Nota de Autora: ¡Al fin, mi primer Daikari! ¡Y mi primer AU!... que por cierto está vagamente inspirado en un Doujinshi incompleto KanoKido de Kagerou Project. Bueno, al Doujinshi estar incompleto, esto se actualizará esporádicamente... claro que tendrá elementos de mi propia imaginación, ehehe.

Basado en el Doujinshi Rainy Blue por Kyujitsusyukkin Chikaya de la saga Kagerou Project.


Capítulo 1: Rainy Blue


Daisuke parece ser muy popular.

Desde la distancia, podía observar su cabello borgoña detrás de unos fríos casilleros de metal. La incesante lluvia no dejaba de caer, esas típicas lluvias esporádicas de verano que no parecían tener fin, tal y como aquella afirmación que me planteo todos los días en la escuela. Su tierna sonrisa que va dirigida a dos chicas de nuestra aula es suficiente para hacerme notar que mi presencia no es requerida en este momento. Siempre he pensado que su cabeza se ve vacía, a veces imaginando unos relucientes googles en ella. Sacudí el rostro, todavía sumida en la lluvia, observándola sin emoción alguna. Él tomó noción de ellas dos al acercarse a la salida, al momento que decidieron abrir su boca.

—¿Olvidaste tu paraguas, Motomiya?

—Oh, t-toma, puedes usar el mío si quieres.

Como siempre, todo lo que hice fue observar. Quedarme encerrada en mi pequeño mundo, recostada ante una pared cercana a los casilleros que me causan dolor cada día lluvioso. Mis ojos no dejaban de perseguir su rostro moreno, todavía sonriente iluminando la gris atmósfera. Deseando que se congelara el tiempo, mi corazón se detuvo por un instante al escuchar su respuesta.

—Claro—ladeó el rostro con inocencia, sin borrar su radiante expresión—Gracias.

Es hora de desviar mis pensamientos, de dejar de atormentarme. Desde un inicio sabía la respuesta. Por más que tomemos el mismo camino a casa, por más que vivamos bajo el mismo techo, esa no es razón suficiente para regresar todos los días a mi lado, especialmente lado a lado con un solo paraguas. Hundida en mis lamentaciones, sujeté dicho objeto entre mis manos con fuerza, reflejando mi incomodidad. Estaba lista para salir de mi escondite, pasarlos de largo, ignorarlos como muchas veces he hecho, para ser sorprendida una vez más. Siempre sabe en dónde estoy. Por más que intente borrar mi presencia con simple silencio, aparece ahí para sacarme de mi propia oscuridad. Escuchar el raspar de sus zapatos contra la loza, fue suficiente para llamar mi atención.

—Pero…

Haciendo una breve pausa, tomó con su mano izquierda mi paraguas rosa. Yo lo sostenía del mango encorvado, él ahora tomando rienda de la situación. Todavía sonriente, apega su cuerpo con el mío, mi blusa blanca arrugándose al sentir su codo. Miré a las chicas, quienes tan solo transmitían miradas de sorpresa camuflando recelo. A diferencia de ellas, mi falda verde era del tamaño pedido por las regulaciones de la escuela. Daisuke se encontraba con la camisa blanca abierta en el cuello, un polo negro debajo, como toda la vida. Deseaba sonreír como él, por su inesperado pero a la vez esperado comportamiento. Seguía pasmada por los sucesos, incapaz de caminar a su mismo ritmo mientras se despedía de ellas.

—Estoy bien. Ya tengo uno. Nos vemos mañana.

—¿Pero qué estás...?—balbuceé mientras salíamos de la escuela, él abriendo el paraguas bajo la lluvia.

—Vamos, Hikari.

Por algún motivo, escuchar los gestos llenos de molestia de las chicas me llenaba con un sentimiento que me cuesta describir en este momento. Con torpeza, traté de mantener un acto fuerte, como siempre lo he hecho. No dependo de nadie, tampoco quiero hacerlo. Pero por algún motivo, Daisuke siempre está ahí. Es por eso que me molesta su actitud.

—…¿desde cuándo estuvo Yagami aquí? —dijo una con antipatía.

—Sí… apareció de la nada.

Mientras él abría el paraguas, mojando mi cabello castaño con el lagrimear del cielo, no pude evitar querer lanzar la clásica y típica pregunta que todos hacemos cuando algo nos sorprende, sacándonos de algo que suele ser, en ocasiones, ordinario.

—¿Por qué…?—mi voz salió como un hilo frágil.

—¿Por qué no? Después de todo, estamos regresando al mismo lugar—me responde carismático, todavía sin mirar a atrás a aquellas dos chicas tras haber logrado abrir el paraguas por completo, cubriéndonos.

—¡¿Al mismo lugar?!—escuchar aquella exclamación me apenó.

