NOTAS DE LA AUTORA:

Bueno, empecé este nuevo mini fic sobre HanaDan, basado en los personajes del LiveAction japonés (el dorama y su película), y por lo tanto puede ser considerado como una historia consecutiva a la historia en pareja de ellos.

También porque le prometí un OneShot a una de mis lectoras (YAMAxKAZE), y terminó siendo suficientemente largo como para dividirlo en pocos capítulos.

Sin más, espero que les agrade. ¡Lean y disfruten!


"Malentendidos"

Tsukasa bufó por milésima vez durante aquel día. El trayecto le estaba resultando trabajosamente pesado, debido a la expectativa de lo que le esperaba.

– Deja de quejarte, pareces un pulpo gruñón –. Le dijo con tono burlón la mujer que iba sentada a su lado, dentro de la limousine.

– ¡¿A quién le dices pulpo, idiota!? – Respondió bastante enojado y con una vena marcándose peligrosamente en la sien.

– ¿Y a quién le llamas idiota tú? – Ella se exasperó y contestó con un tono excesivamente alto. Lo cierto es que escucharlo quejarse continuamente de esto, le hacía dudar de nuevo, sobre que tan buena idea había sido planear esto; y se sentía culpable...

Él miró por la ventanilla tratando de controlar su enfado, y suspiró –. No entiendo porque accediste a ir, precisamente esta noche –, le dijo cansinamente.

– Si tan sólo mi esposo no fuera tan estúpido y me tomara en cuenta para decidir sobre estas cosas importantes; si me recordara siempre sobre lo que ocurrirá en su apretada agenda, y me escuchara cuando debo decidir algo así, entonces esto no habría pasado –. La chica ultimó esto con ironía, cansada de que él volviera a reclamarle.

– ¡Ya deja de llamarme estúpido! – El rizado volteó la vista dispuesto a encararla, pero de inmediato se tranquilizó. Sinceramente no quería contestarle así a su Tsukushi, pero a veces lo exasperaba –. Hemos dejado atrás una reunión importante, pero sobretodo, abandonamos al F4 en aquel lugar...

– ¿Abandonarlos? – Ella se cubrió la boca y trató de contener la risa –, Ellos se veían bastante a gusto ahí… con Soujiro acaparado de atención por aquellas modelos, Akira platicando descaradamente con la esposa de ese empresario ebrio, y Rui atiborrándose de comida del banquete... dudo mucho que se sientan abandonados por nosotros.

Tsukasa suspiró de nuevo. – Es obvio que una mujer que creció pobre como tú, no entiende la importancia de la reunión de esta noche.

– Claro que comprendo... además, ¡Ya me disculpe mil veces! – Contestó a la defensiva la chica, porque ella verdaderamente se sentía apenada –. De cualquier manera no pude hacer nada con mis padres...

Lo cierto es que seguramente Nishida le había mencionado antes sobre la cena de esa noche. Pero a pesar de ello no le tomó importancia, y debido a que sus padres insistían en que ella los visitara, no le molestó corroborar si el día planeado para verlos se cruzaba con alguna fecha importante.

Y es que quizá su marido tenía razón al decir que no comprendía nada. Pero con tan sólo un par de meses sumergida de lleno en ese mundo de ricos, aún le estaba costando trabajo adaptarse a la vida como esposa de ese poderoso hombre; teniendo que dar entrevistas ocasionales, acompañarlo a diversos sitios importantes, y siendo anfitriones de banquetes, cenas y reuniones.

Incluso aquella misma mañana cuando despertó por el ruido que se hizo mientras entraban a la habitación matrimonial una pareja de estilistas, no reparó en que esa noche debía darse una cena importante en algún lugar. Y lentamente comprendió mientras los escuchaba conversar, que la cena de esa noche sería llevaba a cabo en el propio jardín de la mansión Domyouji, porque el anfitrión sería su esposo.

También descubrió que el motivo de tan esplendido banquete se debía a que un importante ministro, acompañado de un presidente empresarial extranjero, irían esa noche a conversar –quizá sobre negocios- con el imponente líder del "Domyouji Zaibatsu".

