Primer día de trabajo. Emma, indudablemente se encontraba nerviosa. Después de años en Boston, había tomado la difícil decisión de mudarse a otro lugar, después del estrepitoso fracaso de su relación con Neal.

Había sido una separación dura, pero totalmente necesaria. Neal y Emma habían estado juntos durante más de seis años, desde que Emma tenía dieciocho, y en ese tiempo, poco a poco habían ido distanciándose, hasta llegar al punto en el que apenas pasaban tiempo juntos como pareja. Aún así, ella siempre pensó que era una mala racha, que podrían solucionarlo, cegada por el amor que le tenía a Neal, pero la gota que colmó el vaso, fue cuando se enteró de que él, por su parte, se estaba acostando con Tamara, una compañera de trabajo.

En cuanto Emma se enteró, enfrentó a Neal, diciéndole que lo sabía todo y sin esperar más, llamó a su mejor amigo, David, para explicarle toda la situación. En menos de cuarenta y ocho horas, David había hecho unas llamadas y le había conseguido una entrevista para trabajar en el equipo de rescates especiales de Storybrooke, Maine. Emma recogió sus cosas y se marchó, dejando atrás todos los dolorosos recuerdos.

La entrevista había sido nada más llegar a Storybrooke el día anterior. Emma se arregló un poco más de lo normal, queriendo parecer una persona respetable, pero sin pasarse y se citó con el que iba a ser su jefe: Liam Jones. Estaba muy nerviosa, ya que realmente le hacía mucha falta el trabajo, pero en cuanto la entrevista comenzó, los nervios poco a poco se fueron difuminando. Liam era una persona amable y muy carismática. Después de hacerle unas cuantas preguntas acerca de su experiencia y ella contarle que había estado trabajando desde que había salido de la academia en uno de los equipos de rescate de Boston, había quedado más que claro que estaba más que cualificada para el puesto. Liam le concretó cómo iba a ser el horario y el método de trabajo, así como algunos detalles del sueldo, y por último, simplemente le dijo:

- Por mí puedes empezar mañana mismo, Emma – dijo Liam con una gran sonrisa.

- ¿En serio? – contestó ella abriendo mucho los ojos, sin poder creérselo.

- ¿Qué dices? ¿Aceptas?

- ¡Por supuesto! – exclamó ella.

- Pues mañana a las ocho de la mañana comienza tu primer turno. Te presentaré a tus compañeros y al jefe de tu equipo. Estoy seguro de que vas a estar encantada con nosotros. Puede que no tengamos tantos espectaculares casos como en la sede de Boston, pero somos como una gran familia.

- Gracias Liam. Me apetece mucho comenzar esta nueva etapa – dijo Emma con una sonrisa de agradecimiento.

- Pues no se hable más. Te espero mañana a las ocho, Emma.

Dicho eso, Emma se levantó y se dirigió corriendo hacia la sala de entrenamiento donde sabía que se encontraba David para compartir rápidamente con él las noticias.

Al llegar a la sala, asomó con cautela la cabeza para comprobar que efectivamente David estuviera allí y lo vio en una de las máquinas de correr, dándolo todo. Emma entró apurada en la sala, con una sonrisa en la cara. David al verla, se bajó de la máquina y se dirigió hacia ella. Emma corrió y se tiró a sus brazos, agarrándole la cintura con las piernas, mientras se reía a carcajadas y David le daba vueltas.

- ¡El trabajo es mío! – dijo Emma.

- Sabía que podías conseguirlo – dijo David, mientras Emma bajaba poco a poco sus piernas hasta que sus pies tocaron otra vez el suelo, para después abrazarla fuertemente y darle uno de sus característicos besos en el pelo.

Mientras seguían abrazados, el resto de los compañeros que allí estaban entrenando miraban divertidos la escena, hasta que uno de ellas gritó:

- Como Mary Margaret se enteré de que eres tan cariñoso con otra mujer, va a pedir tu cabeza en un plato…

- ¡Cállate, Scarlett! – gritó David. – ¡No digas idioteces! Dejad que os presente. Chicos, ésta es Emma, mi mejor amiga, prácticamente una hermana y desde mañana va a trabajar con nosotros. Emma, el idiota que acaba de abrir la boca es Will y el resto son Robin, Jefferson, Graham, John y Arthur.

- Encantada – dijo Emma sonriendo.

El momento fue interrumpido al escucharse la puerta del gimnasio cerrarse bruscamente, después de que un hombre entrase.

- ¡Venga, panda de vagos! – se escuchó una voz que decía a la vez que soltaba una carcajada. - ¡A entrenar!

A medida que la voz se fue acercando, Emma se quedó asombrada. Era uno de los hombres más atractivos que había visto nunca. Moreno, pelo revuelto, con una perfecta barba de tres días enmarcándole la cara. Pero sin duda, lo que más llamó su atención fueron sus ojos. Los ojos más azules que había visto. Unos ojos que ahora mismo, también estaban mirando para ella.

- Emma – comenzó David. – Éste es Killian Jones, el jefe de nuestro equipo. Y del tuyo, a partir de mañana.

- Así que tú eres la nueva – dijo Killian por fin, dejando entrever su sexy acento.

- Sí – contestó ella sonriendo. – Emma Swan – dijo extendiendo su mano.

- Como David acaba de decir, Killian Jones – contestó él aceptando la mano que Emma le ofrecía y dándole un amistoso apretón.

- Bueno… - dijo Emma retirando la mano como si le acabara de dar calambre. – Yo aún tengo muchas cosas que preparar, así que os dejo que entrenéis tranquilos y mañana nos vemos – continuó a medida que se iba acercando a la puerta de salida del gimnasio.

- ¡Emma, espera! – gritó David. – Esta noche reúnete con nosotros en el bar que hay haciendo esquina en esta misma calle. Se llama Granny´s. Celebraremos como es debido tu incorporación al equipo.

Emma asintió con una sonrisa y se dirigió otra vez a la puerta, mientras la imagen de Killian Jones la seguía persiguiendo en su cabeza todo el camino hasta su casa.

- No puede ser… - susurró para sí misma. – Es mi jefe.

Se pasó la tarde preparando las cosas que le hacían falta para el primer día de trabajo, así como acomodando todo en su nuevo apartamento. La mudanza había sido tan repentina, que aún tenía todo metido en cajas, pero poco a poco las iba desembalando y el apartamento se parecía cada vez más a un hogar. Después de un buen rato, colocando sus pertenencias, se sentó agotada en el sofá y cogió el móvil. Cinco llamadas perdidas. Todas de Neal. Estaba claro que no iba a darse por vencido. ¿Cómo podía tener tanta cara? Primero le ponía los cuernos y ahora imploraba el perdón. ¡Ni hablar! La historia con Neal estaba acabada.

Suspiró y después de estirar los brazos por encima de su cabeza todo lo que pudo, dejando que su espalda y sus hombros crujieran, se dirigió al baño para darse una buena ducha y prepararse para reunirse con los chicos en el bar. Cuarenta minutos después, ya lista, salió de casa y se dirigió hasta Granny´s. Nada más entrar, vio a David y al resto de los chicos apoyados en la barra, todos con una cerveza delante de ellos.

- ¡Emma! ¡Has llegado! – dijo David dándole un abrazo como recibimiento. – Mary Margaret está contentísima de que hayas conseguido el trabajo y se disculpa por no estar ahora aquí, pero es que las reuniones con los padres de los alumnos se han alargado más de lo que ella pretendía y estaba agotada. Pero – continuó, haciendo énfasis con un dedo. – Me ha dicho que estás invitada a cenar a casa el sábado y que no aceptará un "no" como respuesta.

Me reí. Estaba claro que había pasado tiempo, pero Mary Margaret seguía igual que siempre.

- Soy lo bastante inteligente como para saber que a Mary Margaret no se le lleva la contraria. Y menos, si está embarazada – dijo Emma soltando una carcajada.

- Así es – dijo David riéndose también. - ¡Por fin! Ahí llegan Killian y Liam. Ya pensé que íbamos a tener que celebrar sin los jefes.

Me giré y vi como entraban por la puerta Liam y Killian, que traía en brazos a una pequeña niña morena, de unos tres años.

- ¡Hola...! Perdón por el retraso – dijo Liam, mientras se sacaba la chaqueta e iba pidiendo una cerveza.

- Swan… - dijo Killian a modo de saludo, mientras bajaba a la niña del regazo y ésta se agarraba a una de sus piernas, escondiendo la cabeza de la vergüenza. – Te presento a Ruby, mi hija – dijo mientras acariciaba a la niña en el pelo y sonreía.

En ese momento, Emma se quedó asombrada. Por supuesto que tenía una hija. ¿Cómo un hombre tan guapo como él iba a estar libre?

- Hola… - dijo Emma con una sonrisa, mientras se ponía de cuclillas para estar a la altura de la niña. – Yo me llamo Emma – dijo extendiendo una mano hacia ella.

- Yo Ruby – dijo ella extendiendo también su pequeña manita.

Killian miraba divertido la escena, hasta que decidió interrumpir el momento y decir:

- Ruby, cariño, ¿qué quieres tomar?

