—¡Eso vino después! Y también te odio y te odié mucho entonces porque tu tenías toda la vida cómoda, ¡la gente que te quería y no tenías un hueco!

—¿Deduzco que aún no me has perdonado?

—Si no te hubiera perdonado... —Suiza arruga la nariz.

—Was? —sonríe. Suiza entrecierra los ojos y le mira de reojito.

—No creas que... No... ¡No sonrías así!

—¿No crea que no... qué? —sonríe más.

—¡No sonriaaaaas! Y no te creas tanto —se sonroja cruzándose de brazos.

—¿Y por qué no iba a hacerlo? —pregunta levantando una mano en uno de esos movimientos pomposos y el rubio le fulmina de reojo hacia la mano.

—Porque no es que me haya olvidado.

Austria hace oootro gesto en un garigoleo añadido más.

—Y así puede que me arrepienta —vueeeeelve a arrugar la nariz, crispaaaaaándose.

—¿Este refinamiento es el que hace que te arrepientas? —puede que hasta de una vuelta sobre sí mismo.

—Totalmente, de perdonarte y casarme contigo —vacila intentando detenerle y consiguiendo medio ponerle una mano en el culo en el intento. Austria levanta las cejas y le mira con cara de circunstancias para evidenciarlo y Suiza levanta las dos manos—. ¡Perdón! Aun así, es tu culpa por pomposo.

—A saber qué piensas cuando hago esa clase de cosas —Austria se ríe un poco.

—Que eres un idiota y... Que debí quedarme en la montaña.

—Que digno pensamiento de un...

—¡Ni se te ocurra!

Austria se ríe y el rubio da un pasito hacia él, vacila un poco y le toma la mano. El moreno se la aprieta un poco y Suiza suelta el aire y se relaja un poco haciéndole un cariño con el pulgar.

—Y... ¿Por qué no querías que te olvidara?

—Era... parte de mi naturaleza cruel —no le mira igual. Suiza protesta con un gruñidillo.

—No que no quisieras que te olvidara por alguna otra razón...

—¿Cómo cuál?

Se sonroja un poquito.

—¿Que... Querías... Esto? —otro cariñito suave.

—Ah, no, no. Nunca pensé que esto fuera posible —y eso sí es verdad. El de ojos verdes inclina la cabeza.

—¿Por?

—Porque no creí NUNCA que fueras a aceptar.

Suiza se revuelve y deja de tomarle la mano, aunque no lo sacude, mientras se sonroooojaaaaa.

—Ah... E-Eso —desvía la mirada—, n-no... Yo... ¡No es que quisiera e-esto!

—¿Y q-q-qué es lo que querías? —le imita la vacilación, burlón. Ahora Suiza sí que sacude la mano para soltarse.

—Darte un coscorrón... ¡Te dije que sí solo porque lo pediste!

—Tus razones no importan —se encoge de hombros.

—Sí que importan, no te dije que no porque era... ¡Feo! ¡Eso es! ¡Vergonzoso para ti! —y por eso AUN tienes pastel congelado y un video del baile en tu teléfono con un montón de fotos y sonríes cada vez que miras la foto del atardecer contra el Matterhorn en tu fondo de pantalla.

—Cuanto trabajo solo por no avergonzarme, se nota que te preocupas.

—¡Sí que me preocupo, no como tú! Deberías aprender.

—¿A preocuparme por ti amorosamente?

—¡Exactamente!

—¿Crees que no lo hago? —pregunta con una sonrisa un poco diferente.

—No, no precisamente —asegura sinceramente y luego vacila y se sonroja volviendo a ponerse en guardia.

Austria sonríe con eso volviendo también a la postura burlona y Suiza frunce el ceño un poco jum!, nerviosito.

—No es que yo quiera tampoco.

—Primero eres tú el que se preocupa por mí amorosamente, luego me reclamas que quieres que lo haga... y todo diciendo cuanto me odias.

—Y tú no haces nada —el suizo se revuelve.

—Yo solo soy la pobre victima que vive a tu alrededor. ¿Has pensado en cuanto me maltratas?

—¡¿Yo?! ¿Maltratarte cómo? —el escándalo.

—Todo el tiempo dices cuanto me odias... no creerás que eso es dulce y bonito.

