Disclaimer: Shingeki no Kyojin no me pertenece, es propiedad de Hajime Isayama. El fic le pertenece a lunatrancy.

Summary: ¡Modern Sugar Daddy (*) AU! Eren es un típico estudiante universitario con problemas. Su padre cree que es una decepción. Está teniendo una aventura con su amigo (quien ya tiene una relación). Siente como si todo fuera inútil.

Una noche se encuentra con un apuesto extraño. Pero cuando este extraño comienza a casualmente tirarle dinero, Eren llega a un acuerdo: tener un amante mayor y adinerado no es la peor situación en la que podría estar.

Su único problema son sus propias emociones: seguir aferrándose a sus dolores pasados y tratar de aceptar un posible futuro al lado de Levi.

Autora: lunatrancy

Traductora autorizada: AddictedToMxM

Notas de autora: ¡Sugar Daddy AU como lo prometí!

Solo como una advertencia: hay algo de Jean/Eren en este fic (sé que para algunos es una notp PERO ESCUCHEN); sin embargo, este fic estará centrado definitivamente en Levi/Eren.


Sugar on Top

Capítulo 1: Bitter Without the Sweet

La cama se meció y golpeó la pared. Era un esporádico golpeteo, que coincidía con los movimientos de los dos en la cama. Jean tenía su mano alrededor de la cabecera, usándola como soporte mientras embestía sin descanso dentro del chico debajo de él.

Eren mantenía su cabeza hacia atrás, dejando que Jean lo follara hasta quitarle el aliento. Estaba siendo desvergonzadamente ruidoso, arrastrando sus uñas por la espalda del rubio. Hizo que Jean mantuviera sus piernas en el aire. Demonios, estaba haciendo que Jean haga todo el trabajo. Él solo estaba de espaldas, dejando que pasara. Dejando que Jean utilizara su cuerpo. Dejándose lastimar a sí mismo.

Pero siempre podía soportar un poco de dolor.

Jean se agachó y enredó su mano en el oscuro cabello de Eren, jalando su cabeza hacia atrás. Forzando al castaño a descubrir su sudosa garganta, Jean se inclinó y mordió la piel, marcándolo visiblemente. Eren soltó un largo gemido, sus piernas apretándose alrededor de la cintura del rubio.

Eren se vino con un largo gruñido, su cuerpo arqueándose contra el otro. No pasó mucho tiempo para que Jean lo siguiera, saliendo para correrse en el estómago del castaño. El semen caliente y pegajoso fue dejado intacto mientras Jean rodaba lejos. Eren estaba sin aliento.

Los dos se echaron de espaldas, mirando el techo. Eren se estiró sobre el borde de la cama y cogió la camiseta del rubio, limpiando su estómago con ella. La tiró a un lado y Jean siseó.

—Típico de ti. Bastardo.

Eren se encogió de hombros y se giró para su lado.

—No me importa.

Solo era eso. No le importaba. Raramente lo hacía.

Jean se removió, volteando para su lado también. Sin embargo, al mirar hacia el costado opuesto, sus espaldas estaban casi juntas. Sus cálidas pieles se tocaron brevemente, pero ambos se separaron. Eren estaba cansado. No quería ser tocado. Ni siquiera quería hablar en realidad, pero tenía que preguntar.

—¿Cuándo vuelve Marco? —inquirió. Era la única cosa sobre la que tenía que hablar. Y no duraría mucho.

—Domingo —respondió Jean—. Fue a su casa por el fin de semana. Creo que solo está visitando a su mamá.

—Para ser un estudiante de Derecho, apestas al preguntar cosas importantes —murmuró el castaño.

Así que era otro de esos fines de semana. Una larga semana donde Marco se iría temprano el viernes y regresaría en cualquier momento del domingo. Eso estaba bien. Solo era viernes por la noche, así que Eren tenía todo el día siguiente para limpiar e irse. Era muy tarde para manejar a casa y estaba demasiado cansado. Y realmente no quería entrar a su departamento y enfrentar a su hermana. No a la una de la madrugada.

Jean palmeó el brazo de Eren.

—Cállate. Anda a dormir ya.

No era tan fácil. Es decir, estaba cansado, pero aún faltaba que se quedara dormido. Y no estaba exactamente soñoliento. Su cuerpo estaba exhausto y sus ojos seguían húmedos, pero no tenía sueño. En vez, decidió mirar fijamente por la ventana. Más allá de la cortina corrida podía ver las luces de afuera, a través de las ramas de los árboles.

