Narrador POV

De repente, entre los llantos, suplicas y rezos, Byron oyó algo más. Una premonición se agolpaba en su mente. El estrés, a veces, las desataba.

—¡Tócalo!— le gritó a Rogue, quien seguía con el vano intento de devolverlo a la vida—. ¡Debes tocarlo! ¡Tu don tiene una nueva manifestación! ¡Debes tocarlo a él y al señor Logan!*

La sureña dio un respingo sorprendida, dejando su tarea, mientras procesaba las palabras del niño.

—¡Hazlo!— le pidió Wolverine, para que saliera de su transe.

Rogue se quitó los guantes, a trompicones, pero dudó un segundo antes de hacerlo. Si su don tenía una nueva manifestación, ella no sabía cómo manejarlo.

—Solo…— Byron pareció dudar un segundo— concéntrate. Como si esto fuera un juego de destreza mental— le aconsejó, citando la frase preferida de su maestra, a la hora de enseñarle a controlar sus poderes.

En la mente del chico de ojos verdes, seguían agolpándose lamentos del futuro de Rogue, a causa de no notar que su don podría haber sido de ayuda, y de los demás en un funeral.

Logan asintió, dándole ánimos a su hija postiza.

La sureña posó una de sus manos en la mejilla del inmortal y la otra en la fría de John. Sintiendo cómo la energía y los recuerdos ingresaba a ella a través de su piel. Hacía su mayor esfuerzo para que esto funcionara, aún temiendo lo peor.

De un momento a otro, lo sintió, la energía no permanecía en ella, sino que fluía, como si su cuerpo solo fuera una zona de tránsito. Y si bien Logan hacía un esfuerzo por resistir el toque de la dama sureña, John no se inmutaba.

Rogue se esforzó lo más que podía, aterrada de que no estuviera funcionando y de que todo había acabado.

—¡Funcionará!— la animó Byron con una sonrisa torciendo sus labios.

—Vamos, John, vamos— suplicaba en un susurro al hombre que yacía muerto frente a ella.

La respiración de Wolverine se hacía cada vez más dificultosa, cuando soltó la herida del más joven y recargó su peso en las manos que se apoyaron en el suelo.

—Vamos… chico— le pidió entre jadeos, al muchacho que le impidió hacer algo de lo que se lamentaría por siempre.

Rogue quería llorar, el rostro de Logan le recordaba demasiado a aquella vez en la estatua de la libertad, cuando la salvó. Había heridas apareciendo en su piel y una respiración forzosa que delataba el dolor por el que estaba pasando.

De repente: una respiración nueva. Fuerte, desesperada e irregular. La herida de John aún sangraba y permanecía inconsciente, pero vivo.

La belleza sureña soltó a ambos hombres al instante, no sabiendo qué más debería hacer.

—¡Estamos a 3 kilómetros!— les avisó Shoot. En respuesta, Nightcrawler tomó a John y desapareció junto a él, dejando una nube de humo y aroma a azufre detrás.

Silencio y sorpresa embargaron el jet.

—¿Byron?— preguntó Mark con timidez en busca de algo de información.


Su boca representaba el vivo ejemplo de lo que era la sensación de masticar alambre. Se sentía débil y desorientado, con una luz demasiado blanca iluminando sus ojos, que luchaban por abrirse y evitar la cómoda oscuridad de la que escapaba lentamente.

Su mente intentaba comprender. Esas simples preguntas del qué sucedió y dónde estaba parecían complicadas en ese momento.

Su cabeza dolía, además de sus músculos agarrotados.

Para ese momento había dos pensamientos rondando su mente: uno era el de la posibilidad de estar muerto, porque había recordado la pelea con el estúpido clon, pero el dolor no se relacionaba con el más allá y todo eso… a no ser que estuviera en el infierno (lo que era una posibilidad considerando la vida que había llevado). El otro pensamiento: se había salvado milagrosamente, porque existía un dios todo poderoso que tenía un plan para él o algo así.

El primer pensamiento le parecía más razonable.

Cuando al fin logró abrir los ojos, parpadeó repetidas veces para aclarar su vista. Se encontró con una escena que le entibió el alma y llenó sus ojos de lágrimas (las drogas y el dolor lo habían vuelto un debilucho, a su entender): Raven y Tabitha dormían acurrucadas en unas sillas, cerca de su cama, descansando sus cabezas en el hombro de la otra y sus rodillas cerca del mentón.

