Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, Draco iría con Harry a la Torre de Astronomía, y no precisamente para estudiar.

Este fic ha sido creado para los "Desafíos" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black"

N.A: Bueno, finalmente el último capítulo. Quiero agradecer los que han llegado hasta acá, principalmente a: Kristy SR, Acantha-27, , almamikan, chibikaleido, DianaKeehl y los anónimos que estuvieron presente en todo el transcurso. Los amo –envía corazones gays por correo.


La gran apuesta

~o~

Irresistible tentación

Decir que Harry estaba molesto, sería un eufemismo.

Molesto en sí, no. Irritado y bastante incómodo sería una posibilidad próxima si entendiera el motivo de sus pensamientos y estúpidas acciones.

Pero la verdad sea dicha: aún no comprende qué sucedió aquel día en los baño del tercer piso.

Ha transcurrido una semana larga e interminable donde los pensamientos de Harry van desde los más inverosímiles hasta los más oscuros. No es capaz de llegar a una razón lógica y eso le desespera a niveles cósmicos.

¿Por qué Malfoy dijo aquello? ¿Sería por el beso?, pero entonces debió haber actuado así desde hacía mucho tiempo atrás y no aquel día, aquel encuentro…

¿Sería por la apuesta? Un horrible peso lleno de vergüenza y consternación con algo más que no pudo identificar, se instaló en el estómago, asfixiándole lentamente. ¿De verdad sería por la apuesta? El sólo pensamiento le hace querer disculparse una vez más por sus estúpidas acciones y por dejarse llevar, pero sabe que será inútil.

Esta vez quisiera disculparse de verdad, pero está seguro que Malfoy no querrá verlo. En realidad, parecía bastante molesto, mas Harry no halló un odio verdadero en aquellos ojos, sino… no lo sabía, parecía inmensa e insondable amargura, Harry nunca ha sido muy bueno en darse cuenta de las cosas.

Y quizá eso es lo que más le irritaba.

La semana ha pasado con lentitud, tortuosa y solitaria. Los chicos buscan el porqué de su miseria y el único pensamiento ilógico, pero que le hace sentir extrañamente bien consigo mismo, es su deseo por hablar con Malfoy.

¿Para qué? Aún no lo comprende. Es obvio que el rubio pasó de sí y malinterpretó las circunstancias, ¿pero por qué tiene esa desesperante necesidad por aclarar las cosas?, por querer verdaderamente disculparse. Malfoy siempre ha sido su enemigo, el que no podía vivir sin estar insultándole o recordándole a sus padres fallecidos. La mayoría de los infortunios que ha padecido han sido por su causa.

Debería dejar que Malfoy se hunda en sus propias circunstancias. Harry no quiere mancharse.

Y sin embargo… es tan contradictorio que desee de igual forma que aquellos infortunios vuelvan a suceder porque en su interior y lo sabe con certeza, su convivencia con Malfoy no ha sido la misma desde que mermó todo eso… y hay algo que falta. No es lo mismo, todo parece gris, la misma monotonía.

Sabe que su contradicción es digna de ser pisoteada, pero es así que se siente, porque a pesar de todo, a pesar de lo malo, de las molestias y el dolor padecido… lo que tenía con Malfoy le recordaba que con él siempre fue Harry Potter y no el héroe.

Desde que vio aquello en la Torre de Astronomía, nunca pudo ver a Malfoy como malo, como el temible.

A pesar de su edad, era solo un niño… al igual que él.

Y Harry lo comprendió.

Apretó los labios, éstos tornándose en una fina línea de tensión, un rictus de amargura y desolación surcando su rostro.

¿Por qué todo tenía que ser tan complicado?

Se llevó ambas manos a su rostro, cubriendo la piel pálida, las bolsas grises bajo los párpados y los labios temblorosos que deseaban gritar todo lo que su cuerpo ansiaba por descargar, más no podía. Todavía había algo que se lo impedía y no sabía qué o con qué motivo.

