Finalmente ha llegado la hora de marcar, valga la redundancia, el final de ésta pequeña historia, realmente muchas gracias a todos por comentar y por tomarse la molestia de leer. Espero que el epílogo sea de sus agrado al igual que los capítulos anteriores

Ahora, sin más preambulo aquí les dejo el Epílogo, espero les guste.


Epílogo

Nunca se imagino que llegaría el día en que, para alcanzar la felicidad que tanto había deseado, tendría que enfrentarse al más grande y terrible obstáculo que podría imaginar, el cual podría acabar con su vida ante el más mínimo error o descuido de su parte; un obstáculo representado por la criatura más terrible y peligrosa que había conocido en toda su vida, cuya ira era más destructiva y atemorizante que un volcán en erupción y un terremoto juntos…

— Vamos Kaito, deja el drama y compórtate como un hombre —Dijo a su lado la mujer responsable de que, en ese momento, estuviera encaminándose "voluntariamente" hacia las manos del verdugo que gustoso lo conduciría hacía su muerte— Sabes bien que mi padre no sería capaz de hacerle daño ni a una mosca.

— Tú padre —Dijo entre dientes a la vez que volteaba lentamente hacía ella, sonriendo con fingida alegría por el inminente encuentro con el hombre que ahora era su suegro. Ginzo Nakamori, el mismo hombre que había jurado que lo haría lamentar el día en que nació sí, él se atrevía a acercarse de nuevo a su hija— Va matarme en cuanto me vea Aoko.

— Bah… Estas exagerando —Bufo haciendo caso omiso a las palabras del joven mago, quien desde hace mucho hubiera saltado gustosamente del avión, sí ella no se lo hubiera impedido agarrándolo fuertemente de la mano durante todo el viaje— Ya verás como todo sale bien. Digo, dudo mucho que vaya a matarte.

— Tienes razón —Ironizo el mago poniendo los ojos en blanco— conociéndolo, sería capaz de castrarme. Después de todo soy el infeliz que lleva un mes saliendo con su querida hija y acostándose con ella sin que él lo supiera.

Aoko suspiro pesadamente por enésima vez ante la absurda paranoia de su novio, el cual era un hombre lo suficientemente osado o loco que, sin temor ni duda alguna, se enfrentó a un peligroso grupo de asesinos, arriesgo su vida por salvar la vida de alguien más y, por si fuera poco, peleo contra uno de los mejores asesinos del mundo sin arma alguna; un hombre que ahora simplemente se comportaba como un niño malcriado al cual habían regañado. Aoko, para evitar dañar el buen humor que tenía, simplemente decidió ignorar la paranoia del mago y centrar su atención en algo mucho más interesante, como lo era el paisaje que se mostraba a través de la ventana.

Cuando finalmente llegaron a la casa del retirado inspector Ginzo Nakamori, el instinto animal de Kaito se activo advirtiéndole del peligro que corría al entrar en el territorio de aquel hombre y aunque su primer impulso fue mantenerse alejado de aquella casa, el ver a Aoko tan feliz y entusiasmada con la idea de volver a ver a su padre y darle la gran noticia que ahora llenaba la vida de ambos de felicidad, simplemente no tuvo el valor ni el coraje para arruinarle el momento que con tantas ansias había estado esperando. Resulto ser que, en el preciso instante en que Aoko llamo a la puerta de la casa de su padre, la puerta se abrió abruptamente dejando ver como un endemoniado inspector salía disparado como un cohete hacía el audaz mago, quien incapaz de reaccionar a tiempo para evitar el ataque de su suegro, recibió por completo un fuerte puñetazo en la cara que lo tiro al suelo.

— ¡Voy a matarte bastardo infeliz! —Bramo el inspector abalanzándose sobre el aturdido ladrón ahorcándolo con ambas manos, antes de que éste pudiera recuperarse del primer golpe que le había dado—Después de todo lo que le hiciste ¡¿Cómo osas a acercarte a mi hija de nuevo?!

Asustada, Aoko intento detener a su padre explicándole la situación, pero éste estaba tan centrado en su labor de dejar sin aire a Kaito que simplemente la ignoro. Cuando el rostro del mago comenzó a tornarse morado, Aoko se colocó rápidamente al lado de su padre y tomando todo el aire que pudo en sus pulmones, le grito al oído con todas sus fuerzas que se detuviera logrando aturdir a su padre lo suficiente para que aflojara un poco la fuerza que ejercía en su agarre, lo cual le permitió a Kaito recuperar un poco el aliento.

