Disclaimer: Digimon no me pertenece.

¡Feliz cumpleaños! Ya lo dije unas mil veces hoy pero no importa.

Perdóname por enamorarme de ti…

Al escuchar el eco de tus pasos.

Hundió el rostro en la almohada al tiempo en que los sonidos de la noche elevaban su canto. Cada vez que los grillos cantaban sentía que se hundía más en un enorme laberinto formado por sus propios sentimientos. Eso, un laberinto se formaba en su corazón con la misma rapidez que los latidos de su corazón le hacían cimbrar el cuerpo.

Sentía aún el roce de aquellas manos sobre las suyas, era una calidez extraña, le picaba las manos, aunque no de una forma molesta, y no podía hacer nada para disminuir la sensación. Pero lo que más le frustraba, confundía y elevaba, era el olor, casi tangible, que volaba a su alrededor. Seguía sin saber si le pertenecía al ramo de flores sobre su mesa o…, a él.

En este mundo, tan superficial y podrido, es demasiado fácil enamorarse, basta con un par de palabras y todo queda arreglado. El amor se ha vuelto un juego, ya no es sentimiento sino acción, ¿quién puede actuar más veloz? ¿Quién puede capturar más corazones en una noche? Ese, precisamente, era uno de los miedos más hondos que calaban muy dentro de Hikari.

De antemano sabía que el enamorarse de Daisuke no era malo, nunca ha sido un pecado para nadie, lo que le aterraba era el hecho de ser como todos los demás. El juego del amor es peligroso cuando no hay sentimientos de por medio. Hikari veía como el amor se deshacía en el mundo, ella temía deshacerse también.

Pronto, el sueño llego a ella a modo de consuelo.

٭٭٭

—¿A dónde iremos hoy?

—A reservar la iglesia, hacer el pedido completo de las flores y elegir el sabor del pastel. Eso me dijo Miyako ayer que hablamos.

—Presiento que no somos buenos organizadores de bodas —esbozó su habitual sonrisa socarrona.

—Igual yo —le devolvió la sonrisa—. Pero si Ken hubiera estado aquí conmigo entonces sería todo más desastroso, estoy segura de que él no habría estado a gusto sin Miyako.

—¿Entonces te alegras de que este contigo?

—Qué preguntas haces, Daisuke, claro que estoy feliz de que estés aquí. —No pudo evitar azorarse.

—Hikari… Lo siento, por lo que paso ayer. Te juro que no sé cómo se me enredo el mugroso listón ese, lo siento.

La forma en que combinaba esa voz dulce con aquellas palabras, logro conmoverla aunque fuera un poco.

—Descuida, fue un accidente, como el día en que te hice caer en un partido, ¿recuerdas? Arroje mi broche contra un jugador del equipo contrario y te di a ti en el ojo.

—¡Lo recuerdo! —Soltó una risotada—. ¿Por qué lo hiciste? Eso no lo recuerdo.

—Estaba furiosa —poso las manos en la cadera—. Ese chico, minutos antes, te había cometido una falta y estaba a punto de hacerlo de nuevo.

—Ya veo. Nunca me lo contaste.

—No lo creí necesario. Creo que tú me lo enseñaste —Daisuke la miró fijamente—, cuando se burlaban de Miyako, en esos días que usaba frenos, y la defendías junto a un tímido Ken, era algo que no le decían. Eso hacen los amigos, supongo. Cuidarse.

—No era la única a la que trataba de proteger —dijo quedamente.

—¿Qué?

—Nada, ya llegamos.

Se adentraron a la pastelería. Los primeros diez minutos evitaban la mirada del otro, sólo tuvo que pasar un tiempo para que todo entre ellos volviera a la normalidad. Nunca les costaba iniciar una conversación amena.

—No tengo idea qué quiera Ken, hasta ahora he pensado únicamente en Miyako, tú que dices, Daisuke, ¿chocolate o vainilla? —Ladeó la cabeza.

—A él le gustan ambos sabores, una vez me lo dijo. No sabe decidirse entre uno y otro. ¿Sabes? —Captó la atención de la chica—, detesto cuando haces ese gesto tan tierno.

Dicho eso dio media vuelta simulando estar centrado en los pasteles que se exhibían allí.

Hikari sintió punzadas en las piernas, de nuevo comenzaban a fallarle.

—E-entonces será de ambos sabores.

—Hey, Hikari, hay algo que me he preguntado —frunció el ceño—, en las tareas que debes cumplir en lugar de Miyako, ¿incluye escoger el vestido y el anillo?

