Disclaimer: El mundo de AldnoahZero y sus personajes pertenecen en su totalidad a Olympus Knight y A-1 Pictures. Hago esto sin fines de lucro o derivados.

Pareja: Inaho x Slaine (OrangeBat).

Advertencias: AU. Contenido homosexual explícito. Infidelidad. Lime.

Rude

by

Crosseyra

Primera parte

Que la justicia se haga


Dedicado a BloomyLee


I

Amaral Kennedy, una reconocida modelo estadounidense, está en las pantallas del canal ocho promocionando la ropa de la marca Vers en lo que Kaizuka Yuki, una suboficial del ejército japonés, deja caer su taza con café cargado al piso del apartamento.

—¿Qué?

Las palabras salieron de repente, secas, ahogadas, en lo que intentaba tragarse los últimos restos de café que le quedaban en la garganta. Miró a su hermano con la mueca más pasmada y desconcertada que podría haber articulado en su vida, incapaz de moverse, tan conmocionada que apenas podía fleccionar los dedos rígidos de sus manos. Inaho, con el semblante impasible de siempre, se adelantó a levantar los trozos desperdigados de la taza destrozada a los pies de su hermana.

—Voy a casarme. —pronunció quedamente. —Eso es lo que dije.

La morena se llevó una mano al pecho, como si estuviera escuchando la peor calamidad de todas. Su pequeño hermano, el renacuajo de Inaho que había resultado ser un valiente genio y muy popular entre las chicas, iba a contraer matrimonio con, suponía, su novia de hace un año. Era tan difícil de creer que le resultaba una broma de mal gusto.

Por favor, Inaho Kaizuka nunca se comprometería a tan temprana edad.

¿Verdad?

—¿Estás realmente consciente de lo que estás diciéndome, Inaho? —le espetó Yuki, logrando desplazarse apenas; al final optando por aferrar las palmas a la mesa del comedor al no verse preparada para mantenerse en pie por sí sola.

—¿Alguna vez te he dicho alguna tontería, Yuki-nee?

—¡Un montón de veces! —gritó la mujer, exasperada. —Naho-kun, esto no es un maldito videojuego online o uno de tus exámenes exagerados de la universidad. ¡Estamos hablando de matrimonio! ¡De casarse! De bebés y esas cosas... ¡No puedes decirlo como si nada!

Inaho depositó los restos de losa al interior del bote de basura, yendo rápidamente por una escoba para barrer los residuos sobrantes. Su hermana intentó darle alcance, pero estaba tan entumecida por la noticia que apenas le fue posible mover un dedo.

—Selum-san ya ha aceptado; aunque quieras ya no hay mucho que hacer.

La suboficial le atisbó por breves segundos. La muchacha le agradaba; Asseylum era una señorita hermosa, simpática y destacada, pero le costaba dejarlo ir. Celos de hermana mayor o no, Yuki se desplomó sobre la silla del comedor.

—A eso me refiero. —señaló, contrariada. —Lo estás diciendo como si habláramos de cuál juego de vasos hay que comprar o cuánto gastar en mercadería para el mes. No pintas como alguien que está diciéndole a su hermana mayor que va a casarse con una señorita de clase dentro de... ¿Cuándo dijiste?

—El primero de Abril.

—¡Un mes, Inaho! —golpeó la mesa en desacuerdo, quejándose a viva voz, esperanzada de que con eso haría reaccionar al menor de los Kaizuka. Error. —Es demasiado pronto. ¿No puedes esperar un año o dos? ¡Termina la universidad, al menos!

—No hace mayor diferencia casarme ahora o más tarde; de todas formas terminará siendo con Selum-san.

Las palabras de Inaho destilaban determinación, y precisamente fue eso lo que terminó por desinflar las protestas de la mujer. Las réplicas cesaron, Yuki dejó caer sus manos sobre la corteza de la mesa al mirar detenidamente al chico que empeñaba su tiempo en barrer el suelo del apartamento.