—¡No te pasa nada con eso, tu no me crees!

—Y aun así, es solo la forma de defenderme de tus maltratos. Tal vez debería empezar a creerlo.

—No es maltrato es... Österreich! Eso... Sabes... Es... —se detiene y entrecierra los ojos—, aún así me casé contigo y sabes...

—¡Para no avergonzarme! —hace drama.

—¡No es verdad! —es que caaaaae redoooondo sonrojándose—. Sabes que no es así.

—¿Ah, nein? ¿Y qué es?

—¡Pues no me hubiera casado contigo solo por eso! Sabes que si te... Que yo... Que...

—Was? —hasta le mira llorosito como cuando era pequeño, todo desconsolado. Solo con verle la cara Suiza levanta una mano y le acaricia la mejilla y con la otra le abraza un poco.

—Que te quiero más que a nadie y que me casaría contigo mil veces o haría lo que fuera para demostrártelo—le hace un cariñito en la mejilla todo preocupado. Peligroso, Suiza.

Al austriaco la cara le cambia completamente a una de esas sonrisas de BURLA no exactamente deprisa... ni despacio. El helvético frunce el ceño una fracción de segundo después quitándole la mano de la mejilla y sonrojándose.

—Eres un idiota —protesta... en realidad para sí mismo, dándole la espalda y Austria se ríe. Suiza busca algo con que taparse la cabeza—. Te detesto.

—Sé que no —tan cínico.

—Nadie dice que no puedo detestarte y... Hacer lo otro a la vez, ¡eres un idiota! ¡Largo!

—¿Ah, nein? Cualquiera diría que son opuestos.

—No lo son, ¡eres imposible! Deja de burlarte de mí —acaba bajo un montón de mantas hecho bolita todo enfadado. Austria se ríe con eso, otra vez.

—Dije que te fueras —protesta con la risa.

—Nein, creo que prefiero no hacerlo —se sienta a su lado. Hasta se apoya un poco sobre él.

—Österreeeeich —Suiza le espía con un ojo detestando que además no se largue, aunque odiaría que lo hiciera—. Deja de molestarme.

—Nein, creo que eso tampoco voy a hacerlo —le mira de reojo. El rubio gruñe un poco en protesta volviendo a taparse del todo.

—Luego quién es el maltratado. Eres TÚ el que me maltrata a mí.

—Mmm... Ja, puede ser —desinteresado, toma una revista. Unos instantes de silencio... El de ojos verdes le mira.

—¿Qué haces?

Él no le mira, pero le escucha.

—Estoy haciendo relojes de cuco.

—No es verdad.

—Nein? ¡Cielos! —finge escandalizarse.

—¡Deja de burlarte de mí! ¡No te largas pero te pones a ver una revista!

—Pues tú te has metido ahí debajo a hacer... quien sabe qué. Tal vez cosas pervertidas.

Sale volando la pila de mantas.

—¡No estoy haciendo nada pervertido! Verdammt! Deja de... ¡Deja de ser imposible! Cuanto falta para ese punto en que... Ugh.

—Ah, ¿ya has terminado? Noto que eres bastante rápido a mí alrededor.

—Rápido de... Waaaas?! ¡No estaba haciendo eso! ¡Y no soy rápido!

—Nein? ¿Quieres ver cómo eres más rápido que yo?

—No soy más... ¡No es verdad! —se abraza a sí mismo en pánico.

—Es fácil gritarlo sin demostrarlo.

Y es que ya con eso hiciste medio trabajo, Austria. Desde ya que está... Mas despierto.

—No es verdad, tu... Puedo hacer que tu...

—No más deprisa que tú.

—¡Lo dices como si no pudiera contenerme!

—Insisto que así, solo es hablar por hablar —replica y se vuelve a su revista "ignorándole". Suiza carraspea.

—V-Verás como si puedo.

—Bien —cierra la revista y se levanta.

Pasito atrás.

—Tú empiezas, veremos cuanto tardo y luego cuanto tardas tú.

—Was?! Nein! Nein Nein Nein! Así no vale. Los dos a la vez.

—A la vez... no me gusta, uno no se puede concentrar bien en nada.

—Pero si tú vas primero yo... Si... ¡Eso no vale!