—No… No lo creo —dijo pensándolo mejor—. Jamás lo aclaramos, pero además de imposible sería absurdo…

Un celular comenzó a sonar, eso siempre es símbolo de un mal augurio.

—Miyako, qué gracioso que llames justo ahora, estábamos hablando de ti.

—No cuento con mucho tiempo, Hikari, sólo quería preguntar si ya has visto algunos anillos y vestidos, no me puedo casar sin un hermoso y elegante vestido blanco —exclamó apresuradamente.

—¡¿Pero qué?!

—No te sorprendas tanto, creí que lo habíamos hablado —dijo con indiferencia.

—¡Estas demente! Yo no puedo hacerlo, acepte organizar todo lo referente a la boda pero, pero ¡No eso! Miyako, ni siquiera somos de la misma talla.

—Ignoraré el último comentario, Hikari. No tiene nada de malo, conoces mis gustos, compra algo que yo usaría. Nuestra talla no es la misma, pero tampoco es mucha diferencia, regresaré un mes antes, es tiempo suficiente para hacerle arreglos al vestido.

—No entiendo cómo es qué acepte este acuerdo contigo, debí leer las letras pequeñas. Me volverás loca.

Daisuke se preocupó al ver el rostro de aflicción en Hikari.

—Eres la persona más ordenada y serena que conozco, una boda no te puede vencer así de fácil —farfulló orgullosa.

—Haré lo que pueda respecto al vestido.

—¡Genial! Ya me tengo que ir, ¡Miyako fuera!

—Hikari, de repente te ves muy cansada —la tomo por los hombros—, mejor continuamos mañana, ve a descansar a casa.

—Estoy bien. En cuanto más rápido tengamos listo todo, mejor. En especial con lo último que me pidió. Vamos a… —se sonrojó—. Acompáñame a un lugar.

El chico se limitó a seguirle el paso en silencio pues su amiga se notaba visiblemente en medio de un dilema.

Cuando Hikari se detuvo, girando levemente la cabeza para observarlo por encima del hombro, él lo hizo también.

—Puedo hacer esto sola —dibujo una sonrisa falsa.

—Ken me mataría, así que no.

—El caso es que dudo mucho que te agrade nuestra siguiente parada.

—¿Cuál es? —Alzó una ceja mientras tragaba saliva sonoramente.

—Una joyería —viró completamente hacía él para encararlo—. Vamos a comprar los anillos.

—No hay problema —suspiró—, pero si el día de la ceremonia no les entran los anillos será su culpa. En serio que son una pareja muy atolondrada.

—¿Estás seguro? Si alguien nos ve se levantarán rumores.

—Hikari, lo que estamos haciendo no es algo normal, seguro ya levantamos la curiosidad de más de una persona. Vámonos ya.

No se dio cuenta de que hacía, actuó por instinto quizá. Dio zancadas grandes hasta ella y la tomo de la mano, guiándola entre las calles. Pensó que de esa forma le daría seguridad.

Hikari se pegó más a él hasta ocultar su rostro de nuevo, como lo había hecho la noche anterior sobre su almohada. Supo a quién le pertenecía el cálido aroma que no la dejaba dormir.

٭٭٭

Aquella joyería era enorme. Estaba llena de parejas por todas partes, parecían una especie de plaga. Se tomaban de las manos, se sonreían, se besaban. Definitivamente el amor del mundo se estaba deshaciendo si un anillo ponía a una pareja al borde de la alegría infinita.

—Este lugar es horrible —espetó Daisuke.

—Lo sé, se siente un ambiente extraño.

Caminaron con toda la naturalidad posible, esquivando a las personas que se interponían en su camino

—Todos los anillos se ven iguales.

Daisuke carraspeaba. Realmente estaba confundido.

—Este es muy bonito —señaló uno, algo en el brillo que desprendía le hizo admirarlo—, se ve simple, pero es muy centelleante, creo que así es como veo a Miyako y a Ken.

—¿Desean que se los muestre? —Dieron un respingo cuando esa voz apareció de improvisto. Se dieron cuenta que era una empleada de la joyería.

—Ah, sí, muchas gracias —respondieron con torpeza.

Dejaron los anillos frente a ellos, dejándolos solos pues la joven tuvo que retirarse para atender a otros clientes.

—Se ven bien —Daisuke seguía viéndolos igual.

—No entiendo lo de las medidas, tendremos que preguntar.