Le costaba creer que había pasado tanto desde que Inaho nació.

Veintitrés años no deberían haber transcurrido tan rápida y efímeramente para ella.

Suspiró, resignándose.

—Puedes arrepentirte de esto. Lo sabes, ¿verdad?

—La amo. —contestó velozmente, volteándose hacia su hermana. Yuki vio osadía y voluntad en los ojos rojizos de Inaho. —Estoy enamorado de Asseylum. Quiero una familia con ella, una vida estable.

Sí, el tiempo es extrañamente ligero.

—Lo sé, Naho-kun. —aseguró con suavidad la morena, limpiando los restos de café derramado del piso para así enmendar la taza destrozada. —Créeme que lo sé.

Inaho le miró por el rabillo del ojo, un poco decepcionado por las reacciones de su hermana; esperaba otra cosa de su parte. Hace un año era ella quien siempre le hostigaba y le codeaba el brazo para que diera un paso con lo que respectaba a Asseylum, y ahora parecía demasiado reacia al tema. Yuki siempre fue fácil de entender, y en realidad lo seguía siendo, pero esto podría considerarse como un bonus que sus cálculos no pronosticaron.

—¿Qué es lo que te molesta, Yuki-nee? —espetó, ligeramente contrariado. —Calculé que serías la primera persona en estar feliz.

La suboficial Kaizuka no supo bien cómo responder. Era verdad, debería estar feliz por su pequeño hermano, por el niño genio que nunca fue bueno socializando pero que, a pesar de todo, era tan popular con las mujeres que llegaba a ser legendario. Por el mocoso que se la pasaba desmontando, estudiando y reconstruyendo sus juguetes en vez de usarlos como venía especificado en la caja del producto. Por el universitario independiente que se había vuelto.

Debería estar saltando en un pie porque contraería matrimonio con Asseylum Saazbaum, la hija menor del hombre que era la cabecilla de la compañía Vers. Una señorita en todo el extenso sentido de la palabra.

Un dama de clase.

¿Por qué demonios tenía un mal sabor en la boca?

—Solo tengo un mal presentimiento. —admitió mientras enjuagaba el paño, Inaho atisbándole con el rostro sereno de siempre. —Déjalo, son cosas mías.

Naho-kun no hizo ningún movimiento en falso en lo que Yuki se volteaba con las manos húmedas, encarando a su hermano. Le sonrió radiantemente y se lanzó a apretujarlo entre sus brazos.

—Felicidades, Inaho.

El menor de los Kaizuka esbozó una ligera sonrisa en los labios.

II

—¿Crees que esté bien?

—Tarde o temprano estará feliz.

—¿Te parece una persona feliz? —ironizó Rayeth, dirigiéndose a Calm como si fuera el más grandísimo idiota del mundo. Probablemente lo era, porque no tenía popularidad con las chicas y estaba por reprobar el semestre en la universidad.

Sí, un idiota con todas sus letras.

Calm Craftman se encogió de hombros; había sido un comentario al aire, sin la más mínima intención de ofender. Intentaba ayudar, aunque sea con sus palabras absurdas, a la pobre chica que se había derrumbado completamente al saber la buena nueva, tratando de subirle el ánimo. Nina, quien se consideraba a sí misma la mejor amiga de la desdichada muchacha, no sabía qué hacer.

Tumbada sobre el césped del campus, Inko no hacía otra cosa que murmurar, quejarse y lloriquear para sí misma ante la expectante mirada de sus amigos. Estaba completamente deshecha, con el poco maquillaje que siempre se aplicaba ligeramente diluido gracias a sus lágrimas, con fuerzas para arrastrarse apenas. Su humor, hace quince minutos, se había ido por el garete.

Inaho se comprometió con Asseylum.

Su vida no podía ser más mierda en ese momento.