Pero no sólo eso, si no que, además cayó en cuenta que aquella sería la primer reunión brindada en la mansión desde que se habían casado; así que también encontró sentido cuando Rui le mencionó que un periodista de una extranjera y distinguida revista de sociedad, aprovecharía la oportunidad para realizarles una entrevista como pareja recién casada y como importantes representantes (o mejor dicho, Tsukasa era el verdadero representante) de la economía mundial. Así que como su mejor amigo dijo, seguramente muchos de los que asistirían a la fiesta, aprovecharían también para felicitarlos y darles regalos, debido a la falta de una "celebración de élite" posterior a la boda.

Todo eso en una sola fiesta.

Por ello no le pareció incorrecto que su marido estuviera molesto en ese momento.

Aún así, él no podía quejarse del todo con ella.

Y es que cuando descubrió todo aquello, Tsukushi intentó desesperadamente comunicarse con sus padres para cancelar la pequeña comida familiar que habían acordado llevar a cabo esa misma noche; sin embargo entre más trataba, más en vano resultaba. Y cuando hizo un último intento, llamándoles a mitad de aquella fiesta, finalmente los localizó...

– ¿Eres tú Tsukushi? – Contestó con voz aguda su padre – ¡¿Puedes oírme Tsukushi?! – gritó a viva voz, dejando un poco aturdida a la chica – ¿Cariño, puedes venir? Creo que es Tsukushi la que marca, pero aun no entiendo cómo funciona esta cosa...

– Papá, sí soy yo –, finalmente logró decir entre risas la chica, al imaginarse a aquel hombre regordete de lentes, mirando desconcertado el celular que le había regalado.

– ¿Ah? ¿Tsukushi? – Aquel hombre volvió a despotricar contra el aparato, como si la chica no pudiera escucharlo, y finalmente prosiguió: – ¡Qué bueno que has llamado!... Ah, espera tu madre te dirá...

– Papá... espe...

– ¡Tsukushi! – La mujer habló con su tono alto de siempre, tal que, seguramente todos habrían podido escucharla. – ¡Es bueno que nos llames! Justo ahora estábamos pensando en cuánto demorarían, porque he preparado la cena favorita de tu padre y espero que a Domyouji-san también le agrade.

– Pero mamá...

– ¡Oh! ¡Papá, deja ya eso! Espera a que llegue Tsukushi para comenzar a comer... – La mujer al otro lado de la línea la ignoró totalmente. – Por favor querida, date prisa. Papá ya tiene hambre...

– Mamá, escucha... yo... – y sola se interrumpió, porque la única respuesta que obtuvo la chica después de eso, fue el insistente tono del fin de la llamada; dejándole en claro que había sido en vano tratar de convencer a sus padres.

Asi es como habían llegado a ese momento, y a estar en lo que Tsukasa consideraba un tortuoso viaje.

– Al menos tu familia siempre me ha parecido entretenida... – Admitió él – ... y han dejado de vivir en sitios tan incómodos.

Ella rió al escuchar aquello, pues supo que a pesar de su mal humor y que no deseaba aquello, su marido estaba intentando dar su mayor esfuerzo, porque de un modo u otro, siempre buscaba complacer a Tsukushi.

De pronto, la limousine se detuvo y el chofer bajó para poder abrir la puerta y ayudarles a salir del auto.

Lo cierto es que ella también agradecía que sus padres hubieran dejado de vivir en aquel incómodo departamento.

Ante ellos ahora estaba una casa pequeña, que a pesar de su tamaño, lucía preciosa con un estilo realmente estético. Una combinación perfecta entre la arquitectura japonesa y occidental.

Incluso antes de que Tsukushi se casara con Domyouji, durante su último año en la universidad, ella estuvo ahorrando algún dinero para comprarles un pequeño departamento. Pero luego de su boda, y como agradecimiento por todo lo que hicieron por ellos para unirlos aun más con la historia e idea de aquella tiara, Tsukasa insistió en brindarles un mejor regalo y obligó a Tsukushi a vender de nuevo el departamento aún desocupado, para que la familia Makino pudiera trasladarse a su actual hogar.

– Es un poco más apropiado para Su Majestad – coincidió la chica, riéndose de su esposo.

