¡Y hay actualización! ¡Después de un mes y, ¿qué mejor momento para ponerlo que para el aniversario de nuestras hermosas chicas Korra y Asami?! Pus aquí está el último capítulo de Paradoja que espero sea de su agrado, los motivos por el retraso estarán especificados en la parte de abajo como siempre. ¡Gracias por su apoyo todo este tiempo y por tenerme una paciencia inmensa!

Paradoja.

Mariposa V: Amistad.

El sol se empezaba a alzar en el horizonte proclamando el inicio de un nuevo día, la temperatura aumentaba conforme el astro rey proclamaba su reinado impregnando con su rayos toda la materia visible en la tierra, el viento cantaba con armonía provocando así que hojas de los distintos árboles que se alzaban en aquel pequeño bosque danzaran a su ritmo acompañándolo en esa composición musical que solamente ambos podían interpretar, los animales nocturnos empezaban a ingresar a sus pequeñas madrigueras o nidos para dejarles el paso libre a los seres diurnos que comenzaban a despertar debido a la iluminación matinal que el sol les regalaba con cada nuevo despertar, un río tranquilo serpenteaban cual gusano-serpiente haciéndose camino por entre el césped que crecía en aquel pequeño lugar y, si cierta morena quien disfrutaba aquel espectáculo no mal recordaba, ya era el vigésimo sexto amanecer que podía deleitar desde que había llegado con la CEO de Industrias Futuro a esa época dónde ambas eran unas extrañas totales, pero que podían encajar bien.

Korra respiró todo el aire que pudo soportar con sus pulmones hasta el punto que el diafragma le doliese y lo sacó de golpe alistándose para el nuevo día que le abría sus brazos en ese instante, se tomó el hombro derecho y empezó a moverlo de manera circular con el simple objetivo de calentar los músculos que allí tenía y, así, no sufrir lesión alguna cuando empezara su típica rutina de entrenamiento, pues, a pesar de que ahora no tenía a Tenzin para recordarle que debía mantener su estado físico al máximo, ya se le había hecho costumbre ejercitarse. Hizo lo mismo con el otro brazo y pasó a tomarse la punta de sus pies para seguir con su estiramiento matutino, a pesar de que ella no era de las personas a las que les gustara levantarse con el alba o antes de que el sol tan siquiera se molestara en despertarse, si tomaba muy enserio su entrenamiento y, aunque cuando se acabase de levantar fuese una alce dientes de sable cascarrabias que solamente Asami podía controlar, después de un tiempo, su desayuno y unos cuantos mimos provenientes de cierta ingeniero que estaba acostumbrada a ganarle al astro rey en levantar, su humor mejoraba notoriamente, tanto que parecía otra persona.

Korra estaba a punto de terminar su calentamiento cuando sintió una mano posarse delicadamente en su hombro y un olor que ella reconocería hasta el fin del mundo le invadió sus fosas nasales obligándola a sonreír de manera inconsciente. Atrás de ella se encontraba su compañera de aventuras, su mejor amiga en todo el mundo, su amante cuando la noche se prestaba, su chica, su novia, su Asami. La morena dio una media vuelta sobre sus talones para poder quedar cara a cara con la dueña de su alma y cuerpo que, hacía ya varios meses atrás, había proclamado. Sus ojos se dirigieron de manera instintiva hacia esas hermosas joyas color verde olivo con las cuales la CEO podía captar el mundo que la rodeaba para que, después, pudiesen recorrer enteramente aquel ser femenino que podía ser llamada diosa de no ser por el simple hecho de que era tan mortal como ella. Asami llevaba una blusa blanca de tirantes manchada de grasa que evidenciaban el verdadero trabajo que hacía, sus pantalones bombachos y sus botas que jamás faltaban en su atuendo de trabajo. Al Avatar se tomó su tiempo recorriendo esa celestial criatura que estaba frente a ella, ¿Cómo era posible que una mujer tan hermosa como la misma Asami Sato fuese su novia? A veces creía que todo era un sueño, pero luego el tacto tan real de esas finas manos sobre su áspera piel le decían que no, que era tan real como que ella era el Avatar.

— ¿Lista para entrenar? — Le preguntó aquella voz que adoraba escuchar.

— Solo si estás dispuesta a recibir una paliza. — Le retó la Avatar a la ingeniero con una sonrisa socarrona.

— No se la pondré tan fácil, Avatar Korra. — Contestó Asami ante el reto de la morena.

— Eso espero, no quiero que tu derrota sea tan humillante. — Ambas chicas rieron ante la pequeña riña que estaban teniendo.

— Ya veremos. — Susurró la CEO disminuyendo la distancia entre ella y la maestra. — Solo espero que de lo mejor de usted, Avatar, ¿Qué pensaría la gente si una no-maestra la vence?

— Que la Avatar es muy afortunada por tener a esa fuerte y sexy no-maestra como novia. — Respondió Korra apoderándose de las caderas de la líder de Industrias Futuro.

— ¿Seguirás cortejándome o vamos a entrenar? — Rió pícaramente la ojiverde entre los brazos de su pareja.

— Puedo hacer ambos. — Se jactó al Avatar.

— Sé que puedes, pero nuestros compañeros se despertaran pronto y eso significa que tendremos que partir y, por lo tanto, que no podrás entrenar, lo que conllevaría a que no te diese tu premio. — Explicó al ingeniero con un tono pícaro mientras se alejaba del agarre de su novia.

— ¿Premio? ¿Qué premio? — Preguntó confundida la morena viendo como su ojiverde se colocaba en posición de lucha.

— Lo sabrás si me ganas. — Le guiñó el ojo Asami a Korra sonriente.

La Avatar sonrió ante aquel gesto y no tardó nada en imitar a la hermosa mecánica que tenía enfrente, alzó sus puños y arqueó las cejas. El silencio era casi absoluto, el único sonido que podía ser apreciado por los oídos de la sureña y su compañera era el del viento meciendo las ramas de los árboles que provocaba un cantar relajante, sentía como el aire se estrellaba contra su tostada piel, relajó su respiración a tal punto de hacerla casi imperceptible y, cuando percibió que todos sus músculos estaban ya tensos y llenos de adrenalina. Atacó. Korra no era de las personas que esperaban pasivamente hasta que su oponente decidiera arremeter contra ella, si bien con los años había aprendido a ser más paciente y, cuando el momento lo ameritaba, llegaba a pensar muy meticulosamente las cosas, aún seguía siendo Korra y, siempre que estaba junto a esa chica de cabello negro y ojos verdes olivo, aquella personalidad que la hacía ella salía a flote volviendo a ser aquella morena enérgica de hace varios años atrás y le encantaba.

- o - o - o - o - o - o -

El sol cada vez era más intenso y sus rayos empezaban a molestar a cierto joven tribal que había preferido dormir cerca de la hoguera para que, según él, los ronquidos de Appa no le molestaran, pero Sokka jamás contó con que la luz diurna fuese quien realmente perturbara su profundo y hermoso sueño en el cual era atendido por cierta joven de cabello negro, ojos verdes y melodiosa voz que le había robado el aliento. Trató de evitar la potente luz solar girándose e, inclusive, cubriéndose los ojos con su mano y su bolsa de acampar, pero era totalmente inútil, los rayos solares encontraban hasta el más diminuto agujero por el cual colarse para llegar directamente a sus párpados haciéndolo enojar. Sokka no era una persona muy paciente que digamos, podía soportar ciertas cosas como, por ejemplo, que Aang le hiciera bromas o hasta que Appa le lamiese, pero algo que realmente detestaba era que lo levantasen temprano, ni siquiera la motivación de que Asami, esa linda chica proveniente de la Nación del Fuego, se despertara con el sol era lo suficientemente potente para hacerlo ceder horas de su valioso sueño.

Resignado y sin más que hacer, el tribal decidió dejarle al sol ganar esa contienda y al fin abrir los ojos con pesadez y, una vez que la luz dejó de ser tan resplandeciente y todo volvía a adquirir su color natural, se estiró y paró de mala gana rascándose los glúteos y la cabeza. Casi de manera automática, se dirigió hasta el pequeño riachuelo que estaba cerca del campamento que habían puesto, se agachó y tomó su cantimplora que siempre tenía para llenarla y estaba en eso cuando, a lo lejos, logró escuchar el sonido característico de la batalla. Alaridos, jadeos, gemidos y chillidos. Aquellas molidas lograron despertar la adormilada mente del guerrero tribal al igual que su curiosidad, así que, con aquel ruido como su brújula que le indicaba el lugar, lo siguió con el simple objetivo de saber quién o quiénes emitían tales alaridos. Por su mente pasaban miles de ideas, quizá solo era Korra entrenando, pues bien sabía que ella junto con Asami se levantaban al alba para poder ejercitar sin molestar a nadie, pero también estaba la posibilidad de que alguna de esas dos chicas hubiese sido emboscada o encontrado a algún enemigo y ahora se encontrasen peleando y, si era aquello, no quería perderse de la acción y, obviamente, quedar como un valiente guerrero frente a la ingeniero.

Siguiendo el, para nada bajo, alarido de las chicas, Sokka caminó unos cuantos metros del campamento hasta toparse con las lejanas figuras de Korra y Asami. Al ver que solo estaban sus dos compañeras, se sintió algo decepcionado porque, sin enemigos que vencer, no podría impresionar a aquella mecánica que aparecía hasta en sus sueños. Estaba a punto de irse cuando vio como la futura Avatar alzó sus puños emitiendo llamarada tras llamarada que iba directamente en dirección a Asami quien, sin siquiera parpadear, esquivó tales ataques e inmediatamente contraatacó a la morena soltando una patada que la maestra agua detuvo con su antebrazo antes de que le diera de lleno al rostro. El guerrero tribal tenía noción de las habilidades de aquellas chicas que entraban frente a sus ojos, las había visto en batalla antes y su velocidad como su fuerza eran increíbles, pero jamás las había visto demostrar tal habilidad que, quiera o no, hizo que su orgullo de guerrero bajara, y más aún cuando divisó a la CEO de Industrias Futuro estampar un puñetazo a la morena con tal potencia que logró hacerla retroceder. Nota mental para Sokka, jamás hacer enojar a esas chicas.