—¡John!— dijo alegre, una voz matizada con el acento más bonito que alguna vez oyó.

Era Rogue, quien ingresaba a la habitación, tomando su rostro, con delicadeza, entre sus manos para depositar un casto beso en sus labios.

Él sonrió bobamente, mientras se repetía mentalmente que no estaba muerto. No era tan bueno como para llegar al paraíso y todo se parecía demasiado a uno.

—¿Cómo te sientes, Johnny?— ahora Tabitha se encontraba al otro lado de su cama, tomando su mano, con el rostro propio de alguien que no durmió de la mejor manera.

—Fantástico— soltó sarcástico, con una sonrisa.

—Chicos, por favor ¿Pueden retirarse y dejar descansar a mi paciente?— pidió una mujer de cabello castaño y bata blanca.

—No seas aguafiestas, Moira. Estamos dándole la bienvenida a St. John— replicó una molesta Raven, tomando su lugar junto a la cabecera de la cama del joven para darle una caricia.

La doctora bufó, intentando contener la risa. No quería que todos esos jóvenes que preguntaban por John dejaran de tomarla en serio, por lo que los últimos días parecía comportarse como un ogro. Aunque no parecía estar funcionando muy bien.

Rogue se rindió primero y aceptó marcharse a regañadientes, luego de que Moira inyectara a Pyro con un medicamento que lo haría dormir, a pesar de las protestas de las mujeres que le explicaban lo ocurrido al chico.

—Te amo— susurró Rogue, cerca de los labios de un drogado pirómano, quien apenas sonrió débil antes de quedarse profundamente dormido otra vez. Ya le habían dicho que todo estaba bien: Emma Frost encarcelada, proyecto Centinela suspendido por irregularidades, sus soldados aceptando permanecer tranquilos hasta que su líder los contactara y Lauren bajo la custodia de los X-men No necesitaba saber nada más.


John recibió una visita un tanto inesperada, al poco tiempo, cuando aún permanecía en la enfermería de la mansión X.

—Querido joven— lo saludó Erik, cubierto de una gabardina y sombrero cafés—. Espero, mi visita no le inoportune— deseó aún de pie, con toda la amabilidad que lo caracterizaba.

—Eso sería imposible, señor— le aseguró con una media sonrisa, señalando, aún débilmente, la silla a la derecha de la cama en la que permanecía.

Erik aceptó silencioso. Una vez en su lugar, habló:

—Deberá dejar de llamarme señor, joven Pyro. De lo contrario, me veré en la obligación de hacer lo mismo con usted y no parece su estilo— le explicó, pero las cejas arqueadas de John, le obligaron a ser más claro—. Encabezó la revolución más grande que vi en mucho tiempo, sin contar los admirables resultados que obtuvo. No me parece coherente que un líder llame a otro señor, sin recibir el mismo grado de respeto.

—No soy el líder de nada, señor— sonrió nuevamente—. No quiero ser tratado como si lo fuera.

—La historia le demostrará lo contrario, querido joven— sonrió con cierto orgullo.

—¿Me dedicaré a correr visitas?— protestó un poco, la mujer que se encontraba de brazos cruzados en el marco de la puerta. Moira desistió de su anterior tono ante la mirada que Erik le dedicó—. Necesita descansar— aclaró, suave.

—Me imagino— replicó calmo, aunque notoriamente enfadado—. Querido joven— lo saludó tocando su sombrero para anunciar su retirada. Erik se había comprometido a permanecer calmo y en paz por algún tiempo, mientras las cosas entre los humanos y mutantes se seguía acomodando. El misma Charles le dio la bienvenida en la mansión las veces que quisiera (sin casco. Solo por seguridad). Aunque Magneto nunca aceptó que su retiro de la revolución mutante fuera permanente. Era todo lo que podían obtener de él—. Espero acepte este presente— tomó un paquete que John reconoció, ya que carecía de papel de envoltura—. Me agradaría jugar otra vez con usted.

—Será un placer— aceptó, tomando el tablero de ajedrez desarmado—. Aunque ahora recuperó a su viejo amigo para reemplazar mi lugar un tiempo— le recordó sonriente.

—Los grandes amigos no se reemplazan, querido joven— se despidió con esas palabras, dedicándole una nueva mirada fría a la mujer castaña que pareció estremecerse levemente. Erik nunca comprendería a los hermanos que le daban un lugar a una humana para sus cuidados médicos.

