Hola ¿Cómo están? Primero que nada disculpen por la tardanza, he estado ocupado con varias cosas, entre ellas el congreso de este año y con un curso de bartender, lo termine y ya estoy avalado para ejercer en al menos 65 paises. Luego estuve asistiendo a entrevistas de trabajo y lo último que me dio fue una peste tal que me noqueo sin contemplaciones durante las ultimas dos semanas, ya me estoy recuperando después de veinte mil regaños y de que entre mi mamá y mi novia me forzaran a descansar y a tomar las medicinas (Las cuales son muy complicadas de conseguir con la situación actual del país).

En fin, aprovechando de que estoy un poco mejor y de que en la casa de mi novia hay internet decente, voy a subir la continuación de esta pequeña historia. Espero les guste.


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Capítulo XXVII: Little pig let me in.

Por alguna extraña razón Gin había comenzado a sentirse peculiarmente inquieto conforme más se acercaba a la zona vanguardia, donde su ejército y el ejército de esos insignificantes y miserables humanos aún luchaban por imponerse el uno sobre el otro. Más que inquieto podría decirse que estaba emocionado, furioso, ansioso y a la vez extasiado con aquel par de débiles, pero a la vez poderosas esencias que el viento había tenido la amabilidad de hacerle llegar hasta su nariz, haciéndolo sentir como una fuerte descarga eléctrica recorría cada mísera fibra de su cuerpo, estremeciéndolo por completo y haciéndolo sentir sumamente hambriento, tal como si no hubiera comido absolutamente nada en mucho, mucho tiempo y eso lo enloquecía.

Pronto corría por aquellos prados como si estuviera poseído, con las fauces entreabiertas y la fuerte sensación de placer y de gusto al saber en su interior de que cada tramo recorrido, lo acercaba cada vez más a su tan añorada presa perdida. Si, así es sus sentidos y cada molécula de su cuerpo lo sabían, allí en aquel campo de muerte y desolación lo esperaba algo mucho más grande que una simple victoria o un merecido ajuste de cuentas con su tan odiada y repudiada antagonista Akemi Miyano, La Bruja Blanca, como era conocida en un pasado no muy lejano.

No. No era nada parecido a eso

Definitivamente en aquel lugar lo esperaba algo mucho más grande y poderoso que cualquier otra cosa que pudiera imaginar y que no dejaba de llamarlo con seductora insistencia.

A solo un kilómetro de sus destino, su pelaje se erizó por completo, un escalofrió recorrió su columna, sus patas le ardían y sus jadeos se volvían cada vez más pesados, profundos y entrecortados. Su estómago rugió con fuerza y un nudo se formó en su garganta, conteniendo aquel imperante e irrefrenable deseo que se había apoderado de él en cuanto tuvo a la vista su destino, pero no, aún no era el momento; tenía que aguantar un poco más o no tendría sentido que lo hiciera, perdería efecto y para él no sería lo mismo.

500 metros… Aún no…

300 metros… Todavía falta un poco más…

250 metros… ¡Con un demonio, sólo un poco más y ya!...

50 metros… Sentía que explotaría si no lo hacía…

Llegó. Llenó sus pulmones lo más que pudo y saltando desde la colina que resguardaba la retaguardia de su campamento. Aulló con todas sus fuerzas, liberándose de aquel pesado cumulo de sensaciones y emociones que lo invadían y que tan alterado lo tenían; transmitiéndole a todos aquellos que lo habían escuchado aquella amenaza silente que sólo los responsables de su estado, entenderían y temerían como él deseaba que lo hicieran.

Cayó al suelo dentro del campamento e ignorando a sus aterrados subordinados, alzó la nariz al cielo y olfateó detenidamente el millar de aromas que el viento traía hasta él, separándolos y descartándolos mentalmente en busca de aquel par de esencias que tan mal lo tenían; encontró e identificó rápidamente a la Bruja blanca Akemi y a su insoportable ayudante el Tigre Maltés, Akai; reconoció rápidamente al traidor de Matsuda y a esa niña e intento de asesina, Sonoko; identificó a un centenar de inmundos humanos y a varios de los llamados héroes de guerra, pero ninguno de ellos le interesaba en ese momento y por eso, exasperado, los descartaba rápidamente uno a uno hasta que finalmente encontró lo que buscaba…

— Si… —Sonrió ampliamente complacido, llenando de pavor a sus subordinados, que nunca lo habían visto sonreír ni mucho menos lo habían visto en el estado en el que se encontraba en ese momento; riendo como un desquiciado y emanando una creciente sed de sangre que se vislumbraba en sus aterradores ojos dorados— Que inesperada, pero grata sorpresa…

— ¿Señor? —Se animó a preguntar un hibrido con aspecto de oso pardo, sintiendo como todas las miradas de sus compañeros se dirigían hacia él— Hi... Hicimos todo lo que ordenó. Estamos a la espera de sus nuevas órdenes.