- Lo mismo que Emma.

- ¡Oh! – dijo Emma sorprendida. – Es un chocolate con nata y canela – le explicó a Killian, enseñándole su vaso.

Killian pidió las bebidas y después de un rato, todos se sentaron en un par de mesas que se quedaron libres. Ruby, por supuesto, pidió sentarse al lado de Emma, algo que a la propia Emma le pareció divertido.

La niña era sin duda especial. No debía de tener más de tres o cuatro años, pero era muy espabilada para su edad.

- Nunca hay chicas con ellos y yo siempre me aburro – dijo Ruby frunciendo su pequeña nariz, para después mirar a Emma con adoración.

- ¡Ey! Me ofendes, RubyRu – dijo Will, mientras se levantaba y la cogía en brazos, lanzándola al aire, mientras ella se reía a carcajadas. - ¿Cómo puedes decir que te aburres conmigo con lo que yo te quiero? Pensé que éramos novios. Me has roto el corazón.

- Papi dice que no podemos ser novios – dijo Ruby mientras lo abrazaba.

- Tu padre lo que pasa es que está celoso – dijo Will guiñándole un ojo. – Porque yo tengo una novia guapísima y él no.

Ruby se reía, mientras Will la agarraba y le hacía pedorretas en la barriga, a la vez que ella se retorcía y se reía a carcajadas.

Emma se reía también mientras los miraba, al igual que Killian, que se sentó en el asiento vacío al lado de Emma, meneando la cabeza:

- Están siempre así. Miedo me da cuando la niña me cumpla dieciséis años… - dijo Killian riéndose.

- El miedo de todo padre – dijo Emma también con una sonrisa.

En ese momento, Ruby llegó corriendo y sin decir nada, se subió al regazo de Emma, que asombrada ante la repentina muestra de afecto de la niña, la ayudó a sentarse en sus rodillas.

- Me gusta mucho tu pelo – dijo Ruby mientras agarraba la trenza que Emma se había hecho rápidamente antes de salir de casa. – Papi no sabe hacer trenzas –dijo arrugando de nuevo la nariz.

- ¿No? Tendremos que enseñarle – dijo Emma, mirando hacia Killian con una sonrisa, que él correspondió. – Primero, se separa el pelo en tres partes. Así – comenzó Emma separando el oscuro y brillante pelo de Ruby. - ¿Estás tomando nota, Killian? – dijo Emma.

- Por supuesto, Swan – dijo él.

- Y después vamos pasando los mechones uno por encima del otro. Primero éste, luego éste. ¿Ves? Es fácil. Hasta un hombre es capaz de hacerlo – continuó Emma, tratando de vacilar a Killian.

- Swan… - contestó él en tono de advertencia. – Que soy tu jefe. Pórtate mal y te pondré a doblar paracaídas toda la semana – continuó mientras soltaba una carcajada.

Emma también se rió y siguió trenzando el pelo de Ruby, hasta que ya estaba lista.

- ¡Ale! ¡Estás lista! – dijo atando la trenza con una goma del pelo. - ¡Estás muy guapa!

Ruby levantó una mano y se tocó la trenza, con una gran sonrisa en la cara.

- Gracias, Memi – dijo poniéndose de pie en las rodillas de Emma y dándole un gran abrazo. – Se la voy a enseñar a Will – continuó bajándose rápidamente y corriendo hacia él.

A lo lejos pudimos escuchar como Will le decía que estaba guapísima, y Ruby se reía. Emma meneaba la cabeza y se reía para sí, mientras Killian miraba para ella, hasta que finalmente se decidió a hablar:

- Eres buena con los niños, Swan.

- Supongo que sí – contestó ella encogiéndose de hombros. – De todas formas, con Ruby es muy fácil. Es todo un personaje de niña.

- Lo es – dijo Killian riéndose. – Lo mismo que tú, Swan, que has resultado ser todo un descubrimiento – continuó mientras miraba a Emma fijamente, con unos brillantes ojos azules.

Emma por unos segundos, se quedó mirando también para él, pero rápidamente, el hechizo se rompió y se levantó bruscamente de la silla:

- Es muy tarde. Me tengo que ir – dijo a modo de explicación mientras se ponía la cazadora. – Os veo mañana en el trabajo. Despídeme del resto – continuó antes de marcharse pitando del bar, ante la asombrada mirada de Killian.

Por unos instantes, siguió mirando la puerta por donde se había marchado Emma. ¿Qué acababa de pasar? Por primera vez desde que Milah los había abandonado, había sentido una conexión con alguien, fuera de lo estrictamente físico. El ver a Emma con Ruby había despertado algo en él. Algo que pensó que ya nunca jamás podría volver a tener con alguien y que lo asustaba terriblemente. ¿Lo habría sentido ella también y por eso se había marchado de forma tan brusca? Lo que estaba claro era una cosa y era que Killian se moría de ganas de conocer mejor a Emma.

Estos pensamientos fueron interrumpidos por Ruby, que se agarró a una de sus piernas, pidiendo ser subida al regazo.

- ¿Y Memi? – preguntó con una sonrisa, mientras movía la cabeza de un lado a otro, buscando a Emma por todo el bar.

- Se ha tenido que marchar, amor – dijo Killian dándole un beso en la punta de la nariz. – Y tú y yo deberíamos irnos también, que hay que dormir.

Ruby como siempre, protestó un par de veces, pero finalmente, ella y Killian se despidieron de todos y se marcharon a casa.

Una vez allí, como todas las noches, acostó a Ruby y le leyó un cuento, hasta que ésta se quedó dormido. Después, se marchó a su propia habitación y se quitó la ropa para ponerse el pantalón de cuadros que usaba para dormir y se metió bajo las mantas. Por primera vez desde hacía ya dos años y medio, esa noche no soñó con Milah y el día que ella se marchó, sino que en sus sueños estaban protagonizados por unos preciosos ojos verdes.

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Los días y los meses fueron pasando y Emma cada vez se acomodó más a su nueva vida en Storybrooke. Liam tenía razón cuando el primer día le había dicho que eran como una gran familia. Desde aquella primera noche en Granny´s, Emma sintió que encajaba, que por fin había encontrado un hogar.

En cuanto se dio cuenta, ya había pasado más de un año desde que se había mudado. Y coincidía con el cuarto cumpleaños de Ruby.

En este año, la niña y Killian también habían sido una constante en su vida. Sin darse cuenta, poco a poco, se habían ido ganando un hueco en su corazón. Ruby adoraba a Emma y hacía de todo para poder estar un rato con ella. El sentimiento, era mutuo, ya que Emma también bebía los vientos por ella.

Con Killian la cosa era diferente. Se había convertido en un gran amigo. A lo largo de este año, habían compartido muchas cosas juntos y se habían sincerado el uno con el otro, contándose hasta sus secretos más íntimos, convirtiéndose en dos buenos amigos de verdad.

Emma siempre recordará aquella noche de invierno de hacía unos ocho meses, en la que después de tomarse un par de cervezas de más en casa de Killian, éste le había contado toda la historia con Milah. Como habían sido felices y se habían casado, siendo los dos muy jovencitos. Como habían pasado años, viajando y disfrutando de la vida juntos. Cómo de entusiasmados habían estado cuando se enteraron de que ella estaba embarazada. Sin embargo, el relato se fue haciendo cada vez más duro, ya que Killian recordaba entre lágrimas aquella última conversación con Milah, en la que le decía que ella no estaba preparada para ser madre y que se había enamorado de otro hombre y que quería una vida con él, dejando a Killian y Ruby solos, cuando ésta última sólo tenía ocho meses.

A su vez, Emma le había contado todo lo sucedido con Neal. Como se habían conocido, cuando Emma tenía dieciocho años, en un momento en el que ella se sentía tan sola y vulnerable. Como Neal había hecho que Emma se enamorara de él. Le contó también lo felices que habían sido los primeros años, haciendo planes de una vida juntos. Pero también le relató cómo su relación se había ido rompiendo poco a poco, hasta llegar al punto que Neal la había engañado con otra mujer, terminando así de romper el corazón de Emma.

Emma recordaba perfectamente las palabras de Killian aquella noche:

- Él no te merecía, Swan – dijo acariciándole la mejilla. – Cualquier hombre que no sepa ver lo maravillosa e impresionante que eres… no te merece – continuó mientras se acercaba poco a poco a ella, hasta juntar su frente con la de Emma.

Emma en ese momento, había notado como Killian miraba sutilmente para sus labios y luego para sus ojos, como pidiendo permiso. Sin embargo, aunque ella sentía lo mismo y se moría de ganas, no quería estropear la maravillosa relación de amistad que tenían, así que aclarándose la voz, se había separado de él, notando enseguida la sensación inmediata de frío y soledad al alejarse de Killian.

- Es tarde – susurró Emma, tímidamente. – Debería irme.

- Emma… - comenzó Killian, levantándose detrás de ella, tratando de que no se marchara.

- Te veo mañana en el trabajo – lo interrumpió ella con una sonrisa. – Dale un beso de buenas noches a Ruby de mi parte.

