¡Hola a todos! Esta historia es la continuación de First Class: De alfas y omegas. Me parece que para entender esta parte es necesaria leer la primera, pero si no les interesa, resumo que:

(Sopilers(?))

Charles encuentras a Erik intentando hundir el submarino de Shaw. Ni bien lo ve nota que son pareja, que es su omega, pero el magnetico no lo nota.

Erik esta seguro que él es omega de Shaw, y aun quiere su venganza. Juntos buscan al resto de los mutantes, forman el equipo, van a la Mansión, entrenan, y se enfrentan a Shaw. Durante ese tiempo Charles y Erik mantienen una relación de amor un tanto complicada, con el telepata intentando que el judío se de cuenta que son parejas predestinadas, pero este sigue sin notarlo.

Finalmente, en Cuba, Shaw muere y ellos se separan. Digamos que los aspectos principales de la trama de FC no han sido demasiado cambiados.

Esta sería la continuación, que paso con ellos tras la separación de Cuba. Con Erik aun sin saber que Charles es su alfa, y este ultimo lleno de dudas sobre su relación.

Se que he tardado, pero bueno, esta segunda parte me esta costando mucho escribirla e_e

Ahora inicie unas minis vacaciones donde espeto adelantar todas las historias, pero no garantizo nada por que ando algo desinspirada. Ojala sea solo el cansancio y tras unos días se pase.

Muchisimas gracias a todos aquellos que siguieron esta historia desde el principio, espero que la segunda parte no les aburra, sino que llene las expectativas. Prometo no hacerlos sufrir... mucho. Jajaja.

En fin, enjoy!

P/D: Esta historia inicia cinco meses después del día de la separación de Cuba. Cuatro meses después del epilogo de First Class: de Alfas y Omegas.

MÁS COMPLICADO AÚN

El suspiro de gusto escapo de sus labios, y al instante sintió una suave risa en respuesta. Entreabrió los ojos y pudo ver esa roja boca contra la suya, sonriendo de esa manera tan hermosa, resplandeciendo. No pudo evitar sonreír también, algo embobado. Le gustaba esa sonrisa, le gustaba el contraste rojo de esos labios contra la blanca piel. Cuando subió un poco más la mirada pudo observar los ojos azules, perturbadoramente cerca; sus narices se estaban tocando y sentía el cabello ajeno haciendole cosquillas en la frente, el fantasmal toque de las pestañas ajenas contra su piel. El momento era tan relajante, tan perfecto. Una atmósfera cálida había embargado el lugar logrando que se sintiera sin preocupaciones, completamente a gusto. Sentía calor en el pecho, un cosquilleo en el estomago que era sumamente agradable, y no podía dejar de sonreír.

Las manos ajenas acariciaron su vientre juguetonamente, estaba sumamente sensible por lo cual no pudo evitar gemir de placer. Eso solo hizo que la sonrisa ajena aumentara. Sus manos tomaron vida propia y arañaron la espalda de su acompañante, queriendo acercar ese cuerpo más al suyo, hacer que se repegue por completo. Cuando llegaron al cabello enredo sus dedos y lo tironeo suavemente.

-¿Ansioso?-susurró su acompañante, él asintió casi sin querer. Al instante esa deliciosa, y ohtanperfecta boca, continuo besando su cuello, bajando por su pecho, luego deslizándose hasta su axila; logrando que en ese instante se retorciera sobre la cama, dejando escapar de golpe el aire de sus pulmones, y sujetando las sabanas para drenar el cosquilleo de placer. Su compañero volvió a reírse, divertido por sus reacciones, antes de que la lengua roja lamiera su brazo, delineando el musculo. Erik volvió a retorcerse, girando el rostro hasta lograr morder la almohada.

Se sentía tan bien, tan tan bien.

-Hueles tan rico-la nariz ajena volvía a deslizarse por su cuello, dándole algo de cosquillas. Sonrió ante el comentario y volteó el rostro para besarle, para finalmente unir sus bocas en un beso que llevaba rato ansiando. Inicio dulce, jugando con los labios ajenos sin perder las sonrisas, antes de que la pasión los derritiera a ambos, poniéndolos ansiosos, haciendo que sus cuerpos comenzaran a retorcerse desesperados, buscando frotarse el uno contra el otro.

Cuando cortaron el beso se apresuro a abrir los ojos, para mirar de nuevo esas gemas azules que se oscurecían milímetro a milímetro en cada segundo, cediéndole lugar a la lujuria. Amaba esos ojos. El hombre rozó cariñosamente sus narices antes de volver a descender a su cuello, directo a la yugular, besando ansioso, bebiendo del aroma entre respiraciones, buscando dejar una marca. Erik se retorció nuevamente, tirando la cabeza hacía atrás, dejandole más lugar, queriendo sentirle mejor. Gimió de gusto cuando sintió la boca ajena succionar con más fuerza, movió la cadera con ansias, buscando frotarse, dándole lugar entre sus piernas.

-Oh, joder, Charles...-le tironeó el cabello, rugiendo cuando los dientes mordieron con fuerza su cuello.

-¿Charles?-la mano dejo de acariciar su pecho y fue directamente a su cuello, apretando por encima de su nuez de adán, robandole el aire. Cada vez presionaba más, ahorcandole y queriendo hundirle contra la cama. Intento respirar, cada vez más nervioso, pero no podía. Su mente empezó a buscar desesperadamente metal, cualquier metal, pero no había nada. ¡Nada! ¿Por qué carajos no había nada de metal? El alfa rugió contra su cuello, molesto, posesivo. La mano le apreto más, le obligo a enderezar el rostro y finalmente sus ojos se toparon de nuevo con los ajenos. Y no, no era el azul que amaba, era celeste, un asqueroso y repulsivo celeste. ¿Donde carajos había metal? Necesitaba librarse de eso. La adrenalina y el miedo galopaban en su sangre, se sentía indefenso y era algo que odiaba. Necesitaba liberarse de eso-Puto omega, ¿por qué carajos gimes el nombre de otro?-el magnético volvió a retorcerse, no era como si pudiera responder, no tenía aire. Los pulmones le quemaban, los ojos le ardían.

¿Como había acabado de nuevo en esa situación? Se suponía que esa época de su vida ya había pasado. Ya no tenía un alfa, ya no, ahora era libre. Contradictoriamente a sus pensamientos los ojos celestes de Shaw lo miraban con furia, y lo que momentos atrás le había parecido el delicioso peso de un cuerpo sobre el suyo, ahora se sentía como un apresamiento, incomodo y doloroso. ¡Por dios! ¿Había estado besando a Shaw como si fuera Charles? ¿Había estado alucinando? Pero... pero él había matado a Shaw, estaba seguro de eso.

¡¿Por que carajos no había metal en ese cuarto?!

Volvió a retorcerse, y al parecer el pánico y la adrenalina despertaron sus fuerzas, ya que pudo moverse, pegarle con las rodillas, hacer reaccionar sus manos y empujarle. El corazón le latía con fuerza, sentía el retumbe en sus oídos, casi podía imaginar la sangre burbujeando, inundando su cabeza, haciendo que vea todo de color rojo. La ira le había embriagado, de nuevo. Últimamente se sentía rehén de la ira, ella podía tomarlo cuando lo deseara, haciendole perder la cabeza.

