Disclaimer: PokeSpecial no me pertenece, son propiedad de Hidenori Kusaka.

Advertencias: Lemmon, HaughtyShipping.

Notas iniciales de capítulo: Este fic era una participación para el foro Dex Holders del Prof Oak, link en mi perfil. Lamento en serio la tardanza, la escuela me ha ocupado todo mi tiempo, no lo subí en el tiempo determinado por lo que acepto la sanción de diversión, pero por lo menos quería cumplir.
¡Nadie se ría de mí! Es mi primer Lemmon -/-
Muchas gracias a mi May y mi Kotomi por ayudarme en esto, sin ustedes, me la habría pasado describiendo el café de Platinum y nada más XD
Muchas gracias Kotomi por la imagen *corazón que censura FF*

Información al final del capítulo.


Los beneficios de un corazón roto

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[***]

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El parque estaba desolado y solamente una persona estaba ahí, sentado en una banca vieja, con sus brazos apoyados en sus piernas y la mirada gacha. Estaba destrozado. Los nubes oscuras se debatían entre hacer llover o no. Como sí se burlaran de él deteniendo el tiempo solo para hacerle sentir más miserable.

Unos pasos se escucharon, ni siquiera tuvo que levantar la cabeza para encontrarse saber que se trataba de Diamond, su buen amigo, que sostenía dos sándwiches en sus manos.

El chico de gorra se sentó al lado del rubio y se quedó callado un momento, finalmente, le entrego el sándwich con una sonrisa preocupada.

—Es de queso.

Una sonrisa fugaz apareció en los labios del oji-ámbar. —Gracias.

Ambos en silencio se quedaron comiendo, ahora, el cielo gris no era tan doloroso con la compañía de su amigo, pero no evitaba que se sintiera como basura.

—Dia... Digo, Diamond... —Trago para deshacer el nudo de su garganta.

—Está bien. —Le interrumpió el chico con su tranquilizante voz, le miro y le sonrió como siempre lo hacía, diciéndole «todo estará bien». —No hiciste nada malo.

Esas palabras eran las que quería escuchar, siempre de preguntaba como su amigo sabía que decir en el momento exacto. Dio otro mordisco y se permitió sonreír levemente por primera vez en semanas desde que Maylene terminó con él.

—Gracias amigo.

El azabache miro al chico, le devolvió la sonrisa a pesar de saber que la que hacia éste era forzada, aún había dolor. —No es nada, Pearl. —Contestó.

Aunque era claro que debía hacer algo por su buen amigo de la infancia, debía ayudar a sanar ese corazón herido.

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El chico miraba impaciente a la muchacha de cabello azabache casi azulado, ella era una de esas personas que su amigo decía muy bien que detestaba. Era egocéntrica, malcriada, arrogante y muy fría. Pero, aunque Pearl no se llevase bien con ella, Diamond si lo hacía, quizá era de los pocos que se atrevían a hablarle a la muchacha con familiaridad y una sonrisa sincera.

Cosa que aunque ella no demostrara, agradecía de corazón.

—No puedo hacer eso, Diamond. —Dijo agarrando su bolso de cuero blanco. —Tengo que estudiar.

—Por favor, señorita. —Pidió el chico haciendo que ella hiciese una mueca de desagrado, le era difícil negarle algo a Diamond cuando le pedía el favor. —Solo será una vez... Me preocupa.

La voz afligida del muchacho era capaz de derretir cualquier corazón, incluso uno tan frío como el de Silver, Green Oak o en este caso, Platinum Berlitz.

—Dia. —Pocas veces usaba el apodo del chico. —Tengo un examen el viernes. No tengo tiempo para jugar con tu amigo a la citas.

Él suspiro y le sonrió levemente asintiendo con la cabeza agradecido. —De acuerdo, gracias.

Ahí es cuando ella se irritaba, ¿Por qué Diamond le agradecía por algo que ella claramente no hizo ni pensaba hacer?

—El sábado. —Dijo la muchacha ganándose la atención de Diamond. —Necesito una pareja para un evento familiar, a las ocho en mi mansión, dile que sea puntual.

El chico asintió alegre, sorprendido de haber convencido a la chica, aunque él ya sabía que ella tenía un gran corazón. — ¡Muchas gracias señorita!

Ella se fue dándole la espalda, sin saber exactamente cómo responder a los alegres gestos de su único «amigo».

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Pearl claramente quería un montón a Diamond aunque no lo demostrara, aunque casi lo mataba por haberle conseguido una cita con la princesita mimada de la universidad, aunque por poco le lanza en la cabeza el celular en cuando esa mimada le dejó ese mensaje de «ve de traje elegante» y casi le hace tragarse el traje que la chica le envió por mayordomo (sí, un hombre de esmoquin estuvo frente a su casa extendiéndole un ostentoso traje negro)... Lo quería mucho.

Por eso ahora estaba frente a la mansión Berlitz, faltaban diez minutos para las ocho, siempre le exigía a Diamond puntualidad, así que él debía dar el ejemplo.

Usaba el traje y se mostraba molesto y claramente incómodo, pero aún no se iba sólo porque no quería preocupar a Diamond más, quien sabe que tuvo que hacer para que la reina del hielo aceptase a tener una cita con él.

Tocó el timbre. La voz del mayordomo que fue a su casa el jueves le saludo preguntándole por su identidad.

—Soy Pearl el... Acompañante de Platinum. —No estaba seguro si podía llamarse a sí mismo la «cita» de la chica.

Después de unos segundos, la chica apareció tras las rejas, caminaba al lado del mayordomo con un vestido de cóctel, lindo pero demasiado extravagante para el gusto del rubio.

—En un momento traigo la limosina. —Dijo el hombre haciendo una reverencia y caminando hasta uno de los extremos de la mansión.

Pearl bufo. — ¿No podríamos llamar un taxi?

—No pienso ir a la fiesta de mis padres en un... Taxi. —Pronuncio el nombre del vehículo con algo de aversión.

— ¿Te mueres si no resaltas?

Ella no contesto, simplemente gruño molesta y se prometió a sí misma jamás volver a tener una salida con el amigo de Diamond.

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¿Has sentido alguna vez que estas en el lugar equivocado y deseas que la tierra te trague o golpearte la cabeza con la pared hasta que sangres y se vean obligados a llevarte al hospital? Pues así se sentía Pearl, mirando a tantas personas de ropa fina y con sus acentos molestos. Pero eso no era lo peor, lo peor era la sonrisa forzada que tenía que darles a todos, odiaba fingir sonrisas, pero si dejaba de hacerlo, su acompañante le daba un pisotón (y sépase que llevaba tacones).

—Padre, madre, este es Pearl. —La voz de la chica lo alerto.

Palideció al ver a los padres de la muchacha, sonrientes mirándolo con tranquilidad. Lo único que pudo hacer en ese momento fue forzar aún más su sonrisa y evitar tragar en seco.

—Un placer conocerlos. —Saludo tragando las ganas de salir corriendo.

