¡Feliz lectura!

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Sólo será un año

Tras la visita de aquel joven del futuro que destruyó a Freezer, parecía que la relación de Bulma y Yamcha iba de mal en peor. Por un lado, el lobo del desierto no cesaba de tener escarceos amorosos con diversas admiradoras de su club de fans, escarceos que, algunas veces eran descubiertos por la peliazul y que otras veces pasaban desapercibidos.

Eran muchas las veces en las que la científica, tras haber hackeado el teléfono móvil de su novio, leía en su computadora los tórridos mensajes de texto que el muchacho mantenía con sus amantes. Y no le decía nada. Bulma no era capaz de reclamarle a su novio y armarle una escena de celos como bien había hecho antaño, y es que ella era tan pecadora como él.

Desde hacía varios meses estaba manteniendo apoteósicas relaciones sexuales con el príncipe de los saiyajins que acogía en su casa. ¿Y cómo no hacerlo, si estaba volviéndose totalmente loca por aquel engreído guerrero? Todo empezó por pura atracción física, pero poco a poco su corazón estaba siendo invadido por el temible guerrero. Sabía que no sería correspondida, pero no le importaba. Estaba viviendo la mayor aventura de su vida, tanto a nivel sexual como emocional, y se sentía más viva que nunca.

La llama del amor entre ella y Yamcha estaba menguando rápidamente. Cuando estaban juntos se comportaban como amigos, y cuando hacían el amor era todo forzado y aburrido…ya no había atracción en absoluto. Y el colmo para terminar de apagar su relación, fue la decisión del ladrón del desierto de marcharse a entrenar durante al menos un año en las afueras de la civilización.

Flashback:

/ — ¡¿Cómo que te marchas por un año?! ¡¿Es que acaso no puedes entrenar aquí?! — gritaba la científica indignada. — Bulma, sabes muy bien que la ciudad no es lugar para un entrenamiento como el mío, necesito espacio, soledad y concentración — intentó explicar el muchacho.

¡Estupideces! Te puedo hacer una cámara de gravedad exclusiva para ti, no la tendrías que compartir con Vegeta — ofreció la peliazul sincera. — ¡Yo no entreno con cámaras de gravedad! ¡No soy un saiyajin ¿sabes?! Vamos nena, solo será un año, quizá un poco más, hasta que me sienta preparado, quiero dar todo de mí contra esos androides — dijo el ladrón del desierto suplicante.

¿Y en todo ese año no vendrás a verme? ¿Ni una visita? ¡¿Cómo puede ser eso?! — demandó la muchacha enojada. — Ya te lo he dicho Bulma, necesito alejarme para concentrarme, si vengo a visitarte perderé mi fuerza de voluntad y seguro que me vuelvo a abandonar, tengo que estar aislado, me conozco muy bien y es lo mejor que puedo hacer — argumentó el moreno.

O sea, que pasar algún día de descanso con tu novia te haría perder la forma… ¿sabes lo que creo Yamcha? Creo que lo que quieres es dejarme y aquí ves la oportunidad para enfriar nuestra relación… ¡aún más de lo que está! ¡Por Kami! Desde que resucitaste apenas has pasado tiempo conmigo, siempre estás ocupado con tus partidos y tus eventos sociales…por no hablar de esas niñatas que te persiguen…Yamcha, si quieres que lo dejemos dímelo ya y se acabó — soltó la científica decidida.

¡Estás loca! ¿Ahora me saltas con eso? Sabes que mi trabajo como deportista de élite es así, ya lo hemos hablado muchas veces… No quiero dejarlo contigo Bulma. Eres la mujer de mi vida y sé que jamás encontraré a ninguna como tú. Sé que últimamente lo nuestro se ha enfriado. Pero te prometo que cuando toda esta pesadilla de los androides pase me tendrás en exclusiva para ti. — añadió el joven tomando a su novia por la cintura.