—Was?

—Tú harás cosas y yo... ¡No vale! Yo empiezo.

—¿Prefieres que yo vaya primero... bajemos a cenar y pases toda la cena pensando en que después tendrás que hacerlo tú? Bien.

—¿Va-Vamos a bajar a cenar en el medio? —vacila.

—Hombre no es justo que sea de un solo tirón.

Suiza se humedece los labios pensando en contar el tiempo ahora y luego solo concentrarse en eso.

—B-Bien... Tu... Yo... Ehm... Tu primero.

—Bien, pon un cronometro cuando tú me digas... aunque tal vez estarás más cómodo si vamos al cuarto —ya no lleva pantalones, de todos modos piensa que él acabara ahora también y después de cenar aun le va a costar más hacerlo otra vez.

—Es decir, tu primero yo... T-te hago, ¿verdad? —pregunta mirándole las piernas.

—No, yo te hago a ti, por eso yo primero.

—¡No! ¡Yo primero te hago a ti! —protesta llevándose las manos a las regiones vitales... Es que ya está a medias.

—Oh, entonces vamos a arriba.

—V-Vamos —es que de cualquier manera está seguro de que le va a salir mal, aunque es maravilloso cuando intenta que no pase y pasa, odia esos maravillosos orgasmos. Bien. Ya está.

—Más te vale no terminar mientras me lo haces o contará como que has perdido, desde luego.

—¡No voy a acabar mientras te hago nada! —la segura metiendo se una mano al pantalón y tratando de apretar un poco para tranquilizarse mientras camina tras él.

Le lanza sus pantalones a la cabeza con gracia, no para que los huela, ni nada. Es lo PRIMERO que hace, de hecho lo hace hasta que llegan al cuarto. Te odia más. En cuanto llegan al cuarto, Austria le plancha contra la puerta con un beso de improvisto, intentando fundirle el cerebro. Es que mira que no te cuesta trabajo, maldito. Se lo funde del todo, devolviéndoselo como si no hubiera apuesta. Y le van las manos a buscarle por ahí abajo para encontrarle feliz y encantado no ayudan las manos. Ni los dedos fuertes y hábiles tampoco.

Austria se separa del beso antes de tiempo igualmente y le suelta también ahí abajo. Pasan solo unos cuantos segundos y el suizo ya está temblorosito y buscando fricción... Se le va detrás.

—Se supone que eres tú quien debe empezar —mano en la cara.

Suiza traga saliva, se sonroja, se revuelve... Hace un sobreesfuerzo y le empuja un poquito para tirarle a la cama sin saber por dónde empezar.

—¡Eh! ¡Eh! —le riñe frunciendo el ceño—. Por muchas ganas que tengas... yo no voy a reaccionar más deprisa si no me tratas con cuidado.

—No es que... ¡Solo recuéstate! —protesta—. Y no tengo ganas.

—Mmm... no parece, ¿o no te has revisado a ti mismo? —primero hacer que se avergüence para que aun le cueste más empezar. Manos al asuntillo.

—Tu... Y tú... —le mira ahí abajo. Nop. Él no. Aunque sí le pone todo este arreglo, no lo suficiente aun.

Suiza casi sale corriendo con ello odiándose a su modo y dándole la espalda a Austria, apretándose y casi arrancándose su propio asunto intentando relajarse.

Austria se humedece los labios y se incorpora un poco hasta susurrarle al oído "y aun así, te quiero". La montaña rus... austriaca. Suiza lo echa de espaldas a la cama al menos dejándose el feliz asunto y yendo a intentar besarle algo que le guste. Austria hace un ESFRUERZO por no devolverle el beso. Suiza se detiene y se separa un poco sin mirarle a la cara, sudando y recordándose a sí mismo que solo es un juego. Opta por besarle el pecho sin dejar de estar algo incómodo con su beso no devuelto, porque es raro y le hace sentir inseguro.

Austria se cruza de brazos tratando de ponerse en una postura muy seria y distante para hacerle sentir aún más ridículo haciendo eso.

—¿Qué haces?

—E-Es... Yo p-pensé que...

—Was? —tono de maestro de escuela.

—Iba a intentar que... ¿ahora no quieres? —balbucea.

