Género: Contemporáneo.

Rating: T

Sinopsis: Hans espera ansioso en su departamento a Elsa para convencerla de que deje de venderse a otros clientes, por qué quieres exclusivo de ella.

Ley de Murphy: La ambigüedad es invariable.

. . .

Manos mágicas.

. . .

Llevaba esperando a Elsa en su penthouse toda la tarde, se moría de ganas por que llegara a su cita diaria con él. Su cliente número uno, se había vuelto adicto ella y no le importaba pagarle la obscena cantidad de dinero que ella pedía.

Elsa era una mujer con clase muy cara, pero lo que ella le hacía a su cuerpo valía cada centavo.

Llamaron a la puerta y fue corriendo abrirla.

Sin embargo antes paró para mirarse en el espejo del pasillo, para asegurarse de que estaba bien arreglado para recibirla.

Pasó las manos por su cabello, reviso su dentadura y su aliento, checo que su camisa verde limón estuviera bien fajada y que su pantalón negro estuviera sin arrugas.

Bien, todo era perfecto. Era hora de recibir a Elsa-manos-mágicas.

Abrió la puerta dándola pasar.

—Buenas tardes —saludo Elsa educada dirigiéndose hacia la recamara de Hans.

—Bienvenida Elsa —dijo en tono seductor, mirando de arriba abajo a la mujer con su ajustado traje azul—, Te vez hermosa, te prepare algo de champagne y fresas para nuestra cita de hoy.

—Westergard eso no es necesario, mejor quítese la ropa de una vez y comencemos que tengo un par de clientes más después de usted —. Informo pasando de largo y sacando de su bolsa los aceites que tanto le gustaban al hombre.

—Te he dicho que me llames Hans, me gustaría dijeras mi nombre en la cama alguna vez. Yo siempre digo el tuyo — hablo enojado por los terribles celos que le picaban. No le gustaba que su Elsa fuera a ponerles las manos a otros hombres.

—Esto es negocio, ni más ni menos. Lo debo tratar como a mis otros empleadores, conoce mis reglas: Nada personal, solo trabajo —. La frialdad en su voz hizo que templara por dentro, no se iba a rendir hasta que se hiciera que él quería.

Nadie le decía que no.

—Elsa sabes muy bien que no me gusta que tengas otros clientes, con lo que te pago te alcanza para que vivas una vida decente —le recrimino mientras de quitaba la ropa y la dejaba en el piso junto a la cama.

—Me gusta mi trabajo y soy muy buena —explicó dejando que Hans se acostara en su lecho.

—Se que eres muy buena, pero no soporto que te vendas a cualquiera —la molestia se notaba en su reclamo, dejando que ella comenzara acariciar su espalda.

—Cualquiera que me page puede tenerme —contesto dura pues hace un par de días habían tenido esa conversación. Hans comenzaba a volverse un cliente muy demandante y posesivo.

—Elsa, dime que tengo que hacer para que dejes de ver a otros —pidió casi suplicando—, quiero la exclusividad de tus servicios.

Elsa rodo los ojos y contesto.

—Bueno si me pagas el doble, tal vez se pueda arreglar eso —susurro a su oído lenta, poniendo sus manos sobre su omoplato derecho, en ese punto sensible que sabía que lo volva loco.

Él dejo escapar un gemido de placer cuando ella lo apretó en ese lugar que tanto le gustaba.

No podía dejarla ir, solo ella sabia como tocarlo y llevarlo al cielo.

—Te haré el cheque hoy mismo, quiero que seas mi masajista por siempre.

. . .

N/A: Si, Elsa es una masajista profesional, y no de esas que se anuncian en los periódicos para otros fines. Ella solo da masajes ok.

Espero que hayan pensado mal porque sino, no hice un buen trabajo acá y me voy a tener que echar por un puente ;A; *Drama-queen activado*

. . .

F: Es una sensación rara buena espero. Gracias.

Ana Victoria: No sé qué decir al respecto, la Dark Elsa da miedo D:, pero estar con Hans no tanto XD.

. . .

Gracias por leer como siempre, y comentarios, mafia helsa, bolas de nieve ya saben en la caja de abajo.