29 – Salve

La sala de audiencias donde Thantalos los había convocado estaba situada en la planta inferior del palacio y daba al patio posterior de armas por medio de una doble puerta de madera repujada. El rey ya se encontraba allí, pero no estaba solo. A su alrededor se congregaban los nobles de la ciudad que habían sido rescatados de la maldición por Fin Raziel, así como la mayoría de los pobladores con los que Tir Asleen contaba dentro de sus murallas. Sorsha tragó saliva antes de obligarse a aceptar discretamente el brazo cortés que Madmartigan le ofrecía, y entrar tras Fin Raziel y Willow en el enorme salón. Los allí presentes los recibieron con vítores y aplausos demostrando así su gratitud por su liberación, aunque más de uno no dejaba de dirigir miradas torvas a la joven princesa. Sin embargo, al ver la reprimenda en el rostro de su acompañante, apartaban la vista de inmediato.

Cuando llegaron junto al rey, este saludó con sendos asentimientos de cabeza a Willow, Madmartigan y Raziel, correspondiendo a sus reverencias, pero cuando tuvo que devolverle el gesto a Sorsha, en cambio, se aproximó y la besó en la mejilla. La muchacha escuchó más de un jadeo ahogado tras ella, así como cuchicheos, pero procuró no amedrentarse mientras se situaba a la derecha de su padre, como correspondía y sin dejar de sostener en ningún momento a la pequeña Elora Danan. Madmartigan se colocó unos metros más allá, a su derecha, en su posición de capitán de la guardia. Fin Raziel se irguió a la izquierda de Thantalos, mientras que Willow permaneció frente al monarca como le había indicado la hechicera que debía hacer.

–Compañeros. Amigos –empezó Thantalos, una vez situados todos en sus posiciones–. Ciudadanos de Tir Asleen. Hoy es un día triste, ya que uno de los héroes más pequeños y, al tiempo, más grandes que esta ciudad ha conocido, debe partir de nuevo hacia su tierra, donde su familia lo aguarda. Sin embargo, no podíamos dejar que lo hiciera sin nuestro agradecimiento eterno y todo nuestro cariño –acto seguido se dio la vuelta y tomó algo de una mesa que había a su espalda–. Willow Ufgood, acepta de parte de este rey y sus súbditos la joya más preciada de la ciudad: el amuleto de Ifhelur, la posesión más sagrada de mi casa y aquello con lo que Bavmorda trató de poner fin a nuestra felicidad y prosperidad. Tú evitaste que eso sucediese, y por tanto creo que este tesoro debe ser tuyo.

El nelwin procuró disimular que se había emocionado mientras observaba el colgante que el rey le había entregado: era la figura de terracota, ahora reconstruida, que habían destruido a su llegada, aquel amuleto encantado que durante veinte años había mantenido hechizada a toda Tir Asleen: tres guerreros situados espalda con espalda. Uno portaba un hacha, el otro un pergamino y el tercero una corona entre las manos. Era un regalo que el nelwin se veía incapaz de aceptar por la solemnidad del mismo pero, al alzar la vista hacia el rey de nuevo y ver en su rostro reflejados tantos años de dura lucha contra el mal, la decisión quedó tomada.

–Os lo agradezco, Majestad –se inclinó brevemente–. Siempre que Tir Asleen me necesite, estaré a su disposición.

Tras asumir el cumplido, el rey alzó las manos y proclamó:

–Willow Ufgood, héroe de Tir Asleen. A partir de hoy, este día se conmemorará con una fiesta principal de nuestra ciudad para recordar para siempre todo lo que has hecho para nosotros. ¡Salve, Willow Ufgood!

Mientras el nelwin se inclinaba de nuevo, emocionado, todos los presentes repitieron la aclamación al unísono. Entonces, Thantalos hizo un gesto hacia Madmartigan, que se acercó obedientemente a la primera fila. Al tiempo que Willow se retiraba discretamente, colocándose junto a Fin Raziel, el guerrero hizo una reverencia hacia el monarca; el cual le indicó enseguida que se arrodillase frente a él. Acto seguido, tomó una espada que tenía tras él en la mesa, la empuñó y colocó el filo alternativamente sobre los hombros del guerrero, mientras pronunciaba unas palabras que este jamás imaginó que se volverían a verter sobre su cabeza:

–Madmartigan de Galladoorn. Por haber demostrado tu valía y tu noble corazón en defensa de esta ciudad, yo te nombro caballero y Lord protector de esta ciudad que ahora te acoge como hijo suyo. Así pues, levántate con mi bendición y siendo, de ahora en adelante, sir Madmartigan de Tir Asleen.

El aludido obedeció entre aplausos de una agradecida población, al tiempo que procuraba que no le temblaran las piernas ni las manos. Aquello era un gran honor que, si bien era cierto que nunca había querido en su tierna juventud, ahora sabía que era lo único que le permitiría estar con la mujer a la que amaba. Y, para que engañarnos, ya no le importaba hacer lo que fuese necesario para conseguirlo.

En ese instante, precisamente, Thantalos hizo una seña a su hija para que se acercara, pidiéndole entonces que se situara frente a Madmartigan y, tras entregarle a Elora a Fin Raziel, enlazase sus manos con las de él. Las expresiones de júbilo cesaron poco a poco, dando paso a una tensa expectación. Porque nadie había quedado ignorante del rumor que corría sobre ella: que era la hija de Bavmorda, la bruja que los había convertido a todos en piedra antes de llevarse a la niña con ella. ¿Para corromperla? Quién sabía, pero era probable. Sorsha sentía las miradas ardientes del público clavadas en su nuca, a la vez que las rodillas le temblaban de emoción al pensar que por fin iba a poder declarar públicamente su amor por Madmartigan.

