DECLAIMER: Esta historia es una adaptación, la autora original de ella es angelihatake.

Como tampoco son míos los personajes de pokémon, le pertenecen a sus respectivos dueños.

Disfruten.


Nunca, nunca jamás, alguien te va a amar de la misma manera de la que yo lo hago. Ni siquiera podrá igualarlo.

De la manera que yo te amo es infinitamente imposible de contar, imposible de deducir, imposible de saber.

Ni yo mismo lo sé, pero lo sé.

Te basta con mirarme a los ojos para hacerte una idea de cuánto te amo. Y, tal vez, ni así te lo imaginarías.

.

EPILOGO

.

Me encontraba completamente estresada. Llevaba alrededor de 2 días sin dormir y el único alimento que había consumido en aproximadamente 50 horas era café y muffins de chocolate.

Tenía escondidos en una gaveta del escritorio, debajo de muchos papeles, un montón de dulces y pastillas de menta. Había aprendido que los dulces me mantenían despierta más tiempo de lo que lo hacía el café.

Mi ropa estaba ligeramente arrugada. A penas y me daba tiempo de correr a casa y darme un baño súper rápido para poder volver. Mi bolso tenia perfumes, por sí no me daba tiempo ni de cambiarme. A veces sólo podía echarme mucho perfume y salir de casa.

Mi casa. No recordaba cuando había sido la última vez que había regado mis plantas. O alimentado al perro.

¿Aún tenía un perro en casa?

Ocasionalmente con tan sólo mirarme en algún espejo y ver mis enormes ojeras, me deprimía. A mis casi 25 años, las bolsas bajo mis ojos eran deprimentes. A este pasó envejecería joven. Era completamente esperado.

Pero aun así no podía detenerme. No tenía ni tiempo para quejarme o echarme para atrás. Ya era demasiado tarde para rendirme. Anteriormente había pensado que al salir de la universidad lo más difícil habría pasado, pero me había equivocado. Lo más difícil y pesado apenas empezaba.

Mientras cerraba esa gran puerta blanca que estaba justo frente a mi escritorio pensaba en el montón de papeles que tenia por rellenar. En el montón de personas a quienes tendría que llamar y disculparme diciendo: 'Lo siento, tengo mucho trabajo. No te podré ver hoy'. O del montón de fiestas que me estaba perdiendo por estar ahí. Me dejé caer en una silla, estaba demasiado cansada física y mentalmente como para seguir pensando. Bebí de un par de tragos el agua helada que tenía en el escritorio y cuando estuve completamente relajada, me permití a mi misma mirarme en el espejo que llevaba en mi bolso. En ese momento mi cabello lucia bien, no tan despeinado como pensaba. Mis ojeras… bueno, el maquillaje lo arreglaría. Mi cara de cansancio desaparecía con una sonrisa en mi rostro. Porque aun me esperaba una larga noche de trabajo.

Pero ¿A quién iba a engañar? Amaba lo que estaba haciendo. Amaba mi trabajo y amaba el hecho de estar ahí sentada haciendo lo que amaba.

Aunque sabía que había una persona que no amaba para nada mi ritmo laboral, o siquiera mi trabajo. Hasta estaba comenzando a pensar que ya ni siquiera me amaba a mí. Y lo comprendía. O eso quería pensar. Pero el sólo imaginar que estaba en lo correcto, me daba dolores de cabeza.

-Berlitz – Alguien que entró por la puerta blanca me llamó sobresaltándome. – Tus últimos pacientes de la noche no llegaron, ¿Por qué no te vas a casa a descansar? – Mi jefe. Reggie. El cual venía cada 2 horas a ver sí aún estaba consciente.

-No puedo, Reg… jefe. Tengo mucho trabajo aún. – Bostecé.

-¿Eso no puede esperar a mañana por la tarde que regreses? Mírate, luces… – Dejó abierta la frase. Jodida. Seguramente eso pensaba.

-Deprimente – una femenina y súper conocida voz terminó la frase mientras tomaba unos papeles de mi escritorio. May Valance. La hermosa y sensual enfermera, culpable de que la mayoría de la población masculina de Sinnoh quisiera ser atendida por mi débil y cansada persona. – Lárgate ya, Dee Dee.

-No puedo, en serio. – Me quejé de nuevo. – May, ¿no tienes otra cosa que hacer por ahí?

-No será… – Reggie se acercó aún más a mí. – ¿Que estás peleada con el idiota ese y por eso no quieres volver a casa?

-Para nada – sonreí. – Ahora que lo mencionas. – Bostecé de nuevo – Creo que sí quiero volver a casa. Tengo cerca de 2 semanas sin verle.

-¿Qué no está… en un viaje de negocios? – May dijo mientras detenía su salida de mi oficina.

-Joder. – Suspiré – Lo había olvidado.

¿Es que todo el mundo recordaba la situación que vivía en casa, menos yo?

-May. – Le llamé. Ella asomó su cabeza por la puerta mientras me miraba con las cejas curvas.

-¿Si?

-¿Sabes si tengo perro? – Pregunté mientras me levantaba de la silla y tomaba mi bolso del respaldo de la silla.

-No – Respondió – Espero que no o ya estaría muerto el pobre.

Reggie rió mientras trataba de ocultarlo con una fingida tos.

-Ya váyanse a casa las dos. – Reggie nos dijo con voz seria.

-¿Igual yo? – May ladeó la cabeza.

-Sí – Reggie respondió – Drew me ve feo cada vez que nos encontramos.

-¿Por qué? – recogía las cosas de mi escritorio sólo tratando de hacer más tiempo y saber más acerca de la humanidad antes de ir a casa.

-Cree que retengo mucho tiempo aquí a su querida esposa.

-Lo haces. – May respondió bromeando, pero altanera como siempre.

-May… – Suspiré. Ella creía que siempre tendría la razón.

-¿Qué? Es tu jefe, no mío.

-Hasta mañana, Jefe. – Dije saliendo al fin de la oficina con él pisándome los talones.

-No, cuñada – Reggie dijo desde la puerta deteniendo mi paso – Vuelve en una semana. Mínimo. – Miraba muy serio su celular y después me miró sonriéndome. – Tus ojeras son realmente imposibles de borrar con facilidad. Además, te envié un paquete a casa que creo debes revisar y eso tomará tiempo. – Se dio la vuelta.

-¿Un paquete? – Suspiré agotada.

-Una semana. – Dijo ya a medio pasillo y sin siquiera darse la vuelta para encararme. Genial. Me mandaba una semana a descansar, pero me mandaba trabajo a casa. Estupendo.

-Bien, ¿quieres que te lleva a casa? – May me preguntó mientras salíamos del hospital.

-No – respondí agradecida – creo que puedo conducir aún.

-Bueno, pero te llamaré apenas llegue a casa. – Sonaba preocupada. – Sigo creyendo que debo llevarte.

-No. – Insistí – creo que sólo manejaré tranquila y al llegar a casa te avisaré. Si es que no caigo profundamente dormida.