Con un suspiro tembloroso, alejó la mano derecha del rostro, tanteando la suave colcha bajo sí, buscando su varita. Cuando la encontró, sin siquiera ver, comprobó que aún se mantuviera los hechizos de privacidad puestos en su cama. Ahí dejó escapar todo el aliento contenido que no sabía que tenía retenido.

¿Y ahora qué? ¿Qué se supone que debía hacer?, Harry no estaba seguro. ¿Ignorar todo el asunto, quizá? Sería una ventaja, Ron está bastante irritado con su situación y aún le cuesta comprender por qué Harry ve extraño que Malfoy se comporte de aquella forma.

Pero Ron no entiende, no comprende que si no devela lo que hay tras aquel velo, entonces no podrá continuar, los pensamientos le comerán la cabeza y, bueno, eso sería lamentable.

¿Qué debía hacer? Lo único que se le ocurre es tratar de dar con la ubicación del rubio y hablar con él, al menos intentarlo. Aunque eso parece una tarea titánica. Malfoy siempre intenta resguardarse tras su ya quebrada armadura y a Harry le irrita que piense que se burlará de su obvia fragilidad.

Con un demonio, incluso lo ha buscado, aunque eso ha sido sin premeditación. Ni siquiera se percataba de la dirección en la que iban sus pies cuando ya estaba frente al baño de las chicas en el tercer piso, encontrando nada.

También cuando lo veía por los pasillos o las clases en conjunto, Malfoy apenas se veía. Es como si quiera pasar desapercibido.

Harry conoce el sentimiento. No sabe si reír o irritarse por ello.

El caso es que Harry no sabe dónde se refugia Malfoy ahora y quisiera, en serio quisiera saber el motivo de aquello. ¿Fue por él o por la hostilidad colectiva? Harry explícitamente pidió que a los hijos de mortífagos y bueno… aquellos que estuvieron del lado equivocado de la guerra, se les dejara en tranquilidad.

Harry sabía que estaba arrepentido, pese a todo. No sabe si Parkinson lo está, pero no parece, aunque a Harry le importe bien poco, Malfoy parece ser el que está en verdaderos problemas.

¿Será que lo atacan? ¿A qué nivel y cuándo comenzó? Él sabe que no puede hacer nada contra los insultos o las miradas de odio, pero aún podría hacer algo si llegan a agredir físicamente a Malfoy…

Tiene que buscarlo y comprobar que todo esté en orden.

¿Pero en dónde demonios está ese chico?

Harry decidió terminar de acostarse en su cama, su rostro observando el techo del dosel bermellón que la cubre. Mientras meditaba sobre la ubicación de cierto rubio escurridizo, Harry contemplaba, sin ver realmente, cómo en sus ojos esmeraldas, las manchas difusas en aquella oscuridad parecían esclarecerse un poco.

La luna le daba de lleno y alumbraba tenuemente el dosel rojo, reflejándose fulgores blancos, casi etéreos… fantasmales.

Y entonces recordó.

Con rapidez se incorporó, sentándose de cuclillas en la cama mientras que con la varita comenzaba a quitar las protecciones, una suave sonrisa bordeándose en sus morenos labios.

La Torre de Astronomía es un buen lugar para meditar, Harry.


Aquella madrugada, después del toque de queda, Harry fue a la Torre de Astronomía sin pensar realmente en la situación o alguna excusa plausible. Por supuesto, Malfoy no estaba allí y hubo cierto alivio ligado con decepción surcando su cuerpo.

Más no se rindió.

Los días venideros llegaron lentos y tortuosos, pero Harry esperaba con inusitada ansiedad a que llegara la noche para ver si veía a cierto rubio en la Torre de Astronomía.

Los primeros días fueron un fracaso total y Harry sentía su determinación flaquear.

Así llegó el día viernes sin novedad alguna o noticias sobre el paradero de cierto rubio.

Parecía que lo hacía con premeditación, eso de esconderse, huir de él. A Harry le irritaba el pensamiento, pero era el único razonamiento lógico que ideaba su cabecita, así que muchas esperanzas, no tenía.

Con un suspiro derrotado, se incorporó del sofá rojo de la sala común, caminando hacia el retrato. Aún faltaban como dos horas para el toque de queda, pero Harry quería estar lejos del bullicio en la torre, y caminar le ayudaría pensar en su desdichada posición actual.

