31 de octubre de 1971

El comienzo de una amistad

Era la primera noche de brujas de Lily Evans en el Colegio Hogwarts, no sabía cómo lo festejaban los magos, ella había empacado su disfraz de calavera, creía que ellos también se disfrazaban en esa fecha, aunque seguramente no de brujas, porque no sería necesario.

La niña se levantó de su cama, todas sus amigas seguían dormidas, bueno aun no todas eran sus amigas, solamente la rubia carismática llamada Marlene y la castaña con los hermosos ojos azules conocida como Mary. Quiso despertarlas pero mejor decidió ducharse primero, ese día tendrían clases, eso la emocionaba. Nunca pensó que podía gustarle tanto levantarse para la escuela, pero claro, era porque Hogwarts no era como cualquier colegio, ahí te enseñaban magia y no cosas aburridas como Matemáticas.

Lily se cepilló su cabello pelirrojo en frente de su espejo, siempre le había gustado el color de su cabello, era del mismo tono que el de su madre, siempre le decían que se parecían, y esa era la verdad, no se avergonzaba de ello por supuesto, al contrario le gustaba que las compararan, le daba igual que su mamá fuera muggle, así le llamaban los magos a las personas sin magia, al principio a Lily le molestaba porque sentía que le ponían etiquetas a la gente. Recordaba que el día que se había subido al tren varios murmuraban cuando la veían, algunos usaban una palabras que sonaba ofensiva para ella, le había preguntado a su mejor amigo Severus a que se referían, pero él había evitado la pregunta.

Cuando estuvo lista salió del baño, sus amigas ya estaban despiertas, Mary le hacía una trenza a Marlene, las dos se veían tan felices. Lily se acercó a ellas con una sonrisa en su rostro.

—Buenos días—saludó Lily.

—Hola, Lils—dijeron sus amigas al unísono.

— ¿De qué piensan disfrazarse?—preguntó Lily inocentemente.

— ¿Por qué me disfrazaría?—inquirió Marlene.

Lily se sonrojó, seguramente como había sospechado los magos no se disfrazaban ese día.

—Es una tradición muggle—explicó Mary mientras amarraba el cabello de la rubia—En Halloween se disfrazan de algo aterrador.

— ¿Cómo un troll?—preguntó una niña bajita.

Las tres niñas voltearon hacia su compañera, su nombre era Evelyn poca veces hablaba, pero siempre parecía escuchar las conversaciones que tenían las tres, eso le molestaba a Marlene, a veces se quejaba de lo metiche que era, pero a Lily le daba igual, de hecho siempre había querido hablarle, se veía una buena persona.

—Un troll no da miedo—rezongó Marlene.

— ¿Entonces un basilisco?

Mary soltó una fuerte carcajada, Lily no evitó sonreír, solo de imaginarse a una persona disfrazada de basilisco le causaba gracia.

—Lo que realmente es terrorífico es un dementor—opinó Cassie.

Lily no sabía que era un dementor, estuvo a punto de preguntarle a su compañera cuando otra voz hablo, esta era un poco chillona para su gusto.

—Obviamente lo que más daría miedo es un boggart—dijo Natalie.

— ¿Un boggart?—preguntó Mary—¿Qué es eso?

—Es una creatura que cuando la ves refleja tu peor miedo—explicó Evelyn.

—Obvio ustedes no lo saben porque son hijas de muggle—dijo Natalie con superioridad.

Cassie asintió, siempre andaba elogiando a Natalie, nunca se separaba de ella, no sabía si realmente le agradaba o solo se juntaba con ella por conveniencia.

Natalie Rowle tenía una hermosa sonrisa, unos bellos ojos azules que combinaban con el cielo, su cabello era castaño claro.

—Yo tampoco lo sabía—admitió Marlene—Y mis dos padres son magos.

—Apuesto a qué Cassie tampoco lo sabía—agregó Mary.

—Claro que yo lo sabía, mi hermano me ha hablado de ellos.

Cassie Brown se mordió el labio y agachó la mirada, eso le hizo suponer a Lily que había mentido, pero no lo diría en voz alta no le gustaba poner en ridículo a los demás.

—Por si te quedaban duda nosotros no nos disfrazamos en Halloween.

La palabra nosotros la había pronunciado con crueldad, y de una manera que daba entender que ella no estaba incluida. La pelirroja sonrió tratando de ocultar su dolor, a veces se sentía fuera de lugar en Hogwarts.