—¿Te parece que sí quiero? —aun igual de serio El helvético le mira descolocado y se sonroja girando la cara y quitándose en gran medida de encima de él.

—Nein...

El moreno sonríe y se acerca poniéndosele encima.

—A mí me parece que el que quiere eres tú.

Suiza aun gira la cara sin mirarle rojo como tomate.

—Y no te creas que no te ves apetecible —le susurra de nuevo al oído sonrojándose un poco.

—No es verdad —¿por qué siempre quería él y Austria no? Se detesta por tener tantas ganas siempre y... Detiene la línea de pensamiento con eso dejando de apretar los ojos tanto—. W-Was? —susurra.

Es Austria quien va a besarle ahora en el cuello y a meter la mano bajo su camiseta. Suiza echa la cabeza de lado cerrando otra vez los ojos y soltando un gemido, como siempre hecho unas increíbles bolas con el austríaco. Se tapa la boca.

—Oh-oh... me parece que alguien está llegando al punto que no quería —manos en los pantalones otra vez.

—¡N-No es verdad! —alarmado en serio le toma de la muñeca preguntándose cómo lo logra, si además no le gusta que haga esto... Y es que con muy muy poco ya está bastante a punto.

Austria traga saliva y le besa de nuevo porque a fuerza no puede ganarle si no le suelta.

Ah, beso... ¡Si! Suiza lo devora buscando respuesta física y soltándole la muñeca para abrazarle. Y la encuentra, porque además Austria siente que está empezando a reaccionar él mismo y desde luego quiere ganar a Suiza por goleada.

No te preocupes, Austria. Vas a ganarle. Y otro gemido va a indicártelo.

Es justo la idea, hasta después de un poco de fricción ahí abajo se permite a si mismo fanfarronearle un poco y separarse para susurrarle "Allegro prestissimo con fuoco".

Suiza piensa que sí que es con mucho mucho fuoco. Mientras gime débilmente con los ojos apretaditos, haciendo un esfuerzo por calmarse. Esfuerzo que se ve satisfecho solo un instante. Uno más corto de lo que sería definitivamente necesario y de lo que es cómodo... y Suiza casi podría ganar solo con esto si fuera capaz de aguantar en este punto lo suficiente. El problema es que no es muy capaz de aguantar nada más, suelta otro gemidito y la cadera se le mueve esperando de nuevo alguna fricción. Busca débilmente tocarle un poquito a él aunque teme a la triste idea de estar el a NADA y que Austria esté tan tranquilo como si viera pasar las nubes.

No, desde luego ahora ya no está como viendo pasar las nubes. Menos, menos mal. Pero me temo que de todos modos va a acabar Suiza primero, quien suelta otro gemido menos ahogado al notarlo, caminando varios pasos hacia el precipicio. Y Austria se da vida con él porque no quiere que empiece a devolverse antes de terminar.

Si con trabajos es capaz de pensar en orden. Suiza se incorpora un poquito buscándole un beso en esa estúpida necesidad de sentir que le quiere. Respiración agitada y corazón acelerado a flor de piel, ya empieza a decirle además que le quiere, para más inri.

A estas alturas, ya sintiéndose completamente vencedor y sin demasiada sangre en el cerebro es que Austria se deja llevar. Suiza termina siendo arrastrado como por un tren, quien creyera que este hombre flacucho es capaz de desarmarle tanto.

—Tu ganas... —susurra el suizo al final sin estar siquiera seguro de que él haya acabado.

Tan desesperantemente arrogante como para responder "Siempre". Es que además Suiza que sigue discutiéndole.

—No me gustas tanto —susurra escondido en su cuello. Austria se ríe y lo abraza—. ¿Sí te gusto, verdad? —prometo que es lo último que dice.

—Mmmm... —finge pensárselo.

Suiza aprieta los ojos y se esconde más… mientras le damos un golpe a Austria en la cabeza. Risas. Golpe más fuerte. No, no le golpees que no es Roma y va a empezar a reñiros. Suiza dice que a él no le miren. Aunque Austria no le ha dicho que si le gusta y esta consternado por ello. No, claro que no le ha dicho. Pero le dijo antes que le quería y que se veía apetecible, ¿qué más quiere?

xoOXOox

Un par de días más tarde, Austria toca la puerta del despacho de Alemania que de súper concentrado solo suelta un "adelante".

