Género: Sobrenatural.

Rating: T

Sinopsis: Un trato con un demonio es todo lo que Hans necesita para tener lo que siempre quiso.

Advertencia: Mención de muerte de personaje.

Ley de Murphy: El único día que uno vendería su alma por cualquier cosa, sobran las almas.

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Zafiro y muñeca.

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Erase una vez un reino oscuro, siniestro, frío y en tal estado de decadencia que los habitantes comenzaban abandonar sus hogares, sin atreverse a mirar atrás su casa de toda la vida por miedo.

El rey de Arendelle y consorte de la reina Elsa –sucesora legitima del trono–, se había transformado de poco a poco en un ser tan ruin, nefasto y monstruoso que hacía que el mote con el cual los ciudadanos del reino comenzaban a llamarle, le quedara como añillo al dedo.

El Rey Rojo sin alma, lo llamaban.

Nadie sabe cómo pasó a ciencia cierta semejante cambio de magnánimo a infame, del buen Príncipe Hans el Benevolente, treceavo hijo de las Islas del Sur a El Maligno Rey Rojo sin alma.

Y lo que más les inquietaba a los pobladores era que la Reina Elsa, su esposa y heredera de nacimiento del reino, permitía tanta maldad.

Tiempos muy oscuros, cargados de desgracia llenaban las mentes y corazones de la multitud temerosa que habitaba fuera de las puertas de palacio.

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En la soledad del gran hall del castillo sentado en el imponte trono de roble se encontraba el hombre responsable de todo el mal del Arendelle y a su lado la hermosa reina Elsa, la cual tenía un porte regio, frio y sobre todo lejano.

Su mirar opaco cerúleo se hallaba ausente de todo a su alrededor, era un cuerpo que no daba ningún signo de conciencia de sí misma o de lo que le rodeaba desde hace mucho tiempo.

Hans la miraba con embeleso, tratando de no perder detalle de ella; mientras con delicadeza la despojaba de uno de sus guantes de seda blancos y colocaba su mano desnuda sobre su mejilla.

Al sentir el contacto de la gélida piel de su esposa contra la calidez de la suya suspiro con anhelo, recordado como es que había terminado de forma tan paletica. Consolándose con el roce del cuerpo hueco de su mujer.

Mujer que no sabía que amaba hasta que la perdió.

¿Cómo había comenzado?

A claro, cuando su ambición desmedida hizo que vendiera su alma por un reino y poder.

Como treceavo hijo de la monarquía de las Islas del Sur era muy consciente, de que jamás sería rey en su propio reino; así que la mejor manera de tener un reino propio era casándose con una reina.

Elsa fue la elección obvia entre las candidatas disponibles, además de poderosa, joven, soltera, rica y hermosa tenía un reino políticamente estable.

Ya se veía, siendo la envidia de sus doce hermanos mayores.

Elsa es una dama de primera, la cual comenzó a cortejar con todo lo que tenía para enamorarla.

Flores, chocolates, poesía, una lista de promesas de amor que no tenía pensado cumplir.

Nada de que hacia funcionaba, incluso se ganó al pueblo de Arendelle con acciones altruistas para demostrarle que era un hombre compasivo y capaz de gobernar a su lado.

El único amor que tenía espacio en el duro corazón de Elsa, estaba reservado para la princesa Anna, su odiosa hermana menor –la cual por cierto estaba colada por él, como debe ser modestia aparte–.

Elsa era inaccesible.

Inalcanzable.

Entre más cerca estaba de ella, más lejos quedaba su meta.

La frustración de no poder con Elsa para que sus sueños se cumplieran, hizo que realmente comenzara a odiarla.

Día, tarde, noche, a todas horas, todo el maldito tiempo pensaba en ella.

No podía quitársela de la cabeza.

La desesperación y los sentimientos tenía fueron tan poderosos, que un día un demonio lo escucho.

En el bosque un día que se encontraba cazando, la tierra comenzó a templar asustando a Sitron su fiel caballo.