Una pequeña charla, presentaciones formales y chistes poco esperados, eso bastó para darse cuenta que los padres de la muchacha eran mejores personas de lo que esperaba. Eran el completo antónimo de Platinum Berlitz, cosa que dejaba mucho que pensar acerca de cómo la chica adquirió esa personalidad tan tosca y molesta.

—Le agradaste a mis padres. —Dijo en la limusina después de un largo silencio.

La fiesta había sido condenadamente aburrida, solamente la charla con los padres de Platinum fue lo más interesante en toda la velada. Él se encogió de hombros con total tranquilidad. —Son buenas personas.

—Lo sé.

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— ¡Escúpelo! —Exclamó el azabache abrazándolo por el cuello con ideas entre asesinarlo y felicitarlo. — ¿Cómo fue la fiesta? ¿Si tienen un jacuzzi en el interior como dicen? ¡¿Ahora sales con la chica princesa?!

— ¡Cállate Gold! —Gritó Pearl deshaciendo el abrazo del oji-ámbar. Le miró con el ceño fruncido y suspiró. —No entré a su casa y no salgo con ella, simplemente fue una cosa que arregló Dia.

—Oh, vamos, te invitó a una fiesta (cosa que jamás hace), te agradeció por acompañarla, conociste a sus padres ¡Y te atreves a decir que no sales con ella!

Pearl suspiró, Gold en definitiva era un caso perdido, Silver que lo miraba sentado en una banca se lo había advertido, que no le contara absolutamente nada a ese pervertido, pero claro, como buen amigo le explicó la situación y ahora éste lo molestaba.

—Pero hablando en serio. —Dijo el muchacho con una seriedad poco común en él, luego sonrió. —Espero que la chica princesa te ayude a superar a Maylene.

Vio como Silver se levantaba y lo agarraba del cuello para llevárselo, Green suspiró mientras veía como los dos se iban y se levantaba de la misma banca en la que antes estaba el pelirrojo. —No le hagas caso, aun no estrena su cerebro.

Y aunque Pearl sabía que era cierto, no pudo evitar suspirar, bien, sí, había olvidado un poco a Maylene durante el tiempo en el que su cerebro estaba ocupado en pensar lo odiosa que era Platinum Berlitz y de lo aburrida que era la fiesta a la que asistió la noche, pero llegaba Gold de nuevo y le recordaba lo que había olvidado momentáneamente.

No pudo evitar suspirar.

—Pearl.

Al escuchar la voz que obviamente no pertenecía a Gold, era femenina, suave y claramente altiva, Green y Pearl miraron a Platinum, la chica miraba fijamente al rubio ignorando la presencia del castaño, finalmente, el chico después de procesar el hecho de que la chica estaba dirigiéndose a él en público, sin pena de que un plebeyo se acercase a ella, habló.

—Hola… ¿Ocurrió algo? —Preguntó desconfiado.

—Ven a otra fiesta, esta noche, Sebástian te recogerá en la limosina. —Dijo seriamente.

Pearl frunció el ceño. — ¿No podrías ser más amable?

La chica resopló molesta. —Es otra fiesta de mis padres, ellos me han pedido que te invitase. No es como si yo lo hubiese deseado.

Los padres de la chica eran probablemente las únicas personas que merecían su paciencia, así que, se tragó su furia y todas las palabras que tenía para desahogarse con la muchacha y asintió. —Iré. Pero no por usted, señorita.

Ella le miró de reojo de mala gana. —No esperaba que lo hicieras.

Se dio la vuelta para irse como llegó, sin hablar más de lo que debía y directa al grano. Green le importaba poco, pero a Pearl sí. Molesto, miró a la azabache que se alejaba. — ¡Hey! ¡¿No piensas despedirte?! Tsk. ¿Y se supone que eres una dama?

Platinum le observó, con esas miradas congelantes, la había humillado en frente de varios compañeros, al verla acercarse de nuevo, algunos muchachos de alrededor se alejaron corriendo, no obstante, Green y Pearl se mantuvieron en su lugar, el castaño suspiró cansado de la estúpida situación y Pearl se mantenía firme en su lugar.

Platinum llegó hasta él, lo agarró de la bufanda hasta quedar a unos pocos centímetros de su rostro. La mirada plateada perforó los ojos ámbar del muchacho y con voz fría habló. —No te creas quién para dirigirme de esa forma la palabra.

Hasta que Green por fin se molestó en intervenir. —Dejen de discutir, parecen niños, ¿No tiene una clase a la cual asistir, señorita Berlitz?

Y la discusión terminó ahí, Green ni se molestó en tocar el tema de nuevo, le daba completamente igual que ocurriese con esos dos.

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Las fiestas de los Berlitz eran más de las que Pearl pensaba que serían, esa era como la centésima fiesta de los Berlitz a la que iba, sin exagerar, es más, creía que le faltaban algunas veinte más por contar. Desde la fiesta número cuarenta ni se molestó en seguir la cuenta.

¿Por qué los padres de Platinum le invitaban a tantas galas? Puede que porque terminó agradándole a los mayores o que no querían que su hija fuese cortejada por los hijos de sus invitados, Pearl ya había sido testigo de los ligues sutiles y descarados que le profesaban a la fría dama que tenía que acompañar, no falta decir que muy poco le interesaba que tanto coquetearan con Platinum, pero con cada mirada preocupada de los padres de la azabache se veía forzado a suspirar pesadamente y sonreír descaradamente a los muchachos.

—Disculpe, pero la señorita está conmigo. —Siempre decía tomando a Platinum del brazo.

Ella no protestaba, al inicio lo hizo, pero con el paso del tiempo (y numerosas fiestas después) Platinum pareció comprender que eso lo hacía para evitarle otro disgusto peor que tener que aguantarse el brazo del rubio rozando el suyo.

Incluso llegó a ver más facetas de la heredera Berlitz: Molesta, disgustada, furiosa, incómoda, etc. Pero no significaba que esas expresiones eran siempre para él, generalmente, le regalaba esas expresiones a todo el mundo y él se disculpaba con todos después del frío comportamiento de su acompañante.

Platinum Berlitz era todo lo que él pensaba que era, fría, caprichosa, toda una diva. Por eso, no se preocupaba por el hecho de que la chica aún no hubiese aparecido para ir a esa cena, en la que irían a las afueras de la ciudad a un club campestre con los padres de la muchacha (que ya les esperaban allí). Simplemente estaba en el pórtico de la mansión sin que le permitiesen entrar. Hacía frío, era tarde y estaba empezando a enojarse.

Tocó otra vez. Afortunadamente, Sebástian, el mayordomo de los Berlitz le atendió.

—Disculpe las tardanzas, joven, pero la señorita Platinum no se encuentra… disponible en éste momento.

Pearl enarcó una ceja. — ¿No irá a la cena?

—No está lista aún. —Corrigió Sebástian. —Razón por la cual le ruego que pase a esperarla. No puedo permitir que se quede fuera.

En otras palabras, no sabía cuánto tardaría Platinum en salir.

Claramente entró, fuera estaba a punto de nevar y el traje que tenía puesto no era suyo. Una vez dentro, observó todo con impresión, la casa era majestuosa, con detalles en mármol por todos lados, cuadros finos adornando las paredes y varios jarrones con flores.

