Aquí estamos =).


Amor vendido


ºHistoriaº

No me niegues mi pasado.

No te hundas en él.

Solo va conmigo de la mano.


Sakura miró la figura del hombre frente a ella con sorpresa. Cuando había comprado esas ropas jamás pensó que quedarían tan bien en él. De tantos modelos a escoger, pensó que el color oscuro le quedaría a la perfección. Acertó. Sasuke parecía haber sido creado para eso. Probablemente, se le antojó el hecho de que si no estuvieran las reglas de ahora, capaz y hubiera sido un hombre modelo.

Los había, pero pertenecían a dueñas adineradas que podían permitirse fallos o errores en su cuenta bancaria. Ella no.

—¿He de cambiar algo? —cuestionó él ante tanto escrutinio.

Sakura dio un respingo y negó con ambas manos, entregándole por último el cinturón. Sasuke estaba arrebatador, con sus vaqueros, las botas de motorista y la camisa medio abierta. Sí. Parecía salido de una de esas novelas eróticas que por año le gustaron. La viva imagen del típico hombre que no te importaría comerte y sufrir un buen atracón.

—¿Listo? —cuestionó cuando hubo terminado de encajarse el cinturón en el cierre.

—Si lo crees, sí.

Sakura chasqueó la lengua y fingió revisarlo. Cabeceó una afirmación y salió de la habitación en busca de Hinata y Naruto. Estaban sentados en el salón, con Naruto haciendo zapping en la televisión, algo nuevo que había descubierto y lo tenía tremendamente enganchado. Hinata, a su lado, intentaba que no rompiera el mando y desde luego, la cara televisión.

—¿Nos vamos? —pregonó llamando la atención de ambos.

Hinata casi suspiró de alivio y apagó la televisión para ponerse en pie. Había logrado vestir a su chico de vaqueros también y una sudadera naranja llamativa junto a unas deportivas. Más bien, casi toda la ropa que había visto que Hinata seleccionaba eran de ese tipo, quitando algún que otro traje. No podía culparla. Ella también sentía debilidad por los hombres trajeados.

Miró de reojo hacia Sasuke, que se miraba la muñequera que le había colocado como si fuera una correa que lo maniatara. Le gustaría verle vestido en traje, con la camisa a medio abrir, la corbata colgando de cualquier forma y la chaqueta abierta.

Seguramente estaría para comérselo.

Se frotó el vientre al notar nuevamente aquella sensación y cogió el abrigo que Hinata le entregara para pasárselo por los hombros.

Era el tercer día con ellos y lo primero que había hecho la noche anterior había sido pedir ayuda a la única persona que tenía más experiencia que ellas. Recurrir a ella era como un dolor de cabeza, pero no podía perder nada más.

Salir a la calle con ellos por segunda vez empezaba a preocuparla. Sasuke solía pasarse un buen rato mirando por la ventana detenidamente a las personas que pasaban por la plaza. Fruncía el ceño cuando veía algún macho maniatado o desnudo y Sakura notaba que la miraba a ella con duda, como si fuera capaz de hacer algo tan horrible.

Sakura simplemente le había dado unos guantes de cuero y su abrigo para salir. Así que ambos hombres estaban tan perplejos como la noche anterior.

—¿No nos vais a poner nada? —cuestionó Naruto mirando al resto de varones.

Hinata levantó la cara hacia él.

—¿Poneros algo? ¿Tienes frío? Podemos volver y coger un abrigo mejor.

Naruto negó y se rascó la barbilla, como si intentara hacerse comprender.

—Quiere saber si nos vais a poner cadenas —soltó Sasuke señalando a uno de los hombres que pasaba tras su ama.

Este llevaba un collar de perro en el cuello y su ama tiraba de él cada vez que bajaba el paso. Sakura miró horrorizada la escena y negó rotundamente.