- Se lo daré – contestó Killian resignado, mientras acompañaba a Emma a la puerta.

Una vez se marchó, apoyó la frente contra la puerta y suspiró. Ese día, fue el primer día que de verdad se dio cuenta de que se había enamorado de Emma Swan.

Después de aquella noche, las cosas entre Killian y Emma siguieron como siempre. Todo el mundo alrededor sabía lo que sentían el uno por el otro, pero ninguno de los dos se atrevía a dar el primer paso.

El día de la fiesta de cumpleaños de Ruby llegó y Emma fue la primera en llegar.

- ¡Memi! – gritó Ruby, encaramándose a una de las piernas de Emma.

- ¡Mi monito! – dijo Emma riéndose con una sonrisa de oreja a oreja en la cara. - ¿Dónde está papi?

- En la cocina, terminando de decorar la tarta y de hacer los cupcakes.

- Eso no me lo pierdo – dijo Emma entre dientes.

- ¡Te he oído, Swan! – se escuchó a Killian desde la cocina.

En cuanto entró en la cocina, Emma no pudo evitarlo, se comenzó a reir a carcajadas al ver a Killian. Estaba totalmente cubierto en harina y llevaba puesto uno de estos delantales de: "Puedes besar al cocinero", mientras se peleaba, porque no se le podía llamar de otra manera, con la masa de los cupcakes que estaba pretendiendo hacer.

Emma se acercó a él, mientras se secaba las lágrimas y se inclinaba para darle un beso en la mejilla. En el momento, se dio cuenta de lo que acababa de pasar y tanto Killian como ella se quedaron paralizados.

- El delantal pone que hay que besar al cocinero, ¿no? – dijo Emma rápidamente, tratando de disimular.

Si quieres darme un beso, Swan, sólo tienes que decirlo. No me vengas con excusas de delantales, amor – dijo Killian guiñándole un ojo, lo que provocó que Emma le tirase un puñado de harina a la cara.

- Te vas a enterar… - comenzó Killian, cogiendo otro puñado de harina. – Has firmado tu sentencia de muerte – continuó mientras corría detrás de Emma por la cocina.

- ¡Ruby! ¡Ayúdame! – gritó Emma.

En cuanto la niña llegó a la cocina, se comenzó a reír y comenzó a perseguir a Killian con harina también en sus pequeñas manos.

- Así que revelándote contra tu padre, ¿eh? – dijo Killian, mientras la cogía en brazos y la usaba de escudo para defenderse de Emma, que le estaba tirando harina desde detrás de la mesa.

Ruby se reía sin parar, mientras Emma asomaba con cuidado la cabeza por encima de la mesa y gritaba:

- ¡Cobarde! ¡No vale usar a la niña de escudo!

Siguieron jugando durante unos minutos, hasta que Killian cogió el paño de cocina y lo ondeó en el aire:

- ¡Bandera blanca! Me rindo – dijo dejándose caer agotado en el suelo de la cocina.

Emma salió de su escondite y se tumbó a su lado también, mientras Ruby hacía lo propio, pero se tumbaba encima de él.

- No quiero mancharme más – dijo con una risita, acurrucándose contra el pecho de su padre.

- ¡Joder! Mírala que fina me salió la niña – contestó Killian haciéndole cosquillas en el costado a Ruby.

- ¡Killian! – exclamó Emma frunciendo el ceño. - ¡Cuidado con el lenguaje! – continuó mientras se ponía de lado, incorporándose sobre su codo y acariciando la espalda de Ruby, mientras miraba para Killian.

Killian a su vez, estiró un brazo, ofreciéndoselo silenciosamente a Emma y para su asombro, ésta lo aceptó y apoyó su cabeza en él, acurrucándose contra Killian y disfrutando del momento por unos segundos. Los tres tirados en el suelo de la cocina, después de una guerra de harina, como una familia.

Después, llegó la peor parte. Killian comenzó a recoger el caos que habían montado en la cocina, mientras Emma se llevó a Ruby para ayudarla a ducharse y a vestirse para la fiesta, antes de que comenzaran a llegar sus amiguitos. Cuando la niña ya estaba lista, bajó para ayudar a Killian a limpiar y después hicieron unos cupcakes como Dios manda.

Contentos con su trabajo, pusieron la mesa y colocaron todo para cuando llegaran los invitados y después se dirigieron escaleras arriba para ducharse y cambiarse.

- Ven, Swan, te daré unas toallas y usarás el baño de invitados – dijo Killian, mientras subían las escaleras. – Además creo que hay algo de ropa tuya de cuando te quedaste a dormir el día que Ruby tenía tanta fiebre.

- Es verdad. ¡Qué suerte!

Killian se moría de ganas de decirle que si por él fuera podía traerse todas sus cosas, ya que la quería y quería pasar su vida con ella, pero sabía que de ninguna de las maneras Emma estaba preparada para eso todavía. Tenía la esperanza de que ese día llegase, pero sabía que no era ahora.

La fiesta fue un éxito. Emma no podía parar de sonreír al ver a Ruby tan feliz. Su momento preferido fue sin duda cuando llegó el momento de abrir los regalos. Emma se moría de ganas de verle la cara cuando viese lo que le había comprado.

- Aquí tienes. Éste es el mío – dijo Emma dándole un par de paquetitos pequeños y uno enorme, casi del tamaño de la niña.

- Gracias – dijo Ruby con una sonrisa, mientras rápidamente comenzaba a romper el papel de regalo, por supuesto empezando con el que era más grande.

En cuanto lo vio, la cara se le iluminó y comenzó a gritar de la emoción:

- ¡Mira papi! Un peluche gigante de Olaf. ¡Me encanta! – gritó echándose a los brazos de Emma.

Después abrió los otros dos paquetitos, que eran una libreta y un bolígrafo de Elsa y de Anna de Frozen. (Sí, la niña estaba algo obsesionada con la película) y el último paquete eran unos pendientes de aro pequeñitos, como los que Emma solía llevar a menudo.

- Ahhh… - exclamó Ruby con la boca abierta. – Son como los tuyos. ¡Pónmelos!

Emma se los puso con cuidado de no lastimarla y ella enseguida se fue hacia donde estaban sentados Will y Killian:

- ¡Mirad! Son como los de Memi – exclamó orgullosa.

Ruby siguió abriendo todos los regalos que sus amigos le habían traído y por último, llegó el turno de abrir el de Killian, que era un pequeño sobre.

- ¿Qué es esto? – preguntó Ruby frunciendo la nariz de esa forma adorable que hacía ella siempre.

- Son unas entradas para ir a Disney – explicó Killian.

Ruby levantó rápidamente la mirada del papel y con los ojos llorosos miró para su padre.

- ¿En serio? ¿A Disney? ¿A ver a Mickey? – preguntó con la voz temblorosa.

- Sí, amor.

Ruby se colgó del cuello de su padre, hasta que de repente, levantó rápidamente la cabeza y preguntó:

- Memi también viene, ¿verdad?

- Si ella quiere… me he tomado la libertad de comprar tres entradas.

Emma miró para Killian y Ruby, mientras ambos le ponían la misma cara de corderito degollado. Estaba claro que de tal palo, tal astilla.

- Está bien… - dijo ella con una sonrisa. – Yo también voy.

- ¡Bieeeeen! – gritó Ruby, bajando del regazo de su padre y subiéndose rápidamente al de Emma.

- ¡Mi monito! – dijo Emma dándole un beso en el pelo. – Anda, vete a jugar con tus amigos, mientras los mayores recogemos.

- Sí, pero ven conmigo, Memi. Te voy a presentar a mis amigas – dijo Ruby, tirando de su mano para que la acompañase al salón, donde estaban el resto.

Killian, que estaba comenzando a lavar los platos, mientras Liam ayudaba a secarlos, miraba la escena con ternura. Sus pensamientos fueron interrumpidos por Liam, que le dio un golpe seco en la parte de atrás de la cabeza, como para que espabilase.

- ¡Eh! ¿Qué coño haces? – preguntó Killian, mientras se frotaba la zona del golpe.

- ¿Te crees que no me entero de lo que pasa aquí?

- No sé de qué hablas… - contestó Killian, haciéndose el tonto.

- ¿Cuándo le vas a decir a Emma que estás enamorado de ella desde el primer momento que la viste?

- ¿Qué dices, hermano? Yo no estoy enamorado de…

La frase fue interrumpida por otro golpe en la cabeza por parte de Liam.

- ¡Para ya! – protestó Killian, comenzando a cabrearse.

- ¡No! No voy a parar hasta que alguno de los dos le eche huevos y le diga al otro cómo se siente. ¿De verdad vas a dejar que Emma se escape? Porque nunca vas a encontrar a otra mejor que ella, que quiera tanto a Ruby y que se preocupe tanto por vosotros.

- ¿Y te crees que no lo sé? – contestó Killian levantando un poco la voz. – Pero no encuentro nunca el momento. Siempre que intento acercarme a ella como algo más que un amigo, ella se cierra en banda y escapa de mí. Y yo no quiero perderla, hermano. Estoy dispuesto a vivir así, si ella está contenta.

