Disclaimer: Si fuera rubia, multimillonaria, famosa e infinitamente brillante no estaría sufriendo por no saber si coger letras o ciencias, sino tirada en una tumbona en alguna preciosa playa caribeña. Así como para que conste. Y por cierto... la imagen del fic es obra de la increíble viria13. Podéis encontrarla en tumblr.

Bueeeeeenas. Pues aquí estoy de nuevo, esta vez con algo extraño (no, no es un Dramione ni nada por el estilo, he prometido no empezar ningún Dramione largo hasta que Destiny y Orgullo de fieras estén terminados). Lo que os traigo hoy es una idea que lleva tiempo rondándome la mente, y es que estos días no me saco a los Merodeadores de la cabeza. Por eso he decidido crear este fic, que todavía no tengo muy claro qué va a ser.

Pretendo que sea una recopilación de drabbles sobre los Merodeadores, así, sin más. Quizá tengan relación entre sí y respondan a una misma trama o quizá sean totalmente independientes los unos de los otros. Depende de cómo me dé. Es más, ni siquiera sé si el rating va a ser T definitivamente o si lo variaré en algún momento de la historia.

En cualquier caso, os advierto de que este fic ( al menos de momento) no sigue un orden, ni cronológico ni de ninguna otra clase: voy publicando según voy escribiendo. Tened por seguro que va a aparecer bastante James/Lily, y tal vez (solo tal vez) también lo intente con el Remus/Sirius (una pareja que acabo de descubrir… todo es culpa de Kristy SR).

Pues eso. Bienvenidos a esta zona Merodeadora. Sentíos libres de embarcaros en la aventura de seguir cada desvelo y cada travesura de estos cuatro individuos y sus desafortunados compañeros.

Esta es la máxima expresión de la juventud desnuda y viva. Lo juro solemnemente.


De dos chicos morenos


La estación está a rebosar, llena de cabezas coronando tanto túnicas mágicas como ropa muggle. Los padres dan palmaditas en los hombros de sus hijos. Las madres preguntan una y mil veces a sus hijas si lo llevan todo en la maleta. Y los chiquillos asienten a cada orden y consejo con una mezcla ensayada de ansiedad y desesperación.

El tren aguarda en las vías con la paciencia que da los años. Rojo, brillante, diferente. Con un aspecto tan lustroso que casi parece nuevo.

Un chiquillo empuja su carrito mientras camina a lo largo del andén sorteando los cuerpos que se interponen en su recorrido. Es considerablemente alto para sus once años, pero no es esa la razón por la que llama atención. Tampoco lo es su pelo largo y negro, ni sus intensos ojos grises. Se trata de su forma de andar. Erguido, elegante, grácil, parece que con cada paso se adueña de un metro más de suelo.

Su mirada no se separa del reluciente Expresso Hogwarts. Su boca dibuja una perfecta "o".

Tan profundo es el trance en el que el tren le ha sumido que no ve venir el golpe. ¡Bum! Un empujón sordo y claramente intencionado, y todos sus libros nuevos acaban esparcidos por el suelo.

—Oh, mil disculpas —sisea una voz pomposa y teatral. El niño alza la mirada y se encuentra con un chico mayor que ya lleva puesta la túnica. En el pecho luce una corbata verde y plata. En la cara, una sonrisa de tiburón. O de serpiente, piensa el pequeño—. ¿Podrás perdonar mi torpeza?

Tan descarada es la burla en sus palabras que los dos chavales que le acompañan rompen en carcajadas. Pero el niño no se deja intimidar tan fácilmente, y contraataca con otra sonrisa cruel.

—Podría, si… por ejemplo… recogieras lo que has tirado.

La mueca triunfal del otro chico se borra al instante mientras contempla perplejo al chiquillo. La sorpresa, sin embargo, no tarda en disiparse, y la diversión vuelve a su cara.

—¿Quién te has creído que eres, mocoso? Patético… No me hagas perder el tiempo y recógelo tú, que para eso estáis aquí los nuevos. Para limpiar el suelo.