-Entonces hablemos mañana a las 6pm.

-¿Tan tarde? – pregunté quitándole el seguro a mi convertible rojo.

-Bueno, supongo que a esa hora despertarás. – May rió. – Tú no duermes, hibernas. – Reí ante la comparación de May hacia mi sueño.

-Hasta mañana, May.

Entré en mi auto y suspiré. Si no me apresuraba a arrancar el auto, era probable que me quedara dormida en el estacionamiento. Arranqué y conduje a la velocidad suficiente como para llegar sana y salva a casa. Puse música para distraerme y que me entretuviera de lo único que tenía en la cabeza: dormir.

Les agradecí a todos los dioses que no hubiese mucho tráfico ese día y que pude llegar a buen tiempo a casa. Ahora vivía en un departamento que estaba en el 4to piso de un edificio en una zona residencial. Podía decir que me iba demasiado bien. Entré al elevador y suspiré al encontrarlo lleno. Al menos alguien me podría despertar. En cuanto llegué a mi departamento, aventé los zapatos fuera de mis cansados pies. Ahora usaba tacones del tamaño de tacón más bajo que encontraba, pero aún así los usaba.

Miré a mí alrededor, tratando de buscar señales de vida. No había nadie en casa, estaba sola.

Encendí todas las luces a mi paso y decidí tomar una reconfortante ducha en la enorme bañera que Paul había insistido en que luciría hermosa en nuestro baño. Yo habría estado perfectamente feliz con una bañera de tamaño normal, pero Paul había insistido en que necesitábamos una bañera grande. Una en la cual, según sus propias palabras, cupiéramos los 2 y pudiésemos… bueno, cambiar de posición si se requería. Paul siempre pensaba en todo. Si, en todo.

Me despojé de toda la ropa que llevaba puesta mientras recordaba la perfecta última noche que había pasado con Paul en esa bañera. El plazo que me había dado Paul para cumplir nuestra promesa estaba próximo a vencerse. Habían pasado exactamente 6 años y 6 meses. Ocasionalmente reía al recordar cuan emocionada estaba en ese momento en que le prometí que exactamente en 7 años nos casaríamos. Aún lo recordaba, y aún seguía entusiasmada con la idea. Pero no estaba segura de la decisión de él, después de todo, pasaba más tiempo fuera de casa que a su lado.

Me remojé por completo en la bañera y cerré mis ojos por unos segundos. Realmente yo necesitaba ese relajante baño y estaba jodidamente agotada pero feliz de ya estar en casa.

Cerré mis ojos de nuevo, pero esta vez recosté mi cabeza en el borde de la bañera tratando de relajarme. Sólo un par de minutos después sentí como el agua subía de nivel y como mis pies tocaron algo suave. Abrí los ojos espantada. Lo primero que había cruzado por mi cabeza había sido Freddy Krueger. Llevaba tanto tiempo sin dormir, que era completamente posible esa opción.

Pero no, era alguien jodidamente deseable. Muchísimo más que dormir.

-Hola, Paul. – Reí al encontrarlo ya completamente desnudo y ofreciéndome una copa, mientras el sostenía otra entre sus dedos.

-Hola, Dawn. – Respondió chocando el borde de su copa con la mía. – Un placer volver a verte, justo en nuestro lugar preferido.

-¿Cuándo has vuelto de Kalos?

-Esta tarde. – Respondió después de beber de su copa – Reggie fue por mí al aeropuerto. Supongo que no te dijo que llegaría.

-No lo hizo, pero… – Ah, "el paquete" – Creo que eso no me importa mucho, ahora.

Me levanté lo suficiente como para que el pudiese acomodarse mejor y estirar sus piernas. Yo me senté a horcajadas sobre él y rodeé su cuello con mis brazos.

-Te eché de menos, cariño – Besé suavemente la punta de su nariz. Yo sabía perfectamente bien que odiaba esas cosas tan cursis en público, pero cuando estábamos solos nunca le había escuchado quejarse. – No me odias, ¿verdad? – Le miré con recelo. Muy en mi interior pensaba: "Piensa bien tu respuesta, querido. Puede ser lo último que digas en la vida".

-¿Por qué habría de hacerlo? – Dejó su copa en algún lado y llevó sus manos a mi cintura.

-Bueno, no nos hemos visto en 2 semanas.

-Estás trabajando, lo entiendo. – Suspiró – Además todo es culpa del maldito de Reggie, le odio a él.

-Yo le estoy agradecida, ¿sabes?

-¿Por qué? – Su expresión cambió y curvo las cejas esperando mi respuesta.

-Gracias a él tengo un excelente empleo.

-Sí, pero casi no te veo – Giró el rostro hacia otro lado. – Es por eso que hace un rato le mandé un mensaje amenazante.

-¿Lo hiciste? – Reí recordando la cara seria de Reggie. – Gracias a eso me mandó una semana a descansar.

-Suena tentador – Curvó su sonrisa. – Realmente no sé por qué tanto amor al idiota ese.

-Bueno, él dice que sólo confía en mí para el trabajo, ¿Tú también confías en mí? – Hice que me mirara de nuevo.

-Lo hago. – Me sonrió entre tierna y sensualmente. Y como el agua que escurría de nuestros cuerpos, yo me derretía en sus brazos por la forma tan dulce con que me miraba.

-Eres tan perfecto. – Mordí mi labio inferior.

-Y tú eres tan… Dawn. – Se aferró más a mi cintura y estiró su mano para alcanzar el jabón, con el cual hizo un poco de espuma en sus manos. Dejó el jabón a un lado y llevo sus manos con espuma a mis pechos.

Dawn comenzó a masajearlos suave pero firmemente haciéndome suspirar.

-Últimamente has pasado mucho tiempo fuera de casa. – Murmuró recorriendo mi espalda con el jabón.

-Me siento mal por eso…

-No lo hagas, Dawn. – Tomó un poco más del jabón y lo llevó a mi abdomen bajo. – Me hace feliz saber que estas cumpliendo tu sueño, ¿porque esto querías, no?

¿Podía yo tener a un hombre más perfecto a mi lado?

-Absolutamente – Asentí.

-Entonces sólo nos resta recuperar el tiempo perdido. – Paul me quitó todos los restos de jabón con que me había cubierto y estiró la mano lo suficiente como para alcanzar una toalla seca y me hizo levantarme de sobre de él. Con la toalla me secó el cuerpo casi por completo y después se envolvió la toalla en la cintura. – Vámonos – Guiñó un ojo.

-¿A don…? – Pero no me dejó terminar de hablar. Paul ya me tenía cargada entre sus fuertes brazos. Su cuerpo había ganado peso en estos 6 años, pero él lo había trabajado y definitivamente se había puesto tan apetecible.

Me dejó caer en la cama y se despojó de la toalla para después abalanzarse sobre mi cuerpo para besarme como nunca.