- Es que no entiendo a qué estáis esperando. Todo el mundo ve que os queréis. Lánzate a la piscina de una vez. Lleváis meses actuando como una pareja, sin serlo.

- No es tan fácil, Liam – susurró mientras seguía lavando los platos como si nada.

- ¿Quieres reaccionar de una puta vez, Killian? Eres un Jones. ¿Desde cuándo los Jones somos unos cagados?

- ¡Desde que mi exmujer me dejó tirado con mi hija porque dejó de quererme! No quiero que me vuelva a pasar eso. No quiero perderla. No puedo perderla – dijo Killian, angustiado. – Y si la presiono, es lo que va a pasar.

- Yo sólo te digo que espabiles, Killian, o ella pensará que no estás interesado y la perderás también. Hay uno de los bomberos nuevos que no para de andarle detrás, intentando conseguir una cita con ella

- ¿Uno de los bomberos? ¿Quién?

- Booth.

- El muy cabrón – dijo Killian entre dientes.

- Ya sabes lo que tienes que hacer, hermanito – dijo Liam terminando de secar un plato y soltando el trapo con fuerza en la encimera, mientras le daba una palmada de compasión en el hombro a Killian y lo dejaba solo en la cocina con sus pensamientos.

Casi todos los invitados se habían marchado y sólo quedaban allí, Liam y su mujer Tink, con su hijo Fynn, que estaba jugando con Ruby y Emma y Killian que estaban terminando de recoger y tirar todos los restos de papel de regalo del salón.

A los pocos minutos, Liam y su familia anunciaron que se iban y se despidieron de todos y pocos después, Killian llevó a Ruby, que se estaba quedando dormida en el sofá, a la cama, mientras Emma terminaba de colocar todo en la cocina.

Cuando Killian bajó las escaleras después de dejar a su hija durmiendo, vio a Emma en la cocina y se acercó a ella, abrazándola sigilosamente por la cintura, desde detrás, apoyando su barbilla en el hombro de ella.

- Gracias – susurró él.

- ¿Por qué?

- Por todo lo que has hecho hoy por Ruby y por mí. Nunca la había visto tan feliz – dijo él cogiendo valor de donde pudo y dándole un beso en el cuello, notando como Emma se estremecía ante la caricia.

- Eso es por el viaje a Disney – dijo Emma divertida. - ¿Le has visto la cara? Estaba a punto de ponerse a llorar.

- Lo que le ha encantado es la idea de que vengas con nosotros, igual que a mí – contestó Killian girándola en sus brazos, de forma que la pudiese mirar a los ojos cuando le dijera cómo se sentía. – Emma… - comenzó con un susurro. – A estas alturas tienes ya que sospechar lo que siento hacia ti, pero por si acaso, te lo diré… - dijo mientras se iba acercando más y más a ella, hasta apoyar suavemente sus labios contra los de ella.

Emma por unos segundos, correspondió al beso, dejándose llevar por toda la tensión acumulada durante estos meses. Killian golpeó con su lengua el labio inferior de Emma, pidiendo paso y ella le contestó abriendo la boca y dejando que sus lenguas se juntaran, a lo que Killian contestó con un gruñido, mientras la arrinconaba poco a poco contra la encimera de la cocina. Cuando se separaron para coger aire, Killian juntó su frente con la de ella y le dijo:

- No sabes lo mucho que llevo esperando para besarte por fin, Swan – susurró Killian, mientras la miraba como nunca nadie la había mirado antes.

Sin embargo, el miedo que Emma sentía era en estos momentos, superior al amor que también sentía hacia Killian. Así que, tomó cartas en el asunto,

- Killian… para… - susurró ella también, mientras se alejaba de él.

- ¿Qué pasa? – preguntó Killian. De repente, sentía mucho miedo de lo que Emma le iba a decir a continuación.

- Esto no puede ser. Somos amigos, muy amigos, y no quiero que nuestra amistad se eche a perder por una atracción.

- ¿Una atracción? Swan, lo nuestro es más que una atracción. Sabes perfectamente lo que siento por ti.

- Además, eres mi jefe. Yo valoro mucho mi trabajo y no quiero pasar a ser simplemente la "novia del jefe".

- Eso es una tontería. Tink está casada con Liam y nunca ha habido comentarios de ningún tipo. Es la mejor submarinista que tenemos y todo el mundo lo sabe.

- Estoy saliendo con uno de los bomberos – dijo Emma con voz temblorosa. – No es nada serio, pero hemos salido un par de veces.

En ese momento, Killian abrió la boca, pero las palabras no salieron.

- ¿Por qué no me has dicho nada? – preguntó, de pronto muy serio.

- Porque es algo muy casual y no creí que fuera importante.

- Sólo voy a decir esto una vez, Swan. Así que, te pido por favor, que me escuches. Yo te quiero. Estoy segura de que ya lo sabes, pero te lo voy a decir de todas formas. Desde el primer momento en que te conocí, poco a poco me fui enamorando de ti, hasta que ya no hubo marcha atrás. Y no soy el único, mi hija te adora.

- Y yo a ella… - susurró Emma con los ojos llenos de lágrimas. – No voy a negar que no sienta algo por ti, Killian, porque sí, yo también te quiero.

- ¿Y entonces? – dijo Killian esperanzado.

- No quiero estar contigo. No de esa manera. La amistad que tenemos es especial y yo adoro a Ruby…

- ¿Amistad? Lo que tenemos nosotros no es una amistad normal, Swan, y lo sabes. Llevamos meses en una relación de pareja. Lo único que nos diferencia de las demás parejas es que no nos besamos ni nos acostamos juntos, pero no te equivoques, lo nuestro lleva siendo durante mucho tiempo más que una amistad – continuó mientras le colocaba el pelo detrás de la oreja a Emma y a continuación, le acariciaba la mejilla con las puntas de los dedos.

- Yo no podría sobrevivir si os perdiera, Killian… - comenzó Emma mientras se apartaba de él. – Así que esto que hay entre nosotros, no puede ir a más. Nunca.

- Emma…

- ¡No! Escúchame tú ahora, por favor. Tienes que tratar de olvidarme. Algún día conocerás a otra persona y yo pasaré a ser la tía Memi. Es mejor así, Killian – dijo ella. – Es mejor que hoy no me quede aquí como habíamos planeado y me vaya a casa. Voy a decirle adiós a Ruby.

Killian se quedó paralizado en la cocina. De todas las veces que había imaginado este momento, nunca había pensado en esta posibilidad. Emma lo quería pero no quería estar con él por miedo a perderlo. Sólo decirlo se veía que era una tontería. Era el miedo el que estaba hablando. No Emma. Tenía miedo de que él le hiciese lo mismo que Neal y ella volviese a acabar con el corazón roto. Con otro agravante, que es que Emma no sólo quería a Killian, sino que también adoraba a Ruby, por lo que si las cosas iban mal, en su cabeza, la pérdida sería doble. Tenía que encontrar la forma de hacerle ver que las cosas no eran así.

Emma subió en silencio las escaleras, tragándose las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos. Cuando llegó a la puerta de la habitación de Ruby, tomó aire y entró. Se sentó en la cama, al lado de Ruby y le acarició el pelo, mientras se agachaba y le daba un beso en la frente, provocando que la niña se despertase.

- ¿Memi? – dijo Ruby todavía media dormida.

- Duerme, Ru. Sólo quería darte un beso de buenas noches.

Ruby al escuchar eso, puso morritos para que Emma le diese un beso, a lo que Emma contestó con una sonrisa y se volvió a agachar para darle otro en la mejilla. Ruby le rodeó el cuello con los brazos y le dijo:

- Te quiero, Memi. Ojalá fueras mi mamá… - susurró mientras se volvía a quedar media dormida.

- Yo también te quiero, monito – susurró Emma, ahora ya sin poder evitar que le resbalasen un par de lágrimas por las mejillas.

Bajó las escaleras y se encontró que Killian todavía estaba en la cocina, en el mismo lugar donde lo había dejado. Se acercó despacio a él y le dijo:

- Killian, yo me voy a casa.

Killian asintió, sin decir nada, sin ni siquiera mirarla.

- Te veo mañana en el trabajo – dijo Emma.

- Claro – susurró Killian, dirigiéndole una triste sonrisa.

Emma rápidamente se giró y se marchó hacia la puerta, saliendo como alma que lleva el diablo y metiéndose en su coche, poniendo rumbo hacia su casa. Por primera vez desde que había llegado a Storybrooke se sentía rota.

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Pasaron un par de semanas y todo el mundo era capaz de ver que las cosas entre Killian y Emma habían cambiado. Pero no para bien, como todo el mundo se esperaba, sino que se habían vuelto más distantes el uno con el otro, llegando al punto de que en algunos de los rescates, les estaba resultando problemático trabajar juntos.

- ¿Me vas a explicar qué demonios pasa entre Emma y tú? – preguntó un cabreado Liam, cerrando la taquilla del vestuario de un golpe.

