Harry Potter pertenece a J.K. Rowling, y ella algún día confesará en su cuenta de Twitter que el Drarry es canon. Yo lo sé. Mientras tanto, yo me dedico a escribir fics por el simple placer de hacerlo.

"Este fic participa en el Festival Top!Draco 2015, festejado por las páginas I love BottomHarry y We love Drarry."

Capítulos: 6/6

Advertencias: Slash/EWE/Lemon. Este es un fic que narra una historia homosexual, que ignora el epílogo del último libro, y que puede ser algo deprimente. Si no te sientes cómodo con estos temas, aún puedes escapar. Dicho está; sobre advertencia no hay engaño.


El Ministro de la soledad

Por:

PukitChan

Epílogo

Cuando la intranquilidad de mi corazón desapareció

Harry Potter era una de esas personas que no guardaban con cariño los recuerdos de su infancia. Quizá porque, para empezar, ni siquiera había tenido una; estaba seguro de que vivir bajo las escaleras en compañía de las arañas, no podía considerarse como tal. A veces, cuando miraba los reportes de los aurores o simplemente padecía de una noche de insomnio, los recuerdos llegaban, recordándole una vida que había jurado dejar atrás. Pero, mientras más lo analizaba y profundizaba en ello, más se daba cuenta de que sus memorias eran extrañas e inconexas, y que no recordaba una gran parte de ellas.

En alguna ocasión, Harry escuchó decir (probablemente a Hermione) que los recuerdos dolorosos se guardaban en una parte de la mente a la cual era difícil acceder, a menos de que uno deliberadamente los buscara. Ahora, luego de tantos años y tras mucho sufrimiento, por fin comenzaba a comprenderlo: Harry también había escondido sus recuerdos. La diferencia con Malfoy radicaba en que el rubio lo había hecho a propósito; Harry ni siquiera recordaba el momento en el que había comenzado a desechar toda su niñez.

Pero ¿eso en qué lo convertía? ¿En una persona mucho más valiente o solo en una más cobarde? Era difícil decidirlo. ¿Él, en última instancia, de verdad era mejor que Draco? ¿Realmente alguien como Harry merecía guardar los recuerdos, buenos o malos, de una persona?

Él…

Buenas tardes, señor.

Harry entreabrió los ojos. No recordaba que sus párpados pesaran tanto. En realidad, ni siquiera recordaba en qué momento se había quedado dormido. ¿En qué lugar estaba? Una habitación, al parecer, aunque no la suya. Buscó con la mirada a la criatura que lo había saludado y descubrió a una elfina doblando un pañuelo blanco con una parsimonia asombrosa para alguien como él.

¿Dónde estoy? —preguntó, tratando de incorporarse, aunque fallando miserablemente en el proceso. Todo su cuerpo pesaba y su cabeza no dejaba de dar vueltas. Cientos de imágenes aparecieron en su mente: recuerdos de una vida que no era suya, pero sí de un pequeño niño rubio de ojos grises, que cada vez parecía conocer más y más.

—En la mansión de la familia Goyle —respondió la elfina, acercándose y extendiendo su mano para, con el pañuelo mojado, refrescar el rostro de Harry—. Ha tenido fiebre y pesadillas, señor. Cali ha estado cuidándolo desde que se desmayó. ¿Necesita algo?¿Cómo se siente, señor?

—Estoy bien, muchas gracias —dijo, intentando que la buena voluntad de la elfina no lo confundiera aún más—. ¿Podrías traerme agua, Cali?

—Enseguida la traeré, señor. —Cuando la elfina desapareció entre delicadas reverencias, Harry buscó la manera de dejar su mente en blanco. Suspiró lentamente mientras se levantaba de la cama. Nunca antes, ni siquiera cuando estuvo herido de gravedad luego de algunas misiones peligrosas, le había costado tanto esfuerzo ponerse de pie. Al conseguirlo, se tambaleó tanto que tuvo que apoyarse en el mueble más cercano para no caer directo hacia el suelo.

Los recuerdos de Draco realmente eran difíciles de sostener.

