Epilogo.

Ciudad de Tokio, Japón. Un día después de finalizar la invasión kraang.

La oficina se encontraba prácticamente en penumbra, la única luz era la que salía de la pantalla del televisor sujetado al fondo, donde una rubia reportera americana informaba sobre la historia de mayor relevancia en el momento.

– Es así como estos mutantes se volvieron los héroes no sólo de la ciudad, sino del mundo entero, ayudando a la Fuerza de Protección Terrestre a detener la invasión y al terrorista conocido como Destructor, quien se presume murió durante el ataque a la nave…

El televisor se apagó repentinamente quedando dejando el lugar en una oscuridad parcial, salvo por las tenues luces de la calle que se colaban por el ventanal.

— ¡Esto es intolerable! — exclamó repentinamente Tsuyoshi levantándose de su lugar donde había permanecido arrodillado junto a Kitsune, quien siguió ecuánime ante la abrupta reacción de su compañero —. Oroku Saki era nuestro objetivo primario, debimos actuar de acuerdo a lo planeado y entonces lo tendríamos aquí con vida, ¡pero ahora está muerto!

— ¡Siéntate Tsuyoshi! — le ordenó con autoridad la figura detrás del elegante escritorio que coronaba la oficina. Aun en medio de la oscuridad que impediría a cualquiera identificarlo, Tsuyoshi podía detectar ciertos rasgos que le hacían saber que su reclamó le estaba molestando, por lo que enseguida volvió a arrodillarse ofreciendo una disculpa —. Kitsune, dime ¿qué opinas?

— Sin duda Saki era un buen candidato — respondió la mujer con un tono casi ceremonial y pausado —, pero no estaba convencido, además de que su corazón no siempre estuvo lleno de odio. Yami es otra cosa.

— ¡Pero es inútil mientras permanezca dentro la tortuga! —intervino nuevamente Tsuyoshi exaltado, en esta ocasión no fue necesario la intervención del hombre en el escritorio, pues bastó solo una mirada de reproche para que el japonés volviera a guardar silencio, apretando los dientes con coraje.

— Lo que dice Tsuyoshi es cierto, pero parece que ya lo tienes solucionado o ¿me equivoco? — cuestionó a Kitsune quien levantó el rostro para mirarlo de frente.

— El inquilino se adapta, pronto comenzará con su labor y podremos liberar a Yami de su prisión — respondió con total seguridad.

— ¿Cuánto tiempo? — le preguntó con aparente tranquilidad.

— El proceso puede tardar algo de tiempo, realmente es un estimado entre cinco u siete años — respondió sin aspavientos.

— ¡Es lo que te decía! — interrumpió nuevamente Tsuyoshi —. La próxima noche más oscura es en pocos días ahora tendremos que esperar más tiempo para la ceremonia. Si hubiéramos…

Antes de que continuara, una daga se clavó justo entre sus piernas a escasos centímetros de sus genitales, haciendo que guardara silencio de inmediato.

— Última advertencia — le dijo el hombre mostrando su mano donde sostenía otra daga similar a la que le había arrojado —. Entonces Kitsune, ¿qué dijo nuestro Señor?

— Nuestro Señor ha esperado por siglos a alguien como Yami, no le importa esperar un tiempo más.

— Bien, entonces así será — comenzó a mover la daga como si fuera un péndulo sobre el escritorio donde se encontraban varias fotos de Karai y las tortugas, tomadas por sus subordinados —. Nadie intervendrá hasta que el proceso esté terminado ¿entendiste Tsuyoshi? — el japonés simplemente murmuro un "" apenas perceptibles, poco convencido —. Dejaremos que los discípulos de Yoshi y la traidora de Karai disfruten su victoria, que vivan sus vidas con alegría, y cuando llegue el momento… — en ese instante dejó caer la daga atravesando todas las fotos y la superficie del escritorio sin importar lo costoso que era — ¡les quitaremos todo!

N/A: Nos leemos pronto.