Capítulo 1. El comienzo.

No podía creer que fuera a empezar ya la Universidad, es más, en esos momentos estaba haciendo mi maleta porque después de comer saldríamos hacia nuestro nuevo piso. Y es que no iba a ir sola, iba a estar con mi mejor amiga.

Las dos queríamos ser enfermeras desde siempre, y que mejor que empezar la carrera y la convivencia juntas. Yo estaba nerviosa, pero ella… a ella le iba a dar un ataque de nervios, pero bueno, estamos hablando de Alison, ¿qué podíamos esperar?

Mi madre llevaba toda la mañana llorando, "orgullosa de mi hija" decía. Y antes de irme para la casa de mi amiga me hizo prometerle que seguiría allí las clases de piano que daba desde los seis años, y que no iba a "portarme mal", que siguiera como soy, y que no me dejara llevar por los compañeros de clase si se iban de fiesta. Mis padres eran un poco estrictos con eso de las fiestas, al menos Alison y yo siempre hemos encontrado otros planes que les agradaban más, y es que a ella tampoco le había interesado de momento eso de salir de fiesta y beber.

- Estoy tan nerviosa, Del… Madre mía, ¿te das cuenta de que vamos a vivir solas? - bajó la voz. - Sin padres… Eso significa que vamos a poder hacer lo que queramos… Igual hasta encontramos un novio. - se acercó a mí mientras agarraba el cuello de mi camiseta acercándome a su cara. - Igual dejamos de ser vírgenes. - me hizo reír el comentario, pero más cómo me lo dijo como si fuera una idea genial.

- ¿Eso es lo que quieres? ¿Vas a la universidad para dejar de ser virgen? - sonreí a mi amiga que se empezó a sonrojar.

- Bueno, es lo que sale en las películas, ¿no? Ya le preguntaremos a mi hermana cuando venga.

- ¿Dónde está? Hace mucho que no la veo. - comenté mientras me acomodaba en el sofá que había en su habitación sintiendo un escalofrío, maldito sofá.

- Ha quedado con unos amigos para despedirse antes de irse. Empieza ya tercer año, cómo pasa el tiempo.

- ¿Qué estaba estudiando tu hermana? - miré mis maletas para distraerme un poco, no podía creer que me fuera ya a la Universidad.

- Ciencias. Es un poco friki. Ya lo sabíamos. - sí, su hermana era un poco friki, había que admitirlo. - ¿Sabes qué es lo nuevo? - negué con la cabeza. - Se ha puesto los pelos llenos de rastas, parece una jamaicana. Solo falta que se ponga con los porros, y ya le he advertido de qué le pasará si fuma de eso. ¿Sabes que te pueden dar brotes psicóticos?

- ¿Sí? ¿Y por qué fuma la gente?

- Porque están reventaditos de la cabeza, Delphine. - se empezó a dar con el dedo índice en la sien.

- Alison, ¿cuándo viene…? - la hermana de Alison entró en ese momento por la puerta, y se quedó mirándome. Era verdad que parecía una jamaicana con las rastas, pero le quedaban muy bien, al menos así se parecía menos a mi amiga, pues eran idénticas. - Hola, Delphine, cuánto tiempo. - se acercó a mí y se sentó a mi lado, yo me incliné para darle un beso en la mejilla que creo que no se esperó porque pegó un saltito hacia un lado. Hacía igual un año que no la veía, lo más lógico es un saludo así, son más raros estos americanos.

- ¿Qué tal estás, Cosima?

- Ya me ves, pasando calor por aquí. - me sonrió, y miró a su hermana. - ¿Cuándo os queréis ir? Ya tengo el coche preparado.

- ¡Ya! - saltó Alison de la cama y empezó a coger bolsas y más bolsas. - ¿Me ayudáis? - preguntó y Cosima se levantó a ayudarla.

Oh, Cosima ha debido de estar haciendo ejercicio ese año porque su cuerpo delgado estaba algo más moldeado, con sus curvas femeninas bastante potenciadas, eso, o ha comido algo más en esos meses. Porque, de verdad, siempre ha sido algo esquelética de más jóven, le había sentado bien la Universidad. Y bueno, en confidencia, siempre me había parecido más guapa la de gafas que Alison, pero que ésta última no se entere.

Empezamos a meter todas las bolsas de Alison y varias maletas mías en el coche, junto algunas cosas de Cosima. La madre de mi amiga empezó a darles besos a sus dos hijas por toda la cara antes de que se fueran, mientras se podían observar dos reacciones distintas: la de gafas se quejaba y Alison, que era igual que la que le trajo al mundo, se los daba de vuelta.