Aun así, Harry sabía que si quería acercarse a Draco, tenía que aprender a mantener su cuerpo estable, sin importar cuán difícil fuera. Se enderezó y estuvo a punto de realizar un hechizo, cuando la fotografía de un muchacho sonriente llamó su atención: era el mismo que anteriormente había visto en el despacho de Goyle. Harry miró la imagen un rato, preguntándose quién era, pero al mismo tiempo pensando en que, inclusive en esos detalles, era fácil notar que Draco había cambiado; en su oficina en el Ministerio, Malfoy no tenía fotografías, dibujos, recuerdos o un simple adorno. Pero Goyle sí. Porque él había preferido quedarse con su tormentoso pasado.

—Se llama Andrew —dijo alguien. Harry regresó a la realidad, mirando a Gregory entrar a la habitación, acompañado de la elfina, Cali, quien levitaba a su alrededor una jarra de agua y una bandeja que contenía un ligero almuerzo. Cali preparó una mesita de centro y colocó todo allí, haciendo una reverencia al terminar y desaparecer, sonriendo tímida cuando Harry le dio las gracias. Durante esos minutos, Goyle se había acercado a la fotografía, limpiando con un elegante pañuelo la ligera capa de polvo que la cubría.

—¿Es miembro de tu familia? —preguntó Harry, sin saber por qué. A Gregory no pareció molestarle su curiosidad, porque se encogió de hombros y murmuró:

—Era alguien importante.

—¿"Era"? ¿Quizás… murió?

—No… él vive —musitó, alejándose de la fotografía—. Y eso solo lo empeora todo.

—¿Goyle?

—¿Irás con Draco?

Harry podía ser despistado y distraído, pero no era idiota. Sabía que Goyle no hablaría de su vida con alguien como él. Así que, siguiendo el cambio de tema, asintió.

—Tiene que recordar. Todos quieren que recuerde, ¿no?

—Tú más que nadie, al parecer. El que lo odia.

—Yo no lo odio.

—¿Entonces, acaso lo quieres?

Silencio. Luego:

—Solo creo que nadie debería vivir en soledad. Ni siquiera él.


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Tener recuerdos era difícil. Mucho más difícil que no poseerlos. Eso fue algo que Harry supo pocos días después de haber recibido el pasado de Draco.

Repentinamente, Harry se descubrió añorando a personas que no conocía, sintiendo nostalgia por lugares en los que nunca había estado, y anhelando cosas que nunca antes había pensado. Sin darse cuenta, los recuerdos de Draco comenzaban a cambiarlo poco a poco, en detalles mínimos, casi inexistentes, pero que desbarataban todo en lo que Harry había creído durante mucho tiempo.

La primera noche se encontró mirando la guerra desde otro punto de vista y, por un instante, fue lo bastante ingenuo para creer que eso sería lo peor que recordaría hecho ovillo bajo sus sábanas, porque el miedo que Voldemort le causaba a Draco era terrible. No obstante, cuando la tercera noche llegó, Harry descubrió entre lágrimas y temblores, lo mucho que envidiaba a Malfoy, porque esa vez los recuerdos decidieron atacarlo con algo de lo que Harry había carecido, pero Draco tuvo demasiado: una infancia llena de amor y dos padres que idolatraban a su hijo.

No entendía qué orilló a Draco a hacer lo que hizo.

Desde la perspectiva de Draco, en su mente Harry supo lo que significaba tener a una madre colocándolo en su regazo mientras le sonreía cariñosamente y le daba dulces besos en su mejilla. Conoció a un padre que, aunque frío, miraba con orgullo sus creaciones absurdas e infantiles, como un dibujo horrendo. Entendió cuánto emocionaba a unos padres magos descubrir el estallido de magia accidental de su hijo y felicitarlo por ello, en lugar de terminar encerrado en la oscuridad de una alacena.

Harry no sabía que podía llorar a causa de Draco.

Pero esa noche lo hizo.

A partir de ese momento, Harry hizo todo lo posible para que los recuerdos de Draco no volvieran a entrar en sus pensamientos. En cierta manera, era como evitar que Voldemort se apoderada de su mente. A los seis días, Harry ya podía manejarlo, aunque cuando bajaba la guardia, algún diminuto momento del pasado se colaba a sus emociones. Se alegró de haber dicho que estaba enfermo y que, a regañadientes, Hermione apoyara su mentira; Harry no sabía si podría controlarse a sí mismo, si por casualidad se encontrara con Draco antes de tiempo.