- o - o - o - o - o - o -

Los golpes iban a y venían, no se contenían por nada del mundo, daban lo máximo de ambas para que el entrenamiento fuese lo más real posible, mentirían si dijeran que no les preocupaba lastimar de gravedad a su compañera, en más de una ocasión Korra le había roto las costillas a Asami con un ataque de tierra control y, a su vez, la ingeniero llegó a lesionar los huesos de la Avatar de una forma severa con sus potentes patadas y puñetazos, no se estudiaba desde los seis años artes marciales sin que tu fuerza creciera. Las agresiones eran cada vez más rápidas, precisas, ambas chicas tenían serios problemas en tratar de esquivar y contraatacar a sus respectivos oponentes, la euforia que en ambas crecía se aumentaba con cada ligero roce o contusión severa, la adrenalina que recorría su sangre era lo que mantenían a ambas en pie junto con el sentimiento de no dejarse vencer y, aquello, era algo que tanto la heredera Sato como la Avatar compartían y que, en ocasiones, lograba hacer que sus pequeños retos fuesen a un nivel superior al que ambas imaginaban.

Korra miraba con detenimiento los ágiles movimientos de Asami tratando de calcular cuál sería su próxima acción cuando percibió una presencia nueva, alguien las estaba mirando. Por mera inercia, desvió su mirada y, con ésta, su concentración hacia cierto joven tribal quien tenía su quijada tan abajo que podría jurar que se le había roto.

— ¡Hey, Sokka! ¿Cuándo llegas...? — Pero las palabras de la Avatar terminaron en el suelo junto con su cara cuando la CEO de Industrias Futuro logró conectar una patada con el rostro de la morena.

Regla número para entrenar con Asami Sato: Nunca, y reitero, nunca, dejes de prestarle atención pues, de lo contrario, terminarías como Korra: En el piso y con la nariz, aparentemente, quebrada, pues un hilo de sangre salía de ésta.

— ¡Korra! — Chilló la mecánica cuando se percató de lo potente del impacto y, de inmediato, se colocó junto a la morena.

— Pegads fuedte... — Logró articular la Avatar con sonido nasal. — Peo creo que me dompiste la nadiz.

— ¡Lo siento tanto! ¡Pensé que lo ibas a esquivar! — Se disculpaba la CEO totalmente apenada y sintiendo una opresión en el pecho debido a la culpa. — Por Raava, no debí pegarte tan fuerte.

— Danquila, Adsami. — Tranquilizó Korra a su novia con una sonrisa. — Despueds de dos godpes que me dio Toph, esdto lo adeglo en un segundo. Dsokka, ¿tieneds aldgo de adgua?

— ¡S-Sí! — Dijo el guerrero tribal una vez salió de su trance, había visto a una no-maestra romperle la nariz a un Avatar y eso era algo de admirar.

Sokka tomó la cantimplora que había empezado a llenar en el riachuelo y se la cedió a Korra quien, de inmediato, usó sus habilidades de agua-control y aquel líquido empezó a fluir por su mano adquiriendo a los pocos segundos un color neón fosforescente. Una vez en ese estado, la Avatar colocó su mano brillante en su nariz unos cuantos segundos antes de despegarla, gracias a los poderes curativos de aquel elemento la fuente de su sentido del olfato había vuelto a como estaba momentos antes de que la poderosa patada de Asami hubiese impactado contra ella.

— Listo. — Sonrío Korra jugueteando su nariz para comprobar que estaba bien. — Como nueva.

— Me alegro tanto... — Suspiró aliviada Asami, podía respirar de nueva cuenta.

— Gracias, Sokka, por el agua. — Comentó la Avatar mirando al tribal quien seguía aún impactado. — Oye... ¿Estás bien?

— ¡S-Sí! ¡Claro que estoy bien! — Dijo con falsa seguridad el joven. — ¡Es solo que jamás las había visto entrenar! ¡Lo hacen bien a pesar de ser chicas!

— Gracias, supongo. — Rió la morena encogiéndose de hombros.

— Aunque dos señoritas como ustedes no deberían entrenar así de fuerte, ¿Qué hubiera pasado si hubiese sido algo más serio que una nariz rota? ¡No deberían hacerlo! — Expresó Sokka de manera dramática mientras se paraba.

— Esto no es nada, Asami me llegó a quebrar un brazo y una rodilla antes. — Soltó como si nada la maestra agua al recordar aquel suceso.

— Y a mí Korra me ha roto varias costillas y el antebrazo. — Completó la CEO asegurándose ella misma de que la nariz de su novia estuviese en perfecta forma. — Nuestros entrenamientos son algo... duros... Pero eficaces.

— Deberías entrenar algún día con nosotras, Sokka. — Comentó ilusionada Korra. — ¡Escuché geniales historias sobre tus habilidades para la batalla!

— ¡Korra tiene razón! — Le apoyó Asami sin dudar e igual de entusiasmada. — ¡Siempre he querido ver al gran guerrero Sokka en acción!

— Yo... Eh... Hmn... — El pobre guerrero tribal no sabia como negarse ante tal petición que para él era suicidio seguro. — ¡Creo que no sería justo para ustedes!

— Podrías entrenar con las dos al mismo tiempo. — Resolvió fácilmente la sureña.

— ¡No! — Gritó Sokka ante la idea de tener que luchar contra esas dos chicas tan fuertes como un alce dientes de sable. — Quiero decir... Ah... Yo... Hmn... Verán... Estoy muy cansado, hice guardia toda la noche y...

— De acuerdo, pero ojalá algún día te animes. — Terminó la charla Korra parándose y ayudando a Asami a hacer lo mismo. — Creo que ya es hora de que regresemos, de seguro Aang y Katara ya se levantaron.

— Claro. — Accedió la CEO tomando del brazo a la morena percibiendo sus músculos, un sonrojo se apoderó de sus rostro y se mordió los labios. — Fuerte y suave... Más que la última vez...

— ¿Dijiste algo, 'Sami? — Se interesó la Avatar pues las palabras que habían salido de los labios de su novia fueron apenas susurros.

— Nada, hablaba conmigo misma. — Reaccionó de inmediato la CEO.

— De acuerdo... — Arqueó la ceja Korra alto dudosa de la respuesta de su novia. — ¿Vienes, Sokka?

— ¡Sí! — Despertó el guerrero quien había sido atontado por cierta heredera.

El trío de jóvenes se encaminó de nuevo hacia el campamento que habían instalado la noche anterior cerca de aquel riachuelo, en el transcurso del viaje la charla se hizo amena y, de vez en cuando, Sokka trataba de cortejar a la ingeniero con algunas palabras e historias que contaba, pero para desgracia del pobre tribal, todos sus intentos para poder hacer que la heredera Sato se fijara en él caían en un piso vacío y sin fondo pues las reacciones de esa hermosa chica de ojos color verde aceitoso y cabello negro como la noche eran demasiado superficiales y sin el contexto que el tribal esperaba obtener. Sokka no era un chico tonto, notaba como Asami reaccionaba hacia Korra, como apenas la Avatar hablaba la atención de la mecánica era totalmente robada por esa chica de ojos azules, la manera en la que la no-maestra acariciaba y mimaba a la sureña con sus finos y delicados dedos. El guerrero conocía todas esas interacciones, lo había visto de pequeño cuando los más grandes compartían momentos con sus parejas, pero la idea de que esas dos chicas fuesen algo más allá que solo amigas era algo más que impensable, dos chicas no podían enamorarse... ¿Verdad? Quizá en el futuro sí, pero era lo menos probable. O eso se decía Sokka para negarse a aceptar la verdad que Katara y Aang veían a simple vista pero no decían por respeto a sus nuevas amigas.

Al llegar al campamento, como era de esperarse, Katara y Aang ya estaba despiertos y alistando el rico desayuno que consistían en varias frutas que el pequeño maestro aire había recolectado el día anterior. El actual Avatar apenas ver a sus compañeros, los fue a recibir con una sonrisa enorme en el rostro mientras que, la maestra agua, solo se limitaba a desearles los buenos días. A pesar de que el atípico grupo solo tenía unos días conociéndose y conviviendo, una amistad muy estrecha surgió entre los cuarto, sobre todo, entre Katara y Asami pues, a pesar de que la morena maestra de los cuarto elementos y la que algún día sería su mentora tuviesen un lazo especial, esas dos chicas parecían concordar en varias opiniones que poseían en relación con su Avatar respectivamente. Ambas chicas podían pasar horas y horas observando al maestro aire y a la maestra agua entrenar aire control juntos, era un espectáculo sumamente hermoso que las cautivaba a ambas de maneras que solamente una podía comprender y entender pues, la otra, aún no tenía idea de que aquel embelesamiento era producto de un pequeño y tímido sentimiento que de manera gradual se potenciaría al infinito dando como resultado una emoción tan grande y profunda que ni la misma vida o muerte sería capaz de aminorar y que se quedaría con ella hasta el día en que su respirar cediera y se volviera a encontrar con el aquel niño que despertó en esa sensación.

— ¡Hey, Katara, Aang! — Saludó primeramente Korra alzando su mano libre sonriendo. — Veo que ya se despertaron.

— Sí, ¡Y preparamos el desayuno! — Anunció el maestro aire sonriente mientras le entregaba un plato lleno de frutas a sus compañeros y todos se sentaban alrededor de la fogata que debía cuidar Sokka. — ¡Espero que tengan mucha hambre!

— ¡Estamos hambrientos! — Vociferó la Avatar apunto de engullir los alimentos recibidos.

— ¿Sokka, estás bien? — Habló Katara mirando con una ceja alzada a su hermano. — Te vez algo pálido.

— ¿¡Eh!? — Saltó de inmediato el tribal, a pesar de que había pasado ya un tiempo desde que vio a la Avatar y a su "amiga" entrenar, la impresión aún estaba plasmada en su rostro. — ¡Sí, sí! ¡Estoy bien! ¡Excelente! ¿O no, Asami?

— No lo sé, Sokka... — Respondió sinceramente la ingeniero comiendo sus alimentos. — Hoy en la mañana dijiste que no te sentías bien por la guardia nocturna y por eso no entrenaste con nosotras.

Cuando la CEO dijo la -mala- excusa que le había dado Sokka, Katara y Aang no tardaron en echarse a reír por la inocencia de Korra y Asami y, a su vez, por lo patético que fue el argumento que usó el tribal para zafarse del entrenamiento. El maestro aire y la maestra agua ya habían visto entrenar a sus dos nuevas amigas y podían decir que ambas eran unas maestras en el combate cuerpo a cuerpo, elementales y no-maestro.

— ¿En serio, Sokka? — Comentaba entre risas Katara a punto del llanto por tantas carcajadas. — ¿Fue lo mejor que se te ocurrió?

