Exoneración: La increíble y original historia del ministerio del tiempo pertenece a Javier y Pablo Olivares.


Reverso de mano, sinfonía de caricias.

Ternura contenida en la mano alzada de Alonso de Entrerríos.

Rostro femenino que se mece al son que dicta el vaivén de una muñeca.

Suave piel contra nívea piel.

Ojos entrecerrados, deslumbrados por rayos que iluminan.

Suma de instantes que pertenecen sólo a dos.

Agazapados en el recuerdo,

en las ondas del cabello y en los dedos.

Escondidos tras unos párpados cerrados.

Condenados a perderse en el tiempo,

a desvanecerse como hojas que arremolina el viento.

Reverso de mano, preludio de azotamiento.

Mano alzada de aquel que trae el pan al hogar.

Blanca a la fuerza tomada.

Gritos acallados. Pesadumbre que tiñe de negro la oscura noche.

Quedas lágrimas infelices surcando la dulce faz de una dama.

La amargura de un nuevo día.

Al anochecer, las estrellas cubren con su manto Sevilla.

Comienza nuevamente la pesadilla.

Crepita el fuego en la hoguera.

Sus propios labios le sonríen.

Los ojos de Alonso la miran.

Besa en la mejilla a su único consuelo,

entretanto, el licor en la taberna su suerte determina.

El valor se asienta en su voz,

en los buenos recuerdos y en los sueños que posee todavía.

-Vuestro padre, vuestro padre era un héroe que incansable con honor se batía,

acompañado siempre de su fiel espada,

mellada y oxidada con tanta sangre de enemigo por ella vertida...