El hombre sonrió complacido y divertido por el comentario, y dijo: – Realmente estoy agradecido por haberme brindado ellos mi más grande tesoro... así que hubiera podido darles algo más... estilista.

– Elegante – corrigió Tsukushi, provocando un gesto por parte de él –. Pero la verdad es que no se hubieran sentido del todo cómodos... ya sabes, estábamos acostumbrados a ser una familia pobre. Ni siquiera yo me acostumbro a vivir en la mansión...

Al parecer aquel ultimo comentario siempre exasperaba a Domyouji – ¡Ya te dije que si no estás cómoda, nos mudem...!

– ¡No! – y como siempre ella contestó lo mismo – No hace falta; no entiendo porque tu afán en gastar dinero en otra casa...

– Los pobres son complicados – dijo Tsukasa en tono muy serio, sin darse cuenta que el verdadero complicado era él –. Y aun así, amaba a Tsukushi cuando era pobre.

– ¿Vas a seguir poniéndote romántico y recordando cuánto me amas, o entraremos ya a la casa? –, se mofó ella.

Él sólo atinó a sonrojarse tremendamente y la tomó del brazo, para luego arrastrarla hasta la puerta sin decir palabra; luego aporreó la madera con fuerza en un intento de escapar rápidamente de aquella situación que lo agraviaba.

– Ey, ey... – trató de tranquilizarlo su esposa, y le sujetó el rostro entre ambas manos para obligarlo a mirarla – No me digas que el gran Tsukasa está avergon...

Antes de que terminara de decir algo más, él le plantó un beso que la sorprendió.

– Sólo lo hice porque me miraste como si lo quisieras – dijo con orgullo Tsukasa, sonrojado aún más pero sin quitarle los ojos de encima.

La joven se quedó en shock una fracción de segundo. Pero al reaccionar, le sonrió mientras sujetaba su corbata, para luego lo jalarla y atraerlo hacía sí misma. Fue asi como en un instante, Tsukasa rodeó la cintura de su esposa con sus brazos, y la besó sin miramientos y con intensidad.

De pronto, sin que se dieran cuenta, la puerta frente a la que se encontraban de pie se abrió lentamente, permitiendo que una figura regordeta y con lentes saliera a recibirlos. La escena fue tan sorpresiva para el padre de Tsukushi, que carraspeó un par de veces para atraer la atención que los enamorados se robaban uno al otro.

Tsukushi respingó y lo miró a los ojos con vergüenza, justo como lo hacía cuando era pequeña, tras ser atrapada haciendo alguna acción que no fuera considerada apropiada. En cambio Tsukasa, confundido y sumamente nervioso, se giró con los ojos cerrados; de manera que terminó por dar la espalda a aquel hombre sin darse cuenta, e hizo una reverencia. No obstante, cuando abrió sus ojos y notó su error, aún más avergonzado dio media vuelta y repitió una reverencia más pronunciada.

Si ellos no estuvieran casados, cualquiera que mirara la escena habría creído que era un chico cualquiera, que se sentía nervioso ante la perspectiva de haber sido mirado por el padre de su nueva novia, mientras se besaban.

Haruo* lo miró detrás de sus gafas un par de segundos más, mientras su yerno continuaba reverenciándose ante él; pero sin más, le puso una mano en el hombro y comenzó a reír con su típica y estruendosa risa, provocando que su hija le hiciera coro y paulatinamente la tensión de Tsukasa desapareciera.

– Señor Domyouji, no tiene nada de qué preocuparse –, trató de tranquilizarlo aquel hombre con su voz bonachona.

En ese justo momento, la madre de Tsukushi, atraída por el ruido de tan repentina conmoción, se acercó por detrás de su esposo para preguntar sobre lo que estaba ocurriendo.

– Verás querida, abrí la puerta y entonces ellos... – el hombre regordete comenzó diciendo aquello a su esposa, pero antes de que pudiera continuar, su hija tomó la mano de su marido y a empujones los apartó de la puerta para lograr entrar a la casa. Una vez dentro, giró el rostro hacia el hombre que amaba y no se sorprendió de encontrar su expresión ruborizada, y cierta sonrisa de agradecimiento por librarlo de su incomodidad.

Desafortunadamente los señores Makino no eran tan fáciles de distraer, y menos cuando se trataba de la relación del millonario hombre con su hija.