Los tres se ríen de nuevo, dan media vuelta y entran en el tren, que ya empieza a escupir volutas de humo.

—Mierda —masculla el niño, que decide dejarlo pasar por esa vez y se agacha para recuperar sus libros. Los pitidos del tren le ponen nervioso, el tiempo se le acaba y no encuentra el maldito manual de Pociones. Además, tantos pies correteando de aquí para allá no le facilitan la tarea precisamente. Cuando está a punto de darlo por perdido y marcharse sin él, su libro aparece sujeto por una mano cuyo dueño dice:

—¿Buscas esto?

El niño se pone en pie cogiendo el manual, y ve ante sí a un muchacho de su misma edad. Tiene el pelo color obsidiana, rizado e insultantemente revuelto. Sus ojos están hechos de chocolate con leche, y los enmarcan unas gafas de montura metálica.

—Gracias —recuerda decir el primero, y el recién llegado sonríe amistosamente. El tren vuelve a silbar como un último aviso, y ambos niños sacan su equipaje de los carritos para meterse en el vagón más cercano.

—De nada. Por cierto, me llamo James Potter.

—Yo soy Black. Sirius Black.


De Peter Pan


Un niño bajito y con uno o dos kilos de más camina apresuradamente por el pasillo del tren, que hace ya rato que se ha puesto en marcha. Arrastra tras de sí un gran baúl, y de vez en cuando se pisa sin querer los bajos de la capa (todo por hacerle caso a su madre y llevar el uniforme puesto desde casa…). Del bolsillo frontal izquierdo de su túnica sobresale una cabeza alargada y peluda, pero allí a nadie le sorprende que alguien tenga a una rata por mascota.

Cuando el tren se sacude debido a un bache o un giro brusco, el niño se tambalea y se pega a la pared para evitar caer. Se asoma a la ventanilla de cada compartimento, pero siempre pasa lo mismo: o están llenos, o sus ocupantes no tardan en moverse para cubrir todos los sitios libres en cuanto ven su nariz redondeada y sus grandes ojos pardos al otro lado del cristal.

Ya empieza a plantearse una rendición pasiva y sentarse en el pasillo mismo cuando encuentra un compartimento con un único chico en él. Por su aspecto, parece que también es de primer curso. Tiene el pelo castaño claro, como de paja seca, como de hojas otoñales, y sus ojos color miel se mueven fugazmente sobre las líneas del libro que sostiene junto a la ventana, donde hay más luz.

Tan enfrascado está en la lectura que no oye al otro niño abrir la puerta. Por eso, este se ve obligado a carraspear en un ridículo intento de llamar su atención.

El chico alza la vista y parpadea.

—¿Sí?

Su tono es cortés y sosegado, y eso le tranquiliza.

—Yo… eh… ¿te importa que me siente contigo? No hay más sitios y… esto…

—Claro, adelante. Ponte cómodo —le interrumpe el pequeño lector, dedicándole una sonrisa que sabe a manzanilla o alguna infusión igual de relajante.

El chico de la rata asiente, sube el baúl a la rejilla portaequipajes y se sienta frente al otro niño.

—Hola, encantado de conocerte, me llamo Peter Pettigrew y estoy seguro de que tú y yo nos llevaremos genial —suelta a bocajarro, y en seguida se pone rojo. Puede recordar las muchas veces que su madre le ha repetido a lo largo del verano eso de "preséntate el primero, sé tú mismo, ten confianza y harás miles de amigos". Para asegurarse de que así fuera, le hizo repetir esa frase cientos de veces hasta que el joven la interiorizó a prueba de Obliviates. Claro, mamá, es así de sencillo. Seguro que ahora nadie piensa que estoy desesperado y que soy un rarito.

—¿Peter? Me gusta. El protagonista de este libro se llama igual que tú —responde el otro, ignorando el perfectamente explicable rubor del chico y alzando la portada para permitirle leer el título. Peter Pan y Wendy, por J.M. Barrie—. Yo soy Remus Lupin. Es un placer.

