HOLLYWOOD

OUTTAKE #1

Edward

–Luces como este hombre que solía conocer. –Ella arrastra las palabras mientras juguetea con su ramillete de flores.

–¿De verdad?

Su sonrisa es tan coqueta como siempre, y sus ojos brillan aun si están escondidos detrás de unas gafas oscuras.

–De Verdad.

–¿Qué le pasó? –pregunto, incluso si suena un poco cliché, como algo salido de una película.

Pero Bella es todas esas malditas películas.

Me siento como en una, ahora, aquí, en el centro de París rencontrándome con ella después de todo este tiempo.

Ella muerde su labio inferior, reprimiendo otra sonrisa antes de mostrármela en su rostro.

–Bueno, escuché que se volvió un grandioso abogado.

–¿Lo has estado espiando?

Su sonrisa se escabulle esta vez.

–Por supuesto.


Su mano tiembla un poco cuando abre la puerta.

Sería un gesto inconsecuente si no la conociera mejor. Pero la conozco bien, a pesar de sus mejores esfuerzos.

La puerta se abre al mismo tiempo que ella me invita a pasar a la lujosa habitación de hotel. A ella nunca le ha gustado lo ordinario.

Bella coloca las flores sobre el escritorio. Se quita su sombrero y sus lentes de sol. Cada movimiento es lento y calculado. Y ella no me mira ni una sola vez.

Eso me está jodidamente enloqueciendo.

Pero estoy tan acostumbrado a sentirme de esta forma cuando estoy con ella que permanezco inmóvil. Permito que tome una pequeña respiración y se gire hacia mí de forma lenta. Ella se muerde su labio y se inclina hacia atrás sobre el escritorio.

Finalmente, logro ver sus hermosos ojos cafés.

Hay un nerviosismo en ellos que creo que ella jamás me había dejado ver antes. No hasta ahora.

Tomo un muy calculado paso hacia ella.

Ella no espabila.

Así que tomo otro y otro hasta que estoy justo allí, delante de ella, rodeado de su suave esencia que sigue siendo igual. Ella siempre ha olido como la más dulce vainilla.

–Edward –dice en voz baja, dejando caer su mirada.

Tomo su mentón, obligándola a verme a los ojos de nuevo. Entonces la empujo con rudeza hacia mí. Ella medio jadea, agarrándose de cada lado de mi camisa.

Está siendo tímida. Quizá siempre lo ha sido debajo de esa vieja fachada suya.

Y cuando ya no puedo soportarlo más, la beso de la forma en la que solíamos besarnos: exigente y furioso y frenético y, debajo de todo eso, tiernamente también.

Ella recuerda eso.

Sus pequeñas manos se sienten frías debajo de mi camisa, moviéndose y acariciándome, y las mías, contra sus caderas, la levantan y la colocan sobre el escritorio, dejando caer sin cuidado las flores en el proceso.

–Edward. –Chilla, y su voz es burlona y sin aliento, y eso es familiar también, así que sonrío contra su boca antes de besarla otra vez.

Mis manos suben hasta los tirantes de su vestido y los baja bruscamente. Sumerjo mi cabeza en su cuello, mis labios acarician la nueva piel expuesta que es tan jodidamente suave y dulce.

Las manos de Bella tiran de mi cabello, y sus pequeños suspiros tocan mi cuello y mis mejillas. Todo lo que puedo sentir es a ella. Todo lo que puedo tocar y saborear, es a ella, y ha pasado tanto tiempo desde que la tuve. Desde que estuve con ella de alguna manera. Y eso me toma por sorpresa, y no puedo creerme que me he pasado los últimos tres años sin Bella.

No lo haré otra vez. No me importa lo que ella quiera. Haré lo que sea. Lo que sea por ella.

Ese pensamiento es la jodida cosa más temible en la que he pensado. Incluso me asusta más que cuando me di cuenta de que la amaba, la noche en que ella entró en la casa de huéspedes, empapada por la lluvia y ebria y vulnerable. Era la primera vez que realmente la vi. La chica llena de dolor escondido detrás de un viejo glamur y maquillaje y sonrisas maliciosas.

La acerco más a mí, y ella me deja.

Sus cálidas y suaves piernas se abren y me abrazan fuertemente en la cintura, y no puedo evitar empujarme en ella, contra ella; escuchando sus casi audibles gemidos. Mis manos agarran sus caderas de nuevo, apretando y manteniéndola firme al tiempo que me presiono contra ella con rudeza. Ella me entierra sus uñas en la espalda delicadamente, debajo de mi camisa, haciéndome gruñir sobre su hombro.

