¡Hola! ¡Muchas gracias por sus reviews!

ChrisWolvShy: me alegro que te haya gustado y la verdad es que sí es gracioso tirarlo por allí.

Yuna-Tidus-Love: sí que es algo difícil la pelea, pero debía serlo ya que es la última.

Shienta: aquí está por fin la continuación.

¡Gracias por leer!


CAPÍTULO 18

LA BATALLA SE TERMINA

El equipo Bandicoot se encontraba en una situación muy complicada a pesar de estar llevando cierta ventaja en aquel enfrentamiento contra el doctor Cortex y la máscara maligna Uka Uka. Mientras que el guardián Aku Aku se veía envuelto en una pelea demasiado pareja contra su hermano gemelo, los chicos Crash y Polar se ocupaban del científico y de sus mortíferas armas. Fueron en dos ocasiones en que ellos dos consiguieron sacar al hombre de su aerodeslizador y lo enviaron hacia lo profundo de una fosa, aunque dicha hazaña no fue para nada sencillo. Mientras que Neo estaba siendo rescatado por su propio jefe, quien poseía plumas de colores le comentó a sus compañeros que la energía de su hermano se estaba agotando al traer y recuperar al villano constantemente.

―Por favor, Uka Uka ―le pidió su pariente―, estarás en peligro si continúas con esta pelea.

―¡Deja de decir tonterías! ―le respondió hecho una furia―. ¡Nada ni nadie impedirá apoderarme de la Tierra! ¿No es así, Cortex?

―Esta vez no fallaré ―comentó enfadado una vez que se elevó por los aires gracias a su vehículo volador y apuntó su arma de rayo directamente hacia el bandicut.

―¡El poder supremo será mío! ¡El mundo como lo conocemos pronto llegará a su fin! ―gritó el ser oscuro y fue decidido en busca de su único familiar para un nuevo combate.

En esta ocasión, ellos dos peleaban desde el aire y, cada vez que entraban en contacto con el suelo de piedra, provocaban un gran impacto. Fue por eso que los demás debían mantener distancia antes de que algo malo les ocurriera, pero fue aún más complicado para los más jóvenes ya que también debían esquivar las minas que colocaba el doctor. Esta vez fue más difícil escapar de los ataques y fue así que ellos consiguieron algunas considerables quemaduras. Por esta razón los dos no pudieron contraatacar de inmediato: la lesión fue importante, e incluso el cachorro de oso aulló de dolor. Al mutante se le encogió el corazón al escuchar cómo sufría su mejor amigo y fue allí cuando se enfadó.

Pese al malestar que sentía, él se levantó para darle su merecido a su enemigo a tal velocidad que ni este último pudo evitar. Quien portaba unos guantes amarillos aterrizó con mucha más fuerza de la que podía soportar contra la dura pared, llevándolo de esta manera a perder el conocimiento de inmediato. Lejos de sentir lástima por ese humano, el marsupial fue a ver en qué estado se encontraba su aliado. El pequeño de pelaje blanco se hallaba tirado en el suelo, con sus ojos entrecerrados y jadeaba para demostrar que estaba muy cansado. El evolucionado llegó con dificultad junto a él y, aunque no podía hacer nada para curar su herida, quería reanimarlo dándole palmadas suaves entre sus orejas.

Mientras tanto, los hermanos tenían su duelo desde las alturas y, como tal lo había dicho el guardián de los chicos buenos, el ser maligno no pudo ser capaz de sobrellevarlo más. El benévolo tenía una oportunidad para devolver a su familiar al encierro, pero algo captó su atención mientras que su enemigo trataba con mucho trabajo de mantenerse en el aire. Una actividad extraña parecía darse en el subsuelo ya que, desde aquella fosa se observaban unos destellos que no podía fácilmente identificar. Sin embargo, en ese momento sólo le importaba el bienestar de sus compañeros así que sin más fue directo hacia allá.

―Aguarden, chicos ―dijo él con su tono tranquilo de siempre―. Pronto se sentirán mejor.

―¡No puede ser! ―gritó de repente quien usaba unos huesos como adorno, interrumpiendo el trabajo de curación de su hermano gemelo―. ¡El Time Twister explotará!

