Género: Drama, Thriller.

Rating: T

Sinopsis: Elsa se encuentra encerrada en un psiquiátrico y está siendo tratada por decir que su esposo Hans, es un impostor.

Ley de Murphy: Siempre hay una manera más fácil de hacer las cosas.

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Atrapada.

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Vestida con un fino camisón de lino blanco y acostada sobre una cama en la esquina más alejada de la habitación donde se encontraba amarrada de brazos, cintura y piernas con unas tiras de cuero que se encontraban acolchadas por dentro, para que no lastiman su piel; miraba la fría, granulada y blanca pared.

Sus ojos azules no perdían detalle de ella.

Era lo único que podía hace en ese lugar…

Podía volar con su mente e imaginar una gran tormenta de nieve entre lo alto de las montañas, eran como una larga fila de ellas, una cordillera, con osos, lobos, linces y muchos pinos.

Levanto su fina nariz tratado de oler el bosque, la nieve y sentir el frío deslizarse sobre su nívea tez.

Como deseaba poder escapar de este maldito lugar y correr libre en los Cárpatos meridionales de su visión idílica del muro, sin embargo sabía que era algo inútil. El camino a la libertad se hallaba vetado y el odioso tic, tac del reloj encima de la puerta la volvió a la realidad.

"¡Oh triste realidad!" Pensó al ver la hora que indicaba las 2:59 de la tarde.

Vio sin nada de aprecio al segundero que seguía corriendo.

No quería que llegara al minuto que hacía falta para completar las 3:00 en punto. No quería que él llegara.

Ese impostor que decía que era su esposo y se las había ingeniado para internarla en este horrible psiquiátrico, donde la tenía amarrada y casi siempre drogada.

Esta había sido una buena semana, por que había logrado engañar al nuevo enfermero Olaf que le llevaba su medicamento y pudo evitar las pastillas.

Hace tiempo que su mente no estaba tan despejada y casi al cien.

Todavía se sentía algo pesada, cansada y adormilada pero no desconectada, y eso era un regalo hermoso que hace mucho tiempo no tenía.

Ahora tenía que seguir fingiendo que se encontraba ida, para poder encontrar la forma de escapar.

Toc, toc sonó la puerta de metal.

La perilla se giro para dejar pasar a su doctor, Hans Westergard y el principal responsable de tenerla encarcelada.

El hombre que decía ser su cónyuge.

—Buenas tardes, querida —saludo cortés, asomando la cabeza antes de pasar y cerrar la pesada puerta con llave y colgársela en el cuello.

Se acerco a ella para acariciar sus mejillas y sonreírle, como siempre hacia cada que la tocaba con sus repulsivas manos.

Ella solo lo miro con su mejor cara de póker, tenía que seguir fingiendo que estaba medicada.

—¿Cómo te encuentras el día de hoy, Elsa? —pregunto cariñoso y casi le creía su gesto de amor genuino, que le venía profesando desde que lo vio por primera vez hace un año.

Un maldito año, donde de la nada llegaron unos tipos en su casa, la sometieron a la fuerza con morfina y la trasladaron a este hospital donde despertó.

Al principio todo fue muy confuso y estaba muy asustada.

No tenía ni idea de que había pasado y de la nada, apareció este doctor diciendo que ella era su esposa y que él mismo se encargaría de tratarla.

—No dices nada el día de hoy tampoco, Elsa hasta cuando vas a seguirme haciendo la ley del hielo —no fue una pregunta, solo fue dicha al aire con frustración—. Tú negativa a cooperar únicamente causa que pases más tiempo aquí del que debes estar.

Elsa siguió escuchando confundida, porque no tenía ni idea de que hablaba. Había pasado tanto tiempo drogada y desconectada de la realidad que era incapaz de comprender, así que decidió seguirle la corriente para averiguar más.

—Qui-quiero aguuua —susurro arrastrando las palabras señalando con la cabeza la jarra en la mesita al otro lado del cuarto.

