Ginny y todos los de Gryffindor estaban cenando.

Este nuevo año había siete alumnos nuevos en Gryffindor, cinco en Huflepuff, seis en Rvencaw, y cuatro en Slytherin.

Ginny tenía que ayudar a Lunara Fowl, una de las nuevas, por eso no había ido. Esta chica tenía los ojos grises con tonos azules y plateados, parecidos a los de Draco Malfoy, solo que inspiraban más alegría y estaban más despiertos, su larga y ondulada melena color miel caía ondeante sobre sus hombros, y por detrás de su estrecha espalda, tenía piel era pálida con las mejillas ligeramente sonrosadas, sus cejas estaban perfectamente arqueadas sobre sus largas pestañas, su nariz era muy pequeña, al contrario que sus labios que eran gruesos, carnosos y rojos, el cuerpo que tenía era delgado y bastante desarrollado para su edad, pero también estaba entrenado y tonificado, aunque por su puesto con la túnica nadie se daba cuenta. Llamaba la atención por su belleza, pero era muy tímida, por eso Ginny la ayudaba.

Las dos estaban sentadas comiendo cuando de pronto se abren las puertas del Gran Salón, se hace un incómodo silencio y todas las miradas se dirigen hacia de dónde provenía el ruido. Una chica y un chico de 17 años estaban de pie mirando a la directora con cara de disgusto. La chica tenía los ojos rojos e hinchados, se notaba que había estado llorando. El chico intentaba ocultar su tristeza aunque no lo conseguía. Eran Hermione Granger y Harry Potter. Parecía que la joven intentaba decir algo pero no le salían las palabras, así que habló el muchacho con voz temblorosa.

-Ronald Weasly ha muerto.

El silencio se rompió y toda la sala estaba armando jaleo.

Ginny se quedó petrificada, y por un segundo pensó que era una broma, pero cuando vio a Hermione echarse a llorar se dio cuenta de que iba muy en serio. Ginny se puso a llorar también, y Harry se acercó para abrazarla y consolarla, aunque sinceramente, él también necesitaba consuelo. Hermione por el contrario se limpió las lágrimas y con la cabeza bien alta se dirigió hacia la profesora McGonagall y le explicó tranquilamente lo que había pasado, se dirigió a enseñarle el lugar en donde yacía el cuerpo de Ron, pero había desaparecido, y todos creyeron que había sido algún animal salvaje. Hermione se mantuvo lo más serena que pudo hasta el final, después se dirigió a su cuarto, y allí rompió a llorar durante horas, hasta que alguien llamó a la puerta. Rápidamente apagó la luz y se metió en la cama, no quería la pena de nadie. Entraron Ginny, Harry, y Lunara.

Los dos chicos habían acompañado a la nueva a su habitación, pero también estaban preocupados por Hermione, que no había dicho nada, y que ni si quiera se había acercado a ellos. Cuando la vieron dormida, se sorprendieron de que hubiera logrado descansar. Sin hacer ruido se despidieron de Lunara y se marcharon a la sala común de Gryffindor, donde muchos estaban apenados.

-¿Y Hermione?- preguntó Neville a Harry.

-Está dormida- respondió el chico.

-¡Vaya!- exclamó el joven.

Neville estaba sorprendido, pero cuando Harry se fijó mejor se dio cuenta de que todas las miradas estaban puestas en él, y los rostros estaban llenos de sorpresa y confusión.

-No es propio de ella superar las cosas tan rápido- intervino Luna.

Harry se encogió de hombros, y él y Ginny se pasaron toda la noche llorando, y consolándose el uno al otro.

A la mañana siguiente los dos enamorados se dirigían a despertar a Hermione, pero no estaba. Lunara les dijo que se había levantado muy temprano y que se había ido a la biblioteca.

Los dos adolescentes se encaminaron para encontrar a su amiga, y efectivamente estaba estudiando en la biblioteca, parecía activa y concentrada.

-Hola Hermione ¿Cómo estás?- preguntó Ginny.

-Perfectamente- respondió la joven con frialdad sin apartar la vista de su libro.

-¿En serio?- preguntó Harry.

-¿Por qué no iba a estarlo?- respondió con la misma actitud que había tenido hacia Ginny.

-¡Pues porque ayer se murió tu novio! ¡Despierta Hermione!- gritó Ginny preocupada, reprimido las lágrimas.

Por un momento parecía que Hermione se iba a poner a llorar, pero sacó la mejor sonrisa que pudo e ignoró el comentario como si nunca lo hubieran dicho.

-Si me disculpan Sr. Potter, señorita Weasly, iré a dar un paseo, hace una mañana preciosa - dicho esto la joven recogió sus cosas y se encaminó a la puerta.

-¡Hermione!- la detuvo Ginny.

-¿Si señorita Weasly?- dijo la muchacha.

Harry quiso detener a Ginny, pues sabía que lo que iba a decir a continuación podía dejar marcada a su amiga de por vida, pero no pudo, las palabras salieron de la boca de la joven como dardos envenenados.

-¿¡No te importaba Ron!?

A Hermione pareció afectarle un poco, pero ignoró la pregunta y siguió andando. Se dirigió hacia el bosque prohibido, sabía que era peligroso andar por allí, pero después de todo lo que había pasado esos últimos años, ya no le asustaba nada.

En el momento en que se quedó sola y comprobó que no había nadie estalló en llanto. No sabía cuánto tiempo se había quedado allí, pero fueron varias horas llorando y de vez en cuando refugiándose en el libro que había llevado consigo, porque cuando volvió ya todo el mudo había cenado y se estaban dirigiendo hacia sus habitaciones, por suerte ese día se habían cancelado las clases.

-¡Hermione! ¡Hermione!- la llamaban.

Dedujo por la voz, que era Harry, pero ella no quería saber nada de ellos, solo le hablaban de Ron y ella quería olvidarlo, así que corrió hacia su cuarto para que no la alcanzaran. Cuando llegó se cambió y se tendió en la cama haciéndose la dormida antes de que su compañera llegara.

Y así pasaron los meses. Hermione había dejado de comer, y siempre tenía los ojos hinchados, y llenos de ojeras, porque cuando su compañera se dormía ella se ponía a llorar en silencio toda la noche. Sus amigos estaban cada vez más preocupados, pocas veces iba por el comedor, ya que se iba al bosque prohibido para que nadie la escuchase llorar, y aunque a veces lo hacía, se separaba lo que más podía de Harry y Ginny, y aunque pasara horas delante del plato siempre acababa por levantarse sin haber probado bocado.