- Nada, Liam, métete en tus asuntos – dijo Killian mientras se quitaba el sucio uniforme, con la intención de meterse en la ducha y quitarse toda la mugre acumulada durante el rescate del que acababan de llegar.

- ¡Soy el capitán de esta unidad, así que estos son mis asuntos. Los compañeros se han quejado de que no paráis de discutir, que no os apoyáis el uno en el otro como hacíais antes y que un día alguno de los dos se pondrá en peligro por ello! – gritó Liam. – Killian – continuó utilizando ahora un tono más suave. - ¿Qué ha pasado?

- Pues que por seguir tu mierda de consejo, mira cómo estamos. La he perdido.

- ¿Le has dicho que la querías? – preguntó Liam

- Sí, ¿y sabes que me ha contestado? Que ella también me quiere, pero que no quiere estar conmigo. Que prefiere que seamos amigos. Y está claro que no podemos ni ser eso otra vez – dijo él pasándose la mano por el pelo y por la cara, reflejando su desesperación ante la situación. – Y ahora he perdido a Swan y tengo a mi hija con el corazón roto porque "Memi ya casi no viene a vernos". Liam, no sé qué hacer.

- Habla con ella, Killian. No te rindas. Todos sabemos que Emma tiene unos muros enormes rodeando su corazón, pero tú eres un buen escalador, por eso te contraté – dijo Liam tratando de provocar una sonrisa en su hermano pequeño.

- Está saliendo con Booth – murmuró Killian, con los ojos brillosos.

- ¿Qué?

- Emma. Está saliendo con Booth. Y no puedo aguantarlo, Liam. Se me revuelven las tripas cada vez que los veo juntos o que los escucho hablar por teléfono. Ése fue el motivo de nuestra primera discusión.

- Eso que sientes, querido hermano, son celos.

- Hay que ver que listo eres, Liam… - dijo Killian poniendo mala cara. - ¿Qué hago, Liam?

- Habla con ella. Dile que quieres que las cosas sean como antes.

La conversación fue interrumpida por la sirena, que anunciaba que habían sido llamados para otro rescate: ¡Equipo 48! ¡Listos para salir!

Killian, resopló y Liam se levantó rápidamente y dijo:

- Vístete de nuevo e iré a enterarme de los detalles. Te veo arriba.

Cuando llegó arriba, ya listo para salir, vio que los demás también estaban todos preparados, entre ellos, Emma.

- Bueno, chicos – dijo Liam. – Parece ser que una panda de exploradores, o de idiotas, que estaban haciendo espeleología se han metido en una de las cuevas de la zona del río y ha habido un derrumbe que ha tapado parcialmente la salida. Afortunadamente, iban bien equipados y llevaban el GPS activado y sabemos exactamente dónde están atrapados. Como veis es una de las cuevas más cercanas al río, con lo que es de esperar que parte de ellas estén inundadas, lo que hace el trabajo más dificultoso y de mayor riesgo. Quiero que cojáis todo lo necesario y lo carguéis en el camión y por favor, como os digo siempre: ¡que nadie se haga el héroe y volved todos a casa! ¡Ah! Los bomberos también están allí, para daros apoyo y ayudaros en el descenso, así que por favor, sed cordiales y trabajad en equipo – continuó Liam, mirando sobre todo para Killian al decir esto.

Todos se subieron al camión, donde poco a poco se fueron colocando los arneses y los equipos de protección necesarios para el descenso.

Una vez al llegar allí, se pusieron manos a la obra y comenzaron con ayuda de los bomberos a explorar el terreno y ver cuál sería la mejor maniobra de aproximación al lugar.

- Debe de haber como unos tres metros de descenso hasta la entrada de la cueva. Después, según los mapas que nos han facilitado del Insitituto de Topografía la cueva tiene una entrada amplia que se divide en tres caminos. Éste es el que se ha derrumbado – dijo Emma señalando uno de ellos. - Así que tendremos que mirar cómo está el terreno una vez estemos abajo, no hay otra manera.

- Swan tiene razón – dijo Killian. - ¿Cuántas personas hay atrapadas?

- Tres hombres y una mujer – contestó Booth. – O eso al menos es lo que nos han dicho a nosotros. – Parece ser que uno de los hombres está atrapado bajo las rocas, que es donde entramos nosotros con algunas de nuestras herramientas para ayudaros a sacarlos de ahí.

- ¿El resto están heridos? – contestó Emma mientras se aseguraba el arnés y comprobaba que todos los mosquetones estuviesen bien.

- Heridas menores todos, menos el que está atrapado, según nos han dicho los compañeros del 911. Ya hay tres ambulancias en camino. Una de ellas, trae un médico especializado en este tipo de situaciones, que llegado el caso está entrenado para que pueda bajar también a asistir a los heridos – explicó Booth.

- Bueno, pues manos a la obra – dijo Killian. – Robin, Scarlett, vosotros dirigiréis desde aquí arriba la operación. Todo tiene que pasar por vosotros. Quedáis a cargo.

- Sí, jefe – dijeron, desplegándose, mientras se ponían en marcha.

- Jefferson, tú bajarás conmigo y con Emma. - ¡Vámonos!

En el momento que iban a bajar, Emma notó como alguien le agarraba el brazo. Era Booth, que le decía:

- ¡Ey! Mucho cuidado ahí abajo, ¿vale?

- Claro – dijo Emma con una sonrisa.

Booth se agachó y le dio un pequeño piquito en los labios, mientras la ayudaba a atar los mosquetones a las cuerdas y tiraba para ver que estuviese bien sujeta.

Killian observaba la escena, mordiéndose la lengua, mientras Robin hacía lo propio con él, y comprobaba que todo estuviese correcto para bajar.

Una vez todo estuvo listo, comenzaron el descenso. Aunque no era mucha distancia, el descenso resultó ser algo más difícil de lo que esperaban, ya que la pared no tenía muchos salientes en los que apoyarse y además las rocas estaban algo resbaladizas, pero bueno, al fin y al cabo, eran profesionales. Emma en su mente, se preguntaba como una pandilla de exploradores aficionados podía haberse atrevido a llegar tan lejos.

Cuando llegaron a la entrada de la cueva, se enfrentaron con la cruda realidad. El camino que llevaba hacia donde estaba atrapada la gente, estaba prácticamente sepultado de todo. Sólo había una pequeña grieta para pasar. Además, las paredes no parecían estables, y lo que ellos más temían era que un segundo derrumbe ocurriese.

- Chicos, tenemos un problema. La situación es peor de lo que esperábamos – dijo Killian hablando con los que habían quedado arriba a través de la radio que llevaba en el hombro. – Necesitamos equipos para poder apuntalar el techo de esta parte o en cuanto empecemos a hacer las maniobras de rescate, se nos vendrá todo encima.

- Tendréis un equipo ahí en diez minutos – contestó Booth desde arriba.

Efectivamente, enseguida llegaron dos bomberos, uno de ellos Booth que comenzaron a asegurar la zona todo lo que se podía, considerando el espacio reducido en el que tenían que trabajar.

- Bueno, esto es todo lo que se puede hacer – dijo Booth. – Debería de aguantar.

- ¿Debería? No me consuelas mucho, tío – dijo Killian meneando la cabeza.

- ¡Chicos, ya está bien! – dijo Jefferson antes de que Booth le pudiera contestar. – No es el momento.

Trataron de mover algunas de las rocas con palancas y otras herramientas que bajaron los bomberos, pero era inútil, porque ni bien movían una, el techo parecía que se quería desmoronar y tenían que parar.

- ¡Parad, parad! –gritó Killian. – Tenemos que buscar otra forma – dijo Killian sacando otra vez los mapas y tratando de ver alguna otra salida. – Según esto el camino del medio llega un punto que está conectado con éste, así que podríamos ir por allí.

- Tardaremos mucho – contestó Emma. – La prioridad es sacar al hombre que está atrapado bajo las rocas o no aguantará y si vamos por ese camino tardaremos un montón en poder estabilizarlo.

- ¿Qué propones? – preguntó Killian.

- La grieta que hay es lo suficientemente ancha como para que yo pueda colarme hacia el otro lado y ayudar a los heridos y mientras, vosotros, vais por el otro lado y nos sacáis. Yo le iré haciendo los primeros auxilios y vosotros vendréis todo lo rápido que podáis con el médico.

- ¡Rotundamente no! – contestó Killian.

- Killian… - protestó Emma.

- ¡He dicho que no! ¡No vas a entrar ahí tu sola! El techo se puede derrumbar en cualquier momento.

- Booth ha dicho que aguantará.

- No, Booth ha supuesto que aguantará. No es lo mismo. No voy a arriesgarme, Emma. Es mi última palabra.

Emma agarró a Killian por el brazo hasta la entrada de la cueva, para poder hablar a solas con él:

- Killian, si no lo hacemos así, ese hombre morirá. Olvídate de que soy yo, si Jefferson cupiese por la grieta, ¿le dejarías a él ir? Sabes que es la mejor alternativa que tenemos.