— Creo que es más probable que Appa hable a que Sokka se anime a entrenar con Korra y Asami. — Agregó hilarante Aang.

— ¿No hay otro tema mejor para discutir? — Gruñó el guerrero apenado. — Como por ejemplo: ¿A qué lugar vamos a ir a por provisiones?

— Dsokka tiene dazón. — Secundó Korra hablando mientras comía. — Ya cadsi no nos queda comida.

— Korra... no hables con la boca llena, te estás manchando la cara. — Dijo la mecánica de ojos verdes y pelo azabache mirando con ternura a su novia, tomó el pañuelo que usualmente era para quitarse la grasa cuando trabajaba y quitó los residuos de comida que tenía la Avatar.

— Gracias, 'Sami. — Le sonrió la morena haciendo que la pelinegra se sonrojase.

— No hay de qué... — Se limitó a contestar la CEO volviendo a sus alimentos.

— ¿Qué les parece ir al pueblo de la Tía Wu? Ella tiene poderes extraños y quizá ayude a Korra y Asami. — Ofreció Katara ignorado las muestras de afecto entre sus amigas, tenía una apuesta con Aang en que ambas tenían algo más que una simple amistad, pero que no era amor.

— ¡No piendzo id con la tía Wu! — Se quejó Sokka con la boca llena con la esperanza de que Asami le limpiara.

— ¿Quién es la tía Wu? — Se interesó la ingeniero ignorando por completo al tribal.

— Una adivina, es muy buena en lo que hace, predijo muchas cosas ciertas a corto y largo plazo. — Explicó Aang aguantándose la risa ante su claro fracaso para conseguir que la chica de ojos verdes lo limpiase.

— ¡Eso suena súper genial! — Chilló emocionada Korra.

— ¡Y lo es! — La secundó Katara.

— ¡Hay que ir de inmediato! — Sentenció la futura Avatar parándose de sopetón.

— Korra, no quiero bajarte de tu nube... pero... — Alzó la voz la CEO mirando a su novia. — Hmn... Debemos primero cambiarnos las ropas de entrenamientos y levantar el campamento.

— Además, Appa aún sigue dormido y se pone de mal humor si lo despiertan. — Agregó Aang.

— Y yo tengo que afilar mi boomerang. — Se metió Sokka.

— Y yo llenar mi cantimplora de agua y lavar la ropa de mi tonto hermano porque, al parecer, se le caerán las manos si lo hace. — Finalizó Katara.

— ¡Oye! — Se quejó el tribal notoriamente ofendido. — ¡Afilar mi boomerang toma tiempo! Lo tengo que hacer con cariño y amor.

— ¡De acuerdo, de acuerdo! — Bufó la morena volviéndose a sentar. — Terminemos todo para poder irnos.

Una vez todo listo, el quinteto ocupó sus respectivos lugares en el lomo del adorable y peludo Appa quien accedía a llevarlos a todos de un lado a otro. Como era de esperarse, Aang se había posicionado en la parte superior de la cabeza de gran bisonte ya que él era quien iba a dirigirlo en esa ocasión, desde que Asami y Korra se habían unido al trío, los turnos para conducir a Appa se rolaban entre los dos Avatares y la no-maestra y quien más lo disfrutas cuando le tocaba era a ésta última. Korra y Asami, como era de imaginarse, se sentaron juntas en uno de los costados de la enorme y cómoda silla de montar hecha de piel café, la morena de ojos azules mantenía abrazada a la ingeniero con cierto aire melosos y unía sus manos con las de la CEO en el regazo de ésta mientras su cabeza descansaba sobre la de Asami. Katara, quien estaba paralela a la peculiar pareja, solo podía quedarse mirando aquellos fraternales actos mientras se preguntaba el cómo demonios su hermano, quien miraba embobado a cierta mecánica de cabello negro, no se percataba de la muy extraña relación entre la ingeniero y la Avatar.

Después de un tiempo en el aire y una pequeña parada por parte de Sokka para descargar "tensión" en un árbol, aterrizaron en un pequeño poblado del Reino Tierra que era abrazado de manera protectora por una zanja donde se podían apreciar pequeños destellos de lo que sería lava endurecida, después venia una muralla de color blanco con ligeras marcas de humo y quemaduras que seguramente fue provocada por el mismo magna candente que ahora custodiaba aquel poblado. Korra y Asami veían maravilladas el lugar, ambas estaban ya acostumbradas a ver siempre algún Satomovil o pequeños vestigios de aparatos mecánicos así que, al ver aquel pequeño pueblo llevar las cosas de un lado a otro en carreras, casas hechas a base de meramente roca o madera y demás materia no procesada en fábricas les llamaba demasiado la atención y se notaba el avance radical que los seres humanos habían tenido en tan solo algunas cuantas décadas y, de manera inconsciente, se preguntaban cómo sería el futuro de su tiempo. Varrick y Asami tenían ideas sorprendentes, como hacer un *aparato mecánico capaz de realizar operaciones gigantescas y complejas en tan solo unos cuantos minutos, o hacer que los teléfonos se pudiesen llevar a todas partes; pero, ¿que ideas tendrían en el mañana? ¿Qué tantas cosas averiguarían e inventarían? Tantas interrogantes que a la pobre morena le daban dolor de cabeza y a la ingeniero solo la ponían a pensar en si alguno de sus descubrimientos sería el primer paso para algo más grande.

Apenas sobrevolarlo el pequeño poblado, todos sus habitantes no pudieron evitar alzar la vista y ver aquel enorme animal peludo sobre ellos, digamos que Appa no era lo mejor si se quería ser discretos. Los saludos y gritos de bienvenida empezaron casi al instante, algunos saludando y vanagloriando al pequeño maestro aire, otros halagando y saludando a la maestra agua de menor edad y, por último, un solo ciudadano de aspecto graciosos, bigote extraño en forma de zigzag y sombrero en punta saludó al guerrero a la distancia diciéndole que la Tía Wu había precedido su regreso, cosa que molestó al aludido debido a que él seguía creyendo con firmas que los poderes de la adivinadora eran falsos.

El equipo Avatar descendió en una pequeña zona donde los habitantes habían evitado pasarse justamente para dejarle especial al gigantesco bonachón de Appa quien, apenas tocó tierra, fue recibido con miles de deliciosos manjares. Los chicos que venían arriba del bisonte bajaron apenas su amigo fuese atrapado por la comida y, allí, ya eran esperados por Meng, la aprendiz de la Tía Wu, a diferencia de cómo la habían visto la ultima vez; la chiquilla ahora llevaba su necio pelo rizado suelto dejándolo jugar con el viento, el espacio de su diente faltante ya había sido ocupado por uno nuevo, su tez se veía notoriamente más delicada y sus pecas le daban un tono más dulce de lo que su imagen era. Aang fue el primero en notar dicho cambio, pues recordaba a una chiquilla y no a una pre-adolescente que estaba a nada de entrar en la adolescencia. Quien le siguió fue Katara y, por alguna extraña razón, le molestó que cierto maestro aire se quedara viendo a la joven de tez morena. Seguidamente fue Sokka quien dejó su mandíbula en el suelo, ¿Cómo rayos había crecido tan rápido en tan solo unas semanas? Y, por último, estaban Korra y Asami quienes no sabían qué rayos pasaba y solo se limitaban a mirar curiosas la escena que se desarrollaba frente a ellas.

— Bienvenidos de nuevo. — Saludó Meng con su tono de voz agudo y nasal, al parecer no todo le había cambiado aún.

— ¡Hola, Meng! — Saludó el maestro aire con esa sonrisa infantil que le dedicaba a todos. — ¡Te vez bien!

— G-Gracias... — Se sonrojó ligeramente la chiquilla. — Tu no has cambiado nada, Aang...

— Disculpen. — Tosió falsamente Katara irritada ante el actuar de la aprendiz de adivina. — Pero queremos ir a ver a la Tía Wu, tenemos dos amigas que quieren conocerla. Y Sokka, cierra la boca o te entrarán moscas.

— ¿Quiénes son sus amigas? — Se interesó Meng pues la Tía Wu le había comentado que con el equipo Avatar vendrían dos extrajeras de un lugar tan lejano como él mismo tiempo.

— ¡Nosotras! — Alzó la mano la morena sonriendo de lado. — Soy Korra y ella es Asami.

— Mucho gusto. — Se presentó la CEO con su elegancia habitual.

Meng miró primero a la joven morena de ojos azules y de cuerpo bien definido, tenía músculos que no sabía que existían y su aura le recordó de cierto modo a la del mismo Aang, algo dentro de ella le decía que aquella chica sea valiente y muy segura de sí misma, pero nada más le llamaba la atención, todo lo contrario a Asami. La aprendiz de adivina quedó más que sorprendida por la belleza de la joven de tez lechosa, sus rasgos parecían de la misma realeza y por la forma en la que vestía y el color de sus ojos, supo que en la sangre de esa joven corría la marca de la Nación del Fuego, pero apenas conectó con éstos últimos, supo que en esa chica lo que menos había era maldad y que lo único que tenía de la nación candente eran esos rasgos tan finos y nobles que harían a cuales joven suspirar por ella.

— Disculpa, ¿Eres una princesa? — Le preguntó sin pensar dos veces la aprendiz de adivina, pues su belleza era igual al de las nobles de la Nación del Fuego, no menos.

— ¿Perdón? — Fue lo único que pudo atinar a decir Asami mientras parpadeaba sorprendida, la última persona quien le había dicho así fue Korra esa misma mañana entre sueños.

— Es que eres muy bella y solamente sé que las únicas personas así de bonitas son las nobles de la Nación del Fuego. — Aquello último hizo que todo el pueblo se fijara en la ingeniero.

Asami tragó saliva algo nerviosa, jamás le había molestado el hecho de que, efectivamente, su etnia perteneciese a la Nación del Fuego, es más, a pesar de que su nacionalidad era de Ciudad República, ella tenía por derecho de nacimiento y sangre la nacionalidad como ciudadana de la Nación del Fuego también, pero sabía que justamente en ese periodo, aquello era algo que era mejor no comentar en alto.

— Yo... — Empezó a decir la mecánica mientras pesaba a mil por hora alguna excusa o historia creíble para explicar todo el asunto de su familia.

— Ella lo es. — Se escuchó la voz de Korra rompiendo la tensión en el ambiente.

— ¿En serio? — Preguntó ilusionada Meng con ojos brillantes.