-Te he echado demasiado de menos – Dijo con la voz ronca.

-Espero que no lo suficiente como para haberme engañado.

-Ni aunque quisiera podría. – Respondió con absoluta confianza.

-¿Por qué no? – Me sentía curiosa.

-Bueno, en estos 6 años has aprendido todo lo que a mí me encanta. – Paul bajó la cabeza a mis labios y comenzó a besarme mientras sus manos exploraban cada centímetro de mi cuerpo, el cual se erizaba reconociendo su toque.

-Podrías enseñarle a otra…

-Nunca nadie podría satisfacerme sexualmente como lo haces tú… – Sus manos bajaban a acariciar mis piernas y de nuevo subían a mis caderas.

-¿Solo sexualmente? – Hice un puchero.

-Físicamente también… porque, joder, no creo encontrar a nadie tan jodidamente estrecha como tú, ni por nuestros 6 años haciéndolo casi diario. – Paul llevó una mano a mi centro y me rozó levemente haciéndome gemir, para sorpresa mía, no sabía cómo podía gemir de esa manera, aún estando cansada.

Sus manos subieron de nuevo al borde de mis pechos y los estrujo con fuerza, pero delicadeza, todo al mismo tiempo. Y yo, yo estaba flotando en una maravillosa nube de lujuria. Mi cuerpo se arqueó al sentirle tocándome con esa pasión que él desbordaba por cada poro. Mi pelvis chocó con la suya y juraría que pude sentir el leve temblor en su garganta que le provocó el reprimir un gruñido en mi boca.

Toda pregunta que hubiese querido hacerle para fastidiarle, quedo borrada por completo de mi mente.

Sus manos me recorrían con absoluta seguridad. Con el pasar del tiempo, él ya sabía exactamente cómo y dónde tocarme. Y eso me enloquecía. Me enloquecía a tal punto que quería más de él, aún más. Después de todo, él si se había vuelto mi más. Y yo nunca me cansaría de pedirle más, porque sólo él podía dármelo. Yo quería llenarme más de él, y demostrarle de alguna manera lo mucho que le amaba a pesar del tiempo y de todo.

Paul se separó sólo unos centímetros de mí.

-Parece ser que mi cuerpo entero ya te echaba de menos – Reí al descubrir su erección ya lista para llenarme por completo. Pero aún no era tiempo. Después de 2 semanas sin sentir su cuerpo, yo necesitaba aún más.

-¡Pa…Paul! – Gemí al sentir como me rozaba tortuosamente con las manos.

-Y te preguntas porque no puedo engañarte… – Le escuché decir por sobre mis gemidos. – Nadie gemiría mi nombre tan excitantemente, como tú. – Y dicho esto, en sólo un par de segundos Paul me tomó de las rodillas separándolas para dejar expuesto mi centro, el cual comenzó a bombear con sus dedos.

-¡Ahh! Pa…Paul… – Me aferré a su espalda con fuerza mientras el incrementaba sus movimientos.

Salió de nuevo y volvió a entrar. Estaba tratando de joderme, de hacer que le rogara. A este paso, le conocía ya todas sus mañas.

-Me encantas – Se acercó a mi rostro para morder suavemente mi labio inferior – Todo de ti, me fascina.

Lentamente bajó su rostro hasta mis pechos y un improperio fuerte salió de mis labios cuando sentí sus labios alrededor de uno de mis pechos. ¡Oh, maldición! ese hombre podía hacerme delirar con algo tan…

-Más…– Gritaba mientras sus movimientos no cesaban.

Paul mordía mis pechos con fervor mientras sus manos no dejaban de estimularme. Todo aquello que Paul tocara se incendiaba en mí. Mi cuerpo entero ardía en el más puro y sincero placer.

Paul cambió su atención a mi otro pecho y su dedo pulgar me torturaba con movimientos circulares justo en el clítoris. Mi cuerpo se arqueaba de placer y mi rostro se llenaba con pequeñas gotas de sudor. De mi boca salían gemidos cada vez más fuertes.

-Nn… ¡Ah! ¡Paul! – Enredé mis brazos en su cuello atrayéndolo más a mí.

De un segundo a otro sentí en mi bajo vientre mariposas revoloteando alocadas por toda mi entrepierna. Paul me llevaba a los niveles insospechables de locura. Y justo cuando estaba a punto de acabar, Paul sustituyó su dedo por su boca.

-¡AHH! Paul… – Mis manos se enredaron por instinto en sus morados cabellos, mis talones se hundían en la cama y mi espalda se arqueaba del más incesante placer.

No podía formular bien una oración. En ese momento sólo quería decirle cuanto lo amaba y no podía, pero se lo demostraba enredando mis manos en su cuello, halándolo hacia mí, como diciéndole: No te separes de mí, nunca más.

Por favor, nunca más.

Dejé que mi cuerpo se arqueara y mi cabeza se hundió en la almohada tan de pronto que estaba casi avergonzada. Mi cuerpo entero estaba siendo entregado a él, me estaba rindiendo a sus carisias y a su cuerpo.

Y me dejé llevar en el más excitante placer que sólo él podía darme. El primer orgasmo de la noche, el cual fue tan perfecto que me dejó casi sin fuerzas. Dejé caer mis manos a los lados de mi cansado cuerpo y mordí mis hinchados labios mientras Paul me miraba desde sobre de mí con una jodida sonrisa en los labios. Esa maldita sonrisa que había considerado estúpida alguna vez.

-¿Cansada, mi amor? – Le escuché burlarse.

-¿Tú qué crees?

-Bueno – Suspiró – Yo creo que esto apenas está comenzando.

-Y yo creo – Le imité la sonrisa – Que dije que estaba cansada… – Pude ver como se puso serio mientras, seguramente, pensaba como contraatacar. Pero no se lo permití. – Dije que estoy cansada, pero nunca dije que no quería continuar.

Empujé a Paul hasta quedar sentada a horcajadas sobre de él y permití a mis labios recorrerle los alrededores a sus sensuales labios. Besé sus mejillas con devoción, su mentón y su cuello, en el cuál dejé leves mordidas y chupetones que más tarde le dejarían marcas.

Me atreví a acercarme con absoluta tranquilidad a su oído para susurrarle: Te amo.

Y tan pronto lo vi desarmado, dejé que mis labios recorrieran más debajo de los suyos. Su muy trabajado abdomen era un blanco fácil. Bajé con mis labios por todo su abdomen y todo lo que tocaba se sentía cada vez más caliente. Aparentemente aún provocaba en Paul esas emociones que él provocaba en mí.

Y en cuanto llegué a ese punto que me brindaba más placer que dormir o comer o cualquier cosa perfecta del mundo, le miré. Sabía perfectamente que a él le gustaba que yo lo hiciera. Sabía que aunque siempre me dijera que él estaba para brindarme placer a mí, y no yo a él, a él le encaba cuando yo se lo hacía.