Killian se quedó pensativo durante unos momentos. Emma tenía razón. Por supuesto que la tenía, era la mejor solución. De hecho, no tenían otra si querían sacar a todo el mundo sano y salvo. Pero a Killian le daba terror que algo sucediese y Emma saliese malherida.

- Está bien, pero prométeme que vas a tener mucho cuidado.

- Por supuesto – contestó Emma muy seria, mientras ambos se dirigían otra vez hacia donde estaban Jefferson, Booth y el otro bombero.

- Está bien, Emma va a entrar. Jefferson, Booth y yo iremos con el médico por este camino y los evacuaremos de esta otra forma – explicó. – Robin, necesito que o tú o Scarlett bajéis a ayudar – dijo comunicándose otra vez por la radio.

Después se giró a Emma y le dijo:

- Mucho cuidado, Swan – dijo ajustándole bien el casco y comprobando que la luz de éste funcionase perfectamente. - ¿Pilas de repuesto? – preguntó.

- Por favor, Killian. Me ofendes, no soy una novata – dijo Emma con una sonrisa, moviéndose hacia la grieta y colocándose para poder pasar. – Bueno, os veo del otro lado – continuó, provocando la risa en todos sus compañeros, menos en Killian, que estaba preocupado. – También os digo que no os hagáis de rogar, venid cuanto antes.

Dicho eso, tomó aire y comenzó a pasar por la grieta. Era más estrecha de lo que ella había calculado, pero poco a poco se fue estirando y podía ver el otro lado, hasta que ya por fin, la atravesó.

- Killian, ya estoy del otro lado – dijo hablando por su radio.

- ¿Qué ves?

- Hay unos treinta pasos hasta llegar a una pequeña entrada donde hay más rocas bloqueando el camino. Supongo que es donde estará la gente atrapada.

- Ten cuidado. Avísanos cuando estés allí.

Emma siguió avanzando, con cuidado de donde ponía el pie. Después llegó a una zona por la cual tuvo que seguir avanzando a cuatro patas y finalmente, llegó a donde estaba la gente esperando por el rescate.

- ¡Por fin! – exclamó la mujer. – Mi marido está atrapado. Cada vez está más débil – explicó con lágrimas en los ojos.

- Venga, vamos a tranquilizarnos – dijo Emma tratando de calmar a la mujer. - ¿Cuál es tu nombre?

- Belle. Y mi marido se llama Robert.

- Vale, Belle, mi equipo ya está viniendo hacia aquí con el médico, pero las rocas han bloqueado la zona de forma que sólo yo cabía por la grieta, pero están viniendo. ¿Vale?

Una mucho más calmada Belle, asintió con la cabeza y dijo:

- Vale.

- Bien, pues ahora vamos a ver a tu marido – dijo acercándose al hombre, que estaba visiblemente dolorido. - ¿Robert? Mi nombre es Emma Swan. Soy del equipo de rescates especiales y vengo a ayudarle. ¿Cómo se encuentra?

- Bien, estoy bien. Pero tengo la pierna atrapada y no puedo moverme. Me duele mucho… - dijo el señor sin poder evitar gritar del dolor.

- Le voy a coger una vía y le voy a poner un poco de suero y algo para el dolor, ¿vale? Y enseguida estará el médico con usted y le sacaremos de aquí. Pero tiene que aguantar, ¿vale, Robert?

- Vale… - susurró él mientras cerraba un momento los ojos, tratando de descansar y olvidarse del dolor.

- Belle, ¿tú estás bien? ¿Estás herida?

- No, ni un rasguño.

- Bien, pues encárgate de que no se quede dormido mientras yo atiendo a los demás- dijo Emma mientras se levantaba y se dirigía hacia los otros dos hombres. - ¿Cómo se encuentran? ¿Están bien?

- Sí, sólo queremos salir de aquí. Yo soy Archie y él es Leroy. Sólo tenemos pequeñas heridas. Estamos bien.

- Enseguida nos sacarán de aquí – dije yo alejándome un poco del grupo para poder hablar a solas con Killian.

- ¿Killian? – dije yo hablando por la radio. - ¿Me recibes?

- ¡Swan, por fin! Estábamos comenzando a preocuparnos.

- Estoy ya con el grupo. Tres de ellos están bien, pero el que está atrapado no tiene buena pinta. ¿Vosotros cómo vais?

- De camino ya, Swan. Según nuestros cálculos, si no nos encontramos ninguna sorpresa, en una media hora o cuarenta minutos deberíamos de estar ahí.

- Vale. Aquí os espero – contestó Emma. ¿Killian?

- ¿Si?

- Ten cuidado – dijo Emma, preocupado.

- Siempre, Swan.

Emma se volvió a acercar al grupo, que cada vez se estaba poniendo más nervioso.

- ¿Dónde coño están el resto de los de tu equipo? Estamos atrapados y ¿sólo te mandan a ti? – preguntó un muy alterado Leroy.

- Mire, tiene que tratar de calmarse. Soy consciente de que esta es una situación complicada, pero poniéndose nervioso no va a conseguir nada.

En ese momento, se escuchó el grito de Belle:

- ¡Emma! Se ha desmayado. Creo que está muy mal.

Efectivamente, Emma le tomó el pulso y éste era muy débil. Estaba perdiendo sangre por algún lado. Si no lo sacaban rápidamente de ahí, no aguantaría.

Se levantó y examinó la zona de las rocas, tratando de ver si habría alguna forma de mover alguna sin provocar otro desprendimiento. Pero no, no había forma. La situación era precaria y Emma se estaba poniendo también cada vez más ansiosa al ver que nada se podía hacer hasta que no llegasen el médico y el resto de los compañeros con las herramientas necesarias.

- ¿Pero por qué no hace nada? – gritó Leroy. - ¿No ve que se está muriendo? Tenemos que mover las rocas.

- Leroy, tiene que tranquilizarse. Le estoy diciendo que si movemos las rocas o incluso si usted sigue gritando de esa manera, va a haber otro derrumbamiento con todos nosotros aquí. ¿Es eso lo que quiere?

- Lo que quiero es que saques a mi amigo de ahí. Y si no lo haces tú, lo haré yo mismo – dijo dirigiéndose a las rocas y comenzando a golpearlas con su pico y a hacer palanca en otras. – Archie, ayúdame.

- ¡No! – dijo Emma. - ¡Parad!

Ya era tarde. Se comenzó a desprender un polvillo del techo, y en unos segundos otra tanda de rocas se desprendió sobre ellos. En ese momento, Emma perdió el conocimiento, sin escuchar como Killian angustiado la llamaba por la radio:

- ¿Emma? ¡Emmmaaaa! ¡Contesta, Swan! ¿Estáis bien?

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Después de hablar con Emma, Killian se relajó por un momento. Parece ser que todo estaba relativamente bien. En unos minutos, llegarían a donde estaban ellos y saldrían de aquí de una puta vez. Sin embargo, cuando ya estaban cerca del punto de encuentro, se escuchó otro derrumbamiento, que provenía de la zona donde Emma se encontraba.

Killian notó como el corazón le daba un vuelco y se le subía a la boca, temiéndose lo peor. Presionó, con dedos temblorosos el botón de la radio y trató de ponerse en contacto con Emma:

- ¿Emma? ¡Emmmaaaa! ¡Contesta, Swan! ¿Estáis bien?

Silencio.

- ¡Joder, Swan, contesta, dime que estás bien!

Más silencio.

Jefferson y Booth estaban igual de nerviosos que Killian y apresuraron el paso para llegar lo antes posible hacia donde estaban los demás.

Cuando habían caminado durante unos cinco o diez minutos más, se escuchó a Emma desde la radio:

- ¿Killian?

- ¡Emma! ¡Menos mal! ¿Estás bien?

- Sí, pero creo que me he roto una pierna. No puedo levantarme. Se nos ha venido otra parte del techo encima.

- ¿Puedes ver al resto?

Se escuchó a Emma gritar de dolor, lo cual hizo que se le encogiese el estómago a Killian.

- Tres de ellos están bien. Otro no contesta. Tengo que tratar de levantarme y mirar que esté bien.

- ¡Swan! Hazme el favor de estarte quieta. Estamos llegando y a falta de un médico, llevamos dos, así que por favor, no seas cabeza dura y espera por mí.

- Vale… - susurró ella como respuesta.

Ni diez minutos después, todos llegaron al lugar y la situación era difícil por decir algo. Killian lo primero que hizo fue buscar a Emma.

- ¡Emma! – dijo cuando la vio tirada boca arriba.

- Killian – contestó ella, tratando de reírse. – Nunca me he alegrado tanto de verte.

- Y yo a ti, Swan. Pero déjame que te ayude. Te voy a entablillar la pierna.

- ¡No! – dijo ella agarrándole la mano a Killian. – Estoy bien. Atended primero a los demás. Yo puedo aguantar.

- Mira que eres terca… - dijo él mientras se giraba para atender a una nerviosa Belle.

Con un gran esfuerzo por parte de los bomberos y el resto del equipo de Killian, dieron liberado a Robert y él fue el primero en ser evacuado de urgencia, junto a su mujer Belle, que afortunadamente se podía valer por sí misma y pudo seguirlos caminando.