Siguió a Sebástian hasta la amplia sala de espera, donde se encontró con unos muebles blancos de cuero, fino, claro está, una mesa de centro, cortinas de seda y dos puertas de madera cerradas.

—Le traeré algo de beber. —Informó el mayordomo antes de hacer una reverencia.

Pearl se quedó sentado, el sofá era cómodo, pero… Estaba vacío, era difícil de explicar, carecía de calor, de alma, ese sofá era triste, fino, no obstante le recordaba a los muebles de exhibición en el museo. Viejos, tristes y abandonados. Se sentía incómodo solo en un lugar que era más grande que toda su casa multiplicada por diez y Sebástian estaba tardándose, tal vez, el tiempo se había detenido cuando cruzó el pórtico de la mansión.

Entonces, algo rompió el silencio. Era un piano, sonaba lento, suave y muy bajo, notando que estaba lejos, tuvo que agudizar el oído para confirmar sus sospechas.

Sí, era un piano. Miró a todos lados, Sebástian aún no aparecía y él no quería quedarse solo. Curioso, siguió la melodía por algunos amplios pasillos tratando de ignorar los cuadros que parecían seguirle con los ojos. Entonces llegó, a unas enormes puertas blancas que estaban entre abiertas. Se asomó, la imagen que vio seguramente no la olvidaría en mucho tiempo, ya que fue la primera vez que vio a Platinum de manera agradable.

La espalda de la muchacha era lo único que se podía ver además del azabache cabello que caía como cascada por sus hombros, el vestido violeta combinaba perfectamente con ella, pero no era la primera vez que la veía de gala. No, eso era lo último que le importó. Eran sus manos lo que le interesaba.

Estaba sentada, frente a un piano deslizando sus manos con delicadeza digna ella. Se quedó en silencio, escuchando la melodía que tocaba, una melancólica y triste. Pearl jamás fue bueno con los instrumentos y la música, pero, de alguna manera, Platinum se las arregló para mostrar con esas notas que tenía el corazón roto.

Entró. Supo que la chica había notado su presencia, pero ella ni se movió, continuó tocando el piano, incluso cuando él se posicionó a sus espaldas para tener mejor perspectiva de su trabajo. Ella, una vez terminó, se quedaron en silencio, hasta que Pearl habló.

— ¿Quién es?

No hacía falta decir que ella había captado a lo que se refería. Se quedó callada mirando el piano fijamente, sin querer hablar con el rubio o encararlo, simplemente habló con su monótona voz. — ¿Qué piensas de mí, Pearl?

Él enarcó una ceja. — ¿En serio hace falta decirlo? Creí que ya lo habíamos discutido… siempre.

—Corrijo la pregunta. ¿Qué sabes de mí?

Esta vez, se quedó callado, no podía decirle que sabía cosas ridículas sobre ella, como que usaba un dedo más a la hora de tomar un cubierto, o que torcía ligeramente la boca cuando algo le incomodaba, o que fingía no emocionarse al ver algo tierno. Pero cosas como esas eran tontas; prácticamente de ella en sí, no sabía mucho.

—Nada. —Afirmó ella ante el silencio del rubio. Frunció el ceño, tenía una expresión dolida. —Pero él es diferente, él sí pudo ver… Más allá.

Uniendo los puntos, como el hecho de que Platinum no hablaba con nadie excepto él y su amigo, como que hablaba de que era diferente. Supo a quién se refería. — ¿Dia?

Platinum lanzó una pequeña sonrisa sarcástica, algo amarga. —Soy ridícula, ¿No?

— ¿Por qué? —Cuestionó Pearl, no le sorprendía demasiado, es más, ya se lo había visto venir. — ¿Por enamorarte de Dia? Oye, Diamond es…

—Un caballero. —Completó Platinum. —Es un caballero, es… —Al parecer, no tenía palabras. Así que se rindió de buscar un adjetivo para el chico y recargó sus codos en las teclas del piano, haciéndole sonar desafinado. Cubrió su rostro con sus manos. —Que patético.

— ¿Qué…?

—Esto es completamente patético.

Pearl se quedó callado un momento, sin saber exactamente qué debía hacer. Algo inseguro, se sentó al lado de la chica, pocas veces compartían asiento así que era una experiencia extraña, es más, todo con Platinum era extraño.

—A Diamond no le gustas. —Le dijo con sinceridad, no era su intención romperle el corazón, pero tampoco deseaba darle falsas esperanzas.

—Ya lo sé. —Bufó la chica quitando las manos de su rostro. — ¿Qué parte de patético no entendiste? El amor no correspondido es patético, tener el corazón roto por alguien es absurdamente patético…

—Tú eres patética. —Dijo Pearl murmurando. Abrió los ojos al procesar las palabras que dijo, miró a la chica, ella le miraba desconcertada. — ¡Lo siento! ¡No quise…! —Gruñó un poco, ella le abría su corazón por primera vez desde que la conoció y él la llamaba "patética". —Es que…

—Maylene. —Completó Platinum sin alterarse, se había recuperado de su desconcierto al entender la actitud del muchacho. Él se quedó callado, Platinum abrió la boca para soltar otra amarga sonrisa. —Somos patéticos.

—No hace falta que lo digas. —Suspiró Pearl levantándose, se había frustrado. —No ganaremos nada quedándonos aquí sentados haciendo una conferencia del club de los patéticos. Tenemos una cena a la que asistir, ¿No? —Ella miró al chico que estaba parado, no mostraba expresión en su rostro, pero claramente estaba indecisa. —No dejes que un corazón roto te destruya, siempre habrá alguien dispuesto a repararlo por ti, mientras, soporta el dolor, no te morirás a menos que dejes de respirar.

Le extendió la mano y Platinum siguió observándole en silencio, por un momento, el muchacho esperó que con un manotazo le alejara, pero, por contrario, ella se levantó y aceptó el ofrecimiento. Ambos salieron de la sala del piano, cerrando la puerta tras sí con pasos suaves y en completo silencio.

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Desde entonces, Pearl pudo ver con más claridad a Platinum, ella tenía el corazón roto, casi tanto como él solamente que ella ya sabía que Diamond jamás vería en ella algo más que una amiga, y Pearl, había terminado con su novia. Pero ahora, ya no sentía tan fuerte el rechazo, es decir, ahora, con cada salida que se presentaba en la casa de los Berlitz, Pearl no veía la necesidad de pensar en Maylene, su mente estaba ocupada en los padres de Platinum y Platinum.

La pudo empezar a ver con más claridad, sus gestos no siempre eran desagradables y fríos, cuando hablaba con su padre y madre una leve sonrisa surcaba sus labios, incluso, cuando Pearl decía alguna broma, ella se esforzaba por no reír, endureciendo su mirada y congelando su boca. Y todos esos rasgos, curiosamente se le habían hecho… encantadores.

Su presencia no le incomodaba tanto como al principio y ella había dejado de ser tan fría, claro que seguía siéndolo, pero era como si hiciese su esfuerzo para poder agradarle un poco más al rubio y él no se quejaba. Incluso, empezaba a esperar las fiestas en las que ahora se desenvolvía con más tranquilidad, hacía reír a las personas y ya no tenía que fingir una sonrisa ya que Platinum ya no le pisaba cada vez que hacía una mueca de disgusto o hacía un comentario imprudentemente cierto.