Cuando finalmente volvió a pisar los pasillos del Ministerio, Harry pensó que el universo conspiraba a su favor, porque al abordar el ascensor se encontró con que Draco ya estaba ahí. El rubio, vestido formalmente, le hizo pensar a Harry cuán bien le quedaba ser el líder. Se maldijo a sí mismo mientras murmuraba unos «buenos días» que Draco apenas pareció escuchar, pero que respondió con su fría educación. Al cerrarse las puertas, Harry se colocó a su lado y descubrió que el aroma de Draco era suave, no dulce, y le recordaba mucho al jardín de Narcissa Malfoy, un lugar en el cual nunca había estado. Harry se preguntó si el rubio portaba ese aroma por casualidad o había una parte de él que se negaba a dejar escapar el pasado. Cerró los ojos, aspirando sutilmente el aroma y susurró:

—Ella tiene rosas de todos los colores y a ti te gusta jugar entre los árboles y las plantas, pero siempre te riñe por ello. Por supuesto, como cualquier madre, no quiere que te lastimes, aunque tú estás convencido de que es porque quiere más a sus plantas que a ti. Y la idea es tan ridícula que inclusive ella se ríe…

Por un momento, todo permaneció en silencio. Al abrir sus ojos, Harry descubrió que Draco lo miraba de soslayo, pero sin cambiar su expresión indiferente. Era obvio que lo había escuchado, aunque el resultado no era el que había esperado Harry. ¿Quizá no había transmitido su mensaje correctamente? ¿Draco no había comprendido lo que Harry poseía de él? Era una posibilidad. Tal vez debería decírselo directamente.

Harry separó sus labios, listo para explicarlo todo, cuando la voz femenina del ascensor anunció el piso al que Malfoy iba. Harry perdió el aliento cuando lo vio acomodarse su ropa y salir, pero consiguió detener las puertas para ver la espalda de Draco, quien, indiferente, parecía no darle importancia a lo que había escuchado.

—¡Espera! —gritó, intentando que el ascensor no se cerrara. Draco se detuvo y volteó a verlo con una expresión tranquila—. Yo…

—Tienes mis recuerdos —aseveró. La cara de Harry debió ser suficiente para darle una respuesta, porque enseguida añadió—: En realidad no me importa. Carga con ellos si así lo quieres, Potter. A mí no me hacen falta.

Fue así como Harry descubrió que entregarle a Draco sus recuerdos no iba a ser sencillo; sobre todo porque él no los quería de vuelta. Aun así, siguió intentándolo porque era Harry Potter y su terquedad era conocida por todos. Quizá por eso a Percy Weasley no le sorprendió que, tras escuchar los rumores en los que se decía que Harry quería entregarle algo al Ministro, Harry apareciera exigiendo hablar con él. En un principio Percy había considerado negarle el paso, pero tras mirar sus ojos verdes, supo que Harry hacia lo correcto, aunque sus métodos no fueran los adecuados. Y Percy ya había aprendido que, a veces, simplemente se necesitaba confiar en él.

A Harry le sorprendió la facilidad con la que Percy había permitido que entrara a la oficina del Ministro y vagamente se preguntó si, acaso, el pelirrojo había llegado a tenerle cariño a Draco. Era probable. Aun así, todos sus pensamientos se difuminaron cuando, al buscar al rubio, lo descubrió mirando hacia la ventana e ignorándolo, como últimamente, desde que se enteró que Harry tenía sus recuerdos, lo hacía.

—Draco, no puedes continuar así. ¡Mírame cuando te estoy hablando, maldita sea!

Ojalá no le hubiera pedido eso. Cuando Draco volteó, Harry se encontró apresado por la mirada más fría que en su vida había sentido. Una que, por más que lo intentaba, no terminaba de creer que fuera la de Draco Malfoy.

—¿Detenerme solo porque tú lo dices, Potter? —exclamó como si la sola idea fuese ridícula—. Mírame bien. Este es el imperio de mi dolor. Ahora todos lo pueden ver.