"Homo sapiens"— pensó con desprecio antes de salir del lugar.


John POV

El fuego me quemaba. Me quemaba y no podía alejarlo. Soy Pyro, con un demonio. Soy el puto dios del fuego, no se supone que el fuego me lastime. No se supone que grite de dolor por las llamas.

Luego la oí. El grito desgarrador, las suplicas. Unos ojos azules que brillaban más que el fuego mismo. Me pedía que la ayudara, me rogaba por que alejara el fuego, pero no podía. No podía, le fallaba otra vez. Le fallaba y me dolía hacerlo, incluso más que el fuego que nos consumía.

—¡John!— una sacudida acompañó al grito que me llamaba. Cuando abrí los ojos, me encontré aún en la enfermería de los X-men, y una expresión preocupada en el rostro de la dama más delicada que conocí—. Fue una pesadilla, John— me explicaba—. Solo fue una pesadilla. Ya, tranquilo— me pidió. No tocaba mi piel, seguramente estaba preocupada y temía desatar su don sin querer.

Mi corazón latía tan de prisa que parecía querer salirse de mi pecho. Al fin comprendí de donde venía tanta preocupación de Rogue: la maquina, que controlaba los latidos de mi corazón, soltaba un chillido molesto. No podía calmarme. Sabía que hacerlo sería la única forma de que se detuviera el chillido de alarma de la maquina y la preocupación de mi novia, pero no podía. Las imágenes del sueño seguían agolpándose en mi cabeza.

—Fue solo un sueño— me recordaba nuevamente, entrelazando los dedos de su mano enguantada en la mía.

Respondí con un asentimiento y respiré profundamente para detener mi jadeo, pero mi corazón no se aletargaba, aún lo sentía tratando de escaparse de mi caja torácica.

—John, si no te calmas tendré que sedarte— me advierte la doctora. No sabía hace cuanto entró a la habitación, pero detrás de ella apareció Tabitha, con una bandeja con comida. Me dedicaba un ceño fruncido, antes de dejar la bandeja a un lado de mi cama y acercarse a mí.

—Oye, Johnny. Basta ya— me pide suave, con ese toque de firmeza que solo ella es capaz de usar—. No me obligues a que te golpee, en serio— me sonríe divertida y toma mi mano libre.

Correspondí su sonrisa, y sentí cómo el miedo se disipaba. Los ojos azules que brillan están ahí. Está ahí, con su toque tranquilizador. Mi chica explosiva.

La máquina deja de chillar, luego de que mi corazón dejara de palpitar acelerado. La calma me había tocado junto a la mano de Tabitha.

—Iré a comer— me informa la vocecilla de Rogue, junto a la puerta. Ni siquiera había notado que me había soltado y se alejaba. Estaba perdido en Tabitha en ese momento—. Nos veremos después— sonríe con cierta tristeza, y sin ser capaz de mantenerme la mirada, la desvía antes de girar sobre sus talones para salir de ahí.

—Tú también debes comer— me dice la rubia, luego de un momento—. Ya puedes comer sólidos. Te felicito— bromea depositando la bandeja que había traído, frente a mí.

Procedí a comer, mientras procesaba lo ocurrido. No era nuevo eso de las pesadillas. Desde niño las tenía y me aterraban constantemente. Lo que me llamaba la atención fue que Marie no había logrado calmarme. Fue Tabitha quien lo hizo. Y no creo que esté bien que una amiga tenga el poder de calmarme, cuando tenía a mi novia junto a mí en el mismo momento.

Tenía un problema.


Tabitha y Rogue no habían solucionado las cosas desde la pelea en el campamento del ejército de Pyro, cuando la chica de piel venenosa casi mata al pirómano.

Esto constituía un problema al ser las dos mujeres que más pasaban tiempo con el castaño, especialmente mientras permanecía en recuperación.

—Debes arreglar las cosas con Rogue— le aconsejaba Raven, una noche en que las mujeres de la familia disfuncional miraban al cielo estrellado, y Tabitha refunfuñaba por no poder acompañar a su Johnny, debido a la molesta presencia de cierta sureña.

—¿Por qué habría de hacerlo?— había protesta en su pregunta—. Aún quiero patearle el trasero por empujarme en el Ave Negra— recordó con enfado.

