Escrito para el desafío "Temáticas" del blog "Del Fandom y Otras Perversiones" (latexohpo. blogspot. mx)

Renuncia: Los personajes pertenecen a Marvel. Yo escribo por puro entretenimiento.

Advertencias: Posible Stony pero muy leve.

Nota de la Autora:

¡Hola! Como mencioné éste trabajo fue inspirado por las temáticas explicadas en el blog de mi amiga Latexohpo (Látex). Hay muchas temáticas para escoger, pero me decanté por la de de-aging o Regresión porque me parece muy tierno. Así que esto no se trata de parejas ni sexo ni nada muy heavy. Tal vez explote un poco el drama, pero también quiero escribir humor... ya veré. Es un fic gen más que nada y muy fluff. Espero que les guste y le den una oportunidad.

Agradecimientos: En primer lugar a la misma Látex, porque le platiqué el tema y ella me animó a desarrollarlo y finalmente llevarlo a cabo. Además es mi Beta porque ella escribe genial y yo tengo años sin escribir un fic en forma. También quiero agradecer a quiénes comentaron en el único fic que tengo ya publicado porque sus comentarios me recordaron que es muy bonito escribir con y para alguien. Y por último pero no menos importante, a mi hermana Reyka (que está en el cielo), porque ella me mostró hace muchos años el mundo del fanfiction.

Dedicado a todos los que lean y recuerden un poquito de su infancia o todavía llevan a su niño interior.

Rwana.

Prólogo:

Tiene que ser un sueño.

Esto NO debería estar sucediendo. Seguramente era un sueño muy, muy malo. Era más probable que fuese una terrible pesadilla, y si era una terrible (horrible, abominable, irritante y aterrorizante) pesadilla, entonces él podría despertar. Bien, podría correr hasta golpearse la cabeza en la pared, así tendría que despertar. Pero funcionaba mejor el dejarse caer de alguna parte. Sí, la ventana podría ser su salvación ahora mismo.

—..tark… Stark… Stark… ¡Stark!

Eso debía ser su despertador. Sólo ese aparato del infierno podría ser tan molesto. Pero no le haría caso, tenía que correr hasta la ventana y lanzarse, y así lo hizo hasta que un par de fuertes manos lo detuvieron.

—¡¿Qué jodidos crees que estás haciendo?! ¡Reacciona! ¿Crees que puedes huir y dejarme solo con esto? ¡Es tu deber ayudarme! ¡Somos los únicos que no fuimos afectados!

Tony intentó zafarse del nuevo monstruo en su pesadilla. Aunque tal vez si dejara que el monstruo se lo comiera podría despertar también.

Y entonces una fuerte palmada en el rostro le hizo trastabillar. Y reaccionó. Miró con odio al rubio que lo tenía fuertemente sujeto con una mano mientras la otra la mantenía en el aire después de haberlo abofeteado.

—Lo siento, Tony…— comenzó Steve verdaderamente arrepentido, soltando al otro y dando un paso hacia atrás.

—¡Alto Stark!— ordenó Fury cuando vio que el castaño iba a alzar el brazo de la armadura dispuesto a disparar a Rogers—. El Capitán tiene razón. Tranquilícense, ambos— dijo lanzando una mirada negra con su único ojo al soldado.

Entonces la puerta se abrió y Maria Hill apareció totalmente despeinada y resoplando. El ruido de llantos y gritos se apagaron una vez que ella cerró la puerta con violencia.

—Están volviéndome loca— declaró agotada—. Tenemos que volver y encontrar la manera de revertir esto.

—¡De ninguna manera!— exclamó Tony cuando al fin encontró su voz. La bofetada lo había enfurecido, pero también había cumplido el objetivo de sacarlo del shock—. No me iré de aquí sin Bruce.

—Creo, Stark, que tenemos prioridades en estos momentos— objetó Fury.

—Sí, y la mía es encontrar a Bruce. Si la brujita tiene razón, él debe estar en algún lugar de esta maldita selva.

—Tony— dijo Maria, pero Tony se colocó de nuevo la careta de Iron Man y salió ahora sí por la compuerta del quinjet. Y tan no era una pesadilla que lo único que vio a dos metros bajo él fue el pasto salvaje del paisaje.

—Tal vez debería seguirlo— dijo Steve. Realmente se sentía muy mal por haber golpeado a Tony, pero la cara de terror en el otro lo había descolocado demasiado.

—¡No!— gritó Maria a punto del colapso—. Tú dijiste que te harías cargo de esto junto a Stark mientras nosotros nos hacemos cargo de hallar una solución.

Steve detuvo su intento de seguir a Tony, pero Maria tenía razón. Él había dicho que se haría cargo y no podía retractarse.

—Bien, vamos a verlos.