—Sé que has llegado hasta donde querías y tal vez te parezca que estás en lo correcto, pero, maldita sea, no puedes seguir viviendo sin tener sentimientos.

—Claro que puedo —respondió Draco, bajando la copa que tenía en su mano, y colocándola en la mesita más cercana—. Lo he hecho hasta ahora. ¿Acaso se están quejando de mi trabajo como Ministro? ¿Ves alguien pensar que lo que hago está mal?

—¡Tus padres, tus amigos! Existen muchas personas que están preocupadas por ti —aseguró, acercándose. Draco, sin molestarse en apartarlo, apenas cambió su expresión cuando Harry sujetó su túnica para atraerlo hacia él. Malfoy pensó que tal vez sería golpeado, pero el moreno se limitó a mirarlo mientras decía en voz baja—: Y yo también estoy preocupado por ti.

Draco nunca antes se había dado cuenta de cuán verdes, almendrados y sinceros eran los ojos de Harry porque la primera vez que lo tuvo tan cerca, había sido en una mansión que ya no recordaba. La segunda ocasión en que pudo haberlo notado, Draco volteó el rostro y el cuerpo de Harry hacia la cama, porque no soportaba la esperanza que se alojaba en su mirada. Solo hasta ahora, en la tercera ocasión, Draco lo miraba de verdad. Y casi sintió pena al darse cuenta de que por muy hermosos que fueran esos ojos, para él eran exactamente iguales a los de cualquier otro.

—Estoy ocupado —murmuró y sujetó la mano de Harry para que lo soltara. Pero Potter, comprendiendo de inmediato lo que el rubio se proponía, cerró su puño con más fuerza alrededor de la túnica e inclinó su rostro hacia él.

Fue un movimiento inconsciente e impulsivo, pero, como solía ser en su vida, nunca se arrepintió por ello.

Los labios de Harry chocaron con fuerza contra los de Draco. Sintió, más que vio, cómo Malfoy fruncía su ceño, pero eso no le restó valor a Harry. Durante cinco malditos años había recordado el calor de la boca de Draco, la suavidad de sus labios y la sensual manera en la que lo besó. Harry había pensado todo ese tiempo que si esperaba lo suficiente, algún día Draco volvería con él. Ahora recordaba que esperar nunca había sido lo suyo. Harry siempre había luchado por lo que quería y si tenía que pelear contra el Ministro de Magia, lo haría.

Draco no respondió al beso, pero tampoco se apartó. Era casi como si no supiera qué hacer; aprovechándose de ello, Harry rodeó el cuerpo de Draco con sus brazos y abrió ligeramente su boca para aprisionar con suavidad el labio inferior del otro. Su lengua lo acarició y en un suspiro inesperado, la mano de Harry subió para sujetarlo por la nunca y animarlo, casi tímidamente, a seguir los movimientos.

Pasaron varios segundos sin que Draco respondiera. Las esperanzas y el autoestima de Harry estaban por derrumbarse cuando Draco, temblando como un cachorrito asustado, lo estrechó entre sus brazos también. Harry se maravilló y su cuerpo se estremeció cuando sintió el corazón del otro palpitar velozmente en su pecho; y tal vez Draco había escondido su memoria, pero existían emociones que no podían ser dejadas de lado tan fácilmente.

Fue entonces, en medio de caricias nerviosas y labios temblorosos, cuando el rubio respondió a su beso.

Draco abrió su boca, apenas moviéndola, para sentir mejor los labios de Harry. Era como un primer beso, inexperto y tímido, pero lleno de emociones inolvidables. Había demasiada incomodidad, torpeza y miedo, pero ambos deseaban continuar. Harry, sin saber qué ocurría, apretó más fuerte a Draco cuando todo su cuerpo comenzó a calentarse; cuando sus lenguas se encontraron, una fuerte descarga de magia sacudió sus entrañas, otorgándole a la mente de Harry, en cuestión de segundos, escenas de un pasado cercano de Draco, del que había desechado en un frasco de cristal: Draco mirándolo cuando caminaba en el Ministerio, Draco mordiéndose los labios cuando sus caminos se cruzaban, el extraño anhelo que sentía por quererlo para él y la terrible amargura que lo invadió cuando comprendió que Harry le gustaba.