Empujo a Shaw contra la cama, el cuerpo ajeno se resistía pero Erik se sentía dueño de una nueva fuerza que hasta hace poco desconocía. Con solo mirar esos ojos celestes (¡esos malditos ojos celestes que lo habían torturado y atormentado toda su vida!) se sentía iracundo. Quería verlo morir, quería verlo sangrar. Quería atravesarle la cabeza con la moneda. Pero por más que buscara metal no había nada en la habitación. Eso no lo desanimo, se fue encima del otro hombre, poniéndose a horcajadas. Verlo debajo suyo le genero algo de placer: quería venganza, quería humillarlo. Quería golpearlo hasta que sus puños dolieran y la sangre empapara la cama.

Su cuerpo obedeció su orden antes de que pudiera pensarlo por segunda vez. Un golpe directo en la mejilla, y luego otro del otro lado. Instantáneamente le continuo otro, directo en la nariz. La sangre empapo la blanca piel y una chispa de placer bajo por su espalda, haciéndolo jadear e incentivandolo a que diera otro golpe. Sus nudillos se enterraron en la roja boca, logrando partir el labio. En cada golpe, y mientras más sangre y más piel magullada veía más ansioso se sentía y con más ganas le golpeaba. Su acompañante al principio había opuesto resistencia, buscando liberarse, ahora simplemente intentaba cubrirse.

-¡Erik! Erik por favor... ¡ERIK!-hizo oído sordo a las suplicas, las pálidas manos intentaron sujetar sus muñecas y eso solo lograba enfurecerle más. Se salio de encima del cuerpo ajeno, se paro en la cama y sin duda ni piedad le pateo en las costillas, haciendo que rodara y cayera al piso. Un quejido resonó en el cuarto, junto con un sollozo-¡Erik, detente por favor, estas a...!-escucho las palabras pero no las proceso, no había lugar para eso en su cabeza. Se paro en el piso y volvió a pegar otra patada. La blanca y lampiña piel se amorotonaba a cada golpe, mientras el cuerpo sollozante se convulsionaba en el piso. Ver sangre le seco la boca de ansiedad, y volvió a tirarse encima del hombre, comenzando a ahorcarle. Iba a matarle, iba a disfrutarlo, iba a vengarse. Shaw era un maldito hijo de puta que se merecía morir de la peor forma posible-¡Erik!-el quejido fue casi sin aliento, un nuevo golpe le robo la respiración a su victima y el cuerpo debajo de él se relajo, ya sin oponer resistencia ni cubrirse. Laxo. El brazo que intentaba proteger el rostro cayo a un lado, y el magnético pudo ver su obra de arte: la pálida piel sucia de sangre, los labios rojos partidos, los ojos azu...

Ojos azules.

Tan rápido como vino la violencia, se fue. El pánico volvió a embriagarle, pero esta vez le heló la sangre. Su corazón se detuvo por un segundo. Con manos temblorosas limpio la sangre que ensuciaba la frente y las mejillas. La carne se había inflamado. Los ojos azules le miraban con algo de miedo.

-¿Charles?-el telepata tembló ante el reconocimiento, aunque aun parecía asustado. Erik seguía como congelado, sin creer lo que acaba de hacer. Las manos no dejaban de temblarle, la sangre parecía haberse ido de su cuerpo, se sentía como vació, incontundente-¡Dios!-se levanto para no seguir aplastandole y pudo contemplar mejor la escena: el pálido cuerpo magullado, la sangre manchando el piso, las sabanas, bañando sus manos. Sus manos. La sangre de Charles-¡Por dios! ¿Que carajos...?-las alarmas sonaban en su cabeza, de nuevo todo cobraba sentido: había estado acostado con Charles. ¿Por que lo confundió con Shaw? ¿Que carajos había pasado? ¿Qué carajos estaba pasando?

Dios, dios, dios... lo había golpeado, lo había lastimado, y mucho. Los ojos le ardieron, tuvo que contener la lágrimas y las ganas de golpearse a si mismo. Había herido a Charles. La culpa se instalo en su pecho, robandole un sollozo que fue insignificante en comparación al llanto y los quejidos contenidos del alfa.

-¡Lo siento, lo siento! Yo...

-Esta bien...-la voz comprensiva, tan comprensiva como siempre. Lo vio intentar levantarse, pero los brazos cedieron haciendo que cayera nuevamente al piso. El pequeño cuerpo del alfa aun temblaba, aun botaba sangre, aun sufría. Erik se precipito hacía a él y lo tomó en sus brazos. No le paso por alto la forma en la que el telepata tembló ante su agarre, seguramente de miedo. Dios, ¿cuantas veces le había pegado? Moretones y heridas nuevas se mezclaban con heridas más antiguas y con cicatrices ya del todo curadas.

Lo acomodo en la cama con tanto cuidado como pudo. La cama de su cuarto en la Mansión Xavier. Las sabanas blancas, suaves al tacto, sucias de sangre. No, no eran las primeras manchas de sangre. Allí había otras, de sangre seca. ¿Qué carajos estaba pasando? La información era demasiada como para procesarla entera, su cerebro se sentía pastoso, torpe, y era como si muchas cosas no encajaran. Shaw, la busqueda, la CIA, mutantes, la mansión, Cuba, Cuba, ¡la playa de Cuba!, La Hermandad, y luego... ¿y luego? CharlesCharlesCharlesCharlesCharles¡SHAW!.

-Erik, cálmate mi amor, esta todo bien...-la mano blanca, sucia de sangre, le acaricio la mejilla. Él no podía dejar de ver al telepata, con una mezcla de miedo, dolor y confusión. Le costaba respirar, su cuerpo había perdido las fuerzas por el shock que le causaron sus propios actos. Tomo la mano que acariciaba su mejilla entre las suyas y la apreto suavemente. Charles le sonrió apenas, se veía tan lastimado. No pudo evitar sollozar al saber que él había hecho eso, que había lastimado a su pareja, que había golpeado como un loco a Charles. ¿Es que se había vuelto loco?-Shh, calma tu mente. Pasa que él te hizo mucho daño, nos hizo mucho daño. No es tu culpa...-la mano se soltó de su agarre y fue hacía su cabeza, acariciando su cabello hacía atrás, peinándole y mimándole al mismo tiempo.

Recién ese momento noto que no tenía su casco. ¿Donde lo había dejado? ¿Hacía mucho que no lo tenía? ¿Alguna vez lo tuvo?

-Dijimos que no más casco-el telepata sonreía aunque las palabras fueron pronunciadas con brusquedad. Una brusquedad impropia del ingles. Erik parpadeo confundido y se aparto un poco. Era no era la voz de Charles, era la de...

-Muy bien mi omega, ya vas aprendiendo mejor quien te puede tocar y quien no...-una mano se enredo en el cabello de su nuca, tironeándolo con algo de fuerza. La voz le había helado el cuerpo, dejándolo estático mientras miraba fijamente los ojos tristes de Charles-. Para eso fuiste educado después de todo, para hacerme caso solo a mi-el cabello fue jalado con más fuerza, obligandole a tirar la cabeza hacía atrás. Sus ojos chocaron con los celestes de Shaw que brillaban sadicamente. Parada a su lado Emma Frost, tenía una sonrisa algo inquietante, y Erik reconoció la voz que había oído momentos antes como suya. Cuando sus ojos volvieron a Shaw su instinto grito dos cosas dispares, al mismo tiempo: someterse y atacar. Pero antes de poder hacer nada la mano lo jalo con más fuerza y sintió el repulsivo toque de los labios ajenos contra los suyos, ligero, pero asqueroso-Quédate quieto-no supo si fue la voz de su alfa, o si Emma había intervenido en algo, pero su cuerpo se negó a obedecerle. Le fulmino con la mirada, sumamente molesto, pero también asustado y confundido.

