N/A: ¡Hola! Sí, ha pasado un mes y pico... pero he traído capítulo. Escrito en una hora y media. Estoy acabando con todos los retos y demás que tengo entre manos para poder dedicarme por completo a este fic, a "Destiny", a la posible segunda parte de "Por una apuesta" y a "De solemnes juramentos", así que quizá empiece a actualizar algo más de seguido. No es seguro, pero al menos lo intentaré. No volveré a apuntarme a nada más hasta que haya terminado con esto, eso sí puedo prometerlo. En fin, habíamos dejado a Nott, Harry, Ron, Smith y Luna buscando comida, a Blaise y Ginny de reconocimiento por un lado de la montaña y a Draco y Hermione atrapados en una cueva del lado contrario. Al final de este capítulo tengo un pequeño juego para vosotros, a ver qué os parece xD Ah, ¡y sentíos libres de seguir proponiéndome lugares! Aparezcan o no en el fic, os daré una mención especial por el mero hecho de haberme dado algún nombre. Serán entre dos y cuatro capítulos por cada lugar (este es el segundo en Siberia, recordad).

Ah, otra cosa: ¡muchísimas gracias a todos los que habéis comentado este fic, así como a los que me seguís desde las sombras!

Bueno, os dejo con la lectura. ¡Nos vemos abajo! Fin N/A


"Cuando el silencio regresó, Malfoy y Hermione se miraron.

Y de pronto, las rocas de la entrada de la cueva se derrumbaron sobre el túnel."

El estruendo lo llenó todo durante unos instantes empañados por fragmentos de piedra y hielo que salían disparados en todas direcciones. Después, la calma regresó, y Hermione se atrevió a abrir los ojos.

Malfoy se incorporaba medio metro más allá, y una nube de polvo condensaba el aire. La chica tosió entrecerrando de nuevo un ojo para protegerse mientras se levantaba y se sacudía las piedrecitas de encima.

—Oh, no —gimió al ver su única salida totalmente cubierta por las rocas. El miedo y el cansancio amenazaron con hacer que se derrumbara sobre sus rodillas, pero ella se mantuvo estoica sin apartar la vista del desastre.

—¿Y ahora qué coño pasa? —gruñó Malfoy colocándose a su lado y restregándose los ojos.

—Míralo tú mismo.

Eso hizo él. Y cuando descubrió las consecuencias del derrumbe los ojos se le abrieron como bludgers.

—No. No puede ser verdad. ¿En serio? Joder, qué mal.

Hermione se giró hacia él como una bala sin dar crédito a lo que oía.

—¿"Qué mal"? ¡¿"Qué mal"?! ¿De verdad eso es lo único que se te viene a la mente ahora? Malfoy, ¡estamos atrapados!

El mago bufó con una ceja alzada.

—Quizá para una vulgar muggle como tú esto sea toda una tragedia, Granger, pero te recuerdo que existe una especie superior a vosotros, ya sabes, magos y brujas capaces de hacer magia, así que un puñado de piedras no son más que un pequeño contratiempo que… oh, mierda. Gasté mi hechizo con ese Bombarda.

—¡Ahí quería yo llegar! ¿Un Bombarda, Malfoy? ¿En una cueva? ¿En serio? ¿No podía habérsete ocurrido nada más inteligente? Ah, espera, qué pregunta más estúpida. Cómo he podido pensar siquiera por un segundo que tu diminuto cerebro daría para tanto…

—¿Disculpa? ¡De no haber sido por mí ese lobo te hubiera devorado mordisco a mordisco! Es más, deberías besarme los pies por haber sido tan magnánimo contigo y salvarte. Es que soy gilipollas, tendría que haber permitido que te comiera.

—¡Ojalá lo hubieras hecho! ¡Así no estaría encerrada contigo aquí!

—¿Por qué tanto escándalo, Granger? ¿No presumes siempre de ser una bruja extraordinaria? Vamos, te invito a que pruebes tus habilidades ahora y muevas las piedras. Venga, es tu momento de lucirte, siéntete afortunada.

