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TRIAN (Del lado de los ángeles)

Maye Malfter

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Epílogo

Extrañamente, era un buen día en Londres. Ni muy nublado ni muy húmedo ni muy soleado; un clima perfecto para ir al parque o hacer un picnic con alguien especial. Pero John tenía otros planes.

Justo varios días antes se había encontrado con un ex compañero de la universidad al que había invitado a un café para recordar viejos tiempos y ponerse al día con sus respectivas vidas. Mike Stamford le había contado de su familia, su trabajo como profesor de química inorgánica y su ganancia de peso desde sus días en la facultad; John había relatado sus aventuras en Afganistán y el motivo de su invalidación, así como su agradable y tranquilo modo de vida actual, y el hecho de que se encontraba buscando un compañero de habitación para poder aligerar las cuentas.

Sin embargo, y aunque consideraba a Mike como un hombre de confianza y de mente abierta, John había elegido dejar por fuera una parte crucial de su historia: la parte en la que una criatura con forma humana y alas invisibles le había salvado la vida en más de una manera, apartándole del camino de un gran autobús en marcha y dándole la esperanza que su vida necesitaba.

Más de un año había pasado desde aquello, y si bien John ya jamás había vuelto a sentir o a ver a ese hombre, algo dentro de él le decía que ese no sería su último encuentro. El ex-militar había recuperado el control de su vida después de aquel incidente, y también había comenzado a buscar respuestas a sus múltiples interrogantes existenciales: ¿Quién era ese hombre? ¿De dónde había salido? ¿Por qué casi nunca pudo verle? ¿Cómo había sabido que John estaba allí?

La palabra «ángel» había pasado por su mente muchísimas veces, pero ningún libro que leyera acerca del tema terminaba de explicar todo lo que le había pasado a él. Pero ángel o no, si había algo de lo que John estaba seguro era de poder reconocerle donde fuera.

La noche del incidente, la calle había estado totalmente oscura, pero incluso a la tenue luz de la luna, el doctor pudo distinguir los ojos de su salvador. Un etéreo e hipnotizante color aguamarina, profundos, cautivadores, fuera de este mundo. John los había visto en sueños tantas veces que ya ni siquiera podía contarlas y si alguna vez volvía a cruzarse con ellos, él sabría de quién se trataba.

No obstante, con el pasar del tiempo el doctor había ido perdiendo las esperanzas de verle de nuevo, y aún con la certeza de que el encuentro pasaría tarde o temprano, se había logrado adaptar a la idea de que no sería demasiado pronto, o que quizás ni siquiera sería en esa encarnación. Así que vivía su vida lo mejor que podía, ocupando sus días entre el trabajo y los amigos, visitando a Harry de vez en cuanto y devorando cuanto libro metafísico y espiritual caía en sus manos, aunque ya simplemente lo hacía para distraerse más que para investigar. Y dentro de sus muy mundanas y para nada extraordinarias preocupaciones, estaba la de conseguirse un compañero de departamento con quien compartir gastos para poder dedicarse a escribir sus memorias.

Se encontró con Stamford en su oficina del St. Barts, mientras éste recogía sus pertenencias para irse a almorzar con él como lo tenían planeado. La oficina era pequeña y estaba repleta de libros y papeles, pero algo en el ambiente le hacía bastante acogedora. Mike lo recibió sonriendo ampliamente y estrechó su mano con familiaridad.

—John, me alegra verte. Pensé que llegarías un poco más tarde —dijo al soltar su mano.

—Estaba por aquí y decidí venirme de una vez —explicó John, sintiéndose un poco tonto por haber llegado media hora antes de lo planeado—. Pero puedo esperar a que termines.

—No, no. Si yo ya voy terminando —aseguró Stamford sin perder la bonachona expresión—. Sólo me falta llevar unos papeles a recursos humanos y estoy listo para irnos. —John asintió y esperó de pie mientras Mike se ponía su abrigo y tomaba una gran pila de carpetas entre los brazos. El doctor se ofreció a ayudarle, pero su amigo rechazó el ofrecimiento—. No te preocupes, John, yo los llevo. Aunque sí me vendría bien alguien que me acompañe y me abra la puerta.

Salieron de la oficina y recorrieron pasillos que para John eran bastante conocidos. La plática era tan amena que en menos de nada llegaron a su destino: la oficina de recursos humanos, justo al frente del laboratorio de química. Si la memoria de John no fallaba, había sido ahí donde sintió la extraña presencia sobrenatural por primera vez, y el ex-militar no pudo evitar sonreír un poco. Mike se había detenido frente a la puerta que John mantenía abierta para él, con expresión pensativa.

—¿Sucede algo? —quiso saber John, volviendo su atención de nuevo hacia su colega. Mike negó con la cabeza.

—No es nada —reiteró—, sólo que me estaba preguntando si nuestro hombre misterioso estará de casualidad trabajando en el laboratorio a esta hora.