Quizá por eso mismo se mostró desconcertado ante la llamada de la chica.

—Esta noche iré sola a una fiesta, no tienes que acompañarme. —Le había dicho.

No sabía si había hecho algo mal, o quizá fuese algo muy personal, lo que ocurrió ahí es que dijo como si no le importase un seco "bien".

Se arrepentía de ello, ahora no podía terminar su tarea sin dejar de pensar qué había ocurrido esa noche. Decidió que así no lograría nada, ya eran las once de la noche y no había escrito ni un solo párrafo de la redacción para lengua. Cerró el cuaderno, se puso el pijama y se metió de un salto en la cama. Cerró los ojos.

Uno, dos, tres, cuatro… diez minutos. Los abrió de nuevo, tampoco podía dormir. Suspiró frustrado sentándose en el borde de la cama restregando su cara con sus manos. Su celular sonó, se sorprendió al ver el nombre de "señor Berlitz", no se lo pensó dos veces antes de contestar.

—Hola señor Berlitz, ¿Pasó algo? —Dijo consternado.

—Pearl, gracias a Dios si contestas tu celular. —Dijo el hombre como si el alma le hubiese vuelto al cuerpo. — ¿Platinum está contigo?

El rubio parpadeó varias veces, titubeó un poco y luego contestó. —Eh… ¿Por qué la pregunta?

—No contesta su celular y no se ha aparecido por la fiesta… Ni tú tampoco, supuse que estaban juntos.

Un nudo se le hizo en la garganta y rió nervioso. —Oh, descuide, está en el… tocador. —Dijo la última palabra inseguro. —Se sintió mal y decidimos quedarnos en la mansión para que descanse.

—En ese caso, vamos a…

— ¡No! —Luego se reprendió a sí mismo por sonar tan desesperado. Es decir, no, no, no se preocupen, solo es un pequeño resfriado, yo la cuido.

—De acuerdo, si ocurre algo, tú solo llámame, ¿De acuerdo? Muchas gracias Pearl.

Después de unas palabras de agradecimiento más, Pearl colgó el celular y salió disparado de la cama. Se quitó el pantalón de pijama y torpemente lo reemplazó por un jean, se dejó la camisa del pijama y agarró un abrigo sencillo de color naranja, lanzó sus pantuflas y con rapidez y sin amarrarlos bien, se puso sus zapatillas deportivas antes de salir corriendo con el celular en mano fuera de la casa con dirección a la mansión Berlitz, rogando que Platinum estuviese ahí.

Le marcó un par de veces, como el adulto le había dicho, apagado. Marcó a Gold, si alguien sabía algo siempre, además de Blue (no tenía su celular), era Gold.

¡¿Buenas?! —La voz estruendosa de Black sonó del otro lado de la línea, con mucha música de fondo.

— ¿Black? ¿Qué haces con el celular de Gold? —Preguntó sorprendido levantando la mano para pedir un taxi.

¡Estamos en la fiesta de Blue! ¡Gold está muy borracho como para contestar! —Explicó, aunque sonaba preocupado, molesto y completamente sobrio. Quizá le habían encargado cuidar de todos los borrachos de dicha fiesta.

—Por Dios… —Miró al taxi que se detenía frente suyo y se sentó dentro. —Black, ¿Podrías preguntarle si sabe dónde está Platinum?

¡¿Platinum?! ¡Ella está aquí, bailando en una mesa!

—Señor, ¿A dónde lo llevo?

Pero Pearl se había desconectado del mundo, tenía los ojos en blanco procesando la información que el castaño le había dado. —Black… Hablo de Platinum Berlitz.

¡Sí, sí! ¡Esa misma! ¡¿Vas a venir a recogerla?! ¡Me ahorrarías mucho trabajo!

No hizo falta decir más. Pearl colgó y miró al taxista. —Lléveme al barrio de Kanto.

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—Por Dios, ¿Qué comes? —Se quejó el rubio cargando de forma nupcial a la azabache que estaba borracha, muy borracha y a punto de dormirse. —Quédese con el cambio.

El taxista asintió y arrancó de nuevo, Pearl suspiró y empezó a caminar a la mansión. —Esto es el colmo de la irresponsabilidad, ¿Qué conseguirías yendo a la fiesta de Blue? ¡Todos saben que en una fiesta de Blue mínimo hay doscientos borrachos! ¡Y bailando en una mesa! ¡¿Qué estabas pensando?!

Platinum se quedaba callada, Pearl rodó los ojos molesto, la sentó en una de las cornisas de la entrada mientras sacaba las llaves que Sebástian le había dado en caso de emergencia. Abrió la puerta y volvió a cargar a la muchacha hasta su habitación, la dejó en la cama y la miró. Estaba vestida con su ropa normal, una falda rosa, una blusa índigo, botas que combinaban con la falda y el gorro lo tenía él en su bolsillo, se lo había arrebatado a uno de los borrachos (Gold) que se lo habían quitado mientras ésta bailaba.

Se acercó al armario de la muchacha y sacó un pijama de ahí, se la lanzó al regazo. —Te prepararé un poco de café para que se te baje la borrachera… Sebástian no está hoy, ¿No? —Ella negó. —Bien, solo ponte el pijama.

Pearl bajó dejándola sola, las facetas de Platinum borracha eran algo entretenidas, pero le dejaban realmente preocupado. Al inicio la encontró bailando, luego reía como demente, a continuación se enojó con él y había empezado a actuar como zombi desde entonces. En cuanto terminó de hacer el café (sin azúcar, para despertarla), subió, esperando encontrarla ya con el pijama puesta, pero no se había movido de su lugar desde entonces.

—Hey, ¿No te dije que te cambiaras?

— ¿Qué hay de malo en mí? —Preguntó mirándole fijamente con una expresión que él no había conocido hasta ahora, estaba que se rompía a llorar.

Eso le puso tenso, empezó a titubear y se maldijo a sí mismo por haberla regañado. Aunque su mente se tranquilizó al recordar que estaba borracha, aun así, estaba nervioso. —No, no, no. —Negó varias veces. —No tienes nada malo, solo me preocupaste. ¿Sí? No llores.

Le pasó el café ella le dio un sorbo y empezó a hipear, ignorando el amargo sabor, aun mostraba que iba a llorar. —Diamond me rechazó. —Explicó con su voz cortada, las lágrimas empezaron a salir.

Pearl entendió entonces, le miró preocupado y suspiró sentándose a su lado, esperó a que ella terminase de llorar y tomarse el café para que tuviese un poco de sobriedad cuando dijese las siguientes palabras.

—Es porque no le gustas. —Dijo con sinceridad. —Pero te quiere.

—No como yo a él.

— ¿Cómo sabes que él te gusta? —Preguntó raramente irritado.

Platinum dejaba de arrastrar las palabras, el café había funcionado, ya no estaba tan borracha. Miró al techo callada, finalmente habló. —Es el primero… Que no me busca por mis riquezas, el primero que me habla con amabilidad y no murmura a mis espaldas… Es el primero.