Tras unos segundos, Chieko* dijo – Mi esposo ya me lo ha contado –, con voz tan alta que hasta les permitió adivinar que mientras lo decía, sonreía. Luego, ambos entraron al mismo salón donde se encontraba la joven pareja, y se miraron con complicidad; lo cual provocó una mirada de desaprobación por parte de la joven hacia su padre, porque él no había desaprovechado la longitud del pasillo de entrada, para soltar la boca –. No tiene nada porque sentirse tímido, Señor Domyouji. Después de todo, usted ya está casado con nuestra hija y es parte de nuestra familia.

– ¡Pero esos besos callejeros no son correctos! –, agregó en reprimenda el padre –. Aunque estén casados, ¡no eduqué a mi hija para que brindara aquella escena tan íntima, en plena calle!

El hombre ofreció su semblante más serio, lo que provocó que la hija agachara la cara con una mueca, y el pobre de Domyouji se quedara con el rostro pálido y en shock por el ataque de vergüenza. Sin embargo, cuando aquella aguda risa le hizo alzar la vista de nuevo a Tsukushi, fue a tiempo suficiente para ver como su padre se llevaba las manos a la cadera, en señal de victoria y burla –, ¿Has visto mamá? – le preguntó a su esposa – Los hice sentir reprendidos... hahaha...

¿Acaso su padre no sabía que estaba bromeando con el humor de un Domyouji?

Con este pensamiento, Tsukushi volteó a ver a su pareja y se sorprendió de verlo reír.

– ¡Tu padre es muy inteligente por haberme engañado de ese modo! –, elogió Tsukasa entre risas –. No cualquiera hace sentir nervioso a Su majestad –. Concluyó, de forma que tampoco se restaba importancia a él mismo.

Eso provocó que ella sonriera.

Recordó que inclusive, hace un tiempo, lo había visto hacer una reverencia completa -con la frente pegada al ras del suelo- ante sus padres; por lo que a pesar, de que a veces temía que aún pudiera sacar a flote su mal humor, al ver aquello, estuvo segura que Tsukasa respetaba demasiado a su familia.

Y más segura aún, de que ella amaba a ese hombre.

– ¿Tsukushi? – interrumpió su madre al sacarla de sus pensamientos – ¡No había notado que venían vestidos tan formalmente! ¡No era necesario! – le dijo al mirar el hermoso vestido de color negro de la joven, que hacía juego con las joyas y las zapatillas.

La chica estuvo a punto de explicarle lo sucedido: – Ah, es que nos encontrábamos en...

Pero antes de que abriera más la boca, Tsukasa interrumpió – ¡Oh, madre! Ahora es una Domyouji... es normal que esté acostumbrada a vestirse adecuadamente para todas las ocasiones, ¿Verdad? – trató de hacer que ella reafirmara aquello, y la miró directamente, haciéndole saber que no había necesidad de mencionarles la fiesta abandonada.

¿Realmente Tsukasa era capaz de sacrificar todo eso por ella? Bueno, los años habían demostrado la respuesta obvia: Siempre.

Tsukushi asintió y la madre convencida dijo – Ya veo... es comprensible y me halaga que vengan tan engalanados.

– Si si, es normal... – repitió Tsukasa. Pero en eso, Haruo posó una de sus manos en el hombro del joven y lo distrajo de la plática.

– Bueno, hija... ¿Podrías ayudarme a llevar toda la comida a la mesa? – la aludida avanzó en dirección a donde se encontraba su progenitora, y la siguió en dirección a la cocina y al comedor.

Luego suspiró cuando miró la mesa sobre la que comerían.

– ¿Qué pasó con el comedor que Tsukasa y yo les regalamos? – preguntó.

Cuando les brindaron la casa, en aquella estancia había existido una mesa alta con sus respectivas sillas, todo al estilo francés; que había sido elegido por un mimado Tsukasa que consideraba que las torceduras, adornos y curvas propias que poseía, eran las más hermosas, elegantes y apropiadas. Pero ahora, en vez de aquello, se encontraba un pequeño chabudai* que tenía capacidad para cinco personas.

