Muy buenas y constipadas noches a todos. (Ah y por cierto,)

¡Bienvenidos al reto!


Sí, porque yo soy así. Llega la primavera o la estación que sea (mi sistema inmunológico no es "raciestacionista", Joshua, atchú.) y la cuestión es que en esta vida debemos apreciar esos bellos momentos en la que nuestra nariz no está taponada o congestionada por El Diablo. (Palabra de Bell.)

Pero en fin, vamos al lío. (¡Nuevo fic!) Como ya sabréis todos (Beeeeeeeeeeell, ¡brasas!), podéis seguir la cuenta de El Reto mediante el FAV y Follow, leer todos los relatos y comentarlos si gustáis. (Muy pronto voy a darle al Reto, a sus participantes y lectores un pequeño homenaje.) Mandadme cuanto antes las dedicatorias que queráis dar a vuestros futuros lectores y si no os ha llegado aún vuestro capítulo editado, llegará.


Pero quién ahora comienza su semana para recibir vuestros reviews válidos como votos, es nuestra próxima participante de El Reto. Su nombre es Himawari. Es el décimo primer concursante y nos trae su relato: "Por un libro". Muchas gracias a todos por seguir el concurso, por estar ahí y por leer los fics. Hacéis que a los autores quieran seguir escribiendo y eso no tiene precio. Os dejo con la concursante número once, que tiene algunas palabras que deciros. ¡Mucha suerte!

¡Hola mundo! Gracias por pasar a leer mi relato, soy Himawari. :3 Y para serles sincera hace eones que no escribía una historia de Soul Eater, pero nunca me dejó de gustar. Con mi práctica perdida en el fandom no estoy segura que reacción tendrá la gente al leerlo, pero yo me doy por satisfecha con el resultado. Una mezcla de amor inocente, dulzura en primeros encuentros y el nacimiento de ese amor que todos queríamos ver en un universo como el nuestro. No me alargo más, ¡disfruten la lectura! :)

Himawari.


Por un libro

Soul nunca fue la clase de chico que llamara la atención, o al menos no del tipo que hacía escándalos para que las chicas lo notaran. Pero aun así tenía un grupo de fans bastante considerable, que se derretían por sus plateados cabellos de recreo en recreo. Él ni siquiera parecía esforzarse. Sólo era el típico chico malo que no estudiaba para las pruebas y que no parecía interesado en nada ni nadie. Eso fue lo primero que llamó mi atención de él. Sin la necesidad de nada más que su presencia lograba que perdiera la concentración.

La primera vez que me habló fue algo parecido al apocalipsis para mí.

Yo no era precisamente una persona que entrara en pánico con facilidad. Todo lo contrario, y me había ganado mi fama así. Una nerd enojona y solitaria. Siempre iba con mis libros de aquí para allá y mi círculo de amigas era básicamente inexistente, de no ser por mi amiga Tsubaki que de vez en cuando me arrastraba a su propio círculo. No habría socializado en toda la secundaria.

—Oye, Maka —escuché su voz en mi espalda y su mano afirmándome del todo. Podría jurar que me engrifé igual que un gato. Empecé a boquear como si fuera un pez fuera del agua y mis piernas con rapidez, tratando de sacarme del apuro, emprendieron rumbo a cualquier lado.

Rápidamente me perdí por los pasillos, dejando a Soul mucho más atrás.

No, no era la primera vez que oía su voz por supuesto, pero tal vez sí la primera vez que la escuchaba tan cerca y que decía mi nombre. Eso descontando que no estaba preparada para mantener una conversación medianamente decente en ese instante, había sido razón suficiente para salir huyendo.

Sí, ese chico me gustaba, y me gustaba mucho. Nunca habíamos mantenido una conversación real y nunca le veía en clase porque se las saltaba. Y aun así me gustaba. Tal vez era por la manera en que sonreía cuando encestaba jugando al baloncesto, o por cómo una vez lo vi en la calle bajando a un gato de un árbol. Pero fuese por lo que fuese, últimamente no me lo podía sacar de la cabeza. No podía no voltear a mirarle cuando pasaba a mi lado en los pasillos, no podía no caminar un poco más lento cuando al pasar por la cancha de baloncesto le veía saltar y colgarse del aro. No podía no buscarlo en las clases en las que coincidíamos, aun cuando sabía que tarde, mal y nunca se presentaba. No podía no sentir un hueco en el corazón cada vez que escuchaba que alguna chica planeaba declararse. "¿Y si le correspondía? ¿Y si ambos sentían lo mismo?"

Sin embargo, él y yo éramos muy distintos, lo tenía tan claro como el agua y es por eso mismo que no podía no huir al tenerlo cerca. Él nunca estudiaba y yo basaba mi existencia en ello, él estaba rodeado de admiradoras y amigos y yo… Bueno, mi reputación de mal genio le alejaba. Era ligeramente egocéntrico, se veía reflejado en como sonreía, y yo con suerte sabía cómo sonreír bien sin que apareciese una extraña mueca en mi rostro. Él era sarcástico y por lo que había podido ver, molestoso, y yo muchas veces captaba las bromas media hora después de haber sido dichas, nada que decir del sarcasmo, claro. Él era, no sé, atractivo, y yo, bueno, dejo mucho que desear en más de un ámbito.

