Saga de Géminis nunca esperó que el Santo de Escorpio cruzara voluntariamente la puerta de su habitación; al menos no hasta que fuese él mismo a buscarlo. Sabía que tenía la capacidad para hacerlo, para convencerlo de entrar al Tercer Templo y encaminarlo firmemente hacia su recámara. Lo consideró varias veces y se contuvo en todas ellas. Le había esperado por muchos años y sabía que podía esperarle un poco más.

Por el momento se conformaría con los fugaces encuentros, con sus nerviosas sonrisas y las miradas mal disimuladas que le dirigía. Saga sabía que aún no era adecuado buscarle. Apenas unos meses atrás Milo aún mostraba esperanzas con respecto a Camus. Aún le miraba con añoranza, esperando, confiando en que el hombre le buscaría y le dedicaría bellas palabras de amor que no tardarían en probarse falsas. Saga lo sabía, lo había visto desde su Templo, desde su silencio. Lo vio desde un principio y lo sabía tanto como sabía que algo en el interior del Santo de Escorpio cambió para bien en las frías tierras de Asgard.

Lo sabía; podía verlo en los apagados ojos del Santo de Acuario. ¿Qué había visto el Santo de Escorpio en ellos? Eran oscuros y melancólicos, siempre lo fueron, tan diferentes a las brillantes turquesas que incitaban a todo aquel que se atrevía a acercárseles.

Por mucho tiempo Saga contempló desde el trono del Patriarca a esos hermosos ojos que tendían a opacarse cada que sufrían algún desaire. Milo era un hombre fuerte y siempre se presentó ante su superior con orgullo que rayaba a la pedantería. Sin embargo, Saga lo conocía bien. Siempre lo hizo. Conocía su blanda sonrisa, sus ojos desanimados y el arrítmico modo en el que sus hombros se balanceaban cuando se deprimía. Aquellos episodios eran tan constantes que fue una verdadera suerte que Camus decidiera partir a Siberia por su propia cuenta. De lo contrario él mismo lo hubiese mandado ahí. Ciertamente la distancia apagó los ánimos de Escorpio, pero eso era mejor que ver al pobre muchacho en un ir y venir de emociones que acababan por extenuarlo.

Ahora los tres estaban de regreso y la anhelante mirada de Milo ya poco se parecía a la de tantos años atrás. Saga lo sabía. Lo veía en el modo en el que su ceño se fruncía y su boca se contoneaba en una sonrisa de medio lado cada que se encontraba con Camus.

—Te estoy esperando —decía sin palabras—. Estoy aquí, ¿no lo ves? ¿Por qué no tienes el valor suficiente para alcanzarme? Me he cansado de buscarte. Si quieres encontrarme tendrás que venir por mí.

Camus ignoraba la muda provocación. Cerraba los ojos, exhalaba largamente y pasaba de largo al hombre que tanto le turbaba. Después de eso se encerraba en su Templo por horas, hojeaba algún libro y acababa por irse a dormir en espera de que todo se solucionara al día siguiente.

Con el tiempo, las provocaciones de Milo cesaron. Dejó de improvisar rápidos encuentros con Acuario y fue sólo entonces que éste se percató de que las cosas no resultarían tal y como lo esperaba. Saga sonrió con satisfacción la primera vez que vio a Camus buscar a Milo. El entrenamiento tenía poco de haber terminado y mientras Milo se divertía con las bufonadas del Santo de Cáncer, Camus le esperaba con impaciencia a la sombra de una columna. Tras casi media hora de espera vio a Milo caminar en su dirección y aprovechó el momento para interceptarle. Saga no pudo escuchar el breve intercambio de palabras que tuvieron. Sólo vio las temblorosas manos de Camus y el desconfiado rostro de Milo.

El Santo de Escorpio murmuró algunas palabras y, tras negar un par de veces con la cabeza, siguió con su camino.

Saga estaba conforme con la decisión que el joven había tomado. Decidió liberarse de una relación que únicamente le generaba tristeza y, aunque le costaba, se notaba convencido de que aquello era lo mejor para todos.

Mientras no le viera flaquear, Saga le esperaría con paciencia. Por lo mientras, disfrutaría del desairado gesto de Camus y de la insistente atención que Milo comenzaba a prestarle. Esperaría un poco más. Sólo un poco hasta que estuviese convencido de que Milo se uniría a él por decisión propia y no por despecho. Lo deseaba. Lo necesitaba y Saga estaba seguro de que no tardaría en ceder.

Y es que pudo sentirlo. Pudo probarlo en aquella cueva en las montañas de Asgard. Pudo leerlo en su cuerpo como si estuviese grabado en su tersa piel. Lo saboreó en sus labios —sedientos y desesperados, como si nunca antes los hubiesen probado—, y lo intuyó en su mirada, tan prístina y emocionada que por un momento creyó que nunca se escaparía de sus brazos.

Saga recordaba con tristeza cómo le abandonó al día siguiente, cuando intentó detenerlo y mantenerlo a su lado a sabiendas de que sus heridas le impedirían hacer cualquier cosa que no fuese morir. Sin embargo, el joven estaba decidido y Saga no se atrevió a detenerlo a sabiendas de que no tenía derecho a hacerlo.

Sintió su cosmo estallar hasta extinguirse y casi pudo ver en su mente el modo en el que las raíces de Yggdrasil le absorbieron. Afortunadamente, el Santo de Piscis logró mantenerlo a él y al resto con vida por el tiempo suficiente para acabar con el mal que asolaba las tierras del norte. El suficiente para que pudiera reencontrarse con el Santo de Acuario.