Shaw parecía leer su mente, por que se rió, como si supiera todo lo que sentía. Quizás tenía algo que ver con el vinculo que tenían en común. Charles había gruñido, entre dolido y molesto, Erik quería girarse a verlo, pero la mano del nazi aun sujetaba su cuello haciendo que lo tenga completamente extendido hacía atrás-Míralo-susurró contra sus labios, y al instante su cuerpo obedeció, moviéndose como si no fuera suyo, como una marioneta. Volvió a mirar al telepata, y al mismo tiempo fue empujado, cayendo a horcajadas sobre él. Charles se quejo, pero contradictoriamente las manos blancas sujetaron sus caderas, como para impedir que Erik pudiera retirarse.

El magnético deseo acariciarle, deseo calmarle, deseo tener la fuerza y su poder para protegerlos a ambos. Al parecer ni él ni Charles contaban con sus habilidades. ¿Qué carajos les había pasado? Su mente aun se negaba a pensar claramente, era como si tuviera partes de su propia cabeza que hubieran sido bloqueadas. ¿Que habían hecho con ellos?

-Ahora Erik, jugaremos un juego que ya conoces...-Shaw se removió a sus espaldas y sintió un nudo formarse en su pecho y el nerviosismo estallando en su estomago. Tenía miedo, por él y por Charles principalmente. Por unos segundos no se escucho nada más que la risa de Emma, suave y venenosa. Erik no entendió nada hasta que la mano del nazi cruzo sobre su pecho y dejo la moneda sobre el ombligo de Charles. El magnético se quedo sin respiración, sus ojos nerviosos volaron a los del telepata que los había cerrado y tenía el ceño fruncido en aflicción. No, no, no. No quería que eso pasara. No de nuevo. No podía fallar de nuevo.

Intento sentir la moneda, pero no podía. Era como si no fuera de metal, era como si no hubiera nada de metal en el cuarto... pero sabía que no era eso. Lo que pasaba era que él no podía sentir el metal. ¿Qué les habían hecho? Escucho el ruido de la pistola detrás de él y cerro fuerte los ojos, se mordió los labios, sintiéndose de nuevo como un niño... rogando desesperadamente que la moneda se moviera, que pasara algo, que alguien detuviera esa locura.

-Contare hasta tres, y moverás la moneda. Sino... bueno, ya conoces esa parte ¿verdad?-volvió a abrir los ojos, mirando fijamente la moneda, sus manos pudieron moverse y expandió los dedos, en esa pose que ya se había acostumbrado a hacer. Se repitió así mismo que buscara el punto entre la ira y la serenidad, pero no tenía caso, no sentía metal. Nada de metal. Charles entreabrió apenas los ojos, mirándole entre sus arqueadas pestañas. Parecía ya acostumbrado a este tipo de juegos, aunque el miedo era sumamente palpable.

-Uno-la voz le hizo erizar la piel, volvió a mirar la moneda intentando que se mueva. El corazón le latía como loco, y Charles seguía estático debajo suyo. ¿Emma los estaba controlando? ¿Era eso? Maldita mujer, nunca debió rescatarla.

-Calma Erik, tu puedes hacerlo-susurro la voz del ingles. Erik quiso gritar que no, que de nuevo no podría, que iba a fallar otra vez, que lo vería morir... y que no quería. No quería que la historia se repitiera, no quería ser el débil, no quería ser el culpable, no quería ser incapaz de protegerlos, no quería volver a estar en las manos de Shaw y definitivamente no quería perder de nuevo a Charles. No de nuevo.

-Dos-intento concentrarse en el arma, si no podía mover la moneda quiso detener las balas... ya lo había hecho antes. Pero era como si todo estuviera en blanco, como si nada en ese cuarto fuera de metal, o como si él ya no contara con sus poderes. ¿Se los habían quitado? ¿Habían hecho algo con ellos? ¿Donde estaban los de más? Pensar le hizo doler la cabeza y se contuvo de hacerlo, concentrándose de nuevo en su tarea. No podía distraerse, no ahora, necesitaba salvar a Charles, necesitaba hacerlo-Tres-el sonido del disparo retumbo en sus oídos, un estremecimiento surco su cuerpo y finalmente, finalmente, sintió el metal. Durante un momento todo fue en cámara lenta y volvió a respirar recién cuando la bala se quedo estática, a escasos centímetros de la frente de Charles. El telepata le miro asombrado, su respiración era arritmia y presurosa, obviamente había esperado sentir el impacto y el alivio era indisimulable en su rostro.

Compartieron una mirada intensa, de felicidad mezclada aun con el pánico. Erik cerro sus labios, concentrándose en respirar por la nariz y intento mover la bala, pero esta se resistió. Eso le hizo fruncir el ceño y sentirse nuevamente nervioso. La habitación pareció volver a existir, y noto la risa de felicidad de Shaw detrás suyo y el sonido de los tacones de Emma acercándose-¡Sehr Gut! (muy bien) Has aprendido Erik-la mano de Shaw acaricio sus hombros y volvió a tironear su cabello. Erik sintió nauseas pero su cuerpo aun no le respondía para apartarse. Shaw era su alfa, era obvio que sus instintos se sometieran a él-Pero, ahora pasemos a otra cosa, Emma, bitte (por favor)-el magnetico cerro los ojos al sentir la presencia invadiendo su cabeza, le robo un quejido por la forma brusca e invasora en la que entro. Nada que ver con como lo abordaba Charles.

Erik sintió un tirón extraño, sus manos cosquillaron, esa parte de su mente que controlaba el metal vibro y cuando noto por qué quiso resistirse pero no pudo. Abrió los ojos de golpe y el grito escapo de sus labios sin ser pensado-No, no ¡NOOOOO!-la bala se deslizo, presa de su propio poder. Charles le miro con sorpresa un segundo antes de gritar también, su cuerpo se retorció, Erik sintió como la carne se iba abriendo, como la bala desgarraba todo hasta perforar el corazón.

Finalmente pudo moverse, pero unos fuertes brazos le sujetaron obligando le a quedarse quieto y visualizar la imagen. Pero no hacía falta que mirara, él sentía la bala, el sentía le metal que estaba matando a su amante pulgada a pulgada. Sentía los latidos erráticos, enfermizos, el cuerpo convulsionando debajo suyo y luego... y luego nada. El azul más hermoso que hubiera visto en su vida acababa de apagarse de golpe. Una ultima mirada, y luego nada, nada. Charles había muerto, de nuevo fue incapaz de salvarlo, de nuevo lo había perdido, de nuevo él...-Nein, no, no, ¡NOOO!