—¡¿E-Están viviendo juntos?!

—¡No hay forma!

—Entonces… ¿están viviendo juntos por más que estemos en secundaria?

Supongo que estas son las formas en las que los rumores inician. Me encontraba avergonzada, avergonzada de sentir vergüenza ante su egoísmo. Avergonzada de sentirme algo alegre que tomara noción de mi existencia entre los casilleros. Avergonzada de ser yo quien camine bajo la lluvia, con el mismo paraguas. Casi llegando a las rejas de la escuela, una chica más apareció, también despidiéndose de Daisuke. Él seguía con su estúpida sonrisa, contestando el gesto con la mano, junto a un repetitivo, "sí, nos vemos"

¿Por qué está pasando todo esto? La popularidad de Daisuke es abrumadora, me cuesta respirar, me duele el pecho... quiero irme. Tengo que salir de aquí.

—Vamos, no me dejes—Daisuke volvió a tomar control del paraguas al alejarme de él, al abandonar su amabilidad y calidez—O me voy a mojar.

Su mano se encontraba sobre la mía. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Lo único que deseo es irme de aquí, que me deje en paz, que me trate como todos lo hacen. Inexistente.

—Suel… ¡Suéltame! —le grité con torpeza, enredándome con mis palabras.

—Lo haré si prometes no volver a huir de esa manera.

—Por… ¡Por supuesto que no voy a huir! Eres un tonto, Davis.

Al salir esas palabras de mi boca quise desaparecer, cerrándola con rapidez. El rubor en mis mejillas creció, maldiciendo en mi cabeza a aquella máscara que empleo para alejarme de su personalidad bromista. De esa personalidad de no tomar las cosas, ni situaciones, en serio. Cuando hace esas cosas, yo siempre recurro a dicha máscara. Me permite actuar fuerte, demostrarle que no dependo de él.

Y que tampoco dependo de Takeru.

—Sí así lo dices, perfecto—me dice con una sonrisa pícara—Pero Kari, intentaste camuflar tu presencia para que así no me percatara que te ibas a casa, ¿no es cierto?

—¿Por… Por qué estás llamándome por mi apodo…? —pregunté insegura, intentando cambiar el tema.

—Tú lo empezaste.

Escuchar su alarido de dolor mientras mi puño daba directo a su estómago fue como música para mis oídos. Esta es la única forma en la que puedo establecer contacto directo con él. Nuestra relación siempre ha sido así desde pequeños. Él siempre fastidiándome, tomándome el pelo y yo recurriendo a castigos físicos creyendo que se detendría, cosa que hasta ahora no hace. Muchas veces Ken ha comentado que es probable que disfrute de ellos. Por el otro lado, Takeru siempre se ríe cuando sucede. Todos reaccionan de forma distinta con nuestra anormal relación escolar y familiar. Por algún motivo, quiero que me vea como algo más que una hermana.

—Ouch…

—De todas formas no habíamos quedado en regresar juntos a casa—dije secamente—Y dicho sea de paso sabes que me disgusta ese diminutivo.

—Lo sé. Es solo que por alguna razón me provocó regresar contigo hoy. Takeru tenía práctica de baloncesto, además que vive en la dirección contraria, y Ken salió temprano a la casa para ir a visitar a Miyako.

—…bueno, igual te informo que los dos no entramos bajo el mismo paraguas.

—Entonces, ¿qué te parece si nos juntamos un poco más para que podamos? —ahora hombro contra hombro, mi rostro no dejaba de quemar.

¿Por qué tú… sigues haciendo estas cosas?

Junté mis labios en frustración, proporcionándole ahora un golpe en las costillas. Ahora fue su turno de salir del paraguas, dejándome en soledad bajo su pálido rosa.

—Esto duele, Hikari—su risa infantil inyectaba más dolor en mí.

Ni siquiera me vez como una mujer. Tan solo somos hermanos adoptivos. Tú, Ken y yo vivimos bajo el mismo techo, siendo cuidados por los Tachikawa. Es por eso que nunca me verás por lo que soy.

—…hace un rato…—un pequeño pensamiento se escapó de mis labios.

—¿Dijiste algo? —mirar su ingenuo rostro lleno de confusión fue suficiente para hacerme estallar.

—¡Si tanto te gustan las chicas debiste haber regresado con alguna de hace un rato!

