Son las tres de la madrugada, en el planeta Vegita. El Rey Vegeta, esperaba nervioso, caminando de un lado a otro, por el pasillo, deteniéndose solo por segundos, para mirar la puerta cerrada, de la alcoba real, en donde los gritos de su reina, podían oírse claramente, reflejando el sufrimiento por el cual estaba pasando.

Las horas seguían pasando, las enfermeras reales, entraban y salían, con paños que un momento eran blancos, y ahora estaban teñidos, del rojo de la sangre, que su mujer estaba perdiendo. La preocupación, para un Rey tan frío y despiadado, no era algo que conocía, sino hasta ese momento.

El silencio se noto repentinamente. El gran hombre, se freno en seco, pudo sentir un escalofrío correr por su espalda, no sabia por que, pero el llanto de su primogénito, que por fin, después de tanta lucha, por parte de su Reina, nació.

Un hombre salio, con el pequeño en sus brazos-Lo siento Rey Vegeta, pero la reina no pudo soportar el nacimiento del niño- trato de hacer que el padre tomara a su hijo.

Los ojos del poderoso Rey estaban vacíos. Ese día algo mas murió en el. Se acercó, observando con desprecio al pequeño envuelto en la manta, para luego tomarlo de una pierna, y levantarlo, observando al nuevo príncipe de los Sayajin, con desprecio.

-Solo es un maldito mocoso-Dijo al ver que el niño comenzó a llorar.

-Su majestad, ¿Cuál será el nombre del príncipe?-Pregunto en tembloroso enfermero.

-Vegeta-Contesto el Rey, arrojando al pequeño, a los brazos del otro hombre- Su madre lo hubiera querido así- Se giro y se fue sin decir mas nada.

La noticia de la muerte de la Reina, no fue muy bien recibida por la raza de los Sayajin, pero el Rey se encargo personalmente de mantener el orden en el planeta.

En cuanto al príncipe, fue dejado a cargo de uno de los soldados, para entrenarlo, pero mas que nada para mantenerlo alejado de su padre.

Cinco años pasaron, y una nueva Reina, le dio un segundo heredero a la corona, Tarble. Su poder no se comparaba en lo mas mínimo con el de su hermano mayor, pero aun así, la diferencia, que hacían sus padres con ellos se notaba demasiado.

El tiempo pasaba rápidamente, y a los ojos del príncipe Vegeta, quien ya tenia veinte años de edad, el Rey solo era un maldito, con corona y un estupido titulo.

Nunca supo el porque, pero siempre entendió, el rechazo que su padre le tenia.

Mientras Tarble se criaba entre lujos y sociedad, su hermano, creció en las salas de entrenamientos, con soldados sanguinarios y sin corazón, algo que lo convirtió en un joven muy meticuloso, fuerte, orgulloso, con sed de sangre, que cada vez que una purga de un planeta se llevaba a cabo, el siempre encabezaba las tropas y era quien mas destrozos y muertes provocaba.

Solo veinte años, y era un ser vacío, sin alma, sin corazón, sin piedad por nadie, solo sus propios intereses eran los que importaban, después de todo, en algún momento, el seria el Rey de la mas despiadada raza de guerreros del universo, los Sayajin.

Una nueva purga estaba planeada, en un pequeño planeta, con recursos naturales muy valiosos para explotar. La tierra, un lugar en donde sus habitantes eran muy débiles, algo que seria muy fácil, por lo cual el Rey decidió enviar también al joven Tarble, que con sus quince años de edad, ya estaba listo, para comenzar con su camino, para ser un guerrero.

El príncipe Vegeta estaba listo, para salir en su nave, que era la mas grande, pero antes de subir, uno de sus soldados de dio la bella noticia.

-Señor-Dijo Nappa, haciéndole una reverencia.

-¿Qué quieres?-Contesto el príncipe, sin siquiera molestarse en mirar al soldado.

-El joven príncipe vendrá con nosotros-

Vegeta se cruzo de brazos- No soy niñera-Volvió a retomar su rumbo, para subir a la nave.

-Son órdenes del Rey-Dijo el soldado tembloroso.

Un gruñido salio de los labios del ya fastidiado hombre-No seré responsable, si el mocoso muere- Entro en la nave.

El joven Tarble apareció corriendo rápidamente – ¡Espérame hermano, no te vallas sin mi!- Llego justo a tiempo y entro en la gran nave.

-Era hora que aparecieras- Le dijo su hermano mayo, parado en el centro, observando la gran ventana de la nave, mientras la misma se alejaba de su planeta natal.