Natalie salió de la habitación, Cassie la siguió.

—No dejes de que te hagan sentir mal—dijo Marlene—Natalie pertenece a esas familias de sangre pura que se creen superior.

—Además ella no es mejor que tú—agregó Evelyn—Tú me agradas más Lily.

La pelirroja le sonrió a Evelyn, se imaginaba que ella sería una buena persona, aunque era un poco tímida.

—Eso de disfrazarse es una buena idea—opinó Marlene—El próximo año hay que hacerlo.

—Haríamos el hazmerreír—murmuró Evelyn.

—Pero sería divertido—exclamó Mary alzando sus brazos—Las tradiciones muggle no son malas, hay que traerlas al mundo mágico.

—No creo que sea tan buena idea—opinó Lily—No quiero hacer el ridículo.

—No pensé que fueras tan aguafiestas, Evans—dijo Mary.

—No lo soy.

Mary tomó una almohada y se la lanzó a Lily, cayó en su cabeza lo que hizo que la despeinara, sus amigas soltaron una fuerte carcajada. Lily fingió estar enojada, tomó la almohada y golpeó a Mary, las dos empezaron a pelear, no supieron como pero las cuatro terminándose metiendo en una guerra de almohadas, que hizo que llegaran tarde a su primera clase.

James Potter era un niño bastante apuesto para su edad, siempre llevaba su cabello despeinado, su corbata desatada haciéndolo parecer un niño rebelde. En sus pocos días en el colegio ya había tenido cinco detenciones, decían que eso era un nuevo récord y eso lo hacía sentirse orgulloso de sí mismo. Como en todas las clases se había sentado al lado de su amigo y compañero de travesuras Sirius Black, un niño con cabello largo y unos ojos grises que siempre brillaban con una chispa de diversión.

—Sirius, no sientes que el salón está muy vacío.

Su amigo despegó la mirada de la venta para observar a su alrededor, sentía que faltaba alguien pero en ese momento no pudo detectar quien.

—No hay tantos lugares desocupados.

James miró hacia la mesa donde Natalie se sentaba, a su lado estaba Cassie quien no dejaba de hablar aunque su acompañante no le hiciera caso. Estaban solamente dos de las seis niñas de Gryffindor, por eso se veía vacío el salón.

—Falta Evans y sus amigas—reparó James.

—Eso es extraño, siempre son puntuales.

James miró hacia la puerta, no podía creer que aún no llegaran, en especial Lily, la niña que siempre lo reprendía por hacer que Gryffindor perdiera puntos.

—Se van a meter en problemas—murmuró Sirius—Y podremos reírnos de ellas.

—Ya quiero ver su cara cuando McGonagall las regañé—agregó James.

Cinco minutos más tarde entraron las niñas de Gryffindor, James despegó la vista de su copa que trataba de transformar en un plato, para mirar hacia ellas, especialmente hacia Lily Evans, ella llevaba su cabello un poco despeinado, su cara estaba roja, seguramente había corrido cuando se dio cuenta que ya era tarde. Su corbata estaba bien ajustada, su blusa estaba bien fajada en su falda, que siempre se la ponía por encima de sus rodillas, no le gustaba mostrar demasiado.

La profesora McGonagall miró hacia las niñas con mirada de desaprobación, todos habían guardado silencio esperando escuchar el regaño, se escuchó una risita proveniente de Cassie Brown.

—Me sorprende esto de ustedes—empezó la profesora.

—Lo sentimos, profesora, pero se nos hizo tarde—se excusó Mary.

Era el pretexto más absurdo, de hecho ni siquiera se podía considerar uno. James y Sirius se miraron y empezaron a reírse, Lily miró hacia ambos frunciendo el ceño, lo que hizo que James se callara.

—De eso me he dado cuenta—respondió la profesora.

—Lo que pasa es que las escaleras se movieron…—empezó a decir Marlene.

—Por favor Mckinnon, esa excusa la he escuchado muchas veces, no funcionara conmigo.

Marlene puso los ojos en blanco.

—Cinco puntos menos para Gryffindor—dijo McGonagall—Por cada una.

Sirius soltó un bufido exagerado, obviamente para que todos voltearan hacia él, le encantaba ser el centro de atención.

— ¿Algún problema, Black?