Bulma dio un fuerte suspiro de resignación y abrazó a su novio por la espalda. Se sentía tan confusa… por un lado le tenía un gran cariño especial a Yamcha. Era su novio de toda la vida, su primer amor, el hombre con el que se suponía que iba a envejecer… pero por otro lado ese hombre no la satisfacía en absoluto, y además él le había sido infiel ya en varias ocasiones. Ocasiones en las que ella montaba un drama, lo dejaban por un tiempo, y después volvían con promesas de arrepentimiento y de empezar de cero…

Ahora ella ya no montaba dramas, ya no le importaba porque ella había caído igual de bajo que él siéndole infiel con el endemoniado saiyajin. ¿Qué sentido tenía mantener esta relación si ninguno de los dos le era fiel al otro? Pero por otro lado…Yamcha además de su primer novio, era su amigo, su confidente, era un buen hombre, un hombre de buenos sentimientos que luchaba por el bien, que defendía a sus amigos, que no dudaría en sacrificarse por ellos…Nada que ver con cierto príncipe arrogante.

Temía que Vegeta la mandase al carajo de un día para otro, ya que aquel maniaco de la lucha solo la utilizaba como juguete sexual. Sabía que nunca podría tener a semejante espécimen como pareja, que no tenía futuro con él. Y eso es lo que le hacía dudar de romper definitivamente su relación con Yamcha. El miedo de tirar tantos años de relación por la borda por un tipo que solo la veía como a un trozo de carne.

Está bien Yamcha. Ve a entrenar y ponte bien fuerte. Al menos llámame de vez en cuando, ¿de acuerdo? — dijo resignada, aún sabiendo que el hecho de que Yamcha la dejara sola todo un año con Vegeta viviendo en su casa no era una gran idea. — Por supuesto que te llamaré, gracias por comprenderme nena — concluyó el moreno plasmando un tierno beso en los labios de la peliazul./

Final del flashback.

Y aquel año de entrenamiento había pasado rápidamente. Ese año fue tiempo más que suficiente para que Bulma terminara por enamorarse incondicionalmente del saiyajin. Su relación con el poderoso príncipe había crecido significativamente. Aunque sus encuentros se seguían basando prácticamente en sexo descontrolado, lo cierto es que ambos habían desarrollado una complicidad y camaradería que podía palparse en el ambiente.

Vegeta ya no se preocupaba solamente por él durante el sexo; ahora se dejaba la piel para brindarle a la terrícola el mayor número de orgasmos posible. Gozaba de sobremanera viéndola temblar de placer entre sus brazos, y un sentimiento de posesión lo embargaba por completo. Ya no la consideraba tan solo un juguete para pasar el rato. Ahora ella era su hembra. Eso no significaba que la amara como ella hacía con él, pero sí que la consideraba como una valiosa propiedad privada. Además, el guerrero empezaba a disfrutar realmente de sus discusiones diarias con ella, hasta el punto de ser él quien provocaba las disputas para hacerla enojar. Sin darse cuenta, el malvado saiyajin estaba adentrándose en aquellos débiles sentimientos humanos que siempre criticaba.

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Esa tarde, el guerrero tuvo que abandonar su enfermizo entrenamiento en la cámara de gravedad debido a las tareas de auto-mantenimiento que la máquina realizaba periódicamente. Y para matar el tiempo, al príncipe no se le ocurrió nada mejor que sumergirse en las sábanas de la peliazul durante toda esa tarde. Ya iban por el cuarto round y Vegeta no daba señales de cansancio.

Bulma parecía estar en otra dimensión, aquella dimensión en la que su cuerpo experimentaba el placer máximo que ningún ser pueda sentir. El guerrero la tenía prisionera entre su cuerpo y aquel gran colchón que temblaba como si hubiera un terremoto en la habitación. Pero algo hizo que de repente el príncipe parara en seco. Con su ceño más fruncido de lo habitual, miró hacia la puerta del dormitorio agudizando sus sentidos. — Está aquí — dijo el guerrero en tono serio. — ¿Quién? ¿Qué pasa Vegeta? — preguntó Bulma intentando recuperar la respiración con rápidos jadeos. — Tu insecto, y viene para acá — declaró el saiyajin con media sonrisa en los labios. — Que…¡¿Qué?! ¡¿Yamcha?! ¡¿Está aquí?! ¡Por Kami, muévete! — gritó la peliazul apartando en un brusco movimiento a Vegeta. — ¡Vamos, sal por la ventana! — ordenó la bella científica al guerrero. — Ni hablar, yo no voy a ninguna parte…— respondió el saiyajin divertido. — Vegeta por favor, ¡te lo ruego! ¡Si me ve así me muero! — suplicó la muchacha desesperada mientras se vestía a velocidad de la luz. — Pues sal tú por la ventana, yo no me voy a morir si me ve "así" — contestó disfrutando el príncipe. — ¡Esta es mi habitación! ¡¿Qué se supone que haces en mi cuarto desnudo?¡ — gritó la muchacha al borde del llanto. — Pues follarte. ¿Qué voy a hacer si no? — espetó el saiyajin con tono burlón.