―Tenemos que alejarnos de aquí y ahora ―decidió el otro ser mágico, logrando que los animales antropomorfos se reincorporaran aun con cierta complicación.

―¡No! ―exclamó Uka Uka una vez que llegó al lado de Cortex―. ¡Ustedes se quedarán aquí!

Repentinamente, unas luces conocidas surgieron cerca de donde se encontraban y ellos estaban seguros de que se trataba de un portal. Los héroes supusieron a que esto se debía a la intromisión de Coco y, sin más demora, ellos tres se dejaron absorber por este, incrementando la ira de la máscara negra. Con cierto malestar que tenían por dejar a los villanos a su suerte, el trío consiguió llegar junto a los demás miembros de su equipo y con toda la rapidez posible le hicieron saber a ellos las malas noticias. Gracias a un temporizador, los cinco pudieron salir de la sala principal del tele-transportador para llegar en un instante a hacia la isla N. Sanity.

Ver de nuevo toda esa vegetación a su alrededor hizo que el grupo se sintiera como en casa, sin embargo, había algo diferente en el lugar: hacía frío. Pero eso no fue un problema para ellos ya que se suponía que eso es normal en el invierno que estaba transcurriendo. En busca de un sitio más cálido, ellos fueron sin demoras hacia su hogar. A pesar de estar desgastados por finalizar esta aventura a través del tiempo, ver de nuevo aquel edificio simple pero agradable, renovó los ánimos de todos ellos. Una vez ya resguardados del frío e incluso de la nevada que estaba comenzando, los jóvenes descansaron en la alfombra del living, encontrándose con el reciente integrante de la pandilla.

―¡Baby T! ―dijo con cierto asombro quien llevaba unas zapatillas rosas, despertando al susodicho que estaba durmiendo en la sala.

Ese fue el pie para que los demás se reunieran alrededor del saurio y también de la chimenea que el médico brujo encendió con su magia. El calor les vino bien a los chicos del grupo, así como la curación de las heridas y de la fruta wumpa que estaban saboreando.

―La máquina del tiempo no se pudo mantener por sí misma ―comentó reflexionando el ser mágico con voz calmada―. Tuvimos suerte en escapar. Será difícil saber qué fue de nuestros enemigos. Dudo que los volvamos a ver en mucho tiempo.

―Eso espero ―respondió quien vestía con un overol, mientras que los demás asintieron apenas a excepción del reptil, quien fue a mordisquear las plantas que decoraban la casa.

Ellos realmente no se esperaban que todo esto terminara de esta manera, aunque les tranquilizaba que era mucho mejor que los villanos recibieran algún tipo de castigo por el mal que habían hecho. Sin embargo, los paladines desconocían lo pronto que volverían a ver a los integrantes del N Team.

Mientras tanto, en un lugar apartado en China, el doctor Tropy fue reparado hacía poco tiempo gracias a la intervención de N. Gin. Él hubiera concretado ese mismo trabajo mucho antes de no ser porque le fue muy complicado regresar a la Tierra luego de su pelea con la rubia, y también porque el maestro del tiempo recibió la golpiza de su vida por parte del mutante silencioso. Una vez que el científico de piel azulada despertó, su colega le informó para que estuviera al tanto de lo sucedido después de su ausencia. A través de un monitor, ellos observaron la reciente contienda y también que el Time Twister no andaba nada bien.

―¿Qué es lo que sucederá si eso explota? ―preguntó quién tenía un misil en la cabeza.

―¡Tengo que ir a arreglar ya a esa máquina! ―exclamó con determinación el euroasiático y fue en busca de la plataforma transportadora.

En un instante, Nefarious llegó a la zona de batalla encontrándose con un Neo totalmente desmayado y con el hechicero de magia negra también apoyado en el suelo de piedra. En lugar de ayudar a sus aliados, él descendió por la fosa con el fin de ir hacia los controles principales de su creación que cada vez se volvía aún más inestable. Tratando de hallar los interruptores, el hombre se topó con un gran portal que no sabía bien hacia donde lo llevaría. Este mismo estaba tomando más fuerza y se estaba llevando todo lo que tocaba. Fue en ese momento en que él se dio cuenta de que ya era demasiado tarde y lo único que podía hacer era escapar.