— Sí. — Afirmó la Avatar. — Ella es la prometida del sucesor del Jefe Tribal de la Tribu Agua del Sur, eso la hace una princesa.

— ¿De verdad? — Cuestionó impresionada la chiquilla.

— Sí, ¿Verdad chicos? — Pidió ayuda mudamente Korra con una falsa sonrisa en el rostro.

— Eh... Sí... Claro... — Contestaron Aang y Katara no muy convencidos.

— ¡Claro que sí! — Saltó Sokka al instante, pues en su mente él se veía como el heredero de la Tribu Agua del Sur y a Asami, obviamente, como su princesa.

— ¡Qué genial! — Soltó la aprendiz de adivina. — ¡Jamás habíamos tenido una princesa aquí! ¡Por favor, síganme, los llevaré con la Tía Wu de inmediato!

El quinteto miró como Meng les daba la espalda y empezaba a caminar de manera animada y sonriente y el equipo Avatar no tardó mucho en seguirla. Korra y Asami suspiraron con alivio al ver que sí se habían creído aquella mentira a medias que le dieron a la chiquilla pues, en efecto, teóricamente la Avatar era la "princesa" de la Tribu Agua del Sur ya que su padre fue nombrado Jefe de ésta y, por ende, la morena adquiría el mismo titulo que alguna vez sus primos tuvieron, el de princesa. Así que, mirándolo todo desde esa perspectiva algo rebuscada y muy confusa -incluso para ella misma-, Asami estaría saliendo con la princesa de la Tribu Agua del Sur y, si algún día ambas decidían juntas dar ese gran paso llamado "matrimonio" y solamente si su padre no estuviese muerto para es entonces (Cosa que dudaba bastante), la CEO también sería acreedora de tal título. Por lo tanto, la única cosa que sería "mentira" de la excusa que Korra decidió darle a Meng para que dejara de preguntar sobre los orígenes de su novia, sería el factor de que ambas estuviesen comprometidas, aunque... ¿Por qué no hacerlo una verdad también? A ella le habían enseñado que mentir era algo malo y, además, cuando lo hacía no le salía para nada bien, así que, si ambas estuviesen comprometidas, todo lo anterior dicho se volvería una verdad inminente, ¿No?

Los cinco jóvenes siguieron caminando detrás de Mang hasta que ésta se paró en seco haciendo que él peculiar grupo detuvieran sus pasos también, enfrente de ellos se alzaba un edificio color crema con adornos orientales y una puerta de fina madera corrediza con forma circular con decorados dorados. Asami y Korra miraron con gran interés aquella casa, adentro de esas paredes se encontraba la mujer llamada "tía Wu", de manera inconsciente ambas chicas pensaron por un momento en cierto príncipe egocéntrico que parecía ser una pulga prendida en Mako a veces. ¿Realmente esa mujer podía predecir el futuro? No era como si no le creyeran a sus amigos, después de todo, el único que iba contra la afirmaciones era Sokka y, pues, el guerrero tribal destacaba precisamente por ser una persona muy escéptica con respecto a esos temas. Ambas chicas suspiraron resignadas, si ellas habían viajado en el tiempo en dos ocasiones, no era tan rato que una anciana con una muy bonita casa pudiese predecir el futuro, ¿No? Quizá ella estaba ligada con algún espíritu o algo así y esa era la fuente de sus poderes.

La Avatar y la mecánica seguían metidas en sus pensamientos cuando al fin Meng abrió la puerta invitando a todo el grupo a pasar. El recibidor era bastante grande, en el suelo de fina madera café oscuro se podían ver varios cojines color rojo vino adornados con encajes dorados donde seguramente hacían esperar a los que estaban ansiosos por tener alguna predicción por parte de la adivina. El interior estaba hecho con madera que, a simple vista, se podía percibir lo bien lijado y barnizado que se encontraba, se notaba que había sido hecho por artesanos especializados en su ramo. Una pequeña mesita de roble descansaba paralela a los asientos, sobre ella, había un florero de cristal blanco hermosamente decorado con finas curvas negras que lo abrazaban como un amante toma a su pareja y, en el interior, emergiendo cuál sol naciente, una flor extendía sus pétalos rojos y brillantes cual cereza. Los cinco amigos ocuparon cada uno de los cojines disponibles; Aang decidió sentarse en el último que estaba pegado a la pared, junto a él, Katara y, al lado de la maestra agua, su hermano mayor. Asami se colocó junto al mayor de los tribales y, a su derecha, Korra ocupó su lugar. Los chicos veían todo a su alrededor, algunos recordando viejos tiempos, otros admirado la fachada y, ciertas chicas, entrelazaban sus manos de manera inconsciente mientras hacían lo segundo.

— Disculpen. — La nada afinada voz de Mang repicó en el aire enfocándose en ciertas jóvenes quienes desviaron sus miradas para encontrar a la chica de tez acanelada . — La tía Wu las espera, a ambas.

Explicó la aprendiz de adivina a los amigos quienes se quedaron extrañados ante tal declaración. Usualmente, la tía Wu atendía cada persona de manera individual y personalizada.

— ¿A nosotras? — Se aventuró a asegurarse Korra señalándose a sí misma y a su pareja quien estaba igual de extrañada.

— Sí, a las dos. — Confirmó la chica con cierto tono de fastidio. — No la hagan esperar.

— C-Claro. Vamos, Asami. — Acató Korra parándose y extendiendo su mano para poder ayudar a su hermosa ingeniero. — Ya volvemos, chicos.

— Suerte. — Les deseó Aang.

— Que les vaya bien. — Se despidió Katara.

— No crean en nada de lo que les diga. — Aquel comentario por parte de Sokka solo dio como resultado que sus dos compañeros le dieran un golpe en la cabeza. — ¡Oigan!

- o - o - o - o - o - o - o -

Decir que estaban nerviosas era poco, jamás, en toda su vida y viajes, habían dado con algún adivino o persona que asegurase que podía ver el futuro, era... simplemente extraño. No es que dudasen de los poderes de la llamada Tía Wu, por lo que ambas habían escuchado por parte de sus nuevos amigos y por cómo aquel pequeño pueblo la trataba, era más que razonable el darle ese voto de confianza. Sin embargo, aquellos nervios que sentía eran principalmente por lo que la anciana le podría decir; ¿Y si no sabía ella si iban a poder salir de aquel lugar? ¿Y si en su futuro había algo que no quería saber? Tantas cosas empezaron a bombardear en la cabeza de la Avatar que por un instante sintió la necesidad de dar un paso atrás, de no aventurarse en esas rejas desconocidas para la mayoría, pero abiertas para la mujer que estaba detrás de la puerta de madera que la separaba a su novia y a ella de su destino. Empero, aquella mala sensación que la recorrió entera acariciando cada fibra y nervio de su ser solo duró unos cuantos instantes, la mano que sostenía con firmeza la suya y que no parecía sentir miedo o angustia alguna le transmitió la seguridad que le hacía falta. Subió la mirada y vio aquel mar verde olivo que le hechizaba a tal grado de perder la noción de tiempo y el espacio, en aquel profundo océano no encontró rastro alguno de temor o duda, al contrario, una chispa curiosa revoloteaba entre aquella agua como si de una serpiente marina se tratase. Entonces supo que no había nada de lo que temer, sino que al contrario, había mucho por averiguar en esa visita.

Sintió como su compañera tomaba aire llenando sus pulmones con aquel esencial gas, sabía que la morena estaba nerviosa, lo pudo sentir en su agarre que se había vuelto algo más aprensivo. Asami sabía lo que su pareja estaba pensando, antes de que ambas estuviesen paradas frente a ese lugar tuvo algunos pensamientos semejantes, sin embargo, su curiosidad natural y su deseo por saber más de lo que ya tenía noción fueron mayores y, cuando sus ojos se enfrentaron con esos bellos glaciales cálidos que su compañera poseía desde siempre, se lo dio a entender. No había nada que temer. Ambas superarían aquello como siempre y, al sentir cómo la mano que con dulzura arrullaba la suya propia se tranquilizó, supo que su trabajo está hecho, para eso estaba ella, para ayudarla a calmarse, para apoyarla cuando estuviese dudosa, siempre a su lado en todo momento y no había cosa que más disfrutara en el mundo que ser ese granito de arena que ayudase a Korra pues, según Asami, era lo mejor que podía hacer por la chica que amaba. Ella no era una maestra, así que no podía protegerla ni pelear a su lado tan bien como quisiera a pesar de que se había ganado dicho derecho. No tenía gran afinidad espiritual, así que no lograba entender varias cosas sobre los problemas que su pareja enfrentaba respecto a ellos. Sin embargo, estaría allí junto a ella y le daría todo lo que estuviese a su alcance. Su fuerza. Su inteligencia. Su seguridad. Su curiosidad. Lo que sea con tal de que Korra, su Korra, no perdiese su rumbo ni se sintiera atemorizada por nada.

Ambas chicas compartieron una última mirada y, juntas, abrieron la puerta corrediza que tenían frente a ellas y, sin dudarlo, entraron. Lo primero que vieron fue a una mujer ya entrada en años, cabello grisáceo, algunos más claros, otros más oscuros; tez relativamente pálida, quizá lo más cercano a aquel tono era la crema de plátano que se le solía poner a los pasteles tradicionales de los nómadas aire y la experiencia se podía ver reflejada en esas arrugas que la decoraban dándole un aspecto sabio, casi compitiendo con el mismo espíritu de Wan Shing Ton. Los ojos de aquella mujer, de un verde cuán esmeralda pura, destellaban con un brillo único que solo comunicaba las vastas cosas que había visto en lo que llevaban abiertos. Sus ropajes, de color dorado y con adornos verdosos eran largos y cubrían su frágil cuerpo como si de una sabana se tratase, una sabana hecha con fino oro y hojas de menta. Su rostro estaba decorado castamente con una leve capa de maquillaje, unas cuantas sombras sobre sus ojos y un labial rojo sangre. Korra y Asami quedaron impresionadas con dicha mujer, si bien esperaban a una mujer anciana y decrépita, encontrar a esa mujerona que, a pesar de que los años ya se le veían, su aura seguía radiante y despampanante como él mismo sol de primavera.

— Bienvenidas, chicas, las estaba esperando. — Saludó la adivina con voz grave, de esas que poseen las personas de alto nivel intelectual y cultura. — Por favor, no sean tímidas, pasen y tomen asiento.

— S-Sí. — Dijeron ambas chicas en unísono.