—No lo veo necesario. Es una tontería hacer que esto sea una esclavitud tan perversa. Aunque no llevéis collares tampoco podríais huir. ¿Por qué maltrataros innecesariamente?

Sasuke la estudió por un instante, hasta que ella tuvo que apartar la mirada avergonzada y volver a abrir el paso para que continuaran. Naruto gritaba a espalda de alegría mientras preguntaba incesantemente a Hinata si eso era verdad y la otra, tímida y avergonzada de llamar la atención, afirmaba sin cesar por tal de que bajara la voz.

Era cierto que ellos podían intentar huir. Pero rápidamente serían atrapados por los vigilantes. Crearían el caos y posiblemente algo de destrucción en su camino, mas no llegarían demasiado lejos. No era la primera vez que un hombre intentaba escapar de las garras de su compradora. Los había habido que incluso las asesinaron con la idea de escapar. La crueldad solo llevó a que murieran. El rapto no servía para nada.

Además, Sakura se negaba a llevarlo como si de un perro se tratara. Diablos, tenía la fe de que hasta los perros merecían ser libres.

Y sin embargo, ella había ayudado a contribuir en la causa de que más niños de diez años fueran alejados de sus madres. O que hijas que adoraban a sus padres tuvieran que verlos a través de un cristal. Primas que perdieran a sus primos…

Miró de reojo a Hinata, que había conseguido calmar a Naruto y miraba al frente pensativa. Probablemente tantas cosas como a ella, tenían que pasarle por la cabeza.

Se detuvo frente a una floristería. La joven tendera salió a recibirles. Sakura levantó una mano como saludo. Ino las miró con la boca abierta.

—No puedo. Simplemente no puedo creérmelo de vosotras —puntuó Ino extendiéndoles una taza de té a cada uno.

Habían subido a la planta superior mientras que la ayudante de Yamanaka Ino se encargaba de la tienda. La mujer estaba completamente hermosa y cambiada a como la recordaba Sakura. Su cuerpo habían avanzado por otros lares a los suyos y sus largos cabellos no tenían a nadie a quien envidiar. Ino siempre le había parecido una mujer hermosa, lejos de su carácter que siempre estaba sacándole algún que otro problema.

Cuando se sentó, cruzó las piernas elegantemente y dio un sorbito de su té.

—Y menos de ti, Hinata, corazón —puntualizó dedicándole una tierna sonrisa a la susodicha—. Seguro que ha sido cosa de Sakura el convencerte.

—Bueno, dos no hacen nada si uno no quiere —se defendió dando un buen sorbo de su té.

Ino esbozó una sonrisa divertida mientras desviaba la mirada hacia la puerta de su casa. Un vigilante pasaba alrededor de los dos varones que las habían acompañado para facilitar su acceso a la residencia.

La casa de Ino olía a flores y pintura y se asemejaba a un estudio francés, de los que te encontrabas cuadros por todos lados y su distribución era perfecta para la inspiración. Podría ser algo acogedor para ella, pero Sakura no.

Ella necesitaba otro tipo de hogar.

Cuando los chicos finalmente se pudieron unir a ellas, Ino dejó la taza de té sobre la mesita y se levantó para dar vueltas a su alrededor. Con una mano bajo la barbilla, los miró estudiosa.

—Son buenos ejemplares, sí —reconoció—. ¿Cuál es el de cada?

Sakura se adelantó.

—Sasuke.

Hinata levantó la mano con timidez.

—Naruto.

Ino rodó los ojos.

—Vale. Rubio o moreno.

—Moreno —respondió ella bufando. Ino soltó una carcajada—. ¿Qué es tan gracioso?

Ino levantó un dedo antes de responder.

—Sai. ¿Podrías venir?

Una voz masculina respondió.

.

.

Hinata se sentía nerviosa. Completamente. Tal y como Ino había dicho, no se esperaba en ella que fuera capaz de comprar un hombre para sus necesidades y aunque Ino no se lo hubiera dicho descaradamente, su rostro mostraba esa faceta de sorpresa.