Harry Potter le gustaba a Draco Malfoy.

Antes de que pudiera reaccionar a la devastadora revelación que acababa de descubrir indirectamente, Harry fue empujado con fuerza. Se tambaleó pero no cayó. Estaba mareado. Alzó su mirada, aún confundido, y se sorprendió al darse cuenta de que Draco lo miraba horrorizado mientras se cubría la boca con una mano. Además, estaba sonrojado.

Harry se paralizó. En casi seis años no había visto esa ni ninguna otra expresión.

¿Acaso…?

—¡Potter! —gritó Draco, saliendo de su estupor y frunciendo el ceño mientras lo miraba como si quisiera mandarlo a lo más profundo de Azkaban—. ¡¿Por qué me besaste, imbécil?!

—Estás enojado —balbuceó Harry, quien, ante los ojos de Draco, no podía verse más estúpido en ese momento. Entornó los ojos y gritó:

—¡Por supuesto que estoy enojado! ¡Te apropias de mis recuerdos, como si tuvieras el maldito derecho de tocarlos! ¡Tu curiosidad Gryffindor y tu complejo de héroe tenían que hacer de las suyas! ¡Nadie solicitó la ayuda de San Potter! ¡Es mi privacidad! ¡Deja esos recuerdos donde…!

La fuerte carcajada de Harry llenó el lugar, deteniendo la perorata de Draco. Y durante unos preciosos segundos, eso fue todo lo que se escuchó. Potter se limpió la lágrima que caía de sus ojos y siguió sonriendo, aún después de que Draco le ordenara callarse por tercera vez.

—¡Estás enojado conmigo, Draco! ¡Me llamaste San Potter! —aseguró, demasiado sonriente para el gusto del otro.

—¡Me diste unos recuerdos que no necesitaba y no quería! —gritó.

—Fue el beso… el beso te regresó unos pocos recuerdos —susurró Harry, comprendiéndolo todo. Siempre había creído que Draco no se expresaba, que sus emociones estaban escondidas, que nada en él delataba lo que pensaba; ahora comprendía cuán equivocado había estado. Draco fruncía el ceño, sus ojos brillaban cuando se enfada e inclusive movía su pie, impaciente. Oh, Merlín, ese Draco estaba a punto de hechizarlo y Harry no podía dejar de sonreír.

Draco caminó furioso hacia la puerta de su oficina. Llamó, entre gritos y totalmente irritado, a Percy, quien lo miró a los ojos y sonrió sutilmente.

—¡Saca a este idiota de mi Ministerio! —rugió, señalando a Harry—. ¡Despídelo!

—Ministro —razonó Percy—, no podemos despedir a nuestro Jefe de Aurores sin motivos.

—¡Encontraré una razón, maldición! ¡Hasta entonces, sácalo de aquí!

Percy estaba a punto de dar una nueva replica cuando Harry se paró frente a él y negó. Estaba tranquilo y su felicidad era tan contagiosa que el pelirrojo tuvo que morderse la lengua para no responder con una sonrisa.

—Me voy ahora mismo, Percy, no tienes que patearme —dijo. Antes de irse, y ante la presencia de Percy, Harry miró a Draco con cariño y murmuró—: Tú también me gustas, Draco.

Pasaron dos semanas luego de ese incidente. Gracias a Hermione, Harry se enteró de que Draco había estado trabajando desde su casa. No sabía a cuál se refería, pero Harry esperaba que fuera en la mansión Malfoy. Aún no había sido despedido y conservaba gran parte de los recuerdos Draco, así que comenzó a preguntarse qué ocurriría. Quizá Draco lo torturaría y haría todo lo posible para que sus caminos nunca más se cruzaran. Pero si tenía suerte, y si los pocos recuerdos que tenía Draco le devolvían una parte de lo que fue, pronto volverían a tener peleas y discusiones que, ambos sabían, eran ridículas, pero no podían dejar de tener.