Archie, no había tenido tanta suerte y se encontraba en una situación parecida a Emma. Leroy no respondía. Los equipos médicos llevaban ya un rato haciéndole la reanimación cardiopulmonar, pero era inútil. Había muerto. Emma cerró los ojos y dejó que las lágrimas le resbalasen por la cara.

Ya después de que el resto de los heridos fuesen evacuados, Killian y Will se dispusieron a entablillarle la pierna a Emma, que no paraba de gritar y retorcerse del dolor. Cuando acabaron, la subieron a una camilla y la alzaron.

- ¡Ni un pastelito más para ti, princesa! – dijo Will, tratando de burlarse de ella y provocando la risa de Emma.

- Idiota – protestó ella, ante la divertida mirada de Killian.

- Enseguida estaremos fuera, Swan – dijo él dedicándole una de sus sonrisas.

Ni bien salieron, todo el mundo fue evacuado hacia el hospital. Killian, ignorando las protestas de Booth se subió en la ambulancia con Emma. Le daba igual cómo se pusiera el bombero. A él nadie lo iba a separar de ella.

Una vez en el hospital, los médicos exploraron a Emma y decidieron que la fractura era bastante fea y que dado el trabajo que realizaba ella, para asegurar una total recuperación de la pierna, lo ideal era operar. Dicho eso, les dejó unos minutos a solas para que pudieran hablar.

- Ha sido mi culpa – dijo Emma, comenzando a llorar.

- Ey, no ha sido culpa de nadie.

- Sí, Leroy estaba muy nervioso y yo no supe calmarlo.

- Hiciste todo lo que pudiste, Emma. La situación era muy difícil y sabes perfectamente que hay veces que la gente no se deja ayudar. No quiero que te culpes ni por un segundo, ¿me oyes?

Ella asintió con la cabeza y le agarró la mano a Killian.

- Gracias por salvarme.

- Es mi trabajo, Swan – dijo él guiñándole un ojo. – Yo siempre voy a estar ahí para ti. Y por eso, quiero disculparme por mi comportamiento estos días.

- Te echo de menos – susurró ella.

- Y yo a ti, Swan.

El cirujano eligió ese momento para entrar en la habitación.

- Bueno, ¿lista, Emma? Estarás fuera del quirófano enseguida y si todo sale bien, en tres o cuatro días te podrías ir para casa.

Killian esperó en la sala de espera hasta que la operación terminó. Estaba tan ensimismado, que ni se enteró cuando David se sentó a su lado.

- Ruby está con Mary Margaret.

- Muchas gracias, Dave. No sabía a quién más llamar.

- Está bien. Sabes que ella está encantada de quedarse con ella.

- Y a Ruby le encanta ayudarla con el bebé – dijo Killian riéndose. – Pobre bebé… - se rió por lo bajo.

- ¿Qué tal está? No me han dejado pasar a verla. Me han dicho que ya la habían pasado a quirófano para anestesiarla.

- Está bien. Un poco apesadumbrada por lo que ha pasado, pero se pondrá bien.

- ¿Y tú? ¿Cómo estás?

- ¿Yo? – preguntó Killian sin entender a qué se refería.

- Venga, Killian, sabes perfectamente lo que digo. Sé que tú y Emma sois íntimos, por decirlo así.

- No es como tú piensas, Dave. Sólo somos amigos. Ella está con Booth.

- ¿Y por qué el que está aquí preocupado como un loco eres tú y no Booth?

Killian no tuvo respuesta para eso.

- Sentí mucho miedo – dijo por fin en un susurro. – Pensé que la había perdido de verdad. No te puedes imaginar lo que sentí cuando escuché como el techo se venía abajo y yo no podía hacer nada. La sensación de terror que tuve cuando no contestaba a mis llamadas por la radio…

- Dale tiempo, Killian. Ella también te quiere. Pero está asustada.

- Tengo todo el tiempo del mundo, Dave – dijo Killian echando la cabeza para atrás y apoyándola en la pared.

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La operación fue un éxito y Emma poco a poco se iba recuperando. Durante su período de convalecencia, Killian le había ofrecido que se podía quedar en casa con él y con Ruby y ella, sorprendentemente, había aceptado.

La convivencia con una gruñona Emma no fue fácil, pero cada día se encontraba un poco mejor.

Ni que decir que Ruby estaba encantada de que ella estuviese en casa. Todo el tiempo que no estaba en el colegio, se lo pasaba con ella, se sentaba a su lado en la cama y le contaba todo lo que había hecho en el cole o le leía algún cuento, diciéndole que cuando ella estaba enferma, su padre siempre le leía cuentos. Otras veces, simplemente se acostaba con ella en la cama y la abrazaba, diciéndole que se iba a poner buena muy pronto y podrían salir a jugar e ir a Disney.

Hoy era uno de esos días, Ruby se había encaramado a ella en la cama y se había quedado dormida antes de la hora de la cena. Emma la miraba con una sonrisa, mientras le apartaba el pelo de la cara, tratando de no despertarla.

- Casi te compadezco, Swan – dijo Killian divertido desde la puerta. – Con la pierna así, no puedes escapar de ella.

Emma se rió, sin dejar de acariciarle el pelo a Ruby, ante la atenta mirada de Killian.

- No pasa nada – dijo Emma encogiéndose de hombros. – Me gusta estar con ella – dijo levantando la mirada hacia Killian. – Ven aquí – dijo ella haciéndole un hueco en la cama.

- ¿Qué? – preguntó Killian sorprendido.

- Que vengas. Te he hecho un hueco – dijo Emma dándole un golpecito al espacio que había a su lado.

Killian se acercó y se acostó al lado de Emma, casi sin atreverse a respirar, por miedo a que el momento se rompiese. Sin embargo, aún se sorprendió más cuando Emma se giró con cuidado de su pierna y apoyó su cabeza en su pecho, acurrucándose contra él.

- También me gusta estar contigo – susurró ella contra su pecho, provocando que a Killian le diera un escalofrío.

- Emma… - comenzó Killian.

- Lo siento mucho, Killian. He sido una idiota. Sé que te he hecho daño y comprenderé si a pesar de lo que te voy a decir ahora, no quieres tener nada que ver conmigo, pero no puedo callármelo más. Estoy cansada de correr – dijo ella parpadeando rápido para que las lágrimas no cayesen. – Te quiero – dijo por fin.

Killian sonrió y le agarró la mejilla, acercándola a él para darle un beso en los labios. Fue un beso cargado de emociones, en el que los dos lo dieron todo.

- Yo también te quiero, Swan – dijo él muy bajito mientras la miraba a los ojos.

En ese momento, Ruby soltó una risita y los dos miraron para ella:

- ¿Sois novios? – preguntó divertida por la situación.

- Supongo que sí, monito – dijo Emma también con una sonrisa, mientras comenzaba a hacerle cosquillas.

- ¡No, no! – gritaba Ruby mientras se retorcía. - ¡A por papá!

- ¡A por papá! – repitió Emma mientras se giraba y comenzaba a hacerle cosquillas ahora a Killian, a la vez que Ruby se ponía a horcajadas en su cintura y le hacía cosquillas también.

Killian se retorcía, a la vez que decía:

- Sois dos contra uno, ¡no vale!

Cuando la guerra de cosquillas acabó, los tres se estiraron en la cama, Ruby en el medio, y se quedaron dormidos.

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El sol entraba por la ventana cuando se despertaron. Era hora de despertar a la niña para que estuviera lista cuando Mary Margaret viniera a buscarla para ir al colegio.

- Monito – dijo Emma, acariciándole la cara a Ruby. – Arriba, hay que ir a clase.

- Cinco minutos más – dijo ella cerrando los ojos con fuerza y enterrando su cabeza en el pecho de Emma.

Por encima de la cabeza de Ruby, los ojos de Emma conectaron con los de Killian y ambos sonrieron, a la vez que estiraban cada uno un brazo para darse la mano por encima del cuerpo de Ruby.

- ¿Quién quiere cereales de chocolate para desayunar? – preguntó Killian, guiñándole un ojo a Emma.

- ¡Yo! – gritó rápidamente Ruby, incorporándose de golpe en la cama.

- ¿Tú? – preguntó Emma divertida. – Los monitos no comen cereales de chocolate, sólo plátanos.

Killian se reía con el comentario, a la vez que cogía a Ruby en brazos y se disponía a ir con ella hasta la cocina. No sin antes darle un pequeño beso en los labios a Emma y decirle:

- Ahora vuelvo con tu desayuno, princesa.

A su vez, Ruby también estiraba el cuello para darle un beso a Emma.

- Ahora vuelvo yo también, Memi.

Mientras los veía marcharse por la puerta, Emma sonreía para sí misma. Se sentía como en casa.

Después de desayunar, Ruby se marchó con Mary Margaret al colegio y Killian subió hasta la habitación con Emma, tirándose a su lado en la cama, apoyando su cabeza en el pecho de Emma.

- ¿No vas a trabajar? – preguntó ella acariciándole el pelo.

- He pedido el día libre – contestó él besándole el cuello, mientras ella gemía.