Así que antes que dijera algo, o que me arrepintiera, dejé que en trata en mi boca sólo la punta de su enorme miembro. Succioné con fuerza, después de todo, todo de él era mío. Paul tiró su cabeza hacia atrás y dejó salir de sus labios un delicioso gruñido que me hizo sonreír satisfecha.

Poco a poco fui permitiendo que entrara un poco más de él, sólo un poco más cada vez que él gruñía, hasta que conseguí que gimiera mi nombre con la voz más eróticamente perfecta que yo había escuchado jamás.

Con la mano libre comencé a masajear suave pero firmemente sus testículos tratando de estimularle más. Me encantaba que tratara de ocultar cuanto le gustaba lo que le hacía. Me gustaba porque tarde o temprano tendía a ceder.

Dejé que entrara lo más que podía en mi boca y sólo lo sacaba por instantes rozándole con mis dientes. Era perfecto. Poco a poco se iba rindiendo y ni mordiéndose los labios ocultaban los leves gemidos que se escapaban de sus labios. Paul aferraba sus manos al borde de las sabanas y me miraba con deseo.

Paul se arqueaba mientras leves gruñidos salían de su garganta y el sudor descendía por su rostro, cuello y abdomen y todo aquello que no cabía en mi boca lo tomaba con las manos para que no careciera de atención mientras trataba de aumentar el ritmo de mis movimientos. Pronto explotaría, y pronto lo tendría en mi interior como tanto anhelaba ya.

Pero no llegue a conseguir que él llegara. Paul me detuvo antes de siquiera acercarme a mi cometido y me besó desenfrenadamente. Su beso era aún más demandante y mi centro palpitaba con locura ansiándolo.

Paul me puso de nuevo debajo de él y rozó con su pene mi centro. Había llegado aquel momento que nuestros cuerpos tanto habían ansiado.

-¿Sabes que no me gusta lo que acabas de hacer, cierto? – Mordió suavemente mi labio inferior.

-Lo siento – Hice un puchero tratando de aparentar inocencia.

-Debería castigarte por eso – Comenzó a rozar aún más certeramente con mi sexo.

-¡Joder, no! – Gemí al imaginar que después de todo no conseguiría lo que esperaba.

-Tranquila – Me besó fugazmente en los labios. – Sé lo que estás pensando y no te castigaré de esa forma… porque, créeme, eso sería un castigo más severo para mí que para ti. – Y dicho esto Paul entró certera y placenteramente en mi interior. Todo aquello que yo había estado esperando lo obtuve. Juraría que pude hasta ver las estrellas cuando le sentí llenándome por completo. Ambos gemimos audiblemente y agradecía a las paredes gruesas que separaban nuestro departamento del de los vecinos, porque la mescla de ambos gemidos era jodidamente excitante.

Estaba hundida en un delirante placer que y ni siquiera nos habíamos movido ni un poco, pero yo ya me sentía lista para correrme nuevamente.

-¡Pau… Paul! – Gemí en su oído – No sabes cuánto te deseo.

Paul me sonrió porque él lo sabía. A este hombre yo lo deseaba de muchas formas, de muchas maneras, lo deseaba duro, suave, fuerte, dentro, fuera, yo lo deseaba. Y lo amaba.

Sólo por un instante Paul salió brevemente de mí casi por completo para volver a entrar con rudeza en mi interior.

-¡Ahhh! – Grité sintiendo como mis pulmones quedaban sin aire. – ¡Paul…!

Me aferré a su espalda y clavé mis uñas en él mientras repetía la acción, cada vez más fuerte, cada vez más profundo y certero. Paul tiró su cabeza hacia atrás mientras entraba y salía con fuerza.

Cada que embestía yo sentía que casi veía las estrellas. O casi. Porque abría los ojos y le veía a él. Tan jodidamente sensual que parecía que no habían pasado 6 años desde la primera vez que lo habíamos hecho. Y aunque los recuerdos de la primera vez no eran muy gratos para ambos, todo quedaba recompensado con las demás veces. Cada vez era aún más satisfactorio para ambos. Me encantaban sus expresiones cuando lo hacíamos y yo no podía evitar mirarlo aún sumida en mi propio placer.

Paul posó sus orbes negras en mí y me sonrió sensualmente sin disminuir el ritmo de sus embestidas.

-Dawn… – Gimió sin apartar su mirada de mi.

Paul me tomó de las piernas y me obligó a enrollaras alrededor de su cadera para entrar más profundo en mí. Él estaba marcando el ritmo y se lo agradecía, porque nos estaba llevando a ambos a una pequeña parte del paraíso.

Arqueé mi cuerpo mientras Paul aprovechaba para tomar mis pechos entre sus labios. Me encantaba como cada centímetro de mi piel expuesto ante él era tomado con el mismo grado de amor y deseo.

Paul embestía con fuerza.

-¡Más! – Grité hasta el punto de ruborizarme – ¡Ahhh! ¡Pau… Paul! – Mi garganta ardería –…Más… Paul… Paul.

Entraba, salía. Entraba, salía. Y yo gemía sin descanso ante tal simple movimiento que él hacia conmigo. Me estaba llevando a la locura y mis gemidos se lo estaban haciendo saber. Yo podría jurar que quedaríamos roncos.

Paul me besó de nuevo y yo sabía que en ese punto me quería decir lo placentero que estaba resultando para el también.

-Paul… – Le llamé entre gemidos sólo para besarle de nuevo mientras mis manos marcaban su espalda. Mis uñas habían dejado más de una vez mi marca en su cuerpo, pero para ambos resultaba jodidamente excitante cuando descubríamos a lo que nuestro propio placer nos llevaba.

Y sólo con un par de embestidas más, tuve que separarme de sus labios porque los gemidos contenidos en mi garganta comenzaban a arder, al igual que mi entrepierna. Estaba cerca. Esta vez sólo me aferré a sus hombros y me dejé llevar en ese jodido placer que Paul me proporcionaba. . Mis paredes le apretaron con fuerza y él mordió mi hombro mientras su respiración desenfrenada retumbaba en mi oído. El estaba cerca también.

Y mientras él seguía embistiendo en mí buscando su propio placer, yo sabía que estaba a punto de correrme de nuevo.

-¡Ahhh! – sólo con un par de embestidas más, Paul clavó sus uñas en mis piernas y escondió su rostro en mi hombro mientras de su interior salía un rugido excitador.

-¡Da… Dawn! – Y yo tuve un perfecto orgasmo llegando junto con él.

Ambos caímos en el colchón, agotados pero muy satisfechos. Paul me abrazó mientras acariciaba mi espalda trazando círculos en ella.

-Realmente todo sigue siendo más que perfecto – Susurré besándole el mentón.

-No exageres, me haces sentir viejo. – Se quejó – Sólo tenemos 25.

-Bueno, es que te llevo conociendo toda mi vida, Paul.

-Y ciertamente, nos falta mucho aún…

-No nos separemos nunca más, Paul. – Me separé de él buscando sus labios, pero él lucía un poco consternado por mis palabras – ¿Pasa algo?

