21 – Paso a paso

Sorsha abrió los ojos en cuanto los primeros rayos de sol acariciaron sus párpados. Al otro lado de la ventana asomaba un día espléndido, casi tanto como su ánimo al recordar la tarea que tenía por delante. Giró, tanteando con la mano el hueco anexo de la cama, pero se sorprendió ligeramente al encontrarlo vacío. ¿Acaso lo de la noche anterior había sido solo un sueño? ¿Qué parte era real y cuál no? Solo de recordar aquella en la que su madre la torturaba se le revolvía el estómago.

Pero en cuanto su mano tocó algo rugoso sobre la manta de piel de corzo que la cubría, su malestar se transformó en curiosidad. Junto a la nota había una pequeña flor silvestre que hizo que el corazón de Sorsha latiese a velocidad de galope. Con cuidado, abrió el pequeño pergamino: dentro, Madmartigan se disculpaba por irse sin despertarla, pero la citaba a mediodía en los establos para salir a cabalgar por los alrededores. La princesa sonrió ampliamente mientras se levantaba de la cama de un salto y corría hacia el aparador para buscar su ropa de montar.

"Este día no puede empezar mejor", pensó. Sin embargo, había algo que tenía que hacer antes de sentirse completamente dichosa.

Su padre se encontraba en el comedor desayunando cuando Sorsha entró por la puerta con aire resuelto.

–Buenos días –lo saludó con alegría mientras se acomodaba en uno de los asientos.

Thantalos alzó la cabeza al oírla llegar y sonrió.

–Buenos días, hija. ¿Has dormido bien?

Sorsha frenó en seco el bocado que se estaba llevando a la boca y entrecerró los ojos, suspicaz. ¿Raziel se habría ido de la lengua? Esperaba que no, o podría empezar la conversación con mal pie. "Respira", se obligó mentalmente, "todo saldrá bien".

–No ha estado mal –replicó con desenvoltura antes de comentar, como de pasada–. Por lo visto esta ciudad funciona ya a toda máquina…

El rey se rio con ganas, sin poder disimular que se había inflado de orgullo ante su cumplido.

–¿Qué esperabas? –repuso con diversión–. Debo admitir que nuestro nuevo capitán de la guardia sabe lo que hace…

Sorsha notó un retortijón al oír aquella mención indirecta de Madmartigan, y optó por lanzarse definitivamente.

–Hablando del asunto, hay algo que quería decirte, padre –empezó y, tras asegurarse de que tenía toda su atención, anunció–. Madmartigan y yo vamos a casarnos.

Tras la alabanza hacia el guerrero, Sorsha esperaba una felicitación calurosa. Pero los segundos pasaban y esta no llegaba. Al contrario, el rey Mikal Thantalos IX frunció el ceño.

–No –dijo al fin.

Para Sorsha, aquella única palabra fue como si un jarro de agua helada cayese sobre su cabeza. ¿Qué clase de respuesta era aquella? Era una princesa, podía decidir perfectamente con quien casarse y así lo expuso. Pero la contestación de su padre la dejó clavada en el sitio.

–Eres princesa, pero ya no eres heredera. Y por tanto, esa regla no se te aplica –la miró rápidamente de arriba debajo de una manera que disgustó claramente a la joven–. ¿Te has entregado ya?

Sorsha apretó los dientes, más y más furibunda por momentos.

–¿Cambiaría algo? –rechinó, dolida–. Además, creía que le apreciabas… ¿Qué tienes en contra de nuestra unión? –de pronto, las posibles razones empezaron a volar por su mente, mareándola–. Es… Es porque solo es un soldado, ¿verdad? Y además de otra ciudad…

No sabía si seguir elucubrando o salir corriendo de allí. Sin embargo, la frialdad que se había adueñado del rostro de su padre hizo que un sudor helado cayese por su espalda mientras este volvía a tomar la palabra.

–Veo que no te ha hablado de su vida antes de conocerte –observó este con calma.

Sorsha tragó saliva.

–Me ha hablado de sus… problemas en Cashmere –reconoció ella en voz baja, sintiendo al tiempo una desagradable sensación en la boca del estómago.