A diferencia de todas las chicas que se le acercaban, yo no podía. No me comparaba. Entonces, "¿cómo fue que a pesar de esta falta de interacción, confianza y puntos en común estamos más juntos que nunca?"


Maka siempre me había fascinado.

Black Star se burlaba de mí constantemente por lo mismo. Una vez me vio observándola leer enfrascada un libro y fue cuando cavé mi propia tumba. Black me vio en pleno acto y desde ahí que no ha tenido con qué aburrirse. Para mi suerte, cuando se fijó en Tsubaki y se enteró de que Maka era su mejor amiga, las burlas tuvieron un placentero final.

Sin embargo para Black y su ego, no era suficiente que él tuviera a la chica de sus sueños, si no que quería complacerme a mí también (y saber que era gracias a él, y que le debería un gran favor si resultaba). Por lo que le pidió reiteradas veces a Tsubaki que saliéramos como grupo, sus amigas, nosotros (con Kid, obviamente), todos juntos a jugar videojuegos, o al cine. A donde fuera. Con tal de que así yo llegara a ver a Maka, y tal vez, si no decía alguna estupidez como solía pasarme cerca de mis amigos, podríamos hablar y acercarnos.

Pero Maka nunca apareció.

Todas las veces que nos juntamos y sus amigas venían, de ella no había ni rastro.

Así que sólo me podía conformar con verla en los pasillos, con observarla de lejos de vez en cuando, con tirar algún comentario estúpido para llamar su atención al pasar cerca. Lo que fuese con tal de que me mirara un par de segundos con esos ojos verdes que tenía, un día llegué a hacer tropezar a Black para que con la conmoción mirase.

¿Patético, no?

Tenía a un tercio de la escuela detrás de mí y yo sólo quería que ella me mirase por un par de segundos al caminar en el pasillo. Su atención.

Y entonces se me presentó la oportunidad perfecta para hablarle.

Fue una bendición caída del cielo, sólo que no fue una bendición, fue un grueso libro de álgebra y no cayó del cielo, sólo del bolso de la rubia ceniza que tanto me encantaba. Esperé un par de segundos para ver si alguien se adelantaba con mi tan anhelado plan y al ver que nadie se levantaba a recogerlo me aventuré lentamente por el libro. Lo tomé con cautela y caminé detrás de Maka, sintiéndome como un idiota porque no tenía ni idea de que decirle. Pero ya tenía el libro en mis manos y un par de personas me habían visto tomarlo así que no había vuelta atrás.

Al ser más alto busqué el color de su cabello entre la considerable cantidad de personas que deambulaban por los pasillos, y cuando la encontré eliminé la distancia entre los dos con un par de zancadas.

—Oye, Maka —sentía la voz estrangulada por los nervios, pero aun así sonó más o menos natural. Para no perder la actitud frente a las personas que se voltearon al escuchar mi voz, fruncí ligeramente el ceño y la tomé del codo; para que se detuviera.

Pero claro, debía habérmelo esperado, se zafó como si nada de mi agarre y continuó concentrada en su carrera por los pasillos. Dejándome como un tonto con una mano estirada y la otra afirmando un libro de mates que no era siquiera mío, detenido en medio de la masa de gente que avanzaba.

Sentí una palmada en mi hombro.

—Tendrás que intentar más que eso si quieres llegar hasta ella, hermano —Black soltó una carcajada, al ver que seguía estático me soltó un golpe—. Despierta, hombre. De seguro no te escuchó, anda, vamos.

—¿Qué más puedo hacer? Es como si me evitara. Cuando salimos y sabe que voy no va, y cuando me ausento aparece. La llamo e incluso la afirmo y sigue con su camino. Joder, seguro me odia y yo tengo ni idea de porqué…

—Pareces una chica ahora. Mejor te voy a dar una idea. ¿Ustedes comparten un par de clases o no?

Y se me prendió el foco. Por supuesto, las clases, ahí no se podría escapar, le encantaban los salones. ¿O no? Y siempre llegaba antes (No es como que la espiase ni nada, eh). Era cosa de saber buscar para encontrarla.

—Black —le miré iluminado por su absoluto conocimiento y benevolencia (ya quisieras, Black Star)—. Eres el mejor.

—Lo sé, lo sé...


Matemáticas. Siempre es la mejor clase para distraerme y no pensar en chicos, y era la hora de aprovecharla como es debido. Me senté donde siempre y revolví en mi bolso para adelantar un poco la clase antes de que empezara. Estaban mis libros de historia, los de biología, física... ¿Y mi libro de álgebra?

El corazón me latió desesperado a mil por hora. Nunca en la vida había perdido un libro, jamás de los jamases. Y no podía ser que esta fuese la primera vez. Era inaudito, necesitaba ese libro para distraerme y no pensar en...

—¿Buscas esto? —Soul.