Definitivamente no estaba cómodo. Nunca estaba cómodo durmiendo en la cama de Jean. No era porque la cama estaba dura. No tenía nada que ver con los ronquidos de Jean. Y no era porque estaba en el lugar del novio de Jean.

Marco nunca sabía. Ya habían pasado casi dos años y él aún no tenía idea.

No fue culpa lo que tenía despierto a Eren tampoco. Solo era inquietud. Algo se sentía vacío al dormir en ese lugar. No era suyo. Él no pertenecía ahí. ¿Pero dónde podría alguna vez encajar? No tenía ningún lugar. Y estaba seguro de que permanecería de esa manera.

Repentinamente tuvo frío. Tiró las sábanas sobre sus hombros y se acurrucó. Le dio una fuerte patada a Jean, solo porque podía, antes de caerse dormido.


Eren se escabulló del departamento tan temprano como pudo. No despertó a Jean; no por accidente y no para despedirse. No quería despertarlo. Mientras menos interacción tuviera que hacer, mejor. Salió en un instante, tomando sus llaves, y se dirigió por el pasillo hasta su coche aparcado afuera.

Afortunadamente, Jean no vivía tan lejos de su propio hogar. Le tomó poco menos de diez minutos a Eren el manejar desde el departamento al suyo. Pero ahí era donde las cosas se ponían a menudo complicadas. Podía salir a hurtadillas del departamento de Jean, pero ingresar a escondidas al suyo era un desafío.

Primero estaba Armin, su amigo de la infancia, quien tenía el sueño ligero. Y cómo lograba conseguir tenerlo, era un misterio para Eren. El chico tenía clases nocturnas y trabajaba en las tardes. Eren siempre pensó que eso provocaría un sueño pesado, pero había despertado a Armin en múltiples ocasiones. Y cada vez recibió un sermón soñoliento por quedarse afuera hasta tan tarde.

Y si conseguía evadir a Armin, aún estaba su hermana Mikasa. Ella era a quien no quería enfrentar. Por lo menos con Armin, los argumentos eran cortos. Directos al punto. Sobre todo porque Armin quería dormir. Pero Mikasa era madrugadora; ella ya estaba funcionando a las siete de la mañana cuando Eren recién se disponía a descansar.

Metió la llave en la cerradura y la giró. Escuchó el clic y empujó, sosteniendo el aliento.

—Eren.

—Mierda…

Suspiró y entró al departamento en derrota. Mikasa ya estaba despierta. Estaba amarrando sus zapatillas, usando su ropa normal para ejercitarse. Él pensó que no la encontraría; entrar después de que ella fuera a correr y antes de que Armin despertara.

—Buenos días.

—Eren, ¿dónde estabas anoche? —preguntó Mikasa, dándole una mirada. No, estaba viendo las marcas en su cuello.

Eren se encogió de hombros y pasó una mano sobre su piel expuesta, tocando las marcas visibles de la noche anterior.

—Solo estaba… afuera…

—No mientas.

Él bufó.

—Estaba afuera follando con cada tipo que se me cruzó en la calle. ¿Mejor?

Mikasa suspiró, mirando el piso y sacudiendo la cabeza. La expresión en su rostro era puro tormento y dolor, todo mezclado en uno.

—¿Por qué haces esto?

—Mikasa, no es la gran cosa. Y es muy temprano para discutir sobre esto —espetó Eren—. Estoy cansado y quiero ducharme y dormir. ¿Así que podemos dejarlo?

—Hablaremos más tarde —dijo Mikasa, levantando sus manos. Un signo de que estaba exasperada, no derrotada—. No te puedo soportar en la mañana. Eres incluso más terco y estúpido antes de las doce.

—¡No lo soy!

Mikasa negó con la cabeza y tomó su botella de agua. Pasó al lado de Eren y le jaló la oreja.

—Anda a limpiarte. Y descansa, necesitas dormir más.

Eren empujó su mano. Rodó sus ojos y murmuró un "lo que sea" mientras ella dejaba el departamento. El chico exhaló y se dirigió a su habitación. Agarró un par de prendas y se fue al baño.