Avanzando a toda velocidad por una escalera, el portador de un gran diapasón como arma principal fue ahora sí al rescate de sus colegas que estaban aún descansando en el piso obligatoriamente. Pese a las quejas de la máscara con dientes puntiagudos por levantarlo bruscamente, el hombre de la barba oriental no le importó mucho ese asunto porque el portal absorbente estaba muy cerca de ellos. Él se llevó también consigo al creador del Cortex Vortex como pudo pero, en el momento de tocar la plataforma transportadora, que lo llevaría a su hogar, aquel portal misterioso fue más rápido que él y lo atrajo como si nada.

Esa fue la última imagen que vio el pelirrojo de los demás miembros del N Team, antes de que la pantalla sólo mostrara interferencia. Él permaneció inmóvil por un rato, intentando pensar en cómo traerlos de vuelta, pero no sabía por dónde siquiera empezar a buscar. Ellos tres se perdieron en alguno de los infinitos rincones del espacio y del tiempo y eso fue algo parecido a como si se encontraran con su fin. ¿Qué le diría a la pequeña Nina? ¿Qué sería ahora del equipo? El cyborg se dejó caer en una silla de oficina tratando de asimilar que estaba en frente de un gran problema y que, con cada segundo que pasaba, el riesgo podría aumentar.

―Si sólo hubiera una forma de rastrearlos… ―pensó en voz alta el experto en robótica luego de contarle la desgracia ocurrida a Tiny Tiger y a Dingodile.

Pero los mutantes no estaban allí para ayudar a pensar, como a él le hubiera gustado. Simplemente, ellos dos estaban jugando con las piezas dañadas que le fueron quitadas a quien tenía diferentes relojes en su vestuario. En lugar de gritarles, tal como lo haría el hombre de frente marcada, él vio los chips y demás placas que había por doquier y se dio cuenta que esos objetos eran inigualables. Allí tenía ese algo para rastrearlos, así como el arma de rayo de Neo, que serviría si es que permanecían juntos; así que sin perder más tiempo, puso manos a la obra sin olvidar pedirle asistencia a aquellos secuaces ociosos.

La construcción de la máquina que resolvería sus problemas fue terminada en el mismo día aunque ese trabajo fue algo agotador, al no descansar mucho. Todo estaba listo para enviar la señal, sin embargo, había un problema: necesitarían la energía de un par de cristales. Los tres sabían lo que eso significaba: los Bandicoot eran quienes que los tenían y ellos no se los darían como si nada. Por eso debían idear algún plan y creyeron que era mejor vigilarlos para actuar en el momento adecuado. El rescate se demoraría a unos cuantos días ya que, a falta de un tele-transportador, llegar hasta la isla N. Sanity fue como un viaje por medio mundo; fue una suerte que el científico contaba con su nave voladora.

Ya cerca del destino, quien conducía decidió preparar el aparato rastreador en el castillo de Cortex que supuestamente los hermanos Komodo y Ripper Roo reconstruirían. Al parecer, esos tres animales cumplieron con su palabra, y también porque tenían la ayuda de unos asistentes de laboratorio, con lo que el almirante aterrizó junto al imponente edificio. Tan rápido como les era posible, los recién llegados instalaron la máquina y, gracias a las imágenes satelitales, no fue necesario una vigilancia directa para esos individuos que vivían en la playa. Quien tenía medio rostro cubierto con metal ya tenía un plan en mente y luego lo compartió durante el anochecer.

―Esto será más fácil de lo que esperaba ―comenzó diciendo él, captando la atención de los esbirros reunidos en el laboratorio, ante una larga mesa metálica―. Según las escuchas de mis robots pájaros espías, los Bandicoot creen que todos fuimos arrastrados por el portal y simplemente piensan que estamos muertos o algo parecido.

―¿Y? ―preguntó el híbrido ya algo aburrido. Los demás parecían estar de acuerdo con él.

―Pues ellos devolvieron los cristales donde pertenecen: a la naturaleza, con lo que están desperdigados por toda la isla y sólo hay que ir por estos.