Maria respiró con fuerza y encaminó a Steve tras la compuerta. Fury lo pensó, pero también los siguió. Una vez abierta, el ruido casi deshace los oídos del Capitán (maldita capacidad de escuchar cuatro veces mejor que el humano promedio). Los chillidos, gritos y risotadas podrían hacer explotar la cabeza a cualquiera.

—¡Hagan algo!— exclamó Hill con los dientes apretados y las manos en las orejas.

Pero Steve seguía estático. Todavía no podía creer lo que sus ojos estaban viendo. Al menos antes, cuando aquella nube de energía los había golpeado, aquellos se veían adorables. Ahora simplemente parecía demonios salidos del mismísimo infierno.

—¡SILENCIO!— gritó Fury al más puro estilo Schwarzenegger en 'Un Detective en el Kinder'.

Se hizo el silencio, efectivamente, y nueve pares de ojos se abrieron como pelotas para mirar al hombre enorme y atemorizante del parche.

Steve también se asustó un poco, no podía negarlo. Entonces comenzaron a escucharse algunos murmullitos, y pronto el ruido volvió a todo lo que daba, sólo que ésta vez los gritos se volvieron llantos.

—¡Genial, Fury!— exclamó Maria con sarcasmo.

Steve estuvo de acuerdo aunque el llanto casi le hace no escuchar la exclamación de Hill. Finalmente respiró hondo y alzó los brazos para tranquilizar a sus compañeros de equipo. Había tres que no estaban llorando, pero aún así tenían cara de susto mirando a Fury. Steve sin embargo centró su atención en las bolitas de carne que comenzaron a agazaparse muy, muy juntos. Su labio inferior se alzó en una sutil sonrisa. A pesar de todo eran adorables.

—Calmense, por favor— dijo con voz suave pero lo suficientemente alta para ser escuchada por sobre el llanto—. Maria, saca a Fury de aquí o seguirá asustandolos.

Hill pareció muy complacida con la orden y ella y Fury traspasaron la compuerta.

—Muy bien, necesito que todos se tranquilicen…

—¡Quiero a mi mamá!— gritó con un encantador puchero Sam Wilson, cruzando sus brazos flacos por sobre su pecho desnudo.

Steve iba a decir algo, pero entonces un rubio se abrió paso entre los demás.

—¡Mi padre estará muy molesto y mi madre los hará plañir hasta extraer su último aliento! ¡Las Valkirias y guerreros de Asgard succionaran sus entrañas y los asfixiará con ellas!

Steve dio un paso atrás. A pesar del nuevo tamaño de Thor, su voz seguía siendo potente. No con la potencia del hombre que él conocía, pero sí con la potencia de una temprana arrogancia.

A Thor lo cubría su propia capa roja puesto que había rechazado las mantas que Maria les había dejado, ya que obviamente sus ropas ya no les quedaban.

Entonces fue el turno de un castañito que se abrazaba a la manta gris con la A del equipo. Miró a Steve un poco receloso, pero señaló a un rincón.

El rubio siguió la mirada del dedito de Clint Barton y vio en una esquina un bultito envuelto totalmente en la manta gris, lo único que lograba verse eran los mechones de cabello rojo fuego.

—Ella dice que puede asesinar a los adultos en menos de un minuto.

Steve tragó saliva. Conociendo a Natasha Romanoff no lo dudaría. Pero pronto centró su atención de nuevo en las bolitas de carne. Se acercó a ellos muy lentamente para no provocar un motín en su contra de los demás. No que temiera que ellos lo lastimaran a él, pero sí que temía lo contrario. Él era ahora mucho más alto y corpulento que sus compañeros, y ciertamente no podría medir su fuerza mejorada en contra de los frágiles cuerpos que lo rodeaban.

Finalmente llegó hasta las bolitas de carne y se acuclilló frente a ellos. El niño apretaba entre sus brazos a la niña. Él todavía mantenía sus cabellos plateados y sólo estaban utilizando una sola manta para los dos. Ella lloraba lentamente, y las lágrimas se le escurrían por los mofletes. Steve tuvo el impulso de pellizcarlos, eran gordos y rosados.

—Hey, no voy a hacerles daño…

—No podemos saberlo. Mi padre dice que los secuestradores se muestran amables y luego nos golpean y nos dejan sin comer por semanas.

Steve sintió los pelos de su nuca erizarse al escuchar justo detrás la gruesa aunque infantil voz de James Rhodes. Se giró con lentitud para mirarlo.

—No soy un secuestrador, Rhodey… Nadie aquí lo es…

—¿Cómo sabes mi nombre? Y no me llames Rhodey. Lo odio.

—Está bien. Lo siento, James… Yo… Los conozco, a todos ustedes…

—Y yo te conozco a ti.

La nueva voz, aunque tan infantil como podía ser, vino de un Vision enano (muy enano). Steve frunció el ceño, se supone que Vision era prácticamente un androide, no encontraba razón para que también hubiera sido susceptible a lo que les había sucedido a los demás.