—Inko, en cualquier momento llegará Inaho. ¿Quieres que te vea así? —le recordó Rayeth, mirando en derredor por si lograba captar la silueta baja de Kaizuka y la cabellera resplandecientemente rubia de su novia.

—Ya no me importa. —rugió, ahogándose con su saliva. Sollozó un poco y golpeó la tierra con un puño. —Va a casarse. ¡A casarse! ¡Con la princesa de Vers! ¡¿Entiendes lo que eso le hace a mi autoestima?!

—Creí que habías superado eso.

—¿Cómo podría superar un beso luego de años de estar enamorada de ese... ese...? ¡Ah!

Nina y Calm se miraron; ambos sabían perfectamente lo doloroso e impactante que resultaba el compromiso de Inaho para Inko, quien irónicamente también desempeñaba el papel de su mejor amiga. La cosa no pintaría tan mal para Amifumi si ese beso nunca hubiera ocurrido.

Fue a principios del año anterior, cuando Rayeth aún no había sido transferida a Shinawara y Asseylum no había ingresado a la universidad estatal. En una fiesta de las distintas fraternidades, Inko e Inaho se besaron a la luz de la luna en la azotea de un edificio de apartamentos de quince pisos. El muchacho gustaba de la chica, e Inko estaba más que enamorada de su mejor amigo para esas alturas; Nina y Calm los figuraban como una bonita pareja.

Nunca llegaron a ser algo más.

Una semana después, cuando Inaho estaba por invitarla a salir, apareció Asseylum Saazbaum. No cursaban el mismo año y no compartían asignaturas, pero sí coincidían en talleres y actividades extracurriculares, y tres meses luego de conocerse comenzaron a salir.

Un año más tarde se comprometieron. Inaho Kaizuka y Asseylum Saazbaum iban a casarse.

Honestamente para todos era difícil de digerir.

—Dios mío, Asseylum Saazbaum. ¡Una Saazbaum! —exclamó Craftman, recibiendo una mirada fulminante de parte de Nina. —No puedo creerlo.

Rayeth Areash le dio el voto a favor.

—Inaho jugó bien sus cartas.

—Rayeth, lo haces sonar como si se fuera a casar por el prestigio. Todos sabemos que Inaho cayó redondito por ella.

—Seylum-san también parece muy feliz. —comentó Nina, manoteando con pena a aquella destrozada Inko tendida sobre el suelo al caer en la cuenta de cierto detalle.

Calm le miró arqueando una ceja.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque allí viene. —señaló Klein hacia el arco triunfal de entrada del campus, donde la figura de Inaho Kaizuka junto a la delicada y hermosa Asseylum se adentraban en el territorio de la universidad.

Inko apartó la cara del césped y dirigió raudamente sus ojos granate espantada hacia la entrada, con el corazón desbocado al notar que, efectivamente, su mejor amigo y su novia se acercaban avanzando con paso parsimonioso hacia el interior del recinto. Se irguió de un salto, sacudiéndose la ropa y echando a correr hacia la facultad de medicina mientras Nina cubría su huida.

No podía presentarse ante el castaño con una pinta tan deplorable.

Desapareció sin dejar el más mínimo rastro que delatara que se había pasado los últimos quince minutos llorando desconsolada sobre el césped del campus a vista y paciencia de medio mundo.

Inaho, con la mano de su prometida rodeándole el brazo, acudió al encuentro con el grupo. Asseylum les saludó cordialmente con esa radiante sonrisa suya y sus grandes y alegres ojos turquesa, inclinando ligeramente la cabeza y correspondiendo los gestos que le regalaban los demás. El menor de los Kaizuka, por su parte, se limitó a inspeccionar su alrededor.

—¿Dónde está Inko? —preguntó, recalcando la ausencia de un rostro importante.

Nina se trabó la lengua intentando hallar una excusa. Fue Calm quien salvó el día.