Me giré lentamente, casi mecánico, y lo vi sentado al lado mío, donde usualmente se sentaba Tsubaki, o Patty o alguna de las chicas. Pero no había rastro de ninguna y en su lugar tenía un nuevo problema. Sin decir nada me estiré para quitarle el libro de las manos, y Soul siendo más ágil lo alejó.

—¿Po-Por qué lo tienes tú? —mi voz sonó más chillona de lo normal, y, diablos. No quería tartamudear.

Yo no tartamudeo.

—Se te cayó —mencionó con indiferencia. "Ah... ¿Por eso me había hablado?"

Sentí la desilusión resbalándose en mi interior. No me dirigió la palabra porque quisiese hablar conmigo. Me habló sólo para pasarme el libro.

—Gracias por traerlo —murmuré.

El corazón ya no me tamborileaba en el pecho, lo sentía detenido en su lugar. Estático. Suspiré, como si eso fuese a calmar el dolor que se había instalado en mi interior. Estiré la mano para tomar el libro y terminar con ese momento, pero lo alejó una vez más de mí.

—Dámelo —le espeté, ya no tan amable.

Me estaba empezando a irritar, sin mencionar que no dejaba de ponerme nerviosa. Tenerlo sentado al lado mío, hablándome.

—No todavía.

Una sonrisa, entre traviesa y torcida cruzó su rostro e inevitablemente las comisuras de mis labios se alzaron; imitándole.

—¿Todavía?

—Quiero una recompensa por este tesoro —Sus dedos recorrieron mi tan preciado libro de álgebra mientras me miraba, como si estuviese pensando qué hacer con él—. No, una, mejor dicho dos. Sí, dos recompensas por tu preciado libro.

—¿Y cuál es tu precio? —decidí seguirle el juego. Así que apoyé el mentón en la palma de mi mano y le observé perspicaz con una media sonrisa.

—Primero —tomó el libro y lo dejó detrás suya, en la silla. Aún más lejos de mi alcance—. Quiero que me expliques por qué no te detuviste cuando te llamé en los pasillos.

—¿Qué tú... ¿Ah? —me mordí la lengua, no podía decirle que había huido—. No te escuché.

—No te creo —se acercó un poco más, a mi lado. Apoyándose en el respaldo de la silla.

—Pues no me creas —le sonreí desafiante.

Hizo un mohín y volvió a tomar el libro.

—Y sobre mi segunda recompensa —prosiguió, colocando el libro entre ambos—. Quiero que me enseñes.

—¿Qué?

—Eso, quiero que me enseñes lo que haya en este libro. Después de clases, o en los recreos, cuando puedas. Esa es mi recompensa —se aproximó tanto a mí, que sentí su respiración al borde de mezclarse con la mía—. Mi recompensa será tu tiempo.

—¿Mi tiempo?

—Justamente —dejó el libro en mis manos y se levantó—. Nos vemos después, profesora.

Y así tal y como entró, se fue de la sala. Dejándome a mí y a mi corazón un poco más alborotados de lo normal.


Al salir de esa sala, las piernas se me hicieron gelatina. "Casi, casi, literal," de no ser porque encontré rápidamente a Black Star. Que se convirtió en mi muleta por las horas próximas a mi encuentro cercano con Maka.

Las semanas siguientes a la primera vez que hablamos fueron increíbles. Maka sí cumplió su parte y me empezó a "enseñar" álgebra, pero a las pocas clases se dio cuenta que yo ya sabía y que de hecho era bastante bueno con las matemáticas. Pero ella no lo había podido apreciar porque me saltaba las clases…

Rápidamente, una vez que las clases ya no tenía sentido, ya que me estaba enseñando cosas que ella y yo bien sabíamos, empezamos a buscar mutuamente razones para vernos con la misma frecuencia. Una duda en historia me permitía quedarme con ella después de clases, que ella también tuviese dudas era fantástico, aunque no sabía si se las inventaba para verme o si realmente no sabía. Me daba igual, pasar con ella minutos entre clases o compartir miradas en los pasillos era algo que simplemente me había parecido impensable antes de que se le perdiera aquel dichoso libro.

Un día, simplemente vernos luego de clases no fue suficiente.

—Oye —le sugerí a la salida, un día, sin saber muy bien porqué ni de donde saqué las fuerzas para hacerlo—. Quieres... Um, ¿quieres ir por un helado?

Maka se mantuvo estática en su lugar, mirándome como si no entendiera de qué le estaba hablando, hasta que una pequeña sonrisa se empezó a asomar en su comisura.

—Claro...

Y así podríamos decir que pasó todo. Así alguien como ella se fijó en alguien como yo.

Es verdad que a veces peleamos, o nos enojamos, o incluso a veces me golpea y me grita como si no hubiese un mañana. Es verdad que a veces comete errores y de la misma manera los cometo yo. Pero, "¿saben algo?" Si tuviese que tomar la decisión de volver a recoger ese libro perdido, e ir a buscarla de nuevo a ese salón. Lo haría mil veces.

Una y mil veces más, por ella.