-Nada – Respondió besándome y lentamente me dejó debajo de su cuerpo, de nuevo.

-Maravilloso – Dije en medio del beso. Aparentemente aún teníamos fuerzas para seguir.

-Dawn… – Paul se detuvo y me miró con seriedad. Una seriedad que me sorprendió tanto que hasta olvidé que sólo 5 segundos atrás estaba pensando en cosas menos serias.

-¿Qué pasa? – Estaba confundida.

-Lo siento, es que acabo de recordar algo. – Se levantó apresurado de la cama. Busqué la sabana y me cubrí con ella el cuerpo.

-Paul, ¿todo bien?

-Si – Paul entró de nuevo cubriéndose sus partes con una bolsa verde que traía en las manos. – Esto es para ti.

Tomé la bolsa y me sorprendió ver el logotipo.

-Me gusta más lo que ocultaba la bolsa – Dije mencionando la desnudez de Paul – Pero, gracias…

Abrí la bolsa y saqué su contenido.

-¿Esto es real? – Estaba sorprendida. – Aun después de 6 años… – Resulta que en la bolsa, estaba ese viejo videojuego de guerras en el cual yo era buena.

-Lo encontré en una tienda, en Kalos.

-¡Cariño, esto es…maravilloso! – Estaba sorprendida, en serio. – Me encantaría jugarlo… ¿Aún seré buena en esto?

-Bueno, podemos averiguarlo.

Paul corrió a encender la tele y sacó el Xbox que tenía mucho tiempo que no usábamos.

-Paul, ¿en serio? – Curvé mis cejas burlándome de él.

-¿El qué?

-¿Prefieres jugar, al sexo?

Paul estalló en leves carcajadas y después regresó a la cama.

-Sinceramente, no. – Me besó – Si pudiera hacer las 2 cosas al mismo tiempo, sería… uff, el paraíso.

-Pero no puedes – Me senté a horcajadas sobre él. – Elige que quieres hacer primero, porque me sonó tentadora la idea de hacer ambas al mismo tiempo…

-El sexo contigo no tiene comparación ni reemplazo, ni siquiera con el mejor juego del universo. – Me tomó de la cintura y comenzó a mecer mi cuerpo sobre su erección. – ¿Entonces seguimos?

-Seria un verdadero placer – Le sonreí mientras Paul seguía enloqueciéndome con sus movimientos. – Mierda… ya te extrañaba, en serio.

-Lo sé, nena – Paul me sonrió de lado. Y yo extrañaba tanto esa sonrisa, que juraría que hasta podría correrme sólo con eso.

Pero no lo hice, y en vez de eso, tuve la mejor noche de mi vida. Me pegué tanto a su cuerpo que no quedaba ni un milímetro de separación entre nosotros. Podía sentir cada minúsculo cambio en su cuerpo. Cada respiración agitada, cada latido e inclusive cada palpitar que su potente erección daba sobre mi bajo vientre. Lo anhelaba tanto.

Y cada segundo que pasaba algo más fuerte parecía encenderse entre nosotros. Como si nuestros cuerpos en serio se hubiesen extrañado más de lo que nosotros mismos pudiéramos imaginar.

Pero nuestra felicidad tenía un límite que Paul había esclarecido. No me refería a cuando nos casaríamos si no a su manera de tomar decisiones sin mí.

Y entonces, mi corazón se cuarteó.

-Dawn – Me llamó mientras ambos jugábamos en la sala de nuestro departamento.

-¿Si? – Pregunté sin apartar mi vista del televisor.

-Creo que debemos hablar, y no me gustaría evitar más esto… – La seriedad en Paul me espantaba de sobremanera.

-Bueno, dilo… – Mi corazón latía acelerado. – Pero ni creas que me vas a distraer para ganarme. Sigo siendo buena en esto.

-No se trata de eso – Le puso pausa al juego para sorpresa mía. – Creo que debemos separarnos… por un tiempo.

Bueno, mi corazón me preocupaba aun más. Esta vez había dejado de latir…

-¿De qué hablas? – Estaba asustada. ¿Hablaba en serio?

-Me han ofrecido un trabajo mejor, pero tendría que mudarme por un tiempo a Teselia…

-¿Teselia…?

-Es por eso que creo que lo mejor será separarnos – Me interrumpió – Sólo será 1 año y…

-¿Separarnos? Paul, ¿has enloquecido? – Me levanté del sillón desesperada y con las lagrimas al borde de mis ojos. – Teselia…suena maravilloso, pero… ¿no puedes quedarte con tu actual empleo?

-No, Dawm. – Respondió. Ni siquiera quería mirarle. – Quiero abrirme camino por mi cuenta, yo quiero seguir mi sueño como tú has hecho el tuyo…

-¿Y porque separarnos te ha parecido la mejor opción?

Comenzaba a hiperventilar. Mis lágrimas desbordaban y temía entrar en crisis por aquellas palabras.

-Porque yo no puedo pedirte que me esperes…

-Paul, analízalo bien… – Me di la vuelta y le miré enfadada – A pesar de todo, yo esto… yo no puedo ni mirar a alguien más, aparte de ti… te necesito, Paul. Te amo.

-Lo sé, pero mis planes están lo suficientemente lejos como para pedirte que vengas conmigo… además de que tú trabajo es aquí.

-Pero, Paul… yo te esperaré. – Le tomé de las manos – Pero, por favor, no me pidas que nos separemos… no puedo.

-Lo siento, Dawn – Se aferró a mis manos – He sido un tonto al decir eso… es sólo que esto no serán sólo 2 semanas, se trata de un año… es más tiempo de lo que soportaría estar lejos de ti. La última vez no soporté ni 6 meses y ya había tomado un vuelo para seguirte hasta tu bendita universidad en Kalos, ¿recuerdas?

-¿Cómo olvidarlo? – Sollocé – Desde entonces no he conseguido apartarte de mi lado, ni he querido hacerlo… – Paul rió. – Jamás me vuelvas a decir algo así, Paul. Moriría sólo de pensarlo…

-Lo siento.

-Ahora, cuéntamelo todo, por favor.

-Bien. – Carraspeó – Se trata de una reconocida firma de abogados y me han ofrecido un buen empleo ahí. Empezaría desde abajo, lo cual no es tan malo como suena, ya que mi empleo aquí los ha convencido y prometen ascenderme. Claro que sólo por protocolo debo empezar por… bueno, abajo.

-Correcto – Le animé a seguir – ¿Un año, porque?

-Para que pueda hacerme reconocido ahí y pedir mi cambio a Japón, ofreciéndome como el representante de la firma en el país.

-¿Y con un año bastará?

-Yo espero que sí, o definitivamente moriré…

-¿Cuándo te irás Paul…?

-En una semana…

Justo el tiempo que yo tendría libre. Y cada segundo lo aprovecharía para estar con él.