—Simplemente póntelo —sostuvo con firmeza su delicada mano, y lentamente colocó el anillo en su dedo.

Hikari no se dio cuenta del momento en que una lágrima estuvo a punto de salirse de su lugar, mucho menos del instante en que Daisuke sonrió con amargura.

—Definitivamente es como si nosotros fuéramos a casarnos —dijo fuera de sí, viendo con más anhelo del que deseaba el objeto brillante entre sus dedos.

—Pero no es así.

Las palabras agridulces descolocaron a Hikari. Daisuke apretó con más fuerza la mano que sostenía.

—¡Yamato! No pongas esa cara.

—No he puesto ninguna cara, Sora.

Los gritos que llenaron el lugar interrumpieron su momento. A lo lejos se veía discutiendo a una pareja, un chico rubio y una pelirroja.

—Claro que lo hiciste, te vi.

—Es porque tengo hambre, te lo dije desde hace unas horas.

—Pero si acabamos de comer…

—Daisuke —susurró—, ¿los recuerdas? Son amigos de mi hermano.

—Ah, son ellos, se me hacían conocidos, vamos a saludar.

—Espera —lo detuvo halándolo un poco a ella—, no hay que importunar.

—No lo haremos, ven.

Caminaron hasta ellos.

—¡Hola! —gritó Daisuke rebosante de alegría.

—¿Quién eres? —El chico no parecía muy contento al devolver el saludo, pero su rostro se ablando al ver a la pequeña Yagami de la mano del sonriente castaño—. ¿Hikari?

—Hola, Yamato-kun. —Hizo una graciosa reverencia.

—¿Dijiste Hikari? —Se asomó curiosa una cabellera rojiza—. Hola, hace mucho tiempo que no te veíamos, ¿cómo ha estado Taichi? ¡Oh! Veo que te vas a casar, ¡felicidades!

—No, no, no, te equivocas, Sora-san, yo no me casaré.

—¿Ah, no? Qué lástima.

—Deja de incomodarlos, Sora —interrumpió Yamato.

—No lo hago. Bueno, lo siento, tenemos que irnos, ha sido un placer verte, Hikari, has crecido mucho desde que te vi.

Se despidieron, y tanto Hikari como Daisuke los siguieron con la mirada. La forma en que Yamato pasaba el brazo por detrás de esa cintura los maravillo. Ella acomodo su cabeza en aquel hombro y así se quedaron hasta que salieron, y entonces ocurrió lo inesperado; un beso. En realidad no era algo inesperado, pero sí para los atentos obervadores que se crisparon al ver la escena.

—Yo también tengo hambre —Hikari se soltó despacio de la mano de Daisuke—, vamos por algo de comer.

En las bodas, el amor siempre se contagia. Nadie se los advirtió a estas dos personas.

Estaban saliendo de la tienda justo cuando una persona se paralizo en la entrada, apartando con algo de brusquedad a Hikari.

—Motomiya, no recuerdo que hayas pedido permiso ni a mí ni a mi padre para casarte con mi hermana.

Taichi Yagami hizo su aparición.

—Taichi —disimuló una risa—, vaya, tu cabello esta corto, te ves distinto, te da un aura muy madura —trató de adularlo.

—No juegues conmigo, Motomiya, el hecho de que seas amigo de la familia no disminuye el crimen que cometiste.

—¿Crimen?

—Hermano, tranquilízate —intervino Hikari con cautela.

—Cómo quieres que no exagere si te vas a casar y no me dijiste nada —y antes de que alguien pudiera defenderse, agrego—: y no lo niegues, ayer te vi tomada de la mano con él, y hoy me los encuentro saliendo de una joyería.

Llegados a este punto, Hikari sentía que no podía lidiar con un malentendido más.

—No me voy a casar —gritó sin contenerse y la bomba estalló.

Daisuke explico todo, Taichi por su parte hizo lo mismo explicando lo que su linda novia le había contado sin conocer los detalles.

—Hermano, no crees que le debes una disculpa a alguien.

—Es cierto —su mirada se tornó triste—, ayer no comí lo que Mimi me preparo, debo volver en seguida. Motomiya —dijo antes de irse—, más te vale que cuando te cases con mi hermana hagas las cosas bien.

Hikari no se molestó en responder, resopló mientras rezaba que los meses restantes fueran tranquilos.