―¿Así nada más? ―cuestionó Komodo Joe aun no pudiendo creer en lo que escuchó.

―Sí ―respondió N. Gin, provocando una sonrisa maligna en los evolucionados―. Entonces, ¿quién viene conmigo? Saldremos esta misma noche. Recuerden no cometer ningún error.

―No sé por qué tanto empeño por traer a Cortex ―sorprendió a los presentes el reptil obeso y su falta de consideración―. Porque admitámoslo, él no es un buen líder.

Aquel grupo permaneció pensativo por un buen rato porque en realidad, él tenía razón: esta fue su tercera pelea con Crash en que perdió, y quizá Uka Uka vuelva aún más enojado que nunca. Con el euroasiático no tenían ningún problema, pero su invento el que casi los destruye por completo. Los animales parecieron estar de acuerdo con todo esto, e incluso querían nombrar al cyborg como nuevo jefe. Pese a que esto sorprendió al humano y, aunque quería realizar esa idea, él les recordó que Nina perdería a su única familia. Eso les hizo cambiar de opinión y otra vez pidió ayuda para su misión.

El canguro no se apuntó ya que aún estaba con su chaleco de fuerza, Tiny Tiger tampoco quiso ir porque estaba al tanto de su torpeza y por el hecho de que rugía cada tanto, y Komodo Moe los siguió a estos últimos debido a que admitió que no estaba de ánimos. Fue así que los acompañantes fueron Dingodile y el dragón más flaco y, en ese momento, los tres buscadores de piedras se alistaron para salir. Cada uno de ellos se arregló para andar con sigilo y sin llamar la atención. Se podría decir que se vistieron como ladrones o como ninjas, pero sin olvidar la tecnología que les iba a dar su toque de distinción.

Llegaron a territorio enemigo en la misma nave alrededor de la medianoche y el frío hacía que los héroes se mantuvieran encerrados en su casa. Sólo necesitaban tres cristales pero, si había más, mejor así que optaron por dividirse y dejándose guiar por un rastreador. Al cabo de unas horas, el trío se reunió con su botín: tres piedras rosadas y una gema clara, y conformes con el resultado, subieron a bordo de ese particular avión. De nuevo en el castillo, el equipo puso en marcha el rastreador al día siguiente y no obtuvieron respuesta positiva de inmediato. Es más, las horas pasaban y comenzaron a pensar en lo peor.

Los secuaces sólo permanecieron en el laboratorio no mucho más que media hora ya que el aburrimiento les obligó a abandonar el lugar para distraerse con lo que fuera. No fue la misma situación para quien tenía un misil en la cabeza, porque debía estar atento a cualquier aviso y por eso las horas le parecían interminables. El tigre de Tasmania fue el que le hizo compañía por más tiempo, y se quedaba en el suelo con una expresión de tristeza en su rostro cuando no se entretenía jugando a las damas consigo mismo. Al caer la noche, el científico decidió posponer la búsqueda para otro día y, en el momento de desconectar la máquina, una alarma sonó.

―¿Qué ser eso? ―preguntó el falso felino, despertándose de repente.

―¡Los encontramos! ―exclamó el doctor mientras accionaba el tele-transportador.

Los demás fueron llegando a la sala a toda prisa y todos ellos vieron algo muy extraño aparecer en la plataforma transportadora: tres pequeñas siluetas que no parecían ser los desaparecidos. Luego de que el portal desapareciera, pudo observarse que la máscara negra estaba allí, aunque muy debilitada. Lo más curioso fue reconocer a esos dos seres que estaban aferrados al brujo como Neo y Nefarious. La letra N en la frente y aquella piel azulada eran inconfundibles, sólo que nunca pensaron en verlos a esos dos hombres convertidos en bebés.

―Pero, ¿qué vamos a hacer ahora con esto? ―preguntó el híbrido aún muy sorprendido.

―Parece que tendremos que pedir ayuda ―dijo el pelirrojo algo inseguro.


Justo en el día en que se cumple un año en que publiqué el primer capítulo de este fic, les anunció que el mismo llegó a su fin.

Muchas gracias a quienes leyeron y me dejaron review a pesar de que tardé tanto en actualizar cada capítulo.

¡Gracias por todo!