Notas de la autora: ¡Hola a todos! espero que este fic sea de su agrado! Por favor no sean muy duros conmigo, soy nueva en así que ya me estaba saltando esta parte de escribir las advertencias y Disclaimers jeje. (con razón no encontraba en ningún lado aparte donde hacerlo xD)

Advertencias: SLASH H/P. Debido a decisión personal, este fic contendrá Lemon (claro, más adelante) y un lenguaje subido de tono.

Disclaimer: Los personajes de Harry Potter pertenecen a J.K. Rowling y a la Warner Bros. solo la historia es mía.


Capítulo 1: ¡¿Qué &%$#"! haces aquí?!

"Eres el ser más despreciable que he conocido"

Un mudo sollozo.

Desasosiego.

Infinito Pesar.

Sangrante Dolor.

Eso y más podía sentir en su interior aglomerarse como una inamovible montaña, tan imponente y pesada, aplastándolo poco a poco entre mas días pasaban. Constreñía sus pulmones impidiéndole respirar adecuadamente; pero deshacerse de ella sería imposible.

¿Cómo llegó a tal punto? ¿Él? Entre todas las personas…un heredero, sangre pura, humilde (bueno, no mucho) y sumamente atractivo ¿Qué había de malo con él?

"Como si no fuera obvio" dijo una vocecita en su cabeza con reticente aceptación. Sería un puzle si fuera una persona sin fallos y errores, sin aquel estigma de la guerra manchando de negro y muerte su brazo izquierdo…que por si fuera poco la sociedad le reiteraba con constante crudeza que ni de lejos lo era, de hecho estaba seguro que si preguntaba, cualquiera diría que tenía su merecido "Es el karma seguramente" sería lo que le contestaran.

Tomando las sabanas descuidadamente jaló de ellas para poder salir de su cálido nido. Con abatimiento arrastró sus pies por su costosa alfombra persa pateando las envolturas hechas bola y las cajas vacías de chocolates que comenzaban a invadir el terreno con paso apresurado. "Incluso podría hacer pirámides con ellas" pensó con amarga burla.

Tal vez podría pedirle a algún elfo del demonio que se encargara de ese basurero, pero, sabía que su madre por demás preocupada por su bienestar no dudaría de tratar de inmiscuirse en su desolación para hacerle entrar en razón.

Pasando frente al espejo más que chamuscado casi deshecho, le lanzó un nuevo incendio para acallar el absurdo recordatorio de su condición y su pérdida; sus pilares de egocentrismo y vanidad hechos trizas dejando solamente tristes escombros…

No tenía idea de cuánto tiempo pasó encerrado, pero era lo que menos importaba. Tenía todo lo que necesitaba en su habitación. Su mullida cama, su amplia colección de libros, la perpetúa oscuridad que le acompañaba y docenas y docenas de dulces, chocolates y pasteles esponjosos con confite.

Rebuscando entre el reguero de cajas abiertas entremezcladas con las vacías, encontró sus dulces favoritos. Cubitos de coco cubiertos de helado de chocolate que no se derrite. Con una creciente hambre, uno a uno los comía sin degustarlos menguando un poco su malestar…

"Los Malfoy no entregan su corazón fácil, pero cuando lo hacen, será para siempre" eso era lo que su madre le repetía incontables veces en su infancia, aunque en un principio no lo creyó pues ¿Cómo algo como el amor podría importar si aquel sentimiento solo debilitaba a las personas? Pero hora caía en cuenta de que tan verdaderamente irónica era su vida pues cuando por fin resultó ser cierta la condenada advertencia, se arrojó en el absurdo juego del amor y cayó de cabeza para que después le patearan más que su bello trasero.

Su orgullo marchito, pisoteado y macerado por aquella criatura en quien planeó depositar toda su confianza e ilusión, la perfección encarnada (o que el juraba que era), su hermoso ángel de brillantes ojos azules y esponjoso cabello castaño con la que pensaba pasar el resto de su vida.

-Astoria…- repitió su nombre como una letanía, echándose un dulce más a la boca, tragando mecánicamente -¿enserio soy tan despreciable?- mirando el abismo de su pared esperó que aquello solo fuera un muy mal sueño.


-¡Lucius, tenemos que hacer algo!- exigió Narcisa Malfoy poniéndose de pie frente a su esposo. Era increíble que notando todo lo que sucedía en la mansión no tomara cartas en el asunto, es más, estaba más que encandilado obsequiando sonrisas a sus hojas de su nueva empresa, en lugar de centrarse en el bienestar de su unigénito –Draco no puede seguir así ¡Es absurdo!-

-Calma Cissa, todo está bien, es solo una fase, está tratando de llamar la atención, ya se le pasará- la mujer arrugó el ceño molesta.

-Pero es que tu no lo entiendes, sé que hay algo mal, tenemos que ayudarlo- el hombre solo se alzó de hombros restándole cualquier importancia.

Conocía a su hijo y lo caprichoso que podía ser. Sabía que gustaba de la pequeña de los Greengrass y eso no le suponía ningún problema, es más, consideró más que beneficiosa su unión, ambos sangre pura, con bastante dinero (claro, los Malfoy eran mucho más ricos, pero solo un par de millones de galeones mas, una nimiedad) sin embargo después de tanto tira y afloja entre los jóvenes, se enteró que la chiquilla nada lista botó a su hijo al parecer por una tontería y la familia prefirió cortar por lo sano el lazo con los Malfoy a dar explicaciones más a fondo.