Pero era la misma que tendría que tener ella en su cara cuando el hombre al que Ino había llamado apareció.

Sai, como lo había nombrado, era un hombre joven, de tez pálida y cuerpo delgado. Su rostro afilado y alargado competía perfectamente con el atractivo de Sasuke y, si lo mirabas rápidamente, su semejanza podía confundirlas.

Sakura se puso en pie con el gesto tenso cuando lo vio. El hombre simplemente les sonrió y se colocó junto a Ino, tomándola de la mano y besando sus dedos uno por uno.

—¿En qué puedo ayudarte?

Ino sonrió a Sakura antes de mirar hacia él, complacida por sus gestos. Le acarició la mejilla con ternura.

—¿Podrías llevarte a los chicos contigo y que se pongan cómodos?

Sai abrió los ojos, tan negros como los del mismo Sasuke. Naruto estaba tan sorprendido como ellas, pues apenas podía evitar que la comisura de sus labios se levantara. Hinata le dio un tirón de la sudadera para intentar controlarlo. Él la miró con un guiño de ojos y tensó los labios tras lamérselos.

—Claro que sí —confirmó el varón—. Venid. Por aquí.

Y los sacó de la habitación. Cuando la puerta se cerró, Ino estalló en carcajadas y Sakura en furia.

—¡Ni hablar! ¡No puede ser! —protestó Sakura enfurecida.

—Puedes decir lo que sea, querida, pero has caído y eres más parecida a mí de lo que creías. Tu hombre es idéntico al mío.

Sakura rechinó los dientes.

Hinata era consciente de que Sakura e Ino siempre se habían estado esforzando por ser una mejor que otra, por obtener las mejores notas, los mejores elogios, tener el mejor cabello… cualquier dispuesta era buena para que ellas olvidaran sus años de amistad para enfrascarse en peleas.

Tenía conocimiento de que Sakura e Ino habían vivido juntas tiempo atrás, pero se separaron cuando la última decidió seguir adelante con las flores y Sakura sacarse su carrera. No tenía mucha idea de cómo fueron las cosas, pero pese a que todo parecía profundamente extremo, en realidad, estaba segura de que si Ino necesitara algo, Sakura iría enseguida y, por parte de Ino, sería lo mismo.

No obstante, ver que ambos hombres eran semejantes parecía haber levantado viejas rencillas que ella desconocía por completo.

—Yo no los veo tan semejantes —dejó caer por simple necesidad de apaciguar las tensiones.

Ino se sentó nuevamente en el sofá y se encogió de hombros.

—Claro que no. El mío es último en su especie. Su hermano fue enviado al matadero por una estúpida. Sai es lo que queda.

Sakura sonrió de lado. Probablemente no debería de estar orgullosa de ello, pero antes de que Hinata pudiera si quiera aconsejarla de que no abriera la boca, ella lo soltó.

—El mío igual, Ino-cerda. Su familia fue extinguida, lo que lo convierte en una clase S.

—¿Y el de Hinata? —cuestionó Ino desviando la mirada de Sakura a Hinata—. ¿También es n clase S?

—Lo es —reconoció—. No tanto como mi padre o Sasuke, pero entra dentro de la clase S. Al parecer, su padre era importante. Y su madre también. No sé demasiado.

—Bueno. Solo tienes que entrar en su ficha y averiguarlo.

Cuando ambas la miraron como si acabara de decir que fuera estaban lloviendo perritos calientes, Ino arqueó las cejas.

—Porque… habréis mirado sus fichas. ¿No?

Ambas negaron. Ino bufó y se puso en pie.

—Seguidme.

Las guió hasta una habitación contigua que había sido creada expresamente para ser el despacho de Ino. Diferentes cuadros de ella pintada adornaba la pared. Ladeó el escritorio para sentarse en la silla y tecleó hasta que las miró.

—Decidme sus nombres completos.

Sakura y Hinata la imitaron para curiosear.