-¡CHARLES!-Se sentó de golpe en la cama, tomando aire con fuerza, sintiendo la angustia aun danzando perturbadoramente en su cuerpo, el pánico retumbando en su cabeza, un nudo en el pecho impidiéndole tragar. El sabor salado llego a su boca y supo que estaba llorando, intento normalizar la respiración pero no podía. Sus manos se habían aferrado a las sabanas, y vagamente pudo notar que todo el metal estaba burbujeando como si estuviera hirviendo. Se dijo a si mismo que tenía que calmarse pero no podía. Miro sus manos erráticamente, como para comprobar que no había sangre, pero obviamente no había nada... él no estaba en la Mansión Xavier, él estaba en su habitación en el cuartel de La Hermandad.

Tiro su pecho hacía adelante y flexiono las piernas, hasta que pudo apoyar la frente contra sus rodillas. Sentir el frió metal del casco contra su piel le hizo aún más consciente de donde estaba. Respiro hondo, queriendo calmar los latidos erráticos, repitiéndose a si mismo que Shaw estaba muerto y que aunque él y Charles ya no fueran amigos, el telepata estaba sano y salvo en la mansión. Bueno, tan sano y tan salvo como se podía estar en un mundo lleno de enfermizos humanos que querían matarlos. Todo estaba bien, su alfa había muerto por sus propias manos y ahora él tenía paz. Bueno, no, como ya había dicho antes: la paz no era opción, pero ahora había cumplido su meta, y podía concentrarse en lo que seguía.

Era asombroso como la sed de venganza no parecía haberse disuelto, sino que había migrado, encontrando un nuevo receptor: la raza humana. Toda la ira que sintió alguna vez hacía Shaw ahora la tenía emprendida hacía su causa, y sabía que era así como debía ser, si quería garantizarse a si mismo que tarde o temprano los mutantes pudieran vivir tranquilos. Sabía que estaba haciendo lo correcto, el camino al existo, el camino de la liberación, era arduo y difícil, muchas veces era incomprendido. Él solo quería liberar a todos sus hermanos y hermanas. Eso no tenía nada de malo... Charles debió aceptarlo y estar con él.

Se mordió el labio ante el pensamiento y suspiro. Ya no tenía que pensar en Charles, el telepata había elegido su lado, y al parecer sus caminos no eran afines. Fue Charles quien decidió que no podían estar juntos, fue quien miro a Erik culpándolo de lo que paso. Él hubiera preferido seguir juntos, guiar a la nueva raza unidos. Fue Moira quien...

Sacudió la cabeza, pensando que no valía la pena. El metal dejo de burbujear, lo cual era un alivio. No quería que toda La Hermandad se enterara de sus pequeños problemas. Ya había hecho estallar la cañería una vez y había sido algo difícil inventar una excusa que no se escuchara patética. Por suerte nadie imaginaba sus problemas, o si lo hacían tenían suficiente respeto (y miedo) para no mencionar nada.

-Magneto, ¿otra vez?-la voz fue acompañada de un suave pero firme golpeteo contra su puerta. Bueno, casi todos tenían la decencia de no mencionarlo.

-Vete de aquí, Emma-gruño en respuesta, el repiqueteo de los tacones se escucho con insistencia. Erik rodó los ojos, la telepata era demasiado insistente, y a pesar de que él usaba todo el tiempo el casco, ella parecía conocerlo perfectamente, y saber lo que estaba pasando. Quizás por que él estaba algo descontrolado últimamente, y no estaba siendo muy sutil con su comportamiento, quizás era instinto femenino, quizás era...

-¡Abre la puerta de una maldita vez! ¡Derretiste mi cama, de nuevo! Quiero una cama de madera, y la quiero ya. Así que ábreme y déjame entrar, he sido muy comprensiva sugar, pero es la tercera vez esta semana. Quiero dormir, mueve tu lindo trasero y hazme un lugar...-la chica tenía esa habilidad de sonar enfadada y gritar sin perder ni una gota de su elegancia. Era admirable. Casi podía tener la imagen mental de ella, afuera, en el camisón perfectamente blanco y los tacones altos.

-Si no fuera por mi estarías durmiendo en un cuartucho de la CIA, así que no molestes. Largo-repitió nuevamente, aunque en el fondo agradecía la distracción, esa pequeña "pelea" le servía para terminar de relajarse y distraerse. A veces se preguntaba si Emma no lo hacía con esa intención. Aunque dudaba que la rubia fuera tan amable, quizás por que a pesar de su estrecha relación aun le tenía desconfianza ya que fue la amante de su alfa. No, no su alfa, de Shaw. Solo Shaw.

-Ya pasaron cinco meses, ¿que haz hecho por mi recientemente? Ademas tu me metiste ahi... ¡Sugar, tengo frió! Y de verdad la cama quedo desecha, se un buen hombre y ven a arre...-Erik se había levantado a mitad de discurso, sabiendo que si no hacía lo que la chica pedía seguiría molestando frente a su puerta un rato largo. Maldijo haberla rescatado, a veces era muy molesta. Aunque, actualmente, era la mutante con quien mejor se llevaba. Así que no debía quejarse tanto.

Cuando abrió la puerta la chica estaba enfrente suyo. Alzo una ceja al mirarla-Como para no tener frió-comento, mirando el ligero babydoll de seda blanca. La chica solo apreto los labios antes de sonreír escuetamente-Vamos a arreglar la cama-comento, caminando hacía la puerta que estaba al lado de su cuarto. Bueno, por eso tenía tantos accidentes con Emma, ella dormía justo al lado y era la más próxima para ser atacada por su poder.

-¡Eres un encanto!-comento la rubia, cínica, rodando los ojos. La chica camino segura hacía la puerta y le abrió para darle lugar, él entro sin dudar, algo acostumbrado esa rutina. Cuando le dio la espalda ella aumento la sonrisa-Ya que estas en eso, podrías quedarte a dormir conmigo, aun tengo frió. Seguro si me abrazas se me pasa-el Magnetico la miro de reojo, curioso, observando como la chica cerraba la puerta sonriendo de una manera un tanto peculiar.

**CHERIK**

Raven tembló, apretando el picaporte de la puerta. La maldita lo había hecho a proposito, ni bien noto que ella estaba mirando se le insinuó con descaro a Magneto. Y encima ese hombre idiota aceptaba el coqueteo sin oponer resistencia. Sentía pena por Charles, le había tocado esa maldita pareja que ya había encontrado un nuevo "acompañante". Esos dos vivían coqueteando, y le sacaba de quicio, lo peor era que Emma lo sabía y cada vez que la veía lo hacía mas evidente.

Esa maldita blondie tenía algo entre manos, estaba segura. Es decir, antes se acostaba con Shaw y ahora ¿se acostaba con Erik? Obviamente le molaba ligar con los lideres. Y todo el tiempo vistiendo tan provocativa, bueno, ella andaba desnuda... pero no era el punto. El punto era que Emma Frost era una maldita bastarda que iba a arruinar sus planes. No necesitaba más cosas complicando esa historia, suficiente era con su hermano, con Erik, con sus propios sentimientos, como para ademas agregarle una mujer engreída con aires de grandeza.

¿Realmente no había forma de que aquello fuera más simple?