— ¿A dónde vas, Harry? —con suavidad, Hermione preguntó desde su posición, sentada en el mismo sofá y con un libro en manos.

Con una suave sonrisa bordeada en sus labios, se giró para responder a su amiga, más la expresión en el rostro de Ron le hizo borrar toda mueca que estuviese en la suya.

—Sí, Harry, ¿a dónde vas? —la pregunta de Ron no hubiese irritado a Harry si no fuera por el tonito que utilizó.

Con el ceño fruncido y sus labios apretados, masculló—. A dar un paseo, ¿por qué?

A sabiendas de la situación y gracias a su intuición femenina, Hermione le sonrió, apaciguadora.

—Sólo queríamos sab-

—No sé, no sé, compañero, ¿será porque antes los paseos nocturnos eran de tres y no de uno?

—Ronald…

Permaneció en silencio, entrecerrando los ojos en sospecha. Había algo en el tono de Ron que a Harry no le gustó. Como si le reprochara… ¿qué coño le está reprochando?

—Hay veces en las que uno medita mejor en soledad, Ron —respondió Harry con sinceridad, mirando a su ceñudo amigo que frunció los labios con algo parecido a la rabia y desconfianza pintada en sus ojos.

— ¿Ah, sí? —inquirió Ron.

—Chicos…

—Sí —espetó Harry rápidamente.

—Bien —masculló Ron, incorporándose del mueble.

Harry pensó que le seguiría no importara qué, pero pronto se dio cuenta hacia donde se dirigía: el dormitorio. Abrió la boca, intentando decir algo, pero nada salió.

El silencio se acentuó en el recinto, no se había percatado que todos los ojos habían observado la breve escaramuza entre amigos. Hermione veía a ambas direcciones con preocupación, pero a Harry pudo importarle menos. Se dio la vuelta con un giro de sus pies y con rapidez salió por el retrato, nunca mirando ni atendiendo los gritos de su amiga que le llamaba con desasosiego.

Harry corrió y corrió hasta que sus pies comenzaron a doler, sus ojos desenfocados tras sus gafas sin ver realmente el camino que conducía su andar desenfrenado.

Descendió escaleras, cruzó pasillos, puentes y así llegó a la Torre de Astronomía, que desde la lejanía, se veía grande e imponente entre la nocturna oscuridad y niebla que ocultaba la etérea luna. A Harry no le importó reanudar la carrera y llegar jadeante a la cumbre donde calló de rodillas, intentando recuperar el aliento, la suave brisa fría de la noche lamiendo la piel sudorosa gracias a la carrera anterior.

— ¿Potter? —la voz sonó desconcertada y a la vez divertida, como si le hiciera gracia que Harry casi se muriera por la carrera anterior.

En ningún momento, se encontró tenso o expectante al encuentro.

Simplemente alzó su rostro y ahí, situado en el balcón yacía recostado del barandal un Draco Malfoy, que contrario al de la otra vez, se veía bien peinado y arreglado, pero a Harry no le engañaba, sus ojos seguían igual de perdidos aunque intentara aparentar otra cosa.

—Malfoy —saludó, incorporándose con un movimiento rápido de sus piernas, y dando una gran bocanada de aire, caminó hasta donde yacía el rubio, pero manteniéndose a una distancia prudencial. No pudo evitar ver lo cerca que Malfoy estaba del barandal y frunció el ceño con un atisbo de preocupación—. ¿Te vas a lanzar?

El chico rubio parpadeó con leve sorpresa, pero luego frunció el ceño, mirándole como si hubiese hecho una pregunta muy estúpida.

—No seas estúpido, Potter, valoro mi vida —espetó Malfoy, cruzándose de brazos, pero luego le dedicó una sonrisita irónica con algo de desdén—. Pero al parecer otros no. Buena carrera, ¿de quién o qué huías?

—De nadie —respondió Harry en un balbuceo incomprendido, por alguna razón extraña e incomprensible, avergonzándose un poco del hecho de que Malfoy le haya visto.