—Te daré de beber, cuando firmes los papeles de una vez —dijo agachándose a una lado de su oído izquierdo, mientras olía su cabello.

"¿Qué papeles?" Pensó Elsa entre preocupada y alerta.

—Los de la compañía, donde me traspasas todo el poder administrativo a mí —contesto al ver la cara de duda de Elsa.

Hans se aparto de la cama, toco su cabeza arrastrado su cabello hacia atrás en señal de frustración y su rostro afable cambio a uno molesto.

—Estoy cansado de este juego, querida —hablo fuerte y fue por el agua que Elsa había pedido—. Llevo más de un maldito año trabajando en esto para obtener la compañía farmacéutica más grande del país y salir de la miseria. Planee esto por meses, me hice pasar por tú esposo en el hospital donde trabajo para poder internarte, aléjate de la compañía y obtener una maldita firma.

Elsa no cabía en el asombro de semejante confesión.

"¡Sabía que no estaba loca!" Razono al instante y miró con terror al hombre que sostenía el vaso de papel con el agua sobre su cara.

El liquido cayo lento sobre ella.

Entro por su nariz y boca haciendo que volteara su cabeza de un lado al otro, tosiendo y retorciéndose.

—¡Basta, basta! —grito, rogando que se detuviera.

—Me detendré cuando firmes —afirmo serio, cuando le última gota de agua salió del recipiente entre sus dedos y tirarlo a un lado.

—Mi hermana, mi hermana Anna vendrá por mí —dijo Elsa convencida que ella la encontraría tarde o temprano.

Hans sonrió de lado mirándola con sus ojos verdes llenos de veneno y se monto sobre sus caderas, bajo su rostro y puso sus brazos a un lado de su cabeza para recargarse, evitando que aplastara por completo a Elsa con su peso.

—No, no. Ella está muy ocupada manejado Farmacéuticos Arendelle a tú nombre, mientras —señalo su pecho— te tomas un merecido descanso. Le mandas cartas y postales de tu viaje alrededor del mundo. Eres toda una trotamundos —se burlo.

—¡Maldito! —escupió la palabra con ira.

—Lo sé, pero todo sería más fácil para ti, si solo firmaras. Vamos, querida —volvió acariciar su rostro, deslizando sus dedos a su clavícula— se que esta semana no has estado tomando tus medicamentos. Te encuentras más alerta e irascible de lo usual.

—Estando en mis cinco o no, jamás firmé.

—Entonces tendré que pasar al plan B —amenazo bajando aun más su cuello, hasta quedar una pulgada del distancia de Elsa—. Anna es muy bonita, no más que tú; pero me conformo.

—¡No te atrevas a tocarla o…

—¿O qué? —Corto Hans su oración con desdén—. Si no quieres que vaya por ella solo tienes que firmar, tienes hasta mañana para pensarlo. Es la forma más fácil para que yo la deje en paz, querida.

Hans se levanto y fue a la salida sin mirar atrás, dejando a Elsa sola pensando que tenía menos de 24 horas para lograr escapar de este lugar.

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N/A: Lo sé, lo sé, soy una mala mujer por hacer que Elsa mi amor sufra, pero así salió esto. Créanme el plan original era muy diferente, pero mientras escribía termine desviándome y salió esto D:

Se supone que Elsa en realidad iba a tener Síndrome de Capgras, es cuando uno no reconoce a sus seres queridos o cercanos e insiste que son impostores. Sin embargo, Hans el malo, quiso salir a jugar y no le pude decir que no XD.

Además soy cruel por dejar un final tan cliffhanger, pero si les sirve de consuelo me imagino que Elsa termina por escapar con la ayuda de Olaf muy al estilo Misión imposible o Prison Break y lo mejor es que Hans la va a perseguir por que quiere robar su compañía*A*.

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JDayC: Cada vez que me haces un comentario descubro que tenemos mucho en más en común que el Helsa *A* y voy a tener que acosarte por mp después guapa.

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Gracias por leer y muchas más por comentar.