-¿Qué te sucede, por qué me espías?

-No contestas, estoy en lo correcto – Rostro enfadado

-¿Te quieres sentar?, así te explicaré todo – Y bueno, ¿ahora qué? ¿Por dónde empiezo?

-Espero que lo sepas hacer, porque no toleraría que me estuvieses viendo la cara.

-Calma, no es así… pero luego me dices que tienes que ver con Priya. – Enarcó una ceja, decidí proseguir – Él se llama Víctor, terminamos antes de que Papá y yo nos mudáramos acá… la brevedad del asunto es que el vino, ayer que nosotros estudiamos en la biblioteca me lo encontré en la calle y…

-Que magnifica casualidad, no me dejas acompañarte a casa y te lo encuentras.

-No te dibujes cosas en la cabeza, quería pasar por unas tiendas y sé que te aburre eso, esa noche solo… solo traté de aclararle que ya no tenía nada que hacer aquí; hoy le dije que se largara y que me dejara en paz, en resumidas cuentas. – En cambio solo obtuve silencio de su parte, no sé si esperaba a que prosiguiera. – Eso es todo, mientras tú…

-Mientras yo seguí a mi novia, vi que estuvo observando esa tarde un collar que no compró y salió. – Sacó una caja de su bolsillo. – Pero el sorprendido fui yo, verlos entrar a un taxi. Casi llegando a tu casa, ver que el perfecto imbécil ese salía con una sonrisa envidiable.

-P-pero, ¿por qué no me dijiste nada, no me hablaste el día de hoy por esto? ¿Por qué no simplemente ibas y me pedias una mísera explicación? Castiel le dije que se march…

-Para colmo, querías darme celos con Nathaniel – ¿Y tu amiga qué?

-No tengo necesidad de hacerlo. – Que cinismo el mío. – mientras te recuerdo que estabas con Priya, tu amiguita esa – una risa sarcástica en respuesta – ¿Me dirás quién es?

-Priya es una sobrina de mi Madre, solo vino por unos meses y se arregló con la directora para terminar el semestre, luego se irá… le pasa las tuyas, sus padres viajan muchísimo!

-…

-Toma, después de todo quería dártelo – sacó el collar de la caja, a decir verdad, sentía una enorme pena ante esto. Aparte tu mano que extendía queriéndome dar la joya, solo quería un abrazo.

Después de todo eso, siento que Castiel se puso un poco como al principio de conocerlo, no sé si su confianza hacia mí se había aislado y estaba buscando la manera de recuperarla o simplemente se sintió tonto por el gesto que tuvo hacia a mí y que Víctor lo haya arruinado todo, en lo que al susodicho se refiere, no hizo caso alguno de no buscarme… me lo encontraba eventualmente al ir o regresar del instituto, pasaron unos cuantos exámenes más y pronto estaríamos esperando las Calificaciones.

Por otro lado, Papa había regresado; se veía todo estresado y más amargado… de lo normal. Mi papa es muy simpático, según Jade la mayoría de mis rasgos físicos es una perfecta copia de él. Una que otra temporada llevó mujeres a la casa mientras regresaba tarde, cuando solía ausentarse menos.

-Ricardo, ¿a dónde te esfumas?

-No me hables con ese tono autoritario niña desquiciada. – Buscaba unos papeles como loco en su despacho. - ¿Qué quieres?

-Venía a informarte, obligada por Jade… que si mis resultados en las calificaciones son buenos puedo ir a una excursión del Instituto, regresamos hasta el siguiente día. – Realmente venía a comentarle de los tipos en la Minivan, pero si su respuesta era que tenía algunas cuentas pendientes con alguien no me dejaría ir a la "excursión", así que… paso.

-En vista a que has hecho lo que se te da la gana últimamente y no te has muerto de hambre o perdido por ahí, me da igual.

-No se puede charlar contigo. – Me observó muy calmado y sacó un papel del portafolio. – ¿Qué es eso?

-Crees que aquí se vive de a gratis, hay gastos que hacer y aquí hay dinero para que pagues los servicios básicos y comida, y como te sobrará dinero veras tu qué haces con él. – Caminó hacia la puerta, pero se detuvo. – ¿Y qué acaso te quedaras aquí?, sal de aquí – dejó el portafolio en el escritorio.

-Sí, ya me voy. – Fue a su habitación supongo a ducharse o no sé, mientras… aproveche para ver esos papeles.

Había muchos papeles de leyes, expedientes de muchas personas, la mayoría hombres y había un folder que tenía el título de: Cambio de identidades. Escuché pasos y torpemente lo tiré al suelo, cayeron unos pasaportes, unos 10 tal vez, a un paso estúpido metí las cosas en su lugar, menos un pasaporte que quedó en el piso, ese lo tomé; me escondí detrás de un librero.

Escuché un: "¿Por qué mierda esta tan arrugada esta hoja?", luego silencio y la puerta sonar en señal de su retiro. Calculé unos 2 min para poder salir tranquilamente y me dirigí al cuarto y cuando iba a verlo mi celular sonó.

-¿Diga? – Dije algo impaciente a la vez que guardaba el pasaporte en mi escritorio con llave.

-¿Qué haces?

-Nada Castiel, ¿por qué? – qué ambiente más tenso.

-Asumo que Jade no está y vi a tu papá salir, ¿me puedes abrir? – Colgué para ir a la puerta.

-Ves ahí arriba, ¡es un timbre…! Pasa – No lucia como de costumbre, su cabello tenía raíces negras, el rojo oscuro casi desaparecía… camiseta blanca sin mangas, pantalón sin cadenas y unos Converse rojos. – ¿Qué tienes?, te veo un poco aturdido… ¿qué has estado haciendo? – Tambaleó un poco. – E-estas ebrio? ¡Es el colmo!