— ¿Cuál es tu nombre? —Dijo el imponente lobo gris bajando lentamente el hocico y volviendo levemente en sí.

— Chi… Chiba, señor —Se apresuró a responder manteniéndose firme ante la cercanía del lobo, que a pesar de su imponente altura, aun así le sacaba al menos un par de cabezas— Estoy al mando de la antigua mesnada de Matsuda.

— Excelente —Musitó soltando una sonora y a la vez desquiciada carcajada, para luego indicarle con un gesto al hibrido que lo siguiera— La ironía resulta suculenta algunas veces —Reflexionó confundiendo aún más a su subordinado, que no entendía para qué diablos le había pedido que lo siguiera— Toma la bandera gris entre tus garras y acompáñame. Haremos una visita de cortesía a nuestros enemigos.

"Visita de cortesía" nunca palabras tan simples habían causado tanta conmoción como aquellas que salieron de las fauces del lobo gris, el cual enseñando los colmillos en un amago de sonrisa burlona avanzó decidido hacía el campamento enemigo. Sin duda tramaba algo y aunque ni el oso pardo Chiba ni sus compañeros sabían que era lo que pasaba por la mente de su astuto líder; todos tenía la certeza de que aquello no podría ser nada bueno.

Campamento humano—

El aullido de Gin, tal y como el lo quería había inquietado y aterrado a sus enemigos, pero en especial había ocasionado que a las dos jóvenes cazadoras y al dúo de Matsuda y Sonoko, se les erizara la piel a la vez que un nudo junto con una desagradable sensación de frío, se les alojara en la boca del estómago y en el pecho; alterándolos de una manera que sin duda era nueva para los cuatro, ya que se trataba de una extraña mezcla de temor, ira y de impotencia que jamás habían experimentado y que era demasiado intensa como para poder describirla con palabras.

Lo único que sabían era que tenían tantas ganas de salir corriendo de allí, como de matarlo y eso a su vez, hacía temblar sus cuerpos ante la emoción y la expectativa.

Gracias a esto fue que pudieron salir del "hechizo" que el inconfundible aullido de Gin parecía haber arrojado sobre el campamento, paralizando a todos los presentes.

— ¡¿Qué demonios están haciendo?! —Alzaron sus voces Matsuda y Akai, sacando a todos de sus trances— ¡Este no es el momento de perder el tiempo! ¡Todos a sus puestos!

— ¡Ya los escucharon, muévanse! —Ordenó Ran, con tanto fuerza y tanto ímpetu, que hizo correr a todo el campamento de un lado a otro hacía sus respectivas posiciones defensivas.

— ¡No entren en pánico! —Terció Aoko caminando junto a su hermana hacía la entrada frontal del campamento— ¡Recuerden su entrenamiento, tomen sus armas y confíen en sus compañeros!

— ¡Respiren hondamente y serenen sus mentes y calmen sus espíritus! —Continuó Matsuda alcanzando de un ágil salto a Ran y a Aoko— ¡Demuestren los fieros guerreros que son y causen pavor en nuestros enemigos con su sola presencia!

— ¡Nadie ataque ni se mueva, si no se les ordena hacerlo! —Agregó Akai adoptando su forma bestial sin dudarlo y uniéndose al grupo principal— ¡Cubran nuestras espaldas, protejan el campamento, a la Bruja Blanca, a sus familias y a la paz que tanto añoramos!

— ¡Habrá una sola voz de mando! —Dijeron todos al unísono al llegar finalmente a la puerta, donde Matsuda y Akai se volvieron hacía las cazadoras y realizaron una leve reverencia, dejando en claro que las palabras de las hermanas eran absolutas e incuestionables.

— Sonoko y Sato se encargaran de organizar y liderar la defensa del campamento —Dijo Aoko seriamente al ver como todos y cada uno de sus compañeros imitaba el gesto de los dos grandes felinos, a pesar de que eso implicaba en realidad dos voces de mando.

— Akemi y Sera se encargaran de atender a los heridos cuando estemos defendiendo el campamento —Prosiguió Ran con la misma seriedad con la que había hablado su hermana— Matsuda y Akai junto a mi hermana y a mi persona, nos encargaremos del contraataque y de proteger la entrada.

Todos asintieron, sintiéndose cada vez más motivados al ver la serenidad y confianza de sus poderosas y confiables líderes.

— Contamos con todos ustedes para poner fin de una vez por todas a esta cruel guerra sin sentido —Dijo Aoko tomando una gran bocanada de aire— ¡Todos los aquí presentes luchamos por una misma causa! ¡Así que es hora de olvidar nuestras diferencias y de convertirnos es un solo y poderoso ejército como ningún otro que haya existido!