El silencio reinó entre nos. Sus ojos con confusión, los míos café quizás revelando ira contenida. Hundí mi rostro en mi flequillo, la lluvia todavía cayendo. Tuvo la suerte que cuando lo empujé dio contra un portón de acero de una tienda cerrada. El color gris nos persigue, atormentándonos. Las nubes, el paisaje, mi corazón lleno oscuridad. Devorado por la envidia, por el recelo de ser la única chica de la clase que no es vista como tal al estar siempre al lado de Daisuke y Takeru. Ambos nunca me ven, por más que esté ahí nunca me ven. Es mucho más doloroso que no ser vista por los demás, al no interesarme en lo absoluto sus vidas. Solo me importa que ellos me vean, y cuando lo hacen, nunca me ven por completo. Y tampoco lo harán. Inclusive Daisuke. El aleteo en mi estómago se detuvo, ahora pasando a tembladeras en las yemas de mis dedos, el paraguas tambaleándose por mi débil pulso. Nadie más caminaba en la calle, tan solo escuchaba el sonido de llantas, llantas que le pertenecían a un carro. Frialdad recorrió mi cuerpo, siendo empapada por este al dar con un charco cerca a la acera. Daisuke seguía ahí, mirándome. Viendo lo patética que soy. No me atrevía a levantar la mirada, mi uniforme goteando ahora no por la lluvia, sino por el agua que me hizo retornar a la realidad. Junté los dientes, todavía frustrada, aguantando mis ganas de llorar.

¡¿Por qué nunca puedo hacer las cosas bien…!? Siempre digo cosas que no debería decir. Odio todo esto.

Un sonido hizo que dejara de huir en mis propias sombras, siendo Daisuke desabotonándose la camisa. Me encontraba pasmada con su accionar. Por más que fuese verano, desabrigarse de esa manera haría que pescara un resfrío. No tiene lógica lo que está haciendo, no lo comprendo.

—¿Qué estas hacien...?

Antes de que pudiera terminar de formular mi pregunta, pude sentir su aroma en mi cuerpo. Su camisa recién lavada y planchada esta mañana se encontraba en mis hombros, proporcionándome algo de calor. Creí que no sería placentero olerlo, pero por algún motivo me calentaba respirar su olor. Olía a césped con menta, posible resultado de la última práctica de fútbol. Desconcertada por lo sucedido, mis sentidos volvieron a actuar de manera racional. En voz baja salieron pequeñas quejas por parte mía, para al final entrar en pánico cuando su cuerpo se acercó al mío.

—No la necesito—traté de decir con seriedad.

—Todo está bien.

—¡No, no lo está!

—Tan solo póntela—su rostro no era el de siempre. Sus ojos se hallaban secos, mirándome con profundidad. Sus cejas rectas, dándole un aire maduro a su rostro moreno. Retrocedí al tenerlo tan cerca, evitando no desviarme de aquella mirada, para no reflejar debilidad alguna.

¿Por qué solo me tratas como una mujer solo cuando estas cosas suceden?

—Te dije…

En eso, una fuerte furia empezó a apoderarse de mí.

—¡Te dije que no la necesito!

Empecé a sacudirme violentamente, el paraguas danzando en mi mano. El rostro de Daisuke fue oculto por su flequillo, tal y como siempre hago yo. En cuestión de segundos, cayó de mis manos, rodando en la acera, siendo protegidos por el pequeño techo de tela de la cerrada tienda. Sus fuertes manos fueron hacia mi cuerpo, empujándolo, para luego sentir caricias en mis hombros. Sentir sus labios contra los míos, un sabor amargo que me dejaba sin aire, no me permitía pensar con claridad. Una mezcla de chocolate con canela llevaba lugar en mis ojos, estos todavía abiertos a diferencia de todas las películas románticas que he podido ver en mis quince años. Soltando su fuerza de mis hombros, empecé a relajarme, cediendo. Mis párpados cayeron rendidos, creyendo que era la hora de ir a dormir, intoxicándome en este profundo sueño. No creí que mi primer beso incluiría sentir como la lengua de Daisuke penetraba mi boca, buscándola para jugar.

—¡¿Mn?!—solté un gemido en sorpresa, separándonos por un breve instante por aire, para que luego, bajo mi propia voluntad, buscara por más.

Moviendo el rostro para que esta vez fuese más placentero, cerré los ojos como debería ser, respondiendo todos gesto que el utilizara para dejarme llevar en este ritual. No comprendo lo que está sucediendo, solo sé que lo esperado se ha vuelto en inesperado. Ahora volví a abrirlos, casi lagrimeando al tenerlos como una razón de tratar de volver a mis sentidos. Despertando del corto letargo, él dejó de recorrer mi espalda con sus palmas, ambos respirando con fuerza, agitados por el suceso. El paraguas rosa se encontraba llenándose de agua, indicándome que el pasar del tiempo había sido más largo de lo que pensé. Su cabello borgoña se acercó a mi oreja, yo todavía agitada por el encuentro, dejándome llevar al empezar a caerse la camisa que colocó en mis hombros, ahora sus manos yendo a mis muñecas.

—¿Qué hubieras hecho si un extraño te hacía lo mismo?—sentir su aliento en mí me provocaba descargas eléctricas, gimiendo por placer y temor.