La maestra multi-elemental y la CEO se adentraron aún más en esa habitación de color rojizo, en el ambiente se podía respirar el olor incienso que usualmente usaban los chamanes para poder limpiar su entorno de cualquier energía negativa. Tomaron asiento en las confortables almohadillas que la mujer de edad poseía para sus invitados y dirigieron su mirada a su anfitriona.

— Y bien, ¿No se van a presentar ante esta pobre anciana? — Preguntó con cierto tono dulzón la llamada Tía Wu.

— ¡Oh, sí, perdón! — Reaccionó primeramente la morena. — Yo soy Korra.

— Y yo Asami Sato, un placer. — Le siguió la CEO.

— Así que Asami y Korra... Una belleza dulce de la mañana acompañada de una ferviente hierba me vienen a ver. — Comentó la mujer sonriente. — Tuve visiones de ustedes dos desde hace semanas, al inicio me costó un poco interpretarlos pero ahora entiendo todo perfectamente. Y, díganme, ¿A qué se debe su visita?

— Eh... ¿No lo sabe? — Se interesó la Avatar curiosa.

— Querida, que sea adivina no quiere decir que lo sepa todo. Su visita me fue predicha, pero no su motivo ni nada por el estilo. — Explicó con dulzura la Tía Wu.

— Eh... Bien. Verá... — Inició Korra algo nerviosa.

— Estamos aquí porque queremos saber si usted sabe el paradero de Kenchi, el espíritu del tiempo y el espacio. — Terminó la ingeniero.

— ¿Conocen a Fatum? — Preguntó impresionada la mujer de edad avanzada.

— Tuvimos un encuentro con él hace... Ah... Algún tiempo. — Contó la morena con una sonrisilla — La cuestión es que ahora estamos aquí y no podemos regresar a nuestro tiempo.

— Ya veo... — Musitó la adivina colocando su dedo en su barbilla dando a entender que estaba analizando la información recibida. — Fatum es un espíritu muy tímido, un encuentro con él hace mucho tiempo me dio mis dotes de premonición, y, desde ese día, es rara la vez que lo he vuelto a ver en su forma terrenal. La última vez que tuve contacto con él fue cuando yo tenía quince años y de eso ya ha pasado su tiempo... Yo diría que demasiado. — Rió la mujer.

— Oh... Entiendo... — Susurró Korra agachando la mirada y la tristeza empezaba a pintarse en sus ojos, ¿Realmente no iban a poder regresar? ¿Se quedarían allí para siempre?

— Pero... — Aquella objeción dicha por la adivina fue una luz esperanzadora para ambas chicas. — Si en su futuro está el poder encontrarse con él, yo lo podré saber y, quizá, darles un poco más de información.

— ¿¡En serio!? — Dijeron la Avatar y la mecánica al mismo tiempo ilusionadas.

— Soy adivina, ¿No? Así que, por favor, tomen un hueso de este tazón. Elijan bien, porque con la ayuda de éstos podré tener una visión muy prometedora. — Pidió la Tía Wu señalando el bol que yacía plácidamente junto a la hoguera que se actuaba como barrera entre la pareja y ella.

La avatar miró a su compañera con cara dudosa y después al tazón que estaba cerca de la mujer que contenía cientos de pequeños huesitos de algún animal que no deseaba saber especie. Extendió la mano y tomó el primero que le llamó la atención, era algo largo con una terminación extraña en forma de punta y bicóncavo. Lo examinó unos cuantos segundos y, sin más, se quedó con éste.

— Ahora tú, Asami. — Pidió la Tía Wu.

La ingeniero alargó su mano enguantada y cogió un pequeño objeto óseo, era grueso y hueco, parecía una médula espinal o semejante, pues su estructura en la parte superior era algo más llamativa y puntiaguda. Una vez la miró con delicadeza, decidió que ese sería el que ella elegiría.

— Listo. — Asentó la adivina satisfecha por la elección de ambas chicas. — Ahora, Korra, arroja tu hueso al fuego para que pueda leer las grietas que éste le hará.

— De acuerdo. — Acató la Avatar tirando el objeto a las llamas ardientes que lo empezaron a rodear.

Lo que al inicio era una simple llamita inocente, en cuestión de segundos se volvió una llamarada que podía competir con el aliento llameante de un dragón furioso al cual le invadieron su nido. La Tía Wu estaba impresionada, en todos sus años de vida solo había visto algo así una vez con cierto maestro aire al cual le esperaba un destino tan grande como a la chica que tenía frente a ella. El humo parecía asemejar una manada de lobos hambrientos que se comían entre sí, devorándose uno tras otro y uniéndose en un solo ser. Las chispas salían por todos lados, inclusive, la morena tribal tuvo que usar su dominio para con el fuego para que no hiriese a su amada ingeniero.

— Esto... Esto es... — Empezó a tartamudear incrédula. — Impresionante.

— ¿Qué flamas fue eso? — Preguntó nerviosa la morena.

— ¡Tienes una gran misión por cumplir! ¡Estás destinada a hacer grandes cosas! — Exclamó maravillada la Tía Wu.

— Eh... Sí... — Musitó la tribal. — Ser el Avatar siempre conlleva a grandes cosas.

— ¿Eh? — Se extrañó la adivina ante tales palabras. — ¿Eres el Avatar? Pero eso es imposible.

— Técnicamente, seré el Avatar dentro de muchos años. Soy la vida futura de Aang. — Explicó Korra sonriente.

— Oh, ya veo. — Comprendió la mujer mayor. — Había olvidado que ustedes no son de este tiempo.

— No importa, creo que con esa explosión a cualquiera se le olvidaría. — Comentó asertiva la maestra agua. — ¿Ve algo más en mi futuro?

— Déjame ver. — Pidió la anciana concentrándose en el humo que aún se dispersada por toda la habitación y leyéndolo como Kenchi le había enseñado. — Veo que has pasado por muchas cosas, tantas que llegaron a cambiarte de tal forma que ahora podría decirse que eres una chica distinta, pero en realidad, sólo maduraste y entendiste varias cosas. ¿No es así?

— Sí, así es. — Confirmó Korra impresionada.

— Veo que hace poco tuviste un periodo algo duro, pero lograste salir de éste para enfrentar tu destino y conservar lo que tus vidas pasadas atesoraban. La vida. — La maestra multielemental solo afirmó con la cabeza, la Tía Wu sí que era buena en su rama. — Pero... aquí hay algo extraño. Tu destino pasa a difuminarse, como si de repente le faltase algo para estar completo. No puedo ver más allá de eso... Lo siento.

— No hay problema. — Le quitó importancia Korra, quizá ser el Avatar interfería en esas cosas.

— Ahora, vas tú, Asami. — Señaló la adivina. — Arroja el hueso al fuego. Solo espero que no haga otra explosión tan grande como la de Korra, si es así, mi pobre hogar se reducirá a cenizas.

La CEO solo pudo reír ante el curioso comentario y, sin más, arrojó el hueso que había seleccionado entre todos a la hoguera. A diferencia del de Korra, el objeto óseo de Asami fue acariciado graciosamente por el fuego, como si ésta lo cubriesen con sus delicadas llamas fuesen manos y aquel objeto cremosos la piel más tersa del mundo. El humo no tardó en hacer su aparición en forma de espiral creciente llenando cada parte del lugar con su volumen, parecía una enredadera salvaje, expandiéndose y entrelazándose para formar cadenas unidas que no serían separadas por nada.

— Una reacción totalmente diferente. — Denotó la Tía Wu asombrada. — Jamás había visto algo así en mi vida.

— Supongo que Korra y yo no somos nada típico. — Comentó con un tono dulce la ingeniero sonriendo.

— Ya lo creo. — Concordó la mujer. — Pero ya basta de charlas, creo que es tiempo de ver que hay por aquí.

La adivina empezó a examinar meticulosamente el humo que salía aún de su pequeño fuego y las grietas que éste le había hecho al hueso, a diferencia de lo que había pasado con Korra, cuya lectura era muy complicada por ser el Avatar, la Tía Wu no tuvo muchos problemas para leer toda la vida de esa joven de bellos ojos verdes.

— Veo que has sufrido bastante. Primero la pérdida de tu madre, luego la traición y pérdida de tu padre, el gran peso del negocio familiar que te fue puesto en tus hombros a una edad muy temprana y las rupturas de corazón que tuviste. Y, aún así, seguiste adelante. — Narró la adivina con cierto tono melancólico.

— Tuve a mi lado a mis amigos que me ayudaron a superar todo eso. — Explicó Asami mientras de manera inconsciente buscaba la mano de Korra que no tardó en hallar y sujetar.

— Es lo que veo... — Sonrió la anciana. — Pero no solo puedo observar amistad por aquí... Hay una persona muy especial en tu corazón y, por lo que me dice este viejo hueso y los susurros del humo, es la persona correcta.

— ¿En serio? ¿Y se puede saber cómo es esa persona? — Preguntó por mera curiosidad Asami provocando un nudo en el estomago a Korra por el temor de lo que dijera la adivina que, por lo que veía, era muy poco probable que errase.

— Pues... Esa persona es algo infantil, tosca a veces, con un destino impresionando por delante y, sobre todo, un maestro de lo más poderoso y sabio. — Describió la Tía Wu. — Si tuviese que concluir algo, diría que esa persona es el Avatar.

— Sí, el Avatar... — Susurró la mecánica mirando a su novia quien sonreía de manera tonta.

— Pero, hay algo extraño... — Comentó la mujer con una ceja arqueada. — Al igual que con Korra, tu destino parece incompleto, como si faltara algo... O, mejor dicho, como si fuese el complemento de algo.

La vieja adivina empezó a atar cabos sueltos apenas se percató de eso, miró a ambas chicas que compartían un casto apretón de manos y, posteriormente, analizó las visiones que tuvo. Por un lado las de Korra que parecían incompletas y, por otro, las de Asami que pareciese el complemento de éste.

— Chicas... — Llamó la atención de ambas la Tía Wu. — ¿Podrían tomar un solo hueso, las dos juntas?

— ¿Eh? — Atinaron a decir ambas ladrando su cabeza.

— Al parecer, sus destinos están unidos, así que, si cogen un hueso elegido por ambas y lo arrojan, quizá pueda leer su futuro completo. — Explicó la adivina.