–Pueblo de Tir Asleen –pronunció entonces Thantalos–. Como muchos ya sabéis, hace poco tiempo que mi hija Sorsha, tan amada y trágicamente arrebatada de nuestro lado a manos de su madre, ha retornado a esta ciudad que es su casa –la aludida se obligó a no hacer un gesto de leve desacuerdo cuando un recuerdo de sus años en Nockmaar, no tan horribles como su padre quería pintarlos, cruzó por su mente. Pero los ojos azules de su amado la hicieron retornar de inmediato al presente, provocándole un curioso escalofrío de placer–. Igualmente, su corazón ha encontrado la luz y el amor en nuestro capitán de la guardia, ahora caballero –"espero que no se le ocurra mentar el Vínculo, o la tenemos liada", pensó Sorsha para sus adentros. Pero, por fortuna, no fue así–. Así pues, hoy quiero anunciaros que ambos contraerán matrimonio en la próxima luna llena y a partir de ese momento quedarán como responsables de la crianza de la pequeña Elora Danan. ¡Salve por la feliz pareja!

–¡Salve! –repitieron todos, unos con más energía que otros.

Pero entonces sucedió algo que casi nadie esperaba. Ante la aturdida mirada de los presentes, los dos enamorados no pudieron evitar por más tiempo el impulso de acercar sus rostros para besarse, lo que unos segundos después provocó una oleada de aplausos a caballo entre el recelo que la población de Tir Asleen aún mantenía hacia Sorsha, y la alegría de una futura boda aparentemente tan bien avenida.

Cuando se separaron, los dos amantes se sonrieron con ternura mientras Thantalos daba la orden de que todos salieran hacia las puertas de la fortaleza para despedir a Willow. Madmartigan y Sorsha salieron los penúltimos, precediendo al rey pero tras intercambiar con él una mirada ligeramente cómplice. Algo que parecía reforzar la nueva opinión que tenía él sobre ambos y que, en mayor o menor medida, contribuyó a relajar los ánimos de la pareja. Parecía que, por fin, las cosas empezaban a funcionar como debían.

La despedida de Willow fue emotiva, sin exceso. Como debía ser. Mientras Sorsha retomaba a Elora en sus brazos y Madmartigan la abrazaba por detrás, sintiéndose más dichoso que nunca, Fin Raziel se acercó a Willow para darle su propio regalo: un libro de magia. Igualmente, le aseguró que llegaría a ser un gran mago. Rool y Franjean, desde su posición junto al suelo, lo felicitaron y jalearon como suele ser habitual en los brownies. Y entonces, Sorsha, tras cruzar una mirada significativa con Madmartigan, se aproximó y se agachó junto al nelwin. Los ojos claros e inteligentes de él se clavaron un instante en los suyos; comunicándose ambos, sin palabras y en apenas unas décimas de segundo, todo lo que nunca se habían dicho. Ella tenía mucho por lo que pedirle perdón, y él lo aceptaba.

Después, Willow bajó la vista para despedirse de Elora con infinita dulzura y un beso en la mejilla, algo por el que el pequeño bebé pareció ligeramente sorprendido y que demostró agitando las manos con vehemencia. Pero antes de que el nelwin pudiese hacer nada más, alguien lo alzó en volandas para depositarlo sobre la silla del poni que habían preparado para su viaje. Madmartigan le tendió entonces una mano, sonriendo, y Willow se la estrechó calurosamente. Quizá la despedida entre ellos dos era la más difícil, después de todo lo que había pasado y su profunda amistad. Pero volverían a verse. Estaban seguros de ello.

Para no alargar más aquel momento agridulce, Madmartigan optó por dar una palmada fuerte en la grupa del pequeño jamelgo, lo que hizo que este saliese trotando con un respingo. Los "adiós" a Willow siguieron sonando mientras el nelwin se alejaba y Sorsha y Madmartigan se reunían de nuevo, justo donde se había quedado él.

–¿Estás bien? –le preguntó ella en un susurro al llegar a su altura, probablemente al comprobar la desazón en su rostro.

Ante lo cual, él cambió su expresión por una sonrisa cargada de dulzura. Ver a Sorsha con Elora en brazos despertaba en él un cosquilleo muy diferente al simple amor que tenía a aquella mujer. Pero aún no tenía claro si estaba preparado para ello. "Tiempo al tiempo", se prometió.

–Sí, estoy bien –miró cómo el nelwin se alejaba antes de agregar, sin ningún sentido despectivo–. Aunque echaré de menos a ese pequeño pek.

–Todos le echaremos de menos –aseguró ella antes de dirigirle una mirada cargada de significado–. Y su magia siempre tendrá un hueco en nosotros.

Madmartigan sonrió de nuevo, esta vez con emoción contenida.

–Te quiero, Sorsha de Nockmaar y Tir Asleen–murmuró entonces en un susurro que no pudo escuchar nadie más que su destinataria–. Con todo mi corazón.

Y ella, sintiendo cómo el citado órgano le daba un vuelco en el pecho ante aquella declaración, aproximó su cabeza a la suya y, con los ojos cerrados y su mejilla casi pegada a la de su amor, susurró a su vez:

–Te amo, Madmartigan de Galladoorn y Tir Asleen. Ahora… y para siempre.

Bueno, lectores y viajeros de Andowyne: esto se va terminando (falta el epílogo, que aconsejo leáis con atención) pero que sepáis que tengo pensada una secuela, sí, sí, sí. Igualmente, aprovechar a agradeceros a todos y a todas vuestros comentarios, votos y en general vuestro apoyo. ¡Sois grandes! ¡GRACIAS!