—Soy yo ¿Estás muy ocupado? —pregunta metiendo la cabeza.

—Ah, Österreich. Nein. Pasa.

Entra, cerrando la puerta a su espalda y sentándose en la silla que siempre ocupa, con pulcritud.

Alemania se quita los lentes para mirar de cerca y echa para atrás su silla. Mentiría si dijera que no sabe qué es lo que viene a hacer, ya lo está esperando desde el mismo instante en que le dejó a solas con Suiza el otro día. Así que carraspea poniéndose nerviosito

—Bien... supongo que ya te imaginas porqué estoy aquí.

—Ja —le mira y se revuelve un poco, sonrojándose y mirando la puerta.

—¿Sabes dónde está Italien?

—Nein —se encoge de hombros.

Alemania se levanta hasta la puerta y cierra el seguro porque no quiere que Italia le escuche hablar de esto... Aunque sabe que quizás cerrar es lo peor que puede hacer porque es casi como suplicar que se entere. Aun así cierra y se vuelve a su escritorio recargándose en él de manera bastante informal.

Austria mira ese movimiento y se humedece los labios porque de verdad no pensaba que esto fuera tan serio.

—¿Has pensado en lo que les conté el otro día?

—Poco. Poco seriamente por lo que parece —confiesa Austria. Alemania suspira haciendo una mueca.

—No sé cómo explicarte la gravedad de esto.

—Eso veo...

—¡Pero es que llevo cinco meses intentando explicártelo!

—Han sido cinco meses complicados y no pensaba que fuera tan importante.

—Pues si lo es, llegas tardísimo a escandalizarte —reclama un poco. Austria suspira.

—Está bien, está bien, llego tardísimo. Más vale eso que nada.

—Algo tienen que hacer con ella, ¿algún día le has hablado?

—Más bien poco, nunca a solas.

—Deben hablar más con ella. Explicarle cosas.

—Es difícil hablar con ella. Schweiz y Liechtenstein lo hacen.

—No es tan difícil, Schweiz y Liechtenstein lo hacen mal. No entiende cómo funciona nada y... —se sonroja un poco—. Ella es agradable y le gusta oír que uno le explique.

—Ya sé que ellos no son los mejores conversadores, pero es su hijo, se parece a ella y sabe cómo tratarla.

—Es decir, no harás nada para modificar las cosas como están, no importa que ella este instalada en la edad de la prehistoria y quiera aprender algunas cosas

—¿Y qué esperas que haga? ¡No voy a ir yo a hablar con ella a la maldita montaña a perderme por días entre los cerros y a morir de frío y de hambre!

—¡Algo! Yo que sé, manda a tu madre o... ¡algo! Vater la trata mal también, tampoco habla con ella.

—Tú deberías enseñarle a Vater como hacerlo, él es la mejor opción.

—Vater es un idiota que además tiene a Rom. Mismo problema que yo con Italien.

—No exactamente... Vater se queja constantemente de que Rom no es como él quiere y Galia tampoco.

—Pues Helvetia... Es rara. Rara pero...

—Was?

—Es mona, es muy... La manera en que te ve y te escucha... —se sonroja—. No sé, no sé cómo alguien con quien pasé dos días puede complicarme tanto la vida.

—Yo tampoco lo entiendo —se quita las gafas y se pellizca el puente de la nariz.

—Pensé seriamente en DEJAR a Italien. Quizás en un acto demasiado impulsivo, pero si pensé que podría intentar algo con ella

—Ella... que ni siquiera es bonita. Liechtenstein es un millón de veces más bonita y femenina, a saber qué te parecía mona.

—Es... Poco femenina, aunque fuerte y elástica. Mejor estando limpia. Y... Desde luego que no es especialmente bonita, como Schweiz no lo es.

—Schweiz es otra historia completamente diferente y no necesito que me describas su elasticidad —protesta pensando que eso es un detalle de alcoba.

—¿Por qué lo es? Solo digo que es el polo opuesto a Italien y creo que eso justamente es lo que hizo que me... Eso.