Korra y Asami se miraron mutuamente preguntándose mudamente que harían, después de un pequeño lapsus de tiempo de escasos segundos decidieron hacerlo, total, no perdían nada con internarlo. Ambas estiraron sus manos y empezaron a urgir en el bol de huesos que estaba junto a la adivina, pasaron unos cuantos minutos antes de que ambas manos lograsen elegir a la vez un pequeño hueso, quizá de una pierna, no lo sabían con exactitud. Lo sacaron y miraron con detenimiento, era curvado y muy liviano, casi podían afirmar que parecía un radio.

— Bueno, arrójenlo. — Pidió la mujer de avanzada edad.

La Avatar y la CEO aventaron sin dudar el objeto que tenían entre las manos. Si la adivina se había quedado impresionada con las reacciones de ambas jóvenes al poner sus respectivos huesos, aquello que estaba viendo lo dejaba como algo insignificante. Apenas el hueso hizo contacto con las llamas, éste explotó, literalmente, avivando las llamas que se extendieron por lo alto, el humo lo acompañó como si su fiel lacayo fuese e inundó el recinto de tal forma que pareciese que tanto el fuego como el humo estuviesen persiguiéndose mutuamente. Las llamas que usualmente tienen un color anaranjado-rojizo, ahora destellaban con mil y un colores distinto. Era un espectáculo increíble, tanto que no solo la Tía Wu quedó impresionada ante tal obra, sino que también la Avatar y su compañera estaban boquiabiertas ante tal escena.

— Esto es... — Empezaron ambas chicas incrédulas.

— Maravilloso. — Completó la adivina sin apartar la vista del humo y fuego, ahora todo estaba tan claro para ella que podría hasta predecir con exactitud toda su vida. — Encontraran a Kenchi muy pronto, él se les presentará en el momento idóneo y volverán a donde pertenecen.

— Eso es bueno. — Comentó aliviada la Avatar.

— Pero eso no es todo lo que veo... — Expresó la Tía Wu con tono pícaro.

— ¿Qué? ¿Hay más? — Preguntó curiosa Asami.

— Oh, sí que hay más. — Sonrió la mujer. — Veo un par de pequeñitos por aquí. Una niña tan valiente y poderosa como Korra, pero tan sumisa y lista como tú, Asami. Un niño tan intrépido y geocéntrico como Korra...

— ¡Hey! ¡No soy egocéntrica! — Se defendió la maestra agua.

— Cariño, tú siempre estás alardeando de tu fuerza y manejo de los elementos. Si eso no es egocéntricos, no sé que lo será. — Se burló la CEO con ternura.

— Pero igual de listo y sensible como Asami. — Terminó la mujer de avanzada edad. — Sin duda, hijos dignos de ustedes dos.

— ¿Hijos... nuestros? — Susurró la ingeniero.

— Sí, y por lo que todo esto me dice... Les esperan tiempos muy felices cuando regresen. — Finalizó algo insegura la adivina, pero sus acompañantes ignoraron aquel gesto.

— ¿¡Escuchaste, 'Sami!? ¡Vamos a ser mamás! ¡Tú y yo! ¡Tendremos una familia! — Gritaba eufórica la maestra de los cuatro elementos parándose y extendiendo los brazos con emoción. — ¡Es increíble! ¡Gracias, Tía Wu!

— Sí, fue un placer tener esta cita con usted. — Agradeció la Sato mientras agarraba a su novia del brazo en un intento por tranquilizarla.

— ¡Vamos, Asami! ¡Quiero gritar esto a los cuatro vientos! — Vociferó la morena emocionada.

— Creo que ya nos pasamos a retirar, fue un placer conocerla. — Se despidió la CEO al mismo tiempo que era jalada por la morena. — Y no, Korra. ¡No lo vas a gritar a los cuatro vientos! ¡Tampoco puedes decirle solo a Appa!

— Esas dos tiene un gran futuro por delante y, a su vez, trágico. — Musitó la Tía Wu para sí con cierta tristeza que se le pasó al ver cómo había quedado su habitación. — ¡Esperen! ¿¡Quién va a cubrir todo esto!?

- o - o - o - o - o - o - o -

— ¡Chicas! — Saludó Aang al ver a sus nuevas amigas salir del cuarto de la adivina. — ¿Cómo les fue? Escuchamos gritos.

— ¡Nos fue de maravillas! — Contestó Korra con una sonrisa bobalicona en la cara.

— Por la sonrisa que ambas tienen diría que la Tía Wu les dijo algo más que solo dónde encontrar al espíritu que buscan. — Dedujo Katara arqueando una ceja de forma picara.

— Digamos que... — Inició Asami.

— Nos dieron una noticia que no esperábamos. — Terminó Korra observado a sus amigos y notando la falta de uno. — Oigan, ¿Dónde está Sokka?

La maestra agua y el nómada aire se miraron entre sí, ahora que lo pensaban, el guerrero tribal había desaparecido desde hacía ya un rato diciendo que tenía asuntos más importantes que atender.

— Ni idea, dijo que se iba, pero no a dónde. — Explicó Aang encogiéndose de hombros.

— Yo creo que fue al baño, tarda una eternidad allí y solo los espíritus saben que hará adentro. — Comentó Katara quitándole importancia. — En fin. ¿Qué tal si vamos por provisiones y nos juntamos a comerlas frente al lago Khoi?

— Eso suena grandioso. — Habló Korra sonriendo. — ¿Por qué no se adelantan? Quisiera hablar con Asami sobre algo... a solas.

La aludida miró con cierto interés las palabras dichas por su novia y un pequeño escalofrío le recorrió la espina dorsal. ¿Qué era de lo que deseaba hablar con ella? ¿De lo que se acababan de enterar? ¿Algo más allá de eso? ¿¡Quería romper con ella!? Vale, lo ultimo era muy exagerado y dramático hasta para la misma Asami, pero cuando en una relación alguno dice las escalofriantes palabras: "Quiero hablar", es imposible no sentirse intimidada y pensar lo peor.

— Claro, les esperamos allí dentro de media hora. — Accedió Katara.

— Perfecto, nos vemos allí dentro de un rato. — Agregó la futura Avatar amablemente mientras veía a sus amigos retirarse. — Y, bien, ¿Nos vamos?

Dicho esto, Korra tomó a su hermosa compañera de la mano y salieron del hermosos recinto al exterior, de lo que quería hablar la morena con su novia era tan delicado y, a su vez, importarte que no debía ser dicho en cualquier lugar, sino en uno muy especial y ella sabía perfectamente en donde tratar ese tema. A Asami siempre le gustó el agua y el mar, así que, ¿Qué mejor lugar para pedirle que fuese su prometida que frente al lago Kohi?

- o - o - o - o - o - o - o -

La pobre mujer estas exhausta, al fin había terminado de limpiar el desastre que sus anteriores visitantes habían dejado. La Tía Wu no tenía palabras para describir lo que acababa de vivir y sabía que iba a ser la única vez en la cual ella podría ver dos destinos así de unidos que requiriesen al otro para poder ser descifrados. Estaba pensando justo en eso cuando escuchó su puerta abrirse y cerrarse de sopetón, tanto así que su cuerpo reaccionó de manera involuntaria y dio un pequeño respingo que le hizo saltar uno cuantos centímetros del suelo. Dio media vuelta sobre su talones y lo que sus ancianos y cansados ojos vieron la dejo más que extrañada. Frente a ella estaba nada más y nada menos que Sokka, el amigo del Avatar Aang que no creía en sus capacidades de adivinación, tenía la cabeza gacha y un leve rubor se podía apreciar en sus mejillas.

— ¿Sokka, qué haces aquí? — Se interesó la adivina casi de inmediato.

— Lo mismo que todos. Quiero saber algo de mi futuro. — Sentenció el tribal con firmeza. — Quiero saber con quién me voy a casar.

- o - o - o - o - o - o - o -

La brisa marina les acariciaba el rostro con sutileza haciéndole sentir un leve cosquilleo en sus sonrosadas mejillas, su cabello, largo y sedoso, jugueteaba libremente con el aire con olor a sal que cantaba en la orilla de la playa a su amor, la costa. Desde hacía un rato se había quitado sus bellas botas altas para poder sentir la arena entre sus dedo y el mar acariciarle las plantas de los pies con cada nueva oleada que éste daba para besar la arena que lo separaba de la tierra. El sonido de las típicas aves portuarias resonaba en sus oídos dándole a aquel lugar un ambiente muy vivido que, en opinión de la joven Sato, era lo más maravilloso que podía haber. Sonreía de manera bobalicona mientras aferraba la mano que la guiaba por aquella caminata en la playa, todos los nervios que anteriormente había sentido se desvanecieron como la arena en el agua cuando su novia la llevó a ese lugar. Korra, a pesar de ser una persona algo brusca y descuidada, siempre procuraba tener esos pequeños detalles con ella y le enamoraba esa parte de la morena, se sentía flotando como la espuma de lo feliz que era caminando junto a su pareja.

Por otra parte, la joven maestra de los cuatro elementos repasaba mentalmente lo que debía decirle a su novia quien parecía perdida en esos instantes y lo agradecía de antemano. Su respiración era agitada y su corazón se aceleraba cada vez más cuando pensaba en lo que iba a hacer. Korra sabía que a lo mucho ambas tenían saliendo unos cuantos meses y que, aquello que diría en pocos minutos era algo que rebasaba cualquier pensamiento racional. ¿Realmente debía pedirle a Asami que fuese su prometida? ¿Sería bueno dar ese paso? Asami siempre ha estado con ella y quería que siguiese así, quería poder verla despertar todas las mañanas, sentir su cabello, jugar con el, besar esos hermosos labios que tanto la enloquecían y llamarla su chica, su mujer, su Asami. «Mi... Asami...», pensó la morena en ese instante y todos los recuerdos relacionados con la ingeniero llegaron a su mente y el miedo se esfumó. Aquello no era la gran cosa, solamente le iba a dar un nombre a lo que ambas ya eran, sus vidas estaban unidas desde que esos ojos azules encontraron los oliva de la CEO, sus destino era estar juntas, lo sabían y, ahora, más que nunca.