—Tú solo lo quieres como un amigo. —Dijo Pearl suspirando largamente, después, miró a otro lado. —Pero no es el único.

Platinum le miró con sorpresa. — ¿Cómo?

Se sonrojó y frunció el ceño. —Que no es el único que te ha tratado así, solo el primero.

— ¿Qué tratas de decir?

—Aun estás borracha, ¿No?

—Aún estoy algo mareada… —Admitió.

Pearl suspiró frustrado. —Escucha, Dia no es el primero que te ha tratado así, si no recuerdas, Gold te ha coqueteado y no es porque seas millonaria, él coquetea con todas las chicas lindas que se le aparezcan, Yellow siempre te trata de ayudar, Crystal te defiende cuando ve que alguien te está molestando (más en específico, Gold) y Green es uno de los sempai que más te dirige la palabra para recordarte en que clases quedas. ¿Me equivoco? —Ella se quedó callada. —Tú crees estar sola, pero quizá es porque quieres estarlo y ya.

—Y tú eres molestamente sincero conmigo.

— ¿A caso quieres que te mienta? —Preguntó mirándola indignado, pero todo su enojo cayó cuando la vio sonreír con sus mejillas aún empapadas.

—No, así estás perfecto.

El carmín tiñó las mejillas del rubio que instantáneamente se levantó. —Ejem… ¿Ya estás sobria?

— ¿Y qué hay de mí?

La respuesta le hizo pensar un ligero "no, aún está borracha". — ¿Q-Qué contigo?

— ¿He hecho algo contigo como ser ridículamente sincera?

—Eres una mentirosa, eso no lo dudes. —Dijo inmediatamente el chico frunciendo el ceño, luego, le miró más, sí, sí que había hecho algo con él. —… Me confundes.

—Eso no es algo que a una chica le gusta escuchar. —Dijo la azabache tomando otro sorbo de su café.

— ¿Qué quieres que te diga? Soy sincero, solo haces confundirme e irritarme por ello. —Le dijo impaciente. — ¿Cómo llegamos a esta conversación?

—Tú solo dime por qué te confundo.

—Eso no te importa.

—Tiene que ver conmigo.

Pearl estaba a punto de lanzar un gruñido irritado, trabajar con borrachos era el trabajo de White y Black, no suyo, es más, debería haber llamado a White para que se encargase de la muchacha. Y sus pensamientos cayeron al suelo cuando sintió unos labios sobre los suyos, Platinum lo estaba arrinconando mientras le besaba, trató de quitársela de encima, pero cada vez que lo intentaba, ella profundizaba el beso obligándolo a seguirla. Cuando ella le dejó libre para tomar aire, él estaba completamente dopado, los labios de la chica sabían a café, alcohol y fresa.

—Aún estás borracha. —Dijo respirando agitadamente.

—Puede. —Admitió.

— ¿Por qué…?

—Me estoy consolando.

El rubio parpadeó varias veces. — ¿Qué?

—Me consuelo por mi rechazo contigo. —Explicó con naturalidad, esa naturalidad que tanto detestaba en ella a veces. —Y te consuelo por lo de Maylene.

—No tienes que hacerlo.

—Entonces solo consuélame y deja de hablar. —Le ordenó lanzándose a sus labios una vez más.

Pearl, volvió a tratar de quitársela, no podía aprovecharse de ella por estar borracha, él no era así. Pero, en cuanto Platinum metió su lengua en su boca, él trató de separarse con toda la fuerza de voluntad que le quedaba, pero, su fuerza de voluntad era muy poca a la una de la mañana, así que terminó correspondiendo al beso.

Se quedaron así quién sabe cuánto tiempo, Pearl había perdido la noción del tiempo desde hacía un rato ya, entonces, sintió cómo Platinum empezaba a meter sus manos debajo de su camisa del pijama.

—Platinum… —Un beso lo cayó, pero esta vez él se separó de ella. —No, esto no está bien…

—Por favor. —Susurró ella de manera que se negaba a ser suplicante. Pearl entendió el mensaje.

«Sé Diamond por esta noche».

Se mordió el labio inferior, ¿En serio iba tan lejos con eso de consolación? Platinum debía estar mal (estaba borracha), debía parar todo eso ahí mismo, pero… Mirarla, solo mirarla le bastó para perder su poca cordura y empezar a besarla con más fuerza que antes, ella no se quejó, se dejó llevar.

Todo iba demasiado rápido para Pearl, ni se fijó cuando le quitó la falda y la blusa a Platinum, o quizá, ella sola se las había quitado y no la culpaba, hacía demasiado calor en su enorme habitación. La muchacha quedó solo en ropa interior, Pearl la agarró por la cintura levantándola y ésta enroscó sus piernas alrededor de éste mientras caminaba torpemente hacia la cama, donde la tumbó.

Empezó a besarla, no solamente en los labios, sino que en el cuello también, preguntándose cómo podía aguantar las cosquillas de ese lugar en específico. Empezó a acariciarla, en los brazos y piernas mientras ella soltaba pequeños suspiros, complacida, entonces, su voz se hizo clara.

—Tú aún estás vestido. —Él se sonrojó al instante.

— ¿En serio quieres llevarlo tan lejos? —Preguntó tratando de contenerse e ignorar el hecho de que el sostén y bragas de la chica combinaban. —Puedo ser Diamond de otra manera… Puedo prepararte un pastel o…

—Ya me preparaste café, ahora cállate y quítate la ropa, me das calor con solo verte. —Al ver que el rubio no hacía un movimiento más, se sentó sobre la cama y se dedicó ella misma a quitarle el abrigo naranja y desabrochar su pantalón que no tenía cinturón, enarcó una ceja. —Camisa del pijama y sin cinturón… ¿Te fuiste corriendo?

—Por tu culpa. —Le especificó, luego se dio cuenta que Platinum le había quitado el pantalón, esa chica parecía ser ninja, ya que no lo notó. —Espera, espera. Platinum…

—Señorita. —Corrigió ella.

Él le siguió el juego irritado. —Señorita, estás borracha, no voy a aprovecharme así de ti.

—Eres un llorón. —Le dijo ella mirándole de manera cansada, se arrodilló en la cama y se puso las manos en la espalda, se iba a quitar el sostén.

— ¡Espera! ¡Ya te dije que no! —Gritó el rubio tomándole de las manos, deteniéndola.

—Y yo dije que sí. —La mirada de Platinum lucía molesta. — ¿Acaso no quieres?

—No es eso, eso solo que…

—Eso es todo. —Otro beso, la camisa de Pearl cayó dejando a los dos en ropa interior.

De nuevo, pero más lentamente, Platinum quedó de espaldas en la cama y Pearl la besaba encima de ella, las manos de la chica se aferraron a la espalda de éste mientras las manos del rubio se situaban en su espalda, se separó una vez más entre jadeos.

— ¿Estás segura?