—No tiene ningún sentido que te enamoraras de ella por ser el polo opuesto a Italien.

—Lo tiene porque si fuera igual a Italien no podría quererles a ambos a la vez

—Tienes que olvidarla.

Desvía la mirada.

—Sería mucho más fácil si supiera de verdad que está bien.

—¿Y qué quieres? ¿Ir a verla?

Niega con la cabeza.

—¿Entonces?

—No creo que... Italien me prohibió hacerlo. Pero podrías ir tú.

—Yo no voy a ir solo.

—Ve con Vater y dile qué hacer.

—No eres consciente de la cantidad de cosas que Vater podría considerar que no son nada y en realidad no son suficiente para asegurar mi bienestar. Deberías ir tú. Llévate a Vater. Y a Italien.

—A Italien.

—Exacto, para que te ayude con Vater, él es mejor que yo en eso de leer a las personas, ya lo sabes.

—Italien no quiere saber nada de ella…—se revuelve—, si le digo que venga quizás me deje.

—Pues yo solo no puedo ir. Me da miedo.

—¿Y si vamos sin que Italien lo sepa?

Austria aprieta los ojos porque no parece una idea muy buena.

—Creo que deberíamos... Emparejarla con alguien.

—¿Con quién?

—Alguien que la quiera y le ayude.

—Aja...

—¿Quién nos convendría? Römer... —ahí va Alemania a jugar a cupido.

—¿Römer? ¿En serio? ¿El que tiene una hija? —le mira por encima de las gafas porque igual ha oído algo sobre todo ese turbio asunto de España con Britania. Aunque punto para Alemania porque Romano era quien hablaba con ella en la boda para que Alemania pasara de ella.

—Con Spanien a quien odia y que es un idiota insoportable. Helvetia seguro sería una buena madre de Vaticano.

—Deutschland... —levanta un dedo y le mira fijamente, sin sonreír, advirtiéndole.

—No voy a emparejarla con Russland. ¿Japón?

—¿Que te hace pensar que ella va a querer ir a Japón? O que él iba a tener algún interés...

—¿Canadá? —sí, lo ha olvidado.

—No vamos a repasar toda la lista de países solo porque no piensas en lo que estás diciendo.

—Alguno debe haber para ella.

—Vater te desheredaría si supiera que estás diciendo esto.

—¿Por qué?

—Porque te diría que él es esa persona.

—Cómo va a ser Vater si él no le hace caso. De verdad... ¿Que no me haces caso? Quizás tú le gustaras.

—Aquí acaba esta conversación en estos términos —sentencia Austria con eso porque… sí siente un poco que le gusta y lo nervioso que le pone.

—Nein, vale, vale. Solo quiero que me ayudes a encontrar una mejor solución a esto. Es tu suegra.

—Entonces no me digas que yo le gustaría. Ya sé que lo haría, quien le gusta eres tú.

—Y Vater. Vater parece ser nuestra mejor opción.

—Bien —asiente porque a esa conclusión ya había llegado él.

—Aunque él no la trata bien, ni le habla ni me gusta para ella. Vater trata mal a la gente.

—¿Por qué dices eso?

—Porque no suele tener ninguna consideración con nadie.

—Ya veo, pero ¿no crees que Veneciano tenga mucho que ver en ello?

—Ja. Pero no con Helvetia. Él podría ser MUCHO mejor con ella.

—Tal vez el problema sí sea Rom.

—Problema imposible de resolver.

Austria suspira.

—Al menos podría mejorar su trato con ella. ¿No podríamos hacer con él algo del tipo... Educarle y prepararle para que sepa qué hacer?

—Adelante si te ves capaz de que te haga caso...

—Yo no, pero a ti te hace más caso.

—Deutschland... ¿porque insistes en que es mi deber ocuparme de este asunto?

Traga saliva y suspira.

—Porque... A mí me da miedo todo lo relacionado con ella —murmura sin mirarle.

—Es que me temo que yo no tengo ni idea de qué crees tú que ella necesita.

—No tienes idea de qué necesita y en el fondo no te interesa demasiado ayudarme a mi o ayudarla a ella —concluye —. Solo reñirme por tirármela. Pues vale, considera que ya me has regañado lo bastante.

