Kuroko no Basuke es propiedad de Fujimaki Tadatoshi.

Bajito.


— Es que, ya sabes. Eres un poco… hum…

Bajito —Kuroko dio el tiro de gracia.

Un tic nervioso atacó la ceja derecha de Riko. Él sabía que lo era, pero no había necesidad de que lo remarcaran a cada hora de su existencia. Muchos creerían que el que un chico de diecisiete años que no superaba los ciento setenta centímetros decidiera ser el entrenador de mujeres de hasta ciento ochenta centímetros era por dos razones: masoquismo o morbo.

Claro que cualquiera que conociera mínimamente a Riko sabría que él nunca se atrevería a mirar a sus amigas de esa manera. Pero ese no era el problema. El problema era que esas señoritas gustaban de atormentarlo con su pequeño problema de estatura.

— Ya, creo que quieren hacer doble entrenamiento hoy, ¿no? —Amenazó a las enormes jugadoras.

— Riko-kun —la más alta del grupo, una castaña de largas piernas, le tomó el hombro—, no te molestes. Es que… nos sentimos más seguras así.

— Eso… no ayuda… ¡en nada! —El entrenador frunció el ceño totalmente.

Las jugadoras del equipo de baloncesto de Seirin decidieron que era buena idea salir al parque acuático en grupo. A simple vista, esto no representaba ningún problema. Pero claro que lo existía. El problema tenía una enorme sonrisa, venía acompañado de una escultural morena, tenía el cabello rosa y le sacaba veinte centímetros a Riko.

— ¡Tetsu-chan!

¡Ah! Y su voz odiosa que repetía como grabadora "Tetsu-chan".

— ¿En serio era necesario invitarlo? —Se masajeó las cienes, dirigiéndose a Hyuuga, la capitana.

— Kuroko cree que es una buena forma de que Kagami y Aomine se lleven mejor —se encogió de hombros—. Vamos entrenador, camina —la chica se adelantó hasta alcanzar al grupo de mujeres altas.

No es que no le agradara Momoi. Pero sí lo odiaba. Odiaba cómo embobaba a todas las chicas con su sonrisa, su cuerpo de modelo y su cara bonita; su tono meloso, sus comentarios sugestivos… ¡todo él desesperaba a Riko!

— Riko-san —le saludó, con una sonrisa y los ojos cerrados—, ¿cómo está el clima allá abajo?

Hijo de puta.

— Neh…, Riko-san, sabes que sólo bromeo —el joven de cabellera rosa se inclinó hasta quedar a la altura del castaño—. Vaya, el mundo es distinto desde aquí… apuesto a que tienes una mejor vista con las chicas.

— ¡¿Dejaste ya de jugar, idiota?! —Para este punto, Aida hervía de furia en color rojo.

— Ay —Momoi soltó una risita burlona—. Riko-san, yo creo que es lindo que seas tan bajito —los enormes ojos rosados se fijaron directamente en el entrenador de Seirin. Sonrió una vez más y le robó un beso al castaño.

— ¡I-Idiota! —el mayor retrocedió dos pasos.

— Satsuki —la morena de cabellera azul llamó desde lo lejos a su amigo, quien se había atrasado junto al entrenador castaño—, date prisa.

— Ya voy, Dai-chan —respondió, sin despegar la mirada del sonrojo de Aida—. Riko-san, si no fueras tan bajito, no me gustarías tanto, ¿esa es una ventaja, no?

La melena rosada dio media vuelta y caminó hacia las basquetbolistas. Riko bufó con exasperación; otra vez ese odioso Momoi se marchaba con una sonrisa mustia en el rostro, su olor a cerezas y con un beso robado.


Fin.


N/A. Me cansé de estudiar para mi examen. Y encontré un gender bender en mi We Heart It... fue inevitable.