—Naruto Uzumaki —indicó Sakura—, y Sasuke Uchiha.

Ino tecleó ambos nombres en el boletín. Las fichas de ambos hombres se abrieron en distintas ventanas. Una fotografía de Sasuke de niño era lo primero que adornaba su ficha, otra de adolescente y una tercera reciente donde mostraba todos sus encantos. Hinata tuvo que desviar la mirada, azorada.

—Guau. Es un buen espécimen, Sakura —felicitó Ino bajando hasta que las letras aparecieron—. Tiene buenas medidas de altura también y de tamaño de miembro. Te hará disfrutar bien. Además, mira sus enseñanzas. Son fantásticas. Sabe cocinar, un diez en sexo, y también ha sido entrenado en artes marciales.

Sakura asintió mientras leía con suma atención.

—Y eres la primera dueña. Al parecer, su familia fue erradicada porque todos eran machos. Su hermano, fue enviado al matadero cuando él era solo un niño y su padre fue asesinado… por su hermano. La madre murió también en aquel atentado. Es uno de esos secretos oscuros que lo convierten en algo exótico. Tienes uno de lujo, definitivamente.

Sakura se mordió el labio y Hinata pudo ver la duda cruzarle la mirada. Le acarició la espalda para darle ánimos y ella le tomó la mano para apretársela como agradecimiento.

—Vemos el hombretón de Hinata ahora.

Cambió la pestaña para ver a Naruto. Sus fotografías constaban de la adolescencia hasta la más presente y Hinata pudo corroborar que era rubio natural. Al cien por cien. Se maldijo por su descaro y buscó lo importante.

—Veamos… Su madre… ¡Madre mía! Chicas, ese chico… su madre era una de las más afamadas gobernadoras. Tuvo que entregarlo en su día y su padre fue uno de los que ayudó al servicio de inteligencia y murió durante un experimento en el que también falleció la madre. Ese chico podría hasta ser más que una S. ¿Cuánto pagaste por él?

Hinata le recitó el precio y Ino abrió todavía más los ojos de los que ya lo tenía.

—¡Una condenada ganga!

—Seguramente fue por su comportamiento —objetó Sakura tocándose los labios—. Es precisamente por eso que hemos venido a verte.

Ino cerró las páginas de internet y apagó el ordenador para mirarlas.

—Bueno, tú ya tuviste uno antes y este es el segundo y por lo visto, te ha durado muchísimo. Suponemos que eres la persona con más experiencia del mundo en esto. Queríamos saber cómo lo haces.

Ino dudó.

—Para empezar, yo solo tengo uno conmigo y vosotras habéis metido a dos en un mismo lugar. Vuestra casa. Por más que durmáis en habitaciones separadas, el resto del día se tienen que ver y encontrarse. Sakura, mejor que nadie debes de conocer la testosterona de los machos y su capacidad en ellos.

—Ni me lo recuerdes —gruñó Sakura al recordar su tesis y el estrés que este conllevaba—. Pero si lo piensas de ese modo, es como si hubiéramos metido dos tigres machos en una misma jaula.

—Exacto —corroboró Ino—. No es que tengan que luchar por una hembra, es que ahora tienen que hacer que las hembras que los compraron piensen que ellos son lo mejor y no el macho de la otra. Es decir, que su pelea territorial va a consistir a la larga en quién os hace gritar más.

Hinata sintió que enrojecía nuevamente y se palmeó las mejillas.

—Pero… nosotras no los hemos comprado con ese fin —defendió.

—Puede que no, pero ahora todo el sistema sí. Es más, iréis por la calle y todas las mujeres os miraran sabiendo que ya no sois exactamente puras y que folláis todas las noches.

—Tengo la experiencia de ir a comprar otra litera y encontrarme con que solo puedo comprar una cama de matrimonio —protestó en un suspiro mientras intentaba esquivar las palabras de Ino—. Es horrible.