-Pffff

Pero… No huele a alcohol…

-Supongo que puedo hacerte una de las sopas instantáneas que tengo.

-¿Puedes darme agua? – Nada de esto me huele bien.

-Está bien, ¿puedes al menos ir a sentarte al sofá? – Caminaba por inercia.

Fui por agua, regresé. Veía a la nada, a un punto perdido en el espacio de la habitación. Cuerpo sin alma. Un ser desconocido.

Hemos pasado distante estos días, pero creo que es necesario. Al terminar de hacer la sopa ramen que estaba caliente hasta calcinar las papilas gustativas. Fui a verlo, se sacaba algo de la bolsa torpemente… una… capsula que me alarmó. demasiado.

-¡Qué demonios te pasa!, deja eso…

-Pareces una lunática, ¿cálmate quieres? – Mi mano actuó más rápido que mi lengua. Su mejilla roja.

-¿Qué es esto, quién eres?

-No entiendes nada.

-¿Por qué haces esto? – Silencio de nuevo – Contesta, Castiel ¿por qué te haces esto?

-Con quien lobos se junta, aullar aprende...

-¿Qué putas quieres decir con eso? – Posó su dedo en mis labios.

-No maldigas mi niña – Sus pupilas dilatadas y su mirada perdida. – Perdóname, he estado saliendo con unos amigos… Acabo de ver la decepción en esos ojos hermosos, no quiero verlo de nuevo, estaba algo estúpido después de todo lo que nos pasó, solo quería olvidar…

-Ya, está bien… Castiel no hables más, solo promete que no harás esta estupidez de nuevo. – Asintió.

Le dije que fuera a mi cuarto a acostarse, mientras me fui a limpiar el desastre que hice cuando tiré la sopa de la impresión. Fui a verlo y estaba dormido, escuché que la puerta principal fue abierta bajé las escaleras y vi que era Jade, intercambiamos unas palabras, por cortesía le pregunté que como le había ido simplemente dijo que estaba muy cansado y con sueño que se iría a dormir un buen rato. No dije nada de Castiel, pensaría mal y no quería que me dijera que lo sacará de la casa por mi papa y blablá, tampoco podía explicarle su estado.

Fui a la nevera por una soda y vi que estaba muy vacía, que papá tenía razón… tenía que hacer compras. Encerré a Castiel en mi cuarto con llave y me fui en taxi hacia la tienda… tuve que gastar de mi cartera porque no tenía tiempo de cambiar el Cheque.

Justo cuando decidía que cereal comprar… sentí unos labios en mi cuello, por reflejo tire un manotazo y tomaron de mi muñeca

-Recuerdo que te gustaban los besos que solía darte ahí.

-Me tienes harta imbécil, déjame en paz Víctor.

-Eso va a estar un poco difícil mi niña…

-Sabes que esto que haces es acoso, ¿no?, puedo denunciarte por esto.

-Y me denunciaras por esto. – Quiso besarme. Lo golpeé. – Jaja creo que te falta mucho para poder dañarme, aunque sea un poquito.

Se quedó viéndome con una mirada cargada de resentimiento, de deseos de venganza, como un niño enfadado cuando suele perder su juguete favorito. Asco. ¿Por qué ha llegado a esto?

Solo tomé el carrito de compras, pagué por las cosas y tomé el primer taxi que vi. Regresé y puse todo en la cocina, Jade se tendría que encargar de ordenar todo.

Fui a mi cuarto y Castiel no estaba, por un momento pensé que se había ido por la ventana, pero estaba cerrada y ésta, se cierra desde dentro. Escuché unos ruidos en mi baño y lógicamente me di cuenta que estaba ahí. Y cuando finalmente salió…

-Espero no te importe que me haya duchado, tenía mucho calor y lo necesitaba. – Quede toda embobada viendo su torso desnudo bien marcado, se había cubierto su parte baja con mi toalla. Lo vi temblar. Sonrojado.

-Para nada, ya regreso… ¡no te muevas!

-…Bueno, pero ¿a donde llevas mi ropa?

-No sé si trasnochaste con esto, además la lavadora se encarga de todo y rápido.

Demoré unos 15 minutos creo. Pensaba, mi mente divaga en muchas adversidades que se habían planteado de la noche a la mañana, desde… desde que pensé que todo estaba bien. ¿Por qué todo se va a la mierda en un santiamén? ¿Serán estas anomalías de mi realidad algo monótono ya?

-Toma, ponte esto… ¿Qué haces? – Se veía en el espejo

-Creo que lo dejaré oscuro. – dejo caer la toalla e inmediatamente desvié mi rostro llevándome mi mano a la frente para cubrir mis ojos.

-¿Ya acabaste? – empezó a reírse.

-Discúlpame, es la costumbre de vivir solo.

Platicamos un buen rato, no quise preguntar acerca de lo que pasó pero es más que obvio que no permitiría que echara su vida por el caño en parrandas y con gente mórbida, con el tipo de pendejez toxico… al punto de ingerir lo que sea que te ponga en las nubes por unas buenas horas. ¿Por qué se dejó influir? Él, de carácter duro… ¿Sera tal vez que hay otra alguna razón?

NO, NO… cada vez que se me mete una estupidez en la cabeza, es semejante a una goma de mascar que accidentalmente hayas pisado… se adhiere a mi… y cuando quiero quitarla me lleno de verdades insoportables e irrealistas.

Se fue, más tranquilo. Más como antes, más Castiel. Observé mi gaveta, la llave en mi mano… estaba sedienta por la curiosidad de… el pasaporte… Identificaciones falsas… ¡Papa!