-Entonces, no perdamos tiempo – Dije rozando mis labios con los suyos. – Cada segundo cuenta.

Y así lo hice. Cada segundo que pasaba se acercaba más la despedida. Paul había hablado con su familia, la cual seguía estando un poco alejada de él, pero seguía siendo su familia. Reggie sólo me sonrió y se retiró a su oficina. El resto del tiempo nosotros la pasamos solos en nuestro departamento.

Cada segundo contaba. Y cada segundo restante nos la pasábamos haciendo algo, juntos. O con nuestros viejos amigos. Gary, Kalm, Zoey , May, Drew, Ash y, su ahora esposa, Serena.

En la penúltima noche, Paul invitó a Ash a nuestro departamento a jugar. Sólo nosotros 3. Paul le ofreció un mando de la consola de videojuegos y yo esperaba mi turno pacientemente para patearles el trasero.

-Ya necesitamos comprar un nuevo mando, chicos – Ash se quejó – La cosa sería más divertida si jugáramos los 3.

-¿De qué hablas? – Reí. – Siempre lo hemos hecho de esta manera, las cosas simplemente no cambian con el tiempo.

Paul empezó a reírse audiblemente sorprendiéndonos y asustándonos un poco a Ash y a mí.

-Dawn, ¿recuerdas cuando discutíamos todo el día y Ash nos callaba? – Asentí nostálgica – con el paso del tiempo lo único que ha cambiado es que ahora nosotros rogamos porque Ash deje de hablar un rato.

-¿Y recuerdas cuando hablaba todo el día de Serena?

-Lo recuerdo.

-Oigan… – Ash hizo un puchero – No se burlen de mi, ustedes también hablaban mucho mutuamente el uno del otro y les tomó mucho tiempo darse cuenta del por qué.

Paul y yo dejamos de reír. Yo recordaba él como había sufrido al no poder ser sincera con mis sentimientos.

-Después de todo, ustedes estaban hechos el uno para el otro. – Ash siguió hablando. – Tuvieron que pasar muchas cosas para que se dieran cuenta de ello… y mírense, ahora no pueden estar separados ni un segundo. Uno siempre moviéndose detrás del otro, como perrito amaestrado… pero de una forma más romántica.

-No entiendo que de romántico tiene comparar mi relación con Dawn con la relación de un perro y su amo.

-¿Ya es mi turno? – Corté la plática – Vamos, Ash, dame el mando... quiero enseñarle a Shinji que sólo yo puedo patearle el trasero magistralmente, aún después de tantos años.

-Eso quiero verlo.

..

.

-Ya he empacado todos tus abrigos. – Le dije en nuestra última noche juntos. Paul estaba acostado a mi lado, mirándome de una manera que me derretía. Y yo estaba sentada en el borde de la cama preguntándome porque no estábamos haciendo el amor sí era la última vez que podríamos hacerlo en un año.

-Es verano, Dawn. – Respondió – Seguramente hace mucho calor ahí.

-No lo hago por el clima, Paul – Me burlé – No quiero ni imaginar que alguna chica osara poner sus ojos en ti.

-¿Y?

-"¿Y?" – Protesté – Ahí casi todas son rubias despampanantes, ¿Cómo podrías andar sin abrigo? debes usarlos siempre. O mínimo bufandas. No debes dejar expuesto ni un solo centímetro de piel ante ellas.

-Bien – Me sonrió.

-Te escribiré diario – Prometí.

-Tengo algo para ti. – Paul se levantó de la cama y tomó una bolsa que estaba junto a la ropa que se pondría para el vuelo.

-¿Qué es? – Suspiré cuando él me mostró una bolsa que tenía el logotipo de una tienda de juegos. – No podría jugar lo que sea sin ti. – Dije tomando la bolsa.

-Entonces ábrelo hasta mañana – Me quito la bolsa de las manos – Ahora, ven…

Y me estrujo entre sus brazos.

-Todo estará bien. – Prometió mientras me besaba suavemente.

Y aunque Paul prometió esto, mi corazón se sentía estrujado. Nada estaría bien sin él. Y llevarlo al aeropuerto había sido la peor decisión de mi vida.

-¿Hoy trabajas?

-Sí, ha pasado una semana ya. – Respondí.

-Cuídate mucho – Me besó mientras esperábamos a que vocearan su vuelo.

-Llámame diario.

-Escríbeme a partir de hoy – Me tomó de la barbilla y me besó.

-Piensa en mí, diario. – Una masculina voz nos interrumpió – Promételo, Paul, querido.

Ash había interrumpido nuestro beso.

-Calla, inútil.

-Vamos, Paul. – Ash seguía jugando – Prométeme que me extrañaras.

Paul no pudo evitar reír ante la imitación de Ash de mi voz.

-Calla.

Y cuando menos lo esperaba, el vuelo de Paul fue voceado y Ash y yo nos despedimos.

-Ten un buen viaje – Le tomé de la chaqueta para atraerlo hacia mí. Ya lo extrañaba y ni siquiera se había ido. – Llámame.

-Lo prometo – Se acercó a mí de nuevo para besarme. – Este desastre de persona te ama y pensará en ti, diario.

Paul abrazó brevemente a Ash y le dijo: cuídala. Entonces tomó sus maletas y se dirigió a la zona de abordar.

-Llámame, Paul. – Ash le gritó – Te extrañaré.

Reí ante la forma tan cruel de Paul al ignorarlo y me abracé a Ash tratando de que mis lágrimas se contuvieran en mis ojos, al menos hasta que Paul ya no pudiese verlas.

-Después de tantos años, y el sigue siendo el causante de tus lágrimas.

-Es el amor de mi vida – Sollocé. – Le echaré de menos.

-También es el mío – Se llevó una mano al pecho – No, la verdad les odio por no haberme dicho a qué hora salía el vuelo… tuve que preguntarle a May.

-Perdona, Paul sabía qué harías una escena como la de ahora.

-Al menos me divertí jugando con ustedes esa última partida del videojuego.

-Como en los viejos tiempos. – Reí.

-Y casualmente siendo un viernes.

-Oye, lo que dijiste ese día, ¿era una indirecta?

-Sí. – No tuvo problemas en decirlo – Todos los que le conocen saben que no pueden estar mucho tiempo separados. No sólo porque eran mejores amigos y estaban siempre juntos, sino porque en realidad pensé que no se iría el o que te irías tu. Alguna de las 2 cosas pero que no se separarían.

-¿Crees que debí irme?

-Bueno, él ya se fue.

-Pero… siento que ya le extraño.

-Bueno, sabes que sólo tú sabrás que hacer. – Me abrió la puerta del coche para que yo entrara. – Ustedes nunca me han pedido opinión para decidir acerca de algo, siempre me cuentan todo cuando ya hicieron las cosas.

-Sabes, Ash… Paul siempre ha estado conmigo, de alguna forma u otra me he vuelto dependiente de él. – Suspiré. – Y aunque sé que lo más acertado sería decir: "Le esperaré el tiempo que sea necesario, porque es por el bien del futuro de Paul.", yo no puedo. No puedo porque me siento muy egoísta por pensarlo, pero prefiero estar con él, yo necesito estar con él.