-Lo siento hermano-Contesto el pequeño.

-Escúchame bien mocoso- Vegeta se giro para mirar fijamente a su hermano menor-Me debes respeto, aquí solo eres uno mas de estas malditas sabandijas, pero con un nivel mucho mas bajo de pelea, no eres mas que un insignificante insecto para mi. Así que te dirigirás a mí, como los demás-

El joven estaba muy confundido-¿Pero hermano? Yo…- no pudo terminar la frase, cundo un puño lo golpeo fuertemente en el estomago, dejándolo arrodillado en el suelo, casi sin aire.

-No eres mas que un debilucho-Se incorporo, mirando con desprecio a su hermano menor, en el suelo, para luego darle la espalada-Me dirás señor. ¿Quedo claro insecto?-

Tarble se levanto lentamente-Si…se…ñor…- contesto con dificultad.

La llegada a la Tierra fue rápida, la nave aterrizo en el centro de una cuidad, destrozando una carretera.

La puerta se abrió lentamente, ante los ojos asustados de los terrícolas, cuando unos hombres con armaduras comenzaron a bajan en fila, para Lugo dejar bajar a Vegeta, con sus brazos cruzados y una mirada fría.

-Terrícolas, eso será rápido- dijo, mientras en su rostro se dibujaba una pequeña sonrisa de placer-Mientras menos se resistan, quizás, tengan la suerte de vivir- Levanto su dedo-Aunque eso es algo improbable- Cuando bajo su dedo, los soldados comenzaron con su ataque.

Los gritos se escuchaban por todos lados, mientras que la cuidad era destrozada lentamente. Mientras que un hombre seguía parado en su lugar, alimentando sus ojos con el sufrimiento de las inocentes personas, deleitando sus oídos, con cada llanto y explosión, era un placer hermoso para el, cuando una pequeña voz lo saco de su trance.

-Herma….Señor, lo siento, pero ¿En que puedo serle útil?- Dijo Tarble, a su hermano mayor.

-Los soldados se encargaran de todo, tu ve a buscar sobrevivientes-Dijo cerrando los ojos lentamente.

-Si señor, pero si encuentro a alguien con vida ¿Qué debo hacer?-

-Tráelos, para matarlos aquí mismo-Contesto Vegeta, mirando de reojo a Tarble.

-Pero ¿Por qué?-No podía creer lo que estaba escuchando.

-Por que eres débil mocoso, y debes aprender a matar y no mostrar piedad. Ahora muévete insecto- Ordeno Vegeta.

En dos horas, todo estaba casi terminado, por lo menos en esa cuidad, y unos quince sobrevivientes fueron traídos frente a la gran nave.

-Traigan aquí al primero-Dijo el mayor de los príncipes, a uno de los soldados, quien le acercó a un hombre de edad avanzada frente a el.-Mátalo-Le ordeno al mas joven.

Tarble estaba muy nervioso-Pero yo…-

-¡Ahora!-Grito Vegeta.

-Es que yo…-

-Eres un inútil-Lentamente el mayor alzo una de sus manos, formando una pequeña bola de energía, para luego acabar con la vida del anciano, sin retirar sus ojos vacíos, de la mirada asustada de su pequeño hermano.- Lo ves, es fácil-Una sonrisa apareció en el.

-¡Eres un cobarde!-Grito una voz, de entre los asustados terrícolas.

Ninguno de los hermanos podía creer lo que estaban escuchando-No eres mas que un maldito, infeliz cobarde- Se volvió a oír.

-¿Quién demonios?-Dijo Vegeta muy desconcertado-¿Quién se atreve a faltarle el respeto, al poderoso príncipe de los sayajin?-

Una joven se paro de entre los ahora catorce sobrevivientes- Yo-Contesto firmemente, colocando las manos en sus caderas, estaba aterrada, pero ningún hombre la iba a intimidar, por mas que le costara la vida.

-Tráiganla-Ordeno el mayor de los hombres.

Uno de los soldados trato de tomarla del brazo, pero la mujer no lo permitió-Suéltame anima, yo puedo caminar-Dijo, mientras se dirigía lentamente hacia los dos herederos.

Era una joven con un hermoso cuerpo, pelo azul, y unos bellos ojos celestes como el cielo, algo que dejo muy asombrados a ambos hermanos, ya que las mujeres Sayajin, eran todas de pelo negro, con ojos del mismo color, y cuerpos con rasgos de batallas, jamás en sus vidas habían visto tanta fragilidad y exótica belleza.

