No tengo explicación alguna para esto. Simplemente se me ocurrió y... bueno, tenía que aprovechar. El nuevo fandom está bien para mi, pero es raro que haya escrito algo de este par tan pronto después de haberme metido en el fandom. No sé, supongo que me ganaron(?). En fin, disfrútenlo.

Disclaimer. Ni Yowamushi Pedal ni sus personajes me pertenecen. (Si así fuera, creo que tendría mucho más material para compartir(?).)


A ojos de Toudou, Makishima está cercano a ser lo más bello que ha visto alguna vez... después de él, por supuesto. Tiene el cabello verde y rojo parecido a un escarabajo exótico, una sonrisa espeluznante si trata de fingirla y esa costumbre de rechazarlo en todos los ámbitos de su vida que no tengan que ver con una bicicleta, y así y todo, para Jinpachi es hermoso.
No lo sabe cuando tiene su cuerpo expuesto, por supuesto. Su cabello largo está desperdigado por las sábanas, cubriéndolas en casi toda su extensión y su cabeza ladeada en vergüenza, porque sabe que Toudou está analizando todo en él. Toudou, tal y cómo Makishima piensa, presta atención a los diminutos lunares que cubren su torso desnudo, y piensa que son tan bellos como los de su rostro, pero tienen otro significado para él. Pega sus labios en la sobresaliente clavícula y esconde una sonrisa ahí.
Si, sin dudas le gusta tener el cuerpo de su rival-amigo-pareja a la vista solamente para él, pero hay algo más profundo, más puro, más inocente, que enciende a a Jinpachi y hace que piense que todo el esfuerzo vale la pena: las llamadas constantes, con sus respectivos rechazos, los kilómetros que habían desde Hakone hasta Sohoku, que tiene que hacer en bicicleta porque el tren parece no estar de acuerdo con sus caprichos, y las burlas de sus compañeros de equipo porque su obsesión con ese chico no es sana, todo vale para tener el alma y el espíritu de Yuusuke expuesto de esa manera. No va a pronunciarlo, de todas maneras, porque es orgulloso y seguramente el escalador de Sohoku se quejaría de su romanticismo, pero lo piensa hasta que su compañero estrecha los ojos y habla. Está preocupado de que Toudou esté tanto tiempo en silencio, y aunque no es un hombre inseguro, no puedo sino preguntarse si habrá algo que no le haya gustado de él.
—¿Jinpachi? —refunfuña, disgustado por la repentina sensación de estar descubierto. No es del tipo de disgusto que le haga querer irse, pero no va a mentir diciendo que no se siente un poco intimidado.
—... Eres hermoso, Maki-chan —murmura contra la carne y el hueso, logrando que su compañero se ruborice y tenga ganas de chistarle para que se calle. No es que no le guste que el azabache piense eso de él, pero una cosa es pensarlo, y otra distinta es decirlo. No cree que para Toudou haya diferencia, a pesar de todo. Pero quiere devolvérselo, quiere que su compañero se sienta tan bien como él por unas sencillas palabras.
—Tú también. —suspira tendidamente porque Jinpachi está clavando los dientes en su clavícula y, demonios, así no hay quién no suspire. Toudou alza una ceja ante las palabras del contrario, y una sonrisa socarrona se le forma en los labios.
—Ya lo sé, Maki-chan. —se ríe entre dientes, acariciando el hueso con la lengua antes de subir por su cuello con besos, para terminar por apoyar su frente en la contraria. —Te quiero, Maki-chan. —le susurra contra los labios, pero no lo besa más que por un roce que no cree que cuente. Y es suficiente el sonrojo que crece en sus pómulos para que piense que sí, definitivamente Makishima Yuusuke es lo más hermoso que conoce. Incluso tanto como él, y eso ya es decir.