-¿Y qué esperas?

-No es tan simple, mi trabajo está aquí y mi familia, y…

-Ya te fuiste una vez sin importarte eso, ¿no?

-Era para estudiar…

-Y Paul te siguió…

-Sí, pero…

-¿Pero…?

-No es fácil – Dije sentándome en el asiento del coche con la puerta abierta para seguir hablando con Ash.

-¿Qué es eso? – Ash dijo señalando la bola verde que Paul había metido al auto antes de irse.

-Oh, cierto… ni yo misma lo sé.

Tomé la bolsa y pese a que esperaba encontrar un videojuego, adentro había un sobre y una pequeña cajita de terciopelo suave.

Abrí primero el sobre y me encontré con una pequeña carta escrita con la letra de Paul.

.

Dawn:

Has prometido esperarme este año que nos separaremos. Cumple tu promesa o te perseguiré hasta el fin del mundo para hacerte pagar. Pero espero que no sea necesario llegar a tanto.

Trabaja mucho y esfuérzate. Aliméntate bien y recuerda que el café no es un buen alimento, lo sabes más tú que eres doctora.

Te amo. Y si te quitas lo que hay en la caja, también serás castigada.

Esa es la promesa más grande que debes hacerme.

.

No era la primera carta que Paul me escribía. Podía recordar una carta que él había hecho para mí en la que me explicaba por qué había sido tan idiota conmigo.

Y por alguna razón esta carta me hizo llorar un poco más que la anterior.

Abrí la caja y me encontré con el anillo más hermoso del mundo. Un anillo de oro con un brillante plateado en el medio y sólo cuando lo observé más de cerca pude ver que tenia grabada una frase: "Play Again"

Ese hombre era mi vida entera. Y no quería perderlo.

-Para todo "Game Over" existe un "Play Again"

Guardé el anillo de nuevo en la caja y miré a Ash con los ojos nublados por las lágrimas.

-Le amo tanto. – Ash me sonrió y me dio un beso en la frente.

-Bueno, por primera vez en tu vida cuéntame que harás.

No necesité pensarlo 2 veces.

-…Nos vemos en un año, Ash.

Salí del auto solo lo suficiente como para darle un beso en la mejilla.

-Joder, reza para que Reggie no me odie… – Me metí de nuevo, cerré la puerta de mi coche y arranqué tan deprisa que hice que mis llantas chirriaran al avanzar.

Cada segundo al lado de Paul, cada minuto y cada pelea nos habían llevado a esto.

Paul, mi mejor amigo. El único hombre al que siempre había amado, el cabeza hueca, el estúpido sin remedio… él.

Y pensar que después de todo, nos separaríamos un año. Me dolía la cabeza sólo de pensarlo. Y recordé a Paul viniendo hacia mí. Después de haberme hecho sufrir tanto, al final Paul siempre venia hacia mí. Con una excusa, con un pretexto, Paul siempre sabía que decir y yo… yo no había sido capaz de seguirle.

Pisé el acelerador y le marqué a May en cuanto me estacioné.

-¿Estas en el hospital?

-Sí, ¿Tú ya vienes? – Respondió.

-Voy en camino. – Respondí. – ¿Reggie está en su oficina?

-Sí, ¿pasa algo?

-Te cuento luego.

Aceleré tanto como pude, me metí por todos los atajos que nunca había tomado. Todo debía ser rápido y preciso. Iba por todo.

Corrí como nunca lo había hecho en mi vida. El ascensor estaba llenándose, las escaleras eran demasiadas, mis tacones eran… tacones. Mi cerebro no estaba recibiendo tanto oxigeno como necesitaba.

Así que aceleré el paso de nuevo. Me acerqué al ascensor y me encontré con May a punto de entrar al ascensor. Joder.

-Perdóname – Dije – Me necesitan en un piso de arriba, creo que es una emergencia.

Más de una persona puso cara de sincera preocupación. Incluyendo a May.

-Entiendo. Entra, entonces. – Me dejó entrar y me sonrió.

El sentimiento de culpa me invadió a los pocos segundos. La imagen de Paul marchándose la reemplazó y decidida entré al elevador.

-Lo han escuchado, es una emergencia – Una fuerte voz me sobresaltó.

Alguien más salió del elevador y le cedió el lugar a May.

-Que amable.

May me miró decidida y apretó el botón que nos llevaría al último piso.

-¿Lo sabes, no?

-Sí, será interesante.

En cuanto bajamos del elevador, corrí en busca de la oficina de Reggie. Podía escuchar los firmes pasos de May detrás de mí.

-¡Aquí vamos! – May se regodeaba de placer. – Es una emergencia… Tú ni siquiera trabajas en urgencias…

-May, ¡cállate! – Tomé con seguridad el pomo de la puerta de Reggie y lo giré sin pensármelo mucho. – Jefe. – Saludé en cuanto él se dio la vuelta. Tenía una taza de café en las manos y una sonrisa socarrona en sus labios.

-Dawn. – Saludó – Cierra la puerta, May.

Escuché la puerta cerrarse y mis piernas flaquearon. Iba a hacer una locura, y estaba segura de que valía la pena.

-Siéntate – Reggie me ofreció la silla frente a él. – Mi hermanito sigue tomando decisiones por su cuenta, ¿no?

Asentí.

-Bien, creo que sabes a que vine…

-¿Quieres que le ayude? – Reggie dejó su taza en el escritorio.

-No…

-¿Qué le exija que se quede aquí? – Reggie lucia serio y desvelado. – Lo hice, pero no lo hará.

-Lo sé.

-Bueno, ¿entonces…?

-Quiero irme… con él.

Reggie abrió los ojos por completo.

-¿Cómo dices?

-Bien, sé que suena loco, muy loco…

-Absurdo, de hecho… – Él hizo una mueca. – ¿Irte ahora, a dónde?

-Creo que no me has entendido – Suspiré – Me voy a ir… con Paul. A donde él vaya.

Reggie me miró desconcertado. Sentí la suave mano de May en mi hombro, infundiéndome apoyo.

-Dawn… yo pensaba que…

-Esto es lo que siempre he soñado. Mi carrera es mi vida entera, pero…

-¿Pero…?

-Es él todo lo que siempre he querido…

-¿Más que tu carrera?

-Encontraré un trabajo ahí. – Dije con optimismo – No espero que me ayudes, puesto que me estoy yendo de esta manera, sólo quiero que sepas cuan agradecida estoy por todo lo que has hecho por mi…. pero yo amo al idiota de tu hermano y sí él se va, yo me voy tras él. Quiero estar con él, animarle a seguir luchando por su sueño como él hizo conmigo. Después de todo, esta vez me toca a mí ir por él…

Y dicho esto, me levanté de la silla y me di la vuelta sonriéndole a May.