—No, querida. Es entrar en el sistema informático de tener un macho bajo tu cargo. A partir de ahora, solo puedes comprar cosas para dos: una cama de matrimonio, un sofá de dos plazas, un piso para dos personas a lo máximo, etc. Y vete preparando para citas con el ginecólogo cada dos por tres. Oh, y ellos también tienen que ir a revisarse, ya me entendéis —añadió con un gesto hacia su pelvis.

—¿En serio? —masculló Hinata sorprendida.

—Claro —confirmó Sakura—. Los hombres no son inmunes a las enfermedad. Lo que me recuerda un dato interesante. Desde que los hombres entraron en este tipo de regulación se detuvo la tasa que incrementaba la aparición de enfermedades sexuales. Al estar tan regulados, es más fácil clasificarlos. Un rollo.

Ino cabeceó afirmativamente.

—Un rollo que ha ayudado mucho.

—Pero eso es una tontería —protestó Sakura cruzándose de brazos—. Las enfermedades sexuales se han trasmitido desde siempre y no es algo que naturalmente el hombre sea el causante. Las mujeres también son portadoras y ahí están volando de flor en flor. No me seas racista, Ino.

—Para nada —negó esta levantando una mano—. Pero has de admitir que desde que se lleva un control tan alto de sanidad, ni mujeres ni hombres han enfermado tanto.

—He de añadir —intervino Hinata—. Que también hay que ver el lado oscuro de todo esto. Pues todo este logro se debe también a la erradicación de aquellos portadores. Nadie habla de ello porque les gusta hacer oídos sordos, pero erradicar a una persona por una enfermedad sexual en busca de que los genes que queden en el futuro para venta y compra no es algo maravilloso. La historia oculta muchas cosas importantes que a nadie le gusta ver, escuchar y contar, pero que ahí está. ¿Tienen idea de cuantos hombres murieron porque obviamente no iban a comprar un portador de sida? ¿Saben a cuantas mujeres han explotado y al final asesinado creyendo que podrían curarlas sin encontrar la solución?

Ambas mujeres la miraron atónitas. Hinata enrojeció la darse cuenta de sus palabras y carraspeó, mirándose las puntas de los zapatos. No había querido crear una regla que igualara a las personas al mismo nivel.

Pero nunca podría estar de acuerdo del todo con que un hombre era menos que una mujer o una mujer menos que un hombre. Ella estaba estudiando historia y las barbaries que encontraban la aterraban de igual modo.

Por ese motivo, Naruto tenía que ser feliz. Tenía que hacerlo feliz de algún modo.

.

.

Sai se detuvo en una habitación repleta de lienzos y que apestaba a pintura. Naruto arrugó la nariz y se pasó entre los cuadros. Todos eran paisajes, flores y el rostro en diferentes emociones de la dueña de la floristería.

El hombre se sentó frente a un caballete y tras mojar el pincel en la pintura, continuó rellenando las líneas que formaba la torre que se veía desde la ventana. Al parecer, tenía de todo.

—¿Ella te obliga a pintar? —cuestionó deteniéndose frente a un cuadro de la mujer rubia.

Sai observó un instante la torre desde su ventana y luego a él. Posó el pincel sobre el lienzo y coloreó sin salirse.

—No.

—¿No? —Fue Sasuke quien preguntó esa vez.

Estaba apoyado cerca de la puerta, con las manos en los bolsillos y los tobillos cruzados.

—No —repitió Sai—. Es mi pasión. Me gusta dibujar. Incluso vendo cuadros.

Naruto estaba tan incrédulo como el mismo Sasuke. Intercambiaron una mirada cómplice.

—Has tenido suerte.

—No tengo ningún problema con mi parte noble, así que supongo que me lo merezco. ¿Tu ama planea dejarte porque no tienes pene? No te preocupes, para eso tienes una boca.