Su muy necesitada ducha estaba perfecta. El agua se llevó el sudor y el olor de Jean. Era refrescante, al igual que dolorosa. Al igual que el calor que salía de su cuerpo. Pasó las manos por su cabello y sobre su cuello. No podía sentir ninguna marca, pero sabía que estaban ahí. Sabía que su cuello estaba cubierto de negras y moreteadas mordidas.

Cerró los ojos, dejando que el agua golpeara su cara.

Eren no se molestó con su ropa. Apenas se secó y se metió en la cama, jalando la sábana y edredón sobre su cuello. No le importaba que su cama estuviera toda mojada. No le importaba que su cabeza estuviera toda fría. No se comparaba con el sentimiento de vacío en su estómago. Tenía que preguntase a sí mismo cómo se podía sentir tan solo aún.

Tenía lo que necesitaba físicamente sin el daño emocional y sin el estrés. Sin el insoportable dolor. Era más fácil. Era mejor.

Pero aún seguía doliendo. Incluso después de lavarse y limpiarse y regresar a sí mismo, aún dolía.


Eren Jaeger estaba lo suficientemente cerca de su universidad que podía caminar hasta allí. Pero prefería manejar en su auto, solo para darse el lujo de no tener que caminar a casa tarde en la noche. O tener que ir en el tren. Y, en general, tenía más sentido para él. Era un estudiante de arte. Tenía un montón de mierda que cargar consigo. Tenerlo todo en su coche entre las clases y mientras trabajaba era mejor que tratar de tratar de transportarlo con él todo el día.

Dejó sus materiales perfectamente organizados en el maletero del auto. Hizo caso omiso de la forma en que el resto de su coche se veía, pero la zona donde guardaba sus materiales de arte siempre estaba limpia.

Era un estudiante de arte después de todo, así que tenía que asegurarse de que sus materiales estuvieran cuidados. El resto de los libros solo ocupaba espacio, pero podían ser pisapapeles bastante útiles. No es como si Mikasa realmente aprobara que le pusiera poco esfuerzo a sus otras clases.

Pero conseguía pasarlas, y eso era todo lo que en verdad le importaba. Mientras no estuviera reprobando, sus calificaciones nunca le preocupaban en sus cursos de literatura o esas clases de biología. Ambas eran del interés de Armin, así que al menos Eren tenía algo de ayuda.

Especialmente con su nuevo calendario de cursos, sabía que definitivamente necesitaría la ayuda de Armin. Puede que estuviera inscrito mayormente en cursos de arte, pero aún tenía que tomar estúpidas e irrelevantes clases. Estúpida mierda como matemática y más maldita matemática y algo de justicia penal electiva.

Atendía la Universidad de Trost y la mayoría de sus compañeros de secundaria o estudiaban con él o trabajaban cerca. Ya estaba en su tercer año, junto con Mikasa y Armin. Todos ellos se las arreglaban para mantenerse en contacto, mayormente por el entusiasmo de Armin. Pero había funcionado bien por los últimos años (sin incluir la caótica situación que fue la secundaria), así que Eren estaba agradecido por eso.

Pasaba sus días vagando por el campus entre sus clases. Perdía el tiempo dibujando, porque estudiar estaba fuera de discusión. Algunos días se encontraba con Mikasa e iba con ella al gimnasio. O tomaba café con Armin. Eren trabajaba en una de las cafeterías del campus después de que terminaba con todas sus clases y rogaba porque su tarea nunca fuera demasiada.

Y en los días en que en verdad no se sentía con ganas de lidiar con otras personas, corría al estacionamiento para follar con Jean. Ellos siempre usaban su auto, a pesar de que era desordenado. Jean nunca quería ensuciar su propio coche, lo que para Eren era más un código de que no quería que su novio sospechara algo.

Esa era la rutina general para el día de Eren.

El castaño bajó la ventanilla del asiento trasero de su coche, dejando que el aire fresco de otoño entrara. Era refrescante, considerando que estaba hecho un desastre jadeante y sudoso hace solo unos minutos. Jean estaba desparramado en el asiento, apoyándose en la otra puerta. Estaba arreglando su cabello, tratando de que vuelva a estar en su lugar.

Estirándose alrededor del asiento delantero del auto, Eren sacó un paquete de cigarrillos de su mochila, junto con un encendedor. Encendió uno y le dio una larga calada, dejando salir el humo por la ventana abierta.

