Hola :)

¡Y este es el último capítulo! Siento que haya llegado tan tarde...

Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling.


MORT

Capítulo V

No habían parado a cenar ni a dormir absolutamente nada. Estaban frenéticos. Desde la revelación de que el símbolo de la familia Imenson era un uróboro, llevaban dos horas haciendo y deshaciendo teorías y confabulaciones que podrían funcionar a la hora de inculpar a la viuda.

—¡Un momento! —gritó Hermione de pronto—. ¿Por qué estamos dando por hecho que la asesina es la viuda?

Todos detuvieron lo que estaban haciendo en ese momento y la miraron como si se hubiera loca.

—Hombre, tanto como dar por hecho... El símbolo de su familia es un uróboro. Hay un uróboro en todos los cadáveres —empezó Harry.

—Es la única persona relacionada con todos los asesinados. Uno era su marido, el otro su amante, otra la amante de su marido y la otra la amante de su amante —Theo estaba convencido.

—Pero todo eso son sólo suposiciones —objetó Hermione—. No sabemos si todos eran realmente amantes, sólo lo suponemos.

—Granger. TODO SON SUPOSICIONES PORQUE TODO EL MUNDO ES INOCENTE HASTA QUE SE DEMUESTRE LO CONTRARIO —exclamó Draco, que parecía a punto de sufrir un infarto por estrés.

—Vale, vale. No me grites. Yo sólo digo que no sabemos si eran o no amantes con seguridad.

—¿Con seguridad? ¿Qué quieres? ¿Fotos suyas teniendo sexo? —ironizó Blaise.

—Y tampoco sabemos —Hermione lo ignoró completamente— cuál fue el motivo por el que desheredaron a Madeleine.

—Pero eso no es relevante, Hermione —La apaciguó Harry, que conocía bien sus ataques de histeria.

—¿Cómo que no? ¿Y quién dice que no lo es?

—Granger, si quieres ya investigaremos eso. Pero en otro momento. Ahora, céntrate.

Ella lo fulminó con la mirada.

—No puedo. Estoy cansada, estresada y tengo sueño. Y encima —añadió ella, mientras iba a la cocina a hacerse un café, con Harry, Theo y Draco a sus espaldas— no tenemos nada para relacionarla. Con todas esas suposiciones, sólo necesita un buen abogado. Y podrá pagarlo.

—¡Escuchad! Acabo de leer que la familia Imenson estaba relacionada con la magia negra —gritó Blaise desde el salón.

—Claro que lo estaba, imbécil. Mira la cubierta del libro. Estaba en la biblioteca de la Mansión —contestó Draco.

—Ah, pues es verdad. El libro se titula Principales familias sangrepura de Europa.

—Los Weasley son sangrepura y no están unidos a la magia negra —objetó Harry.

—Son una excepción —indicó Theo.

—Y luego soy yo la que se descentra... —comentó Hermione meneando la cabeza.

—Tiene razón. Volvamos al tema. ¿No quieres coger al asesino? —preguntó Harry.

—Pues claro que quiero. Lo que pasa es que como ete es el caso más enrevesado que hemos tenido, me da miedo que lo estemos enfocando todo mal y que tanto trabajo no haya servido para nada.

—Para nada, no. Habrá servido para saber cómo no enfocar las cosas —bromeó Blaise, que había entrado en la cocina y se había servido otra taza de café, intentado aligerar el ambiente. Hermione lo fulminó con la mirada y Draco le dio una colleja.

—Es decir, para nada —repitió Hermione con tono autoritario.

—No te preocupes. No podemos estar equivocándonos, no con tantas pistas —dijo Harry.

—Que recordemos son todas suposiciones —contestó ella con tozudez.

—Granger, ¿no eras tú la del pensamiento positivo y actitud de ganador y no sé qué cojones más? Aplícalos ahora y deja de quejarte —Le espetó Draco.

Ella frunció el ceño, pero apuró el café, lo dejó en el fregadero y volvió al salón.

Draco les dirigió una mirada triunfante a los demás y la siguió.

Harry, Blaise y Theo se miraron sorprendidos, sacudieron la cabeza y sonrieron levemente.

—¡Pero venís o no! —gritó Hermione.

Ellos se apresuraron a entrar de nuevo en el salón.


Hermione estaba oculta en el Callejón Diagon. Más concretamente, en la esquina que ya era conocida como «Mort».

De repente, notó unas manos en la cintura y se giró sobresaltada, varita en mano, para descubrir que quien la estaba tocando no era más que Draco Malfoy.

—¿Pero qué haces aquí? —Le susurró ofuscada—. Teníamos un plan.

Su plan era muy sencillo. Harry y Theo se ocupaban de ir a casa de la viuda a vigilar todos sus movimientos para tener pruebas.