—Ya que lo pregunta profesora, sí que lo hay. No es justo que nos quite tantos puntos por ellas.

—Black mejor cállate, que por ti hemos perdido la mitad de puntos que hemos ganado—rezongó Mary.

—Su compañera tiene un punto—asintió la profesora—Ahora sigan trabajando.

Lily se sentó a lado de Evelyn, James no le había quitado la vista, la mayoría comentaba de lo bonita que era Natalie pero para él la belleza de Evans la superaba por mucho.

—Potter, póngase a trabajar.

James le sonrió a la maestra inocentemente y siguió concentrándose en su trabajo.

Antes de que terminara la clase James había logrado transformar la copa en un plato, él se la mostró orgulloso a Sirius, después levantó la mano.

—Lo he logrado.

Minerva McGonagall lo miró ajustándose sus lentes, caminó hacia donde estaba sentado, examinó el plato y luego le sonrió a James.

—Buen trabajo, Potter—lo felicitó—Por eso veinte puntos para Gryffindor.

Los alumnos de Ravenclaw soltaron bufidos, James como todo niño inmaduro les sacó la lengua cuando la profesora se dio media vuelta. Después miró hacia Evans con una mirada de superioridad, la niña sacudió su cabeza mientras trataba de ocultar su sonrisa.

Saliendo de la clase de Trasfiguraciones, Sirius y James se acercaron a las cuatro niñas quienes iban platicando en murmullos.

—Deberían agradecerle a James por recuperar los puntos que nos hicieron perder—alardeó Sirius.

—Tiene razón, Sirius—consintió Peter Pettigrew.

James no se había dado cuenta cuando el niño regordete se había unido a ellos, debía de haberse acostumbrado en ese momento, a donde sea que fueran él los seguía, aun no lo consideraba un amigo, pero tal vez en un futuro.

—No tenemos nada que agradecerles—rezongó Marlene—Era lo menos que podían hacer.

Las niñas siguieron avanzando, pero Black aceleró para alcanzarlas, al igual que James, quien se colocó a lado de Evans, la rodeó con el brazo.

— ¿No crees que soy brillante?—le preguntó.

Lily se soltó de él rápidamente.

—No, Potter—respondió ella—Solo fue suerte.

—Admite que tiene habilidades, Evans—dijo Sirius.

—Si no fueran tan engreídos tal vez lo haría—refunfuñó Lily.

—Eso lo tomare como un sí Potter eres brillante pero no lo digo porque no quiero alimentar tu ego—dijo sonriendo James.

Lily puso los ojos en blanco, se había sonrojado, eso a James se le hizo tan adorable.

—Que insoportables son—protestó Evelyn.

Las cuatro niñas se alejaron de ellos, ahora no las alcanzaron, se quedaron ahí parados viéndolas por un momento.

— ¿Seremos realmente insoportables?—preguntó James con un tono inseguro—No quiero alejar por siempre a las niñas.

—No lo son—negó Peter—Ustedes son grandiosos.

—Gracias, Pettigrew—agradeció Sirius—James no te preocupes por eso, vas a ver que algún día se van a morir por nosotros.

—Tal vez tengas razón—dijo James encogiéndose de hombros.

—Yo siempre la tengo, James.

Remus Lupin caminaba por los pasillos solo, como siempre lo hacía, había querido hablarles a sus compañeros de cuarto, pero tenía miedo que lo rechazaran, tal vez por el momento no lo hicieran pero cuando se enteraran de su licantropía huirían de él, lo verían como realmente era; un monstruo.

Todos los días se despertaba y veía su rostro en el espejo, cuando veía sus rasguños en la cara se avergonzaba de él.

El primer día su curioso compañero de cuarto apellidado Potter, le había preguntado por las cicatrices de su rostros, él había tenido que inventar una historia diciéndole que se había caído de un árbol de pequeño y se había raspado con las ramas. Sus compañeros no se quedaron convencidos pero no les hicieron más preguntas.

Remus soltó un suspiro mientras que seguía avanzando a su siguiente clase con la vista agachada, sin querer tropezó con dos alumnos de Slytherin.

—Fíjate por donde caminas—escupió uno.

—Lo lamento—se disculpó en un murmullo.

—No te escuchamos, habla más fuerte—pidió con un tono burlón el más alto.