—¿Te sientes bien? —preguntó Jean, viendo por encima del asiento en frente suyo para mirarse en el espejo retrovisor. Eren se encogió de hombros.

—Estoy bien —suspiró el castaño, observando el humo dar vueltas fuera de la ventana—. El clima está agradable.

—El clima está jodidamente genial —dijo Jean—. Como cuando me la chupas.

Eren le pateó la pierna incómodamente, riendo a medias.

—Cállate. ¿No tienes clase?

—Fue cancelada. Así que estoy pasando el rato contigo.

—Oh, bien. ¿Marco no está libre?

—Marco tiene clase. Ya lo sabes.

—¡No puedo saber el horario de todos! —rio Eren, sacudiendo la ceniza de su cigarrillo—. Apenas puedo con el mío.

—Eres un estudiante de arte. ¿Cómo es eso difícil?

—Soy un estudiante de arte con un montón de jodidas clases —suspiró.

—Hablando de eso, ¿cómo vas con lo de tus padres? —preguntó Jean—. Tú cambiando de carrera y todo…

Eren inhaló, cerrando los ojos. Frotó su cabeza, su frente formando líneas profundas.

—No hablemos de eso, por favor.

—Joder, lo siento.

—Está bien. Aunque se supone que debo ir allí esta noche. Acabo de recordar.

—¿Será brutal?

—Puede que no salga vivo de allí.

Jean le dio una palmada en la pierna.

—Sí lo harás. Tu mamá siempre fue comprensiva con estas cosas.

—Ajá, lo era. Pero no mi maldito viejo. Él todavía no lo ha dejado ir.

—Solo ocúltalo, no sientas (1) cuando te esté puteando.

Eren pateó a Jean otra vez.

—¿Cómo te puedo tolerar a veces?

—Porque eres adicto al pene.

—Asumo que estás hablando sobre tu hermosa personalidad.

Jean se rio burlonamente y Eren sopló humo en su cara. Se rieron y quejaron sobre sus clases. Eren preguntó sobre Marco; Jean preguntó sobre Armin y Mikasa. Hablaron sobre sus trabajos, sus planes de la cena para la tarde. Y, como siempre, se fueron con una incómodo adiós. Sin ni siquiera un beso; un abrazo, pero nunca un beso.

Eso era una parte de su relación. Podían follar todo lo que quisieran, pero besar estaba reservado para una pareja real. Los labios de Jean solo estaban destinados para Marco y se aseguró de que Eren esté consciente de ello. Podían morder y chupar la piel del otro, pero ni una vez compartieron un beso.

Era demasiado íntimo. Y esa era una parte de sí mismo a la que Eren no quería renunciar. No por Jean. Por lo menos no de nuevo. Había pasado por ese sufrimiento en la secundaria y no quería esa relación sin salida otra vez.

El sexo lo podía manejar. Pero no la intimidad. Simplemente no una relación. Pero había algunos días en los que se preguntaba, solo por un momento, qué se sentiría ser abrazado de nuevo.


Eren no era rico. Para nada. Sin embargo, sus padres —en realidad su padre, Grisha— eran adinerados.

Ellos vivían en una bonita casa de dos pisos, con una nueva habitación de invitados (la cual había sido el dormitorio de Eren) y una piscina sin usar. Estaba incluso en una urbanización cerrada. Tenían su propio auto y podrían darse el lujo de tener una criada. Aunque la madre de Eren se negaba a que alguien toque su casa. Especialmente ya que ella no trabajaba.

Eren estacionó su coche en la calle y metió las manos en los bolsillos de su sudadera mientras arrastraba los pies hasta el camino de concreto. Miró a su alrededor al patio muy bien recortado. Su padre siempre tenía que tener el mejor jardín de la manzana. Y siempre lo hacía.

Sacando sus llaves de la casa, Eren tocó el timbre. Siempre tocaba antes de meter sus llaves en la cerradura. Puede que sea su casa, pero ya no era realmente su hogar.

Hubo un crujido y escuchó ruidosos ladridos. Segundos después, la puerta se abrió ligeramente y vio el rostro sonriente de su madre. Ella apartó al perro, un gran pastor alemán, y abrió la puerta de par en par.

—¡Eren! —exclamó alegremente, tirando de su hijo dentro de la casa—. Oh, mi bebé, ¿cómo estás?