Aun mirando la puerta cerrada se metió en su propio cuarto. Una parte de ella estaba dolida, no quería creer que Erik hubiera remplazado a Charles. Aunque luego se recordaba que ese tipo no era del todo Erik, era "Magneto". Es decir, ni siquiera actuaba normal con ella. Antes, en la mansión, habían estado mucho más cerca (¡incluso se habían besado!), pero ahora pasaba de ella, prefería esquivarla, le hablaba lo justo y lo necesario y siempre sobre temas de la causa. Lo único que escuchaba salir de sus labios eran palabras cargadas de odio. ¿Realmente quedaba algo del Erik que Charles había amado?

Y Charles... Charles era un tema aparte. Al menos ahora estaba un poco menos depresivo. No era como si fuera el mismo de siempre, aun parecía lloriquear ante cualquier recuerdo de su omega, pero parecía más dispuesto a enfrentarlo. Aunque... de a momentos Raven pensaba que su hermano estaba muy afectado por la separación, a veces se comportaba muy extraño, de a momentos parecía querer ir a buscar a Erik y de a momentos parecía querer borrarlo de su vida. Y ella no sabía que era mejor. ¿Y si le buscaba y veía en lo que ese había transformado y acababa peor? Quizás no era tan buena idea que se reencontraran.

A ella le costaba horrores ocultar de Charles el hecho de que Erik y Emma estaban juntos. Tenía que concentrarse demasiado, casi borrar esas imágenes de su cabeza, y esos dos no se la hacían fácil. No quería imaginar lo que podía pasar si su hermano llegaba a verlas, si llegaba enterarse, encima así, todo iba a complicarse. No quería ver como Charles seguía desmoronándose, ya lo había visto llorando varias veces, ebrio otras, enojado algunas... casi ni veía al hombre soñador y buen humorado que una vez fue. No iba a soportar que volviera a decaerse, no ahora que las cosas parecían ir mejorando un poco.

Quizás... quizás no era tan buena idea que volvieran a verse.

Raven abrazo la almohada, aun meditando al respecto. Tenía que ver que era lo mejor para todos y decidir en base a ello. Las cosas eran muy complicadas ya, no quería seguirlas empeorando.

**CHERIK**

Habían pasado cinco meses desde ese día donde estuvieron en la playa de Cuba. Cinco meses. No parecía tanto, pero lo era. Eran más de 150 días, más de 3600 horas. Era tiempo lejos de Erik, agonizantes momentos apartado de su pareja. Luego de ese día las cosas habían sido complicadas, él había estado en rehabilitación para recuperar por completo la movilidad de sus piernas. Ahora podía ponerse de pie y caminar algunos metros, de a poco iba mejorando. Se veía con Raven eventualmente, ella le mantenía informado sobre todo lo que pasaba. La chica se había sentido sumamente culpable al enterarse que lo había dejado en playa, con una herida importante, y con el riesgo de no recuperar la movilidad. Pero, a medida que el tratamiento avanzo la mutante se sintió más aliviada al ver como mejoraba. Sobre Erik sabía solamente lo que ella le contaba. Conocía que ahora formaba parte de sus filas Emma Frost, y que su hermandad estaba instalada entrenándose y planeando cual serían sus movimientos. Al parecer querían reclutar gente, aunque no iban teniendo demasiado éxito.

Raven mencionaba de vez en cuando que le notaba extraño, no era el mismo hombre que había conocido en la mansión. Parecía que su vida misma se basaba en la causa, en completar su misión, en su odio a la sociedad. Erik parecía de a poco transformarse en un monstruo que solo conocía de violencia y que se dejaba llevar por la misma. Charles realmente no sabía cómo el magnético lo hacía. ¿Cómo soportaba estar lejos de él? Bueno, quizás podía hacerlo porque nunca le había reconocido. Él, por su parte, sentía que cada día era una agonía. Su instinto no quería entender porque no estaban juntos, le reclamaba ir a buscarle. Él se mantenía fuerte, intentando tener su vida ordenada, pero de a momentos se sentía sumamente deprimido. ¿Por qué le había tocado una relación tan complicada? ¿Por qué su pareja no estaba con él? Las últimas imágenes que tenía de Erik eran horribles, lo recordaba besando a Shaw, alzando los misiles, hablando con odio. No sabía que era peor: recordar esas pocas noches de pasión que compartieron, y sentirse desolado y llorar amargamente, o recordar que el último día que lo vio realmente había parecido enloquecido por el odio, enloquecido por Shaw.

Y era allí cuando las dudas comenzaban a surgir ¿y que si tenía razón? ¿Qué tal si Shaw había sido su pareja? Charles lo había sentido en sus propias venas, estando frente a Shaw, Erik se sentía como un omega frente a su pareja. Y lo odiaba, el omega odiaba a Shaw pero no dejaba de reconocerlo. ¿Qué tal si él se confundió? ¿Qué tal si Erik no era suyo? O quizás si, pero también de Shaw… quizás su pareja era Erik, pero quizás él no era la del polaco. Realmente no sabia si eso podía pasar, ya nada era certero a su ver. Las cosas eran mas complicadas que simplemente encontrar a tu pareja y amarla hasta el final, ahora sabía que la vida no era tan simple.

Había intentado ser fuerte, los primeros días fueron los más difíciles, no dejaba de llorar, se sentía como un niño extraviado. Había sido patético, todo el tiempo diciendo su nombre, abrazando cualquier cosa que tuviera su aroma, queriendo solo hablar de él. Dudando, dudando si había sido una buena idea dejarlo marcharse. Cada célula de su cuerpo le gritaba que fuera a buscarlo. Si no fuera por que estaba en silla de ruedas sin dudas hubiera ido por él y le hubiera obligado a volver. Pero con la silla no había mucho que hacer. Los chicos tampoco ayudaban, Hank tenía sus propios problemas, Sean parecía deprimido, y Alex… Alex era Alex.

Cuando fue recuperando la movilidad, pensó en ir a buscarle, pero Raven le desanimaba, la chica en cada oportunidad alegaba que no era un buen momento ¿Cuándo lo sería exactamente? No quería esperar, era difícil hacerlo. Intentaba distraerse todo el tiempo, con su tratamiento y con la apertura de la escuela. Pensaba que tenía que mantenerse positivo, abriría la escuela y Erik estaría a su lado, pero había momentos en los que ser positivo no era posible, y solo quería abrazarse a si mismo y llorar amargamente hasta que Erik fuera a abrazarle. Si, era el alfa más patético del mundo... ¡pero era un alfa abandonado y se sentía completamente desolado!

Con el paso del tiempo veía esa tarde en Cuba con mas claridad, analizaba cada noche todo lo que había ocurrido ese día que se separaron. Últimamente no podía apartar de su cabeza la imagen de Erik enfrente de Shaw, la forma en la que el polaco se había sentido, la forma en la que había sentido su corazón latiendo con fuerza, sus entrañas revolverse, como cada parte de Erik quería obedecer a cualquier orden que el hombre le dijera. Había sentido eso, varias veces, en el preciso momento en el que el omega reconocía a su alfa. Eso era lo que mas le perturbaba, lo que mas le dolía ¿Por que Erik se sintió asi? ¿Acaso verdaderamente Shaw era su alfa? Esa era una de las ideas que no lo dejaban dormir a la noche. ¿Qué tal si él se equivoco Erik era el omega de Shaw? ¿Que tal si era él quien estaba de mas en la ecuación? Por que debía estarlo, era lo único que explicaba por que el hombre no volvía a sus brazos.