Naruto dio un respingo al escucharle. Sai le miraba con una sonrisa en los labios, como si fuera el comentario más amable que podría dedicarle a alguien. Dio unas zancadas hacia él con el puño en alto, pero Sasuke avanzó hasta interponerse.

—¿Quieres ir al matadero, Dobe?

—Claro que no. Quiero partirle la cara, ttebayo —aclaró intentando esquivarle.

Sasuke lo atrapó de una oreja y tiró con fuerza. Naruto emitió un quejido lo suficientemente fuerte como para que las chicas le escucharan. Luego entraron a tropel en la habitación. Sakura llegó hasta su altura, seguida de Hinata e Ino se acercó hasta Sai con los brazos en jarras.

—Ya las has vuelto a hacer. ¿Verdad? —cuestionó Ino—. Seguro que les ha dicho algo horrible. Lo siento, chicas.

Naruto gruñó una palabrota mientras Hinata le tiraba de la camiseta.

—Podría dejar de preocuparse del pene de los demás —propuso entre dientes.

Ino rodó los ojos y clavó la mirada en Sai.

—¿Qué te he dicho tropecientas veces? No eres un animal que necesitas preguntarle a los demás por sus atributos. Lo hace como si fuera un saludo, como los perros cuando se huelen los traseros —explicó frotándose el cuello—. Perdonadle.

¿Perdonarle? Ese tipo seguía sonriendo como si no hubiera dicho nada malo, pese a que su ama lo regañara.

—¿Estás segura que hiciste bien en cambiarlo por el anterior? —cuestionó Sakura sin soltar del brazo a Sasuke.

Ino suspiró y asintió.

—Shikamaru era demasiado vago hasta para tener relaciones. Muy inteligente, sí, pero nada más. Cuando Temari quiso comprármelo no lo dudé. Nos costó conseguirlo, porque generalmente son para toda la vida, pero cuando vi a Sai supe que lo quería para mí. A él sí que no lo cambiaré nunca.

Hinata asintió a su lado y Naruto la miró interrogativamente. Quizás al haberse enterado de que podría ser cambiado por otro… No. ¿Verdad?

—¿Vas a cambiarme por otro? —cuestionó. Hinata levantó los ojos hacia él—. Lo que ha dicho Sai es mentira. Mi pene funciona la mar de bien. Puedo demostrártelo cuando quieras y…

Hinata fue poniéndose del color de las amapolas a medida que hablaba. Sakura soltó un taco y Ino una carcajada.

—¡Lo sé, lo sé! —exclamó Hinata cubriéndole la boca con ambas manos—. N-No necesito que me lo muestres.

Naruto no comprendía del todo porqué Hinata era así. Tan tímida y delicada con esos asuntos. ¿Nunca se había cuestionado cómo es que ella había nacido? Sus padres tendrían que haber tenido sexo para que ella fuera fecundada. Todo el mundo menos los que nacían a través de una probeta.

Y la sexualidad era algo que todo el mundo sentía. Le habían entrenado para ello por algo. Y estaba completamente dispuesto a hacerla sentirse de maravilla.

Y sin embargo, huía cada vez que eso salía a la luz. ¿Qué diablos era lo que estaba haciendo mal?

—Será mejor que nos vayamos por hoy —opinó Sakura frotándose la nuca—. No hemos sacado mucha información pero…

—¿Por qué no hablas con Temari? —propuso Ino—. Ella tiene a Shikamaru y a sus hermanos con ella. También están las mujeres de sus hermanos, así que eso tiene que ser un caos de testosterona también. ¿Quieres que te acuerde una cita con ella?

—Sería buena idea —reconoció Sakura pensativa—. Pero llevar tantos machos…

—Pues que ella vaya a veros a vosotros. Seguro que su cuñada, que tiene cierto parecido a Hinata, podría ayudar.

—Vale —aceptó Hinata tras intercambiar una mirada con Sakura. Era asombroso la capacidad que las mujeres tenían para comprenderse con solo echarse un vistazo.