A Bulma estaba a punto de darle un síncope de ver que su amante no hacía amago de colaborar en absoluto para salvar su dignidad. Realmente estaba empezando a considerar la idea de saltar ella misma por la ventana. Para aumentar más la tensión, una lejana voz se escuchó por el pasillo: — ¿Bulma? ¿Estás en tu cuarto nena? — preguntó en voz alta el recién llegado ladrón del desierto.

¡Vegeta, por Kami, no me hagas esto! — volvió a suplicar la científica tomando al orgulloso guerrero por los hombros. — ¿Y por qué no debería hacerlo? ¿Acaso vas a volver a jugar a ser la noviecita de ese cretino? ¿A fingir que no soy yo el que te hace mojar las bragas? ¿Cómo se puede ser tan cínica? — soltó Vegeta enojando su tono cada vez más. — No Vegeta, no voy a volver con él, ni mucho menos, ¡pero no puedo cortar de esta manera tan humillante!. ¡Tengo que hablar con él, terminar con dignidad! ¡No quedando como una miserable traidora! Por favor…— rogó la peliazul con lágrimas en los ojos.

¿Bulma? ¿Estás ahí? — preguntó Yamcha tocando suavemente a la puerta.

Automáticamente, Bulma sacó una fuerza que no sabía que tenía y empujó a Vegeta fuera de la cama. En un movimiento reflejo, corrió la puerta de su armario, y de un tirón en el brazo lo metió adentro. El príncipe se dejó hacer, ya que las suplicas de su hembra terminaron por hacer mella en él. Pero eso sí, si la científica no mandaba al insecto a paseo en el acto, rompería el armario y los mataría a los dos.

Yamcha entró al fin a la habitación. Solo un segundo antes y hubiera visto el trasero de Vegeta entrando en el armario.

¡Bulma, nena! ¿No me escuchabas? — dijo el muchacho corriendo hacia ella para abrazarla. — Yamcha…qué alegría verte… Es que estaba hablando por teléfono… ¿Por qué no me avisaste que venías? — preguntó la peliazul fingiendo una sonrisa y apartándose disimuladamente del guerrero para que no notase su estado. — ¡Quería darte una sorpresa! La verdad es que pensaba volver la semana que viene, pero últimamente he estado pensando demasiado en ti y ya no podía aguantar más — explicó el moreno con su mejor sonrisa.

Yamcha volvió a acercarse a su novia para finalmente abrazarla y besarla, pero ella dio un paso atrás, dejando al joven de nuevo con la miel en los labios. — ¿Qué pasa nena? ¿Por qué me huyes? Estoy limpio, me duché solo hace un rato… — preguntó extrañado el muchacho.

Un chasquido burlón se escuchó levemente procedente del armario. Por suerte la científica fue la única en percatarse de él. — Yamcha, verás…tenemos que hablar. Ha pasado mucho tiempo desde que te fuiste y…me temo que mis sentimientos hacia ti han cambiado — dijo la muchacha bajando su mirada hacia el suelo. — Bulma…no me digas esto…no me digas que vas a dejarme— dijo el lobo del desierto con gran tristeza.

Esta vez se escuchó un insinuante carraspeo sonoro desde el armario.

¿Qué ha sido eso? — preguntó el joven desconcertado por el extraño sonido. — Oh, nada, es la alarma de mi teléfono móvil que es rarita… — mintió la peliazul maldiciendo internamente al odioso saiyajin. — Yamcha, vamos al salón, allí hablaremos mejor — pidió la muchacha cada vez más nerviosa.

No Bulma, lo que me vayas a decir dímelo ya y así me voy cuanto antes — añadió el muchacho entre triste y enojado. — Está bien. Ya no te amo Yamcha, lo siento. No como pareja. Por supuesto que te tengo un gran aprecio y cariño, has sido una persona muy importante en mi vida. Pero durante todo este año que has estado fuera me he dado cuenta de que no te he echado de menos. He tenido tiempo para reflexionar y al final he llegado a la conclusión de que ya no estoy enamorada de ti. Lo siento mucho, Yamcha — concluyó la científica con tristeza en la mirada.