Al escuchar esto, Hermione palideció.

—No puedo.

—¿Cómo que no puedes? ¿Eso qué quiere decir?

—¿Qué va a querer decir, Malfoy? ¡Pues que no puedo!

—¿Y eso por qué?

—¡Porque ya gasté mi hechizo!

El silencio volvió a hacer acto de presencia en la cueva. Los dos se miraron a los ojos, evaluándose, casi conteniendo la respiración. Entonces, Malfoy sonrió.

—Buena esa, Granger. He estado a puntito de creerte.

—Pero si yo…

—Déjate de chorradas y sácanos de aquí, ¿quieres? No es el mejor momento para sacar a relucir el humor Gryffindor.

Hermione entrecerró los ojos y apretó los puños.

—No estoy de broma, Malfoy —siseó entre dientes—. Va en serio. Gasté mi hechizo al entrar aquí.

El mago parpadeó sintiendo que se le iba la sangre del cuerpo.

—¿Qué? —soltó, empezando a marearse. Pero la ira pronto le ganó terreno al terror, y con su fuego volvió a calentarse por dentro—. ¡¿QUÉ?! ¿Y puedo saber en qué crucios gastaste ese bendito hechizo?

—En un Lumos —confesó Hermione en voz baja, sonrojándose. Se sentía terriblemente infantil de pronto—. Estaba muy oscuro y…

—¿… y decidiste gastar tu único hechizo en eso? ¡¿En eso?! ¡Joder, Granger, eres una puñetera cría! ¡Yo pasé sin luz, solo había que ir a tientas! ¡Y eso que fui primero! ¡No me puedo creer que estemos en este lío por tu culpa!

Sus gritos hicieron despertar el coraje de Hermione, que enseguida se enderezó de nuevo.

—Oh, claro, ¡por supuesto que es culpa mía! ¿Quién es el que no sabe apuntar y lanza los Bombardas a ciegas? ¡Si no fueras tan torpe no hubieras provocado un derrumbe y no estaríamos encerrados!

—¿Torpe yo? ¡¿Torpe yo?! ¡Hasta aquí podíamos llegar, asquerosa rata de biblioteca! ¡Encontraré la forma de salir, y lo haré yo solo! ¡No necesito tu ayuda para nada!

—¡Ni yo la tuya!

—¡Bien!

—¡Bien!

Y girándose sobre sus talones, tanto Malfoy como Granger echaron a andar hacia extremos opuestos de la cueva, demasiado enfadados como para aceptar la parte de culpa con la que ambos cargaban.


—Veamos, ¿qué tenemos en total? —preguntó Nott a los demás.

—Una liebre ártica que cayó en la trampa —informó Harry recolocándose las gafas mientras Ron asentía, aferrándose con fuerza a la bolsa en la que habían guardado el cuerpo del animal.

—Dos peces que no sé cómo demonios se llaman —siguió Zacharias, quien llevaba lo que habían pescado en otra bolsa.

—Un ganso de Brent —añadió Ron con una sonrisa. Se trataba de un ave de color oscuro que volaba en solitario a baja altura con aspecto perdido y que él había abatido con un arco precario que Nott le había enseñado a hacer.

—Y yo he encontrado un arbusto con bayas rojas —terminó Luna con una sonrisa. Aunque Harry le había recomendado no comérselas dado que desconocían si eran venenosas o no, Luna había decidido llevarse unas cuantas de todas formas alegando que, sin la presencia de Skoissons en torno al arbusto, podía afirmar con seguridad que esas bayas eran inocuas.

—Bien, espero que sea suficiente con todo esto —sentenció Nott—. Volvamos, seguro que los demás ya han encontrado una cueva donde guarecernos.

—Pero no sabemos en qué dirección ir —señaló Harry, lo que hizo pensar al Slytherin.

—Hum… cierto. Aunque creo que de momento será suficiente con dirigirnos hacia las montañas. Con un poco de suerte, oiremos el silbato de Weasley. Venga, vamos.