Esas ideas habían surgido en su cabeza, y desde que se las dijo a Hank, desde que las pronuncio en voz alta, todo era más complicado. Le costaba apartarlas de su mente, y cada vez que pensaba en ello no podía evitar que sus ojos se llenaran de lagrimas. Por que después de analizarlo mil veces, y una más por las dudas, a la única conclusión que había llegado era a que si Erik se había sentido así con Shaw era por que era suyo. Solo suyo. Erik era de Shaw. Y él estaba de más. Aquel hombre al que amaba con locura, del cual se había enamorado como un tonto, a quien sentía que le pertenecía, nunca se sentiría igual que él. Erik quizás ni le amaba, después de todo, lo abandono en una playa en Cuba. A veces pensaba qué sentido tenia seguir con todo eso, si no tenia a su omega ¿de qué valía? Luego pensaba que si Erik no era su omega alguien más debía serlo. ¿Pero donde estaba? ¿Y que paso con todo eso que sintió por el polaco? El realmente creyó reconocerlo. Él había estado seguro de que eran el uno del otro. Quizás solo fue un error... pero igual dolía, dolía como si su alma se quebrara en mil pedazos.

Era sumamente contradictorio, esas ganas de buscarle y la realidad de saber que, si era sincero consigo mismo, Erik no le pertenecía. Quizás debía dedicarse a buscar a su omega, a su verdadero omega, sin duda si lo encontraba se enamoraría aun más fuerte, se olvidaría completamente de ese falso enlace. Pero la simple idea de buscar otra pareja le revolvía el estomago. No se entendía así mismo, sentirlo suyo y a la vez no. Igual, aunque Erik no fuera su omega, lo había enamorado. Quizás era solo eso, el dolor del desamor. Quizás solo pensó que amo a Erik porque cuando lo conoció, tan bruscamente, y entro en el fondo de su mente, descubrió en él todo lo que quería en un omega. Erik era lo que siempre había deseado: un hombre guapo, fuerte, inteligente, capaz de ser independiente. Su mente debió verse enganchada por todo eso, por ver materializado sus mas íntimos anhelos en un hombre de carne y hueso, y por ende lo amo al instante. Debió ser eso.

¿Debía sentirse humillado o aliviado? Humillado de haberse confundido así, o aliviado de que encontraría a su omega. Y lo que le daba más miedo, ¿que tal si no se enamoraba de su omega? Erik nunca se enamoro de Shaw, y Shaw tampoco de Erik. Y de pronto, cada vez que salia a la calle notaba que había varias parejas que no se amaban. Que solo estaban juntas por que creían que debían estarlo. ¿Y si encontraba a su omega y no lo amaba y nunca se enamoraba de nadie más? ¿Y si su corazón le pertenecía para siempre al magnético?

Suspirando se removió en la cama. Si seguía pensando iba a volverse loco. Se levanto, despacio. Las piernas aun le temblaban de vez en cuando, les faltaba recuperar la fuerza. Pero con suerte pronto las tendría de vuelta. Miró de reojo las muletas al lado de su cama y decidió pasar de ellas, ya tenía que acostumbrarse a no usarlas. Camino hacía el baño, un poco más lento de lo que lo había hecho antaño. Al llegar apoyo sus manos en el lavado, se miro al espejo, noto las ojeras bajo sus orbes azules. De nuevo había descansado poco y mal. Pero ya se estaba acostumbrando a todo eso. Cualquiera diría que luego de cinco meses ya no estaría sufriendo, pero no, aquí estaba con el corazón roto por un hombre que quizás ni siquiera era su omega.

Sacudió la cabeza para no continuar pensando en aquello. Tenia que superarlo, pronto. Ya no podía seguir más tiempo así. Con suerte en unos meses más podría abrir la escuela, iba a ser profesor, director, y no podía seguir con todo aquello. Se metió en la ducha para distraerse, cuando salio ya era media mañana. Tuvo que usar las muletas para llegar a la cocina, bajar las escaleras con ellas era un infierno, ya había acabado varias veces en el piso, pero no quería que nadie le cargara. Quizás si debió permitir que Hank instalara la rampa, pero en su momento no lo dejo, confiado de que recuperaría las piernas. Y así fue, así que ahora no debía quejarse.

Cuando llego a la cocina, luego de un muy trabajoso labor, encontró a los chicos preparando el desayuno-¡Profesor! Debió llamarme así...

-Hank, por favor-le detuvo, levantando apenas una mano en señal de silencio, y acomodándose en una de las sillas enfrente de la mesa. Bajar las escaleras era lo más difícil, le quitaba bastante energía. Aunque también había hecho un trabajo prodigioso con sus brazos, que ahora estaban muchísimo más marcados. Descanso sus piernas, mientras tomaba el agua caliente y se preparaba un té.

Miró de reojo a los chicos. La casa era un poco difícil en esos momentos, Sean revolvía su desayuno sin comer nada, Alex lo miraba de reojo algo preocupado, y aunque Hank finalmente parecía de mejor humor aun pasaba horas encerrado en su cuarto para encontrar alguna manera de "curarse". Charles no podía evitar recordar cuando Raven y Erik estaban allí, bueno, el ultimo no era demasiado simpático, pero Raven solía alegrar las cosas. Aparte, él estaba más feliz con Erik, así que se sentía de mejor humor y podía ayudar a los jóvenes. Ahora simplemente no tenía ganas.

Desde que el omega se había marchado no... sacudió la cabeza. No quería pensar en eso, no ahora, no hoy que era uno de esos días que estaba lleno de dudas. Terminaron el desayuno en ese silencio deprimente que se había instaurado en ellos. Si no solucionaban eso pronto, su escuela sería un lugar digno para el suicidio, lo sabía pero no podía evitarlo. Se masajeo la cabeza, intentando alejar los pensamientos de los otros tres mutantes. Quizás era eso algo que lo afectaba bastante, que los otros tres estaban tristes y solo lograban deprimirlo más a él.

-Profesor, ¿tiene que ir a la rehabilitación hoy?-Charles levanto los ojos para mirar a Bestia. El chico realmente se esforzaba, debía aceptar eso. Estaba hundido en su propia depresión por su aspecto, pero buscaba como arreglarlo, y también era quien más quería ayudarlo. Era enternecedor. Hank era un buen hombre, lleno de dudas, pero era por que aun era joven. Solo había que verlo a él, ya adulto y lleno de inseguridades y miedos.

-Si, pero no te preocupes, puede acompañarme alguien más. Sigue probando con ese reloj, así lo terminas-comento. El joven científico llevaba todos esos meses probando alguna manera en la que pudiera salir luciendo "normal", el reloj era la forma que por ahora había resultado mejor, aunque era algo incomoda ya que no le daba su apariencia verdadera si no que disfrazaba todo el pelo como piel, dejándolo bastante más robusto de lo que debía ser. Sin mencionar que también tenía sus fallas; había sido realmente incomodo el día que dejo de funcionar en medio del consultorio y todos empezaron a gritar como locos. Por suerte Charles había podido capturar sus mentes antes de que se haga mayor alboroto.