—Uhm…

Se sumieron en un tenso silencio que ninguno estaba dispuesto a romper. Harry, resintiendo la carrera anterior, decidió sentarse en el suelo, recostando su espalda al barandal, la suave brisa fría de la noche traspasando su sweater marrón y moviendo sus mechones ébano, desordenándolos aún más.

De soslayo vio un leve movimiento, y Harry observó y no sin cierto desconcierto, que Draco Malfoy también se sentaba en el suelo, con la espalda apoyada de igual forma al barandal, sus mechones plateados brillando y meciéndose con languidez. Se sorprendió viéndose incapaz de desviar la mirada de aquella imagen.

Malfoy brillaba ante la luz etérea de la luna.

— ¿Qué? —inquirió de repente, sacando a Harry de su ensoñación. Parpadeó en confusión, pero la mirada ceñuda de Malfoy le indicó que le había pillado viéndole—. ¿Qué, Potter?

¿Qué iba a decirle? ¿Qué encontraba algo fascinante ver cómo brillaba con la luz de la luna reflejándole? Malfoy seguro que le vería como si necesitara intervención inmediata en San Mungo.

Harry también lo cree.

Negó con la cabeza, mas sus ojos nunca se apartaron de los del rubio.

— ¿Y tú, de quién huyes?

Fue un susurro bajo, casi inaudible, pero el shock en el rostro pálido le indicó que había escuchado perfectamente y, que de alguna manera, la pregunta le afectó más de lo que sería capaz de admitir.

Malfoy no respondió de inmediato, es más, no se dignó a abrir la boca siquiera. Con los labios fruncidos en cólera y amargura, se incorporó con brusquedad del suelo, resuelto a marcharse por donde vino.

Pero antes de que se fuera, Harry sujetó con fuerza su muñeca ahí, en aquella posición donde estaba sentado, obligándole a girarse e inclinarse un poco en aquella dirección. Ojos esmeraldas se encontraron con dos nebulosas traspasándole el cuerpo, llegando hasta lo más profundo de sí.

Se contemplaron en silencio, no queriendo contaminarlo con sus vanas palabras, porque ambos sabían que estas no dirían lo que con impetuoso fervor desean expresar.

Y sin embargo, Harry con la voz temblorosa y un nudo en la garganta, susurró—: no huyas.

No fue una afirmación o un consejo, quizá fue alguna suplica convulsa a la que Harry tanto deseaba afianzarse porque esas palabras también se las decía a sí mismo.

Malfoy permaneció en silencio unos segundos, hasta que esbozó una suave sonrisa lánguida y perezosa que tenía tintes cáusticos, amargamente cáusticos.

Se desemperezó de la mano que sujetaba su muñeca, caminando en dirección a las escaleras, pero antes de bajar, Harry escuchó el suave murmulló de una vacía negativa.

Harry permaneció hasta la madrugada contemplando la luna plateada.

La valentía no yace en mí, Harry.


Los días pasaron gandules y lánguidos como la brisa mece tenuemente las flores alejadas de su hogar, transportándola lejos. Pronto Harry se percató que ya el mes estaba encima de ellos.

Había transcurrido un mes desde la apuesta acaecida, desde que compartió aquellas extrañas palabras con Malfoy en la soledad de la Torre de Astronomía y Harry no se miente a sí mismo, no está satisfecho con ello.

Por alguna extraña razón, Harry deseaba hablar más con el rubio y comprobar con sus ojos lo que sus sospechas le susurraban cruelmente a su oído. ¿De quién huía y por qué? ¿Estarían metiéndose con él? A Harry le preocupaba seriamente que estuvieran metiéndose con Malfoy cuando éste no ha hecho nada malo.

Harry casi, casi deseaba que Malfoy hiciera algo para tener una vaga excusa y decir que sí, sí se lo merece. Así no tendría ese remordimiento por preocuparse de más…

Pero sabe que eso no sería justo, indiferentemente de las circunstancias pasadas.

Apretó los dientes con fuerza, casi rechinándolos al momento. Tenía muchas ganas de gritar toda la frustración que sus pensamientos padecían, pero eso sólo lo haría ver como un loco en medio de sus amigos.