En ese mismo instante Korra se detuvo en seco sacando por completo a Asami de su trance, se dio media vuelta y, como si su vida dependiera de ello, se abalanzó contra esos jugos labios cereza que tenía el privilegio de besar y estrecho a su novia entre sus brazos. Sintió su textura, tan blanditos como él mismo algodón o la seda. Su sabor, tan dulce como la miel más cara. Su sentir, tan cálido como la sonrisa de un infante. Y. En ese instante. Lo supo. No quería vivir sin esa mujer que tenía aferrada, su calor, su olor, todo de ella le era más necesario que el mismo oxígeno que le permitía vivir. Sin ella, por Raava, no quería ni imaginar que haría si la hermosa heredera Sato no estuviese con ella, con tan solo la mísera idea todo su ser ya se acongojaba. Separó sus labios de aquellos que eran como una droga para ella y miró esos ojos verdes que destellaban asombro y curiosidad a la vez. Por Raava, esos mares olivo eran la cosa más bella que alguna vez hubiese existido. Tan inocentes, tan puros, tan maravillosos, ¿Cómo es que pudo estar tan empeñada en ignorar esas bellezas esos años cuando joven?

— Asami... — Susurró la Avatar a escasos centímetros de la boca de su novia, sus respiraciones chocaban haciendo una fragancia exótica que a ambas le encantaba.

— Korra... — Musitó la aludida sin aire, aquel beso se lo había llevado todo.

— Sé que esto es repentino, y que quizá pienses que vamos muy rápido... Pero... — Dijo la morena antes de arrodillarse en el suelo y sujetar la mano de su novia. — Después de lo que nos pasó hoy, tengo la fuerza y certeza necesaria para preguntarte esto.

— ¿K-Korra? — Preguntó con un nudo en la garganta la CEO.

¿Aquello estaba pasando o era un sueño? Asami no lo sabía, pero, si era lo segundo, le rogaba a Raava y, si era necesario, a Vaatu que por favor nadie la despertara. Siempre imaginó ese momento en el que la Avatar estuviese en esa misma posición y, ahora que estaba pasando, ella con trabajo podía articular palabra alguna.

— Asami... Hemos estado por mucho tiempo juntas, hablando de nosotras... — Comenzó Korra con una voz segura, tanto que hasta ella misma se impresionó. — Has estado conmigo en las buenas y en las malas... Me ayudaste a pararme cuando estaba convaleciente y, si te soy sincera... No veo un futuro donde tú no estés para ser mi soporte.

La Avatar, con su mano libre, rasgó un pedazo de sus pieles.

— Pero de igual manera, quiero estar allí para ti. Quiero secar tus lágrimas y hacerte la mujer más feliz del mundo. — Y, en ese momento, Korra colocó aquella prenda frente a Asami quien empezaba a llorar de la felicidad sentida. — Asami... ¿Quieres ser mi esposa?

La mecánica no sabía como reaccionar. Su cerebro estaba totalmente desconectado de todo su cuerpo, quería gritarle que sí, que aceptaba ser su esposa, que quería formar aquella familia de la cual la Tía Wu había dicho con ella. Pero no podía, ese nudo en la garganta se lo impedía y su lengua pareciese que no tuviese músculos y solo fuese simple carne dentro de su boca.

— ¿Asami? — Dijo preocupada Korra al ver el llanto de su pareja en aumento. — Si es por el pedazo de tela, es solo temporal... Cuando lleguemos a nuestro tiempo te haré un collar de...

Pero la Avatar no pudo seguir hablando pues la CEO se arrojó a sus brazos mientras la abrazaba y besaba, al fin su cuerpo le contestaba y aquello fue lo primero que se le vino a la cabeza. Estaba feliz, más que eso, no existían las palabras aún para describir lo que estaba sintiendo en su pecho.

— ¡Sí, claro que acepto casarme contigo, Korra! — Logró articular al fin Asami entre sollozos.

La avatar no podía reducir la sonrisa que tenía en el rostro, con sumo cuidado, como si la chica que en esos instantes fuese de vapor y cualquier movimiento brusco la hiciera desaparecer, depositó un leve y casto beso en esos rojos labios que tenían sabor a sal y, al terminar aquella muestra de afecto, colocó el pedazo de tela que tenía sobre el cuello de la chica que, ahora, era su prometida. Su felicidad no podía ser medida con escalas normales ni espirituales. Aquel sentimiento que ambas se profesaban era algo más allá de lo comprensible, tan místico y maravilloso que solamente podían percibirlo con su alma y tan profundo que, cuando se desataba, todo el mundo a su alrededor parecía dejar de existir y solamente un ruido tan agudo como aquel chillido que en ese momento atravesaba sus tímpanos y rebosaba en su cerebro era lo único que podía hacer que aquello cuyo nombre era un misterio desapareciese. Asami y Korra desviaron su vista al origen de aquel sonido solo paga encontrase con cierto guerrero tribal que tenía en sus manos unas cuantas flores que dejó caer al momento que se echó a correr.

- o - o - o - o - o - o - o -

Sokka estaba contento, la predicción que la Tía Wu le había dado le dejó más que satisfecho. Según la adivina de mayor edad, él tendría el honor de casarse con la heredera de una familia bien acomodada y la única chica que poseía esas características era nada más y nada menos que la bellísima Asami. El joven tribal sabía que la mecánica provenía del ceno de una de las familias con mejor estatus del lugar donde ella vivía y, claro estaba, ella era la heredera única de aquel linaje. Así que, una vez que salió de aquel lugar, no dudó ni un segundo en dirigirse a la florería más cercana y comprar un gran ramo de flores; Sokka quería pedirle a Asami que fuese su novia y ella de seguro aceptaría, después de todo, ¿Quién se negaría a salir con él? Era guapo, inteligente y un guerrero hecho y derecho y no podía tener mejor chica que la ingeniero que compartía todos sus gustos y, no sobraba decir, era una guerrea de lo más capaz que logró romperle la nariz a nada más y nada menos que el Avatar, ¡El ser más poderoso del mundo! ¡Sin duda se había ganando la lotería! ¡Aquella chica sería suya, era su destino y, por primera vez, creyó en las predicciones de esa loca vieja!

El joven tribal dirigió sus pasos hacia la playa, según había escuchado, Korra quería llevar a Asami a ese lugar para hablar de algo. Seguro que era algún tema de chicas que él ignoraba. O bien, eso deseó con toda su alma cuando llegó a la bahía. No sabía que era lo que le había dolido más, el hecho de que la joven que, según él, quería estuviese besando a otra o el fatídico hecho de que esa otra mujer que era Korra le estuviese pidiendo matrimonio a Asami y ésta aceptase con gusto. Su corazón se rompió en mil pedazos y las lagrimas empezaron a recorrer sus mejillas, su padre le había enseñado que un hombre no lloraba y menos un guerrero, pero ver aquella escena llegó a romper algo dentro de su pequeño y frágil corazón de adolescente dramático. Lo único que pudo hacer fue dejar caer las flores que yacían en sus manos y salir corriendo tan rápido como sus piernas le permitieron para evitar que alguien lo viese en ese estado. Había sido rechazado antes, pero jamás le habían dejado por una chica y, ahora que lo pensaba, esa chica era nada más y nada menos que el Avatar. ¿Cómo podría competir ante eso?

Asami vio cómo su amigo se alejaba a paso veloz y constante, de cierto modo sabía lo que aquel Guerrero tribal sentía por ella y, por la reacción que había tenido, de seguro escuchó todas esas maravillas que Korra le dijo. Algo dentro de ella se sintió culpable, si bien no era su culpa que Sokka llegase en ese momento exacto, si podía sentirse identificada con su dolor pues ella también vivió algo parecido, no así de grande, pero si con la misma esencia. Sin perder mucho tiempo, se disculpó con su, ahora, prometida y le pidió que se adelantara donde Aang y Katara pues ella tenía que hablar con Sokka. Korra accedió de manera casi inmediata, no sabía porque su amigo había reaccionado como lo hizo, pero lo más seguro era que la mecánica hablase con él, pues ella era la persona más cercana al joven guerrero sureño después de su hermana y, si alguien podía sostener una conversación con Sokka sin morir, hacerle enojar u obtener una respuesta socarrona o sarcástica era Asami.

El pobre sureño estaba sentado a la orilla de la playa, su vista estaba perdida en el horizonte, justamente en ese punto donde el mar y el cielo se unen formado un solo ser. Su quijada estaba sobre sus rodillas y sus brazos abrazaban sus piernas. ¿Qué tenía él de especial? Siempre se decía que era el chico perfecto, pero ¿Realmente lo era? Si se ponía a compararse con Korra, que era una chica, él quedaba como una mala broma de guerrero. La morena era mucho más grande que él, más fuerte, valiente, y, sobre todo, ¡Era el Avatar! ¿Y él? Bueno, tenía suerte de tener a su hermana Katara a su lado y como amigo al actual Avatar. No era la persona más lista, ni la más musculosa, ni valiente, ni nada. ¿Por qué Asami seguía hablándole? ¿Por qué era su amiga? No entendía nada.

— ¿Puedo sentarme? — Escuchó una voz detrás de él.

El joven tribal estaba tan absorto en sus pensamiento que no se percató de la presencia de una hermosa joven de cabello azabache y de mirada verde.

— C-Claro. — Contestó el tribal haciéndole un lado a la chica.

— ¿Cómo estás? — Se interesó la ingeniero con tono preocupado.

— ¿Yo? ¡Excelente! ¡De maravilla! — Trató de mentir Sokka, pero fue más que inútil, ni él se lo creía.

— No me mientas. — Pidió la CEO frunciendo levemente el ceño.

— ¿Mentir? ¿Quién está mintiendo? Yo no estoy mintiendo. — Farfullaba el joven guerrero en un intento desesperado por matar la conversación.

— Sokka, sé que te gusto o... gustaba. — Reveló la mecánica dejando en blanco al chico de tez morena. — Y... lo siento.

— ¿Lo sabías? — Preguntó incrédulo el joven de ojos azules.

— Era muy evidente, o bien, para mí y para Katara. No sé cómo Korra jamás se percató de ello. — Explicó la chica de ojos verdes.

— Cierto... Ah... Felicidades... supongo. — Expresó Sokka vacío.

— Eso sonó muy comprometido. ¿Es porque ambas somos... chicas? — Preguntó algo temerosa la CEO.

— Asami, viajo con un niño de ciento doce años... Esto no se le compara a ello. Además, no sé cómo sean las cosas en el futuro. — Trató de bromear el joven en vano.

— ¿Entonces? — Quiso saber la mecánica.

— Es porque jamás tuve oportunidad contigo. — Explicó el chico del sur. — Comparado a Korra, jamás podría haber llamado tu atención. No soy especial en nada.

— Sokka, lo mío con Korra lleva mucho tiempo... Demasiado... — Trató de darse a entender la ingeniero. — Y tú eres especial, solo que... aún no es tu momento de brillar.

