Nota: Pyro es un personaje tan genial, que lamento no hallar más historias sobre él. Así que he decidido hace una yo misma (aunque quizás dé asco).

AU porque… no sé, así me salió. Empezamos.


—¿Seguro no quieres asistir? —insistió con la pregunta, el hombre calvo en sillas de ruedas frente a él.

—¿Acaso no lee mi mente? —le cuestionó él, con una sonrisa soberbia, sin dejar de abrir y cerrar el encendedor Zippo en su mano.

—John... —le respondía dedicándole una sonrisa amable—sabes que prefiero tener el permiso de los dueños antes de inmiscuirme en sus mentes.

—Pues lea la mía. Porque estoy seguro de que no quiero ir. —Bajó la mirada, tratando de contener la ira por la insistencia de la pregunta—. Ahora... —Se giró sobre sus talones, dirigiéndose a la puerta—. Si eso es todo, me retiro. Gracias por darme la noticia personalmente —concluyó antes de marcharse.


Nota: Y así comenzamos esta historia. Muy vago, quizás confuso, pero sobre el final todo se explica y se comprende (o quizás antes, no sé si soy buena con el suspenso).

Cualquier crítica, tomatazo o insulto será bien recibido (?… En serio, lo estaría necesitando. Gracias por estar ahí (si es que hay alguien).