atrás.

Hitoka suspiró y no se dio cuenta en el momento que Shoyo se posicionó a su lado, caminando despacio, hasta que le tomó la mano y entrelazó sus dedos. Cuando le miró se dio cuenta que tenía los ojos rojos e hinchados, pero ya no lloraba a mares como antes. No pudo evitar pensar que, a pesar de todo, había crecido considerablemente no sólo en estatura; era más maduro, se había vuelto como un segundo Pequeño gigante, con el pelo más desordenado, los rasgos marcados, los ojos afilados y cierto aire de madurez o experiencia a su alrededor. Además sus músculos se habían tonificado en comparación que cuando tenía quince años.

Era normal, ya tenían dieciocho.

Los demás se adelantaron un poco y ellos caminaron detrás, en silencio. Hinata le dio un apretón en la mano y ella se lo devolvió. Sus hombros se chocaron.

Fue entonces cuando él se detuvo y por inercia ella hizo lo mismo. En el patio de la escuela.

—No puedo creer que realmente nos estemos graduando —murmuró mirando sus manos entrelazadas y luego observándola fijamente a los ojos. Sonrió un poco. Sus dientes seguían chuecos, era lindo—. Todo el tiempo que ha pasado, y pensar que nos conocemos desde tres años… y salimos desde uno.

—A pesar de todo, me siento feliz. Gracias a ti pude lograr muchas cosas, Shoyo —para esas alturas nombrarlo por su nombre se sentía íntimo y era feliz por ello. Le sonrió dándole un corto y dulce abrazo—. Si tú no me hubieras dado el empujón que necesitaba en primer año no habría sido manager.

—Sin duda lo mejor que pude haber hecho.

Ambos se rieron. Luego otra vez se formó el silencio.

—¿Recuerdas el otro día que estábamos hablando de las universidades? —sacó a colación su novio y Yachi, sin poder evitarlo, se tensó. Habían intentado evitar el tema gran parte del año, pero llegó sin que pudieran hacer nada al respecto y fue un día, en su habitación, cuando Shoyo le preguntó qué iba a hacer. Ella le respondió que estudiaría diseño gráfico, o algo de ese estilo, quizás hasta arquitectura en una universidad del distrito. Ambos estaban acostados en su cama; ella con la cabeza apoyada en su pecho y él jugando con su pelo largo. Cuando le preguntó también le contestó que no estaba seguro—Bien, creo que ya he decidido qué haré.

Tragó saliva. No se escuchaba como buenas noticias, en cierto modo, pero hiciera lo que hiciera le apoyaría.

—Una universidad me acepta por beca deportiva —anunció al final.

Hitoka rompió el abrazo y le miró con sorpresa, entonces una sonrisa se le formó en la cara sin poder evitarlo. Saltó sobre él para darle otro abrazo más fuerte y besarle repetidas veces la punta de la nariz, las mejillas y los labios, felicitándolo. Ella sabía que lograría entrar, aunque dijera lo contrario.

—Sí, bueno, eh… —Shoyo se notaba un poco avergonzado. Sus mejillas estaban rojas y quiso pensar que era por el exceso de muestras de amor. Le tomó ambas manos y luego soltó la bomba—: Me aceptaron pero en… en Tokio.

Fue como un balde de agua fría.

La sonrisa en su cara se congeló un poco.

Tenía que aguantarlo. Sabía que eso era muy importante para Shoyo pero de todos modos Tokio estaba lejos y…, y había escuchado un montón de veces que las relaciones solían romperse, terminar cuando se entraba a la universidad. El cambio de ritmo y el conocer gente nueva era lo que siempre les fallaba. ¿Qué pasaría si estando en Tokio su novio conocía a alguien más? ¿Entonces le dejaría? ¿Le dejaría por alguien más? ¿Qué pasaba si cuando volviera se daba cuenta que era muy aburrida para estar con él?

Los temores la alcanzaron. Se mordió el labio intentando seguir sonriendo. Pensar en Hinata Shoyo dejándola era una cosa que la asustaba más que nada (para muchos podía escucharse hasta ridículo, pero era cómo se sentía). Había crecido con él y habían compartido todo. Pensar que pudiera dejarle… Aunque una parte de su conciencia le decía que estaba haciendo berrinche por nada. Después de todo, tal vez, su relación no tenía tanto tiempo.

Pero para ella era mucho.

—Y-Ya veo, digo, ¡vaya! Eso es genial, S-Shoyo —le felicitó manteniendo la compostura. No podía arruinarle el momento. No más—Es genial, en s-serio… —fue cuando su voz se quebró que le soltó la mano, intentando limpiarse la cara.

Hinata, obviamente, se preocupó.

—¿E-Estás bien? ¡¿Necesitas algo?! ¿Te he dañado? ¡Lo siento, lo siento, Hitoka! ¡No era mi intención! —balbuceó con nerviosismo mientras la misma mirada que había tenido en primero volvía a él. La de un niño que se preocupaba demasiado por otras cosas y siempre estaba nervioso, correteando al baño antes de cualquier partido importante por sus dolores de estómago y que, de manera preocupante, vomitaba con regularidad sus emociones (literalmente).

Intentó esconder su cara.

—N-No, sólo me entró un mosquito al ojo.

—¡Te ayudo!

—De verás que estoy bien.

—¡Puede ser peligroso, Hitoka! Y… ¡Estas llorando de verás! No es por ningún mosquito —Hinata entonces tomó sus manos para que descubriera su rostro y ella hipó, sorbiendo por la nariz para evitar que viera una horrible escena de ella moquillenta. La expresión en su cara se ablandó ante la visión—¿Qué ocurre?

—Sólo… sólo pensaba que quizás después nosotros ya no estaríamos juntos. Es que, no sé, es raro. Pienso; "¿Qué pasaría si ya no me quiere?" y me da miedo —confesó todavía hipando. Era vergonzoso pero algo que había aprendido estando con él era que justamente había que ser sincero—. Me da miedo pensar que si conoces a alguien más o que estaremos lejos, pero también me da miedo imaginar que no tendré nada que hacer si eso pasa-

—Hitoka, Hitoka, cálmate —le llamó con voz serena, la misma que usaba normalmente para consolarla—. Mírame, en serio, eso nunca pasara. No importa si estamos un poco lejos porque te vendré a ver regularme, nos llamaremos y tú puedes viajar a Tokio también, ¡será divertido! Son sólo unas horas. Sé que es raro, ¡a mí también se me hace así! Créeme, lo he pensado mucho.

A pesar de las lágrimas logró mirarlo a la cara y se dio cuenta que tenía esa sonrisa que iluminaba, ahuyentando hasta el más recóndito de sus errores e inquietudes. Era la clase de sonrisa que la había enamorado. Aquella que no tenía miedo a nada y lograba hacerle sentir segura de sí misma, segura de que podía confiar en él. Era la misma sonrisa del Hinata Shoyo de primer año que cautivaba a muchos. Un lugar iluminado.

—No pasara, ¿sabes por qué? —ella negó con la cabeza lentamente. Shoyo se río y le dio un beso en la frente para después apoyar la suya, limpiando sus mejillas con los pulgares. Sus ojos se encontraron a pesar del aguacero que eran los propios. Se perdió en el café avellana que tenían los suyos y decidió que lo que pasará, pasará. Shoyo le miró un largo rato antes de continuar—: Porque te quiero por cómo eres. Hitoka Yachi, así y nada más. Simplemente Yachi.


NA: Y así le damos fin a esta historia. Muchas, muchas gracias por leerla, seguirla, favoritearla y comentarla. Sois amor del bueno.