Remus no pensaba disculparse con ellos, empezó a caminar de nuevo y les dio la espalda. Él pensaba que ignorarlos sería lo mejor, eso siempre le decía su madre, pero se había equivocado esa ocasión. Los alumnos de Slytherin habían hechizado las piernas de Remus haciendo que se tambalearan y por lo tanto que él se cayera. Varios niños empezaron a reírse de él, Remus estaba mordiéndose el labio conteniendo las lágrimas.

— ¿Por qué eres tan torpe?—pregunto uno de ellos.

Remus no respondió.

—¿Por qué no lo dejan en paz?—bramó una voz detrás de ellos.

Remus miró a sus compañeros de cuarto, James y Sirius habían sacado sus varitas, apuntaban hacia los dos niños de Slytherin quienes los veían con una sonrisa complacidos.

—Oh el niño necesita que lo defiendan.

—Ugh cierra la boca—dijo James con aburrimiento—Tu voz es tan molesta.

Rictusempra—conjuró el Slytherin.

James cayó de rodillas mientras que no dejaba de reírse.

— ¡COMO TE ATREVES A HECHIZAR A MI AMIGO EN FRENTE MÍO!

Remus observó que el otro Slytherin intentaba usar su varita contra Sirius, por lo que decidió ayudarlo.

Expelliarmus

La varita del niño salió volando por los aires, los dos Slytherin voltearon hacia él, con el rostro lleno de furia.

Furunculus—gritó Sirius.

El rostro del Slytherin se llenó de funículos, se veía tan desagradable, Remus tuvo que oprimir la arcada.

— ¿QUÉ ESTA PASANDO AQUÍ?—preguntó un alumno de sexto grado.

Todos se empezaron alejar, Remus se dio cuenta que era un prefecto por la insignia que traía puesta en su capa, abajo del escudo de Ravenclaw.

—Ellos empezaron—se excusó el Slytherin.

—Claro que no—negó James, quien ya se había recuperado—Ellos atacaron a nuestros amigo por la espalda.

Remus sonrió al escuchar como el niño con gafas lo llamaba amigo. Aunque casi nunca se hablaban tal vez lo consideraba uno.

—Vean como me dejo la cara.

—Cállate, Mulciber, deja de quejarte—rezongó Sirius.

—Tú acompaña a tu amigo a la enfermería—ordenó el prefecto—Pero eso sí tienen 20 puntos menos para su casa por andar peleando en los pasillos.

Los Slytherin estuvieron a punto de protestar pero vieron el rostro severo del prefecto, recogieron la varita que le había quitado Remus y se fueron a la enfermería.

—Mientras que ustedes cuatro tendrán detención.

—Pero eso es injusto—empezó a quejarse Sirius— ¿Por qué ellos no?

—Porque ustedes no tienen ningún daño grave como para ir a enfermería.

—Es porque somos mejores—presumió James—Sabemos defendernos.

Remus contuvo la risa, al recordar lo fácil que se le había hecho a Mulciber hechizar a James.

—No pongan excusas—pidió el Ravenclaw molesto—Ahora diez puntos menos para Gryffindor por cada uno.

—Eso no se vale—reprochó Sirius—Además el pequeño Pettigrew ni hizo nada.

—No me importa.

El prefecto se alejó de ellos, James y Sirius se empezaron a reír después de unos segundos, Peter hizo lo mismo aunque de seguro no entendía por qué se reían.

—Esa fue nuestra primera pelea—dijo James—Y estuvo grandiosa.

—Aunque a ti te atacaron fácilmente.

—Me agarraron distraído—se excusó James.

Remus se dio cuenta que seguía en el suelo, así que se levantó, recogió sus cuadernos, sacudió su capa y miró hacia sus compañeros con una sonrisa.

—Gracias, aunque no debieron meterse en problemas por mí.

—No te preocupes por eso, Remus—le dijo James dándole una palmada en la espalda—Nos encantan los problemas.

—Además se lo merecían—agregó Sirius—Y por cierto gracias por quitarle su varita.

Remus se sonrojó, no estaba acostumbrado a que le agradecieran, de hecho ni siquiera estaba acostumbrado a tener amigos, en ese momento sintió que se estaba formando un tipo de lazo entre ellos.

Lily Evans adoraba a sus amigas, pero no se comparaba con el cariño que le tenía a su mejor amigo Severus Snape, quien había estado con ella desde el momento que se había enterado que era una bruja, la había apoyado cuando su hermana Petunia empezaba a insultarla, por su apoyo incondicional lo quería.