—Luego te mando los días que tengo libres para acomodar una cita —indicó Sakura.

—¿Todavía estás con tu tesis? —cuestionó Ino indicándoles con un gesto que caminaran hacia la salida.

—Sí. Y la odio a muerte.

Ino sacudió la cabeza.

—Por un lado a veces te envidio con eso de que tengas que ir a clase y la diversión que hay en ello. Por otro recuerdo lo mal que lo pasaba y me alegro de estar donde estoy. Que os vaya bien, en serio. Tenéis dos machos increíbles.

Naruto sintió que le miraba especialmente, como si pudiera ver a través de él. Enarcó una ceja sin comprender y luego siguió a Hinata por las calles, sintiendo el frio golpearle las mejillas y la nariz. Hinata se acurrucó a su lado y se encogió cuando una ráfaga de viento la golpeó.

Naruto se movió para colocarse a su lado y cubrirla con su cuerpo. Ella le sonrió como agradecimiento y continuó caminando.

Cuando llegaron al hogar de ambas mujeres, y ahora el suyo y de Sasuke, les esperaba una caja enorme a nombre de Hinata Hyûga.

—Ah. Es una cama —informó Sakura que había llegado antes—. Es una chulada, porque es de esas que aprietas un botón y se montan solas. Sin necesidad de usar un berbiquí, tornillos y herirte un dedo.

Naruto sintió que aquello era como una púa. Cogió la caja de una punta mientras Sasuke lo hacía de otra y la metió al interior de la casa, guiándose hasta el dormitorio de Hinata y él. Esa noche habían dormido en el salón, cada uno en un sofá. Hinata se había tapado hasta las orejas y estaba seguro de que no era por frío.

Cuando empezaron a desembalar el mueble, la muchacha estaba cada vez más nerviosa. Naruto; más inquieto.

La cama se abrió con tanta facilidad como Sakura había descrito y cuando vio el mueble de madera flexible ante sus ojos ocupar casi toda la habitación, sopesó la idea de dormir más veces en el sofá. Aunque eso era mejor incluso que dormir sentado en una banquito.

—El colchón —demandó Hinata alargando una mano hacia tras de él.

Naruto se volvió y cargó la tela enrollada en plástico que ella colocó sobre las tablas de madera. Solo tuvo que tirar de un apéndice en la tela para que esta se inflara y el colchón encajara entre los quicios y las escuadras de la cama.

—Os han enviado unas sábanas de regalo, Hinata —informó Sakura extendiéndole un paquete de sábanas rojas.

—Ah. Pues qué suerte porque se me olvidaron de comprar. Mañana pediré.

Mientras que Sasuke y Sakura abandonaban la habitación, Hinata y Naruto se encargaron de hacer la cama. Ella sonreía mientras envolvía el colchón o se aseguraba que la sábana quedara atrapada bajo el colchón.

—Dormiré en el sofá de nuevo, tranquila.

Hinata se detuvo para mirarle un instante antes de comprender sus palabras. Su boca se abrió de la sorpresa y antes de que un sí saliera de sus labios, él sonrió.

—No vas a sentirte cómoda conmigo, ttebayo. Se te nota. Nos enseñan a leer el lenguaje corporal de las chicas, aunque a mí se me hace más complicado —confesó rascándose la nuca mientras reía de aquella forma zorruna en él. Pero se nota que es difícil para ti. Así que estaré bien ahí. Ah, pero si quieres que duerma en el suelo, lo haré —añadió al recordar quién era.

Se dio la vuelta para coger el edredón, deteniéndose cuando sintió una mano aferrarle la sudadera. Miró por encima del hombro para verla. Tenía la mirada baja y las mejillas enrojecidas.

—No vas a dormir en el suelo. Te lo prohíbo. A-así que… haz caso y duerme aquí conmigo.

Él asintió con sorpresa y por primera vez en mucho tiempo, sintió que el corazón le daba un vuelco.

.

.