"Pues pobres de ellos" fue lo que pensó en su momento y lo reiteraba. Rechazar a un Malfoy de tal manera eso solo dejaba ver que no eran tan respetables como se hacían creer. Mejor para ellos, no tener que ver con malas compañías.

-Déjalo en paz Cissy, seguro en un par de días vuelve a ser el viejo Draco- Tragándose un comentario nada apropiado para una dama, Narcisa apretó los labios en una línea recta fulminándolo con la mirada y salió del saloncito sin despedirse. Si Lucius no haría nada, pero ella no se quedaría de brazos cruzados.


"Una ananá confitada. Dos sapos de menta. Tres plumas de azúcar. Cuatro pastelillos de calderos, cinco ranas de chocolate, seis babosas de gelatina, siete varitas de regaliz, ocho bombones explosivos, nueve grajeas de todos los sabores…"

-Draco- llamaron a la puerta interrumpiendo su conteo. Frustrado rodó los ojos y dejó sus dulces de lado.

-¿Si padre?- preguntó volviendo a subirse a su cama a su nido de sabanas y edredones, acurrucándose lentamente. No tenía la menor intención de abrirle ni aunque se lo exigiera. De ser así tendría que esperar sentado.

-Tu madre está preocupada- dijo en tono neutro girando el pomo de la puerta sin lograr abrirla. Vociferó por lo bajo –abre la puerta-

-No- contestó secamente. No podía abrir y que le viera en su actual estado. Sus manos ya no eran lo que solían ser, mucho menos su cuerpo… podía imaginar las palabras ofensivas e hirientes que su progenitor le dirigiría, así que no era prudente arriesgarse.

Reforzando su hechizo para sellar su portal, se acomodó su bata apretada a su condenada cintura, o lo que quedará de ella…

"¿Amarte? Eres el ser más despreciable que he conocido, jamás pensaría en unirme a alguien tan desagradable como tú"

Aquellas palabras desgarradoras con tintes burlones seguían rondando por su mente, repitiéndose en una ridícula ciclicidad; una y otra vez sin querer detenerse. Apretó sus sienes tragando con fuerza la saliva que se atoró en el nudo de su garganta. Haciéndose un ovillo se cubrió hasta la cabeza tratando de alejar esa dulce voz de su linda Astoria y la de su padre que comenzaba a perder la paciencia del otro lado de la puerta.

Aquellas voces que comenzaba a desfigurarse haciéndosele más lejanas para su tranquilidad. Con un suspiro se sumergió en uno de esas placenteras noches sin sueños.


Un sonido a su puerta lo despertó.

"¿Qué no tienen otra cosa mejor que hacer?" se preguntó irritado. Seguro su padre hizo berrinche al no obtener lo que quería y su madre ahora vendría con la misma cantaleta; pero con el doble de ímpetu y cuádruple de fuerza.

Suspiró revolviendo su largo y desaliñado cabello platinado decidiendo ignorar el sonido. Seguro y ya se cansaría de tocar, pues por muy insistente que fuera su madre, sabía que terminaría por cansarse con su misma negativa.

Con pesadez cogió una rana de chocolate y se dirigió a su estantería a escoger un libro para leer. No le apetecía nada, pero no sería la primera vez. Tres meses encerrado era bastante tiempo pero sabía aprovecharlo a su manera. "¿Acaso han pasado tres meses? ¿O han sido más?" se alzó de hombros siguiendo con su búsqueda.

Con su índice recorrió los lomos de los libros perfectamente ordenados y recayó en "Grandes esperanzas" el libro preferido de Astoria. Aunque él lo consideraba algo bien escrito pero demasiado sentimental para su gusto, no pudo evitar sentir el estrujamiento de su corazón con el simple recuerdo del tan grato apasionamiento de su ex –novia al hablar de sus escenas favoritas.

-Estas peor de lo que pensaba- dijo una voz profunda a sus espaldas. Con infundado horror se estremeció, su pulso se aceleró y con mecánica inseguridad viró en cámara lenta para observar de quien se trataba.

Por más que trataba de negarlo, su mente presuponía quien era aquella persona."¡Merlín no! ¡Por favor que no sea, que no sea él, por lo que más quieras, maldita sea!" rogaba a los más altos patrones de los deseos malogrados.

Su mirada desorbitada se plantó en él y maldijo entre dientes. Era imposible. ¿Cómo atravesó sus barreras?"claro, hasta la pregunta es idiota, si es más que obvio que pelos de escobeta podría quebrar mi hechizo con un simple movimiento de mano" pensó con hastió.

No podía articular palabra más que rejuntar sus cejas en señal de irritación. ¿Cómo osaba invadir su privacidad? ¿Con que derecho?

-¿Qué haces aquí, Potter?- se irguió lo más que pudo con todo el orgullo quebrado que pudo juntar y escupió su pregunta con el mayor desdén posible. Desdén que pareció divertir al ojiverde, porque solamente amplió su sonrisa.

-Vine a ayudarte, gordito. Espero que estés dispuesto a colaborar-