- Killian… - dijo ella en tono de advertencia.

- Sshhhh, Swan – dijo mientras seguía besando su piel, marcando un camino hacia abajo y llegando así a sus pechos, los cuales besó por encima de la ropa.

Emma gimió y Killian aprovechó ese momento para sacarle la camiseta y desabrocharle el sujetador, tirándolo al suelo también. A continuación, siguió jugando con sus pezones, metiendo uno en su boca, mientras el otro lo acariciaba y pellizcaba suavemente entre sus dedos índice y pulgar, mientras Emma seguía retorciéndose de placer y gimiendo, a la vez que le tiraba del pelo a Killian y él en respuesta, gruñía.

Siguió su camino hacia abajo, hacia donde Emma más lo necesitaba, pero no sin pararse a explorar cada centímetro de piel. Así continuó haciendo hasta que Emma explotó de placer contra su lengua y sus labios. Él no pudo evitarlo y también gimió, frotando su erección contra el muslo de Emma cada vez más rápido, hasta que él también explotó, cerrando sus labios en torno a un pezón de Emma, disfrutando de su orgasmo.

Después se dejó caer en la cama, al lado de Emma, que todavía respiraba rápidamente y ambos se dieron unos minutos para recuperar el aliento. Después, se miraron y se comenzaron a reír ante lo que acababa de pasar y se besaron apasionadamente.

- Estoy deseando que me quiten la escayola – protestó Emma.

- Muy pronto, Swan.

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Las semanas pasaron y llegó el día en el que por fin a Emma le dieron el alta, después de que superase con éxito sus sesiones de rehabilitación. Por fin podría reincorporarse al trabajo. Lo estaba deseando.

Al salir del médico, aprovechó para pasarse por el trabajo, para saludar a todos y darle una sorpresa a Killian.

En cuanto llegó a la zona de entrenamiento donde se encontraban, todos se acercaron a ella para abrazarla y saludarla.

- ¿Qué tal, princesa? Te veo más guapa que nunca –dijo Will guiñándole un ojo.

- Cuidadito con ligar con la novia del jefe, Scarlett- dijo Killian abriéndose paso entre ellos para darle un beso de película a Emma delante de todo el mundo.

- ¿La novia del jef..? – preguntó atónito Will. - ¡Maldita sea! ¡Por fin! Te ha costado lo suyo, ¿eh, amigo?

Todos se rieron y Emma le dio otro pequeño beso a Killian.

- Esperaba que me invitaras a comer por ahí – dijo ella. – Es mi último día de "vacaciones". Me han dado el alta.

- ¿Sí? Eso es genial, Swan – contestó Killian dándole un abrazo. - ¿Se lo has dicho a Liam? Estaba deseando que te incorporaras. Dijo, y cito textualmente que "esa chica es la única que le da algo de cordura a este equipo de holgazanes" – dijo Killian imitando la voz de su hermano.

Emma esperó un rato a que Killian se duchase y aprovechó para entregarle todos los documentos a Liam, asegurándose así de que a partir de mañana ya podría trabajar de nuevo.

Después, ella y Killian se marcharon de la mano hacia uno de sus restaurantes para comer juntos, antes de ir a recoger a Ruby al colegio.

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Era ya por la noche y se encontraban solos en casa, ya que Ruby les había pedido si podía dormir en casa de su amiguita Alexandra.

Ninguno de los dos se anduvo con rodeos y en cuanto entraron por la puerta de casa, se atacaron el uno al otro, deseosos del contacto. Comenzaron a besarse apasionadamente, a medida que iban perdiendo la ropa de camino a la habitación. Una vez allí, se tumbaron en la cama y Killian se puso encima de Emma, comenzando a besarla de arriba a abajo. Cuando llegó al ombligo, Emma lo agarró del pelo y lo obligó a subirse otra vez.

- Eso después. Ahora te necesito. Llevamos ya demasiado tiempo con preliminares, ¿no te parece?

- No puedo estar más de acuerdo, Swan – dijo él estirando el brazo para coger un condón del primer cajón de la mesilla de noche.

Emma abrió todo lo que pudo las piernas para que Killian se acomodase entre ellas, mientras él se colocaba el condón. Después, se frotó contra ella, y ambos soltaron un gran gemido.

- La de veces que me he imaginado esto, Swan – dijo él mientras volvía a frotarse contra Emma, golpeándole suavemente el clítoris con su erección.

- Vamos, Killian – susurró ella posando sus manos en las nalgas de él y empujándolo contra ella.

Killian no espero más. La penetró de un solo movimiento, dejándole unos segundos para que ella se acostumbrase a la intrusión y disfrutando del momento.

- Muévete – dijo ella muy bajito, mientras le acariciaba la espalda y comenzaba a besarle la oreja, jugando con el pendiente que él siempre llevaba.

Así hizo. El uno y el otro comenzaron a moverse hasta encontrar un ritmo tan perfecto que parecía que llevaban toda la vida haciendo esto, cuando en realidad era su primera vez juntos de esta manera. Cuando Emma notó que estaban ambos a punto de terminar, lo agarró de la cara y lo besó apasionadamente, para después separarse y mirarlo a los ojos, diciendo muy bajito:

- Te quiero.

En ese momento, Killian estalló de placer y siguió moviéndose lentamente contra ella, tratando de alargar sus orgasmos, hasta por fin, quedarse quieto y abrazado a ella.

- Y yo a ti, Emma – contestó muy bajito.

Por la mañana, el ruido del timbre los despertó. Ambos se levantaron y se vistieron rápidamente, mientras Emma bajaba a abrirle la puerta a la madre de Alexandra que traía a Ruby de vuelta a casa.

- ¡Hola, monito! – dijo Emma al abrir la puerta. – Hola, soy Emma

- Yo Ashley, la mamá de Alexandra – dijo señalando a su hija, que estaba esperando dentro del coche.

- Muchas gracias por traerla – dijo Emma.

- ¿A que es guapa mi mamá, Ashley?

En ese momento, Killian también llegó a la puerta y se quedaron todos muy callados. Era la primera vez que Ruby se refería a Emma como su "mamá" y a Emma el corazón se le hinchó en el pecho, sobre todo al mirar para Killian y ver la expresión de adoración que él tenía en la cara. Era cierto que biológicamente hablando, Ruby no era su hija, pero la quería como si lo fuera y si algo le pasase a esa niña, Emma tenía muy claro que ella se moriría en el intento por ayudarla.

- Muy guapa – contestó Ashley rompiendo el silencio.

Después de cinco o diez minutos hablando con Ashley, finalmente se despidieron y entraron en la casa. Ruby directamente fue a la cocina y gritó:

- ¿Desayunamos?

Killian y Emma se rieron y fueron hasta allí para comenzar a prepararlo todo.

Después, Ruby se puso a ver una película en el salón, mientras Emma y Killian recogían y limpiaban la cocina.

- Killian, lo que ha dicho antes Ruby… Sé que no soy su madre y si a ti te molesta que me llame "mamá"…

- ¿Quieres callarte? – dijo Killian. – Dime algo, Swan, en el último año y medio, ¿quién me ha ayudado en todo con Ruby? ¿Quién la ha consolado cuando se ha hecho daño y estaba llorando? ¿Quién ha organizado su cumpleaños conmigo? ¿Quién la ha cuidado cuando tenía fiebre? ¿Quién le hace las trenzas por las mañanas para ir al cole? ¿Quién la quiere como una madre?

- Yo – susurró Emma mientras se enjugaba las lágrimas.

Pues entonces ahí tienes la respuesta, Swan. Eres su mamá. Y es por eso, que quiero pedirte algo que llevo pensando ya mucho tiempo. Deja ya tu piso y vente a vivir con nosotros de una vez – dijo él con una gran sonrisa. –Total, siempre estás aquí y es una tontería que estés pagando el alquiler cuando apenas pisas tu casa y tus cosas están mezcladas con las mías por toda la casa…

- Vale – lo interrumpió Emma.

- ¿Vale? ¿Así de fácil? – preguntó Killian sorprendido.

- Así de fácil – dijo Emma con una sonrisa mientras le rodeaba el cuello con los brazos y lo besaba apasionadamente.

- Nunca dejas de sorprenderme, Swan – dijo él resoplando, a lo que Emma contestó con una carcajada.

- Anda, vamos a ver la película con nuestro monito – dijo Emma tirando de él.

Emma había llegado a Storybrooke con el corazón roto y sin esperanzas de recomponerlo. Y aquí, acurrucada en el sofá con sus dos amores, recordaba aquella primera noche en la que le había trenzado el pelo a Ruby bajo la atenta mirada de Killian, y no podía dejar de agradecer al destino que Neal le hubiera puesto los cuernos y de esa forma, la hubiera "obligado" a mudarse aquí. Ni en sus mejores sueños se podría haber imaginado que iba a acabar siendo tan feliz. Y como Killian siempre le decía, aún les quedaban muchas cosas por vivir y por primera vez, Emma lo reconocía: estaba deseando vivirlas junto a Killian y Ruby,

FIN.