Terminaron de desayunar en silencio, cada uno concentrado en sus propios asuntos. Ese día Alex se ofreció a llevarlo hasta el consultorio, ya que Sean había mencionado que tenía cosas que hacer. Charles había notado que esos dos estaban distanciados, pero respetando su privacidad prefirió no ahondar mucho en el asunto. Seguramente eran cosas de jóvenes y ya lo iban a superar.

El ingles ya estaba bastante acostumbrado a ir a rehabilitación, en la actualidad era mucho mejor ir que meses atrás. Ahora sentía las piernas, podía moverlas, podía pararse. Aun recordaba lo horrible que era el peso muerto debajo de su cintura, tocar la piel y no sentir nada, lastimarse incluso y no percibirlo. Había sido chocante, algo que le costo horrores asimilar, pero por suerte ahora todo estaba mejorando. Sabía que tenía que dar las gracias por eso, sabía que tenía que ser positivo y estar feliz. Unos centímetros más, un movimiento incorrecto, algún error medico... y su posibilidad de caminar hubiera sido nula.

Durante su cita hicieron ejercicios de movilidad, para volver a acostumbrar al musculo, ejercicios de fuerza, y de elongación. Eran casi dos horas, pero por suerte se pasaban sumamente rápido, y era menos agotador que cuando iba todos los días, ahora muchas cosas podía hacerlas solo.

Cuando salieron pasaron por una librería. Ciertamente ese tipo de actividad era un poco más interesante cuando Hank le acompañaba, Alex miraba todo un tanto aburrido, y luego parecía más interesado en coquetear con la vendedora. A pesar de que en la mansión la biblioteca estuviera repleta de libros, Charles era de esas personas que disfrutaba agregando cosas nuevas a su colección. Él era amante de los clásicos, pero siempre era bueno estar al día con los autores modernos.

Paseando por el sector de biología, buscando a ver si había algo interesante y reciente de la genética, un libro llamo su atención. "69. Estudios actuales de la dinámica. La naturaleza no es perfecta". Lo tomo y noto que no era demasiado extenso, viendo el dorso quedo más interesado aun. Quizás por que se sintió aludido al respecto. Eran estudios de 69 casos donde las uniones alfa/omega habían sido fallidas por diversas razones. Al leer aquello no pudo evitar recordar lo que le había dicho a Hank meses atrás. Sobre que él se había confundido con Erik, que empezaba a pensar que no eran pareja. Pasando saliva y sintiendo un nudo en el estomago camino casi sin sentir fuerzas hacía el mostrados.

Mientras compraba el libro, Alex fue a buscar las muletas ya que no le había pasado desapercibida la forma en la que las piernas del profesor temblaban. Ambos regresaron al auto, y aunque en esta ocasión el rubio intento mantener una conversación más animada, Charles aun seguía dando vueltas sobre su reciente adquisición. Quizás ese libro le ayudaba a despejar sus dudas, quizás le decía que hacer, o quizás terminaba de confirmarle que Erik no era su omega.

La simple idea lo hacía sentirse más nervioso, enfrentarse a esa posibilidad no le agradaba. Saber que no era su omega no hacía que lo amara menos, solo complicaba todo aun más.

**CHERIK**

Raven suspiro cuando el tirón en su vientre desapareció y volvió a sentir los pies sobre la tierra. Cuando abrió los ojos, noto los de Azazel demasiado cerca y no pudo evitar sentir algo de calor y dar un paso atrás. El demonio sonrió suavemente, pero no la retuvo. La chica se aparto y miro a su alrededor, y al instante frunció el ceño. Se sentía confundida y algo asustada. ¿Como fue que...?

-¿Que hacemos aquí?-miro con el ceño fruncido al mutante, y dispuesta a defenderse si era necesario. No quería imaginar como fue que Azazel decidió que debía traerla allí. ¿Acaso había sido tan obvia? ¿Alguien más sabía? ¿Erik sabía? Joder, todo eso la ponía muy nerviosa. Tenía miedo de haber arruinado todo su plan y no poder lograr su objetivo.

Azazel soltó una risa, antes de girarse a mirar curioso la Mansión. Estaban en la entrada del jardín, justo frente a las rejas. No había elegido ese lugar al azar, quería demostrar que sabía donde la chica venía, pero sin acercarse demasiado como para terminar siendo atacado-Es a donde venías, ¿verdad?-él la miro, no había maldad en sus ojos, ni tampoco duda. Estaba seguro de que ella venía allí, pero no parecía molesto ni sorprendido.

La chica paso saliva, se aseguro de mostrarse segura, como si no hubiera razón para ser cuestionada-Si, pero...

-No soy tonto, Raven-el nunca solía llamarla así, siempre era Mistique. Eso la hizo entrecerrar los ojos, aun sin fiarse del todo-. Siempre te estoy transportando, no se... siempre me resulto obvio que venías aquí, y quería dejar de jugar a las escondidas. Prefiero que me digas que te traiga aquí a que estés inventando excusas-de nuevo se había girado hacía a ella y ahora la miraba con diversión y algo de cariño en los ojos. La metamorfa aun se sorprendía de que alguien la mirara así, sobre todo cuando estaba en su forma natural. Aunque... Azazel era tan extraño como ella, tenían el mismo problema, eso la hacía sentirse bastante comprendida; y le deba la sensación de que la atracción que tenían era más genuina-. Es algo de ti, y lo acepto. Es tu familia. Es importante, y es parte importante de quien eres...-el chico volvió a mirar la mansión, ahora de una manera distinta. Ella no alcanzo a responder nada antes de escucharlo suspirar-Solo espero que en algún momento yo también sea una parte importante de ti.-eso la tomo por sorpresa, lo miro incrédula, sintiendo las mejillas arder, a pesar de que no podía sonrojarse. Azazel le sonrió, antes de dar un paso atrás y desaparecer.

Ella se quedo parada allí, en la entrada del jardin, con varias palabras atoradas en la garganta y un cosquilleo en el estomago. Sabía que ella y el demonio tenían química, pero aun no había tomado demasiadas cartas en el asunto, en esos meses se habían acercado, mucho, pero pensó que no eran más que... compañeros de causa con derecho a roce. Esas palabras insinuaban que Azazel esperaba que aquello fuera duradero. ¿O lo decía solo por decir? No había parecido así.

Con el corazón aun latiendo fuertemente, empezó a caminar hacía la mansión. Cuando entro se encontró primero que nada con Alex, que estaba tirado en el sofá mirando televisión. Los chicos ya se habían acostumbrado a que ella estuviera yendo y viniendo. El único que no parecía acostumbrarse era Hank, que aun se ocultaba de ella, pero en parte era mejor por que su historia había acabado... inconclusa, y ella no sabría que decirle. Suponía que la relación que tenían, que en realidad nunca fue oficial, ya había acabado. Igual, por momentos se sentía culpable de haberse buscado una nueva "pareja", pero bueno. Hank primero le había dicho sin vergüenzas que ella no era hermosa, luego había tenido ese problema con la inyección, luego se habían separado... y todas las veces que ella volvió nunca se molesto en enfrentarla. Todo eso era digno de entenderse como un final ¿verdad?