Separándose de mí, arregló la camisa en mi cuerpo, mirando con detenimiento mi blusa. No presté atención a su accionar, mis ojos nublados por la tormenta de emociones que corrían por mi mente.

—Necesitas esto para cubrirte—sigue él, para luego señalar como si fuese algo obvio, mi blusa—Se te ve absolutamente todo al ser tan transparente gracias al agua de ese charco.

En ese instante, todo retornó a la normalidad. Incluyéndome.

—Espera… ¡¿Qué!? —fue mi reacción, para que terminara en un golpe lleno de furia como toda la vida—¡Idiota! ¡Yo pude haberme cubierto sola!

xXx

—Ah, ustedes dos. Hasta que al fin regresaron—Mimi se encontraba doblando nuestra ropa como es de costumbre, estando en la sala de estar.

—Ya llegué—dije con rapidez, ingresando como si mi vida dependiera de ello.

—¿Hm? ¿Qué pasó, Hikari? Estás empapada. ¡Deja tu ropa a la mano para poder lavarla!

—Oh, llegaste. ¿Pasó algo?—la voz de Ken se mezcló con la de Mimi, él ayudándola a doblar la ropa.

—Hey—no deseaba escuchar su voz, en especial con esa estúpida e imborrable sonrisa—Sí… podría decirse... ¿Tienes el número de Takeru? Yo… simplemente no pude contenerme.

Saltando todos los escalones, sin poder escuchar lo último que le dijo a Ken, logré entrar a mi habitación. Cerrando la puerta fuertemente, lo primero que hice fue retirarme la blusa, tirando en el escritorio mi mochila escolar. Los llaveros que colgaban de ella hicieron un estruendo, mis ojos dando a uno en especial. Era un sombrero blanco, un silbato y unos googles. Un nudo se formó en mi garganta, que fue fácilmente erradicado con sacudir el rostro. Mi pecho se encontraba agitado, mi sostén de algodón amarillo húmedo por la lluvia.

—¡Daisuke es un idiota! ¡Pervertido! No puedo creer que tú…

Mientras sacaba apresuradamente de mi cuerpo lo que quedaba de la blusa, no pude evitar recordar mi primer beso.

—No puedo creer que tú… ¿por qué? —le pregunté a nadie en particular, abrazando la blusa en mi pecho.

Ni siquiera me ves como una mujer, entonces ¿por qué?

Más recuerdos empezaron a fluir, anteriores a este amargo encuentro. Él siempre a mi lado desde que nos adoptaron. Ken, él y yo corriendo en el parque, Daisuke siempre jugándome bromas sobre que estaba enamorado de mí. Irlo a ver en sus prácticas de fútbol. Cuando me introdujo a Takeru y los tres plantamos una inquebrantable semilla de amistad, apoyándome el día que el rubio me dijo que para ir a ver una película y lo rechacé. Él resondrándome, yo todavía sin entender el por qué. Mi corazón se está acelerando. Ahora memorias sobre otros momentos de ambos bajo la lluvia en el mismo paraguas. Mirando la ventana, una sombra creciendo en mi espalda al estarse abriendo el grisáceo cielo, volví a ponerme la máscara.

Estoy segura que el hecho que caminaras cerca de la pista y asegurándote que no pisara algún charco fueron solo repentinas coincidencias.

—Tengo que tranquilizarme…—me dije a mí misma, hundiendo mi rostro en la blusa, pretendiendo que era su camisa.

El hecho que mi corazón no deje de latir… debe ser a causa de un gran malentendido por mi parte.

xXx

—¿Y tú paraguas? ¿Regresaste en el mismo con Hikari? —Mimi sostenía el paraguas de la castaña, lanzándole la pregunta a Daisuke quien acababa de salir de la sala.

—Sí. Olvidé el mío—responde sonriente sin abrir los ojos, todavía cargando su mochila escolar, junto a un celular abierto en la mano.

Dejando a su añorada hermana mayor con sus labores de la casa, Daisuke se encierra en su habitación, marcando nuevamente un número telefónico. Al tan solo escuchar la contestadora, empieza a escribir un mensaje.

Hazle saber de una vez. Quizás pronto pierdas la oportunidad. Es ahora o nunca, Takeru. No pienso contenerme más.


Bueno, aquí lo tienen! Daisuke, Ken y Hikari son huérfanos que fueron adoptados por la familia Tachikawa! Takeru es compañero de clase de Daisuke y Hikari, y aparentemente el rubio siente algo por ella, pero la linda Hikari no se da cuenta. Espero que eso haya arreglado un par de cosas que no expliqué bien :D Estén atentos para el segundo que um… no vendrá tan pronto, jaja. Ojalá haya sido de su agrado, que falta algo de Daikari en español en FanFiction!

Attentamente: una fan de Takari y Daikari.