Géminis admitía que tuvo miedo en aquel entonces. Tuvo miedo de que Milo cayera nuevamente en la trampa, de que olvidara sus palabras y sus caricias y que de nueva cuenta se entregara al hombre que tan poco provecho sacaba de aquél que se le ofrecía tan abiertamente.

Sería un desperdicio, pensaba.

Gracias al cielo su breve encuentro en las montañas fue suficiente para hacerlo entrar en razón. Ahora Milo era libre y Saga esperaría un poco más para buscarle. Sólo un poco más, unos meros segundos a comparación de lo que tuvo que tolerar mientras ocupaba el usurpado trono.

Sí. Saga de Géminis nunca esperó que el Santo de Escorpio cruzara voluntariamente la puerta de su habitación; al menos no hasta que fuese él mismo a buscarlo.

Fue por eso que su visita nocturna le cayó por sorpresa. Vino a él cuando se disponía a dormir, cuando las ventanas acababan de cerrarse para evitar que el frío corriese por la habitación y cuando la ropa de cama comenzaba a deshacerse.

Le fue difícil contener su desconcierto al verle de pie justo debajo de su puerta y, con el fin de aparentar tranquilidad, decidió sentarse al pie de su cama.

—Es algo tarde para una visita, ¿no te parece?

Milo sonrió tímidamente mientras se alzaba de hombros.

—Lo sé, lo siento. Necesitaba verte.

—¿Qué puede ser tan importante como para que vengas al Templo de Géminis a altas horas de la noche?

—De repente me he dado cuenta de que nunca te agradecí por haberme ayudado en Asgard.

—¿En serio? —una grave risa salió de su garganta—. ¿Te das cuenta después de más de medio año?

—He tenido otras cosas en mente.

—Me lo puedo imaginar. ¿Y bien?

—¿Y bien qué?

—¿Y tu agradecimiento?

Milo rio mientras se inclinaba lentamente hacia él.

—Estaré eternamente en deuda contigo, Saga de Géminis —alzó el rostro y Saga reconoció su traviesa sonrisa—. No sólo me salvaste, me ayudaste a comprender muchas cosas de mí mismo y ha sido gracias a ti que he podido iniciar esta nueva vida del mejor de los modos.

—Aunque te tomó algo de tiempo, me parece —condenó mientras arqueaba la ceja—. Por cierto, ¿cómo se encuentra el Santo de Acuario?

La pregunta no pareció alterar al menor.

—No lo sé. Espero que bien —murmuró para sí—. Estará bien. El único camino es hacia adelante.

Saga se sintió complacido con la respuesta.

—¿Y cómo se encuentra el Santo de Escorpio?

—Mejor que nunca.

—A pesar de la hora —remarcó—, me da gusto que estés aquí.

—Hubiese querido venir antes —Saga supuso que no se refería precisamente a la hora del día—, pero quería estar seguro de que hacía esto por los motivos adecuados.

Géminis se puso de pie y caminó hacia el menor. Éste no tardó en desviar su mirada y a jugar nerviosamente con sus dedos. Un tenue sonroje cubrió sus mejillas.

—Y supongo que el hecho de que estés aquí en estos momentos quiere decir que lo son —la distancia se cerraba y casi sin darse cuenta alzó sus manos hacia él.

—Más bien que me cansé de esperar —rio al escucharle gruñir—. ¡Es broma! Es broma.

Las socarronas palabras cerraron el trato y Saga le sujetó de las manos.

—Dímelo —ordenó mientras presionaba su cuerpo contra el suyo.

—Quiero saber todo de ti, Saga de Géminis —susurró con una incitante sonrisa—. Quiero tenerte a mi lado.

A pesar de que esperó tanto tiempo por ese momento, a Saga le tomó algunos segundos finalmente aceptar que aquello era real. Tantos años y tantas noches añorándolo le parecieron pocas ahora que lo tenía entre sus brazos. Le sujetaría con fuerza y no cometería el mismo error que Acuario al dejarle escapar.

Decidido a compensar el tiempo perdido, Saga empujó a Milo en contra de la pared y le besó tendidamente. Si bien en Asgard disfrutó tenerlo a su disposición, ese momento le pareció mil veces más satisfactorio. Esta vez estaba seguro de que Milo le correspondía porque quería hacerlo y no porque estuviera confundido.

Saga sabía que por primera vez en muchos años tenía a la felicidad en la palma de su mano.

Comentario de la Autora: *sigh* Fue verdaderamente satisfactorio hacer este fanfic. Camus tuvo su oportunidad con Milo. Es más, tuvo varias oportunidades, pero eligió no aprovecharlas hasta que fue demasiado tarde. La mera verdad que no lo puse sufriendo tanto como se lo merecía, pero está sufriendo. Créanme que está sufriendo. Kukukukuku. *coff* Lamento que apeste tanto en hacer angst.

Este capie tuvo un estilo mucho más parecido al primero y eso demuestra que incluso la estructura de pensamiento de Milo y de Saga es más parecida que la de Camus y Milo (XD al menos en este AU). Saga es tan pasional como Milo, pero después de todos los traumas que vivió aprendió a controlar sus arrebatos. Además, Milo realmente es mucho más sensato de lo que se vio en el primer capie, pero su locura fue necesaria para demostrar lo que sentía en esos momentos.

Ungh... Saga es dolorosamente sexy. A veces me pregunto por qué no tengo más fics de él con Milo... pero es simplemente porque para pairing con los gemelos prefiero a Kanon. Sin embargo, su interacción en SoG fue tan alsdjfklasdjflkañdsflkñ que no podía dejarla pasar.

Dije que posteaba esto antes de navidad y no lo logré, pero tampoco me faltó tanto. ¡Muchas gracias a todos por seguir este corto fic y aprovecho para desearles a todos una feliz navidad y un muy próspero año nuevo! ¡Kissu!

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