Vegeta se acerco lentamente a ella- Eres solo una insignificante humana-

La mujer giró su rostro en señal de desprecio-Y tú no eres más que un egocéntrico infeliz-

-Silencio mujer-Vegeta estaba furioso.

-Bulma-Ella cruzo sus brazos.

-¿Qué?-El hombre estaba confundido.

-Mi nombre es Bulma, animal sin cerebro-

Tarble comenzó a reír por lo bajo, al oír el insulto para su hermano, algo que hizo que este se enfadara y golpeara a Bulma en el rostro, arrojándola al suelo.

-Eres una vulgar-Se sentía humillado, quería matarla, pero de una manera muy lenta y dolorosa.-Pagaras por tu insolencia-

La mujer se paro lentamente y miro de manera desafiante a los oscuros ojos de Vegeta-Prefiero morir de pie-Dijo, con su seño fruncido.

Una sonrisa se dibujo en los labios del despiadado guerrero-No será tan fácil, antes debes sufrir. Éntrenla a la nave-Ordeno a un soldado-Ustedes terminen con el trabajo-Dijo a los demás.

-¿Qué aras con ella?-Tarble no podía entender la intenciones de su hermano, y tampoco obtuvo una respuesta a su pregunta.

Una vez que la nave despego, no muy lejos del planeta Tierra, Vegeta tomo a Bulma de un brazo, para que mirara, por la enorme ventana.

-Observa con claridad-Susurro en el oído de la mujer- Todos tus seres queridos, tu familia, tus amigos, todo lo que amas, o lo que conocías, ahora ya no existe, tu planeta está muerto.-Sonrío con malicia.

Bulma, observaba como la luces, a acusa de la explosiones, terminaban con todo en su planeta. El dolor la ahogaba, pero apretó fuertemente sus puños, comiendo sus lagrimas, el no lo lograría, no la haría llorar.

Sabia que ella estaba herida, pero su furia aumento, al ver que no había logrado su cometido, ni una lagrima de sufrimiento, nada, solo una expresión bacía, de alguien que lo había perdido todo.

-Enciérrala mocoso- Dijo Vegeta a su hermano.

El joven Tarble tomo a la mujer del brazo, para llevarla a un cuarto aislado, pero el entro con ella-Lo siento-Dijo cerrando la puerta-Mi hermano, bueno el, creo que a pesar de todo, tiene algo dentro de el.-

-¿El es tu hermano?-Pregunto Bulma sentándose en el suelo.

-Si es mi hermano mayor, el y yo no tenemos muy buena relación, somos muy diferentes-Se sentó junto a ella-

-Dime niño ¿Cuál es tu nombre? Y ¿Por qué estas hablando conmigo?-La mujer estaba un poco confundida.

El muchacho se sonrojo un poco-No se porque estoy hablando con tigo, pero hay algo en ti, que me inspira confianza. Ah, mi nombre es Tarble, ¿Tu eres Bulma verdad?-

La chica sonrío-Si, Bulma Brief, y no es por presumir, pero en mi planeta, soy una persona importante, soy una gran santifica- Se amargo un poco, al recordar el triste destino de su amado hogar, pero trato de ignorar ese sentimiento.

-Bueno, yo soy el príncipe en mi planeta, pero Vegeta es el heredero, y mi padre, el Rey, quiere que sea un guerrero, pero no soy tan fuerte, ni sanguinario, mi madre no me crío de esa manera.- Bajo su mirada- Aunque no quiero decepcionarlo-

-Si yo fuera tu madre o tu padre, estaría orgullosa de tener un hijo con algo de corazón-Bulma tomo la mano de Tarble- No te conozco, pero puedo ver, que al lado del infeliz de tu hermano, tu, si tienes algo dentro de ti-

El joven se sonrojo y se levanto bruscamente-Será mejor que me valla antes que Vegeta venga por mi.- Salio del cuarto, dejando a la mujer sola.

En una de las habitaciones de la nave, Vegeta estaba recostado, mirando hacia el techo, recordando la pasado hace minutos, el momento en el que se acercó a la terrícola, para susurrarle al oído, aquellas crueles palabras.

Cerro los ojos"-Ese aroma-"Pensaba"-Jamás sentí un aroma tan, embriagador y dulce. Pude sentir la suavidad de su piel, cuando la tome del brazo, y su pelo, al rozar mi rostro, junto con su blanca tez de su mejilla, me hizo erizar por un segundo la piel. Es tan diferente, nadie jamás me había enfrentado o hablado de esa manera-"Sonrío, mientras abría los ojos"-Pero pronto te doblegaras a mi mujer, sabrás quien es el poderoso príncipe de los sayajin.-"