La joven esperó mientras colocaba un par de platos sobre la mesita, pero como parecía que su madre no la había escuchado o no iba a dar respuesta, insistió. Así que a la mujer no le quedó mayor opción, que responder a su hija.

– Lo siento Tsukushi, pero lo vendimos...

– ¡¿Qué?! – preguntó exaltada mirando a su madre – Si necesitaban dinero debiste decirme...

– No, no... – negó mientras hacía un ademán con la mano – Eran muy altas, y no nos sentíamos cómodos sentándonos así; por eso la vendimos y compramos algo más apropiado. Además, siempre he dicho que comer juntos en un pequeño chabudai es mejor para unir a las familias. Y con el dinero que sobró, compramos una vaporera más grande, y el restante lo ahorramos –, le informó su madre, con un dejo de orgullo en la voz.

Por esa inesperada respuesta, la chica sonrió. Debió suponer que su familia estaba acostumbrada a comer sentada en el suelo, como lo habían hecho toda la vida... así que no podía enfadarse con ellos, sino consigo misma por haber cumplido los caprichos de su marido, antes que pensar en ellos. Además, no podía negar que habían elegido una bonita mesa de madera oscura -sin calentador, lo cual la hacía lucir mucho- , que además incluía sus respectivos zaizus*, con zabutones* hechos de fina tela.

Aunque, la verdad es que a ella también le costó un poco de tiempo acostumbrarse a comer en una mesa tan elegante como la que usaban Tsukasa y ella en la mansión, y preferiría algo más hogareño. Bueno… no podía negar que, al menos, lo había convencido de que tuvieran una mesa pequeña para ellos.

Un momento... Tsukasa... ¿Y si aquello lo incomodaba?

El joven hombre miró la mesa un par de segundos con una sonrisa, y sin decir más, tomó lugar en uno de los pequeños zabutones sin lamentarse; lo cual dejó a su esposa sin palabras, pues había supuesto que al menos habría una queja. En cambio ahora le resultaba hasta maravilloso ver el contraste de aquello: un gallardo hombre como aquel, sentado con la mejor de las posturas y elegancia ante aquella pequeña mesa.

La visión le encandilaba. Era el más perfecto contraste. Dos opuestos que se complementaban bastante bien.

De pronto, el sonido del timbre y el anuncio de un nuevo visitante, le hicieron recordar que debía apartar la vista y dejar de sonrojarse por pensar en él. Así que se dio vuelta para acudir a la puerta y abrirla, a tiempo justo para no alcanzar a ver como su esposo se cubría el rostro por vergüenza, pues se había sabido observado por ella.

¿Cómo es que la simple mirada de aquella menuda mujer, bastaba para desarmar completamente al poderoso Domyouji?

– ¡Debe ser Susumu! – gritó su padre a Tsukushi antes de que abriera.


Pues, acá les dejo el significado de aquellas palabritas que use:

* Haruo: Creo que nunca lo mencionaron en el dorama… pero ese el nombre del padre de Tsukushi.

*Chieko: Así se llama la madre.

*Chabudai: Es una mesa pequeña y baja, que tiene patas cortas. Generalmente son plegables y se pueden guardar fácilmente para ahorrar espacio (Ya saben, que en Japón todo es minúsculo XD). Las hay muy sencillas, o bastante elaboradas, dependiendo del gusto del que va a usarlas; y en ocasiones tienen integrado un sistema de calefacción, o bien, están unidas a una especie de manta, que se usa para mantener calientes las piernas en invierno, o no se entuman por estar en esa posición ante el frío suelo.

*Zaisu: Digamos que es lo más parecido a una silla occidental, pero sin patas; algo así como un simple respaldo. Se usa para mantener una postura cómoda y tener donde apoyar la espalda al estar sentado en el suelo.

*Zabuton: Es un cojín que se usa para sentarse en el suelo. El zabuton está montado sobre el zaisu.

Y bien, ¿qué les parece esta historia?

Quizá no es importante... pero com esta historia surgió mientras aún tengo en mente mis otros dos fics, quizá pueden estar situada entre las historias de "Un nuevo comienzo: Para siempre" y "Descubriendo una nueva vida"; por si gustan pasar a leerlos también :3

Espero que pasen a comentar y me digan su opinión sobre esto!