Era mi primer día de trabajo en el hospital psiquiátrico.

Tenía mis propias razones para haber estudiado medicina y dedicarme a esta rama.

―Midorima-san Venga por aquí por favor.― Escuché de un joven moreno que sería mi compañero.

―¿Aomine, verdad?―

―Así es, Aomine Daiki. Cuide de mí por favor.― Sus palabras eran modestas y de buena educación, pero en el tono en que las empleaba y esa cara burlona me decía que iba a tener algunas riñas y disgustos con él más adelante. Bien lo había le leído en el horóscopo de hoy.

El lugar era bastante grande y descomunal. Las paredes estaban a juego de blanco y azul claro. Era bonito, pero no daba la misma sensación. Algo inconforme me corría en ese momento, en ese hospital.

~o~

―Sus pacientes serán Murasakibara Atsushi, Kise Ryouta y Akashi Seijuuro.― Hablaba el moreno a su lado. Caminaban a lo largo del pasillo que daba a la sala de estar y donde normalmente se reunían varios pacientes a la vez, al menos los más tranquilos y 'bien portados' o aquellos que sus trastornos no les permitían nada más que estar perdidos en su mente. ―Murasakibara sólo piensa en comer dulces, pero come cualquier cosa... Incluso papeles, insectos pensando que son dulces.― Leía la papeleta. ―Kise Ryouta. Dismorfofobia; Tiene quemada parte de la frente que fue el detonante de todo. No es un caso tan difícil Midorima.― Le volteó a ver con una sutil sonrisa. ―Pero te tocó el pez gordo... La pesadilla de todo el psiquiátrico. Akashi tiene un avanzado tipo de esquizofrenia. Sumado a que el tipo de por sí es sádico y extraño en todo.― Parecía que le había dado un escalofrío. ―Eso será todo, recuerda que aún estás de prueba. Toma cuidado siempre.― Abrió la puerta que le dejó ver a varias personas.

―¿Cuáles son?―hacía referencia a los chicos a su cargo.

―¿Ves al que es muy alto? Ese― Le señaló con la mirada y una palmada en el hombro. Le indicaba que se iría y que hiciera las cosas él solo.

Midorima se acercó con cuidado, el joven de cabellos morados estaba sentado en el piso como viendo la nada, cuando un insecto se cruzó por el camino. Sin duda lo tomó y estuvo a punto de comérselo.

―¡Para! ¡Atsu-chan!― Un chico moreno le quitó el animal de la mano. Shintarou se prendó de aquella imagen que se la hacía de cierta manera tierna. ¿Quién era aquel chico?. Varias cuestiones le llegaron cuando observó un ligero detalle: Llevaba una vestimenta blanca, como todos los pacientes de ahí.

Pero no se veía como los demás, parecía alguien normal. Llevaba un suéter largo y holgado. Los ojos azules opacos distinguían los rasgos peculiares y el tono de piel clara que tenía.

―Disculpa... ¿Cuál es tu nombre?― Aprovechó para ajustarse las gafas y dar un paso más, quedando frente a frente.

―¿Yo?― el otro asintió. ―Takao Kazunari, un gusto― reverenció y después le vio interrogante, para que él también se presentara.

―Midorima Shintarou.― Sonrió, había escuchado que eso ayudaba a los pacientes a que les tuvieran confianza.

―Oh...― Rió para sí mismo y le miraba. ―Así que Shin-chan. ¿Eres el nuevo psiquiatra? Ya veo que Shougo no va a volver.―

―¿Shin-chan?― Que tonto se escuchaba. ―Y sí, ahora cuidaré de él.― Señaló a Murasakibara.

―Tienes que tenerle paciencia... Es como un niño pequeño.― Le acariciaba la cabeza al mencionado. Entrelazaba sus dedos entre los largos cabellos. ―Y no le grites, le desespera.―

―¿Te preparas para ser médico?―

―Si algún día salgo de aquí, sería bueno ¿No me queda el papel?― Sacó el pecho y se hizo pasar por muy fuerte.

―Te va bien Takao.― De la nada ya estaban conversando como si de amigos se tratasen. Kazunari era alguien con quien se entablaba muy fácil una plática. Pero lo más importante ahora era conocer a sus pacientes. ―Murasakibara, a partir de hoy yo seré tu doctor. Midorima.― Le hablaba pausado y con calma como si en verdad el joven de 17 años fuera un niño.

―Mido-chin.― Se paró del suelo e intimo al de lentes. Si él era alto, Atsushi era un gigante perdido del bosque. ―Espero tú si me cures.― Le tomó de la cabeza. ―Y me des dulces―

No sabía si era una orden o una sugerencia, la pregunta se la reservaba. ―Haré lo mejor posible.― Le retiró la mano y caminó en otra dirección con cierta persona a un lado.

―¿Buscas a Kise, verdad?― Le habló de cerca.

―Me sorprende que seas tan inteligente. ¿Sabes donde está?―

Le hizo un ademán con la mano para que lo siguiera, y del otro lado de la sala, sentado en un sillón estaba el rubio viéndose en un 'espejo' el cual era la palma de su mano. Takao se sentó al lado suyo mientras le veía con cierta admiración.