Pero apenas llevaban unos pasos cuando la voz de Zacharias se escuchó mascullando entre dientes:

—¿Quién ha nombrado jefe a este chalado?

Nott se detuvo de golpe y se giró muy lentamente para encarar al Hufflepuff. Entonces, sonrió. Fue una sonrisa terrible, gélida, letal. A Harry le recordó la sonrisa que Blaise Zabini solía blandir cuando alguien trataba de ofenderle, solo que más fría. Y mucho, mucho más imperceptible. Apenas una curvatura en la comisura derecha de sus labios.

Harry nunca antes había visto sonreír a Nott. Y en ese momento desearía no haberlo hecho jamás. Porque con esa apariencia serena y humana que el chico ofrecía, había cometido el terrible error de olvidar que seguía siendo un Slytherin.

Y, lo que era peor, Zach también.

—Si te molesta que sea yo quien dirija —habló Nott, y su voz sonó como una daga preparada para hundirse en el pecho de Smith—, siempre puedes tomar tú las riendas de la comitiva.

Zacharias tragó saliva, seriamente intimidado, y sacudió la cabeza de un lado a otro.

—¿No? Bien. En ese caso, te agradecería que no volvieras a llamarme chalado.

Smith asintió enérgicamente sin atreverse siquiera a respirar. Nott inclinó la cabeza y regresó al frente del grupo, de nuevo tranquilo e inofensivo como un ratón de biblioteca.

—Joder, qué carácter —susurró Ron muy bajito. Tanto Harry como él estaban impresionados, pero en el fondo le entendían: Nott había tenido que aguantar todo el día a Smith, e incluso un chico tan paciente como él tenía un límite.

Sin dudarlo un segundo, el grupo entero echó a andar tras Nott, cerrado por un Zacharias Smith verdaderamente acongojado.


—Oye, pelirroja, ¿no ha pasado ya hace bastante el tiempo acordado?

—Sí, eso creo. Es muy raro que se estén retrasando tanto.

Blaise y Ginny estaban sentados sobre una piedra pegada a la montaña y algo resguardada del frío. Llevaban casi cuarenta minutos esperando la llegada de Malfoy y Hermione, pero ellos no aparecían, y Zabini empezaba a impacientarse.

—¿Les habrá pasado algo malo? —preguntó Ginny con preocupación sin apartar la vista del lado de la montaña por el que se suponía que ambos debían llegar.

—Nah, no creo. Seguro que se han parado a darse el lote aprovechando ahora que están solos.

Ginny se giró en redondo con los ojos como platos para mirar a Blaise, quien portaba la expresión más seria y convincente que la bruja hubiera visto nunca. Pero entonces Zabini soltó una carcajada palmeándose la rodilla.

—Anda ya, Weasley, era solo una broma. ¿En serio crees que Malfoy se rebajaría a tocar a una sangresucia?

—¿Perdona? —replicó ella frunciendo el ceño—. Sería Hermione la que no caería tan bajo como para acercarse a la serpiente malcriada y arrogante que es Malfoy.

Blaise alzó las palmas de las manos en señal de paz y sonrió.

—Está bien, está bien, dejémoslo en que ambos serían incapaces de tocarse ni con un palo por respeto al palo.

Ginny sonrió también. Aunque Blaise resultaba molesto a veces, lo cierto era que le divertía. Se sentía cómoda en compañía de aquel Slytherin bromista y descarado.

De pronto se acordó otra vez del motivo de su preocupación anterior.

—Zabini, tenemos que ir a buscarles. ¿Debería tocar el silbato por si se han perdido y no son capaces de encontrarnos?

—Solo hay que rodear una montaña, Weasley. Caminar sin separarse de la pared. No es demasiado complicado, ni siquiera para Malfoy. Y menos aún si tenemos en cuenta que le acompaña Granger.

—Ya, pero… ¿y si se encontraron con un desvío o algo así? Voy a probar.

Ginny sacó el silbato y sopló con fuerza, provocando un agudo pitido que hizo que Blaise se tapara los oídos encogiéndose sobre sí mismo.