—Heh, estoy bien, mamá —Eren sonrió, abrazándola también. El perro saltó alrededor de sus pies y cuando se apartó, Eren se agachó para acariciar la cara del perro—. ¡Hola, Colosal! Sí, también te extrañé.

El perro se abalanzó sobre él y le lamió la cara, un chillido de emoción escapándosele mientras su cola se azotaba de un lado a otro. Eren jaló al perro en un torpe abrazo y miró a su madre.

—Algo huele increíble, puta mierd-

—¡Maldición, Eren! ¡Cuida tu boca!

—¡Oh, como sea, mamá! Pero en serio, ¿qué estás haciendo? Huele muy bien.

Carla Jaeger era su nombre y, como Eren, compartía el mismo cabello oscuro y actitud agresiva. Aunque para su hijo, conseguía domarla un poco. Llevó a Eren por la casa y Eren tuvo una avalancha de buenos recuerdos.

Pero los malos se colaban como intrusos en el fondo de su mente. Y por más que tratara de evitar pensar sobre cada pelea a gritos y cada puño que atravesó una pared, todo lo que veía era una zona de guerra. Sin embargo, sonrió para su madre, porque, para él, ella lo merecía. Nunca fue su culpa.

—¿Hiciste pollo y albóndigas? —jadeó el chico, mirando dentro de la gran olla en la estufa. Colosal rebotaba alrededor de las piernas de Eren, golpeándolo repetidamente.

—Mhm. Solo para ti.

—Mamá, tú siempre haces demasiado.

Carla hizo un ademán con la mano como restándole importancia mientras ponía la mesa.

—Silencio, niño. Estás lejos en la universidad. Te mereces una comida hecha en casa cada vez que puedas conseguir una. Deberías haber traído a Armin y Mikasa.

—Lo habría hecho, pero… tú sabes… la cosa de cambio de carreras puede causar tensión.

—Oh, Eren, no saques el tema.

—Pero sabes que papá lo hará.

—Eren.

—Ma, tú sabes cómo es. Siempre hace esto.

Carla irrumpió a través de la sala y entró a la cocina. Agarró a Eren por las mejillas, tirando de ellas fuertemente.

—¡Eren Jaeger, si no dejas de ser una pequeña mierda, entonces te castigaré!

—Maaaaa-

La puerta principal se sacudió antes de abrirse. Carla dejó caer las manos y le dio una mirada a Eren que significaba que estaba hablando totalmente en serio. Eren no estaba seguro de cómo ella planeaba castigarlo —tenía veintiún años—, pero si alguien podía castigar a un estudiante universitario, esa sería Carla Jaeger.

—Grisha, cariño, bienvenido a casa —dijo Carla en voz alta, caminando hacia la entrada. Eren la siguió lentamente y miró con cautela por la esquina. Vio a sus padres besarse brevemente y luego su papá alzó la vista.

Eren sonrió, tratando de ser lo más natural posible.

—Hey, papá.

—Eren. ¿Cómo estás?

Su tono era corto. Directo al punto. Grisha dejó caer su maleta y no se molestó en sonreír.

—Estoy bien —respondió Eren—. ¿Cómo has estado?

—Mejor.

—La cena está lista —intervino Carla, recogiendo la maleta de Grisha y colocándola al lado de la puerta—. Eren y yo estábamos poniendo la mesa.

—Bien —dijo Grisha, caminando al lado de ellos—. Va a necesitar saber cómo poner una mesa. Terminará como un mesero.

Eren hizo una mueca, arrugando la nariz. Carla miró a su alrededor, la palabra preocupación escrita por toda su cara. Corrió hacia Eren, calmándolo en silencio mientras el castaño sentía una oleada de gritos defensivos hirviendo en su estómago.

Los dos caminaron de regreso a la cocina, viendo a Grisha tomar su lugar en la mesa. Eren siguió a su madre a la estufa, cogiendo un bol y echando grandes cantidades de albóndigas en él.

—Grisha, cariño, ¿qué quieres de beber?

—Solo té.

—¿Eren?

—Quiero un vaso con agua —respondió llevando los platos a la mesa. Dejó primero el de su padre, luego el de su madre, antes de regresar a la cocina para recoger su plato. Se apresuró a ayudar a su madre con las bebidas, no queriendo que su padre tenga que darle instrucciones para cada cosa.