— Pero ¿Qué demonios estás haciendo Aoko? —Pregunto aun aturdido el retirado inspector, odiando por primera vez en su vida que su hija hubiera heredado de él su potente y estridente voz, con la cual por poco le revienta el tímpano del oído afectado.

— Nada. Sólo trato de evitar que mates a tu yerno —Dijo con simpleza causando un pequeño cortocircuito en el cerebro de su padre.

— Mi… Mi… ¿Mi qué?

— Yerno —Repitió suave y dulcemente Aoko acariciando conciliadoramente la espalda de su padre, quien boquiabierto la miró a ella y luego a Kaito, volvió a mirarla a ella y después a Kaito nuevamente. Ésta acción la repitió un par de veces más antes de centrar su atención en el mago finalmente, observándolo con severidad.

— ¡Tú! —Grito una vez más el antiguo inspector, sintiendo el enorme deseo de ahorcar otra vez al ladrón, pero se detuvo al sentir la mirada asesina de su hija sobre él— Ejem… Sí, vuelves a lastimar a mi hija, te juro que voy a…

— Eso no sucederá —Sentencio con firmeza Kaito apartando las manos del inspector de su cuello lentamente— ni ahora ni nunca… Suegro.

— Mas te vale que así sea —Dijo amenazadoramente el inspector a la vez que se levantaba del suelo con cuidado, después de todo ya no estaba en edad de estar saltando sobre la gente, como lo había hecho hace un momento. Tras levantarse, Ginzo respiro hondamente y tratando de hacerse la idea de que su nuevo "yerno" era nada más y nada menos que Kaito Kid, extendió la mano hacía el mago y lo ayudo a levantarse en señal de disculpa— Te estaré vigilando… Kid.

— Como guste, mi estimado inspector —Musito el mago sonriendo burlonamente, desapareciendo de la vista del inspector en menos de fracción de segundo, para luego reaparecer detrás de él, apoyado en su espalda como si nada— Siempre y cuando sea capaz de verme ¿Cierto?

— ¡Tú! —Grito el inspector totalmente rojo de la rabia tratando de agarrar una vez más al escurridizo ladrón, quien haciendo gala una vez más de sus habilidades de escapista, esquivo ágilmente todas y cada una de las arremetidas del que fuere su némesis en el pasado— ¡No escaparas de mi!

— ¿Quiere apostar? —Musito dándose a la fuga corriendo a lo largo de la calle, siendo perseguido de cerca por el retirado inspector.

Suspirando pesadamente Aoko se golpeo la frente con la palma de la mano al ver como su padre correteaba al joven mago como si fuera un joven de quince años otra vez, algo gracioso aunque preocupante a la vez ya que con todo ese alboroto que Kaito había iniciado, no había tenido la oportunidad de decirle a su padre aquello tan importante que la había motivado a hacer el viaje de regreso a Japón. Fue entonces cuando sintió como un par de brazos la rodeaban desde atrás hasta atraparla en suave abrazo, una sonrisa se dibujo en su rostro al reconocer al hombre que con tanto cariño la abrazaba.

— En serio deberías de decirme alguna vez como lo haces, idiota —Musito divertida al sentir como Kaito apoyaba el mentón en su hombro sonriendo al igual que ella.

— Un mago nunca revela sus secretos, señorita —Contesto, como todo buen mago haría, manteniendo el misterio de su trucos hasta el final a la vez que lentamente descendía las manos hasta el vientre de su mujer— Además tenía que desquitarme de alguna manera el golpe y el intento de asesinato.

— Si, pero ahora, gracias a tú pequeña broma, es seguro que va a querer castrarte cuando se entere de la sorpresa que le tenemos preparada —Dijo tratando de imitar el estado de pánico de Kaito cuando estaban en el avión— Quisiera ver ¿Cómo harás para escaparte después de eso?

— Ya veré que hago cuando eso pase, pero por ahora déjame hacer eso otra vez ¿Si? —Suplico el mago soltando a la joven inspectora, quien divertida asintió, girando hasta quedar frente a él. Emocionado Kaito deposito un suave beso en los labios de su compañera, para luego agacharse hasta quedar a la altura del vientre de ella, palpándolo suavemente con su mano antes de acercar el oído al mismo— solo faltan ocho meses… Tan sólo ocho meses para conocerte.