—¡Eh! ¡Zabini, Ginny! ¿Estáis por aquí?

Ella se apartó del silbato y miró a Blaise con sorpresa.

—¿Esa no es la voz de mi hermano?

—Sin duda. Resulta inconfundible incluso teniendo ambos oídos jodidos —asintió él.

Entonces, el otro grupo apareció al completo desde detrás de una roca.

—¡Mirad, les hemos encontrado! —exclamó Ron con felicidad, echando a correr hacia de su hermana—. ¿Estás bien, Ginny? ¿Te ha pasado algo?

—Claro que no, ¿no has visto la increíble niñera que he sido con ella?

—Estoy bien, Ron, no seas pesado —dijo ella apartando a su hermano y fulminando con la mirada a Zabini. Los demás se acercaron también, y Harry y su novia intercambiaron una mirada de tierno fervor.

—¿Dónde están Draco y Granger? —preguntó Nott, y Ginny se giró hacia él.

—No lo sabemos. Se supone que teníamos que encontrarnos aquí hace… yo qué sé, igual una hora ya. Pero no han aparecido.

—Sí, ya lo veo —respondió Nott, pensativo—. Bueno, nosotros hemos conseguido comida. Así que ahora tenemos que encontrar a esos dos y dirigirnos al refugio.

—No hemos encontrado ningún sitio donde pasar la noche, Theo —suspiró Zabini—. Todo hielo y piedra, ni una sola cueva. Sí que vimos un pequeño recoveco, pero era demasiado pequeño para todos nosotros. Y una galería corta, aunque ya estaba pillada por algún animal grande que nos disuadió de entrar con algo parecido a un gruñido.

—Lobos —adivinó Nott.

—¿Lobos? ¿Va en serio? —graznó Smith, hablando por primera vez desde su incidente con Nott.

—¿De qué te extrañas? Somos nosotros los intrusos aquí. Lo cual me hace temer por la vida de Hermione. Vamos a buscarlos, por favor. Ya pensaremos en el refugio cuando estemos todos juntos.

Nott asintió a la petición de Harry, y así el grupo entero se desplazó por el lado de la montaña que Blaise y Ginny no habían visto en busca de los dos jóvenes desaparecidos.

Caminaron durante un buen rato. De vez en cuando Ginny soplaba su silbato, mientras que los demás se limitaban a llamarles a voces usando las manos a modo de bocina. Pero en un momento determinado Luna se detuvo, haciendo que Ron se chocase con ella.

—Cuidado, Luna, casi te… ¿Luna?

La bruja se dirigía hacia una gran roca. Y de pronto, de detrás de ella, salió un inmenso lobo blanco.

—¡Luna! —gritó Harry, y todos corrieron hacia allí. Pero ella les detuvo sin siquiera girarse.

—Tranquilos. No pasa nada.

—¿Cómo que no pasa nada? ¡Luna, vuelve aquí!

—¡Vamos, Luna, corre! ¡Es peligroso!

—No, no lo es —susurró ella, acercándose lentamente al lobo. El animal gruñía, e hilos de saliva colgaban entre sus fauces. Luna se inclinó a escasos centímetros de él y tanto Nott como Blaise y Harry sacaron sus varitas, preparados para atacar.

—Luna, por favor, vuelve —pidió Ginny en voz baja para no asustar al lobo. Sus dedos se habían cerrado en torno al brazo de Blaise en un intento desesperado de conseguir soporte para no echar a correr junto a su amiga.

—No hay peligro, chicos. De verdad —insistió Luna con su tono dulce y suave. Había visto algo sobre el blanco pelaje del animal: un tinte rojo brillante, un contraste mortal—. Está herido. ¿Quién te ha hecho eso, pequeño?

—¿Pequeño? ¿Pequeño? ¿Es que esta chica está loca? ¡Lovegood, aléjate de él! ¡Es un jodido lobo, no un caniche! —gritó Zabini.