—Puedes hacer eso en un entrenamiento "amistoso"— le comentaba Wanda, haciendo el gesto de comillas en el aire con los dedos—, pero Raven tiene razón. Rogue es la novia de John y tú eres una amiga…

—Que lo besó— agregó la metamorfa en medio de la exposición de la pelirroja, haciendo bufar a Boom boom.

—No podrás evitarla— continuó Wanda—. Sabes que John la ama de verdad.

La rubia no quería aceptarlo, pero las mujeres tenían razón.

—Además debes hablar con St. John antes de que las cosas se vuelvan raras entre ustedes— sentenció Raven—. No elegiremos entre ambos ni nada que se le parezca.

Lamentablemente, seguían teniendo razón. Tabitha ya se estaba acostumbrando a eso de evitar sentimientos. Era una lástima.


Rogue se dedicaba a entrenar, golpeando una bolsa de boxeo en el gimnasio de la mansión. Era el ejercicio preferido para la chica de piel venenosa, siempre resultaba útil para enfocarse y liberar tensión.

Era temprano aún. El mejor momento para ella.

—Hey princesita— una voz familiar y que provocaba un enfado automático en ella, resonó a sus espaldas.

—Largo, Boom boom, estoy entrenando— soltó ácida, sin dejar su ejercicio.

—Wow… ¿Esos son los modales de una dama sureña? No entiendo porqué Johnny te llama así— se burló irónica.

—John me llama Belleza sureña— replicó con burla. No era su estilo hablar así con nadie, pero la rubia era un motivo de celos que no había tenido la oportunidad de solucionar con su novio. Las desventajas de tener acceso a los recuerdos de los demás cuando los tocaba, eran más precisamente, tener los recuerdos de su novio. Especialmente cuando esos recuerdos incluían un beso con cierta rubia de ojos azules.

—¿Porqué no entrenas conmigo?— le propuso con una sonrisa, luego de ignorar las palabras de la otra.

—Solo lo hago por el ejercicio aeróbico— le explicó a modo de negativa, mientras se quitaba los guantes. Realmente no le interesaba pasar más tiempo con ella. Quizás en otro momento hubiera sido diferente, pero seguía repitiéndose en su cabeza el beso que John le dio a la chica.

La mujer de las franjas se dispuso a marcharse del gimnasio, cuando la voz de Boom boom volvió a oírse a sus espaldas.

—Johnny es mi mejor amigo.

—¿Y?— cuestionó sin darse vuelta. No esperaba tener esta conversación con la chica. No ahora por lo menos y no antes de tenerla con su novio.

—Me importa una mierda quien sea su novia. Es mi Johnny. Puede acostarse con quien quiera, pero seguirá siendo mi Johnny.

Mala elección de palabras. Si bien Rogue era una dama sureña, no podía evitar ser celosa, incluso posesiva. Bobby se lo había dicho en algún momento, al igual que Remy e incluso Logan había intentado hacerlo. Pero no le importaba ahora. No le importaba porque esa chica, esa rubia, acababa de formular una oración demasiado territorial para con alguien que no le correspondía. Por eso se giró sobre sus talones para mirar directo a esos ojos azules al hablar:

—¡John es mi novio!

Tabitha ni siquiera fue consciente de la sonrisa arrogante que se dibujó en sus labios.

—Vamos, princesa intocable— puso los brazos en jarra, mientras hablaba con tono de superioridad—. Johnny te ama y yo soy su amiga. Y no me importa la imagen de traidor que creó en este lugar cuando se marchó, él no es nada de eso y no va a dejarme por ti.

Rogue presionó las manos en puños. Celos y enfado inundándola, mientras sus mejillas se sonrojaban y las lágrimas de indignación se hacían presentes.

Boom boom no pudo evitar recordar a Pyro y la conversación con sus amigas. Debía arreglar las cosas. Por eso tomó una gran bocanada de aire, suavizando sus facciones.

—Nos llevábamos bien— le recordó el primer encuentro en la cafetería, las múltiples charlas y risas—. Sería bueno que recuperáramos eso…— sonrió suave— por lo menos por Johnny.

Eso desencajó a la sureña, quien contempló sorprendida a su interlocutora, como buscando algún atisbo de broma. No halló nada de eso. Solo sinceridad desbordando a la rubia.