- Bueno, poneros cómodas que tenemos seis horas de camino. Si todo va bien, para las ocho o nueve habremos llegado.

- ¿Nos dejarás conducir? - pregunté.

- Ni loca. - se empezó a reír mientras arrancaba el coche y empezaba a conducir saliendo por nuestra calle.

- Oh, vamos, Cosima, son seis horas, un ratito solo, porfi. - vi como me miraba por el espejo retrovisor y, aunque me contestó con un "no", pude ver que sonreía. Bah, era cuestión de tiempo.

- Cosima… - la llamó su hermana que iba sentada en el asiento del copiloto. - ¿Hay chicos guapos en la facultad?

- Algunos… aunque yo solo puedo hablar de la mía, y la mayoría son un poco bastantes frikis para tí. ¿Quieres un científico en tu vida? - preguntó divertida.

- No, gracias, ya buscaré en otro lado…

- ¿Y tú, Delphine? - la miré otra vez a través del espejo retrovisor, sus ojos me miraban divertida. - ¿Quieres un científico en tu vida?

- Emm… no he pensado aun lo que quiero.

- ¿Un científico, Delphine? - la cara de horror de Alison apareció entre los asientos delanteros del coche. - No hablas en serio, ¿verdad?

- Obviamente, solo quería ver tu reacción. - me empecé a reír viendo cómo suspiraba aliviada.

Llevábamos dos horas de viaje y Cosima acababa de parar en un área de servicio para estirar las piernas. Salimos las tres mientras bebíamos unos refrescos y Alison devoraba unas patatas fritas de bolsa. Cosima andaba de un lado a otro mirando el suelo metida en sus pensamientos.

- Nada más lleguemos me daré un baño, y me iré a la cama a descansar, que mañana tenemos que hacer el tour por el campus.

- No hay bañera en los pisos de estudiante, Ali, son duchas. Siento romperte la burbuja. - comentó Cosima mientras iba andando ahora detrás de nosotras.

- Oh, no… ¿no hay bañera? - podría caer en una depresión perfectamente si no había bañera en el piso, muy típico de Alison.

- Ya no llevas coletas, ¿no? - escuché detrás de mí unido a un tirón de uno de mis rizos.

- Dejó de llevar coletas porque no la dejabas tranquila, Cosima.

- Era divertido, te cabreabas muy rápido, Alison. - sí, yo sufría los tirones y Alison se enfadaba, eso era así, realmente nunca me molestó que me tirara del pelo. - Siempre has sido una celosa con tus amigas… - empezó a reírse.

- ¿Podemos conducir alguna? - preguntó mi amiga cambiando de tema.

- Me da miedo morir en la carretera. - contestó mientras Alison agarraba su camiseta y empezaba a suplicar. - Oh, suelta, bicho. - me empecé a reír cuando vi el ceño fruncido de la de flequillo, odiaba que la llamara "bicho". - ¿Quién conduce mejor? ¿Delphine o tú?

- ¡Corcholis! - Cosima me miró a mí mientras yo sonreía.

- Si me muero en un accidente, te estaré atormentando toda la vida eterna que habrá después.

- ¡Acepto! - el coche de Cosima estaba chulísimo, era grande de estos en plan todoterreno, me lanzó las llaves y empecé a correr a la puerta del piloto, mientras Alison se sentaba detrás de morros, y arranqué el coche una vez sentada.

- Vamos, de momento es todo recto, en una hora volvemos a cambiar, ¿vale? - asentí mientras se inclinaba sobre mí alargando su mano, uy, que cerca estaba. - Se te olvida lo más importante, Delphine. - uy, que cerca estaba.

Se volvió a echar en su asiento mientras en su mano agarraba el cinturón de seguridad y me lo ponía. Ups.

Cosima se quedó dormida, así fue, y yo me lo estaba pasando genial conduciendo y cantando mentalmente cada canción que salía en la radio. Así que no estuve una hora, sino dos, y porque la de rastas se despertó.

- ¿Qué hora es? -murmuró adormilada.

- Casi las siete ya. - contesté bajito. Alison estaba también dormida.

- ¿Por qué no me has despertado? - miré hacia su lado sonriendo, me gustaba conducir, me miraba con los ojos entrecerrados.

- Déjame un poco más. - agarré su pierna y miró mi mano.