٭٭٭

La boda, faltaba poco para la boda. Sólo restaba arreglar los últimos detalles, esperar la llegada de la novia y todo quedaría perfecto. A excepción de un pequeño, pequeñísimo detalle; el vestido. Hikari se puso manos a la obra, y a escasa una semana para el día en que se había fijado el evento, corrió a comprarlo acompañada de Mimi, Daisuke le había hablado dos días antes para decirle que le sería imposible acompañarla.

A ella le seguía pareciendo ridículo, aunque no lo diría con esas palabras, que incluso tuviera que escoger el vestido de su amiga.

—¿Cómo se ve?

—Te ves preciosa —Mimi contuvo las lágrimas.

Hikari dio media vuelta en dirección al espejo y se observó. Por un momento no supo quién era la chica frente a ella, con ese vestido blanco que ocultaba hasta sus pies y un velo que cubría su rostro. Se sorprendió a sí misma al descubrirse deseando que Daisuke estuviera ahí para verla.


La noche cayó sobre la ciudad. El cielo estaba despejado y por eso la oscuridad se percibía inmensa. Mimi se encaminó directo a casa, Hikari decidió caminar un poco más para darse un respiro de todo el ajetreo en el que se vio inmersa casi un año completo. Llego hasta un parque. Las risas de los niños se escuchaban con los susurros del viento.

Se sentó en los columpios rechinantes. Las estrellas prendían y pagaban. Escucho pasos que se acercaban sigilosos, por alguna razón no se sorprendió al verlo, en su interior, esperaba que hiciera su aparición en la historia.

—Hola.

—Hola —respondió amablemente, bajando la mirada, seguramente avergonzado.

—Miyako regresa mañana. —Le indicó con gentileza que se sentara a su lado.

—Sí, es un alivio.

—¿Estás nervioso?

—Todos los días lo estoy.

El silencio se prolongó tanto que el canto de los grillos tuvo que intervenir.

—Espero que Miyako no te haya vuelto loca con sus peticiones —dijo al fin, mirando al horizonte. Ella negó con la cabeza—. Puede ser muy extrovertida en algunas ocasiones.

—Así es su corazón, pero a decir verdad, a veces me cuestiono si el mundo la volvió loca o ella volvió loco al mundo

—No lo había pensado de esa forma. —Sonrió unos segundos para después ponerse serio—. ¿Cómo te fue con Daisuke?

—… Supongo que bien.

—Hikari, quizás no seamos tan unidos como lo eres con Miyako o yo con Daisuke, pero te considero mi amiga, y por esa razón sé que algo no va bien contigo, y tiene que ver con alguien que ambos conocemos.

Era el mayor número de palabras que Hikari había escuchado salir de Ken, así que, una tras otra, las fue guardando en su interior para procesarlas.

—Es que no sé lo que siento o debo sentir por él. Le quiero demasiado, pero no sé hasta qué punto este sentimiento se acerca a lo que es el amor. —Su voz sonaba cansada.

—Escucha, es mi mejor amigo, merece ser feliz y estoy seguro que tú podrías hacerlo. Definitivamente lo suyo no habría funcionado cuando éramos más jóvenes, pero ahora es distinto. Él está listo para amarte. Creo que tú también.

Las cadenas que sostenían el columpio sonaron como campanitas. Hikari dio un respingo involuntario sobre su lugar. De súbito vio todo con la misma claridad con la que veía las lejanas estrellas.

٭٭٭

—Hikari, ¿por qué viniste a casa tan temprano? Acabo de llegar de viaje, quiero dormir.

—Necesito hablar contigo.

Nadie se puede negar a una mirada similar.

—De qué se trata, ¿amor? —Abrió los ojos con sorpresa—. Por Dios, sí es eso, es Daisuke, ¿verdad? Le advertí que no te hiciera nada.

—Es Daisuke.

Se aventó a la cama en la que estaba Miyako.

—¿Sabes? Creo que una persona como ese escritor que te gusta tanto va más contigo que el idiota de Daisuke, ¿cómo se llama?

—Takaishi, Miyako, Takaishi Takeru, te lo he dicho muchas veces. —Soltó una risita inocente.

—Bueno, bueno. Si lo conocieras estoy segura de que se enamoraría perdidamente de ti.

—Tal vez —acomodó su flequillo ocultando el rubor de sus mejillas—, pero él está casado, tiene un hijo y es feliz.

—¿Cómo sabes que es feliz?

—Es lo que siempre pienso cuando leo sus libros. A pesar de que sus personajes ocultan muchas emociones, más que nada tristeza; es cómo si poco a poco te introdujera a la salida después de viajar por un túnel oscurísimo.