Los tres se sentaron en silencio, Grisha ya comiendo.

El silencio cayó sobre ellos, solo el tintineo de los cubiertos contra la porcelana llenando la habitación y la pesada respiración del perro. Colosal se sentó al lado de Carla, moviendo su cola con una sonrisa de cachorro en la cara. Eren se rio, acariciándolo en la cabeza, y el perro alzó su nariz para lamer y oler la mano de Eren por comida.

—No alimentes al puto perro —dijo Grisha.

—No lo hago. Solo estoy acariciándolo —espetó Eren. Carla se aclaró la garganta.

—¿Cómo están Armin y Mikasa? —preguntó.

—Están bien —dijo el chico, metiendo más comida a su boca. Observó a su padre fijamente y cogió un trozo de pollo. Lo dejó caer al suelo por resentimiento—. Mikasa está trabajando como asistente del entrenador en la Secundaria Shiganshina.

—¿En serio? —Carla soltó un grito ahogado—. ¡Felicitaciones a ella! Estoy feliz de que haya conseguido ese empleo.

—¿Y Armin? —preguntó Grisha. Eren suspiró.

—Armin está de interno en el Hospital de Stohess, papá. Estoy seguro de que te lo encontrarás en algún momento. Renunció a su trabajo en la cafetería del campus, así que yo me hice cargo de su turno. Bueno, parte de él.

—No te excedas a ti mismo, Eren —dijo Carla, su tono firme.

—Es un estudiante de arte. No puede excederse trabajando. Solo se sienta y garabatea mierda todo el día. Necesita un verdadero empleo. Por lo menos estaría haciendo algo.

Eren suspiró y picoteó su comida.

—Grisha, ¿puedes dejarlo? —Carla bufó. Grisha no le prestó atención—. ¿Y qué hay de Jean? ¿Qué está haciendo ahora?

Eren sintió su estómago hundirse.

—Aún está planeando estudiar Derecho.

—Bien por él.

Grisha tiró su cuchara sobre la mesa. Ya venía. Eren lo sabía.

—No puedo creer que abandonaste química, Eren —dijo Grisha—. Deberías haber conseguido un tutor. Pero no, en vez de eso vas y cambias de maldita carrera. ¿Vas de biología a arte? ¿En serio, Eren?

—Papá…

—¡Estás tirando tanto a la basura! —Grisha presionó—. ¿Y para qué? ¿Por un hobby? Eren, consigue un trabajo, un verdadero trabajo, y haz tus dibujitos aparte. No te especialices en ello. Arte no es algo en lo que te especializas. No te llevará a ningún lado. Es un último recurso, una excusa de carrera.

—Grisha Jaeger —espetó Carla, volteándose para enfrentar a su esposo—. Te dije incluso antes de que él viniera aquí que necesitas dejar de joder con su carrera. Es su decisión y puede hacer lo que quiera.

—Y también puede terminar como un vagabundo sin hogar. ¿Y por qué, Carla? ¡Porque decidió seguir su maldito sueño y especializarse en acuarelas!

Eren se sintió enfermo. Se sentía horrible y enfermo. Dejó la cuchara en la mesa y puso la cabeza entre sus manos.

—No quiero ser un doctor, papá —dijo el castaño, sacudiendo su palpitante cabeza—. Entiendo que ganas un montón de maldito dinero, pero no estoy interesado en ser médico. Y sí, tiene sentido tener un trabajo bien remunerado y luego hacer lo que mierda quiera como hobby, pero las cosas… médicas no me interesan como a ti y a Armin. ¿Podemos dejarlo ahí?

Eren vio la expresión en la cara de su padre y la combinación de decepción y furia. El chico suspiró, negando con la cabeza y picoteando su comida otra vez, mientras Grisha hacía lo mismo.

—Tu madre y yo no te criamos para que seas un cobarde que abandona todo —murmuró.

—¿En serio? Entonces cómo me criaste, porque no hay nadie más a quien echarle la culpa —masculló Eren de vuelta.

Grisha golpeó la mesa con su mano, haciendo vibrar los platos.

—¡Deberías haber aguantado y seguir! ¿Crees que Mikasa lo hubiera dejado? ¡¿O Armin?!