—¿El que está buscando compañero de piso? —preguntó el doctor, tratando de llevar el ritmo de la conversación. Por un momento pensó que Stamford estaba hablando de su ángel.

—Ese mismo —confirmó Mike—. Ya que estás aquí y tenemos tiempo de sobra de llegar al restaurante, no sería mala idea que se conocieran a ver si es lo que estás buscando.

Una extraña sensación se extendió por todo su cuerpo tras esas palabras, haciendo que su ritmo cardíaco se acelerara. Algo en la frase de Mike le hacía sentir como si eso ya lo hubiera vivido, un deja vu que presagiaba algo más. La sola idea le pareció completamente ridícula, así que la descartó de inmediato.

—Entonces te espero y vamos juntos a buscarle —aventuró John, todavía con el corazón acelerado.

—¡Tonterías! —desestimó su amigo—. Entra tú en el laboratorio mientras yo voy y llevo estas cosas; si hay alguien ahí a esta hora, de seguro que es él, y si no hay nadie, igual yo te alcanzo en un momento y nos vamos a almorzar. —Y con una última sonrisa, Mike por fin entró en la oficina.

John sentía que algo estaba fuera de lugar, como si todo eso estuviera destinado a pasar pero de manera distinta. «Debo dejar de leer cosas raras antes de dormir», se dijo, sacudiéndose todas las dudas y cruzando por fin el espacio que lo separaba del laboratorio.

El lugar era casi como él lo recordaba, amplio, iluminado y con mesones de trabajo llenos de equipos y químicos. Estaba completamente vacío salvo por un estudiante sentado frente a uno de los microscopios, cuyos rizos oscuros y piel de alabastro resaltaban incluso desde la distancia. El médico comenzó a caminar hacia el otro con cautela, notando como su presencia era olímpicamente ignorada. Se aclaró la garganta para hacerse notar.

—Ejem... Buenas tardes. Disculpe mi intromisión-

Pero las siguientes palabras huyeron por completo de su mente justo cuando el hombre levanto el rostro hacia él. El brillo en su mirada, el color de ojos tan característico, la forma de observarle como si supiera todo de él. Su sonrisa. John le conocía, estaba seguro de ello, y no podía tratarse de nadie más, pero... ¿Sería posible?

Detrás de él, la puerta del laboratorio volvió a abrirse, y la voz de Mike Stamford resonó en el silencio.

—¡Ah! Pero miren a quién tenemos aquí. Sabía que te encontraríamos —saludó, rodeando la mesa para ubicarse frente a ellos—. Este es mi amigo John Watson y está buscando compañero de habitación. Cuando me lo dijo, me pareció que sería buena idea presentarlos a ustedes dos.

El misterioso hombre se levantó y se acercó a él, la misma sonrisa de antes adornando sus labios. John apenas y podía disimular todo el carrusel de pensamientos que giraban dentro de su cabeza, y tardó un par de segundos en darse cuenta de que el extraño le había tendido una mano. La tomó de inmediato.

—Mi nombre es Sherlock Holmes —dijo, en un rico tono barítono que resonó en cada uno de sus átomos. Como algo escuchado millones de veces en el pasado, pero al mismo tiempo como si fuera la primera vez—. Gusto en conocerte, John.

Una sensación cálida comenzó a extenderse por su cuerpo desde el punto donde sus manos aún estaban unidas, barriendo todas las dudas y llenándole de una inexplicable paz.

—El placer es todo mío —respondió John al final, estrechando un poco más la mano entre la suya y sabiendo, de alguna manera, que su vida había vuelto a cambiar para siempre.

Fin~

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Notas finales: ¡Bienvenidos todos al Baker Slash Fest 2015! Como pueden darse cuenta me tocó abrir la primera edición del BSF, y con nada más y nada menos que un AU del que jamás había escrito. Pero siempre hay una primera vez, ¿no?

Amé escribir esta historia, lo amé con todo mi corazón, por lo que ahora me planto aquí temblando de pies a cabeza por la incertidumbre de saber si ustedes allá afuera amaron leerlo tanto como yo amé escribirlo. Y es que, ¿cómo te le metes a un tema tan extenso? ¡Pues con mucha mucha imaginación y litros de café! O al menos, así lo hice yo *wink*.

La idea pertenece al prompt #16 de la lista del fest, así que a quien lo haya enviado, si estás leyendo esto espero desde el fondo de mi ser que te haya agradado lo que hice con él y que me dejes saber lo que piensas. Es más, ¡todos déjenme saber lo que piensan! Al ser un tema bastante abierto a interpretación (o al menos así me lo parece a mi) de verdad me harían feliz dejándome teorías o preguntas o simples opiniones. ¡Que esto es interactivo!

De momento, me despido, pero no sin antes recordarles que este fic fue escrito para la apertura del BSF y que todo este mes es de festival, así que ¡a clavarle en diente! Muchos besos~

Maye.