—No, sí me interesa ayudarte, Deutschland, pero todo esto está muy poco claro y tú solo pareces querer que esto se solucione como tú quieres, pero que lo haga alguien más.

—¿Cómo crees tú que debería resolverlo yo?

—No lo sé, ocupándote de ello tú mismo, no desentendiéndote y reclamándome que yo no me ocupo. Yo no puedo ir con Vater a decirle qué necesita Helvetia, porque según yo no necesita nada más de lo que tiene.

Alemania suspira mirándole un instante más a los ojos.

—Pero puedo acompañarte a ti si eso va a hacerte sentir mejor.

—Quizás solo baste una llamada telefónica a Vater, explicarle mi percepción. Quizás Vater no lo vea así como tú no lo ves tampoco —se encoge de hombros.

—¿Quieres llamarle?

—Ja —piensa un poco en ello—. ¿No les preocupa... A Schweiz, a Liechtenstein o a ti que ella no sea feliz y esté sola?

—Claro que sí, Schweiz es especialmente sensible a ese tema, pero ya te he dicho que no es cuestión de obligarla.

—Es cuestión de preguntar qué necesita y hablar con ella. Por ejemplo... Nunca se subió al coche, pero si durmió en el hotel—explica descolgando el altavoz triangular de su escritorio para hacer una conferencia.

—¿Pero por qué crees que no le preguntamos? No quiere una cama, no quiere una casa con un baño ni con electricidad. Tienes una impresión muy errónea de que eres el único que se preocupa por ella.

—Pero quiere aprender a hacer aspirinas para ayudar a los demás. Quizás solo no le estén dando lo que quiere.

—Y está teniendo lo necesario para eso en base a su nivel. Liechtenstein le enseña a leer y le regalamos libros de plantas medicinales. ¿Crees que alguien aprende a sintetizar químicos sin saber leer solo por ir a una fábrica farmacéutica?

—Ella sabe cosas sin necesidad de saber leer. Solo es ignorante, no tonta.

—Es una ciencia muy difícil que irá aprendiendo con el tiempo.

Alemania arruga la nariz sin que le convenza demasiado.

—¿Qué esperas si no? Deutschland, ¿qué harías tú? Le dan miedo los aparatos electrónicos, ¿cómo vamos a darle un ordenador o algo parecido?

—No un ordenador, lo qué necesita es tiempo con ella y afecto y... No lo sé, necesita algo más de lo que tiene.

—Para eso tiene que querer bajar de la montaña.

—Conmigo quería ir a la Bayer. Quizás es difícil pero... Es que tú no la tuviste entre tus brazos temblando así y deteniéndose así y no creo que Vater nunca haya hecho un so... Así...

—Deutschland... Nein. Es verdad, tienes razón. Yo no desarrollé esa confianza y cercanía con ella como tú.

Alemania se sonroja.

—Habla conmigo no como Österreich, mi amigo, olvidando que ella es Helvetia, tu suegra.

—Es que no vas a encontrar nunca a nadie que la quiera como tú, Deutschland.

Se guarda las manos en los bolsillos porque por primera vez en toda esta conversación le acaba de decir algo que es útil.

—Pero esta Italien... Yo no puedo...

—Ya lo sé.

—¿Y qué se hace en este caso? Sé que es absurdo pero... No lo digo a la ligera cuando te digo que... La quiero. No sé cómo.

—Pues... confiar en que va a estar bien.

—Sola. Y ya. No hacer más.

—Ja, porque aunque intentes llevarle otra gente, nunca pensarás que son suficiente. Aunque estén felices.

Alemania suspira empezando a sentir que esta conversación es exactamente lo que necesita.

—Así que eso que creo, que es que quiero que sea feliz, no es en realidad eso. ¿Querría que fuera feliz conmigo?

—Sí, pero no. Es decir, quieres que sea feliz y no pasa nada si es con alguien más, pero ese alguien más nunca va a estar a la altura... porque no eres tú. Y la culpa será de ese alguien más.

Vacila frunciendo un poco el ceño.

—No creo que encuentre a nadie más. Esta situación es muy complicada —Alemania se pellizca el puente de la nariz.

—Ja —concede Austria.

—Al menos tú algún día terminaste por estar con él y lo sabías.