—Iré a buscar a Sev—les dijo a sus amigas.

Mary asintió, Marlene hizo una mueca de disgusto, la rubia siempre había sido prejuiciosa con los Slytherin.

—No me veas así, Mar—le dijo Lily—Prometo que estaré con ustedes en el banquete.

—Eso es obvio—reprochó Mary—Digo, perteneces a Gryffindor, por lo que vas estar en nuestra mesa.

—Buen punto—murmuró Lily.

—Bueno, nos vemos Lils—se despidió Marlene.

Marlene y Mary se alejaron juntas, Evelyn, su nueva amiga, se quedó un momento más con ella.

—No les hagas caso. Ellas creen en la rivalidad entre Gryffindor y Slytherin, a mí se me hace muy tonta.

—A mí igual, podemos llevarnos con cualquiera.

—Exacto—asintió Evelyn—Nos vemos pronto.

—Adiós.

Lily se dirigió hacia su punto de encuentro con Severus, siempre era cerca del lago, ahí se la pasaban la mayor parte del tiempo platicando.

Para la mala suerte de la pelirroja, se encontró con James Potter y sus amigos, ahora se les había unido Remus Lupin, ella pensó que era una pena que un niño tan tranquilo como él se juntara con esos bromistas. Trató de evitarlos pero ellos notaron su presencia antes de que pudiera cambiar su camino.

—Evans, ¿qué haces por aquí?—preguntó James sacudiéndose su cabello.

—No te importa, Potter.

James hizo una mueca de dolor, Sirius había soltado una fuerte carcajada, mientras que Peter se movía nervioso no sabiendo que hacer, Remus había reprimido una sonrisa.

—Si no me importara no te preguntaría.

Tenía que admitir que tenía un buen punto James Potter, pensó en alejarse de ellos lo más rápido posible, pero a Lily no le gustaba perder en una discusión, y menos con un niño.

—Me alaga saber que te importo.

James se sonrojó, nunca creyó que algún día vería a ese niño ponerse rojo de la vergüenza. Lily sonrió con suficiencia y se alejó de ellos sabiendo que había ganado.

—No te creas especial por eso, Evans—gritó Sirius.

—Soy especial y no porque le importe a James Potter.

Lily volteó a mirarlos, Sirius estaba conteniendo una sonrisa, los otros tres niños miraban asombrados hacia ella como si no esperaban que fuera tan burlona.

Cuando llegó donde estaba Snape, se sentaron y empezaron a platicar, casi siempre era Lily la que hablaba, Severus solo la escuchaba, le gustaba escucharla.

— ¿Recuerdas el Halloween pasado cuando salimos a pedir dulces?—preguntó Lily con una sonrisa.

Snape asintió sonriendo. Lily no podía olvidar ese día, ella había decidido vestirse de vampiro, aunque Severus le haya dicho que su disfraz no era tan fiel, pero a ella no le había importado, de hecho hasta hizo que él se disfrazara de lo mismo.

—Fue muy divertido—dijo Severus.

—Sí, aunque tu madre no quería que salieras.

—Pero mi papá logró convencerla.

Tobias Snape era un muggle por lo que sabía de las tradiciones que ellos tenían, sin embargo su madre Eileen Prince era sangre pura y no estaba muy de acuerdo con eso.

—Sabes Sev, he estado pensando y ese fue la única ocasión que pudimos disfrazarnos y pedir dulces.

— ¿Crees que cuando salgamos de Hogwarts ya no seremos más amigos?

—No, tonto. Me refiero a que ya vamos estar grandes.

Severus le dedicó una sonrisa a su amiga.

—Siempre seremos amigos—murmuró Snape.

Sirius Black estaba acostado boca arriba en uno de los sillones de la sala común, algunos lo miraban con desaprobación por ocupar tanto espacio, pero la verdad era qué a él no le importaba lo que los demás pensaran de él.

— ¿Podrías bajar los pies de ahí?

Sirius miró hacia la niña que le había hablado, sonrió maliciosamente.

—No quiero.

Mary McDonald soltó un bufido, bajó los pies de Sirius bruscamente y se sentó a lado.

— ¿Qué crees que estás haciendo?

—Lo que todos querían hacer pero no se atrevían.

— ¿Sentarse a lado mío?

—Ponerte en tu lugar.