Tabitha aguardó un momento, permitiéndole a la otra sopesar su propuesta, antes de tenderle una mano, como ofrenda de paz.

Rogue se sorprendió aún más con el gesto. Si bien para cualquier persona con honra, estrechar las manos es un signo de hacer las paces, para ella, con su piel venenosa expuesta, representaba mucho más y Tabitha lo sabía. La sureña debería controlar su don a voluntad para tocar a la otra, sin hacerle daño, demostrándole así la aceptación y el respeto.

La rubia continuaba a la espera, hasta que finalmente la morena aceptó estrechar su mano.

Nada ocurrió.

Ambas sonrieron ampliamente. Porque además de ese pequeño gesto de confianza, la morena pudo percibir recuerdos de Tabitha en los que se incluían Warren y un John con tintes de hermano mayor.

Era bueno hacer las paces.


Ese mismo día, Boom boom ingresó a la habitación de John en la enfermería.

—Creo que debemos hablar— anunció Tabitha, recostándose junto a él. Al castaño no le molestaba en lo más mínimo la cercanía de la rubia—. Me lo debes, antes de que nuestra relación se ponga rara y esas cosas.

John no pudo evitar recordar el beso antes de la batalla, sintiéndose culpable por un momento.

—No te amo, Johnny— le dijo ella, mirando al techo de la enfermería. Hablaba con su usual despreocupación.

—¿Qué?

—No te amo, Johnny— replicó, aún observando el techo—. Ya sabes…— se encogió de hombros— eres algo así como mi mejor amigo. Tú amas a Rogue y yo…— dudó en cómo terminar la frase.

—¿Te gusta Ángel?— sugirió él, siendo conocedor de algunos datos que Wanda y Raven habían dejado colar. Aun debía amenazar al rubio. Ya saben, cosas de amigos celosos.

—Bueno… sí— un sonrojo subió por sus mejillas, obligándola a no despegar su vista del techo, a pesar de que John había girado su cuello para observarla—. El punto es que… lo del beso fue algo como… esa estupidez del último día en la tierra y eso— siguió algo más segura—. No me gustas… eres más como un hermano para mi, Johnny— finalmente giró, luego de concluir, para observar las reacciones del hombre.

—Se supone que las mujeres son complicadas— sonrió de lado al hablar.

—Yo soy mucho más genial que el resto de las mujeres— bromeó ella—. Por eso eres mi amigo y no nos acostaremos.

—Eso es una lástima— bromeó él en respuesta, haciéndola reír.

Se había solucionado tan rápido que le resultaba increíble. De repente eran amigos otra vez. La chica explosiva y el chico malo. Ambos contra el mundo y nadie podría detenerlos.

De un momento a otro, una Shadowcat, con expresión de niña aterrada que temía ser descubierta en una travesura, atravesó corriendo el muro de la habitación del pirómano, extendiendo una mano hacia la rubia, agitándola en el aire frenéticamente y en silencio, para indicarle a Tabitha que se apresurara. La aludida brincó fuera de la cama que ocupaba, intentando sofocar una risita traviesa, al igual que la pequeña castaña, para huir juntas, atravesando el otro muro.

—Suerte. Tienes mis bendiciones— susurró Tabitha hacia John, antes de partir.

El castaño no comprendía lo que acababa de suceder, hasta que algunos minutos después, Rogue ingresó a la enfermería. Seguramente Kitty estaba vigilando la entrada, por pedido de Boom boom. De ahí toda la escena.

—Hola, cielo— lo saludó la chica de las franjas, depositando un beso en sus labios.

John nunca creyó, antes, que tendría a una mejor amiga y una novia; que amó toda su vida. Las cosas resultaban mejor de lo que esperaba.


John POV

Wanda y Moira discutiendo sobre mi recuperación no era algo nuevo. En los días que llevaba ahí, había oído una decena de intercambios de ideas, subidas de tono.

Esa no parecía diferente: Wanda afirmaba que yo necesitaba a la gente que quería conmigo, porque el aspecto psicológico era de extrema relevancia en una recuperación, especialmente luego de una situación tan traumática. Por su lado, la Dr. Moira insistía en que era fundamental el descanso y que no lo lograría si seguía experimentando emociones fuertes.

Era un poco extraño que la discusión hubiera llegado hasta mi habitación, por lo general solo podía escucharlas del otro lado de la puerta. Al parecer, Wanda no estaba dispuesta a perder esa pequeña batalla, por lo que llegó hasta el interior de mi cuarto.