Blaise se quedaba en el centro de operaciones como apoyo, para poder salir disparado, pedir refuerzos o buscar más información. Hermione se había negado a dejarlo solo en su casa, así que Blaise «operaba» desde la suya propia.

Draco y Hermione, por otro lado, se habían partido el Callejón Diagon para poder cubrirlo todo. En un principio, era Harry el que había querido ir, pero como había señalado Hermione, la carta era para ella, así que era normal que fuera ella. Y Draco, todo compañerismo, había dicho que se negaba a ir con Potter a ninguna parte solos.

—Le he pedido a Blaise que se ocupe de mi parte del Callejón. Está encantado —susurró él, inclinándose para susurrarle en la oreja.

—No me extraña, pobre chico. Con lo que le gusta la acción y lo ponemos de refuerzo en casa —De repente, se quedó muy quieta y lo miró con preocupación—. ¿Pero quién está ahora de refuerzo?

—Theo. Ha dicho que Potter se basta y se sobra para vigilar una casa. Y yo vengo a ayudarte.

—Cual caballero medieval al rescate de la damisela en apuros —comentó ella con ironía.

—Exactamente. Y ahora, mi damisela apurada, vamos a escondernos mejor, que te he visto nada más llegar —Entraron en un edificio abandonado. Faltaban dos minutos para las once y media.


Mientras tanto, Harry y Theo se habían apostado en un bosquecillo cerca de la casa de la viuda desde el que dominaban todo. Habían puesto varios hechizos para que les alertaran de cualquier persona que entrara o saliera y que avisara de cualquier hechizo realizado en el interior.

De repente, un Patronus se materializó frente a ellos y la voz de Blaise les dijo:

«Draco me ha dicho que se va con nuestra bella dama, y que me encargue yo de su parte del Callejón, que es la más fácil, a fin de cuentas. Por eso, que venga uno al centro de operaciones».

Theo y Harry se miraron, sorprendidos.

—De verdad, como no disuelvan toda esa tensión sexual que tienen acumulada, algo va a explotar —comentó Theo, refiriéndose a la pareja.

—Parece mentira que no estén juntos ya. Se ve a kilómetros su interés por el otro —asintió Harry y añadió—. ¿Pero quién va de refuerzo?

—Yo. Te veo capaz de vigilar tú solo una casa. No defraudes esa confianza, Potter —Theo le dio una palmada cariñosa en el hombro y se desapareció.


A las 23:31 de la noche, Hermione parecía al borde de una crisis nerviosa, encerrada dentro de un edificio abandonado. Con Draco Malfoy, además. Y la viuda seguía sin aparecer.

—Ya no va a venir. Nos hemos equivocado —repitió, por quinta vez en un minuto, asomándose a la ventana para ver si estaba allí.

Draco había soportado estoicamente las cuatro primeras, sin quejarse ni comentar, y sin moverse del sofá en el que estaba sentado, pero ya estaba harto, así que se levantó y sujetó a Hermione para que dejara de dar vueltas sin parar.

—Granger, sólo ha pasado un minuto de las once y media. No todo el mundo es tan puntual como tú, y mucho menos las asesinas psicópatas. Así que siéntate y relájate, que vas a agujerear el suelo.

—¿Pero cómo quieres que me relaje, si estamos en un edificio abandonado, nuestra única baza para pillar a la asesina, además, y ella no se ha presentado? ¡Eso es que nos hemos equivocado! ¡Tenemos que volver a empezar de nuevo!

—Granger, relájate —insistió él—. La paciencia es una gran virtud —No había acabado de decir esto cuando apareció el Patronus de Harry Potter:

«Deprisa, venid a la casa de la viuda. Hay indicios de magia negra».

Ambos se desaparecieron instantáneamente.


Aparecieron en la puerta principal, donde los estaban esperando los demás.

—¡Abra la puerta! ¡Departamento de aurores! —gritó Harry.

Nada.

—Pues entramos a la fuerza —resolvió Draco y, ni corto ni perezoso, rompió la puerta con un Bombarda. Se apresuraron al interior, varita en mano y empezaron a mirar por todos lados cuando oyeron unos gritos en el estudio.

Era Madeleine. Echaron a correr hacia allí y cuando llegaron, se encontraron una escena verdaderamente dantesca: Madeleine estaba tirada en el suelo, con un uróboro tatuado a través de la ropa, gritando. Una varita (supusieron que era la suya), estaba atada a una especie de mecanismo y lanzaba un rayo de color gris, el color del Cruciatus Excelsus.

—¿Se encuentra bien? ¿Quién le ha hecho esto? ¡Ahora la salvamos! —dijo Harry, pero la mujer lo fulminó con la mirada.