Sirius observó detenidamente a la niña, era muy linda, tenía unos ojos color azul que combinaban con su cabello castaño obscuro, sus labios eran delgados y color rosa claro. La niña era simplemente encantadora.

— ¿Por qué me observas tanto?—preguntó Mary molesta.

—Eres linda—admitió Sirius.

Ella se sonrojó como había esperado, pero sacudió su cabeza.

— ¿Dónde están tus amigo el cuatro ojos?

— ¿El cuatro ojos? ¿Tratas de sonar ruda?

—Sabes qué no me importa.

—Entonces para qué preguntas.

Mary se levantó para dirigirse a las escaleras.

—Espera McDonald—dijo Sirius poniéndose de pie— ¿No piensas ir al banquete?

—Es dentro de una hora, Black.

—Podemos irnos de una vez.

—No, esperaré a mis amigas.

Con esto Mary subió, y Sirius no pudo seguirla, porque las escaleras se convertían en una resbaladilla cada vez que un niño intentaba subir. Algún día descubriría un encantamiento para mantenerlas quietas, pensaba que sería divertido hacerle una broma a las niñas.

— ¿Por qué observas de esa manera las escaleras?

Sirius miró sonriendo hacia su amigo James, quien como siempre traía su cabello despeinado y sus gafas torcidas.

—Estaba pensando en hacer una broma.

— ¿A las niñas?—preguntó James con una sonrisa traviesa.

—Sí, pero primero tenemos que descubrir cómo subir.

—Algún día lo haremos.

James seguía teniendo esa sonrisa traviesa en su rostro, eso no podía significar nada bueno, para ellos sí, pero para los que le harían la broma no.

— ¿Qué tienes en mente, James?

—Estaba pensando en que ese niño raro de Slytherin tiene un pelo muy feo.

— ¿Te refieres al de la narizota?

—Sí, el que siempre anda con Evans.

— ¿Cómo piensas arreglarlo?

—Pienso quitárselo, leí un hechizo que nos puede servir.

—Perfecto esta noche en el banquete será el hazmerreír.

James asintió, se veía orgulloso de su plan.

Los dos niños subieron rápidamente a su habitación, donde James le enseñaba el hechizo que había leído en un libro.

—James ¿qué hacías leyendo?

—Quería conocer nuevos hechizos, que nos puedan servir para bromas.

Peter se había acercado a ellos, estaba sentado en el suelo viendo hacia los dos niños, intentando captar lo mejor posible de su conversación, quería saber que era lo que estaban planeando.

— ¿Dónde está, Remus?—preguntó James buscándolo con la mirada.

—Dijo que iba terminar sus deberes—contestó Peter—Creo que fue a la biblioteca, es muy aburrido.

— ¿Por qué querías saber dónde está?—preguntó Sirius.

—Tal vez él nos puede enseñar cómo hacer el hechizo.

— ¿Crees que sepa cómo hacerlo?

—Probablemente, se la vive en la biblioteca, seguramente estudiando. Además tiene cara de maestro.

—Yo no le veo cara de maestro—murmuró Sirius.

Escucharon que la puerta se abría, miraron los tres niños hacia su compañero Remus, él se veía cansado dejó sus pergaminos encima de su cama y luego se acostó en ella, sin darse cuenta que sus amigos lo miraban.

— ¿Vas ir al banquete, Remus?—preguntó James—Va ver muchas golosinas.

El niño miró hacia ellos, sus ojos se habían iluminado, al escuchar que había dulces, por supuesto que los habría. Era Halloween, los niños muggle siempre salían a pedir dulces esa fecha, no sabía exactamente cuál era la tradición de los magos.

—Si hay dulces estoy dentro.

— ¡Perfecto!—exclamó James—Necesitamos que nos ayudes en una broma.

— ¡James!—gritó Sirius—No sabemos si podemos confiar en él, de seguro nos va acusar.

—Pueden confiar en mí—declaró Remus—Nunca los delataría.

—Sí Sirius él es nuestro amigos.

—Al igual que yo—agregó Peter—Soy su amigo también.

—Bien, supongo que los cuatro seremos amigos.

—Sí, seremos inseparables—dijo Peter emocionado.

EL Gran Comedor estaba adornado por calabazas que colgaban en el aire, las mesas estaban repletas de golosinas, había unos panques de chocolates muy ricos que estaban decorados, eso eran los que devoraba Remus. Sus dientes estaban llenos de chocolate, por eso cuando le sonrió a James, éste empezó a reír.