Sakura se estiró mientras entraban en el dormitorio. Miró su litera y frunció el ceño. Sasuke se detuvo antes de chocar contra ella y siguió su mirada.

—Quizás debiera de comprar una yo también. Anoche me fijé y te salen los pies por abajo. Eres muy alto para este tipo de cama.

Y era cierto. Se había pasado toda la noche intentando que sus tobillos no rozaran el hierro y empezaba a sentir dolor en las plantas de los pies por culpa de las maderas. No tenía la culpa de que su cuerpo fuera tan grande para ellas. Pero tampoco podía permitir que su ama se gastara un dinero en él innecesario cuando, obviamente, para ella estar en esa cama era perfecto.

—Pediré una, sí.

—Sería inútil —interceptó.

Sakura le miró enarcando una rosada ceja. Se dejó caer en la silla frente al escritorio y abrió lentamente el ordenador portátil.

—¿Por qué iba a serlo? Además, las tablas de mi litera ya crujen y molestan a la hora de dormir. Lo hago por los dos, no por uno solo.

Ahí, Sasuke no podía negarse.

—Le mandaré mi horario a Ino también —se recordó.

Sasuke se sentó tras ella, agachando la cabeza para no darse con la parte superior de la litera. La observó teclear con habilidad, acostumbrada seguramente a esos aparatos tecnológicos a los que a él no les habían permitido nunca acercarse de más. Debían de tener conocimientos, sí, pero no tantos.

Mientras tecleaba, sus hombros se movían y sus manos volaban por encima del teclado. La vio curiosear diferentes camas y ropas de cama y cuando pareció lo suficientemente convencida, cliqueó con lo que la gente gustaba llamar ratón, pese a no tener semejanza con tal animal.

Al terminar, se volvió para mirarle.

—Mañana estará aquí. No tendrás que sufrir más con una cama pequeña.

Sasuke asintió sin darle demasiada importancia. Era su dueña la que tenía que decidir cómo debería de dormir. Estando en la tienda había escuchado muchas cosas y algunas dueñas regresaban para pedir camas de mascotas. Seguramente, más de uno tendría que dormir en el suelo, sobre un saquito semejante a una cama de perro.

El ordenador tintineó y Sakura volvió a centrar su atención en él. Tras teclear de nuevo y apagarlo, se echó hacia atrás.

—Temari vendrá pasado mañana.

Volvió a asentir con la cabeza, indiferente. No entendía por qué ambas mujeres querían socializar con otras mujeres con macho. No era tan complicado mantenerles. Solo necesitaban alimentarse, dormir y ser utilizados sexualmente. No había más misterio.

Y sin embargo, no podía sacarse de la cabeza la vida de Sai. Parecía estar completamente a gusto. Feliz, incluso, de vivir con esa mujer. No parecía ningún esclavo.

—¿Sasuke?

—Qué.

Sakura sonrió cuando volvió a centrarle atención. Le apartó suavemente unos mechones de los ojos y le miró con estudiado interés, como si se debatiera en algo.

—Mañana tengo el día libre. ¿Te gustaría a algún lugar en especial?

Sasuke se bloqueó repentinamente. ¿Un lugar donde él quisiera salir? ¿No se suponía que era ella la que tendría que escoger dónde llevarle o qué hacer con él?

Se mordió el interior de la boca, inquieto. Siempre había querido poder ser libre para ir a un sitio en especial. Pero jamás pensó tener la oportunidad.

La miró fijamente antes de responder, con el corazón encogido y la tensión en las palabras.

—Al cementerio de mi casa.

Continuará...


Notas de autora:
Esta vez salió rápido, hace poquito subí roto y tú y Amor vendido me encanta tanto que sale casi sin pensarlo xD. Espero que os agrade, porque me divertí mucho escribiendo este capítulo =).

Por cierto, no quiero crear ninguna guerra ni nada así con mi historia, que hay gente que se cree que sí. Solo es una historia =).