Peter asiente quedamente, sintiéndose cohibido ante tanta simpatía y educación por parte de su compañero. No obstante, también experimenta una comodidad agradable. Remus desprende un aura balsámica que ha logrado calmar sus nervios.

Pero por poco tiempo.

De pronto, la puerta del compartimento se abre bruscamente provocándole a Peter un mini infarto, y en su umbral aparece un muchacho despeinado y exultante que se gira hacia el pasillo y grita:

—¡Eh, Sirius, he encontrado un sitio libre!

Seguidamente, el chico entra y se deja caer de cualquier manera junto a Peter sin esperar invitación alguna. Y acto seguido, otro niño más alto y con el pelo un poco más largo aparece también en el compartimento, cerrando a sus espaldas y sentándose al lado de Remus.

—Hola. ¿Qué tal? Me llamo James, y él es Sirius —saluda alegremente el primero.

—¿Cómo va eso? —le secunda el otro chico, apartándose un mechón de pelo de la cara.

—Buenas, soy Remus, y...

—Hola, encantado de conocerte, me llamo Peter Pettigrew y estoy seguro de que tú y yo nos llevaremos genial —grazna el cuarto niño sin pensar. El silencio se asienta en el compartimento, y Peter piensa que tiene rojas hasta las pestañas. Se quiere morir. De la vergüenza, o de la humillación, o de fractura craneal si cumple su deseo de tirarse por la ventanilla en ese mismo instante.

Pero para su sorpresa, James escoge ese momento para soltar una carcajada y dar una palmada en la rodilla de Peter.

—¡Qué divertido! Tienes chispa, Pettigrew. Sí, sin duda nos llevaremos genial.

Peter abre la boca sorprendido al ver que Sirius también sonríe. De pronto, siente unas ganas terribles de abrazar a su madre.

Por su parte, Remus sacude la cabeza y vuelve a centrarse en su libro.

Pero por segunda vez, la puerta del compartimento se abre sin sutileza alguna y le distrae nuevamente de su lectura.


De pelirrojas enfadadas


—¡Vamos, date prisa!

—¡Maldita sea, Lily, esto pesa! No puedo correr más.

—Oh, sí, claro que puedes. Y lo vas a hacer. No pienso estar de pie todo el viaje porque no seas capaz de cargar con un triste baúl. Podrás descansar cuando encontremos un compartimento.

—Estás enfadada conmigo, ¿verdad?

—¿A ti qué te parece?

—¿Que sí?

—Eres idiota, Severus.

La pequeña que camina pisando fuerte con su melena roja ardiendo a sus espaldas está, sin lugar a dudas, más que enfadada. E incluso Severus Snape, que corretea tras ella arrastrando torpemente un viejo baúl sin ruedas, es capaz de ver eso.

—Está bien, está bien, lo siento. ¡Lo siento! Pero ve más despacio, por favor.

—Nada de "lo siento". ¡Ahora Petunia me odia! Y todo es culpa tuya. Tuya y de esa estúpida carta que la muy boba escribió a Dumbledore. ¡Hacéis una buena pareja, los dos igual de tontos!

Severus se estremece al escuchar el "hacéis muy buena pareja". ¿Petunia y él? Puaj. No, gracias. Si está interesado en una Evans, desde luego no es en esa.

—Venga, Lily… ya te he dicho que lo siento. No creí que fuera a molestarle tanto que la leyéramos…

—Eres un pésimo mentiroso, Sev. Por supuesto que sabías que le molestaría. Ese era tu principal objetivo, no te atrevas a negarlo.

Y Severus cierra muy convenientemente la boca.

Lily se asoma entonces a la ventanilla del último compartimento, y su ceño fruncido se suaviza al instante.

—Mira, estás de suerte, no morirás hoy. Aquí queda sitio.

Abre la puerta de golpe, y los cuatro chicos que hay dentro dan un pequeño brinco al ver a Lily y Severus en la entrada.


De trenes y comienzos


Impresionante, un murciélago que camina. ¿Será un vampiro?, piensa Sirius, evaluando al niño de pelo grasiento y nariz aguileña con la mirada.