―Me veo horrible... ¿Por qué ya no soy hermoso Takaocchi? Mira esto...― Se tocaba la cara con preocupación. ―Con este rostro ya no puedo trabajar.―

―Nada de eso Ryou-chan, eres hermoso...― Fingía ver el mismo espejo. ―Con esos ojos conquistas a cualquiera ¿Eh?― Le apretó una mejilla. ―No eres para nada feo, estás guapo.― Utilizaba un tono pícaro que le sacó una sonrisa al ex-modelo.

―¿Qué haría yo sin ti Takaocchi?― Suspiró mientras se calmaba y bajaba su espejo imaginario.

―No digas más, y recupérate pronto. Ya quiero verte de nuevo en la tele.―Palmeó una cuantas veces los hombros y se levantó del sillón ante la mirada atónita del peli-verde.

―Kise Ryouta, soy tu nuevo médico. Midorima Shintarou, cuento contigo.― Reverenció

Inclinó el rostro hacia el hombro, musitando una sencilla sonrisa. ―Buen porte... Me agradas Midorimacchi. ¿Estás soltero?―

La pregunta le sonrojó de inmediato. ―Sí... ― Y para su 'suerte' tenía bastantes años en ese estado.

―Ryou-chan... Eres un atrevido. Mira que tratar de engañarme y en mis propios ojos.― Se hacía la víctima cierto azabache.

―Ya sabes que soy así Takaocchi. Son mis instintos― Les guiñó un ojo a ambos. El mayor solo sintió como una ola de sentimientos de vergüenza le recorrieron.

―Regreso contigo más tarde Kise.― Se excusó ante el paciente, dirigiéndose a ver al último y el que más le angustiaba.

Había revisado su expediente unas 10 veces y aún no podía creer todo lo que decía en el mismo. Hace un par de años lo había escuchado en las noticias, un joven apenas de instituto había mandado asesinar a más de 30 personas, entre ellas su propia madrastra.

Ahora aquél pelirrojo tenía 20 primaveras. Pensó durante semanas si aceptar el trabajo solo por la cuestión de que se haría cargo de él. Las personas que atendían a Seijuuro no duraban más de un mes a su cuidado, por lo que no sería nada sencillo.

Pero pensándolo bien. Debía hacerlo, no podía prometerse sacarlo del psiquiátrico porque era algo muy improbable. Aunque si le ayudaría de cualquier forma que pudiese.

―Shin-chan―

Escuchó una voz a sus espaldas que le sacó del trance de pensamientos que se revolvían en su cabeza. ―¿Sí?― Volteó encontrándose con esos ojos grises juguetones.

―Tú puedes, Sei-chan es solo algo... Peculiar...― Comentó mientras veía a su izquierda, como si no supiera bien qué palabra usar.

Alzó una ceja, un paciente era quien le daba ánimos. ―Gracias― tiró seco, pero por dentro sentía pena. ¿Tan débil se veía?.

Caminó unos cuantos pasos, pero no sabía ni siquiera a donde se dirigía.

―Hey... Takao.― Se volteó y estuvo apunto de tomarlo del brazo cuando el otro se alejó totalmente asustado. El brillo que hace unos segundos le vio en la mirada se esfumó dando en su lugar un semblante aterrorizado. Su pecho subía y bajaba estrepitosamente. ―¿Takao?...― Dio un paso más, pensando que seguramente estaba a punto de colapsar.

―¡Por favor!... No te acerques...― Se abrazó a sí mismo.

―¿Estás bien? ¿Quién es tu doctor?― Regreso el paso que antes había marcado, quedándose estático en su lugar.

―Dai-chan... Digo, Aomine Daiki.― Bajó la cabeza. ―Lo siento, no quise actuar así...― Lo vio por última vez antes de salir casi huyendo de él. No entendía nada.

―Necesitaba preguntarle donde estaba el área de salas...― Se levantó los lentes para sobarse el puente de la nariz, cuando los regresó a su lugar se percató de un letrero que indicaba los cuartos. ―Pero si seré idiota― se dijo para él. Más de rato averiguaría de Takao, aunque este no fuese su paciente le dejaba intrigado.

Llevaba su tabla, por encima algunas hojas que hablaban de sus pacientes. Solo llevaba el expediente de Akashi, por el momento el joven heterocromático sería su objetivo principal. Murasakibara sería el segundo, y por último Kise, ya que era quien tenía una cura más pronta.

Revisaba puerta por puerta cuál contenía el nombre que buscaba. Casi al fondo, en la puerta de la derecha, justo antes de llegar al jardín donde a veces dejaban salir a algunos.

―Akashi...― Tomó una bocanada de aire antes de entrar con el silencio habitual que estaba todos. Sentado, y con una camisa de fuerza. Sus ojos por alguna razón estaban cubiertos por unos lentes especiales. Aunque estuviese a metros de él, ya se sentía intimidado.

―Shintarou... Bienvenido.― Una mueca que parecía ser una sonrisa, sin serlo.