—Creo que debes conocerlo —insistió.

—Es imposible.

—Así que, estas enamorada de él.

—¿Es raro?

—Un poco. No creí que lo hicieras. —Se acomodó los anteojos—. Sin embargo me hace muy feliz.

—Necesitaba tu bendición.

Estiró los brazos sintiendo que un peso se había esfumado de sus hombros.

٭٭٭

Las campanas de la iglesia sonaban entusiasmadas. El sol resplandecía iluminando el día y los pájaros que se detenían en los árboles cercanos trinaban afinando sus cantos con suavidad.

Todos adentro eran un caos. Andaban de un lado a otro, pronunciando palabras irreproducibles y alterándose por cualquier detalle. Daisuke no soporto aquello u como pudo salió del gentío que lo rodeaba. Deambulo hasta llegar al jardín trasero.

Volvió a sentirse como estudiante de secundaria, cuando perdia un partido y se ocultaba en el patio de la escuela donde nadie iba y Hikari siempre lo encontraba. Luego llegaba Ken que también lo buscaba, y más tarde, completamente molesta, Miyako hacía su aparición.

Lo que menos quería era volver adentro. Cambio de idea en cuanto escuchó unos pasos dulces que se acercaban.

—Ken te busca.

—Ahora voy, salí porque hace mucho calor allá.

Hikari acomodó se acomodó el vestido y como pudo se quedó a un lado del chico.

—¿Has pensado que el amor actúa de formas extrañas?

—Lo sé.

—Estás molesto, te ponías así cuando pedías un partido importante.

—Cómo no quieres que lo esté —apretó los dientes—, no entiendo lo que sientes, no sé lo que siento. Todo es confuso.

—Estoy igual.

—Siempre he esperado vivir en el corazón de alguien —dejo de hablar—. Y tengo la esperanza de que ese sea tu corazón. Te aseguro, Hikari, que lo que siento ahora es muy diferente a lo que sentía antes. Pero estoy realmente confundido.

—Sé lo que sientes —dijo con firmeza—. Puede ser que esta confusión se deba a que esto que llevamos con nosotros no aterriza aún, pero podemos hacerlo juntos, ¿no te parece?

Hikari se hundió por primera vez en esos peculiares ojos cortándole la respiración. Daisuke estiró la mano para tocar su mejilla y acercarla a él con lentitud. El primero beso no concluyo debido al sonido de las campanas. Se separaron velozmente, alistándose para regresar, tomados de la mano.

Daisuke jamás olvidaría el eco de esos pasos que siempre retumbarían en su corazón.

Antes de entrar, el castaño le otorgo un beso fugaz a Hikari en la frente, acompañándolo con unas simples palabras que encerraban, posiblemente, todos sus inicios.

—Perdóname por enamorarme de ti.

—Perdóname por no haberlo hecho antes —respondió con una cándida sonrisa.

Puede que el verdadero amor, ese que te hace latir el pecho hasta desfallecer, comenzará con el primer beso, el segundo o quizá el tercero. Incluso tal vez surgiera con el primer roce de sus manos. Pero eso, era algo que ella estaba dispuesta a descubrir. El tiempo lo diría, la vida lo decidiría.

Su amor no era de esos que traspasan mundos, no estaban ni cerca. Pero el tiempo que estuvieran juntos lo harían tan indispensable para el otro, que quedarían satisfechos en lo que compartieran de vida.

Los sentimientos son algo que no se puede controlar, un momento están ahí y al otro no. Desaparecen y aparecen como un parpadeo. Por eso es que los amores fugaces son bellos siempre y cuando sepas apreciar la luz que desprende de ellos.


Esto no es nada romántico, lo siento, lo siento, mil veces lo siento por arruinarte al Daikari.

¡Hoy es el día! ¡Feliz cumpleaños!

Gracias por ser mi amiga y confidente en la distancia, te lo agradezco infinitamente. Y discúlpame por este regalo tan flojo, el Daikari no va conmigo, tú lo haces genial pero yo no... Ojalá se acumulen muchos regalos míos en tu archivo cumpleañero XD Aunque probablemente esta sea la primera y única vez que escriba un Daikari, para la próxima te escribo un Kenyako, ¡o un Miyakari si quieres! Era broma. Soy terrible para escribir cosas largas, arg. Bueno, espero que te haya gustado :3

Gracias a todos por leer, ¡bye!

P.D: Disculpen si hay más errores de la cuenta, no he revisado el archivo.