—Was?

—Schweiz.

—No estoy hablando de Schweiz, estoy hablando de Ungarn —aclara el moreno. Alemania levanta las cejas—. Was? Tú no hablas de Italien, hablas de Helvetia —replica Austria.

—Oh... ¡Pero si te casaste con ella!

—Ja, pero luego nos separamos... igual que pasó con Spanien.

—Pero podrías haberte quedado con ella o con Spanien —inclina la cabeza—. ¿Estás diciendo que Römer no es lo suficientemente bueno para él?

—Precisamente con Römer es un ejemplo más complicado.

—¿Por?

—Porque a Römer también le quiero, aunque de otra forma.

Suspira.

—Así que seguir y olvidarla y que consiga ser feliz como pueda.

—Puedes cuidarla a lo lejos y ayudarla en lo que te pida, reñir a quien sea su pareja para que le aterrorice siquiera pensar que podría hacerlo mal... y poca cosa más.

—Pero ella no es Ungarn o Spanien, ella requiere... ¿Y si no encuentra a nadie?

—No puedes ser tú —responde tajante. El alemán toma aire y, gracias al cielo eres tajante y directo, Austria, ayudas.

—Bien. Bitte encuentra una manera en que sea feliz. Ya que yo no puedo ser, ayúdame a que... Oh! ¡Si, ya se! —se le ocurre una idea brillante —. ¡Galia!

—¿Galia?

—Ja. Tu madre, su hermana. Seguro ella puede conseguirle a alguien, ella es como Frankreich... Pero mejor.

—Galia no se va a inventar una persona... deberías hablar con Vater.

—Galia puede ayudarle a Vater. Galia quiere también que Helvetia sea feliz.

—¿Por qué no quieres hablar con Vater? Vas a tener que perdonarlo tarde o temprano, Deutschland.

Se revuelve.

—Mmmm... —tuerce el morro nada convencido—, no es que tenga nada que perdonarle.

—¿Entonces?

—Es simplemente que lo he borrado de ser mi padre —el drama germánico.

—Mira, es tu relación con tu padre y puedes decidir cómo quieres que sea tú mismo sin que yo pueda decirte nada. No es justo que lo haga porque yo mismo tengo problemas similares con mi madre, pero si Helvetia te importa tanto, deberías plantearte lo que necesitas para que este de verdad bien. Y si eso pasa por enterrar el hacha de guerra con Vater, tú sabrás qué es más importante para ti... si algo que provocó VENECIANO en un momento de desesperación y que ya se ha resuelto o la felicidad de Helvetia.

—Galia no se acostó con Suiza en repetidas e incontables ocasiones —protesta Alemania fulminándole un poco pero pica el botón para descolgar el teléfono y marca. Austria asiente complacido. Y Germanía va a ser el más complacido de todos cuando descuelgue y vea que no es Prusia. Reencuentro familiar. Va a estar muy muy contento. Para que dejen de llamarle emo!Germania. Austria el chantajista...


Y después de medio año de publicación semanal, un martes cualquiera en mitad de febrero, esta historia llega a su fin :)

Esperamos que os haya gustado y con un muy pomposo movimiento queremos dedicársela en especial a Suiza, porque nadie ha sido más divertido que él en esta historia, tanto cuanto la escribimos como mientras la estábamos publicando.

De verdad que esto no tiene ninguna intención monetaria detrás XD

También a Kaarla, por darse la paciencia de editarla y betearla entera (¡Y sin quejarse!) a pesar de ser nuestra segunda historia más larga publicada hasta la fecha.

En estricto orden alfabético, mencionar a la gente que ha hecho posible que esta sea también nuestra historia con más reviews 253 ahora mismo: Ali, Camelia Rouge, Coke, Holly, Josita, Kokoa Kirkland, Kutzi shiro, Lamphia, Liana, Magdulillo, Mitsuki10, Mokachina, nayamidark1914, TotalHelplessFangirl, Vicky, WarriorOfAthena, Wind-ship y Wirt, sin vosotros esto no hubiera sido posible, siempre nos alegrais el día y nos dais ganas para seguir publicando todos los días a pesar de lo agobiante que es a veces.

Y a ti que la has leído hasta aquí, muchas gracias.