Permaneció en silencio en medio de la sala común, sus ojos verdes contemplando las llamas danzar en la chimenea.

Todo el tiempo tuvo la mirada de cierto pelirrojo sobre sí, contemplándole con intensidad.


— ¿Debería preocuparme por tal acoso a mi privacidad? —la voz sarcástica y arrastrada del rubio anunció que sí, sabía que Harry le había seguido desde Pociones hasta la Torre de Astronomía.

Por algún motivo que desconoce, el hecho de que Malfoy haya utilizado su tonito usual, ese al que estaba tan acostumbrado y no al suave susurro de aquella noche, hizo que Harry se alegrara.

Definitivamente, estaba loco.

—Me gusta este lugar —dijo como excusa, caminando hasta la baranda donde Draco Malfoy contemplaba el atardecer perecer lentamente.

Harry se apoyó en el barandal, inclinándose hacia adelante para contemplar la altitud y de soslayo percatándose que Malfoy le veía con una mueca en su rostro y algo parecido a la exasperación.

—Si te vas a lanzar, espera que me vaya, Potter —masculló el rubio, sus ojos grises pasando de Harry al paisaje que lentamente se oscurecía. Luego sonrió, irónico—. No quiero que me quemen por haber mandado al más allá al chico dorado.

Era extraño cómo podía ser risible y surrealista que el sarcasmo de Malfoy pudiera hacerle gracia cuando no era directamente para insultarle. Era gracioso, y extrañamente, se sorprendió riéndose en voz baja.

Una mirada de reojo le hizo darse cuenta que Malfoy le observaba con ligera sorpresa.

— ¿Quién eres tú y qué has hecho con el cabrón de Potter?

La sonrisa relajada en los labios de Harry desapareció tan rápido como se esbozó. Observó a Malfoy con la decepción dibujada en su rostro, ¿por qué demonios tenía que hacer eso?

—Malfoy… —por alguna razón, su voz sonó a reprimenda—. Estábamos bien, no lo jodas.

Y por extraño que parezca, Malfoy no le insultó. Parecía que se contenía, sus labios apretados se lo indicaban con insultante facilidad.

—Costumbre —masculló en voz baja, contenida.

Sonrió un poco, concediéndole el punto.

—Desacostúmbrate —dijo como si nada y Malfoy enarcó una ceja, ahora su mirada puesta totalmente en Harry y no un avistamiento como hacía minutos.

—Han transcurrido siete años, Potter —Malfoy arrastró la voz con gracia—. Es un poco difícil…

Rodó los ojos, dando un suave resoplido.

—Pues yo lo hice, ¿no?

Y supo que la había cagado cuando dijo aquello. El rostro de Malfoy, que si bien antes no era la relajación absoluta pero yacía normal, ahora se había cerrado completo a las emociones. Como si hubiera barrido toda suciedad, los ojos se le oscurecieron en rabia, los labios comprimiéndoseles en amargura.

Harry no lo había dicho con esa intención, no había pensado bien en lo que dijo, él simplemente quería hacerle entender que no tenía rencor… tanto hacia Malfoy.

No quería hacerle recordar…

—Malfoy-

— ¿Qué? —espetó el rubio, mirando con la quijada tensa hacia el ocaso que iba muriéndose. A Harry le contentó un poco que no se haya ido así, todo ofendido.

Sentía que era su oportunidad de aclarar las cosas. Aunque no sabía qué debía aclarar, pero era una buena oportunidad para… ¿para qué?

Con un suspiro, intentó poner en orden sus pensamientos y encarar a Malfoy. Se giró completamente, quedando de frente al rubio que aún no le devolvía la mirada.

—No lo dije con esa intención.

Y ahí, Malfoy explotó. Se giró con el rostro contorsionado en ira absoluta y se acercó a sí, quedando cerca de su rostro. Harry tuvo que elevar la cabeza, percatándose que Malfoy era un poco más alto que él.