—Dra. Moira, solo tomará un segundo— informó Tabitha al ingresar. Ella y su infinita seguridad—. Luego lo dejaremos descansar por el resto del día— prometió al hacer una señal hacia la puerta, dándole el paso a los miembros más jóvenes de los X-men.

La doctora bufó rendida. Le dediqué una sonrisa torcida cuando me miró con cierto reproche. Storm solía decirme que mi expresión le decía "todo estará bien". Yo esperaba que le transmitiera lo mismo a esa humana tan amable.

—Prométeme que descansarás, después— me pidió en un tono entre suplicante y reprochador—. Parece que solo puedo confiar en tu palabra. Tus amigos no están muy dispuestos a escuchar a la humana.

—Lo prometo— concedí. Quizás presionaba mi nueva capacidad de cumplir promesas. Antes de la última batalla nunca lo había hecho, pero ahora parecía ser capaz de ello.

Moira salió y Wanda se recostó junto a mí en la cama. Era como si se hubiera dispuesto a observar una película.

Los niños se habían ubicado uno junto al otro, frente a los pies de mi cama, dejando un espacio por el que Tabitha pudiera pasearse de lado a lado.

—¡Firmes, soldados!— les indicó mi amiga, cuando caminaba frente a ellos, sin mirarlos, con ese aire de general—. Ahora, se presentarán frente al señor Pyro.

Mi estomago se encogió un poco ante esas palabras, pero Wanda tomó mi mano para tranquilizarme. Quizás mi sonrisa quería decir "Todo estará bien", pero mi mano siendo estrechada por una de mis amigas quería decir "Todo estará bien, estamos contigo".

Los niños disfrazados de X-men podrían haber pasado por soldados, si sus rostros serios y frente en alto no estuvieran ocultando unas sonrisas divertidas.

—Usted comience, soldado— le ordenó a Shoot, al ponerse de pie frente a él, para luego tomar su lugar a un costado.

El niño dio un paso al frente.

—Nombre: Christian Green. Nombre clave: Shoot.

—Condecorado con el honor de "salvarle el trasero al mesías de mutantes: Pyro"— anunció Tabitha, tratando de fingir que hablaba en serio. Wanda y yo éramos los únicos que reíamos abiertamente.

Shoot volvió a su lugar. Mark fue el siguiente.

—Nombre: Mark Stevens. Nombre clave: Visión X.

Abrí los ojos de par en par. Les había pedido ser el primero en enterarme de sus nombres cuando descubrieran su identidad. Y lo habían recordado.

—Condecorado con el honor de "encontrar al mesías de mutantes, 'Cabeza dura', entre los árboles"— bromeó ahora, Tabitha.

—Nombre: Sesee Adams— dijo la muchachita que siguió—. Nombre clave: Flora—. Su condecoración fue la de "abrirle el paso al idiota que tenían como líder, para que se salvara".

—Nombre: Sumer Cambell. Nombre clave: Cobra —. Su condecoración: "ser la mujer con más cojones, de por ahí".

—Nombre: Cooper Simmons. Nombre clave: Enki—. Su condecoración: "sacar al mesías más imbécil del mundo de su casi-tumba-en el bosque".

—Nombre: Sandy Harrison. Nombre clave: Dead time—. Su condecoración: "salvar las vidas de sus hermanos mutantes, porque el idiota de su jefe no fue el que lo hizo".

—Nombre: Byron Samuels. Nombre clave: Kairós —. Su honor: "decirle a todos; tácitamente; que eran unos idiotas al brindarles información que no supieron leer de entre las señales".

—Nombre: June Stuarts. Nombre clave: True-lie

—Es un placer conocerlos, finalmente— les aseguré.

Los niños sonrieron abiertamente. Esa fue su primera presentación formal como mutantes.


Narrador POV

Con el tiempo, John recibió el alta. Negándose a realizar reposo, caminó tomado de la mano de Rogue (Marie, como se tomó la libertad de llamarla), hasta que les informaron que debían asistir a una reunión en la oficina de Storm. Si bien Xavier había regresado, no reclamó su viejo despacho. Ni a él ni a nadie le parecía lo correcto.