— Tienes chocolate en tus dientes—le dijo Sirius señalando su boca.

— Oh.

Remus se limpió sus dientes con una servilleta.

James miraba hacia la puerta esperando que apareciera Severus, esperaba que llegará, había planeado hacerle la broma en ese momento. Sonrió cuando lo vio entrar, iba junto con Lily, no entendía cómo podía ser amiga de ese sujeto, James arrugó su nariz mientras que los miraba con desaprobación.

— Ahí está Snivellus—dijo Sirius.

— ¿Cómo lo has llamado?—preguntó Peter.

— Snivellus—repitió Sirius.

Peter soltó una fuerte carcajada como si el apodo que le había puesto Sirius era lo más divertido.

— Ahorita que se aleje Evans, haré el hechizo.

— ¿Tienes miedo de darle a la pelirroja?—preguntó Sirius.

— Sí, tiene un muy lindo cabello, no quiero arruinárselo—murmuró James.

— No te lo voy a negar.

Lily Evans pasó por su lado cuando iba sentarse junto con sus amigas, James trató de verse lo más inocente, pero Sirius tenía una mirada traviesa en su rostro que era difícil de ocultar. La pelirroja los miró con desconfianza, pero no les dijo nada.

—Ya está solo.

—Ya lo note, Sirius.

James observó a sus tres amigos detenidamente lo veían impacientes esperaba que llevara a cabo el hechizo. Él sacó su varita de su bolsillo, tosió brevemente para darle más drama al asunto y luego apuntó hacia la cabeza de Snape.

Calvario—murmuró James

El cabello de Severus desapareció de repente, al principio no lo notó, hasta que los de alrededor empezaron a señalarlo y a reírse de él. Snape se llevó la manos a la cabeza dándose cuenta que se había quedado calvo. La expresión que había hecho había sido muy chistosa, por lo que los cuatro Gryffindor soltaron fuertes carcajadas.

Lily Evans veía hacia los cuatro niños con desaprobación, sabía que habían sido ellos los causantes del hechizo, ella se acercó rápido a su amigo para ver si podía ayudarlo, pero la verdad no sabía un hechizo que pudiera servir. Sus amigas habían soltado fuerte carcajadas también al verlo, menos Evelyn quien fruncía el ceño.

La profesora McGonagall se acercó hacia los cuatro niños que seguían riéndose sin parar, los miró con los brazos cruzados.

— ¿Quién fue?—preguntó.

Era evidente que había sido James ya que seguía sosteniendo su varita, pero quería que lo admitiera.

—Le hicimos un favor, maestra. Su cabello estaba en horrible condiciones—se excusó Sirius.

—Si no me dicen quien fue le quito cincuenta puntos a Gryffindor por cada uno.

Los niños dejaron de reírse, se miraron entre ellos nerviosos, sus amigos con la mirada le decían a James que no pensaba delatarlo.

—Fui yo—confesó James.

—Tendrás otra detención, Potter.

— ¿Le quitara puntos a Gryffindor?—preguntó Remus.

—Sí, solamente veinte puntos. Por la honestidad de sus compañeros.

—Profesor, la honestidad no se debe reprender—replicó Sirius.

—Black, no me hagas quitarle más puntos.

La jefa de Gryffindor dio media vuelta para volver con los demás profesores.

James les sonrió a sus amigos mientras se encogía de hombros, le daba igual la detención, se había divertido haciendo la broma.

Al finalizar el día; Severus Snape había empezado a odiar a James Potter y a sus amigos. Lily Evans había decidido alejarse lo más posible de James Potter y de sus amigos. James Potter se había dado cuenta que tenía a los amigos más leales que pudiera desear. Sirius Black había considerado a James Potter como su mejor amigo. Peter Pettigrew no se había sentido tan solo. Y lo más importante Remus Lupin había hecho nuevos amigos.


N/A: Muchas gracias por haber leído el primer capítulo, espero que les haya gustado.

Bueno como saben el fanfic se llama 31 de octubre porque voy a narrar sobre esa fecha en distintos años, ya saben como termina, por lo tanto va ser una historia corta. Aunque tal vez escriba otra si es que esta tiene éxito.

Por favor comenten, me gustaría saber su opinión sobre la historia.