—¡Yo no soy Mikasa o Armin! —gritó Eren—. ¡Ellos están haciendo cosas que les gustan! Me puse la puta biología como objetivo porque me presionaste. Si alguien preguntaba qué quería hacer después de la secundaria, tú siempre les decías que iba a convertirme en doctor.

—Porque deberías haberlo hecho. Pero en vez eres solo… ¡una decepción cubierta de pintura!

—Grisha Jaeger —intervino Carla bruscamente, golpeando su mano contra la mesa—. Detente. Para eso ahora. Estoy cansada de estas peleas. ¿No puedes, por una vez, disfrutar el hecho de que tu hijo está en casa? ¡¿No podemos tener una jodida cena normal y en silencio por una noche?!

El pecho de Eren se apretó mientras asimilaba las últimas palabras de su padre. Decepción cubierta de pintura. Él solo era una decepción para su padre. Una gran, puta decepción.

Una aparentemente cubierta de pintura.

—Creo que ya terminé —dijo el castaño—. No puedo comer más.

—Eren…

Grisha se levantó, empujando sus lentes por el puente de su nariz.

—No quiero que un vago de artista viva de mi dinero. Estás desheredado financieramente, Eren. No más paga. Ya no vamos a pagar tus jodidas cuentas. Paga tu propio camino a través de la universidad. No voy a apoyar a alguien que ni siquiera será capaz de mantenerse a sí mismo.

Los ojos de Eren se agrandaron.

—¿Qué? N-no puedes hacer eso. Sí, tengo un trabajo y sí, pago por mi propia mierda, pero ese dinero extra cada mes en serio nos ayuda. Armin es interno este semestre. No tiene un ingreso real este semestre.

—Sí, pero se las está ingeniando. Y, a diferencia de ti, él consiguió una beca.

—GRISHA-

—¡No, Carla! Consíguete otro puto trabajo, Eren. Ni siquiera tienes clases reales con asignaciones reales. Puedes manejarlo.

Sin otra palabra salió furioso, dejando su plato en la mesa. Se detuvo en la cocina para servirse un trago, antes de llevarlo a su estudio. Eren se sentó mirando el lugar vacío de su padre. Carla se llevó las manos a las mejillas, sus ojos vidriosos.

—Perdóname, mamá —susurró el castaño—. Soy un fracaso.

—No hables así, Eren —dijo ella—. Solo… no lo hagas. Ayúdame a limpiar esto. Preparé un cheesecake…

—¿En serio…?

Carla asintió.

—Mhm. Voy a empacar algo de comida para ti, Mikasa y Armin y cheesecake extra para ustedes tres.

—Gracias… —Eren sonrió, encogiéndose de hombros. Carla se levantó y lo besó en la cabeza, abrazándolo contra su pecho.

—Las cosas van a salir bien, Eren. Ya verás. Y no estás desheredado. Tú eres nuestro hijo y queremos verte triunfar, sin importar lo que escojas hacer. No necesitas otro trabajo. Necesitas concentrarte en tus deberes de la universidad.

—Sí, pero mi trabajo importa una mierda —jadeó el chico, conteniendo un sollozo—. No quiero su dinero. Solo… conseguiré otro empleo. Yo… no voy a ser una puta decepción.


Aclaraciones:

(*) Sugar Daddy: es un término para referirse a un hombre rico y usualmente mayor, que le da dinero o regalos a un joven a cambio de favores sexuales o compañía. Algunas traducciones que he encontrado son "viejo rico" o "amante forrado", pero prefiero utilizar la expresión en inglés.

(1) La frase original era: "He still hasn't let it go." "Just conceal, don't feel when he bitches at you." Jean está haciendo referencia a Let It Go de Frozen, por lo que solo opté por traducirlo de manera literal, ya que la letra de la canción en español es diferente.


N/T: Si han leído todo, se los agradezco. Es mi primera traducción (y me estoy arriesgando al hacerlo con uno de los fics más populares del fandom en inglés), pero espero que haya quedado bien.

Ya se imaginarán que Levi tendrá el papel de Sugar Daddy de Eren. Habrá lemon Riren en el próximo capítulo.

Si les gustó o tienen alguna duda, dejen un review por favor. Me darían muchos ánimos para actualizar más rápido :'D

P.D. Pueden encontrar en mi perfil el link del fic original, así como mi página de Facebook, donde iré publicando los fanarts cuando suba el capítulo correspondiente.