-Berlitz, espera… – Reggie dijo con voz firme.

-¿Si? – Me di la vuelta y le vi. Lucia decepcionado y lo entendía. Me merecía que me odiase más que a nadie en este planeta.

-Cuando llegues a Teselia, dale esto al Doctor del hospital del UCLA Medical Center. – Reggie me ofreció unos papeles y me extendió la mano derecha para estrecharla con la mía – Buena suerte.

-¿Y esto? – Dije mirando el papel cuyas letras se me revolvían por lo confundida que estaba.

-Es una carta de recomendación – May rodó los ojos. – Y tu documento de traslado a Teselia, Dee Dee ciega.

-Pero, Reggie…

-Esperaba que por una vez en tu vida hicieras lo correcto… – Reggie tomó su taza de nuevo y se dio la vuelta – Sinceramente esperaba que te dieras cuenta a la semana de que Paul se fuese, pero qué bueno que los has hecho a tiempo.

Dejé las hojas en la mesa y corrí para abrazar a Reggie por la espalda.

-Eres el mejor cuñado del mundo.

-Lo sé, pónganle a su primer hijo Reggie.

-Eso nunca – Y obligué a Reggie a darse la vuelta sólo para abrazarlo con fuerza. – Nos vemos pronto.

Salí de nuevo de la oficina y corrí hacia el elevador ahora vacío.

-Espera, Dee Dee – May corría hacia mí.

-Ahora no, tragona… – Apretaba el botón del elevador con fuerza.

-Tus papeles, idiota – May me los dio.

-Joder, que torpe soy – Mordí mi labio desesperada.

-Mira, tu ve a casa por tus maletas. – Dijo apuntándome – Yo, iré por el siguiente boleto de avión.

-May, tu trabajo…

-Reggie me dio permiso. – Me guiñó el ojo.

-Creí que no era tu jefe.

-Técnicamente no, pero es el jefe.

Corrimos ambas hacia nuestros respectivos autos ahí estacionados y arranqué apresurada. Si May iba a conseguirme el vuelo más pronto, yo debía estar lista en cuanto ella me avisara.

Así que cuando entré a mí, próximamente "ex", departamento, comencé a guardar en una gran maleta toda la ropa que tenía en el closet. No me molesté en ver que era apropiado y que no, simplemente lo guardé todo.

-Bien – Suspiré buscando otra maleta donde guardar mis artículos pequeños. – Todo saldrá bien, Dawn. Calma.

Me cercioré 2 veces que no hubiese nada más que podría necesitar y me encargué de buscar los zapatos más cómodos por si necesitaba correr de nuevo.

Tomé mis llaves, apagué todas las luces y salí de mi departamento apresurada.

Ya en mi coche recibí la llamada de May.

-Jamás había ansiado tanto una llamada tuya, tragona.

-Sales en media hora, es un avión exprés. – Me notificó – Llegarás antes que él.

-Oh, May, te amo. – Suspiré aliviada mientras dejaba a May en el altavoz y arrancaba el auto.

-Yo te amaré más si llegas rápido, no quiero que pierdas el avión.

-Lo sé – Y colgó.

Así que aceleré tanto como pude y respiraba tranquila cada que me encontraba con un semáforo en verde.

Una esquina antes de llegar, un choque me hizo tener que desviarme y tomar un nuevo camino que me retrasaría un par de minutos más. Maldición.

Y justo cuando lo había conseguido, escuché que un avión para Teselia era voceado.

-Bájate del auto, ya. – May me espantó.

.Voy.

-Ese es tu avión, dame tus llaves.

-Estas son de la casa, del auto – Se las entregué apresurada. – Estas de mi oficina. Cuídate.

-Bien – May tomó las llaves y me abrazó. – Corre…

-Nos veremos pronto.

-No tan pronto – Y me mandó un beso volado.

Y ya en el avión, como lo prometí, escribí la primera carta.

Querido Paul:

Nadie más que tu puede ponerme este anillo en el dedo anular. Esta vez me toca a mí ir detrás de ti…

...

...

...

..

.


1 año después.


-¿Estás segura de esto, querida? – Paul susurró en mi oído.

-Cállate, Paul. – Murmuré tratando de conservar la seriedad – ¿Cómo rayos me preguntas eso ahora?

-No serías la primera que se arrepiente "justo ahora"

-Bueno, no lo haré.

-¿Sabes, Dawn? – Paul me tomó de la mano entrelazando nuestros dedos. – Me muero por cog…

Le metí un pellizco tan fuerte que tuvo que morderse el labio para no gemir de dolor.

-No ahora…

-No, claro que no – Se talló la mano – Pero más tarde no te salvarás.

-Me encantaría ver de qué estás hecho… – Le reté.

-No me tientes… – Podía ver su sonrisa llena de burla. Le había retado.

-Acepto – Dije con fuerza.

-Acepto – Repitió él. Paul me tomó de las manos y me miro con un deje de ansiedad. – 'Game Over', cariño.

-He ganado.

-No estés tan segura de eso.

Paul me tomó de la barbilla y me besó tras los aplausos de nuestros amigos.

-No puedo creer que pienses que me iba a arrepentir. – Le dije en cuanto nos separamos.

-Bueno, uno nunca sabe – Sonrió.

-¿Enserio? – Le di un leve golpe en el brazo. – ¿Ya estando aquí en la iglesia y yo vestida de blanco?

-Oh, yo que voy a saber… contigo nunca se sabe. – Me sonrió de lado, justo como yo amaba. – Finalmente mi mejor amiga me concedió el honor de casarse conmigo.

-Iniciemos el juego de nuevo, Paul.

-Me parece perfecto.

-Sólo que esta vez, serán 3 los que jugaremos.

-Y, ¿Cuándo le diremos a tus padres que tenemos 2 semanas embarazados?

-Bueno, creo que deberíamos esperar un poco… ya sabes, no les hace mucha gracia que nos hayamos "comido la torta antes del recreo"…

-Definitivamente siempre hacemos las cosas al revés. – Se burló. – Pero estoy seguro de que a partir de ahora todo irá bien.

-Eso puedes apostarlo.

GAME OVER… FIN.

.

.


¡Hola! ¿Cómo les va a los que están en vacaciones? Porque a mi regular : / No a quien engaño xD

Disculpen la demora en subir el epilogo, tenía planeado subirlo el primero de este mes pero no tenía tiempo. Además que quitarle su 3ds a mi querido primo y jugar con ella todo el santo día se ha convertido en un vicio y que si agarro por 5 minutos la compu o mi celu mis padres me dicen que tengo un serio problema con el internet y me los quitan ambos :v

Gracias por haber seguido la adaptación hasta aquí, créanme los aprecio mucho a los que lo leyeron, comentaron, siguieron y pusieron en fav la historia ^.^

Hasta luego.

PD: Para los que siguen mi historia out of the darkness, la actualización va a tardar un poco más de lo habitual, lo siento.