—Si no lo haces tú lo haré yo. —Advirtió con mirada gélida, cansada de tantas interrupciones del muchacho. Se levantó un poco y dirigió las manos de Pearl para que soltase el broche, ella como si nada, agarró el sostén y lo lanzó lejos. —No era muy difícil, ¿Verdad?

Pearl se había quedado en shock, sonrojado, con el ceño fruncido mirando a otro lado. — ¿No quieres apagar la luz?

—No. —Ni una palabra más, agarró a Pearl del cuello y la obligó a besarla una vez más.

No era como si Pearl no quisiese ver a Platinum sin sostén (cosa que le aterraba, porque su corazón dio un salto de satisfacción al ver el sostén volar) sino que él no era ningún aprovechado, la chica no estaba en sus cabales, fijo al siguiente día lo acusaba de violación cuando prácticamente ella lo estaba violando a él, que como buena persona, llegó a su habitación con intenciones de dejarla dormida, vestida, medio sobria y con su reputación frente a sus padres intacta, no para hacerle gemir de placer.

—Platinum… Señorita.

— ¿Ahora qué?

—Mujer, estoy tratando de hacerte entrar en razón.

—Llevas media hora intentándolo, Dia, ya ríndete.

Suspiró al escuchar el nombre de su amigo, es cierto, estaba ahí para consolar a Platinum, así que no era Pearl esa noche, para ella, era Diamond y es muy probable que no sería de otra manera. Ella, aunque no lo supiera, le había ayudado mucho, le había sacado de su depresión, había olvidado a Maylene y su corazón ya no dolía al pensar en ella. Y entonces, fue cuando lo admitió, sí, se había enamorado de esa caprichosa y patética muchacha.

Por esa noche, podía ser Diamond.

—Bien. —Asintió acomodándose mejor encima de ella, empezando a besarla ya sin ninguna restricción, trató de advertirle, que no se diga que no se contuvo.

Mientras él la besaba, sus manos se posicionaban en los pechos de la chica, no eran muy grandes, ya que ella era más bien plana, pero no es algo en lo que Pearl se hubiese fijado demasiado. Platinum se alegraba que el chico dejara su "complejo de monja" y hubiese decidido a acatar sus peticiones, un pellizco hizo que soltara un pequeño gemido de sorpresa.

— ¿Qué…?

—Tú fuiste la que te lo buscaste, no te vengas a quejar ahora. —Le dijo masajeándole.

Pequeños suspiros se escapaban de la boca de Platinum, satisfecha con los masajes de Pearl, incluso se tuvo que tapar la boca cuando sintió una mano que empezaba a filtrarse por sus bragas.

Pero ya había incitado a Pearl (cosa que le había costado), y no había marcha atrás. Soltó con gemido cuando sintió los dedos de Pearl jugar con ella, se tapó la boca para no soltar los suspiros que se ahogaban en su garganta mientras sentía a Pearl besar su cuello. Él desocupó la mano con la que masajeaba sus pechos y le destapó la boca para empezar a besarla, ella no podía hacer mucho, solo recibir los besos y gemir ahogadamente en la boca de su acompañante.

Aunque eso no se iba a quedar así, Platinum metió una de sus manos en los calzoncillos de éste, notando la erección que se producía allí, Pearl dejó de besarla para mirarla fijamente al notar el roce que ésta le dio. Entonces, ella empezó a mover su mano de arriba abajo. Pearl ni reprochó, empezó a tragar para deshacer el nudo que se formó en su garganta.

— ¿Q-qué…?

—No dejaré que seas el único que se luzca. —Informó.

No le molestaba en absoluto, ambos estaban en lo mismo, era justo que estuviesen empatados. Pero la poca ropa que tenía la chica empezaba a estorbarle, así que con una sola mano, le quitó las bragas rosadas de una vez por todas, ella de la sorpresa intentó cerrar las piernas, pero olvidaba que Pearl estaba encima suyo, así que con un movimiento, se lo impidió.

—Dia, déjame…

—Le recuerdo que usted tiene la culpa, señorita. —Le dijo el rubio tratando de decir la palabra con amabilidad, pero solo salió burla.

—Tsk.

Esta vez, empezó a lamer los pezones de la chica, ella, sentía que todo el cuerpo le quemaba y que su estómago hacía un enorme revoltijo, sentía mariposas asesinas en el hígado. A ella le empezó a molestar también los calzoncillos de Pearl, así que con las piernas, se lo deslizó hasta abajo, haciendo que cayesen en el suelo junto con toda la otra ropa.

Ella continuó en su labor mientras Pearl se encargaba de sacarle algunos gemidos y arqueadas más. Entonces en otro beso fugaz, sus miradas se encontraron. Platinum parpadeó varias veces y él simplemente la miraba fijamente.

— ¿Eres virgen? —Preguntó serio, pero sonrojado. Ella asintió. Él se sintió incómodo. — ¿No deberías hacerlo con alguien que… ames?

—Lo hago.

Una sonrisa amarga apareció en los labios de Pearl, es verdad, él era Diamond por esa noche. Llegó a envidiar a su amigo y aunque fuese solo un poco, no se explicaba el por qué.

—Sí, sí. —Asintió tratando de restarle importancia.

La acomodó de tal manera que su cabeza estuviese con la almohada, y le abrió las piernas, la miró, estaba sonrojada, agradeció entonces que ella misma hubiese negado apagar las luces, sino, no habría visto la expresión avergonzada y tímida de Platinum cuando él pudo ver su intimidad. Con suavidad, se introdujo sobre ella.

Francamente, no tenía ni la más mínima idea de cómo era biológicamente posible que un hombre penetrara a una mujer, considerando que lo que estaba haciendo debería dolerle mucho a Platinum, ya que ella era tan pequeña… Se alteró a ver la mueca de dolor de la chica, comprobando su teoría, eso debía ser terriblemente doloroso, pero no había marcha atrás, además, ya estaba excitado, sí, era un muchacho responsable y con mucho autocontrol… Pero tampoco tanto.

—Solo… aguanta un poco. —Le dijo algo inseguro, si estaba bien el ser egoísta en ese momento.

Ella asintió mordiéndose el labio inferior y apretando las sábanas con sus puños, amenazando con romperlas. Un empujón más, Platinum lanzó un chillido ahogado, ya había roto su virginidad. Pearl aún se preguntaba cómo la chica podía permitir eso con alguien que no le agradaba, debería estar haciendo eso con el verdadero Diamond una vez casados y todo lo demás (tenía un sentido moral muy alto). Pero… ahí estaba, respirando agitada aguantando el dolor de haber perdido su virginidad con él.

— ¿Ya estás mejor?

—Duele, idiota.

Soltó una pequeña risa, esa era la Platinum que conocía. —Bueno, bueno, intentaré quitarte el dolor… Eh… ¿Vale?

No hubo palabras, así que él tomó ello como semáforo en verde y empezó a moverse suavemente para no lastimarla más. ¿Y si la rompía? Con cada suave estocada, él se sentía mejor, pero a la vez temía que ella no, es decir, sería algo sádico que él disfrutara del dolor que ella sentía. Pero un suspiro de agrado le alertó, Platinum le miraba expectante.

— ¿Aun te duele?

—Ya… ya no tanto.