Genial. Definitivamente, no terminaré hoy este capítulo, refunfuña Remus para sus adentros, cerrando de golpe el libro.

Oh, no, más gente a la que presentarme no… Ese, cómo no, es Peter, sintiéndose palidecer.

Es… puro fuego y primavera. James ni siquiera se percata de la presencia del otro chico. Sus ojos son solo para aquella niña de cabellos ígneos y profundos ojos verdes.

—Hola. Me llamo Lily, y él es mi amigo Severus. ¿Podemos sentarnos con vosotros?

—¡Claro! —responde James sin pensar, estrujándose contra Peter para dejar un hueco libre a su izquierda—. ¡Siéntate aquí!

—Eh… bien, gracias —Lily le dirige una mirada escéptica ante tanto entusiasmo, pero se coloca a su lado, mientras que Sev se sienta frente a ella, a la derecha de Black, mirándola con cara de cachorrillo abandonado.

—¿No quieres sentarte mejor conmigo, Lily? —pregunta lastimeramente, y Sirius le hace la burla a su lado, imitando su expresión suplicante.

—No. La verdad es que no —replica fríamente la chica. Pero su muralla se resquebraja ligeramente cuando sus ojos se empañan—. Te recuerdo que ahora mi hermana me detesta. Y es culpa tuya.

—Venga ya, Lils… No puedes seguir enfadada conmigo por eso… perdóname, anda, por favor…

Perdóname, anda, por favor —gimotea Sirius, dramatizando exageradamente y ganándose una mirada asesina por parte de Lily. Severus, por su parte, le ignora categóricamente, así que Black hace un nuevo intento de llamar su atención—. ¿Cómo decías que te llamabas? Quejicus, ¿no?

En esa ocasión, Severus sí arruga la nariz con disgusto, pero no hace un solo comentario al respecto. Los ojos de Lily están ya verdaderamente húmedos, y la culpabilidad está mordiéndole el pecho.

—Lily, tu hermana solo es una… —por suerte, se contiene a tiempo, y decide cambiar de argumento sobre la marcha—. ¡Pero si nos vamos! ¡Lo hemos conseguido! ¡Nos vamos a Hogwarts!

Esta vez Lily sonríe con suavidad, asintiendo.

—Ojalá te pongan en Slytherin —sigue su amigo, emocionado con la idea. Pero James no puede evitar intervenir en ese momento, poniendo cara de haber chupado un limón.

—¿En Slytherin?

Remus Lupin suspira y vuelve a abrir el libro, previendo muy acertadamente que allí va a estallar una nueva discusión de la que no quiere ser partícipe. Lily y Peter, por su parte, parecen confusos con los rumbos que la conversación está tomando. Pero James, Sirius y Severus están en su salsa, discutiendo ardientemente sobre qué casa es mejor, si Gryffindor o Slytherin. Y por mera cuestión numérica, Snape se ve brutalmente abatido a los pocos minutos, lo que desemboca en Lily cogiéndole de la túnica y arrastrándolo al pasillo para "buscar otro compartimento donde las normas de educación se tengan más en cuenta".

Severus no se atreve a protestar, y la sigue en silencio como un cordero con un último "¡Adiós, Quejicus!" restallándole en los tímpanos.

Remus cabecea con resignación.

Qué manera tan original de empezar el curso.


N/A: Pues… esto es todo por ahora. ¿Tomatazos? ¿Críticas? ¿Cartas de admiradores? ¿Trofeos? ¿Una buena torta en tos los morros? Se acepta todo.

Los diálogos de esta última parte, desde que Severus dice lo de "solo es una…" hasta el "¿En Slytherin?" de James, han sido copiados textualmente del séptimo libro para hacer encajar todo lo anterior con esta escena.

Este capítulo es, básicamente, el comienzo. Cómo se conocieron los Merodeadores, Lily y Snape. Cómo empezó todo. Pensé que sería divertido imaginar un antes a lo que sabemos… En fin, ¿qué os parece? Acepto también sugerencias para futuros drabbles ;) ¡Un abrazo!