—¡Lo he hecho yo, niñato estúpido! ¡Me habéis descubierto y me niego a ir a Azkaban! Mi plan era perfecto —gritó ella, jadeando con dificultad e interrumpiéndose de vez en cuando por el dolor.

—Pero, ¿por qué? —inquirió Theo.

—¡Mi vida era perfecta! Tenía un marido, tenía un amante y era rica.

—Su marido también tenía una amante.

—¡Ya lo sé! Pero eso no importaba. Él llevaba apenas seis meses con su amante, y yo ocho años.

—¿Y entonces? —Blaise se había acercado y estaba investigando el mecanismo.

—Entonces —gruñó ella— Daniel, ese hijo de mala bruja, me dijo que llevaba tres años engañándome con una auror, que la amaba y que iba a pedirle matrimonio. ¡Eligió a otra en vez de a mí! ¡Era a mí a quien debería haber amado!

—Y por eso empezó los asesinatos —dedujo Hermione.

—¡Sí! Merecían morir todos. Mi marido, por engañarme, mi amante, por amar a otra y sus dos amantes por ser unas zorras asquerosas. Y además, por si fuera poco, Reagan, la aurorucha esa, tuvo la osadía de chantajearme. ¡A mí! No tenía bastante con quedarse con mi Daniel, sino que encima me dijo que sabía que yo era una animaga ilegal, y que tenía que irme del país durante dos años —Cada vez gritaba menos e iba parándose cada vez más para hablar.

—Madeleine Perkin, queda detenida por el asesinato de su marido, Benjamin Perkin, de su amante, Daniel Rossick, de la amante de su marido, Megan Vyesis y de la auror amante de su amante, Regan Rosebud —enunció Harry con voz solemne—. Tiene derecho a un abogado y si no puede costearse uno le asignaremos uno de oficio. Tiene derecho, también, a permanecer en silencio.

—¿Y cómo pensáis llevarme? —contestó ella con voz burlona.

—La detendremos cuando consigamos sacarla de aquí —respondió Harry, mirando alrededor.

La detenida sólo rió, y silbó. Una lechuza vino volando y se posó sobre el mecanismo, que automáticamente quedó deshecho y la varita se rompió en dos, cortando el hechizo.

Madeleine estaba muerta.


La tarde siguiente encontró a Hermione en su despacho terminando de rellenar el papeleo mientras mordía una manzana.

Las últimas horas habían sido un borrón. Después de llamar al médico forense y dejar el cadáver en sus manos, todos se fueron a casa a cenar y dormir.

Esa mañana, habían ido al Ministerio a relatarle al Wizengamot lo sucedido. El Ministro los había mandado a terminar el papeleo vario y a incorporarse de nuevo al trabajo, aunque les subió el sueldo.

—Granger, la echaron de la familia por práctica de magia negra en una de las criadas —Draco entró como si el lugar le perteneciera.

—¿Qué? —preguntó Hermione, descolocada y levantando la vista de los pergaminos y papeles que atiborraban su escritorio.

—Madeleine. Tú querías saber por qué la habían echado, pues yo te respondo. Por práctica de magia negra en una de las criadas.

—Oh, vaya. Gracias por mirarlo —respondió ella, sorprendida.

—Luego dirás que no soy amable —dijo él con ironía. Ella había terminado el papeleo y se levantó a dejarlo en el archivador.

—Sujeta esto —Le dio a Draco la manzana y un libro que llevaba en las manos. El auror la miró, se encogió de hombros y le dio un mordisco a la fruta con deleite, dejando el libro sobre la mesa.

Cuando Hermione volvió del archivador, se encontró a Draco tirando el corazón de la manzana a la papelera con una media sonrisa.

—Pero, ¿qué haces? ¡Que la manzana es mía!

—Una pena que ya me la haya terminado yo, entonces —contestó él, guiñándole un ojo descaradamente y tendiéndole el libro.

—Pero, pero... —Hermione abrió y cerró la boca un par de veces antes de suspirar y negar con la cabeza—. Espero, que al menos, me invites a cenar.

—A cenar y a dormir, si quieres —De nuevo, allí estaba su guiño descarado mientras abría la puerta para ella.

La bruja puso los ojos en blanco y salió por la puerta delante de Draco, que la cerró a sus espaldas.


¿Qué opináis? ¿Os ha gustado? ¿No? ¿Qué sobra? ¿Qué falta?

Como no puedo leeros la mente, voy a necesitar que me dejéis vuestras opiniones, y así mejoraré (o al menos, no empeoraré) la próxima vez.

LadyChocolateLover

PD: No he podido resistirme a incluir algo de Drapple. Draco mordiendo una manzana es demasiado tentador.

EDITADO EL 26/04/2016.