Entonces empezó a moverse con más tranquilidad, el contacto que tenía con ella le gustaba y al escuchar los gemidos de satisfacción de la muchacha sabía que la muchacha se sentía igual. No supo cuánto tiempo pasó ni cuando los movimientos empezaron a ser más fuertes y bruscos, se sentía embriagado, ya ni se preocupaba por los gritos que soltaba Platinum ni por si la escuchaban a ella o a él.

Simplemente sentía placer.

Continuaron en aquel vaivén, ella ahora se agarraba de la espalda de Pearl, arañándole, pero él no sentía, es más, mientras aún seguían en el trabajo, redirigió sus manos a los pechos de la chica.

—Pearl…

Se detuvo. No hubo Dia, es más, hasta que dijo su nombre no se había acordado que no era él. Pero, el Pearl le había dejado en claro algo. Ella si lo estaba viendo.

—Platinum. —Dijo su nombre con una pequeña sonrisa juntando su frente con la de ella antes de darle un beso en los labios.

Ya no de forma apasionada ni grotesca como lo habían hecho anteriormente, sino de una forma dulce, una que empalagó los sentidos de Platinum y le hizo corresponder con el mismo cariño.

.

Ahora, eran aproximadamente las cinco de la mañana, ambos estaban despiertos y desnudos en la cama, cubiertos con las mantas de seda de la muchacha que curiosamente no se habían roto cuando ella les apretó.

Miraban al techo, Platinum tenía mirada perdida, Pearl sabía que ella ya estaba sobria y aun así, ésta no había hecho ningún escándalo. No sabía si lo recordaba todo, pero si esperaba que por lo menos recordara que ella tenía la culpa.

Sí, ella tenía la culpa. Tenía la culpa de que él y ella…

Entonces cayó en cuenta de algo. Lo que había hecho con Platinum, su mente nublada por el placer empezaba a despejarse con el terror y nervios. Se sentó automáticamente sobresaltando a su compañera. —Demonios.

Miró a todos lados, su pantalón estaba por ahí lejos, el sostén de Platinum había caído en una lámpara de noche, su camisa de pijama estaba encima de una de los estantes en los que la muchacha tenía peluches que ahora estaban en el suelo. La cama, la cama estaba hecha un desastre y ni hablar del mini-infarto que le dio cuando vio a la muchacha a su lado completamente desnuda cubierta solo por la delgada sábana blanca de seda. El cobertor servía de alfombra ahora.

— ¿Qué pasó? —Preguntó la muchacha confundida.

Él le miró incrédulo. — ¿Aun preguntas qué pasó? ¡Mira a tu alrededor! Tus padres me van a matar. —Dijo empezando a desesperarse. —Sebástian me va a matar, tus abogados me van a matar, ¡Mis padres me mataran!... ¡Mis padres!

Saltó de la cama y buscó en sus pantalones el celular. Afortunadamente, ni una sola llamada perdida.

—Eres demasiado dramático. —Dijo la azabache, restregándose los ojos. —Y ruidoso.

—No me vengas como Green-sempai. —Dijo él de manera seria, luego notó que la chica procuraba no verlo. Claro, como no si estaba completamente desnudo. Corrió a ponerse sus calzoncillos que estaban al lado de la cama.

—No pensarás irte. —Dijo ella con seriedad.

Pearl parpadeó un par de veces. — ¿Cómo?

—Sebástian empieza a ejercer desde las cuatro de la mañana. —Dijo sentándose y cubriendo sus pechos con la sábana. —Estará en el pasillo.

— ¿Entonces qué quieres que haga?

Ella se acomodó en su enorme cama, él entendió, ella quería que le acompañara de nuevo en la cama. Pero él no se metería en una cama con ella de nuevo, no, corría el riesgo de volver a ser seducido por esa extraña chica.

— ¿Cuál es tu problema? —Preguntó ella enfadada al ver la negativa del muchacho, estaba siendo amable con él, incluso le invitaba a sentarse en su cama. ¿Cómo no estarlo? Hería su orgullo de Berlitz.

—Tú eres mi problema. —Admitió Pearl sin siquiera acercarse, es más, parecía retroceder de a poco. — ¿Qué es lo que pasa por tu cabeza?

— ¿Qué es lo que pasa por la tuya? Trato de ser amable, por mí podrías salir y yo te acusaría de violación.

— ¡Tú me violaste! —Replicó el rubio antes de sonrojarse ante lo ridícula que sonó su declaración. —Es decir… Arg, cállate.

— ¿Qué problema tienes conmigo?... ¿Sabes qué? Olvídalo, solo eres un imbécil. —Sin decir una palabra más, Platinum se metió bajo su cobija, cubriéndose por completo de pies a cabeza.

Ahí fue cuando Pearl se sintió frustrado y avergonzado. Sabía que Platinum era la persona más orgullosa que existía y que estaba haciendo su esfuerzo por ser más amable. Además, no era el único que estaba en esa incómoda situación. Tragó, pero aun así, se sentó en la cama de la muchacha. Suspiró.

Él era ridículamente sincero, y debía serlo ahora.

—Me confundes. —Le repitió como dijo antes de llegar a esa situación. Platinum estaba callada, pero aun así, bajo las cobijas abrió los ojos. — ¿Qué demonios tienes? No eres tan alegre como Maylene, ni divertida, jamás me has dicho algo amable, solo nos insultamos, eres caprichosa y no sabes el significado de humildad… —Platinum estaba lejos de indignarse, Pearl estaba hablando en serio, sin intenciones de ofenderla, era como si hablase más para sí que para ella, por lo que estaba más impactada que nada. — ¿Cómo me puedes parecer encantadora? ¿Qué es lo que tienes de diferente?

No hubo palabra, ¿pero qué era lo que Pearl esperaba? Acababa de declararse después de haber tenido relaciones sexuales con la muchacha porque le habían roto el corazón. Era normal el rechazo o mínimo el desconcierto.

—Yo… Ya me voy. —Informó tratando de sonar tranquilo.

Platinum escuchó cómo el chico se vestía y salía de la habitación, una vez sola, se sentó en la cama y suspiró triste, tenía un nudo en la garganta y un sabor amargo en la boca. Se levantó y fue en dirección al baño.

.

Ahí iba otra vez, tres semanas habían pasado desde que confesó (de manera oral) sus sentimientos por Platinum Berlitz, a la cual no le había hablado desde entonces, sin mencionar que compartieron lecho. Aproximadamente nueve meses desde que Maylene había roto y desde que estuvo en ese parque, lamentándose, pero ahora, ya no se lamentaba, ya no estaba triste ni estaba solo en una banca esperando a ser consolado por su gran amigo Diamond.

No, estaba columpiándose cual niño en los columpios acompañado por su primo que (irónicamente) era mayor que él.

— ¿Cuántas veces te romperán el corazón este año? —Cuestionó el rubio de ojos verdes, sin importarle lo rudas que sonaron sus palabras. La sinceridad sin prudencia era de familia.

—Hasta ahora van dos. —Admitió Pearl tranquilo, lo estaba llevando demasiado bien. —Ya sabes, Maylene y Platinum, pero aún no se acaba el año.