—Eres el Capitán América— aseguró Vision enano con un aire de autosuficiencia que era muy característico en el Vision no enano.

Eso logró la atención de todos los infantes, menos de las dos bolitas de carne que todavía lo miraban con mucho miedo.

—¡El Capitán América está muerto!— gritó Clint con rebeldía, luego miró a Steve y dio un paso atrás.

—Nadie sabe si está muerto de verdad, sólo está desaparecido según los informes oficiales… O eso es lo que dice mi papá— secundó Rhodes. Entonces miró analíticamente a Steve— ¿Eres el Capitán América?

El rubio suspiró pesadamente. Si Tony estuviera aquí él no tendría que lidiar solo con las versiones más jóvenes de sus amigos. Ya se imaginaba que la búsqueda de Bruce fue una excusa de Stark para huir. Y la verdad es que ahora mismo no podía culparlo. Es más, él debió haber huido también. Era un soldado, un Vengador, no un…

—¿Eres el Capitán América?— preguntó también mini Sam, aunque en su tono de voz había emoción, no desconfianza.

Steve finalmente sonrió. Su amigo se veía precioso de ese tamaño, sus ojos de por sí ya enormes en el adulto, en el pequeño eran gigantes, y la franca y gran sonrisa casi cubría toda su carita morena.

Steve se levantó y se giró en torno a todos los niños para que miraran su traje. Cierto que no era el mismo de cuándo fue por primera vez el Capitán América en los años 40's, pero ciertamente cualquier niño reconocería la estrella en el pecho y las franjas blancas y rojas en el abdomen.

—¿Quién es ese capitán amurica?— preguntó el pequeño Thor con el ceño fruncido.

—¡Es Capitán América, rubio tonto!— gritó Clint, aunque volvió a mirar a Steve sin dejar de fruncir el ceño—. Y tú no eres el Capitán América. Si lo fueras serías un viejo muy viejo.

—Estuve congelado por una buena temporada— respondió Steve con serenidad. Ahora tenía la atención de la mayoría de los niños. Y aunque Natasha seguía con la manta cubriéndola por entero, Steve podía ver ahora sus diminutas manos, seguramente prestando atención. Las bolitas de carne seguía agazapadas, pero habían dejado de temblar y lo miraban más con curiosidad que con miedo—. Volví a la carga hace poco.

—Prueba que eres el verdadero Capitán América— desafió Rhodes— ¿Cuál es el verdadero nombre y a qué comando pertenecía? ¿Con qué villano luchó antes de desaparecer?

—Steven Grant Rogers, Comando Aulladores bajo órdenes del Coronel Chester Phillips. Luché contra Johann Schmidt, mejor conocido como Cráneo Rojo— sonrió Steve.

—Pudiste haber sacado esa información de cualquier libro de historia. Y seguramente eres un fanático del Capitán, por eso usas ese traje. ¡Ni siquiera es el verdadero traje del Capitán América!— volvió a rechistar Clint, que ya tenía un hombro descubierto por estar agitado contrariando al rubio.

—Muy bien, si me prometen estar tranquilos unos momentos, les traeré el escudo. Seguramente les gustará verlo.

—Yo sé que eres el verdadero Capitán América— declaró Vision, pero los demás no le prestaron la mayor atención, pues todos estaban centrados en Steve.

—Bien, no se muevan. Regreso pronto— dijo Steve y salió del compartimento dejando escapar un enorme suspiro.

Maria y Fury lo miraban expectantes.

—He logrado su atención, pero no durará mucho— les explicó Steve.

—Nos pondremos en marcha en cuanto logre comunicarme con Stark— dijo Maria, al parecer aliviada porque ya no se escuchaba el alboroto.

—Stark puede volar, debemos ir inmediatamente a la base para que los científicos puedan ayudar a resolver esta mierda— contradijo Fury.

—Si Stark trae a Bruce, seguramente él podrá hacer algo. No creo que se niegue si se trata de ayudar a sus compañeros. Tal vez ver a Natasha en esa condición lo convenza— dijo Steve levantando su escudo dispuesto a volver con los niños.

En ese momento Iron Man aterrizó en la compuerta abierta del quinjet. Pero venía solo, Banner no estaba con él. Sin embargo el hombre de hierro bajó la careta y los enormes ojos marrones de Tony Stark estaban en shock otra vez. Estiró los brazos y dejó ver un bultito color carne y una maraña de rizos oscuros.

—La brujita tenía razón, Bruce estaba cerca— musitó.

—¡Con mil demonios!— exclamó Fury llevándose una mano a la frente.

Maria gimió y Steve sintió que el piso se le movía. Ahí estaba Banner, sí, pero también era un niño pequeño.


Gracias a quiénes leyeron. El review es el alimento del escritor :)