— ¿No lo dijiste con esa intención? —repitió Malfoy, incrédulo y con la voz temblorosa por la rabia contenida—. ¿Y entonces con cuál, Potter? Porque por lo que veo, ustedes se encargan de recordar constantemente en qué posición estoy.

Harry entrecerró los ojos con el ceño fruncido, queriendo con desespero alejarse un poco para así encarar a Malfoy con propiedad. No le gustaba cuando se acercaba de esa forma, era… bueno, le intimidaba un poco y aquello no le gustaba.

—Claro que no —espetó Harry frunciendo aún más el ceño. Él ni siquiera recordaba haber hecho algo así… ¿no?

Malfoy soltó una risita suave, volviendo su espalda recta hacia atrás mientras daba unos pasos lejos de sí. Harry no pudo evitar el suspiro que escapó.

—Claro, Potter. Permíteme concederte el beneficio de la duda.

—Deberías —masculló Harry con irritación mientras se cruzaba de brazos en algún tipo de protección que no le hiciera perder más la hombría.

— ¿Y por qué, si se puede saber?

— ¡Porque yo lo hice!

— ¡Ah!, ¿es algún tipo de deuda? —exclamó Malfoy de repente, con los ojos chispeando y un odio escondido, que hizo tambalear la resolución de Harry por la intensidad de su mirada—. ¿Qué quieres que haga, dime? ¿Debo hincarme ante ti y decir: "oh gran salvador del mundo mágico, gracias por hacer que mi culo de mortífago no fuese más pisoteado"?, ¿es eso lo que quieres que haga?

—No es-

— ¿Te excitarás si me postro ante ti y te suplico piedad, eh Potter?

Abrió la boca en shock, enrojeciendo hasta la raíz del cabello.

— ¡Claro que-!

— ¿Qué, Potter? ¿No eres capaz de admitir que te masturbas pensando en todos los que alaban tu nombre?

— ¡Malfoy!

Harry sentía que se iba a morir de la vergüenza y mortificación. ¿En serio pensaban tan poco de él? Oh, por Merlín qué imaginación tan grande y qué boca tan sucia.

—Qué, Potter, ¿lo vas a negar? —siseó Malfoy jadeante ante la diatriba anterior, las mejillas rojas y los labios entre abiertos.

—No, Malfoy —respondió, negando con la cabeza ante la sonrisa victoriosa en el rostro del rubio—. No es nada de eso, y estabas divagando, ¿qué demonios te sucede?

— ¡No!, ¿qué demonios te sucede a ti? ¿Crees que debo estarte eternamente agradecido por lo que has hecho por mí, lo que se supone que has hecho por mí? Tienes las bolas muy grandes, si crees que haré eso, Potter.

Harry estaba perdiendo la paciencia. ¿Por qué simplemente no se callaba y le dejaba explicarse?

—Un simple "gracias", hubiera sido suficiente.

Malfoy volvió a reír bajo, sin humor.

—Entonces te doy gracias por los insultos hacia mi padre y madre acerca de mi dudosa procedencia y las maldiciones que constantemente me echan. Estoy tan agradecido que lo diré en medio del Gran Comedor —hizo una pausa, se puso recto y se aclaró la garganta—: "Señoras y señores, cito esta misiva para decirle al amo Potter, salvador del mundo mágico y los gatitos desolados que gracias a él soy una nueva persona. Sí, soy un puto masoquista. Pueden venir y hechizarme hasta el olvido, todo corre por la cuenta del gran amo y señor, hijo perdido de Merlín, alabado sea."

Harry ignoró deliberadamente el profundo sarcasmo en la voz de Malfoy, más concentrado en lo que dijo el rubio. Frunció el ceño, sintiéndose estúpido. Tenía razón.

—Entonces sí te agreden… —murmuró, no pudiendo evitar la leve preocupación que se filtró en la oración.

Draco Malfoy le observó como si hubiese perdido la cabeza.

— ¿Qué? ¡No, Potter! ¿Me harías el favor de centrarte en tu papel, pretender que me odias con mucha pasión e ignorarme, no sé, el resto de tu jodida y feliz existencia?

Harry negó con rapidez y Malfoy dio un profundo suspiro lleno de cansancio.