La muchacha de las franjas resopló un poco molesta. Su novio no le había permitido, bajo ninguna circunstancia, realizarle una fiesta de bienvenida, por lo que una reunión de trabajo le fastidió mucho más.

Cuando Pyro lo notó, le dedicó esa sonrisa torcida que Storm consideraba como el sinónimo de "Todo estará bien". No pudo evitar sonreírle en respuesta. Lo amaba lo suficiente.

Ya en la oficina de Storm, se encontraron con todos los miembros mayores de los X-men.

Las sonrisas de bienvenida no se hicieron esperar. Todos estaban felices por la presencia del pirómano, incluyendo a un Logan que fumaba un cigarrillo en la esquina de la habitación, distraídamente. El mutante inmortal había logrado una huelga de paz; tácita; con el nuevo novio de su hija postiza. Luego de la paliza que le dio a Gambito, dudaba que el chico hiciera algo malo con ella. Sin contar la pelea que casi le cuesta la vida y salvó a los suyos, no solo de la Reina Blanca sino de él mismo también. El chico se había ganado su lugar, no lo negaría.

Storm se dio el gusto de abrazar al muchacho, haciéndolo tensarse. Aún no había tenido la oportunidad de hablar con ella.

—Storm… yo…— balbuceó, antes de que ella lo soltara. Cuando ella lo hizo, acunó su rostro entre sus manos, sonriendo con dulzura.

—Eres un niño— sentenció, haciéndolo replicar con una mueca de disgusto. Ella rió con humor—. De cualquier forma hiciste un gran trabajo, John— le aseguró—. Me alegra no estar diciendo estas cosas en un funeral.

—A mi me alegra saber que tiene ese humor— sonrió de lado—. Lo siento… nunca debí decir esas cosas…

—Olvídalo— lo soltó al fin—, remediaste todo— lanzó una mirada fugaz, pero significativa, a su pareja, quien parecía aburrido.

Cuando ella se alejó, Bobby asaltó al pirómano en un abrazo fraternal.

—Drake, suéltame. Esto es demasiado sentimental— le dijo, algo molesto.

—Diablos, cállate— respondió sin soltarlo—. Estoy feliz de que estés bien.

—Bueno… yo preferiría que me des otro cabezazo— explicó incómodo.

—Eres un idiota— se alejó para mirarlo, con su sonrisa perfecta.

—Sí, bueno… tú eres un niño de oro insoportable— se encogió de hombros, burlón.

—Me alegra que tu arrogante trasero esté aquí, Dyce— le dio un leve empujón con el puño en el brazo, haciendo avergonzar un poco al castaño. Demasiado sentimentalismo para él.

—¿Esperamos a alguien?— cuestionó John, luego del recibimiento. Aún tenía problemas con los silencios.

Una ráfaga de viento fue la respuesta que recibió, dejando a un chico de cabellos plata, sentado despreocupadamente en un sofá, pareciendo haber dejado tras él un cartel colgante que rezaba una frase de bienvenida y varias copas de cristal en una mesilla que también apareció de la nada, junto a una botella de champagne.

—Por supuesto— replicó una voz entusiasmada y familiar, mientras la propietaria de ella ingresaba al lugar, despilfarrando seguridad—, faltábamos los invitados más importantes— le anunció, siendo seguida por los demás miembros de su particular familia y un tranquilo Erik que tomó un lugar junto Charles. Las cosas habían cambiado demasiado en muy poco tiempo—. Con permiso— pidió a la diosa del clima, sin detener su paso, para usar el asiento del escritorio como escalón, siendo asistida por el siempre cordial Ángel, a subir al escritorio como si de un escenario se tratase.

John hizo una mueca de desagrado, no le simpatizaba la idea de una celebración de bienvenida, pero cuando le iba a reprochar a su novia, notó la sonrisa calmada que le indicaba que era inocente. Ella hubiera comenzado a fingir nefastamente si hubiera tenido algo que ver. Su cara de póker apestaba.