Bulma… yo…yo no pensé que dejarte sola este año iba a provocar esto…yo…pensaba retomar contigo nuestra relación con más fuerza que nunca… pensaba que tú eras consciente de que yo estaba haciendo este sacrificio para hacer frente a esos androides que vendrán…para poder tener un futuro en paz contigo…Bulma…— terminó el joven con la mirada perdida en los zafiros de la muchacha.

Ahora se escuchó el amago de una risita desde el armario, pero por fortuna, Yamcha estaba tan afectado por la situación que no pareció darse cuenta.

Yamcha, el hecho de que me hayas dejado sola este tiempo no tiene nada que ver. Esto es algo que tarde o temprano iba a pasar. Sabes perfectamente que nuestro amor se estaba apagando. Creo que te mereces estar con una chica que realmente te ame, Yamcha. Perdóname — apostilló la peliazul con gran sentimiento de culpabilidad.

Tras unos segundos de silencio sepulcral, el muchacho finalmente habló:

Está bien. Vaya… esto sí que es un jarro de agua fría. Pero si realmente es lo que sientes, de nada me va a servir suplicarte que no me dejes. De todas maneras, ya sabes que he vuelto a la ciudad. Si en cualquier momento quieres hablar, o tienes alguna duda…ya sabes que puedes contar conmigo — añadió el luchador con los ojos vidriosos.

Gracias Yamcha. Gracias por entenderlo — dijo la científica con la mirada entristecida. — Bueno, me marcho entonces. De todas maneras,… estamos en contacto para la batalla, ¿no? — preguntó el ladrón del desierto con la voz entrecortada. — Claro, cuenta con ello. Te acompaño a la puerta — se ofreció la muchacha amablemente. — No, déjalo, ya conozco el camino. Ya nos veremos, Bulma. Adiós.Adiós Yamcha, cuídate — respondió la científica con media sonrisa llena de tristeza.

El muchacho abandonó la habitación y pronto se escuchó el sonido de su ciclomotor arrancando hacia la calle. A Bulma le temblaban las piernas. La confusión de sentimientos era tal que su cerebro no lograba procesar tantas sensaciones. Pero hubo algo que su mente no tuvo dificultad en procesar: no se sentía mal por haber dejado a Yamcha. Nada. Ni un poquito. De hecho sentía que se había quitado un gran peso de encima. Y al mismo tiempo, el hecho de no sentirse mal la hacía sentirse culpable por ser tan fría. "Por Kami, ¿se me estará contagiando la frialdad de Vegeta" — pensó internamente.

Vegeta al fin corrió la puerta del armario estrepitosamente y salió al exterior de un brinco. — Vaya vaya… con que se te ha apagado el amor…Yo además le habría contado que hay alguien que te enciende como jamás lo hizo él ¿no crees que se te ha olvidado ese detalle? — dijo el saiyajin con la diversión reflejada en su cara.

No había necesidad de humillarle. Es un buen chico. ¡¿Y tú no podías aguantarte tus ruiditos?!...parece que te lo has pasado muy bien…— explicó la muchacha enojada. — Da gracias que no he roto el armario y he acabado con vuestra estúpida charla de un golpe. Casi vomito con tanta cursilería — añadió el príncipe con arrogancia.

Ya, claro… bueno, si me disculpas…voy un momento al baño a tener tranquilamente un ataque al corazón — dijo la peliazul encaminándose al cuarto de baño del dormitorio. — Vah. Pero no tardes mucho, que tienes que terminar lo que habías empezado, ¿eh? — señaló el príncipe tumbándose de nuevo en la cama con las piernas abiertas.

Bulma lo miró, y tras un largo suspiro giró sus ojos hacia el techo y entró en el baño finalmente para ponerse bajo el chorro de una ducha relajante. Vegeta no pudo evitar formar una pícara sonrisa de satisfacción y diversión por lo que había presenciado.

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Notas del autor: Que pena me ha dado Yamcha en este capítulo. Aunque realmente él también se estaba aferrando a una relación imposible que realmente él tampoco deseaba. En fin, espero que lo hayan disfrutado.

Muchísimas gracias a Lg, sky d, Smithback, Kharlasevsnape, Kaito Scarlet P. F, Coralyna, Karen, Ann… y a todos los que me dais ánimos para continuar.

Me alegro muchísimo de entreteneros! :D

Un abrazo grande!

Colli.