— ¿Por qué? —preguntó con suavidad Malfoy, por algún motivo acercándose hasta quedar cerca del cuerpo de Harry.

Bajó inmediatamente la mirada, posándola en algún punto inespecífico del suelo, incapaz de ver a Malfoy. Le daba cierta vergüenza admitirlo.

—No lo sé.

Malfoy volvió a suspirar.

—Eres un estúpido, lo sabes, ¿verdad? —contra todo pronóstico, la voz de Malfoy no sonaba ni sarcástica ni desdeñosa o burlona, simplemente era Malfoy, un liviano Malfoy al que le habían drenado toda su energía.

—Lo sé —dijo Harry alzando su cabeza y enfrentando las dos lunas que eran los ojos grises del rubio. Harry sonrió con tristeza—. Quiero odiarte, pero no puedo… ya no.

Estoy cansado de todo Malfoy, ¿no lo sientes también?

En silencio permanecieron unos minutos, Malfoy concentrándose en develar con sus ojos las esmeraldas que tenía frente a sí. Harry en su interior se preguntaba si Malfoy era capaz de ver las almas. Era como si aquellas dos lagunas plateadas traspasaran su cuerpo y vieran todos sus demonios interiores.

Le turbaba.

Segundos después, el rostro impávido del rubio se contrajo un poco, dibujándose un ceño levemente fruncido.

— ¿Por qué me besaste? —Preguntó el rubio, y para asombro de Harry, era por pura e innata curiosidad—. ¿Qué querías demostrar? ¿Qué cómo eres el salvador del mundo mágico, todos deben aceptar lo que haces porque sí?

Eran preguntas, simples preguntas y Harry estaba sorprendido de que Malfoy haya mantenido el odio a raya, sólo concentrándose en permanecer estoico, demostrando curiosidad e inquietud por saber las respuestas.

Harry se lamió los labios, pensando rápidamente alguna excusa plausible que Malfoy aceptara. Estaba consciente que si decía el real motivo, el rubio no le creería nada de ahora en adelante. No estaba del todo seguro por qué aquello era importante, pero Malfoy se veía neutral, como el también quisiera ceder a la imparcialidad y mermar el odio.

Pero esto…

Si le decía verdad, seguro que Malfoy le odiaría de por vida.

Apretó los labios, relamiéndoselos nerviosamente mientras su mirada esmeralda se tambaleaba frente a la plateada.

—Si te lo digo te molestarás… —balbuceó casi con timidez, como si fuese un niño que estuviese frente a un adulto que le había cogido haciendo algo malo.

No supo qué, pero algo hizo sonreír a Malfoy con encanto, como si le hiciera gracia que Harry se retorciera en su posición.

—Vas a tener que explicarme, Potter… —por alguna razón que desconoce, el rubio se acercaba un poco más y más. Aún no se tocaban, pero Malfoy estaba inclinando hacia adelante, escudriñándole intensamente.

Era desconcertante.

Volvió a lamerse los labios, notado que Malfoy, quizá de forma inconsciente, no lo sabía, siguió el movimiento con sus ojos grises tormenta.

—Yo, bueno, yo-

—Yo te puedo decir.

El cuello de Harry sonó dolorosamente cuando con rapidez, giró su cabeza hacia el origen de aquella voz y ahí estaba, con su capa de invisibilidad, un Ron Weasley viéndose muy irritado. Harry frunció el entrecejo.

— ¿Ron?

— ¿Comadreja?

—Malfoy, no —pidió Harry, y para sorpresa de ambos, el rubio hizo caso, pero con el ceño fruncido.

— ¿Entonces qué hace aquí? —espetó en dirección a Harry, aunque de reojo podía notar cómo el rubia asesinaba con la mirada a su amigo.

Harry tragó saliva.

— ¿Qué haces aquí, Ron?

Ron dobló lentamente la capa, tomándose tiempo en contestar a la pregunta. Luego de doblarla, volvió su mirada a Harry, su irritación creciendo.

—Me dijiste que debería olvidar el pasado, Harry —comenzó Ron, negando la cabeza, como si lamentara la situación—. Pero fue un error lo que hicimos.