Inmerso en sus pensamientos como estaba, Harry tardó unos segundos en comprender que el ruido que se escuchaba con insistencia era alguien golpeando la puerta. Potter se hundió mejor en la cama en donde estaba recostado y decidió fingir que no estaba; no tenía ánimos para soportar una visita y las protecciones incinerarían a cualquiera que quisiera entrar sin su autorización. Estaba por quedarse dormido cuando se despertó sobresaltado al darse cuenta de que las protecciones habían caído. No, no las atacaron. Simplemente le dieron en el paso a alguien que ahora subía por las escaleras rápidamente.

Harry dio un brinco desde la cama y sujetó la manija de la puerta de su habitación en el momento exacto en el que la persona estaba por entrar. El corazón de Harry se aceleró y su mano empezó a buscar su varita cuando, el que estaba detrás de la puerta, gritó:

—¡Potter!

Solo existía una persona en todo el universo que arrastraba las letras de su apellido de esa manera.

—¿Draco?

—No, Salazar Slytherin. ¡Por supuesto que soy yo! —dijo, intentando empujar la puerta, pero la mano de Harry se lo impedía—. ¡Abre, idiota!

—¿Cómo atravesaste las protecciones? —preguntó, aún sin moverse. Escuchó un resoplido al otro lado.

—Soy el Ministro, Potter. Cuando es necesario, la magia puede ceder ante mí… además…

—¿Además…?

—Potter, me siento un verdadero estúpido hablando con una maldita puerta.

—¿Puedes atravesar protecciones que matarían a otros, pero no puedes con una puerta? —se mofó sin darse cuenta. Aquello se sentía curiosamente familiar. Sonrió.

—Potter… —advirtió.

Harry rio por lo bajo y alejó su mano. Entonces, la puerta se abrió y Draco, que parecía haber salido recientemente del trabajo por la túnica que portaba, lo miró. No sabía si estaba enojado o venía a maldecirlo para toda su vida, pero lo cierto era que Harry se sintió ridículamente excitado. Draco se veía muy bien. Parecía vivo.

—¿Abres la puerta, pero no me dejas pasar?

—¿Vienes por tus recuerdos?

Hubo un duelo de miradas que ninguno deseaba perder. Era una extraña mezcla del pasado y el presente. Sin embargo, Harry fracasó cuando Draco levantó su mano y le quitó las gafas de su rostro. Parpadeó, acostumbrándose a esa visión, sin darse cuenta que ese gesto ocasionó que Draco esbozara una sonrisa.

—Sí —murmuró—, vengo a recuperar mis recuerdos. A causa de ese maldito beso, los únicos que tengo que son los que están relacionados contigo. ¿Sabes cuán molesto es tener que pensar en ti a cada minuto?

—Me da gusto saber que te tomas tanto tiempo para pensar en mí —dijo divertido, cruzando los brazos.

A Draco, no obstante, no le causó gracia el comentario.

Sujetó a Harry y lo empujó hasta la cama. Antes de que el otro pudiera hacer algo para impedirlo, Draco lo apresó entre su cuerpo y el colchón, sujetándole las manos. Buscó su mirada y, al encontrarla, cerró los ojos, dejando escapar un suspiro cansado. La nariz de Draco se deslizó suavemente por el rostro de Harry, aprovechándose de esa cercanía para sentirlo mejor.

—Realmente estoy enojado contigo, Potter —susurró, llevando sus labios al oído del moreno, quien se estremeció ante la repentina invasión de su espacio personal—. Estas dos semanas no he podido hacer otra cosa que recordarte, cuando se suponía que pasé los últimos siete años intentando olvidar lo que me causabas. Pensé en cada momento, cada roce, cada pequeño detalle de nuestra historia y esa noche en la que te hice mío, sin darme cuenta. Estoy tan molesto porque quiero volver a hacerlo, quiero sentirte de verdad y comprobar si esas palabras que me dijiste no son solo una mentira, porque, maldito seas, Potter, no puedo resistir un minuto más.