—Se siente un poco mal; para el segundo periodo es seguro que podrá reponerse. —afirmó el chico con una seguridad contundente. Kaizuka pareció satisfecho con ello. —¡Inaho, campeón! Te lo tenías bien guardado, ¿eh?

—Muchas felicidades a ambos. —Nina les celebró con un entusiasmado abrazo.

—Muchas gracias, Nina-san.

Asseylum siempre era así, educada y cordial, pero no por eso menos amable y sincera.

Rayeth, manteniendo un silencio connotado, atisbó a Inaho hondamente, analizándolo, buscando arrepentimiento o alguna clase de sentimiento confuso en su mirada. No halló nada más que la serenidad acostumbrada y la neutralidad en sus facciones. Areash, como un dote especial, había aprendido a desglosar las expresiones del castaño en el tiempo que llevaban conociéndose y, tal como Yuki había presentido, consideraba que la unión entre ambos era un verdadero error.

Jugó bien sus cartas, sin embargo, eso no quitaba el hecho de que podría haber apostado al caballo equivocado.

Rayeth no opinaba que la indicada era Inko, porque honestamente no lo era, pero así como Inko no era su persona, Asseylum tampoco. Faltaba alguien en la ecuación, un ente que resultaba ser la pieza carente en el tablero y que ni ella ni Inaho estaban viendo. ¿Nina? No. ¿Calm? Ni de coña. ¿Ella misma? Ya tenía los ojos puestos en otro individuo.

¿Quién, entonces?

No podría decirlo a ciencia cierta en esas circunstancias.

Fue cuando el grupo comenzó a dispersarse que Rayeth escuchó algo con interés. Apenas dando unos pasos para alejarse, se detuvo lo suficientemente cerca para alcanzar a oírlo.

—Pasado el mediodía Slaine llegará a Shinawara. —reveló Seylum a su prometido, entusiasmada. —¿Vendrás con papá al aeropuerto para recogerle?

—Es tu hermano, ¿verdad?

La rubia asintió con alegría.

—Sé que se llevarán muy bien; Slaine tiene una mente tan aguda como la tuya. Tengo la esperanza que harán buenas migas al instante.

No fue capaz de captar la respuesta de Inaho, sin embargo, no fue necesario.

De todas formas ya tenía un mal presentimiento anudado en la boca del estómago.

III

Inaho Kaizuka se consideraba a sí mismo una persona paciente, discreta y muy serena, sin embargo, haber estado esperando alrededor de tres horas en un aeropuerto atestado sentado junto a su prometida y su futuro suegro podía acabar con la temple de cualquiera. El señor Saazbaum, por motivos empresariales, se retiró antes alegando atender asuntos de la compañía, pero le encomendó a Seylum dejarle el recado a su hijo de que telefoneara en cuanto pudiera.

Ahora solo eran ellos dos, esperando impacientes la llegada a la pista cinco de aterrizaje del avión donde Slaine Saazbaum viajaba en primera clase. Quizás era culpa de la Torre de control, del mal tiempo o la falta de gasolina; el punto era que Inaho ya estaba comenzando a aburrirse de revisar una y otra vez los gráficos y los planos estructurales de un A-0 Kataphraktos; el supuesto avión último modelo en el que el hermano de su prometida viajaba. Cosa rara; él nunca terminaba por fastidiarse de chequear sistemas.

Asseylum, notando su casi imperceptible molestia, intentó apaciguar el ambiente.

—De seguro está por llegar. —le sonrió la muchacha, apenada. Inaho calculó que esa era la tercera vez que escuchaba lo mismo en menos de una hora.

—Tres horas de retraso podría deberse a la falla de una turbina, o problemas en el sistema de navegación. —comentó, pasando las páginas de los planos con un dedo sobre el panel de su tablet. —Puede haberse averiado y tuvieron que aterrizar de emergencia en algún otro país de camino a Japón.

—¿No se nos habría informado desde la administración? —cuestionó inocentemente la rubia.

Inaho continuó repasando los documentos.