- ¿No estás cansada? Podemos parar un poco. - volví a poner mi mano en el volante.

- No, estoy bien, de verdad.

- Como quieras. - se estiró en el asiento levantando los brazos sobre su cabeza. - Estas canciones son una mierda.

No sé cómo se atrevió a cambiarme la emisora de radio, pero me quedé callada porque iba a conducir un rato más, es más, el coche era de ella, así que mejor no protestar.

- ¿Y cómo que te has hecho rastas? ¿No son incómodas?

- Al contrario, me las he hecho para no peinarme nunca más.

- Tenías un pelo bonito. - comenté.

- Nada que envidiarle al tuyo.

Silencio. No sabía de qué más hablar con Cosima, la verdad es que siempre he estado con Alison, no sabía mucho sobre ella, siempre ha sido la hermana mayor rebelde de mi amiga, la que hacía lo que quería y cuando quería. Ah, y la que me tiraba de las coletas. Solo sabía de las cosas que me contaba Ali, que si pensaba que tenía algún romance en la universidad porque cuando estaba allí estaba todo el rato con el móvil, que si creía que perdió la virginidad a los catorce… Sí, ella solo podía pensar en eso: noviazgos y hacer el amor. Estaba obsesionada, pero solo delante de mí, luego no era capaz de vocalizar una palabrota y si no las escuchaba, mejor.

Así que a la falta de palabras, simplemente me dediqué a conducir y a escuchar cómo de vez en cuando la de rastas cantaba. En media hora dije de parar un poco, porque estaba agotada en verdad, ¿y Cosima llevaba haciendo estos viajes durante dos años sola? Pobrecita.

Para cuando volvimos a entrar en el coche, la de rastas se puso al volante, Alison otra vez detrás y yo de copiloto.

- Ali, ¿has dejado algo en casa o lo has traído todo aquí? Menos mal que hay garaje y ascensor, sino nos volveríamos locas con tanto viaje. - Cosima ayudaba a sacar todo el equipaje de su hermana del coche. - Os ayudo a vosotras y luego ya vuelvo yo a por lo mío.

Y eso hizo, la pobre era la que cargaba con más bolsas que la propia Alison, me preguntó si necesitaba ayuda, pero con mis dos maletas iba bien y una bolsa de mi amiga al hombro, claro.

Tercer piso, puerta C, nuestra futura vivienda. Entraron al pequeño, limpio y recogido apartamento, un salón-cocina, baño y dos habitaciones, ¿qué más querían?

- ¡Es perfecto! - exclamó Alison mientras agarraba mis manos emocionada.

- Sí, es perfecto para las dos, sabía que vuestra relación funcionaría y os mudaríais juntas… - bromeó Cosima con sonrisa traviesa.

- No somos novias, estúpida. - pegó en el hombro de su hermana mientras yo me reía.

Fui hacia la que iba a ser mi habitación mientras las otras dos iban a la que iba a ser la de Alison, y empecé a ordenar mis cosas.

- Bueno, yo me voy, tortolitas. - escuché la voz de Cosima exclamar, me asomé para verla antes de salir.

- ¿Vas a necesitar ayuda con tus cosas? Puedo bajar. - pregunté, que mínimo si nos había traído hasta aquí.

- Ah, no, tranquila, voy bien, llevo haciendo lo mismo dos años, no te preocupes. Además, comparado con lo de Ali… - movió sus manos despreocupada.

Sin quererlo me perdí en la sonrisa que me dedicó antes de guiñarme un ojo, girar su cuerpo, haciendo balancear sus rastas y salir por la puerta. Sí, definitivamente Cosima era la hermana guapa.

Empecé a guardar todas mis cosas en los muebles de mi habitación, y llevé algo que traje de comida a la cocina.

- ¿Pedimos una pizza? - escuché a Alison detrás de mí.

- ¿Dónde ha quedado eso de vida sana? - pregunté divertida.

- Yo no engordo, y tú puedes ir mañana a correr por la mañana y la bajas.

- ¿Estás diciendo que yo engordo facilmente o que estoy gorda? - me indigné.

- Oh, no, lo decía por si querías vida sana, sales a correr y la pizza como si no te la hubieras comido. - levantó su brazo con el móvil en la mano mirándome seria, y asentí. - ¿La de siempre?

- La de siempre, y sí, igual mañana salgo a correr.

La dejé hablando por teléfono, pensando que eso de empezar la universidad y a vivir sola igual era el mejor momento para tomar nuevas decisiones de cambio,y procurar tener una vida sana y estar en forma iba a ser bueno para mí.