Harry gimió con suavidad. No era solo la voz ronca de Draco lo que alteraba sus sentidos, sino todo de él. Su calor, el sentir su cuerpo rozándose contra el suyo, el saber que era correspondido…

—Además —añadió Draco, alejándose solo un momento, para después besarlo con suavidad. Harry respondió tímidamente. No sabía que Draco pudiera hacerlo sentir de esa manera—, la última vez me devolviste mis recuerdos a través de un beso, pero aún así tienes una gran parte de ellos. Y los quiero de vuelta. Así que, quizá tenga que arrancártelos, besando cada rincón de tu cuerpo…

Él sonrió, rodeándolo con sus brazos.

—Tal vez debamos descubrirlo.


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—Ministro…

—Te he dicho que odio este tipo de interrupciones.

Percy levantó el rostro, alzando una ceja. No era la primera vez que atrapaba al Jefe de Aurores sentado en el escritorio mientras Draco, en medio de sus piernas, apretaba su trasero. Agradeció mentalmente el haberlos encontrado aún vestidos esta vez.

—Lo sé —respondió—. Pero no importa qué tipo de relación tenga con el Jefe de Aurores. Los dos tienen una junta a la cual acudir y que no volveré a postergar.

Harry, sonrojado y escondido detrás del cuerpo de Draco, murmuró cohibido:

—Le devolvía sus recuerdos.

—Por supuesto —musitó Percy, entornando los ojos—. Pero continúa en otro momento. Y ahora, por favor, ordenen su ropa y diríjanse a la reunión.

FIN

«—Me siento terrible. Como si tuviera un peso en mi pecho.

Un corazón es una pesada carga.»

—Howl's Moving Castle.


Autora al habla:

Disculpen esta tardanza. Unos días muy muggles se atravesaron en mi camino. :D ¡Aquí tenemos el final de "El Ministro de la soledad"! Y con esto cerramos esta pequeña historia que fue un verdadero placer escribir. El epílogo debe ser la parte más larga del fic y no se supone que funcione así, pero, jajaajja. Aquí estamos. Esperemos que Draco no nos arroje maldiciones por esto. LOL.

Esta historia también tuvo su inspiración en la bonita canción: "Hammer Song to Itami no Tou de Bump of Chicken" :D Es una maravilla y se darán cuenta de inmediato por qué esa canción inspiró esta trama.

Y bueno, chicos, gracias por acompañarme en esta pequeña aventura. Compartirla fue muy, muy gratificante. Espero que la hayan disfrutado. ¡Muchas gracias por sus reviews y todos sus ánimos! :D Ya saben que os quiero.

Kaith Jackson; prueba restaurarla xD. Ah, es un placer, siempre me encanta responder reviews porque, si te toman la molestia de escribirlos, trato, en la mayor medida que me es posible, responderlos. Bueno, a pesar de todo, trato de mantener lógica la historia xD y no agradezcas, me hiciste recordar cosas geniales, jejeje. Sobre el capítulo, es cierto que hay que ver muchos puntos de vista. Creo que se pierden grandes detalles de la trama cuando te concentras solo en el enfoque de un personaje, además de que no podría explicar cómo Draco recuperó todo sin poner algo de Harry xD. Sin importar cuán stalker sea Draco, jajajaa xD. Morí de risa con tu "Zorra con mucho cuidado". ¡Vaya que hay que tenerlo! Es Black, esposa de Malfoy y Slytherin. Sin duda, Narcissa tiene el suficiente poder para asustar a cualquiera, LOL! ¡Muchas gracias! Y... ¡Yo amo esa canción! Nickelback es una de mis bandas favoritas de todo el mundo mundial, jajaja. ¡Saludos!

Muchas gracias a xonyaa11, Luka36, Acantha-27, LeonaSerena, Annilina, To Black, Christine C, Acantha-27, CuquiLuna, dragon de mala fe, AnataYume, Kuroneko1490, Kuro, seremoon, coptesita, Paulinafujoshi, The darkness princess, Raissa, Izlandi, Kaith Jackson, aoki ashia, Perla, belloty, Miaupls, mariposa de cristal, miadharu28 por todos sus reviews en estos seis capítulos!

Muchas gracias por todo y un placer habernos encontrado. Se despide de este pequeñito proyecto, la escritora perdida, PukitChan. Hasta entonces:

~TRAVESURA REALIZADA~