—Administración probablemente se lo está guardando hasta que el avión ingrese en territorio japonés.

Asseylum no dijo nada; en estos casos siempre era mejor confiar en las corazonadas de su novio.

Inaho continuó delizando los dedos sobre la pantalla táctil, hasta que desvió los ojos rojizos hacia Asseylum; la chica le observaba con una sonrisa divertida, radiante, alegre. La mirada turquesa le brillaba de emoción.

Todo lo contrario a Kaizuka.

Quizás fue por esa misma contraparte que Inaho había terminado por enamorarse de ella. Asseylum Saazbaum Vers Allusia era todo lo que él, claramente, no era.

Se acercó a ella sin cambiar la expresión de su rostro; Seylum se encogió de hombros ante la cercanía repentina. Fue cuando sintió los labios de Inaho presionar los suyos que correspondió el gesto, acunando las mejillas del castaño entre sus manos blanquecinas y refinadas. No hubo intromisiones repentinas ni movimientos osados; solo un cálido beso que sirvió de aliciente para el sentimiento que anidaba en el pecho de ambos.

Y la magia se rompió. Alguien carraspeó sobre su cabeza, alguien que se oía claramente molesto. Asseylum no hizo más que ahogarse en desconcierto cuando Slaine Saazbaum se cruzó de brazos, inclinando su cuerpo hacia atrás, en lo que atisbaba a Inaho hondamente y con cierto descontento.

Hermanos sobreprotectores; Inaho los conocía bien.

Y si esperaba que Slaine tuviera algún rasgo distintivo que compartiera con su hermana, estaba realmente equivocado. Lejos de incluso parecerse a su padre, Slaine Saazbaum poseía su propia esencia. De cabello rubio cenizo y ojos aguamarina, el hijo mayor de la casa Saazbaum no tenía ningún parentesco físico con su familia.

De hecho, ninguno de los tres se parecían entre sí. Era consciente de que Asseylum era adoptada, sin embargo, Slaine era otra historia.

Slaine siempre había sido otra historia en el conjunto Saazbaum.

Se miraron mutuamente, analizando al otro con ojos agudos y penetrante. Inaho tomaba notas mentales de los gestos del muchacho, y en verdad para él era como leer un libro abierto. Expresivo, fácilmente elocuente y, quizás, pasional, porque su mirada destilaba a viva voz cuánto lo aborrecía en ese preciso instante.

Inaho Kaizuka fue odiado por Slaine Saazbaum desde el primer segundo que se conocieron.

—A-Ah... —Asseylum, avergonzada por la situación, decidió dispersar la tensión en el ambiente. —Hermano, él es...

—Inaho. —respondió rápidamente el castaño, extendiendo la mano hacia el rubio. —Kaizuka Inaho.

—Slaine Saazbaum. —dijo, estrechando la mano que le era ofrecida con cierto recelo.

—Lo sé; Seylum-san habla mucho de ti.

—¿Seylum? —Slaine observó de reojo a la rubia, quien solo sonrió encogiendo los hombros. El chico le devolvió el gesto. —Lindo apodo.

Inaho, manteniendo la expresión impertérrita de siempre en su rostro, llegó a una certera conclusión.

Slaine Saazbaum era un idiota sobreprotector obsesionado con su prometida.

Y también alguien que le había despertado un inusual interés.


Ya, lo admito; me volví una fan indiscutible de AldnoahZero y del OrangeBat. Voy a usar sus apodos en el fic, así que será más conexión con el anime.

Advierto: El fanfic puede considerarse como un long!fic; pero no tendrá más allá de cinco capítulos. Es como para desquitarse con la cantidad reducida de historias que hay del fandom español. ¡Necesitaba agregar algo más! Mi pequeño nuevo aporte a AldnoahZero yaoi.

Espero que lo hayan disfrutado.

Producto registrado por Crosseyra's Company S.A.

Todos los derechos reservados.