Alex le comento que el profesor estaba en la biblioteca, la metamorfa subió con tranquilidad la escalera. Mientras lo hacía tomo su forma "humana", rubia, con la piel clara y los labios sonrosados. Si bien no le agradaba andarse disfrazando, prefería hacer sentir lo más cómodo posible a su hermano; y él parecía sentirse mucho más familiarizado con esta imagen. O quizás era que las veces que vino con su piel azul, Charles siempre le pedía que se transformara en Erik al menos un momento, para abrazarlo, tocarlo, mirarlo. A la rubia aun le sorprendía la añoranza, el anhelo, la adoración en sus ojos.

Cuando entro en la biblioteca no pudo evitar abrir los ojos asombrada y reír ruidosamente-¡Charles!-llamo emocionada, el hombre se giro a mirarla, estaba de puntas de pie intentando llegar a un libro. Ni bien la vio sonrió encantado-¡Estas de pie! Sin muletas, dios, dios, esto es genial-emocionada camino hacía él, sin poder contenerse le abrazo, sin dejar de reírse. La ultima vez que lo había visto aun dependía demasiado de las muletas. Verlo de pie, completamente independiente era todo un logro.

-¡Raven, darling! Que bueno verte...-el le devolvió el abrazo, aunque al poco tiempo la aparto un poco, sonriendo cortés-Aunque este de pie, no puedo aguantar demasiado peso aun, no te me recargues-ella le soltó con una sonrisa, viendo como su hermano caminaba lentamente al sofá y se sentaba en este. La chica a pesar de todo seguía sumamente emocionada y no dudo en ir hacía a él y sentarse a su lado antes de volver a abrazarle.

-Entonces... ¿ya es definitivo? ¿Estas curado? ¿Podrás caminar sin problemas?-Charles la miro con cariño, la sonrisa se acentuó en sus labios, aunque él seguía tranquilo.

-Por suerte si, aunque aun queda un podo de rehabilitación para que el musculo tome fuerza, pero... ya casi esta todo listo-Raven aplaudió, sin borrar la sonrisa, y se volvió a encimar contra él, quien la rodeo con sus brazos. La rubia estaba en éxtasis, feliz de que su hermano estuviera en pie, de aparente buen humor, y sobrio.

Ella prefirió continuar la conversación por el rumbo de su recuperación, o hablar de los chicos; evitando sutilmente cualquier tema relacionado con La Hermandad o con Erik. No quería arriesgar su propia suerte y proyectarse sin proponerselo imágenes de Erik y Emma. Eso solo arruinaría el momento, y hacía demasiado tiempo, demasiado, que no veía a su hermano sonreír durante tanto tiempo seguido. Pero obviamente, ir a ver a Charles y pretender que no hable de Erik era imposible. Tras más de media hora hablando de trivialidades, debió esperarselo.

-Estaba pensando que ahora que estoy mejor, que estoy volviendo a ser el de siempre... podría ir a buscar a Erik. Ya ha pasado demasiado tiempo-comento el telepata como si nada. Raven bloqueo cualquier pensamiento de Erik con Emma, aunque le costo bastante. Su hermano la miraba atento, esperando algún tipo de respuesta. Ella solo bajo la mirada, sin saber que decirle.

-No creo que sea buena idea-admitió, sin atreverse a enfrentar los ojos azules.

-¿Por que no? Ya ha pasado demasiado tiempo, Raven. Creo que la separación nos esta afectando...-el telepata hizo una pausa y carraspeo-O al menos a mi. ¿Cómo esta él?

-Esta... concentrado en la causa-la chica apreto los labios antes de atreverse a mirarlo. Charles tenía la duda brillando en sus ojos y los labios apretados. Parecía que algo le perturbara y durante un momento la chica temió haber proyectado algo-. Solo dame algo más de tiempo, voy a traerlo de regreso, pero las cosas son difíciles ahora.

-Quizás sería más fácil si voy y le enfrento, quizás si nos vemos...

-Charles, no. No es buena idea. Termina de recuperarte, yo... yo me encargo de Erik-sonó tan segura como pudo, para dar el tema por sanjado. Fue imposible no notar la desilusión ajena, pero prefirió hacerse la tonta. Entendía por que Charles quería ir a buscarle, si estaba ordenando su vida era obvio que lo quisiera a su lado ahora. Aparte ya estaba mejor, quizás se sentía más confiado. Pero no era buena idea, ese nuevo Erik... Magneto, no estaba segura de que Charles quisiera verlo. No lo que era, no con Emma.

Escucho el suspiro de Charles y como su hermano apresuraba un sorbo de té. No le paso desapercibido como miraba de reojo un libro que había en la mesa. El telepata estaba raro, cuando hablaban de Erik parecía tener ansias de verle, pero al mismo tiempo parecía inseguro. Raven pensaba que al principio era por la falta de su movilidad, pero ahora empezaba a dudarlo.

¿En que carajos estaba pensando Charles?

**CHERIK**

El pelirrojo se acomodo el cabello nuevamente. Sentía el corazón latiendo como loco en el pecho. No podía creer que finalmente lo estaba haciendo. Había venido a buscarla. Esos meses había intentado superarla, olvidarla, concentrarse en otra cosa, pero el ambiente de la mansión era deprimente. No podía evitar recordar que era mucho mejor cuando ella estaba con ellos. ¿Y si la convencía de volver? Seguro todos se animaban, después de todo, tenerla al rededor era revitalizante, al menos para él.

Se bajo del autobús, el viaje había sido largo y no había tenido una linea directa. Pero al menos ya había llegado. Contemplo las instalaciones de la CIA con algo de nostalgia, parecía muchísimo tiempo de cuando estuvo allí por primera vez. Las cosas eran tan distintas ahora, en aquel momento Charles y Erik habían ido a buscarle juntos, con una misión en común, y ahora estaban separados. En aquel momento Angel era su compañera, Darwin estaba vivo, Hank era humano. Joder, parecían haber pasado años, décadas incluso, no solo unos cuantos meses.

Miro su reloj de reojo. Si no se equivocaba ella debía salir pronto. Esperaba no equivocarse, es decir, la vez anterior eran circunstancias extraordinarias, se suponía que ahora todo era "normal", solo deseaba que ella estuviera aun trabajando allí.

No pudo evitar la sonrisa cuando la vio salir, charlando con su compañero. Estaba tan formalmente vestida como siempre, el cabello perfectamente lacio, la pequeña sonrisa. Respiro hondo, y se animo a cruzar la calle. Justo en ese momento ella alzo los ojos y la sorpresa fue indisimulable, las castañas cejas se alzaron y ella abrio más grande los ojos.

-¿Sean?-la voz era una mezcla de incredulidad, sorpresa y alegría. El termino de cruzar la calle y sonrió un poco nervioso, se revolvió el pelo antes de meterse las manos a los bolsillos del jean.

-Hola Moira-respondió, tan confiado como podía.

sadsadsad y bueno, ¿qué tal? Yo como siempre nerviosa por que es algo nuevo, aunque no tanto.

Espero que no se les haya hecho muy extenso o les haya parecido que pasaban demasiadas cosas en un solo capitulo. Dude mucho con la cantidad de contenido... pero quería dar ideas generales de como estaba todo.

He estado dudando tambien con esta historia, por que releyendo la anterior me dejo la sensación de que quizas los he hecho demasiado OCC a los personas, eso creo que tambien me tiene bloqueada. ¿Ustedes que opinan?

En fin, espero que les haya gustado. Hasta pronto (espero), besos.