Y, hablando de cambios, necesito buscar un conservatorio para seguir con mis clases de piano. Cogí mi ordenador y comprobé la señal wifi, iba perfectamente. Pues mientras llegaba la pizza apuntaría direcciones para ir mañana a preguntar. Escuché en ese momento el agua de la ducha, y a los segundos el timbre de la puerta. Que rápida ha sido la pizza, ¿no?

- ¿Cuánto te debo? - pregunté mientras abría la puerta mirando mi cartera. Levanté mi mirada cuando escuché una risa suave. - Cosima…

- ¿Ya habéis pedido comida a domicilio? -sonreía. - Que rápido os habéis hecho a la vida universitaria…

- ¿Quieres pasar? Si quieres puedes quedarte a cenar con nosotras.

- He quedado con alguien ya. - metió su mano en uno de sus bolsillos. - Creo que es tuyo. - en su mano se encontraba mi teléfono móvil.

- ¿Me lo he dejado en el coche? - pregunté cogiéndolo, acariciando la palma de su mano en el proceso.

- Así es.

- ¿De verdad no quieres quedarte? - insistí.

- Si me invitas otro día, me quedo, pero hoy no puedo cancelarlo.

- Está bien. - me acerqué a ella, al tiempo que agarraba una de sus rastas para examinarla. - ¿Te las has hecho hace poco? - miré sus ojos cuando no recibí respuesta inmediata, uy, que cerca.

- Sí, hará unos meses… - miró su muñeca, dando un paso hacia atrás. - Tengo que irme ya, mira qué hora es.

Con un saludo de mano se volvió a marchar, y a los pocos minutos llegó la pizza.

- Alison, ¿te acuerdas cuando vimos a tu hermana con la chica esa que pensábamos que era su amiga? - pregunté divertida cuando una pareja de chicas se besaban en una serie que veíamos en la televisión.

- Oh, Dios, calla. - me dio con uno de los cojines del sofá en la cara. - No me lo recuerdes, que traumático fue.

Y fue un trauma para ella, pero no por haberla visto con otra chica, sino por la situación en sí. Tenían las dos catorce años, y Alison había estado comentado todo el día sobre el juego de ordenador que había descubierto el día anterior y se lo quería enseñar. Cosima, con sus dieciséis años, estaba en su habitación estudiando con una amiga, y el portátil estaba allí, así que las dos abrimos la puerta de par en par preguntando si podíamos cogerle prestado el ordenador cuando ambas nos quedamos boquiabierta con la escena. Y es que la "amiga" de la de gafas estaba arrodillada frente a la silla donde estaba sentada la otra con las piernas abiertas, agarrando la cabeza de la que había entre sus muslos, y con su camiseta ligeramente levantada. Unos gritos de "cierra la puerta" hicieron que mi amiga rápidamente lo hiciera mientras miraba la pared en shock. Realmente mi reacción no fue la de quedarme impactada por la imagen, mi reacción fue replantearme la idea que llevaba años atormentándome de "¿me gustan las chicas?".

Esa pregunta había estado yendo y viniendo durante muchos años, algunos momentos en los que se podría contestar con un "NO" y otros con el que la contestaría con un "Joder, claro que sí". Bueno, ahora mismo diría la segunda opción, y llevaba bastante tiempo eligiéndola, así que igual podría darse ya por contestada.

Ya hice mis experimentos para corroborar la respuesta a esa pregunta, y, bueno, Alison no sabía nada, no me atrevía a decírselo. Una de las razones es: ¿cómo se lo tomaría lo de que fuera bisexual? Porque sí, los chicos también me gustaban. Y la otra razón, y es la que más miedo me daba, porque no sabía cuál sería su reacción era: ¿cómo se lo tomaría cuando supiera que mi primer experimento fue con su hermana?

Porque su hermana era lesbiana, en lo más profundo de su corazón sabía que Alison no reaccionaría mal a la confesión de "también me gustan las mujeres", pero, estamos hablando de mi amiga, obviamente me llenaría a preguntas, millones de preguntas curiosas que debería contestar con sinceridad, y lo más seguro era que le preguntara "¿y cómo te diste cuenta?", y yo tendría que contestarle "porque tu hermana besa de miedo". Y entonces me mataría.

Era la respuesta que esperaba de ella, la reacción inmediata ante su declaración de culpable. Porque las hermanas de tus amigas son sagradas, ¿no?