Tabitha sacudió una revista entre sus manos, aclarando su garganta sonoramente para llamar la atención (como si no lo lograra por estar de pie en el escritorio de la directora de la escuela). Así se dispuso a leer:

El ya reconocido best seller, Ben Fire, nos sorprendió nuevamente— leía, salteándose el título y encabezado de la noticia—. Si bien no conocemos a este afamado escritor…— se quitó la revista de enfrente para que todos sepan que no estaba leyendo lo siguiente que dijo—. Habla por ti, idiota— se burló haciendo reír a todos. Luego retomó la lectura—. Lo que sí conocemos es su obra más reciente y nuevo éxito de ventas… y bla, bla, bla— hizo un gesto con su mano de que proseguía—. Si bien no es noticia nada de esto ¿Porqué hablamos de nuestro escritor fantasma?— volvió a retirar la revista de enfrente, para mirar a Rogue ahora—. No te preocupes Marie, luego buscaremos a esta tipa y patearemos su trasero por hablar de Johnny como si le perteneciera— bromeó, haciendo estallar en una carcajada a la aludida. Las cosas habían cambiado, definitivamente—. Pues bien, las nuevas teorías sobre quién es él, han reavivado viejos debates— continuó leyendo—. En su última obra, el protagonista es nada más y nada menos que ¡un mutante!— chilló emocionada—. Sí, leen bien, un mutante protagoniza la historia más vendida de este año. Y si bien un libro para adolescentes no parecería el impulsor para lograr grandes cambios en la humanidad, sí lo es para que se abran debates… bla, bla, bla… ¿Será Ben Fire un mutante? ¿O solo será un idealista que quiere cambiar el mundo y lo hace desde el anonimato?— volvió a quitar la revista, esta vez definitivamente—. ¿O un revolucionario que lucha por la paz?— le dedicó una sonrisa orgullosa al castaño, quien no pudo evitar pasear su mirada por el lugar, recibiendo replicas del gesto de su amiga, en diferentes niveles.

Las cosas habían cambiado, definitivamente.

FIN


Nota: Hasta aquí llegamos con esta historia. Espero que hayan disfrutado de leer, aunque sea una fracción de lo que yo disfruté escribiendo.

Quizás es porque estoy deprimida o solo soy objetiva, pero dio un poco de asco el final. Vomito arcoiris, ya les había advertido (tal vez no en el sentido cliché, pero lo hago a mi modo). De hecho me vi tentada a reescribirlo, anoche, pero hice sufrir demasiado a los personajes, ya era tiempo de que tuvieran algo de felicidad.

Obviamente Erik volverá a lo suyo en cuanto pueda, incluso quizás trate de que John se le una. Pero eso ya queda en la interpretación de cada uno.

Espero haber atado todos los cabos sueltos. Y si no, me lo pueden decir.

*Debo aclarar que nn los comics, Rogue tenía la capacidad de pasar un poder que absorbía a otra persona, con un toque de su piel. Otra de esas cosas que en las pelis se perdió, junto a su súper fuerza, capacidad de volar, y Mystique junto a Kurt como familia adoptiva. Así que eso no es de mi invención.

Bueno, gracias por haber estado, en especial a mitana, Saphira Casterwill (que ni siquiera sé si leerás esto en algún momento, pero estuviste desde el principio y me diste ánimo además de opinar, eso fue perfecto y me hiciste inmensamente feliz) y a Ellistriel porque es mi sensei de FF, siempre me das críticas constructivas y eso me ayuda mucho. Son geniales chicas.

Pueden pasarse por mi perfil porque tengo muchos one-shot nuevos y quizás comience un nuevo long fic en breve. Hay un adelanto del long fic y anoche publiqué un one-shot (estúpida época de exámenes parece inspirarme... o solo necesito excusas para no estudiar, no lo sé).

**Los alias de Sesee, Byron y Cooper son nombres de dioses. Flora (mitología romana), diosa de flores, jardines y primavera; Kairós (mitología griega), significa el "momento adecuado u oportuno". Eurípides dice que es: "el mejor guía en cualquier actividad humana"; Enki (mitología sumeria), es el dios de la tierra. El alias de Sumer, es obviamente referido a que las cobras pueden escupir veneno. Y los demás, son patéticamente inventados por mí.

Sin más que decir, que el universo conspire a su favor. Nos leemos.

Pueden dejar review, aún no es tarde.

Respondo review:

mitana: oh, cielo ¿de verdad crees que soy tan cliché? Porque es un poco triste. Odio los matrimonios y todo eso en los finales. De hecho no estoy contenta con este final tampoco. Lo más triste que hay es un Hank muerto. Pero, bueno, eso queda en los lectores.

Gracias por estar desde el principio. Me hacías feliz con los reviews y te lo agradezco, niña. Saludos. Be free, be happy.