Abrió la boca para refutar, pero Malfoy se le adelantó.

—Potter, ¿qué coño está hablando?

Harry negó con rapidez.

—Ron, lo que te dije es cierto, yo-

— ¿Es cierto? ¡¿Entonces qué haces aquí con él?! ¡De todas las personas! —Ron gritó, dando aspavientos violentos con la mano y casi de inmediato, Harry supo que Malfoy se tensó a su lado.

Intentando apaciguar la situación, Harry respondió—. Estaba hablando con Malfoy, Ron. Lo que te dije es cierto —repitió, porque era verdad. Debían olvidar el pasado y eso era lo que estaba haciendo con Malfoy.

— ¡No lo parecía!

Ron de repente se veía desinflado, como si le hubieran exprimido, cansado y abatido… derrotado. No se creía lo que veía.

—Es por la apuesta, ¿verdad? —masculló Ron es voz baja, cansada—. No debí hacerlo…

— ¿Qué apuesta?

Harry se tensó en su lugar, una gota fría de sudor recorriendo su sien.

Así no era como quería que Draco se enterara… Así no.

Ron volvió su atención a Malfoy, como si apenas notara su existencia, y entonces sonrió.

—Cierto, Harry no te ha dicho —de soslayo, Ron le vio y Harry le envió una súplica silenciosa. La sonrisa de Ron se amplió un poco.

—Yo le dije a Harry que te besara.

Y Harry sintió que se hundía cuando vio la mirada consternada en el rostro del rubio.

— ¡No! —Harry contradijo rápidamente.

— ¿Lo vas a negar?

— ¡No fue así! ¡Dijiste que tenía que besar a una persona en medio del Gran Comedor!

—Y besaste a Malfoy.

—Por supuesto, lo elegí a él —refutó Harry, Ron volvió a sonreír.

— ¿Por qué, Harry?

Y… Harry no tenía idea del motivo.

—No lo sé… —masculló. ¿Por qué lo había besado? Ciertamente que Malfoy había sido una opción loable, pero asimismo hubiese sido con otra persona, quizá con alguien más neutral y que tampoco sufriera del síndrome niño-que-vivió…

—El caso es que fue una apuesta, hurón —rápidamente, Ron retomó la conversación.

Harry no se atrevía a observar al rubio, pero sabía que debía hacerlo. Y cuando lo hizo, se arrepintió de todo, pues la mirada, aquella expresión herida en su rostro, los ojos grises apagados y los labios temblorosos… Harry deseaba disculparse y resarcirse de alguna forma, pero dudaba que el chico le creería.

—Draco…

—Cállate, Potter —masculló en voz baja, amortiguada, como si se contuviera de algo—. Sólo cállate.

—Pero yo…

— ¡Cállate! —gritó y volvió a encararle. Harry enmudeció, tragando saliva con nerviosismo.

Y para profunda angustia de Harry, el rubio sonrió con insondable vacío y tristeza, mientras negaba con la cabeza.

—Algo me decía… —hizo una pausa, tragó saliva y le vio, endureciendo la mirada—. Algo me decía que no te creyera.

Y con eso dicho se fue, dando grandes zancadas hasta la escalera donde la descendió con rapidez.

No supo cuánto tiempo transcurrió, pero Ron seguía ahí, contemplando su mirada perdida. Le vio abrir la boca, quizá para decir algo, pero luego pareció arrepentirse porque negó con la cabeza, marchándose también.

El cielo era de noche ahí arriba, en las inmensidades. Grande e imponente.

Esa noche no había luna.

Y lo único que su mente evocaba en la silenciosa oscuridad de aquel frio noviembre:

No se suponía que debía terminar así.

Fin


Okno, todavía continúa. En la secuela, ¡que tratará el romance entre Harry y Draco!

¿El motivo? Debido a que no podía llenarles todo un cap, sería una carga innecesaria para la historia. La secuela tendrá tres caps igual y la escribiré dentro de poco. Resolveremos la apuesta entre Harry y Draco y también los líos personales con Ron.

¡Nos vemos en La gran apuesta 2.0!