—Se acabó, voy a por ella —declaró Ron, pero apenas hubo dado dos pasos cuando el lobo aulló y volvió a gruñir amenazadoramente en dirección al chico.

—¡Ron, no te muevas! ¡Si lo enfadas puede atacar a Luna!

—¡Y si no me muevo también, Harry! ¡Si no hacemos algo se la va a cargar!

—No me hará daño. ¿Verdad que no, precioso? —susurró ella. Parecía más fuera de sí que de costumbre. Estaba casi en trance.

Y entonces pasó algo asombroso.

La piedra amarilla de la pulsera de Luna se iluminó, desprendiendo un brillo dorado tan cálido que pareció que la nieve iba a derretirse. La oscuridad de la noche que ya estaba sobre ellos se disipó a su alrededor. Y los ojos de la chica, antes azules, se volvieron de golpe de ese mismo color, transformándose en dos monedas de un suave tono áureo.

El lobo clavó sus ojos en ella y dejó de gruñir. Toda su rabia desapareció, dejando tras de sí a un animal bello y manso como un perro dócil.

La bruja y el lobo se miraron. Y después, ante la atónita mirada del grupo de jóvenes, el oro desapareció, y tanto los ojos de la chica como su pulsera recobraron sus colores originales.

Luna se levantó y se giró hacia sus amigos con expresión determinante pero feliz. Y sonrió.

—Ya sé dónde están.


—¿Has encontrado una forma de salir?

—Granger, ¿no te he dicho ya que no quiero hablar contigo?

Aún atrapados sin escapatoria, Draco y Hermione seguían en extremos opuestos de la cueva haciendo desesperados intentos por salir de allí. Mientras Hermione se había dedicado a comprobar posibles salidas de aire que indicasen túneles ocultos tras la pared, Malfoy había tratado una y otra vez de mover las rocas de la entrada con su fuerza física que, para la desgracia del muchacho, no era demasiada. Lo único que había logrado había sido quitar una piedra de la base de la montaña de escombros, con lo que todas esas toneladas de roca habían estado a punto de sepultarlo.

Hermione se acercó al lago del centro de la cueva y se sentó.

—Es inútil, Malfoy. No creo que consigamos salir de aquí.

—¿Eso es todo lo que queda del tesón Gryffindor? Quizá tú no le importes a nadie, Granger, pero yo todavía tengo amigos que me quieren y que vendrán a buscarme. ¿Y qué coño? No quiero morir. Entiendo que una sangre sucia más o una menos no marque una gran diferencia, pero al contrario que la tuya, mi vida sí es importante.

—Merlín, Malfoy, ni aun estando en una situación crítica eres capaz de comportarte como un hombre maduro y dejar de lado tus tontos insultos. Ándate con ojo, porque si se te vuelve a caer la montaña de piedras encima, yo no iré a rescatarte, y…

—Cállate.

—Ya te he dicho que no voy a callarme solo porque un niñato como tú me…

—No, Granger, ¡que te calles! Creo que he oído algo.

Malfoy se quedó inmóvil mirando la pila de rocas que tenía delante, aún con una piedra entre las manos, mientras Hermione le hizo caso y cerró la boca. Efectivamente, al otro lado se oían voces.

Y de repente…

—¡BOMBARDA MÁXIMA!


N/A: ¡Hola de nuevo! ¿Qué tal, os ha gustado? Os dije que iba a proponeros un juego, y es el siguiente: como ya comenté anteriormente, si uso el lugar que me habéis propuesto para el fic os dedicaré el primer capítulo que transcurra en dicho escenario. Pero además, he decidido recuperar una vieja costumbre que tenía con mis fics: en cada capítulo os haré una pregunta, y el siguiente irá dedicado a aquel o aquellos que adivinéis la respuesta. ¿Os parece buena idea?

La pregunta de este capítulo es: ¿Por qué sabe Luna dónde están Draco y Hermione?

Muchas gracias por leer y comentar, sois los mejores. Espero que nos veamos de nuevo muy pronto. ¡Y Feliz Año Nuevo a todo el mundo! Fin N/A