¿Qué podía haber peor que aquella confesión? ¿Quién era en realidad el hombre con el que había aceptado casarse, al que amaba con toda su alma? De todas formas, la respuesta que esperaba llegó enseguida, en forma de una sucesión de frases que casi lograron desmayarla. Solo el hecho de aferrarse con ambas manos a los reposabrazos de la silla consiguió mantenerla atada al mundo real.

–Madmartigan es de familia noble, Sorsha –le informó su padre–. Por eso no tengo ningún reparo. Sin embargo –juntó las manos frente a él e inspiró hondo– el hecho de que haya tenido una condena a muerte sobre su cabeza… Bueno, comprenderás que no es lo que quiero para mi hija. Y siento ser yo quien te lo diga, pero creo que antes de decidir nada, debías saberlo.

Condena. De muerte. Sorsha apretó la madera hasta que sus nudillos se volvieron blancos a la vez que trataba de controlar la respiración y las lágrimas. ¿Su amado, un ex-convicto? ¿Cómo, por los dioses, era posible? No podía asumir que su corazón se hubiese equivocado. Ella no podía amar a un criminal. Recordó sus caricias, sus besos, su declaración de amor; todas las veces que había sido amable con ella… El hecho de ir a rescatarla a Nockmaar. ¿Y si todo había sido un truco? ¿Y si solo intentaba acercarse a ella o su padre le había impuesto aquello para darle una segunda oportunidad?

Este, por otra parte, quiso acercar en ese momento la mano derecha para tomar sus dedos en un ademán consolador, pero Sorsha los retiró. Puesto que había recordado algo más.

–Es posible que lo que me digas sea cierto –masculló entre dientes, antes de que él pudiese decir nada más y al tiempo que alzaba la vista para enfrentar los ojos de su padre, tan parecidos a los suyos–. Pero un hombre que defendió a solas esta ciudad frente al ejército de Nockmaar, sin más compañía que un pek, un bebé indefenso y una hechicera convertida en animal, además de matar a un dragón de dos cabezas por el camino, no tiene madera para ser un criminal de tan baja calaña como sugieres –apretó los labios–. No podría creerlo.

Thantalos suspiró.

–No lo creas si no quieres. Pero son sus propios soldados los que recuerdan haber visto ese momento…

–Ahora es su líder, porque Airk Thaughbauer confiaba en él –le recordó Sorsha.

Sin embargo, al mencionar al difunto general la princesa recordó una frase dicha por él mismo sobre Madmartigan, escondidos en una cabaña de aquel poblado en la nieve: "solo es un ladrón inútil". Pero Sorsha necesitaba oírlo de su boca, no por terceros. Igual que en el asunto de Eleion y Carissima, su conciencia la obligaba a preguntar directamente. Y era lo que pensaba hacer.

Con más brusquedad de la que pretendía y todo el cuerpo temblando a causa del terror y la rabia que se entremezclaban en sus venas, se levantó del asiento, empujándolo hacia atrás con las piernas. Y sin despegar la vista de su padre, murmuró:

–¿Sabes, padre? Puede que ya no sea la princesa heredera de esta ni de ninguna ciudad. Pero no soy ninguna cría; y hace tiempo que aprendí que confiar en mi corazón era una baza por la que apostar.

El rey le sostuvo la mirada sin responder. Sorsha, rabiosa, se volvió sin despedirse y salió de la habitación a grandes zancadas. Tenía una conversación pendiente con alguien. Otra más. Suspiró. ¿Cuándo se acabarían los secretos entre ellos? Por el bien de ambos, esperaba que pronto.

¡Buenas a todos y todas de nuevo! Al final parece que Madmartigan va a tener que reconocer que estuvo encerrado en cierta jaula, de la que por cierto lo sacó Willow al principio de la película. Sorsha, obviamente no sabe nada de esto porque ni siquiera sabía que Madmartigan existía por aquel entonces. Lo único que sabía era que su madre había ordenado arrasar Galladoorn; casualmente, la ciudad natal de él.

Y sí, lo de que procede de familia noble no es de invención, lo extraje de la Wikia. Sin embargo, cómo pasó de esa condición a truhan, como se desprende de la película y de sus confesiones en este fanfic –procedentes de la Wikia– se explicará más adelante. ¡Gracias por vuestros comentarios! :D