Un escalofrío desde la espina dorsal. Juró que no había hecho ruido, además que le había hablado de su primer nombre... Se supone que nadie se lo había dicho.

―Las paredes hablan y escuchan a la perfección.― Entonaba con una voz de sabiduría, inclinó el rostro, si no estuviese tomado de los brazos seguramente se pondría la mano en el mentón.

―Bien, ahora que sabes mi nombre no necesitaremos una gran presentación. Soy Midorima Shintarou, desde ahora yo seré tu doctor.― Se paró erguido, tratando de no verse más indefenso.

Soltó una risa, un paso atrás daba el mayor. ―26 años, graduado antes de tiempo por ser un alumno honorífico. Tus padres igual se dedican a la rama de la medicina y tienes una hermana menor-

―Espera...― Le detuvo aterrorizado. Esa información no podía saberla, de ningún lado. A menos que hubiera visto su currículum. Esas cosas eran confidenciales y pocas personas eran las que tenían contacto con el pelirrojo.

―Ya te lo dije Shintarou, sé todo sobre este mundo.― Relamió sus labios, dejando en claro quien era el superior.

―Perfecto, mientras sepas los errores que has cometido.―

―Nunca saldré de aquí, eso lo sé perfectamente... Todas las voces me lo susurran― Todas sus facciones cambiaron de un segundo a otro. Las comisuras apuntaban hacia abajo y las fosas nasales se habían disminuido.

Se ajustó los lentes, no podía creer lo que veía. Los cambios tan abruptos y marcados le asombraban más. ―Tranquilo Akashi. Si te esfuerzas en tu tratamiento al menos podrás salir de este cuarto.―

Una carcajada similar a un sollozo ―Todos han dicho lo mismo. Ya puedes darme las medicinas Midorima, será mejor que descanses de mí un rato―

No le quedaba más que obedecer, no podía hacer más por este momento. Un par de pastillas fueron dadas al joven, no puso resistencia alguna.

―Eso sería todo de mi parte Akashi.― Apuntó el horario de la toma de medicamentos con algunas observaciones. ―Nos encontraremos mañana.―

―Gracias por su trabajo― comentó burlesco. Apartó el rostro cabizbajo.

No contestaría nada más. Entendía la situación. Apartó los lentes de su rostro para limpiarse el puente de la nariz, unas gotas de sudor le bajaban por los lados y en las sienes que no tardó en limpiar con las yemas de los dedos. Salió de aquel encerrado cuarto, necesitaba respirar. Iría a la cafetería por algo de beber, un té verde sería buena opción.

Apretó el ya vació vaso desechable. Era su primer día, era normal que estuviera confundido, y de cierta manera emocionado.

―Hey― recibió una palmada en el hombro izquierdo.

Volteó a ver con el rabillo del ojo, sin afán de querer reclamar. ―¿Hm?―

―¿Cómo te fue en tu primer día?― Dijo el moreno que ya tomaba asiento en la misma mesa que el peli-verde.

―No tan mal como pueden haber pensado― se llevo el vaso a los labios por inercia.

Sonrió mostrando todos los dientes posibles. ―Me alegra escuchar eso, necesito un compañero que dure, al menos para poder ir a beber de vez en cuando. ¿Qué dices?―

―No sería mala idea.―

Ambos dirigieron la mirada al reloj que sonaba, las 8 p.m la hora de marcharse.

Aomine de inmediato se levantó, y caminó algunos pasos antes de detenerse y ver hacia atrás. ―Hasta mañana Midorima, buen trabajo.―

―Buen trabajo.― respondió imitando la acción del otro. De pronto algo le regresó a la mente: Takao.

Había dicho que Aomine era su doctor, quizás Daiki le podría decir el por qué de su comportamiento antes. Pero no podía, existía una política de privacidad, incluso entre los compañeros. Por supuesto que solía suceder que dicha regla no se respetara, sin embargo apenas conocía al de cabellos azul oscuro. Otro día sería conveniente para saciar su curiosidad. Aunque su mente -y posiblemente algo más- le reclamaran la información en ese mismo momento.

Recordaba la cara de pánico de Kazunari, ¿Por qué el cambio tan abrupto? ¿Le había asustado tanto? Tenía una respuesta en mente. Pero sería mejor no mover por ahora, o al menos pensar que la respuesta que tenía no era la correcta.

Tomó su última taza de café, el reloj marcaba las 21 horas, su hora de salida por hoy. El papeleo le había quitado más tiempo. El silencio se apoderaba del hospital, por increíble que pareciera, ya tenía ganas de volver.

~o~

¡Hola!~ ¿Qué tal? Bien, sé que apenas es la introducción y puede ser algo confuso pero pido paciencia, espero que haya sido de su agrado y que haya conseguido mi meta de atraparlos con la lectura y la historia. ¡Les agradezco mucho su tiempo para leer todo! Y bien, sí la historia será en momentos bastante triste, y fuerte en muchos aspectos.

Cualquier sugerencia, pregunta, comentario, favorito, follow o lo que sea es bien recibido corazones :3 Nos leemos pronto~

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