Me vuelvo impaciente.

Levanto la falda de su vestido y saco, sin dudarlo, el encaje negro que visten sus piernas.

Cuando la miro otra vez, sus ojos están oscuros por el deseo, y sus labios están hinchados y su cabello es un desastre.

Le sonrío.

Hace que estos últimos años de mierda, hayan valido un poco la pena.


–Lento, Edward, lento –ella susurra, casi suplicando. Su pequeño cuerpo está temblando.

Asiento con la cabeza sobre su hombro, casi fuera de este mundo, mientras empujo en ella. Es tan jodidamente estrecha, y tengo que recordarme que ha pasado tanto tiempo desde la última vez que lo hicimos. Podría estar lastimándola. Tengo que aguantarme la respiración para mantenerme.

Siento su dulce y delicado toque contra la parte de atrás de mi tenso cuello, y eso me llama de nuevo a la tierra de la forma en la que más lo necesito.

Ella lloriquea un poco, su cuerpo arqueándose contra mí. Puedo sentir cada sacudida y estremecimiento que da, puedo sentir cada pequeño gemido. Todo lo que ella hace es enloquecedor y relajante, y estoy tan jodidamente loco por ella.

Pero aun así, pregunto, porque mi desquiciada mente nunca parará. Tengo que preguntar.

Mis labios se posan sobre su oreja y susurro:

–¿No has estado con alguien más?

La cabeza de Bella se sacude inmediatamente. Sus manos aprietan la tela de mi camisa al tiempo que se aparta de mi pecho para mirarme. Sus ojos están llenos de lágrimas, y su maquillaje está corrido. Sus imperfecciones son las que la hacen hermosa. Estas la hacen real. Son las que la hacen algo más que una toma moderna de una clásica estrella de cine.

–No. –Suspira–. Nunca.

La abrazo y la acerco, y embisto en ella más profundo, observando cómo cierra sus parpados y sus mojadas pestañas chocan contra sus pálidas mejillas. Mi voz tiembla cuando pregunto:

–¿Eres mía?

La respiración de Bella explota dulcemente, sus dedos agarran mis brazos, sus uñas se clavan en mi piel.

–Sólo tuya –responde ella.

Me echo hacia atrás solo para embestir en ella más fuerte, rudo. Hace que el escritorio se sacuda y tiemble, y ella se muerde su labio inferior tan fuerte que creo que sangrará.

–Oh, Dios, Edward –dice.

Tomo una respiración rápida y descanso mi frente contra su hombro, empujando de nuevo. Sus piernas y brazos se envuelven alrededor de mí al tiempo que presiono mi nariz en su piel, inhalándola toda ella, toda su feminidad y su olor a vainilla.

Puedo sentir su pulso.

Es tan salvaje como lo es el mío.

–No te detengas –murmura. Puedo sentir sus primeras lágrimas contra mi camisa, pero ella me aprieta fuertemente, y sus palabras son convincentes y sé que no la estoy lastimando–. Por favor, no pares.

Mi voz es ronca pero firme cuando le respondo.

–No lo haré.


Bella

La felicidad es tan simple como estar acostados lado a lado, sin siquiera estar tocándonos, solo sabiendo que la otra mitad de tu entero está a tu lado.

Tal vez es un poco dramático y exagerado.

Pero yo siempre fui un poco dramática y exagerada.

Me inclino y miro a Edward. Él está observando con cansancio el techo, bañado por la dorada y brillante luz de la puesta del sol. Los rayos se escabullen a través de la ventana abierta, esparciéndose por la habitación, haciendo que todo este atardecer parezca tan perfecto como una película.

Los pasados días no han sido otra cosa que amor y besos y toqueteos y recordatorios. No sé cuánto tiempo ha pasado.

Los últimos días han sido más que el amor y el calor y los besos y presionando y tocando y recordar. Ni siquiera sé cuánto tiempo ha pasado.

El tiempo se mide en besos y palabras a voz suave.

Mi cuerpo está dolorido, y mi mente vaga en círculos perezosos, pero me siento libre y feliz y realmente dichosa, como nunca antes.

Sonrío y me giro hacia Edward, colocando mi cabeza contra su pecho, sintiendo el latido regular de su corazón.

Él vuelve su cabeza y me sonríe en respuesta.

Levanto mi brazo para tocar su suave y recién crecida barba.

–Esto es nuevo.

Rápidamente, toma mi muñeca y deja suaves y castos besos en cada uno de mis dedos.

–Sí.