— ¡Juntos venceremos cualquier adversidad! —Concordó Ran, dispuesta a concluir el discurso— Así que confíen en nosotros, porque cuando el momento de atacar llegue ¡Nosotras, los aquí presentes y todos los líderes de escuadra, encabezaremos el ataque final y pondremos fin a esta guerra!

Recibiendo una fuerte y enérgica ovación de todos sus hombres, Ran y Aoko contemplaron como el miedo que Gin les había inculcado desaparecía de sus corazones y todos los humanos, hechiceros y bestias de su ejército, se unían por una misma causa; inclusive aquellas bestias que habían capturado en batalla, las ovacionaban y aplaudían desde sus celdas con verdadera sinceridad y sin ningún deje de burla, ya que aquellas palabras eran las que ellos habían anhelado escuchar desde hace mucho tiempo, porque ellos también estaban cansados de esta guerra sin sentido, pero más que nada estaban cansados de estar bajo el yugo del temible lobo de plata.

Sin embargo, el que aquellas palabras fueran lo que todos ansiaban escuchar en ese momento o desde mucho antes, eso no implicaban que fueran verdaderas o que necesariamente tuvieran que cumplirse. Lo único realmente cierto, es que a pesar de que ni ellas mismas creyeran en sus propias palabras, aun así habían logrado su objetivo de subir la moral de sus tropas lo suficiente para poder encarar a Gin o eso esperaban, ya que de lo contrario la ayuda que Matsuda y Akai les habían brindado, sería en vano.

— ¡Bandera Gris! —Gritó con fuerza uno de los vigías alarmando a todo el campamento— ¡El enemigo está enarbolando la bandera gris y se dirige hacia nuestro campamento!

Incrédulos Ran, Aoko, Matsuda y Akai, se vieron las caras los unos a los otros como si hablaran telepáticamente entre ellos confundidos por esta repentina acción de parte de sus enemigos, aún más teniendo en cuenta de que Gin había llegado… Definitivamente tenía que tratarse de una trampa.

— Abran las puertas —Ordenó Ran intercambiando miradas con su hermana— Iremos a recibir a los emisarios.

Al oir esto, Matsuda y Akai rápidamente se posicionaron a cada lado de las cazadoras, siendo Akai el único que adoptara su forma bestial y que un sorprende despliegue de habilidad y de control, comenzara a modificar su cuerpo de bestia hasta adoptar una forma humanoide como la de Matsuda; acto seguido un resplandor verde rodeó su cuerpo y en menos de un segundo un pantalón de piel negro apareció cubriendo la parte inferior de su cuerpo, a la vez que una gabardina de piel del mismo color cubría el resto salvo su pecho. El imponente tigre Maltés no tuvo que voltear para saber que esto era obra de Akemi al ver que el llamado León de Kora contaba con una vestimenta similar de un oscuro color marrón a diferencia del peto de cuero que también usaba, el cual era de una tonalidad un poco más clara.

Una completa tontería dada la situación, pero como con los años y la convivencia había aprendido a no contradecirla, decidió dejar ese tema de lado por ahora, ya que en este momento debía de poner toda su atención en Gin y en todos y cada uno de sus movimientos, porque si algo sabía mejor que nadie sobre ese malnacido y traicionero lobo, es que nunca se debe confiar en él ni mucho menos darle la oportunidad para que haga alguna de las suyas; el precio a pagar podría llegar a ser demasiado alto y no estaba dispuesto a cometer ese error una vez más en lo que le quedaba de vida.

Así, el valiente grupo salió de la seguridad de los fortificados muros que resguardan el campamento, dispuestos a encarar a la criatura que desde hace muchos años gobernaba todas y cada una de sus pesadillas, así como sus miedos y temores más profundos.

¿Estaban asustados? Si…

¿Estaban furiosos? Por supuesto que lo estaban…

¿Querían dar media vuelta y salir corriendo de ahí? No podían negarlo…

¿Querían matarlo y acabar con todas sus penas? Por supuesto que sí y lo harían si la oportunidad se les presentaba…

El momento cumbre finalmente había llegado, pero por más aterrados o furiosos que estuvieran en ese momento, a la vez no podían dejar de sentir como una creciente emoción los embargaba por completo; como si cada minúscula fibra de sus cuerpos supiera que algo estaba a punto de suceder.

Era extraño, pero en ese momento al igual que Gin, ninguno de ellos podía dejar de sonreír como psicópatas con cada paso que daban hacia el punto de encuentro.

Ya los dados habían sido lanzados y con ellos este sangriento juego de guerra finalmente había comenzado verdaderamente.

A partir de ahora, todo podría pasar… Todo…