— Me sorprende lo rápido que asumiste el rol de padre Kaito —Bromeo divertida recibiendo un bufido por parte del mago— Me pregunto si mi padre asimilara igual de rápido que pronto se va a convertir en abuelo…

— ¿Abuelo?... ¿Yo? —La confundida voz del agotado inspector los tomo por sorpresa, pues no se esperaban que regresara tan pronto, pero éste al caer en cuenta de que otra vez había sido engañado por el joven mago, había regresado lo más rápido que pudo a su casa. Ante la sorpresa, la pareja volteo lentamente hacia aquel hombre que, con una mezcla de confusión y alegría marcada en su envejecido rostro, los observaba a los dos fijamente esperando que alguno le confirmara lo que por error había escuchado al volver— Es decir… ¿Ustedes dos?

— Si papá —Asintió la joven inspectora, consciente de que ya no había marcha atrás— vas a ser abuelo.

Y eso fue todo, el conmocionado inspector cayo desmayado de la impresión al saber finalmente cual era la "gran" noticia que su hija le había comentado por teléfono antes de ir a verlo. Luego de tres horas Ginzo Nakamori, finalmente despertó y tras asimilar que pronto desempeñaría el rol de abuelo, una gran alegría lo invadió, la cual lo hizo comportarse igual que un niño que recibe el juguete que había pedido en navidad. Estaba feliz y eso era todo lo que importaba, pues aquella dulce ilusión lo hacia fantasear con el momento en que él estaría jugando y cuidando a sus futuros nietos.

Fue así como Kaito Kid, el último mago del siglo y el ladrón más afamado de toda la historia, logro afrontar y sobrevivir a aquel gran obstáculo representado por el inspector Ginzo Nakamori, el hombre que en el pasado fuere su némesis y que ahora era un miembro más de su familia. Ahora podía, finalmente, contemplar aquel gran futuro que le esperaba al lado de la mujer que había logrado con su sola presencia sacarlo de aquel abismo de odio en el que, por tantos años, estuvo atrapado; aquella misma mujer que ahora le daba un motivo más para ser feliz y era aquel bebe que comenzaba a formarse en su interior, un niño o niña que en tan solo ocho meses más llegaría a este mundo y daría inicio a la vida que Kaito siempre había deseado y que ya no podía esperar para obtener.

"Sólo es cuestión de suerte ¿O no?". Quien diría que necesitaría haber llegado hasta este punto para comprender las palabras que su padre alguna vez le había dicho. Kaito finalmente comprendió que aunque todo parecía ser cuestión de azar en esta vida, al final no era cuestión de suerte que ciertos eventos se dieran o no; lo que realmente determinaba que estos eventos pudieran o no ocurrir, eran las decisiones que tomábamos ante cada evento que se nos presentaba, así como la manera en la afrontábamos los obstáculos y/o problemas que surgían en nuestro camino. Después de todo, sí él no hubiera cometido el supuesto "error" de acercarse a Aoko aquel día en el cementerio durante el entierro de Hakuba, seguramente nada de esto hubiera ocurrido y él probablemente hubiera muerto hace mucho tiempo o, en el mejor de los casos, aun seguiría buscando desesperadamente a Pandora. Por todo eso y más, ahora podía decir con firmeza que el ser feliz en ésta vida no dependía de la suerte, sino que dependía del simple hecho que quisiéramos alcanzar la felicidad y estar dispuestos a poner de nuestra parte para alcanzarla; sin duda su padre le había dejado una gran lección antes de morir, una lección que ahora le correspondería a él transmitirle a sus hijos y a sus futuros nietos, si el tiempo así lo permitía.

Fin


He aquí el Epílogo, espero que haya sido de su agrado.

Solo me resta decir, antes de despedirme que realmente disfrute, después de cierto punto, el escribir esta historia y que pronto estaré publicando otra de las ideas que tengo guardadas, entre ellas la segunda parte de esta historia jeje... Y no, no es como se imaginan que será pues aquella sigue su propio rumbo sin desenlazarce de la primera parte ¿Raro cierto?

Ahora sí, sin más que decir me despido, esperando verlos (o mejor dicho leerlos) en una próxima ocasión. Nuevamente gracias por todo y como siempre les digo cuídense mucho.

Hasta pronto.