–Te hace ver mayor –murmuro.

–Soy mayor –me corrige, besando la suave piel de mi muñeca, ahora.

–Así como yo…

Los ojos de Edward parpadean hasta encontrarse con los míos por debajo de sus pestañas. Su sonrisa ilumina su rostro y presiona otro beso sobre mi brazo

–Lo sé.

Me conmuevo y me emociono.

Pero entonces, noto el cambio.

Lo veo cambiar y suspirar y fruncir el ceño, cansado. Sé que es la hora de discutir. De planear, hablar y preparar. Lo hemos estado evadiendo todo este tiempo de manera efectiva, pero no podemos huir de ellos para siempre.

También suspiro, y me recuesto contra él una vez más.

Hay un momento de silencio que se siente inestable e indeseable.

Pero entonces, él habla.

–Haré lo que sea que quieras.

Levanto mi cabeza rápidamente y mis ojos se clavan en los suyos.

–Lo que sea que quieras –repite.

Siento un ladrillazo en el pecho, por lo que me incorporo para tratar de aliviar la presión. Pero no funciona. Levanto mis rodillas y las presiono contra mi pecho y abrazo las sábanas del hotel a mi cuerpo fuertemente. Siento los dedos de Edward acariciar con dulzura mi columna vertebral.

–Podemos quedarnos aquí –dice, tan tranquilo que apenas puedo oírlo–. Podríamos simplemente... vivir aquí. Así.

–Esta es una anomalía –le contesto, asomándome por encima de mi hombro para mirarlo. Señalo lo que nos rodea–. Así no es como usualmente es, Edward. Por lo general da miedo.

Su intensa mirada y sus tormentosos ojos se centran en los nudillos que él mueve de arriba abajo por mi espalda una y otra vez. Él simplemente niega con la cabeza.

–Podría quedarme aquí contigo.

Siempre he sido precisa con mis palabras, y he tenido la intacta fachada de una clásica estrella. Pero ahora es mi oportunidad de ser diferente. Así que dejo oír mi respuesta antes de que pueda modificarla; antes de que pueda elegir mis palabras de manera muy delicada.

–No –digo–. Sé que lo harías, pero no te estoy pidiendo que hagas eso. No te estoy pidiendo renunciar a tu vida y a tu familia, Edward. He sido tan egoísta antes, pero ahora no lo seré.

Las cejas de Edward se juntan con brusquedad, y entonces se levanta y se sienta a mi lado. Él suspira y baja la cabeza, apoyando sus codos sobre sus abiertas rodillas.

–Bella, no sé si pueda obtener el veredicto que quieres. No puedo garantizarte el hecho de que no irás a prisión…

–Eso lo sé. –Mis palabras salen con más facilidad esta vez. Más fuertes. Me veo levantar mi mano y apretar el brazo de Edward. Mis dedos acarician la suave piel y los duros músculos que me conozco de memoria–. No te estoy pidiendo eso.

–¿Entonces qué es lo que me estás pidiendo? –Él levanta su mirada para encontrarla con la mía. Su desordenado cabello cae sobre sus brillantes ojos, y él se ve cansado y aliviado, torturado y pacífico. Y hermoso, también, pero eso no tengo ni siquiera que decirlo.

–Te estoy pidiendo que lo intentes. –Me inclino hacia delante, presionando un beso sobre la cima de su brazo–. Te estoy pidiendo que me lleves a casa.

Edward inhala profundamente y descansa su mejilla contra la coronilla de mi cabeza. Permanecemos así hasta que el sol finalmente desaparece entre las nubes, y la habitación del hotel brilla bajo el polvo azul del crepúsculo.

–Entonces, vayamos a casa.

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ESTE ES EL FINAL. ESTE ES EL VERDADERO FINAL, SOLO QUE UN POCO MAS CERRADO. GRACIAS UNA VEZ MAS POR LEER ESTA HISTORIA.

GRACIAS A LILA ALLIHAVETODOISDREAM POR PERMITIRME TRADUCIR ESTE MARAVILLOSO FIC DE SU COMPLETA AUTORIA, Y A ARIANA MENDOZA POR BETEAR ESTE Y LA GRAN MAYORIA DE LOS CAPITULOS. Y A USTEDES, POR SUPUESTO, POR COMENTAR SIEMPRE Y LEER. GRACIAS UNA VEZ MAS.

DEJENME SUS COMENTARIOS, Y SABER QUE CON ESTE FINAL AL MENOS SON MAS FELICES AHORA :)

ESPERO LEERLAS PRONTO :)