— Hmn... Claro. — Bufó el joven.

— Es verdad. Como te dije cuando nos conocimos, tú eres mi héroe de la infancia. Gracias a ti tuve el sueño de unirme al equipo Avatar y, sin aquello, no hubiese conocido a Korra ni a mis amigos. — Confesó la mecánica segura. — Eres leal, un estratega nato y un guerrero formidable. Solo que aún te falta mucho por recorrer.

— ¿En serio lo crees? — Cuestionó el sureño con lágrimas en los ojos y algunos mocos.

— P-Por supuesto. — Afirmó Asami.

— ¡Genial! — Saltó feliz Sokka empuñando sus manos.

— ¿Seguimos siendo amigos entonces? — Interrogó curiosa la CEO.

— ¡Si! ¡Ahora serás como mi otra hermana menor! — Sentenció el tribal.

— Por mí, encantada. — Accedió la chica de ojos verdes parándose. — ¿Qué tal si vamos con los demás? Estoy segura que nos deben estar esperando.

— Claro. — Dijo el guerrero caminando junto a la ingeniero.

- o - o - o - o - o - o - o -

Allí estaban los tres, Katara, Aang y Korra hablando en la orilla de la playa mientras comían un delicioso manjar de pescado acerca de lo que la morena de mayor edad le propuso a su prometida. La maestra agua de renombre estaba muy feliz ante aquel suceso, se imaginaba todo como un cuento de hadas hasta que su amiga les mencionó el incidente con Sokka. Katara amaba a su hermano y lo conocía a la perfección, de seguro estaba devastado por aquello, pero sus preocupaciones se disiparon cuando su amiga le informó que Asami había ido a hablar con él. La maestra agua apreciaba aquel noble gesto y la paciencia que debía tener la mecánica como para soportar a su hermano mayor, realmente esa chica era impresionante a pesar de ser una no-maestra y no podía estar más agradecida de que estuviese en la vida de Korra. Si apenas habían convivido algunos días, ya conocía lo volátil que podía ser la morena y era un alivio para todo el mundo el saber que había alguien que podía apaciguar la furia de la animal que la maestra multi-elemental llevaba adentro y que de vez en cuando salía.

El tiempo pasaba y el trío de amigos se preocupaba aún más por la nula presencia de Asami y Sokka, ¿Dónde estarían esos dos? ¿Les abría pasado algo? No, el tribal estaba con la ingeniero y, lo más probables, es que el primero terminarse siendo rescatado por la segunda. ¿Habría aparecido Zuko? Si esto era cierto, la demora de ambos chico tendría sentido, la última vez que se enfrentaron al adolescente con complejo de actor dramático había adquirido a un nuevo miembro llamada **Selene, que, por lo que parecía, entre esos dos había algo más que el simple deseo de capturar al Avatar y entregárselo al señor del Fuego. La susodicha compañera del príncipe desterrado era una hábil luchadora que llegó a poner en problemas a la mecánica y, si los habían emboscado, lo más seguro era que pidiesen un intercambio. Claro estaba, todo eran simples suposiciones con el simple y llano fundamento de que sus amigos estaban tardando demasiado. Si se ponían a pensar de manera más lógica, lo que quizá hubiese pasado es que Sokka viese algún bolso "varonil" y se quedase la vida entera meditando entre comprarlo o no.

Korra ya estaba exasperada y la idea de que su amigo tribal estuviese viendo un bolso había pasado a segundo plano, quizá le había pasado algo y estaban en peligro. Sin esperar ni un segundo más, se paró del lugar donde estaba dispuesta a ir por su amigo y su prometida, las cosas entre Asami y ella no las iban a echar a perder ni el mismo Lord Zuko en su fase más famélica. Estaba a punto de empezar a caminar cuando, a lo lejos, logró divisar una melena negra en la que podría perderse si fuera posible. Junto a aquella chica, estaba un joven algo más bajito que ella, sostenía con posesión e ilusión un cinturón café hecho con piel de algún pobre animal que había tenido la desgracia de ser cazado. Ahora tenía sentido la tardanza de ambos y, por la cara cansada que poseía Asami, al parecer acompañar al moreno de compras era algo muy agotador. «Ahora sabe cómo me la paso yo cuando voy con ella de compras...», pensó entre risas la futura Avatar mientras se acercaba a su compañero y prometida.

— Me alegra ver que ya están aquí. Tardaron mucho. — Comentó la morena saludando a su amigo y besando en la mejilla a su prometida. — Nos tenían preocupados.

— Sokka, ¿Cómo estás? — Preguntó su hermana con preocupación.

— ¡Excelente! ¡Tengo un cinturón nuevo! Y una hermana menor nueva. — Sonrío el guerrero tomando a la CEO por los hombros. — Asami es mi nueva hermana menor adoptada.

— Larga historia. — Confesó la ingeniero al ver cómo sus compañeros arqueaban sus cejas.

El trío de amigos se miró entre sí y empezaron a reír, al parecer las cosas entre esos dos estaban más que bien y terminaron siendo muy apegados, lo cual era bueno para todos. Así que, ya una vez todos reunidos, se juntaron, se acomodaron en la orilla de playa y allí se la pasaron un buen rato hablando de todo un poco. Risas, carcajadas y anécdotas fluían como él mismo océano que estaba frente a ellos. En algún punto, Korra y Aang decidieron hacer una pequeña demostración de aire control que dejó boquiabiertas a Katara y Asami, pues los movimientos que ambos maestros aires hacían eran más que espléndidos, se asemejaban a los mismos pasos de baile que hacía una hoja cuando danzaba con el viento. Después de eso, la futura Avatar decidió seguir con aquel espectáculo elemental y eligió el fuego para impresionar a todos. Hizo tal show que llegó a hacer un dragón con puro fuego, una rosa con llamas y una pequeña Asami danzante que se movía de forma espectacular entre las manos de su controladora.

Todo era gozo y diversión, tanto que el grupo de amigos no se percató del cambio que sufrió el cielo. De ser un hermosos color azul celeste, ahora era total mente negro y adornado con pequeñas perlas destellantes. La noche había caído ya y los jóvenes seguían en su pequeña fiesta a la orilla de la playa narrando partes de sus aventuras y demás cosas que se les pusiesen de frente. Pero el regocijo no duró mucho pues, en medio de una de las historias que contaba el maestro aire cuando una luz amarilla con ligeros toques cafés apareció seguido por las alas extendidas de una pequeña mariposa. Era Kenchi quien venía al encuentro de Korra y Asami así como lo había predicho la Tía Wu, lo que significaba que era hora de la despedida entre Katara, Aang y Sokka con Korra y Asami. Sabían que ese día llegaría, pero no tan pronto ni en las circunstancias en las que se encontraban en esos precisos momentos.

El adiós fue doloroso, algunas lágrimas se les escaparon a todos, pero quien más lo vivió fue el guerrero quien se despedía de una persona que había adquirido un significado muy importante para él y que sabría jamás olvidaría. Los abrazos y deseos de bienestar no faltaron, sobre todo en la despedida de entre los dos Avatares pues ambos tenían un camino difícil por recorrer y confiaban en el uno en el otro de que superarían las pruebas que la vida les pusiese por delante. Korra siempre estuvo orgullosa de su vida pasada, eso no era nuevo y escuchar por boca de Aang que él también estaba más que orgulloso y feliz de que ella fuese su futura vida la dejó más que tocada. Era algo que no podía creer y, aún así, estaba pasando. Esos días con ellos fueron maravillosos y esa despedida aún más, si por ella fuese, no se iría hasta dentro de dos o tres años, pero sabía que no podía hacer eso, pues en su tiempo era requerida y no quería ni imaginar lo preocupado que estarían sus amigos.

Ya una vez terminada la despedida, Korra y Asami se dejaron abrazar por la luz de Kenchi y, así como fue su primer viaje, fue el último. Ambas despertaron en el mismo lugar donde se fueron, junto a ellas estaban sus compañeros con cara preocupadas y preguntándoles si estaban bien, pues lo único que ellos sabían era que una explosión se dio en donde ambas estaban. La morena y la CEO se sentaron de donde estaban y se miraron entre sí sonriendo. Al parecer habían regresado justo en el momento cuando se fueron, ambas se pararon y la Avatar notó algo curioso, un pedazo de tela café abrazaba el hermoso y blanquino cuello de Asami y una sonrisa se dibujó en su rostro. Debían hacer un anuncio importante después, pero primero, querían descansar. Los viajes en el tiempo eran cansados, pero muy provechoso.

..::~Fin~::..

NOTAS DE LA AUTORA:

Primer*: En otras palabras, una computadora.

Segundo**: Pequeña promesa que le hice a una amiga cuyo crush es Zuzu.

FUMADAS DE LA AUTORA:

Y bien, aquí acaba "Paradoja", gracias a todos por estar conmigo todo este tiempo con este fic que, para mi, fue un relax de tanto drama que escribo.

Ahora, sé que no actualicé ni mostré señales de vida por todo un mes (para aquellos que me siguen en Tumblr se habrán dado cuenta) y el motivo de esto fue porque la Universidad me comió viva. Mi carrera tiene como base dos cosas que son bastante pasadas: Las artes gráficas y las matemáticas/física. Así que si juntamos estas dos cosas y le sumamos la palabra "movimiento" da como resultado una carga de trabajo monumental. Con decirles que para el final de una sola materia no dormí en cuatro días, literalmente.

Así que, bueno, perdón… Neta, lo siento mucho… Y más porque salí de vacaciones hace diez días y, pues, en vez de ponerme a escribir en plan "serio", me dediqué a dormir y a jugar Dragon Age (que por cierto… si un alma de buen corazón deseas darle un regalo a esta escritora que tiene PS3… Dragon Age II está en veinte dólares…. Solo digo), que, para los que lo han jugado (y que yo recomiendo) es un juego muy adictivo si te gustan las cosas con una historia muy compleja como a mí.

Ahora sí, me despido temporalmente. Quiero descansar, a pesar de que ya tiene más de una semana que salí, me siento mentalmente agotada… Si saben a lo que me refiero. Pero, esto no significa que dejaré de lado mis escritos, solo que me tomaré unos días para terminar Dragon Age Inquisition y si el alma de buen corazón aparece… Pues, el dos.

¡Zakuro volverá con una nueva historia llamada "Blind Love" que espero les guste, se los juro!

Sin más, hasta la próxima.

Zakuro Hatsune.