Renuncia de derechos: Harry Potter y todo su universo son de J. K. Rowling, solo tomo parte de ello por diversión, sin fines de lucro. Por otro lado, trama y algunos personajes sí son míos, por lo que me reservo su uso.

Advertencia: la presente viñeta puede insinuar detalles que no siguen el canon debido a que está ligada a la Saga HHP, escrita por su servidora antes de leer HP6 y HP7, así que no se admiten reclamos por la ausencia y/o presencia de personajes y situaciones que Rowling jamás escribió.

La presente viñeta participa en "¡Te reto! Sí, a ti. Escritor de fanfics", de TanitbenNajash.


A de Anderson.

Era el último curso de Lester Anderson en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería; si todo le salía bien, el año siguiente asistiría a la Academia de Adiestramiento de Aurores (a la que solían llamar Triple A), cumpliendo así el sueño de su vida.

Sin embargo, al acabar sexto, la directora McGonagall anunció que se celebraría en el colegio una competencia basada en el antiguo Torneo de los Tres Magos, con lo cual su séptimo año prometía ser una experiencia interesante.

Con oír los nombres de las escuelas visitantes, uno se preguntaba cómo serían esos magos extranjeros, tanto física como mentalmente. A Lester le interesaba mucho conocerlos, por lo que decidió anotarse al Torneo. Cumplía con la edad requerida y debido a todo lo que estudiaba para su futura profesión, seguro que tendría una oportunidad. Solo debía enterarse de cómo seleccionaban a los campeones.

Finalmente, en octubre, llegaron las delegaciones de las escuelas extranjeras, lo cual causó gran revuelo debido a sus métodos de transporte. De hecho, bien mirado, las menos extrañas fueron aquellas pertenecientes al Instituto de las Brujas de Salem, provenientes de Estados Unidos, pues habían empleado escobas, aunque quedaba la duda de cómo emprendieron un viaje tan largo sin ser detectadas por muggles.

Lester olvidó momentáneamente aquellas cuestiones cuando, ya en el Gran Comedor, McGonagall anunció cómo iniciaría el Torneo y que los primeros campeones en ser elegidos serían los de Europa; esto era, los de Hogwarts, Durmstrang y Beauxbatons. Al saber el funcionamiento de aquel Cáliz de Fuego, Lester pensó que no tendría ningún problema en presentarse. Solo esperaba ser considerado digno.

A la mañana siguiente, el muchacho se levantó muy temprano, sacó lo necesario de su mochila y escribió su nombre y el de su colegio en un trozo de pergamino, con la mejor letra que le salió. Acto seguido guardó la nota y se dispuso a vestirse, procurando no despertar a sus compañeros. Sus amigos eran buenos chicos, pero podían llegar a alborotar demasiado cuando no debían y en ese momento no quería eso.

Lester estuvo fuera del sótano de Hufflepuff unos diez minutos después, con la mano derecha en el bolsillo de su túnica, aferrando el pergamino que contenía su nombre y el de Hogwarts. Tal como supuso, pocos se habían despertado a esa hora, por lo que el vestíbulo estaba despejado al acercarse lentamente a donde se exponía el Cáliz de Fuego, colocado sobre un taburete de madera y rodeado de un círculo dorado de unos dos metros de diámetro. Inhalando profundamente, Lester dio el paso definitivo para cruzar el mencionado círculo, quedándose quieto por unos segundos, antes de confirmar que no le pasaba nada raro. Avanzó a paso lento, sacando la diestra finalmente y estirando el brazo para, con gesto decidido, dejar caer el pergamino a las llamas blanquecinas del cáliz.

El joven se sobresaltó cuando el fuego en aquel objeto cambió de color a rojo intenso, pero solo duró un instante, así que se calmó y comenzó a alejarse de allí, caminando de espaldas, hasta que se dio cuenta que seguramente lucía ridículo y dio media vuelta.

Lo que no previó fue chocar con alguien. Una chica, para ser exacto.

La susodicha lucía la túnica morada de las estudiantes norteamericanas, si no recordaba mal. Era más baja que él, de pelo castaño y diminutos ojos azules, los cuales pensó por un segundo que estaban cerrados, al menos hasta que se fijaron en él. Solo la reconoció cuando ella, tras dedicarle un gesto de disculpa, sonrió.

—¿Cat Calíope? —musitó.

Ella lo miró con atención, asintiendo al tiempo que dejaba de sonreír. ¿Acaso no le gustaba que la reconocieran? Cosa rara, siendo vocalista del grupo musical más popular entre la juventud mágica.

—Lo siento —se apresuró a decir Lester, con lo cual la chica arqueó las cejas —Eres… ¿Bruce, cierto? ¿Catherine Bruce?

Eso la dejó visiblemente sorprendida. Seguramente pocos eran los que, además de saber su nombre artístico, se molestaban en recordar su nombre real.

—El curso pasado había una Bruce aquí, se parecía a ti —continuó Lester, sin pensar en que aquello quizá no era de interés para la muchacha —Judith, se llama.

—Lo sé —la joven volvió a sonreír, asintiendo con la cabeza —Es mi prima.

—¿En serio? ¡Menuda coincidencia!

—No tanto, sabía que ella estudió aquí. ¿Cómo te llamas?

—Eh… Lester. Lester Anderson.

—Bien, como has dicho, soy Catherine Bruce. Me alegra conocerte. Ahora discúlpame, quedé de desayunar con unas amigas.

Acto seguido, ella se puso en puntillas, le dio un rápido beso en la mejilla y corrió hacia el Gran Comedor, dejando a Lester tan sorprendido como maravillado.

Definitivamente, aquel curso sería muy interesante.

–&–

Buenas, damas y caballeros. Bienvenidos a este proyecto, que me ronda en la cabeza desde hace un montón de tiempo debido a un reto lanzado por TanitbenNajash en su blog personal, aunque no debería ocuparme de él si tengo algunos fics en proceso. Pero qué quieren, la inspiración es una ingrata que hace lo que le pega la gana, así que mientras me vienen ideas para lo pendiente, andaré por aquí con esto. Habrá tanto personajes originales de JK como de su servidora, para que no se sorprendan los lectores nuevos al toparse con nombres que quizá no les son familiares.

Ahora, presentaciones: Lester Anderson es uno de mis muchos secundarios, salió por primera vez en ET3P (El Torneo de las Tres Partes, segunda entrega de la Saga HHP). Al principio no se hacía notar demasiado; luego, debido precisamente a sus estudios de auror, lo empleé más seguido. Una de las peculiaridades de este muchacho es su color favorito, el cual llega a usar en sus túnicas y que me parece que le queda, aunque en este relato no se note.

Cuídense mucho y nos leemos a la próxima.