—Eso es cierto… Pero no me has contado bien el por qué estabas en su casa a esas horas de la mañana. —Se quejó.

—Eres muy joven para eso, Rald.

— ¡Que soy mayor que tú, idiota! —Se levantó molesto del columpio y cuando estuvo por replicarle, un mensaje le salvó. Miró, era Crystal. —Oh, me tengo que ir.

— ¿Qué pasó? —Preguntó Pearl interesado.

—Blue quiere drogar a Red para que intente algo con Yellow, Gold la retiene como puede, pero creo que lo está atacando con cloroformo o algo así… —Suspiró. —Debo buscar a Ruby y a Silver-sempai que son de las pocas personas que la pueden controlar.

Pearl rió alegremente, sus amigos eran muy raros. —Te acompaño.

Ambos primos estaban por irse, hasta que alguien dijo el nombre del chico de ojos ámbar. Voltearon a ver, se sorprendieron al ver la imagen de Platinum frente a ellos.

—Pearl… debo hablar contigo.

Emerald miró a ambos, hizo una mueca de desagrado, si alguien detestaba los enredos amorosos y parejas estúpidas era él.

—Me adelanto. —Dijo el chico caminando, pero no se fue sin antes decirle un sutil: —Tenías razón, aún no se acaba el año.

Pearl frunció el ceño y levantó el puño dispuesto a atacar a su primo, pero recordó entonces a la chica que tenía a unos metros de él. Carraspeó y se puso firme. —Eh… hola.

— ¿Qué fue eso? —Preguntó consternada.

Él rió un poco nervioso. —Solo estaba jugando… Bueno, ¿ha ocurrido algo?

—No, la verdad. —Ella se mostró incómoda, tenía su bolso blanco entre las manos y lo apretaba de vez en cuando.

—Oh, lo siento… Uh… Siéntate. —Le señaló los columpios que antes había ocupado con Emerald.

— ¿En eso? —Preguntó Platinum enarcando una ceja observando los columpios.

El rubio rodó los ojos. —Vamos, ¿es en serio? No nos vemos en tres semanas y vas a ponerte quisquillosa por el lugar en el que te vas a sentar.

—Tú no sabes qué personas se han sentado ahí.

—Ahora me vienes con complejo de Ruby-sempai. —Suspiró, pero no tardó en sonreír para sí mismo, pensó que momentos como esos jamás los volvería a tener. —Oh, cierto. ¿Qué ibas a decirme?

De nuevo la postura incómoda, ella, incapaz de mantenerse de pie, se sentó en el columpio ofrecido mientras colocaba su bolso en el regazo. Pearl la imitó, solamente que empezó a columpiarse como lo estaba haciendo antes.

—Le conté todo a mis padres.

Pearl dejó de jugar y se detuvo en seco, la miró con los ojos abiertos como platos y poco faltó para que su boca tocara el suelo, estaba sonrojado. — ¡¿Qué?! No, espera… ¡¿Me van a demandar?!

—No. —Dijo ella manteniendo la calma. —Les expliqué cómo sucedió todo.

— ¿Les dijiste que me violaste?

—Que te incité. —Corrigió ella mirándole gélidamente. —Y para ya de decir eso que fue acuerdo mutuo. —Suspiró. —En fin, me aconsejaron algunas cosas y me ordenaron que viniera a hablar contigo, que arregláramos las cosas.

—No es necesario, simplemente…

— ¿Fingiremos que no pasó nada? —Preguntó ella empezando a indignarse.

— ¡No! No me refería a eso…

Un minuto de silencio, Platinum habló. — ¿Qué es lo que te gusta de mí?

Pearl se mostró confundido, pero aun así la miró de pies a cabeza pensando la respuesta. Finalmente contestó: —Ni idea.

—No puedo decirte que te amo. —Dijo la azabache al escuchar la respuesta. —Porque francamente no lo he sentido antes… Tenías razón con lo de Diamond. —Reconoció pasivamente, debía admitir que se había equivocado. —Sin embargo, siento empatía contigo.

El chico se quedó mirándola como si le hubiese hablado en otro idioma, luego dedujo. — ¿Dices que no sabes si estás enamorada o no de mí?

—Pero quiero intentarlo… Sí. ¿Podemos?

La chica estaba ruborizada a pesar de tener su monótono tono de voz. Pearl se quedó callado, finalmente sonrió. —Por supuesto.

No hubo beso, no, ya habían tenido suficiente de eso y muy rápido en una sola noche. Pearl tomó su mano, irían lentamente disfrutando de cada momento. Platinum le regaló una sonrisa, ese chico le irritaba, era gritón, imprudente y poco elegante. Pero a final de cuentas era único y le fascinaba en cierta manera.

Pudo entonces entender algo. Cuando te gusta alguien, solo lo sientes, no tienes ni la menor idea de por qué te gusta. Simplemente es así y ya.

A Pearl le daba risa pensar que todo empezó porque le rompieron el corazón, pero bueno, al final, aquello tuvo sus beneficios.

— ¿Quieres comer algo?

— ¿Iremos a un restaurante?

—Un McDonald's o la heladería de la escuela.

Platinum suspiró. —Algo es algo.


Notas finales de capítulo: Yeah~ Final shojo-caca XD (el shojo no es caca, es amor)
De acuerdo, espero les haya gustado (a los que hayan leído suponiendo que aun hay gente que me lee). ¡Muchas gracias por leer!

Bueno, la información que quería dar es la siguiente.
ESTOY MUERTA
O algo así, soy una especie de zombi-escritora-estudiante. Lamento mucho haber desaparecido y lamento mucho más el hecho de que... seguiré desaparecida ^^U
La escuela me ocupa de tiempo completo, he entrado a un año nuevo y todo es muy... sencillo, pero las tareas abundan como pan caliente. No tengo tiempo para escribir, LITERALMENTE no tengo NADA de tiempo para mí. Eso incluye sábados y domingos. Hago tareas hasta media noche para madrugar a las cinco de la mañana e ir a los deberes de la escuela hasta las siete de la noche para llegar a casa a hacer tareas hasta media noche y así en un maldito círculo vicioso.

Si se dan cuenta, estoy publicando esto a media noche en mi país, en serio, lamento mucho no poder actualizar como debería. Es más, sí actualizaré, pero cada que pueda, ahora los horarios varían y subiré cada que se me de oportunidad.

¡KARIM! Si lees esto, NO he olvidado tus regalos, los tengo, pero extraviados en mi celular antiguo, así que a penas lo encuentre tendrás JoshRiku y Solangelo.

A todos los lectores de Karakuri, he leído todos los reviews, incluyo a los lectores de Infección en Hoenn y la SdlC (que ya nadie lee...), muchas gracias por el apoyo y me avergüenza no poderles corresponder con la puntualidad, no descontinuaré nada, terminaré esos fics SI o SI. Tengo todas las intenciones de terminarlos aunque me corten un brazo y tenga que pedirle a mi hermana que escriba por mí.

Bueno, me he extendido demasiado. Muchas gracias por leer, lamento mucho las tardanzas y espero poder volver pronto.

¡Nos leemos!