Tuvo que desmontar para controlarlo y de pronto el ambiente comenzó a oler azufre y la tierra se abrió, dando paso a un ser monstruoso con cuernos de kudú, tronco de rana y piernas de león, que hablo directo.

—Dame tú alma, cumpliré tu deseo de tener a Elsa y con ello ser el rey que siempre has querido ser —dijo con suave voz, la cual no era capaz de identificar si provenía de una hombre o una mujer.

—¿Y tú que sabes de mis deseos? —Hans pregunto altanero recalcando el mis y alagando la s, para demostrar que no le temía a ese ser sobrenatural, que había salido de las entrañas de la tierra a sus pies.

—Se todo, tú alma lo grita a los cuatro vientos. Es tan fuerte el deseo que me invoco, se que deseas un reino, se que quieres ser un rey poderoso y sé que sobre todo te has aferrado a que Elsa sea tu reina.

—Si eres capaz de cumplir, te daré mi alma —respondió al ser hecho de azufre y lava que le miraba con diversión.

—Eres consciente de que condenaras tu alma al infierno, un lugar de sufrimiento eterno, etcétera, etcétera, etcétera —. Dijo el ser infernal con desinterés, como mero trámite a lo que vendría después.

—Sí, pero antes de cerrar el trato quiero que Elsa este siempre conmigo—contesto Hans sin duda alguna.

—Cliente exigente, puedo hacer que Elsa este contigo toda tú vida mortal, ni más ni menos.

—Entonces no hay trato, dije siempre y eso incluye una larga vida mortal.

El demonio pareció considerar un momento lo que Hans le dijo alzando la ceja y rascándose la barbilla.

—Meditando tus pedidos esto es lo que puedo hacer: Haré que Elsa sea tu esposa, te coronaran rey, tendrás un reino el cual gobernar, tendrás una vida larga con una muerte natural y la reina irá a donde tú vayas siempre que tengas esto en tú posesión —extendió sus largas manos hacia Hans, haciendo que apareciera de entre niebla amarilla un collar de platino con un magnifico colgante de zafiro azul, en forma de lagrima adornado con una serpiente a su alrededor.

—¿Ese zafiro ira al infierno conmigo? —cuestiono el joven príncipe de forma seria.

—Si lo entierran contigo…—dejo la frase al aire. No había garantía de que no robaran la joya del futuro cadáver de Hans.

—Trato hecho —concluyo Hans dándole la mano al demonio, el cual dejo su marca a fuego en la palma del pelirrojo.

Después de eso, las cosas comenzaron a caer como pequeñas piezas de un dominó para llegar a su meta final.

Anna enfermo de neumonía y murió, esto hizo que Elsa cayera en depresión haciéndola vulnerable al cortejo de Hans; en pocos meses terminaron comprometidos.

Hans era tan feliz porque sus sueños se cumplían, hasta que el día de la boda en que se puso el zafiro como le instruyo el demonio y Elsa le dio el tan esperado si en la iglesia.

Después de ese fatídico día Elsa perdió el control de su cuerpo y su mente se apago.

Era una muñeca de carne y hueso.

Y Hans supo en ese momento que la amaba de verdad y que tenerla así era un castigo por sus ambiciones desmedidas y que era demasiado egoísta como para dejarla libre.

Se convenció de que era mejor tener aun que sea un fragmento de ella, que nada.

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N/A: Hola perdonen la tardanza pero el trabajo me invadió y en mi tiempo libre quise salir un rato a desetresarme.

Además de que tengo la maravillosa noticia (sé que a nadie le importa, pero ya que XD) de que por fin, después de mucho trabajo de enviar mensajes directo e indirectos uno de mis amigo se compadeció de mí y me compro el artbook de Frozen *A*. Ahora voy por un muñeco de Hans, haré que alguien me lo regale OñO.

Bueno pasando a otro tema, gracias por comentarios y espero que les haya gustado esta pequeña historia de Hans-vendo-mi-alma-cuerpo-y-todo-lo-tengo-por-una-Elsa.

Mañana subo la penúltima historia y les doy una pista: ¡Anthonyyyyyyyyyyy!